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viernes, 7 de noviembre de 2025

EL ÍMPETU DE LOS JUSSEN Y LA DELICADEZA DE MACÍAS

Sinfónico 5: Impresionismo. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Lucas y Arthur Jussen, pianos; Lucas Macías, dirección. Programa: Hímnica, de Francisco Coll; Concierto para dos pianos y orquesta en Re menor FP 61, de Francis Poulenc; Prélude à l’après-midi d’un faune y La mer, de Claude Debussy. Teatro de la Maestranza, jueves 6 de noviembre de 2025


Llegó el frío, con moderación, y con él la licencia para que los fastidiosos tosedores, menos eso sí que en temporadas anteriores, desafíen a los músicos, malogrando aquellos pasajes que exigen una mayor concentración por parte de intérpretes y oyentes. Lo decimos porque tuvimos como vecino de butaca a un músico retirado de la orquesta y nos confirmó lo mucho que molesta desde el escenario sufrir estos ataques despiadados.

En lo estrictamente musical, el viaje propuesto ayer por Lucas Macías y la ROSS, y que se repetirá hoy, emergió como un rico lienzo en el que se distinguieron multitud de colores, desde los más vistosos a los más discretos, dentro de un programa al que se denominó alegremente impresionismo. Debussy, protagonista de toda la segunda parte, rehuía del término, mientras Poulenc sólo tomaba prestados aspectos concretos de él, combinados con detalles del clasicismo y un modernismo lacerante, y la pieza de Coll deriva de influencias más afines a la segunda mitad del pasado siglo que al recurrente movimiento francés.

Tres valores destacados

Sólo un día después de estrenar en Les Arts de Valencia su ópera Enemigo del pueblo, la música del valenciano Francisco Coll sonó triunfante en el Maestranza, con su pieza Hímnica, de 2021. No podemos considerarla exactamente vanguardista, por cuanto bebe del sempiterno legado de Ligeti, licuado con las influencias cinéfilas de las que tanto han bebido los de su generación, por lo que no es difícil percibir en ella aspectos tantas veces escuchados en Williams, Goldenthal o Shore.

Macías dirigió con criterio y extremo cuidado en las dinámicas y las texturas, esta pieza envolvente que da máximo protagonismo a la cuerda aguda, generando un tejido de fuertes contrastes que va evolucionando conforme avanza y surgen sonoridades diversas desde el uso siempre convencional de la orquesta, permitiéndose apenas el atrevimiento de algún singular instrumento de percusión.

El Concierto para dos pianos de Poulenc es una de sus obras más populares e imperecederas, aparentemente dispuesto para entretener sin más, pero que provoca una sensación de gozo efervescente cargado de referencias y siempre con Ravel en el horizonte. Siguiendo la tradición no oficial de hermanos y hermanas pianistas que hacen carrera juntos, como las legendarias Labèque o nuestros Del Valle, los holandeses hermanos Jussen hicieron gala de un virtuosismo extremo, como no cabía esperar menos, pero también de una potente musicalidad, vigorosos en los pasajes más voluptuosos de la partitura, delicados en los más relajados.


Arrancaron juguetones y traviesos, marcando terreno y pasándose el testigo de uno a otro, aunque la responsabilidad de la melodía recayó más en Lucas que en su hermano Arthur. Las resonancias de Rachmaninov del primer movimiento dieron paso a la parodia mozartiana (el concierto número 21) en el larghetto, tocado con preciosismo y delectación, y un final electrizante que los jóvenes pianistas interpretaron con todo su cuerpo, santes de embarcarse en una propina tocada a cuatro manos, El trompo, La muñeca y El baile de Juegos de niños de Bizet, con idénticas prestaciones de técnica y expresividad.

La caricia de la naturaleza y la brisa del mar

Por muchas veces que se interpreten las dos piezas que conformaron la segunda parte del concierto, su belleza y majestuosidad hacen que siempre sean bien recibidas, más si se ofrecen bajo las excelentes formas con que lo hizo un inspiradísimo Lucas Macías frente a una disciplinada y atenta orquesta.

El flautista cacereño Ignacio de Nicolás Gaya se encargó de conducirnos con sensualidad y dulzura por el suntuoso Preludio para la siesta de un fauno de Debussy, mientras Macías manejó la seductora paleta de colores de la pieza con fluidez y máximo control. Todo fue trasparencia y ensueño en esta interpretación de la célebre obra, transmitiendo todo el candor del atardecer y la frescura de una naturaleza envolvente.

En términos parecidos, acentuando los frecuentes estallidos de color y cambios de registro que presenta la partitura, deambuló la versión que disfrutamos de El mar, partitura incomparable y de una belleza extrema, que en manos de Macías sonó, como la siesta, breve y efímera, y sin embargo intensa. No resultó difícil distinguir la calma y al tempestad, la furia y la placidez de los océanos, sus adversidades pero también sus virtudes relajantes, en esta interpretación llena de luz y drama, con intervenciones fastuosas de maderas y metales, y el siempre distinguido trabajo de la cuerda, con mención especial al relieve que son capaces de aportar chelos y contrabajos, llegándose a sugerir incluso cierta tensión erótica en el conjunto.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de junio de 2024

FIN DE CURSO CON MATRÍCULA DE HONOR

Concierto de clausura del curso 23/24 de la Universidad de Sevilla. 8º concierto de la temporada XIII de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ike Christine Zwaan, arpa; Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Danse sacrée et danse profane, de Debussy; Sinfonía nº 2 en mi menor Op. 27, de Rachmaninov. Auditorio E.T.S. Ingeniería, viernes 21 de junio de 2024


Otro fin de curso universitario sin que ninguna autoridad académica otorgara al evento, celebrado como la inauguración con un concierto de música clásica, la dignidad y la categoría que merece. Menos mal que ahí están los y las jóvenes integrantes de la extraordinaria Sinfónica Conjunta, y su inimitable director, para dar relieve y consistencia a una fecha tan celebrada, este año además coincidiendo con el Día Internacional de la Música. En los atriles una obra fundamental del romanticismo tardío ruso, libre definitivamente de cualquier atisbo de prejuicio, la Sinfonía nº 2 de Rachmaninov, que además de constituir en su momento el salvavidas de su autor, es una pieza majestuosa y espectacular que puede provocar el desorden y el caos si no se articula convenientemente y se es capaz de dosificar todos sus ingredientes para ofrecerla de forma clara y organizada. Pero ahí está Juan García, joya indiscutible de la dirección musical en nuestra ciudad, para lograr de nuevo el milagro y conseguir que una orquesta de estudiantes y principiantes, con algún apoyo magistral camuflado entre sus filas, suene como un conjunto profesional y absolutamente disciplinado, convergiendo en una lectura sobresaliente de tan emocionante página.

Pero antes la joven arpista holandesa, afincada en Sevilla, Ilke Christine Zwaan, hizo una lectura delicada y envolvente de las Danzas para arpa y orquesta de cuerda de Debussy. Se trata de dos piezas breves y encadenadas, encargo de la Casa Pleyel para promocionar un arpa cromática que no llegó a cuajar. Se interpreta por lo tanto con el arpa tradicional, que da ese toque impresionista cultivado por su autor, con el añadido refinado y grave que le otorga su acompañamiento orquestal, a todo lo cual estuvo muy atento García y la versión reducida de la orquesta. Juntos, con la aportación reluciente de Zwaan,  acuñaron el aire místico y discreto, dulce y velado, de la danza sagrada, mientras el elegante ritmo del vals lento que caracteriza a la profana, se deslizó con destreza y calidez.


Con el pabellón tan alto que dejaron en su momento Halffter y la ROSS, y la interpretación que volverá a protagonizar la formación sinfónica hispalense la próxima temporada, la de la Conjunta fue una versión ejemplar, emotiva y emocionante de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov, tan grandiosa como inspirada en todos sus resortes, a la que García prestó una atención inusitada y un respeto extraordinario. Alrededor de noventa jóvenes alcanzaron un éxito rotundo con su lectura expansiva y lujuriosa de la célebre página, arrebatadora y apasionada. García ofreció un desarrollo narrativo rico y preciso, con la complicidad de todas las familias orquestales, técnicamente impecables, incluidos los temidos metales, e intervenciones tan sobresalientes como las de Pablo Forte al clarinete, Pablo Moreno a la trompa o Jordi Tur a los timbales.

Con su visible energía habitual, García trabajó con ahínco el juego armónico y contrapuntístico de la partitura, logrando transmitir al oyente toda su carga dramática, amenazante en el allegro inicial, vitalista en el scherzo, noble e inspirado en el hermosísimo adagio capaz de hacernos llorar, resplandeciente, lleno de color y alegría, en el allegro final. Destacaron unas texturas muy trabajadas, que dieron al conjunto ese aire épico y espectacular caracteristico del sonido hollywoodiense que acuñaría este estilo en sus producciones clásicas vía Korngold y Steiner, o directamente con adaptaciones del muy querido en Estados Unidos compositor ruso. Un concierto de cinco estrellas, o en argot universitario, de matrícula de honor.

miércoles, 14 de febrero de 2024

CONCIERTO HILADO DE ANTÓN & MAITE PIANO DUO

Alternativas de cámara en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Antón & Maite Piano Duo: Antón Dolgov y Maite León, pianos; Programa: Le sacre du printemps, de Stravinski; En blanc et noir, de Debussy; El día y la muerte, de Fernando Remacha. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 13 de febrero de 2024


Juventudes Musicales de Sevilla
trae una temporada más la música de cámara al Maestranza de la mano de jóvenes intérpretes, artistas en ciernes o ya consagrados, con un álbum incluso en su haber, como es el caso de este dúo pianístico integrado por los jóvenes Maite León y Antón Dolgov. En torno a una obra que cayó en sus manos por influencia de sus maestros, El día y la muerte del hoy olvidado Fernando Remacha aunque llegó a ganar tres veces el Premio Nacional de Música, antes y después del franquismo, el dúo ha confeccionado un programa en el que la muerte está muy presente y sus autores se interrelacionan a través del respeto y la admiración que se profesaban. Con este programa están recorriendo algunas plazas del país, y como ganadores del 2º Premio de Juventudes Musicales en 2017, ayer tarde recalaron en Sevilla.

Una transcripción para piano a dos manos de La consagración de la primavera, del propio Stranvinski, sirvió para romper el hielo, con los intérpretes demostrando agilidad y una profunda compenetración, mimando los colores de tan icónica partitura, y bordando todas sus asperezas y delicadezas con ese sentido del ritmo que le sirve de fuerza impulsora, sin caídas de tensión y con la imprescindible disciplina que provoca un estudio concienzudo y una preparación responsable de la partitura. León y Dolgov supieron dosificar los momentos electrizantes de la pieza con aquellos más reflexivos, combinando con acierto sus disonantes armonías y esos bruscos saltos entre episodios que atesora la partitura. Lástima que esa misma concepción estética se mantuviera en la obra de Debussy, donde su estilo delicado y aparentemente frágil quedó desdibujado en favor de una fuerza arrolladora y vehemente quizás no acorde al espíritu de una pieza que Debussy compuso cuando padecía cáncer y sufría los avatares de la Gran Guerra. La pulsación clara y precisa de los pianistas dejó entrever su arquitectura de forma cristalina, pero ese presupuesto de que el blanco y negro del título haya de provocar la transformación en colores del oyente, no llegó a producirse, de forma que el vals enérgico del primer movimiento no resultó tan etéreo como debía, el lento del medio resultó algo superfluo, y sólo el scherzo final, que el autor dedicó a Stravinski, sonó más en estilo.


La pieza de Fernando Remacha recuperada por los propios integrantes del dúo, resultó una agradable sorpresa que no oculta su admiración por la música de Debussy. Muy activo durante la Segunda República, con piezas entonces populares como el ballet La maja vestida o el poema sinfónico Alba, resurgió tras una etapa dedicada a la música de carácter religiosa, en los años ochenta del pasado siglo, cuando recibió el tercero de sus tres Premios Nacionales de Música. En El día y la muerte, el compositor navarro se adelanta inconscientemente al minimalismo, algo que el dúo comprendió dando a su interpretación un carácter mecánico y autómata sólo interrumpido por puntuales estallidos de melodía y color, y una zona central más ajetreada que también superaron con evidente sentido de la técnica. Su definitiva demostración de virtuosismo llegó de nuevo a dos manos con una propina en forma de agitado ragtime con incisiones relajadas y algún toque tropical en el que además se dieron citas numerosas bromas en forma de besos, silbidos y percusión sobre la madera del piano.

Fotos: Guillermo Mendo

domingo, 26 de noviembre de 2023

LA VOZ INMENSA Y BELLÍSIMA DE SARAH CONNOLLY

Dame Sarah Connolly, mezzosoprano; Joseph Middleton, piano. Programa: Tres canciones de Brahms; Cuatro de las cinco canciones op. 40 de Schumann; Rückert-Lieder y Kindertotenlieder, de Mahler; Tres canciones de Bilitis, de Debussy; Canciones de Frank Bridge, John Ireland, Ernest John Moeran e Ivor Gurney. Espacio Turina, sábado 25 de noviembre de 2023


Quedará siempre marcada en nuestro corazón esta fecha, la del sábado 25 de noviembre, cuando toda la terrible vulgaridad que destaca en una ciudad entregada a las comidas navideñas de empresa, las compras del Black Friday, las procesiones y demás tumultuosas manifestaciones, quedó ensombrecida para unas cuantas personas privilegiadas, las que tuvieron el acierto de dedicar algo menos de dos horas a dejarse seducir por la inmensa belleza de la voz de Dame Sarah Connolly. Una oportunidad que perdieron las cientos de personas que en esta ciudad se consideran melómanas y acuden una y otra vez a conciertos reiterativos, por inercia o por costumbre, mientras dejan pasar un acontecimiento de este calibre. Y no es que despreciemos todas y cada una de las celebraciones que enumeramos arriba, ni las ofertas musicales que tenemos ocasión de degustar gracias al talento local; es simplemente que el oasis de paz y belleza que fue capaz de ofrecernos la celebrada mezzosoprano acompañada con exquisito gusto por su compatriota Joseph Middleton, logró disminuir todo lo demás a la altura de la insignificancia.

Esta gran dama indiscutible de la canción, o el Lied, como se prefiera, fue capaz de cantar de corrido, sin pausas instrumentales, hacerlo en perfecto alemán, francés, inglés y español en las propinas (Nana y El paño moruno, de las Siete canciones populares españolas de Falla) y sin partitura, aprendido todo de principio a fin. Pero nada de eso habría tenido mucho valor si no fuera por su admirable forma de cantar, su precioso timbre capaz de seducir y convencer al más recalcitrante, y de modular y articular con esa maestría que convierte lo complejo en fácil, como si no supusiera esfuerzo alguno. Así comenzó con tres Lieder de Brahms que recorrieron su ánimo desde una exultante felicidad (Serenata) a la más íntima nostalgia (Feldeinsamkeit), pasando por el desencanto del amor en Da unten im Tale, siempre con la expresividad justa, transmitiendo con la voz, su pulso, su color y su tono, ese estado de ánimo aludido. Algo así ocurrió también con cuatro de las Cinco canciones op. 40 del especialista en el género Robert Schumann, con especial peaje en Muttertraum, un sueño de la madre que Connolly desgranó con una dulzura y una capacidad para conmover más allá de lo imaginable.


Mahler era el principal reclamo del programa
, con sus dos ciclos basados en poemas de Friedrich Rückert repartidos entre la primera y la segunda parte del programa. Sinceridad y responsabilidad son dos calificativos que definen a la perfección la manera de Sarah Connolly de abordar los sentimientos del poeta alemán que Mahler convirtió en música. A destacar en Rückert-Lieder su magistral forma de cantar Um Mitternacht, pasando de la introspección más profunda, traducida en una voz densa y oscura, a la manifestación de exaltación que supone el final envuelto en rutilantes sobreagudos. Y muy especialmente su sobrecogedora manera de entonar Ich bin der Welt abhanden gekommen (He perdido contacto con el mundo), paradigma de la contención y el sentimiento introvertido que Connolly y el piano cómplice de Middleton convirtieron en pura magia conmovedora. También en los Kindertotenlieder pudimos apreciar la proverbial facilidad de la mezzo para sobrecogernos, muy especialmente en Im diese Wetter, in diesem Braus que sintetiza el inmenso dolor por la muerte de un niño, ahora que tantas noticias tenemos de su sufrimiento. El resto del programa, las Tres canciones de Bilitis de Debussy y una selección de autores ingleses, las defendió con una estética de recitativo profundamente sensual en el caso del compositor impresionista, y con la elegancia y la autoridad que saben imprimir en sus canciones autores como Frank Bridge o John Ireland. Encima supo entonar a Falla con todo el gracejo andaluz que sus canciones demandan. Para colmo, el comportamiento del público fue ejemplar, añadiendo magia, calidez y emoción a tan relajante manifestación de arte y buen gusto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 13 de junio de 2023

DÚO MOLINA & UCHI, PODER SEDUCTOR Y COORDINACIÓN

XXXIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Nanako Uchi y Mario Molina, piano a cuatro manos. Programa: Sonata en Re mayor K381, de Mozart; Variaciones sobre un tema de Conde Waldstein WoO 67, de Beethoven; Fantasía en Fa menor D940, de Schubert; Petite Suite, de Debussy; La Valse, de Ravel. Salón de los Carteles de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, lunes 12 de junio de 2023


El piano volvió a convertirse en principal protagonista de esta nueva edición del Festival de Primavera de Juventudes Musicales, tras el éxito de Jaeden Izik-Dzurko el pasado lunes, y con cuatro manos sobre un mismo piano éste. Los responsables fueron el soriano Mario Molina y la japonesa Nanako Uchi, que desde que se conocieron estudiando en Róterdam no han parado de recibir encargos y dar conciertos por toda la geografía española. Es evidente que para durar tanto tiempo como pareja artística es imprescindible una conexión total, mucha compenetración y una sincronización perfecta. Uchida y Molina cuentan con todos estos ingredientes y son capaces de llevar a buen puerto un concierto tan exigente como el que ofrecieron anoche en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería.

El repaso por algunas de las páginas dedicadas a esta especialidad comenzó con Mozart y una de sus varias sonatas, la K381, compuesta en 1772 para ser interpretada por él y su hermana Nannerl. Una pieza en tres movimientos de clara inspiración juguetona, ágil y dinámica, que los intérpretes salvaron con buena nota pero con acordes aislados abruptos y algo estridentes. Además, el andante central sonó mecánico y abigarrado, sin la fluidez y la gracia que asociamos al genial compositor. Uchi se encargó del extremo agudo del piano, y por extensión de la parte melódica, mientras Molina se afanó en extraer ritmo y cuerpo de este divertimento. Por senderos parecidos, aunque con un fondo moderadamente más pesimista y trágico, deambuló la pieza de Beethoven, Variaciones sobre un tema de Waldstein, una obra de juventud de resortes igualmente clásicos, sin mucha complicación estructural pero exigente en algunos de sus pasajes en lo que se refiere a las articulaciones y pasajes fuertemente arpegiados. Tampoco aquí la interpretación se antojó demasiado comprometida, abundando los ataques deliberadamente vehementes. Los artistas, ahora con los roles cambiados, se limitaron a cumplir de manera eficiente, con discreción, destacando el colorido de las primeras variaciones frente a un velado sentido del contraste en las últimas.


Románticos e impresionados

Más cómodo y cómoda se sintieron con el romanticismo exacerbado que emana de la Fantasía D940 de Schubert, pieza icónica de esta especialidad que acumula emociones, sentimientos y una enorme expresividad llena de encanto y seducción. La más destacada de las muchas obras que para piano a cuatro manos compuso Schubert, encontró una digitación adiestrada y comprometida, con su inquietante melodía principal recorriendo la partitura de principio a fin, si acaso con puntuales faltas de cohesión cuando de cambiar de registro se trataba, pero con un acertado porte majestuoso dominando toda una interpretación vivaz y por momentos conmovedora. Con esta magistral pieza los pianistas exhibieron una compenetración sana y sincera, con mucha sintonía y el equilibrio justo sobrevolando toda la interpretación, aunque unos silencios demasiado largos afectaran parcialmente la fluidez de las transiciones.

En el último tramo, Uchi y Molina se dejaron seducir por la atmósfera inconfundible del impresionismo francés, primero de la mano de Debussy y su Pequeña Suite, un muestrario de encantadores acordes llenos de gracia y frescura que tradujeron con sencillez y nada de narcisismo, logrando transmitir toda la magia, la galantería y la fantasía que emana de sus cuatro movimientos. Después llegó una sensacional La Valse, pura fuerza, arranques rabiosos e inflexiones drásticas sin descuidar los múltiples pasajes delicados que describen esta fascinante página que frecuentemente disfrutamos en su versión orquestal. Un torbellino de drama encubierto que Molina y Uchi defendieron con ahínco, sus manos frecuentemente entrelazadas, y visiblemente agotados antes de tocar como propina una danza de La vida breve de Falla tan idiomática como colorista.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 17 de enero de 2023

ROBERTO RÚMENOV, UN JOVEN INTROSPECTIVO

Concierto organizado por Juventudes Musicales de Sevilla. Roberto Rúmenov, piano. Programa: Suite de El pájaro de fuego para piano, de Stravinski-Agosti; Preludio y Fuga nº 18, de Bach; 1er libro de Images, de Debussy; Variaciones y fuga sobre un tema de Händel, de Brahms. Teatro Cajasol, lunes 16 de enero de 2023


Con unas sentidas y necesarias palabras de recuerdo para Luis Izquierdo y Ramón Coll, Arnold Collado, presidente de Juventudes Musicales de Sevilla, presentó anoche una entrega especial de Noveles en concierto, que tuvo como protagonista al pianista búlgaro afincado en España, Roberto Rúmenov. Izquierdo, director e impulsor de la Bética Filarmónica durante muchos años, y habitual del Miserere catedralicio de Eslava, falleció el pasado diciembre, mientras Coll, que tras una fructífera trayectoria como pianista y docente recaló en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla en calidad de catedrático, nos dejó justamente ayer mismo. Rúmenov ha estudiado y perfeccionado su técnica en nuestro país, y tras ganar varios certámenes, entre ellos del que celebra Juventudes Musicales en Albacete, recorre la geografía española con sendas giras, con una de las cuales ha aterrizado en el Teatro Cajasol, uno de los espacios emblemáticos y habituales de la institución que preside Collado.

Para la ocasión presentó un programa aparentemente muy ecléctico con el que poder exhibir tanto sus cualidades técnicas como las puramente expresivas, aunque en el fondo hubo una presencia evidente de los maestros barrocos, tanto Bach como Händel a través de Brahms y Rameau de Debussy. El recital arrancó con la transcripción para piano que realizó en 1928 el pianista Guido Agosti, alumno de Busoni, de la Danza infernal y la apoteosis final de El pájaro de fuego de Stravinski. La página le dio la posibilidad de exhibir músculo pero también misterio e introspección, con algún pasaje atropellado y alguna incómoda nota falsa de por medio, pero con un resultado global bastante satisfactorio merced a un buen entendimiento de la partitura y una estupendamente defendida paleta de colores. Con el Preludio y fuga nº 18 del primer libro de El clave bien temperado de Bach, Rúmenov pareció sentirse más cómodo con el preludio, que resolvió con fluidez y elegancia, que con una fuga bastante mecánica y rígida, de escaso relieve, si bien acertó en su cadencia rítmica y claridad melódica, además agradecimos la oportunidad de reencontrarnos con Bach al piano moderno.

Con el primer cuaderno de Images de Debussy, Rúmenov encontró su voz, delicada, introspectiva y capaz de profundizar en el pentagrama y encontrar en la música la sensibilidad justa para transmitir toda esa efusión de emociones que desprenden las notas del compositor francés. En Reflejos en el agua, el joven desplegó con maestría todos los recursos retóricos empleados por Debussy para describir el jugueteo del agua, arpegios, trémolos, glissandi perfectamente controlados, mientras en Homenaje a Rameau transmitió toda la serenidad que desprende esta elegante sarabanda. Más abstracto, el Mouvement resultó un torbellino de notas en perpetuo movimiento, que Rúmenov resolvió con sentido de la proporción y la expresividad. Interpretar las Variaciones de Brahms sobre un tema de Händel es un desafío para cualquier pianista; hacerlo sin partitura, como atacó el resto del programa, una temeridad, y retarse a sí mismo a tan temprana edad, una señal de valentía. Así hizo este artista de la pulsación, logrando adaptarse a cada espíritu, cada matiz y giro de tan extensa partitura, con momentos de lucimiento virtuoso, otros de endiablado ritmo y otros de intenso lirismo, todos resueltos con sabiduría y destreza. Dejó perfecta constancia de los diferentes estilos abordados por su autor, desde referencias barrocas a ensimismamiento romántico, y espacio también para el misterio y la tragedia, por ejemplo en los aires fúnebres de la variación número trece. Tras la exuberante fuga final, traducida con igual magisterio que el resto de la pieza, el joven nos deleitó con un Estudio número 4 del opus 39 de Rachmaninov, impetuoso y trágico, pero también henchido de lirismo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 14 de enero de 2023

UNA BÉTICA DE CÁMARA HACIA EL CENTENARIO

Temporada 2022-2023 de la Orquesta Bética de Cámara. Argentina, voz solista. Michael Thomas, director. Programa: Le tombeau de Copuperin, de Ravel; Sinfonía nº 104 “Londres”, de Haydn; La fille aux cheveux de lin, de Debussy (orquestación: Thomas); El amor brujo, de Falla. Espacio Turina, viernes 13 de enero de 2023


Arranca un año muy especial para la formación que hoy lidera Michael Thomas, cuando se cumplen cien años de su creación nada más y nada menos que por Manuel de Falla. Pero no se trata de un siglo ininterrumpido de actividad en el que su plantilla se haya ido renovando paulatinamente, sino de un período en continua interrupción, con largas etapas de desconcierto y dudas sobre su supervivencia, y períodos en los que incluso cambió su nomenclatura y estructura, pasando de ser una orquesta de cámara a una filarmónica. La irrupción de la Sinfónica de Sevilla a finales del pasado siglo supuso la puntilla para la empresa, hasta que pasados veinte años un equipo, con Inmaculada Hernández como cabeza visible, decidió recuperar los valiosos archivos de la orquesta y reflotarla. Michael Thomas se convirtió entonces en su mayor valedor y la persona que la ha rehabilitado, añadiendo así esta proeza a su larga lista de logros conseguidos en Andalucía, donde no hace mucho la gran música solo estaba al alcance de unos pocos. Aunque solo fuera por eso, Thomas merece todo nuestro reconocimiento y admiración, además de por el hecho de tratarse de una excelente persona, afable y generosa.

Para este primer concierto del año, Thomas diseñó un programa directamente inspirado en los que articulaba Falla al comienzo de su recorrido, con piezas entonces contemporáneas compartiendo piso con otras clásicas e imperecederas. Thomas se decantó por un sabor inconfundiblemente clásico, combinando un Ravel que aunque homenajeando a los grandes barrocos franceses en forma de danzas, aborda un estilo neoclásico potenciado por la rusticidad de sus líneas melódicas, con el clasicismo de un Haydn que en la última de sus sinfonías adopta un estilo Sturm und Drang que adelanta ya algunas de las claves del estilo que caracterizó al primer Beethoven sinfonista. Y si Falla incluyó alguna vez su Amor brujo, Thomas no dudó en ofrecernos una de sus apasionadas y entusiastas orquestaciones, esta vez de una de las piezas que Debussy incluyó en su primer libro para piano.

Un vigoroso Amor brujo embellecido por la voz de Argentina

Comenzó muy bien este particular viaje, con un Preludio de La tumba de Couperin articulado de forma precisa y decidida, con un alegre burbujeo en la cuerda aguda. Después, el Forlane quedó algo desdibujado y mecanizado, sin ese alarde despreocupado que le caracteriza, mientras al Menuet le faltó algo más de ternura y en el Rigaudon la orquesta encontró de nuevo el vigor inicial y ese aire gozoso no exento de cierta melancolía que transita por toda una página en la que batuta y orquesta hicieron especial hincapié en sus aires rústicos y pastoriles. La cuerda acusó flacidez en el arranque, tras una potente fanfarria, y el andante de la sinfonía haydninana, sin embargo los pasajes más dinámicos fueron atacados con decisión y un sentido de las dinámicas muy acusado y contrastado. Muy apresurado también ese andante, sin detenerse en sus elegantes y tranquilas líneas, y muy enérgico y cargado de chispa el finale. La breve pieza de Debussy disfrutó de una delicada orquestación en la que las maderas lucieron su potencial con la cuerda como delicado colchón.


La cantaora onubense Argentina defendió El amor brujo con una voz grave, de sedoso timbre, nunca quebrada, y un estilo muy respetuoso con la partitura, sin añadidos caprichosos ni narcisistas. Lástima que una amplificación mal dosificada al comienzo de la pieza, unido al ímpetu orquestal, impidiera disfrutar de la primera de sus intervenciones, la Canción del amor dolido. Pero en el resto, manteniéndose además una amplificación no invasiva pero ya más acusada, la cantaora lució sobradamente sus cualidades, especialmente en una Canción de fuego fatuo henchida de expresividad. Por su parte, Thomas condujo la orquesta por senderos conocidos de vehemencia, arrebato y mucho temperamento, incluso en los pasajes más relajados, como la Danza del juego del amor. Su vigorosa interpretación de la popular Danza del fuego suscitó acalorados aplausos. Sin desmerecer el esfuerzo y la dedicación que el inglés afincado en nuestra tierra está haciendo, sería conveniente y enriquecedor para la orquesta someterse a otras batutas, capaces de insuflar otras sensibilidades y disciplinas al conjunto. Por cierto, lleno casi absoluto en este primer concierto de tan ilusionante año de la emblemática orquesta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 31 de marzo de 2022

SYNTHÈSE QUARTET, DOMINIO TÉCNICO Y MADUREZ EXPRESIVA

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Synthèse Quartet: Javier Valero, saxo soprano; Ángela Romera, saxo alto; Ismael Arroyo, saxo tenor; Raúl Fox, saxo barítono. Programa: Andante et scherzo, de Eugène Bozza; Introduction et variations sur une ronde populaire, de Gabriel Pierné; Quatuor Op. 10, de Debussy; Danzas fantásticas, de Turina; Carmen Fantasy, de Bizet (arr. Ito Yasuhidi). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, miércoles 30 de marzo de 2022


Aquellos conciertos de música de cámara que se celebraban en la Sala Manuel García en apoyo de jóvenes talentos, pasaron a la historia hasta que la iniciativa de Juventudes Musicales de Sevilla los ha recuperado ahora bajo el título genérico de Alternativas de cámara. Las dos últimas citas han estado protagonizadas por el saxofón, instrumento que asociamos más al jazz que a la música clásica, y que sin embargo tanto nos queda por descubrir en este segundo contexto. Hace un mes disfrutábamos de Manu Brazo en muy buena compañía, ahora son cuatro jovencísimos intérpretes de Madrid, Aragón y Extremadura, que se conocieron en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León, en Salamanca, y decidieron formar el cuarteto de saxos con el que anoche cumplieron un compromiso gestado con la institución hispalense hace dos años, como consecuencia del primer premio obtenido en el Concurso Abate Marchena de Utrera, después de haber logrado primeros premios también en Cantabria, París, Almería y Juventudes Musicales de Ávila. Aquel compromiso se frustró con la pandemia, y ahora, con el esfuerzo, el trabajo y el estudio que a buen seguro les habrá permitido estos dos insólitos años, Synthèse Quartet se presentó en el Maestranza demostrando que son un conjunto muy a tener en cuenta.

Aunque cada vez son más los conjuntos especializados en este instrumento, las obras escritas para él han estado habitualmente destinadas a integrantes de bandas militares y secciones de conjuntos sinfónicos. No abundan las piezas originales para saxofones en el repertorio clásico, por lo que no sorprende que se tenga que echar mano de la transcripción, como sucedió en este concierto de presentación de Synthèse Quartet en Sevilla. El programa estuvo estructurado alrededor del Cuarteto para cuerdas de Debussy, con un inconfundible aroma francés en el que las dos primeas piezas sí eran originales para saxos. Los cuatro intérpretes arrancaron con cierta teatralidad en el Andante y scherzo de Eugène Bozza, que compuso a lo largo del siglo XX música fundamentalmente de cámara con predilección por los instrumentos de viento, marcando ese acento debussyano que informa el andante inicial, así como el nervio jazzístico que impregna el scherzo, y resolviendo con matrícula la tremenda complejidad técnica que demanda la pieza, sin sacrificar su fuerza expresiva ni calidad melódica. Exactamente lo mismo se puede decir de la Introducción y variaciones sobre un rondó popular de Gabriel Pierné, importante organista y director de orquesta que estudió con Franck, Massenet y Debussy. Synthèse supo extraer toda la luminosidad y espíritu desenfadado de este standard del saxofón, y a la vez exhibir toda su delicadeza y compleja ornamentación.

Un brillante Cuarteto de Debussy

Lo mejor que se puede decir de su interpretación del Cuarteto de Debussy en arreglo para saxofones, es que no sacrificaron ni un ápice de su espíritu y estilo, gracias sin duda al excelente arreglo presentado, pero también a la madurez expresiva del conjunto, que en el animado y muy decidido primer movimiento acertaron combinando las texturas de sus instrumentos, con una compenetración magistral y una agilidad en el diálogo de voces solo al alcance de artistas muy consumados. Prodigiosa resultó su imitación del pizzicato que caracteriza el segundo movimiento y las sutiles transformaciones a lo largo de la obra, destacando también su clima decadente y sensual, lleno de insinuaciones. También supieron aprovechar al máximo las posibilidades del Andantino, un nocturno lleno de ternura y misterio que abordaron desde la delicadeza y la extrema elegancia, así hasta un movimiento final dominado por el color y la textura, siempre desde una consideración eminentemente flexible y sensual de la música.


Estos jóvenes talentos no se conforman con la excelencia interpretativa, también se revelan como inagotables estudiosos de la materia, alcanzando al difícil y comprometido trabajo de la transcripción, que también dominan, y que en el caso de las Danzas fantásticas que Turina concibió en París, se traducen en un trabajo fogoso y meticuloso que logra transmitir todos los matices expresivos y técnicos de una pieza que originalmente se compuso para piano, para inmediatamente orquestarse, siendo este un arreglo extraído de ambas versiones, en el que las cuatro voces se articulan, dialogan y se combinan para no perder en el camino ni un ápice de la intención original del compositor sevillano. Una fantasía sobre temas de Carmen de Bizet, según arreglo del compositor japonés Ito Yasuhidi, sirvió para terminar de forma alegre y desenfadada este recorrido por la música francesa de finales del XIX y principios del XX, y acabar definitivamente de conectar el sabor Francia con el pintoresquismo sevillano. La y los intérpretes demostraron también dominar el arte de la retórica, con unas estupendas presentaciones de cada pieza, y en la propina acertaron muy oportunamente con una pieza del autor holandés Guillermo Lago incluida en su obra Ciudades, concretamente la que ilustra Sarajevo después de la guerra, un canto solemne y desolador que acaba convirtiéndose en grito desgarrador en las muy matizadas voces que Synthèse defendió con mucha emoción y sentido crítico frente a la devastación que sufre justo ahora parte de nuestro continente.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 23 de marzo de 2022

MÉLISANDE, EL MAR Y LA TRÁGICA FAMILIA

Ópera de Claude Debussy. Libreto de Debussy y Maurice Maeterlinck, según la obra del último. Michel Plasson, dirección musical. Willy Decker, dirección escénica. Wolfgang Gussmann, escenografía y vestuario. Hans Toelstede, iluminación. Con Mari Eriksmoen, Edward Nelson, Kyle Ketelsen, Jérôme Varnier, Eleonora Dezeve, Marina Pardo y Javier Castañeda. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Producción de la Staatsoper de Hamburgo. Teatro de la Maestranza, martes 22 de marzo de 2022


Son varias las grandes obras musicales que ha inspirado la tragedia de Pelléas y Mélisande, como la música incidental que compuso Fauré a finales del siglo XIX, o el poema sinfónico que Schoenberg escribió apenas un año después de estrenarse esta monumental ópera, la única que llegó a terminar el maestro del impresionismo, Claude Debussy. Nunca se había representado en Sevilla, aunque hace dieciocho años Marc Soustrot, ahora titular de la Sinfónica, ofreció en este mismo escenario una versión de concierto. Curiosamente es ahora el director honorario de la orquesta, Michel Plasson, que tantas veces ha demostrado su magisterio en el repertorio de su país, el encargado de este esperado y necesario estreno en la capital hispalense. Y la verdad es que su batuta no solo estuvo a la altura de lo esperado, sino que lo superó con creces, al proponer una lectura profunda, hermosa y poética de la extraordinaria partitura, cuya poderosa singularidad quedó patente en las manos expertas y sabias del veterano director de orquesta.

Para que triunfe una buena versión de este título único en su género, es necesario esmerarse en el timbre tanto de las voces como de los instrumentos, mientras en lo puramente escénico es necesario captar todo su contenido poético y lleno de simbología, tan intelectual como mágico. De lo primero se encargó Plasson, para quien la edad no parece ser ningún obstáculo a la hora de plasmar toda su energía y a la vez delicadeza, y para lo segundo se contó con una producción de primera categoría de Willy Decker, responsable de puestas en escena tan extraordinarias como la que realizó para La traviata del Festival de Salzburgo o la de Peter Grimes que pudimos ver en Valencia hace cuatro años. Un elenco perfecto, tanto a nivel de canto como de presencia física, puso el broche de oro a este excelente espectáculo para el que desgraciadamente solo se han programado tres funciones, lo que da idea de los pasos agigantados hacia atrás que estamos dando en esta ciudad en lo que a afición por la música se refiere.


Quince escenas bañadas por una luz prodigiosa

Todos los espacios son importantes en esta ópera, tanto como los personajes. Pero es suficiente con evocarlos, someterlos a la imaginación del público. Es lo que propone Decker en los cinco actos y quince escenas en las que se estructura el libreto del autor de El pájaro azul, y que esta producción resuelve con continuas bajadas y subidas de telón que dan paso a sugerentes interludios instrumentales cargados sensualidad e hipnótica poesía. En escena parece evocarse la atmósfera habitual en las tragedias familiares nórdicas, donde intrigas y desconfianzas parecen tomar las riendas de la historia. En cierto modo a este cronista le sobrevinieron imágenes relacionadas con el cine de Ingmar Bergman, algo potenciado por el sugerente vestuario de Wolfgang Gussmann. Pero fue la luz prodigiosa que proyectó Wolfgang Schünemann según el diseño de Hans Toelstede, lo que definitivamente ayudó a evocar esos paisajes, espacios y emociones que irradia el texto de Maeterlinck y la música de Debussy, cuyo característico mar parecía estar presente entre los gélidos elementos que invaden la a menudo escuálida escena de carácter circular, presidida por telones y grandes ventanales.


Tan importante como el talento musical se revela especialmente en este título la capacidad dramática, y todos y todas las intérpretes estuvieron en este sentido muy a la altura de las exigencias. La joven soprano noruega Mari Eriksmoen es una Mélisande delicada, contenida y llena de magia y dulzura, esa combinación de sirena, ángel y ninfa que demanda un personaje que esconde su naturaleza de femme fatale, patente cuando enreda a Pelléas como si fuera su presa entre sus cabellos, en una escena que Decker resuelve con proverbial maestría sugiriendo una tela de araña atrapando a su víctima. En lo musical, su voz cristalina y bien timbrada cautivó por su belleza y perfecta articulación. Kyle Ketelsen construye un Golaud atormentado en su justa medida, aunque protagoniza la escena más incómoda y violenta de la función, cuando desgrana su decepción por su esposa y la dirección le obliga a maltratarla expresamente sobre el escenario y ante la mirada inerte del Rey Arkel. La voz rotunda y potente de Ketelsen contrasta con la más lírica del barítono también americano Edward Nelson, que se ajusta a la perfección a su romántico aunque dubitativo personaje tanto en el canto como en lo actoral.

La voz clara y contundente del bajo francés Jérôme Varnier acusó algunas tiranteces sin importancia que no llegaron a enturbiar su autoritaria intervención, mientras la soprano franco-española Eleonora Daveze triunfó como el niño Yniold, en algún momento teniendo que mantener su firme línea de canto en actitud tan temeraria que llegamos incluso a temer por su integridad física. Peor resultó la veterana mezzo cántabra Marina Pardo, con poca proyección y mucho vibrato, como la sufrida madre de los enfrentados hermanos, aunque en lo dramático su personaje también se benefició de la contenida dirección repuesta por Stefan Heinrichs. La breve participación del coro fuera de escena contribuyó a ese clima espectral que Plasson tan bien supo insuflar a una orquesta que respondió a sus demandas con la excelencia a la que nos tiene acostumbrados. Si un buen espectáculo operístico es el que combina excelente teatro, plasticidad, creatividad y rendimiento musical de primer orden, este Pelléas y Mélisande cumple todas las condiciones. Como muy bien reflejó la dedicatoria recitada antes de empezar la función, en recuerdo a las víctimas de la infame guerra de Putin, la cultura es el único ámbito en el que la vida trasciende a la muerte. Un Pelléas y Mélisande defendido de esta manera tan ejemplar, lo demuestra.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 28 de enero de 2022

SOUSTROT EXTRAE FORMAS Y COLORES DE LA ROSS

6º Concierto del Ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Xavier Phillips, violonchelo. Marc Soustrot, director. Programa: Concierto para violonchelo en Si menor Op. 104, de Dvorák; Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; Suite nº 2 de Dafnis y Cloé, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 27 de enero de 2022


Con los gratos recuerdos que guardamos de las anteriores comparecencias del violonchelista francés Xavier Phillips junto a la ROSS, interpretando las Variaciones Rococó de Chaikovski en 2015 y el Concierto nº 2 de Shostakovich en 2018, haciendo alarde de musculatura y fuerza expresiva, este Concierto de Dvorák con el que se presentó anoche y lo vuelve a hacer hoy nos pareció endeble y algo desangelado, como si el solista no hubiera estado inspirado y hubiese perdido hondura. No fue el caso de la batuta, que ofreció una lectura de las partituras henchidas de belleza y voluptuosidad.

Considerado por muchos el mejor concierto para violonchelo del repertorio, y sin duda uno de los más queridos y populares para el instrumento, el de Dvorák es desde luego una obra muy personal y profundamente emotiva. Director y solista entendieron bien este particular, pero mientras el primero dirigió con aplomo y amplio sentido del drama y la estética, Phillips mantuvo una línea de canto homogénea a la que sin embargo faltó robustez y una mayor variedad en la gama dinámica. A veces su sonido, sin duda hermoso y aterciopelado, se perdía entre la majestuosidad de una orquesta que Soustrot se esmeró no obstante en controlar, e incluso sin su intervención, en unos pianissimi que acabaron siendo inaudibles. No quiere esto decir que su interpretación fuese en todo momento decepcionante; logró impregnar el adagio de esa religiosidad que le caracteriza, entre doloroso y piadoso, y en general convenció de su capacidad y virtuosismo, pero faltó cuerpo y una mayor convicción, lo que podríamos confundir con extremada delicadeza. Soustrot acompañó con atención, extrayendo de cada solista, clarinete, trompa, etc., unas prestaciones impecables. No faltó tampoco sentido de la espectacularidad allí donde tocaba, sin ir más lejos en el poderoso estallido final.

Sensualidad francesa

La música francesa ha estado siempre muy presente en la Sinfónica. Sin duda las aportaciones de Soustrot y Plasson, ahora directores titular y honorario de la formación, han dejado mucha huella. La segunda parte del concierto estuvo protagonizada por dos de sus representantes más considerados, Debussy y Ravel. Del primero se ofreció una pieza tan transitada y a la vez agradecida como el Preludio a la siesta de un fauno, que Soustrot desgranó con amplio sentido de la sensualidad, logrando una interpretación muy fluida pero controlada, de tono tan ensoñador como embriagador.

La misma paleta de colores, de tonos pasteles a otros más potentes, se evidenció en la Suite nº 2 de Dafnis y Cloe, de Ravel. Coincide esta suite con la tercera parte del ballet del que se extrae, y en este punto nos preguntamos por qué no se toca nunca la partitura completa, obra maestra indiscutible de su autor y de la música en general, que con sus coros incorporados podría constituir un programa exquisito en próximas temporadas. Soustrot entiende sin duda el carácter de la obra, sus incidencias dramáticas y frecuentes contrastes de humor y atmósfera, sin perder su coherencia interna y fuerza narrativa. La asombrosa claridad con la que dirigió sin partitura, a pesar de la exuberancia orquestal, derivó en una bacanal desenfrenada, sin perder de vista en ningún momento el erotismo que la informa, y que tanto hizo las delicias de Nijinski cuando la estrenó en 1912, la misma figura legendaria de la danza que catapultó a la fama el Preludio a la siesta de un fauno cuando lo coreografió el mismo año, dieciocho después de que la compusiera Debussy.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 17 de octubre de 2021

LA GUITARRA IMPRESCINDIBLE

XII Festival de la Guitarra de Sevilla. Marlène Demers-Lemay “Das perfums, la nuit”: obras de Claude Debussy, Alexandre Tansman, Georges Migot y Pierre Breville; Aniello Desiderio ”Suite española”: obras de Gaspar Sanz, Manuel M. Ponce, Manuel Castelnuovo Tedesco y Leo Brower. Espacio Turina, sábado 16 de octubre de 2021

Francisco Bernier y Marlène Demers-Lemay en el vestíbulo del Espacio Turina

Doce años lleva Francisco Bernier luchando por mantener vivo este
Festival de la Guitarra, instrumento imprescindible de nuestra cultura y tan ligado a la ciudad. Así lo han debido entender justamente nuestras instituciones a la hora de apoyar la ingente labor del artista y empresario sevillano y hacer realidad estos años en los que conciertos y concursos se han dado la mano mientras el certamen continúa en parte funcionando como plataforma de lanzamiento de los registros que el propio Bernier va atesorando gracias a su sello discográfico Contrastes Records. Apoyo por lo tanto doble, al festival en sí y a una empresa que lejos de constituir un vellocino de oro se alza como vehículo imprescindible para la proyección y preservación de nuestro instrumento rey en todo el Mundo.

La presente edición, que sus responsables han dedicado al recientemente fallecido Antón García Abril, pero no cabe duda que también dedicarán en sus corazones a Luis de Pablo, fallecido cuando el festival ya estaba en marcha, e invitado de honor en una de sus primeras ediciones, comenzó oficialmente el pasado fin de semana, y entró este en su ecuador, con dos importantes artistas internacionales protagonizando la cita del sábado. Un día muy ajetreado en la ciudad, por la recuperación de algo tan querido entre nuestros conciudadanos como es ver procesionar al Gran Poder, lo que quizás propició un escaso aforo en el Espacio Turina, especialmente en el concierto de la canadiense Marlène Demers-Lemay, que acabó siendo un encuentro intimista entre ella y la veintena de personas que nos acercamos a escucharla. Algo más de suerte tuvo el italiano Aniello Desiderio, quizás porque su hora de arranque era ya más amable para nuestra costumbre. De cualquier forma sigue sorprendiéndonos que en una ciudad con dos conservatorios al menos importantes y la ya larga proliferación de artistas y grupos locales que se ha producido en las últimas décadas, todavía haya citas tan difíciles de superar.

Fragancias a media luz

La propuesta de Marlène Demers-Lemay, formada en Ottawa y con escala importante también en nuestra Pablo de Olavide, giró en torno a la figura de Andrés Segovia y su presencia en París allá por 1924, que tanto entusiasmo suscitó entre compositores en su mayoría profesores de la Schola Cantorum, y que tantas obras le dedicaron. El mismo recorrido que protagoniza su disco bajo Contrates Records, grabado hace casi tres años y titulado significativamente Des perfums, la nuit, algo así como Los perfumes de la noche. Y fragancias fue ciertamente lo que ofreció esta entregada guitarrista, que ilustró además en perfecto castellano las piezas interpretadas y su relación con el maestro de Linares. Así, a una Elegía original para piano y adaptada por la propia Demers-Lemay, de acordes muy breves y espaciados, siguió una Cavatina en cuatro movimientos del compositor polaco afincado en Francia Alexander Tansman, quien compuso varias obras para Segovia, entre ellas esta y también unas interesantes Variaciones sobre un tema de Scriabin. La Cavatina la acometió con mucha delicadeza y una pulsación precisa y limpia, igual que en la pieza del polifacético Georges Migot Pour un hommage à Claude Debussy, de líneas claras y concisas y esa estética relajante que caracterizó la aportación de la canadiense. Una Fantasía de Pierre de Breville, con más color y cambios de registro, coronó su breve intervención, condicionada por exigencias de horario.

Algo distinta fue la actuación del muy reconocido y galardonado artista napolitano Aniello Desiderio, que bajo el epígrafe de Suite española desgranó piezas de reconocible sabor latino, que arrancó precisamente con la pieza de igual título del imprescindible Gaspar Sanz, padre de la guitarra moderna y autor de ineludibles tratados sobre la materia. Desiderio deslizó sus dedos con agilidad e ímpetu hasta alcanzar unos Canarios de tempi muy rápidos en los que llegó a acusar alguna que otra imprecisión y enmarañamiento. No obstante acertó en estilo y espíritu, lo que se acusó también en la larga e imaginativa Diferencias y fuga sobre la Folía de España, una pieza del mexicano Manuel M. Ponce, autor en tránsito entre el XX y el XX que fue considerado en su época padre del nacionalismo musical mexicano. Cabe considerar la interpretación de Desiderio en esta pieza como un dechado de agilidad y de creatividad, sin embargo se le notó algo incómodo, lo que afectó a un resultado que no sobrepasó los límites de la mera corrección, algo que también atisbamos en Escarraman, obra de otro imprescindible, Manuel Castelnuovo Tedesco, de quien solo interpretó el cuarto y fugaz movimiento. Más libre y desenfadado se desenvolvió con El arpa y la sombra, una pieza que el cubano tan querido en Córdoba Leo Brower compuso como signo de admiración a Toru Takemitsu y que rezuma ese aire entre épico y misterioso de la música del genio japonés. Con él llamaron la atención especialmente esos acordes a dos manos sobre el mástil de la guitarra. En próximas convocatorias el aficionado podrá disfrutar de los portugueses Hugo Gamboias y Diogo Passos en el Pabellón de Portugal, y un fin de semana dedicado a la guitarra flamenca, con Daniel Casares y Juan Requena acompañando a la voz de José Valencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de junio de 2021

LA SEDUCCIÓN BALSÁMICA DE ROSA COTÁN Y LA BÉTICA

Temporada 2020-2021 de la Orquesta Bética de Cámara. Rosa Mª Cotán, arpa. Michael Thomas, director. Programa: Pélleas et Mélisande, de Fauré; Danse sacrée et Danse profane, de Debussy; Sevilla, de Albéniz; Morceau de concert Op. 154, de Saint-Saëns; Dolly, de Fauré/Thomas. Espacio Turina, sábado 12 de junio de 2021


Tras un año muy ajetreado por el covid pero también uno de los más nutridos que se recuerdan, el Espacio Turina cerró por vacaciones con el concierto de despedida de temporada de la Bética de Cámara, que tuvo como invitada a una artista de varios quilates, la arpista sevillana Rosa Mª Díaz Cotán. En los atriles uno de esos evocadores y suculentos programas a los que nos tienen acostumbrados la formación y su director, Michael Thomas. Hasta en eso son particulares los franceses, que cuando se programa música suya se hace en bloque, diseñando un concierto todo francés. En este caso se trataba de ilustrar a través de la pintura, ese aceite de adormidera (huile de pavot) que daba título al programa y que tanto brillo da al óleo en los lienzos, el círculo de amistades de Gabriel Fauré, él mismo representado con dos de sus obras más singulares.

Cotán es el vivo ejemplo de lo útil que son las instituciones y formaciones que impulsan y enriquecen las carreras de nuestros y nuestras solistas, y si se combinan mejor. Creció en el seno de la Orquesta Joven de Andalucía; Thomas, que la dirigió durante tanto tiempo, se hizo eco de ello. Pero también desarrolló su talento y aptitudes de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd y la West-Eastern Divan, lo que le ha llevado a ocupar plaza en importantes orquestas europeas, como tantos otros jóvenes solistas de Andalucía. Su toque es delicado y profundo, reflexivo y concentrado. Así pudimos comprobarlo en las Danzas sagrada y profana de Debussy, dos piezas encadenadas que le encargó la Casa Pleyel para promover un arpa cromática rival de la diatónica tradicional que no prosperó, pero que se interpretan sin dificultad en la que ha perdurado de pedales. La sagrada se revela dulce y velada gracias a su misticismo imperante, mientras la profana, a ritmo de vals, es más dinámica. Arropada con discreción y sentido atmosférico por la orquesta, su interpretación cumplió ese efecto balsámico afín a la obra. Más posibilidades de lucimiento y virtuosismo ofreció la Pieza de Concierto de Saint-Saëns, una exhibición distendida y generosa de las posibilidades del arpa bajo un estilo arcaico, con extremos solemnes y majestuosos y desarrollo muy elaborado, que Cotán defendió con un sentido magistral de la musicalidad y una técnica sofisticada y precisa, contando aquí también con un acompañamiento respetuoso y medido. Como propina Cotán interpretó un standard del instrumento, la Canción de mayo de Alphonse Hasselmans, revalidando su exquisita pulsación y dominio técnico.


Luces, sombras y poca cuerda

Rosa Díaz Cotán
En sus intervenciones sin invitada, la orquesta exhibió cierta flacidez general que nada tuvo que ver con los excelentes resultados de su anterior comparecencia, lo que no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta que se trataba de la misma plantilla, con los mismos estupendos instrumentistas, a los que hubo que añadir las brillantes aportaciones de la primera violonchelista y el relieve que supo dar al conjunto el único contrabajista. Quizás hubo poca cuerda para abordar un programa tan francés, también el calor imperante en la sala pudo afectar al ánimo, el rendimiento y las prestaciones de los instrumentos. Lo cierto es que el misterio y la delicadeza del tema de Pelleas y Melisanda pasaron desapercibidos, mientras los movimientos centrales, La hilandera y la Siciliana, sonaron más frescos y espontáneos, no así la marcha fúnebre final, otra vez pesada y desequilibrada.

Tras un paréntesis en el que el siempre amable y sentimental director glosó la intervención de su antigua alumna y la presencia en la sala del descendiente de uno de los fundadores de la orquesta, el violonchelista Segismundo Romero, la orquesta hizo una versión machacona y saturada, sin atisbo de delicadeza, de Sevilla de Albéniz. El concierto terminó con la propia orquestación de Thomas, una licencia que suele tomarse con toda legitimidad en cada temporada, de la suite Dolly de Fauré. Original para piano a cuatro manos, siempre se ha dicho que la orquestación oficial de Henri Rabaud no aportaba nada a la pieza. Quizás por eso Thomas centró sus esfuerzos más en las maderas, ofreciendo páginas ágiles y dinámicas como el Mi-a-ou, frente a otras en las que volvió a imperar el carácter alicaído del conjunto. Acertó en armonía y contrapunto en Le jardin de Dolly, pero resultó abrumador en Le pas espagnol final, así como poco sutil en Tendresse. Nada de esto enturbia el afecto y la admiración que profesamos por este conjunto y su entusiasta y devoto director y la satisfacción que provoca contar con una orquesta a este nivel sumándose a las otras con las que cuenta la ciudad. Esperamos con ilusión una próxima temporada cargada de sorpresas y alegrías.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 27 de julio de 2020

VANDALIA, CHAMAYOU, FANLO Y ZIMERMAN ENCANDILAN EN GRANADA

Iagoba Fanlo y Alfredo Aracil en el Crucero del Hospital Real
Foto: Fermín Rodríguez (Festival de Granada)
Parece mentira que Granada haya podido, en medio de rebrotes y amenazas, ultimar la celebración de la sesenta y nueve edición de su festival, y lo que es más, que haya podido hacerlo con tan alto nivel de calidad y de dignidad, con un plantel de artistas irrepetibles, algunos legendarios, otros a medio descubrir, que han hecho de él una cita ineludible del calendario musical, y un bálsamo de consuelo y felicidad para quienes añorábamos la música en directo tras tanto tiempo de confinamiento e incertidumbre. El último fin de semana se nutrió de un amplio abanico de posibilidades, del canto polifónico renacentista a cargo del grupo sevillano Vandalia, al encendido esplendor beethoveniano de Krystian Zimerman haciendo los dos conciertos de piano más amados del genial compositor, hasta el piano cálido y vertiginoso de Bertrand Chamayou y el violonchelo flexible y carnoso de Iagoba Fanlo. Todos fueron motivos para el regocijo.

La “Bomba” de Vandalia

Vandalia en la Capilla Real. Foto: Fermín Rodríguez
Entrada por la puerta grande del cuarteto de voces sevillano Vandalia, nada menos que en la Capilla Real ante un público íntimo, atento y respetuoso y con un programa de singular atractivo bajo el brazo. Se trataba de recrear la Misa de Bomba del granadino afincado en Guatemala Pedro Bermúdez, muy ligado a este monumento de la ciudad de la Alhambra. Para ello optaron por un programa tan didáctico como estimulante, presentando como antesala la Ensalada Bomba que compuso Mateo Flecha “El Viejo”. El autor fue especialmente prolífico en la composición de este género de piezas, las ensaladas, llamadas así por aglutinar todo tipo de canciones de distinta métrica y autoría, con ritmos diversos y procedimientos heterogéneos, mayoritariamente homófonos. La Bomba se llama así por imitar el sonido del bombeo del agua en un naufragio que representa metafóricamente el hundimiento del alma del pecador y su llamada de auxilio para ser redimido por el Salvador. Rocío de Frutos, exhibiendo un volumen de voz por encima de lo que estamos acostumbrados, pero con la misma dulzura en la línea de canto, alternó con sus compañeros las alegres estrofas de la pieza, a veces onomatopéyicas, otras casi taberneras, si bien se hizo notar cierta dispersión en la armonía, como si cada uno y una cantaran por su cuenta, debido posiblemente a la delicada acústica del lugar.

La Misa de Bomba de Bermúdez es la única de las suyas que hace referencia a una melodía secular, la ensalada citada, aunque mantiene a través del canto firme con tratamiento imitativo la estructura de la misa convencional, a la que el conjunto se plegó con oficio y estilo, dejando claro en este caso su amplio espectro y capacidad de adaptación, con supremas aportaciones de Frutos y Gabriel Díaz en las voces agudas, el tenor Víctor Sordo y el perfecto contrapunto en la armoniosamente ensamblada voz del bajo Javier Cuevas. En la segunda parte, naturalmente sin pausa, dedicaron un amplio espacio al maestro sevillano del Siglo de Oro, Francisco Guerrero, con joyas de la música litúrgica y profana, como Si tus penas no pruevo o Pan divino, graçioso, cantadas con buen gusto y extrema sensibilidad, como la que emplearon ya en un registro completamente distinto en la propina lorquiana, el Zorongo Flamenco, aunque para flamenca la boda que se celebraba en el sagrario adyacente y que casi sabotea el buen hacer del conjunto sevillano.

Chamayou y Fanlo no dejan indiferente

Bertrand Chamayou
Todavía recordamos con admiración el excelente concierto que ofreció el pianista francés Betrand Chamayou en el Teatro Central de Sevilla hace siete años. Entonces vino a tocar música de John Cage con un piano preparado, un sensacional trabajo de percusión y habilidades extremas como tocar con absoluta precisión un piano de juguete. Por eso quizás su arte al teclado no deja indiferente, muestra su inquieta predisposición a encontrar nuevos lenguajes y se deja influir por su pasión por la música contemporánea a la hora de buscar nuevas formas de interpretar lo de siempre, lo que ya se creía dogmático e inquebrantable, hasta el punto de que a menudo podamos sentir como nuevo lo que hemos escuchado mil veces. Saludado como un maestro con los impresionistas, con una integral pianística de Ravel tan lograda que lo avala, ofreció tres preludios de Debussy con una vocación rompedora sorprendente. Sin embargo su Catedral sumergida fue más majestuosa que poética, más del día que de la noche, más ingeniosa e incluso brillante que misteriosa o íntima, y desde luego extremadamente virtuosa, como también lo fueron, pero aquí sí supo captar la atmósfera y el intimismo necesarios, La Terrasse des audiences du clair de lune, mecida por el sugerente murmullo del agua de la fuente del Patio de los Mármoles del Hospital Real, y Feux d’artifices, prodigio de ritmo e impacto sin renunciar a una elegancia y exquisitez extrema. Igual abordó Miroirs de Ravel, con un preciso fraseo emulando el alegre revoloteo de las Noctuelle, una pulsación nerviosa para evocar la opresión incómoda de los Pájaros tristes, chispeante y fluida en una memorable, poética y embriagadora Un barco en el océano, y con un exquisito detalle colmado de reflexión en El valle de las campanas. Incluso en su muy nerviosa y ajetreada Alborada del gracioso encontramos motivos extras para admirar al joven y reconocido artista, igual que luego encontraríamos en una vertiginosa Tarantella de Liszt, según el cuaderno apéndice de los viajes del autor plasmados en Años de peregrinaje, junto a unas idiomáticas y coloristas Gondoliera y Canzone, basadas en temas populares y desgranadas por el pianista con igual ímpetu y ánimo inquieto. Su bloque Liszt se inició sin embargo con Los juegos del agua de la Villa del Este, toda una anticipación del impresionismo musical de marcadas reminiscencias acuáticas que a Chamayou sirvió como perfecta transición entre Debussy, Ravel y el visionario genio húngaro.

Iagoba Fanlo (Foto: Fermín Rodríguez)
También Iagoba Fanlo vino seducido por su compromiso con la música contemporánea y un programa extraordinario alrededor de la primera de las seis suites para violonchelo de Bach. Aún recordamos el buen sabor de boca que dejó hace ocho años en el Femás con estas obras bachianas. El experimento esta vez incluía un Praeludium y Rendez-vous, de Alfredo Aracil, presente en el crucero del Hospital Real, el primero estrenado en el Alicante Actual de hace unos años y el segundo estrenado aquí debido a que su emplazamiento original en el Festival de Cuenca se vio malogrado por la pandemia del coronavirus. Dos singulares obras basadas en material que bien podría haber utilizado el maestro de Leipzig, sometidas a transformaciones, acordes inversos, discordancias, roces y estridencias variadas hasta converger en una convincente interpretación de este sensacional cuerpo del instrumento de cuerda grave por antonomasia, que el artista donostiarra articuló con sensibilidad y muy buen gusto, un sonido carnoso y una autoridad incontestable. Toda esta serie de virtudes destinadas a encumbrar la belleza del barroco derivaron con Britten y su Suite nº 1 para el instrumento en una intensa expresividad, convirtiendo el violonchelo en médium para transmitir toda la fuerza de la tierra, el lamento del destino y el canto elegíaco que tan bien supo en su momento transmitir Rostropovich, para quien se compuso la pieza a instancia de Shostakovich. Seis movimientos separados en tres bloques por un canto recurrente, en el que destacó el desgarro del violonchelista y su especial dominio del arco, explícitamente golpeado en la aflamencada Serenata así como en la Marcha, y con un brillante torbellino en el Moto perpetuo. Un más dócil y convencional Postludium de Aracil concebido muy significativamente para este programa y esta edición del Festival de Granada cerró antes de una propina bachiana este estimulante concierto.

El cierre: una cita concertada

Krystian Zimerman
El sensacional pianista y eventual director de orquesta polaco Krystian Zimerman puso el broche de oro a tan extraordinaria edición del Festival de Granada con el tercero de los programas que dedicó a los conciertos para piano de Beethoven junto a la Orquesta Ciudad de Granada. Tocó el piano y dirigió, o concertó como diría humildemente el gran Javier Perianes, a una orquesta en muy buena forma en nada más y nada menos que los conciertos cuarto y quinto, joyas de la música en mayúsculas, obras maestras de la literatura concertante y monumentos del arte en general. Quizás estuvo demasiado atento al músculo orquestal, en detrimento de su propio instrumento, que especialmente en el largo allegro moderato inicial sonó pequeño y a menudo camuflado. Aunque imprimió su intervención solista de un exacerbado lirismo ambiental, no nos resultaron agraciadas las cadencias, cuya autoría no acertamos a identificar. Sí triunfó en el grave andante con moto central, prodigio de transición entre doloroso y tierno hacia un rondo vivace convenientemente brillante y desprejuiciado. No fue quizás una versión antológica de la pieza, pero sí en cualquier caso bien articulada y dialogada, y de concepción rotundamente clásica.

Por iguales derroteros más o menos deambuló un Concierto nº 5 Emperador musculoso y vibrante, reafirmando su espíritu de gran concierto y ahora sí asumiendo su carácter renovador del género, especialmente apreciable en un adagio central marcado por un extremo lirismo y una concepción netamente sentimental del material pianístico. Precedido de un allegro de amplios desarrollos y generosas proporciones, imbuida de una energía heroica, un inesperado viento que hizo las delicias del público amargó algo la velada a Zimerman, que tuvo que lidiar como pudo con las partituras sin que el resultado se resintiera. De la dulce meditación y la desnuda espiritualidad del adagio pasó con total naturalidad al frenesí rítmico del allegro final, llena de brío y espíritu triunfador, tal como pudo apreciarse con una platea del Carlos V aplaudiendo a rabiar y de pie durante largos y muy merecidos minutos. Y así acabó una memorable sexagésimo novena edición del Festival de Granada, con más mérito teniendo en cuenta las inoportunas condiciones en que ha tenido que organizarse y celebrarse.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía