Mostrando entradas con la etiqueta Juventudes Musicales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juventudes Musicales. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de mayo de 2026

RESONANCIA CON ÍMPETU JUVENIL

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Resonancia, quinteto con piano: Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella, violines. Salomé Osca, viola. Lourdes Kleykens, violonchelo. Álvaro Mur, piano. Programa: Quinteto para piano y cuerdas en sol menor Op. 57, de Shostakóvich; Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor Op. 44, de Schumann. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 19 de mayo de 2026


A poco de dar comienzo su tradicional Festival de Primavera, Juventudes Musicales de Sevilla puso ayer tarde broche de oro a su programación en colaboración con el Teatro de la Maestranza, a través del ciclo Alternativas de cámara. Y lo hizo con muy buena nota, echando mano de un conjunto de raíces fundamentalmente levantinas, integrado por cinco estupendos solistas con una envidiable trayectoria a sus espaldas, a pesar de su evidente juventud. El pianista ceutí Álvaro Mur ya dio buenas muestras de su calidad técnica y artística en otro concierto auspiciado por la entidad sevillana hace exactamente cinco años, en plena pandemia, con la Sinfónica acompañándole en la sala principal del Maestranza.

En los atriles, dos monumentos indiscutibles de la música de cámara, separados por un siglo pero conectados por un lenguaje inequívocamente romántico, con las particularidades lógicas del paso del tiempo, evidentes en la página de Shostakóvich. Dos partituras henchidas de fuego y pasión, ideales para poner en práctica el ímpetu juvenil del conjunto, que extrajo de sus fuerzas y altas capacidades todo un arsenal de recursos tanto para complacer a un público generalista como a los paladares más exquisitos y exigentes.

El carácter crispado de Shostakóvich

El Quinteto Op. 57 de Shostakóvich, estrenado por el propio autor junto al Cuarteto Beethoven, el mismo que divulgó su amplio catálogo de cuartetos, mantiene en todo momento un regusto neoclásico y una visible admiración por la gramática bachiana. Mur arrancó con fuerza y decisión, empleándose ya a fondo con el extremo agudo del teclado, del que a menudo extrajo acordes deliberadamente estridentes, sin duda afines a la desesperada expresividad del autor, pero carentes de ese punto de discreción y sutileza con las que éste conducía su atronadora exasperación con cierto disimulo.

Ejemplares fueron las prestaciones de Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella a los violines, mientras Salomé Osca a la viola y Lourdes Kleykens al violonchelo, ejemplificaron a la perfección la alternancia de voces y sucesivos relevos que caracterizan el preludio. Kleykens llevó a cabo un trabajo carnoso y profundamente melodioso, mientras Osca impregnó de lirismo la página. Hubiéramos deseado una atmósfera más fantasmagórica al inicio de la inquietante fuga, no obstante se lograra entre todos y todas una concentración contrapuntística de intensa carga emocional.

Tras un agitado y ovacionado scherzo central, si acaso un pelín carente de ironía y mordacidad, la compenetración entre el piano y la cuerda continuó funcionando en el intermezzo, algo por debajo sin embargo de esa tensión y sensación de soledad que apunta. Sus continuos y extremos cambios de registro se hicieron más patentes en el juguetón final, una intensa y ardua alternancia de sonrisas y lágrimas que los intérpretes llevaron a buen puerto, aunque sin la crispación que demanda tan compleja y comprometida página.


La intensidad emocional de Schumann

La segunda propuesta de la tarde nos llevó a los orígenes del género, con el primer quinteto con piano considerado indiscutible obra maestra, el que compuso Schumann en un momento feliz de su vida, consagrado a su pasión por la música y su amor incondicional por su esposa Clara, a quien dedicó esta pieza en la que el piano tiene tanto protagonismo, con resortes casi concertantes. Esto implica que sólo un solista competente puede acercarse a ella con garantías de éxito, y Mur demostró que lo es, manteniéndose firme y entusiasta en su prácticamente ininterrumpida intervención.

La vitalidad del allegro inicial quedó manifiesta en la calidez y la intensidad emocional con la que el quinteto lo abordó, reflejando sus continuos cambios de ánimo de manera tan arrebatada como llena de ternura. El conjunto resolvió con brillantez su contenida marcha fúnebre, ahondando en su carácter trágico salpicado de puntuales y gozosos estallidos de esperanza, y manteniendo en todo momento una muy saludable homogeneidad de timbre.

También entre lo lírico y lo fogoso prosiguió el scherzo, hasta llegar a un allegro ma non troppo final síntesis de la gramática schumanniana que los cinco intérpretes entendieron a la perfección, logrando una sintonía y una uniformidad sólo al alcance de los conjuntos más maduros y experimentados.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 20 de noviembre de 2025

EL CANTO EXQUISITO DE SORAYA MÉNCID

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Soraya Méncid, soprano. Manuel Navarro, piano. Programa: Canciones de Fauré, Hahn, Viardot, Beach, Boulanger y Chaminade; Arias de Rossini, Bellini, Donizetti y Meyerbeer; Pavana para una infanta difunta, de Ravel. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, miércoles 19 de noviembre de 2025


Soraya Méncid volvió a encandilar anoche
, esta vez al público que llenó la sala Manuel García del Maestranza. Acudió de la mano de Juventudes Musicales de Sevilla, uno de los pilares que han cimentado una carrera que hace tiempo dejó de ser promesa para afrontar un futuro resplandeciente. Lástima que tratándose de un programa concebido con tanto gusto y dedicación, se echaran en falta los socorridos subtítulos que tradujeran los textos entonados por la soprano onubense, sobre todo tratándose de tantas sensibilidades de mujer como autores y autoras las diseñaron. En cierto modo, este primer concierto del ciclo Alternativas de cámara, parecía abrazar aquel Rasgando el silencio que nos ha acompañado las tres últimas temporadas del Maestranza en versión también de cámara.

Los nombres de Pauline Viardot, Amy Beach, Nadia Boulanger y Cécile Chaminade nos recordaron tanto a aquellas veladas organizadas por Carmen Martínez-Pierret, que hubiera sido interesante seguir a una tan desenvuelta como expresiva Méncid en cada matiz de sus palabras. Incluso las piezas operísticas seleccionadas hicieron hincapié en esa especial sensibilidad femenina, ya fuera como mujer trágicamente enamorada o mujer independiente sobrada de personalidad. La cantante trabajó el programa tan intensamente como para cantarlo entero de memoria, una pieza tras otra con el único descanso que le permitió una interpretación esmerada y discretamente sensible, con un punto de sequedad, de la Pavana para una infanta difunta de Ravel, por parte del pianista sevillano Manuel Navarro, que goza de alta cotización internacional como maestro repetidor.


No hay límites posibles para el canto impecable y siempre en estilo de Soraya Méncid, tanto que su voz lírico-ligera a buen seguro irá madurando y alcanzando tesituras de mayor rango. De momento, goza de un timbre precioso y una capacidad ilimitada para modular a discreción, lograr apianar en transiciones de un gusto exquisito, frasear con una elegancia extrema y mantener un control absoluto sobre la respiración y los reguladores. Extraordinaria también en movimiento escénico, a buen seguro heredado de sus experiencias con la Compañía Sevillana de Zarzuela y el Liceo de Moguer en el género del musical. Exquisita fue su manera de entonar la chanson Apres un rêve de Fauré, con tanto sentimiento y emoción, como poderosa y vehemente resultó en Die Sterne de Viardot, y sencillamente apabullante en The Year’s at the Spring de Beach.

Después del intermedio pianístico, Méncid abordó cuatro páginas bien diferentes de  ópera, concretamente del bel canto. De la gracia y el desparpajo empleados en Non si da follia maggiore de Il turco in Italia de Rossini, al temperamento contenido de Robert, toi que j’aime de Meyerbeer, pasando por el despliegue de potencia y dominio de la coloratura en la divertida cavatina de Norina de Don Pasquale de Donizetti. Especialmente nos conmovió la sensible emoción desplegada en Oh! quante volte de I Capuleti e i Montecchi, toda una lección de contención dramática, sincera emoción y claridad de emisión. Navarro se adaptó en todo momento con elegancia, precisión y mucho respeto a cada inflexión y gesto de la extraordinaria y exquisita soprano.

Fotos: Guillermo Mendo

viernes, 10 de octubre de 2025

LA JUVENTUD BAILA Y SE COMPROMETE

Felling ROSS. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales. Álvaro Lozano Cames, violonchelo. María Castillo Mora, clarinete. Josep Planells Schiaffino, dirección. Programa: Obertura de Il mondo della luna Hob. 28/7 y Concierto para violonchelo nº 1 en Do mayor Hob. VII B1, de Haydn; Obertura de La finta giardiniera y Concierto para clarinete en La mayor K.622, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de octubre de 2025

Fue todo un acierto por parte de la ROSS y Juventudes Musicales de Sevilla programar un concierto de estas características. Primero porque son ya varios los fructíferos años en los que se ha celebrado esta colaboración que brinda una oportunidad única a jóvenes valores de nuestro entorno para demostrarse a sí mismos y a los demás lo que valen, y contribuir así a ese empujoncito que necesitan para lanzar definitivamente sus carreras. Y segundo, por las piezas seleccionadas para la ocasión, puro clasicismo tan acorde al título operístico que se viene ofreciendo estos primeros días del mes de octubre, un Don Giovanni que enmarca a la perfección la propuesta de la orquesta y los jóvenes talentos seleccionados, todos y todas inmersas en la época y el estilo.

Parafraseando a La juventud baila, microespacio del programa Aplauso que a finales de la década de los setenta del siglo pasado convocaba a toda la familia alrededor del televisor para ver a jóvenes concursar bailando a ritmo de música disco y rock‘n’roll, los dos solistas de ayer tarde parecían dejarse llevar por el baile en sus felices comparecencias ante el público del Maestranza. Un público que, nos congratulamos, está en continua renovación, lo que significa que propuestas como ésta acerca nueva afición a la música clásica. Sólo así se comprende que gran parte de los y las asistentes aplaudieran después de cada movimiento de las piezas concertantes.

El jovencísimo malagueño Álvaro Lozano Cames exhibió en todo momento un porte aristocrático abrazando el violonchelo como si fuera su pareja de baile (de salón), con la cabeza bien alta mirando a un horizonte quizás no tan lejano. Así desgranó, con absoluta seguridad y un sentido inusitado de la elegancia para su corta edad, el primero de los dos conciertos que Franz Joseph Haydn compuso para el instrumento. Lozano Cames se desenvolvió con fluidez, manteniendo un sonido homogéneo que combinó hábilmente dulzura y aspereza, con suficiente cuerpo y líneas muy definidas tanto en el ritmo marcial del primer movimiento, la melódica cantinela del adagio y el fuego atlético del allegro final. Muy preciso también en el control de las dinámicas y la medición del rubato, la suya fue una exhibición ambiciosa y bien articulada en busca de una voz propia que estamos seguros llegará a encontrar pronto. Secundado por sus compañeros de instrumento, ofreció un Cant dels ocells, popularizado por Pau Casals, de hondo sentimiento.

Con gesto serio, la onubense María Castillo Mora no pudo, sin embargo, frenar su cuerpo, siempre atento al ritmo marcado por Mozart en su inmortal Concierto para clarinete, cuya fama potenció aún más su integración en la banda sonora de John Barry para Memorias de África. No fue la suya una interpretación meramente académica de tan trillada pieza, sino que echando mano de la imaginación y la fantasía, intentó insuflar también de personalidad su rendimiento, aportando un juego de dinámicas muy arriesgado y unas florituras de difícil resolución, sobre todo en las cadencias. En el famoso adagio central llegó a emitir notas en un delicado pianissimo, algo muy difícil incluso para los más experimentados. Ni que decir tiene que su dominio de la respiración fue sencillamente impecable. Una profusamente ornamentada versión de la Habanera de Carmen sirvió como propina tras un elocuente y emocionado agradecimiento de la solista a todos y todas quienes contribuyeron a tan feliz acontecimiento, incluida una orquesta con la que confesó haber crecido a lo largo de años de asistencia a sus conciertos de abono.

También joven, el valenciano Josep Planells Schiaffino se encargó de arropar con respeto y precisión las interpretaciones de los jóvenes talentos convocados, ofreciendo como adelanto en cada parte del programa una obertura operística de carácter bufo con el que dejó claras sus formas clásicas y su capacidad para que la reducida plantilla se ajustara en la medida de lo posible al estilo y el espíritu de la época, a través de esa tercera vía que permite recrearlos con instrumentos modernos.

jueves, 12 de diciembre de 2024

JUVENTUDES Y SINFÓNICA EN PERFECTA SINTONÍA

Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Jaime Naya, violín. Carla Román, piano; Irene Gómez-Calado, dirección. Programa: Concierto para violín en mi menor Op. 64, de Mendelssohn; Concierto nº 2 para piano en fa menor Op. 21, de Chopin. Teatro de la Maestranza; miércoles 11 de diciembre de 2024


Ya son varios los años que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla lleva celebrando su concierto en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla, con resultados generalmente tan satisfactorios como los que anoche pudimos disfrutar de la mano de los jóvenes Jaime Naya y Carla Román, bajo la batuta de la sevillana Irene Gómez-Calado, reciente su participación como directora de la Banda de la Oliva de Salteras en el extraordinario concierto de la Ruta Turina que se celebró hace un par de semanas en la Iglesia del Salvador.

En los atriles dos páginas muy queridas y transitadas del repertorio concertante, el Concierto para violín de Mendelssohn y el Segundo para piano de Chopin. Tanto los jóvenes solistas como su atribulada directora llegaron con los deberes muy bien hechos y un bagaje en premios y experiencias bastante nutrido pese a sus edades.

Fantasía y sobriedad

El madrileño Jaime Naya, que en breve actuará también en el ciclo Alternativas de Cámara que organiza igualmente Juventudes Musicales en la sala Manuel García del Maestranza, resolvió el famoso concierto mendelssohniano con mano maestra, dejando claro ese equilibrio entre el clasicismo y el romanticismo que transpira la obra. Hizo alarde de un dominio técnico absoluto, con un timbre homogéneo y dulcificado, logrando imprimir a la partitura en todo momento la magia y la fantasía que exige, con virtuosismo pero sin atisbo de arrogancia por conseguirlo.

Su estilo estuvo marcado por la sobriedad, en diálogo perfecto con la orquesta, que salvo en algún momento de extrema efusividad, fue dirigida por Gómez-Calado con atención al detalle y mimo hacia el solista. Naya pasó con fluidez y naturalidad del brillante allegro inicial, con cadencias ornamentadas con suma agilidad, al ensoñador andante, quizás lo más flojo de su rendimiento, algo falto del vuelo lírico que demanda. Sensacional fue en todo momento su dominio de las dobles cuerdas.

La colaboración con la orquesta registró sus mejores resultados en el ágil y rítmico allegretto final, donde el violinista aunó fuerza con fantasía, siempre bajo un control absoluto y exhibiendo un indiscutible virtuosismo. Como propina  tocó el oscarizado tema principal de la película El violín rojo, del reconocido compositor estadounidense John Corigliano, donde pasa de una exposición pausada del tema a unas variaciones complejas y laberínticas resueltas con decisión y sin complejos.

La primera de la clase

Esa fue la impresión que nos dejó la pianista gaditana de tan sólo dieciséis años Carla Román, muy responsable, trabajadora y comprometida. Y así logró hacerse con el precioso Concierto nº 2 de Chopin, procurando sortear amaneramientos e hipersensibilidades para ofrecer música en estado puro, fluyendo con confianza y seguridad, siempre bajo la atenta mirada de Gómez-Calado y el suntuoso ropaje de la orquesta, donde también van asomando nuevos y jóvenes rostros, como el del recién estrenado timbalero de plantilla.


Román logró extraer del instrumento un sonido hermoso, al que unió su ágil virtuosismo. La joven pianista hizo hincapié en los tintes dramáticos de la pieza, mostrándose ardiente en el maestoso inicial, después sentimental, con acertadas ornamentaciones y siempre con un marcado impulso virtuoso. Como su compañero, nos convenció un poco menos en el larghetto, donde en su afán por no resultar remilgada, se dejó por el camino un mayor vuelo lírico.

Volvió a convencer con un enérgico y bien ritmado allegro final, en vivaz y mágico ascenso hasta alcanzar los alegres acordes finales que merecieron el aplauso unánime del público, entregado a las excelencias de las dos invitadas y el invitado. Román eligió a Gershwin como propina, con una versión de tintes impresionistas responsabilidad de Earl Wild del célebre Embraceable You, arpegiado hasta límites inconcebibles.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 18 de septiembre de 2024

EL PABELLÓN ALTO DE LA JOVEN BARROCA DE SEVILLA

Concierto inaugural de la temporada 2024/25 de Juventudes Musicales de Sevilla. Joven Orquesta Barroca de Sevilla. Valentín Sánchez, director. Programa: Sinfonía en Sol mayor TaIA 35, de G.M. Alberti; Concerto grosso en Fa mayor Op. 6 nº 2, de Corelli; Concierto para dos violines en la menor KV 522, de Vivaldi; Suite nº 4 en Re mayor, de Johann Bernhard Bach. Martes 17 de septiembre de 2024

Foto: Alberto Vázquez

Alguna vez pretendemos acudir a un concierto sin someternos a la presión de analizarlo, relajados y entregados simplemente al placer de escuchar y disfrutar con la música y sus intérpretes. Ésta era una de esas ocasiones, pero no lo conseguimos. Brotan las emociones y no podemos resistirnos a la responsabilidad de dejar constancia de nuestras  impresiones, incluidas extramusicales, que nos sugiere la propuesta. En este caso se trata del concierto de inauguración de la nueva temporada de Juventudes Musicalesde Sevilla, que sigue avanzando en su afán de aglutinar fuerzas y nuevas colaboraciones tras setenta años de una labor incesante e ingente como motor de la vida musical hispalense. El pasado mes de julio vio desaparecer a su vicepresidente, Antonio Sánchez Troncoso, y Arnold Collado quiso hacerse eco, visiblemente emocionado, de tan luctuoso acontecimiento y de lo mucho que aportó a la asociación hasta casi el final de su vida. Lo hizo en una presentación de temporada dignificada con este pequeño pero valioso discurso, no como otros eventos que se inauguran sin darle el empaque que merecen.

También la presencia de tan joven plantilla sobre el escenario, la Joven Orquesta Barroca de Sevilla, algunos de sus integrantes prodigiosamente niños, provocó nuestra sincera emoción, a la que las palabras, orgullosas y valiosas, de su director desde que hace quince años se fundara, Valentín Sánchez, generó esa cálida recepción que ha acabado obligándonos a hacernos eco del evento. Él nos informó además del buen papel que estos y estas jóvenes acaban de realizar en Múnich, donde han participado en un programa de intercambio entre jóvenes músicos, dejando el pabellón bien alto, como pudo comprobarse en esta comparecencia en el apretado escenario del Teatro Cajasol de la calle Chicarreros.

Valentín Sánchez (foto: Alberto Vázquez)

Con violines parcialmente preparados para ir poco a poco adentrándose en los complejos recovecos de la interpretación con rigor historicista, la cuerda de la Joven Barroca demostró una sólida preparación traducida en una imponente conjunción y vitalidad a la hora de abordar páginas nada fáciles como la Sinfonía de Giuseppe Matteo Alberti, compositor boloñés hoy desconocido pero que disfrutó en su época de considerable popularidad, especialmente en Inglaterra, y cuya gramática estuvo frecuentemente apegada a Vivaldi, a quien profesaba una gran admiración. Hubo dentro de la corrección global, ciertos desajustes intermitentes, en ésta y las demás obras, pero sin caídas de tensión y con un férreo control del ritmo y las dinámicas. La cuerda aguda estuvo generalmente bien ensamblada, mientras la grave dio cuerpo, volumen y consistencia al conjunto.

El numeroso conjunto convocado para la ocasión logró extraer del Concerto grosso nº 2 de Corelli ese sonido cálido y amable que caracteriza la obra del compositor italiano, mientras con el Concierto para dos violines K.522 de Vivaldi, la vivacidad de los solistas, perfectamente acompañados por el resto, fue el detonante general, si bien no se pudo evitar deslizar ocasionalmente sonidos poco depurados, corregidos puntualmente y con la agilidad como detonante fundamental de una interpretación por encima de la calidad exigible en eta coyuntura. Con la misma alegría, los y las jóvenes músicas desgranaron una Suite del primo de Johann Sebastian Bach, la última de las cuatro que compuso, en la que brillaron prácticamente todos sus números, desde una majestuosa obertura a unos ágiles y desenfadaos caprichos, pasando por el elegante lirismo del aria, siempre con la densidad necesaria y una responsabilidad sorprendente para la edad de los y las convocadas.

Foto: Juventudes Musicales de Sevilla


viernes, 24 de mayo de 2024

ALTERNATIVAS SINFÓNICAS DE JUVENTUDES MUSICALES

Concierto extraordinario de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla y la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Alejandro Gómez, violonchelo; Ana Gavilán Quero, oboe; Álvaro Toscano, guitarra; Daniel Fernández Caravaca, dirección. Programa: Concierto para oboe en Do mayor K314, de Mozart; Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; Concierto para violonchelo nº 2 en Re mayor Op. 101, de Haydn; Idilio de Sigfrido, de Wagner. Teatro de la Maestranza, jueves 23 de mayo de 2024


Cuatro fueron las jóvenes promesas o ya no tanto que participaron en el concierto que cada año desde hace pocos celebra la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales, una fiesta a la que este año se unió la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Antes de llegar aquí cada uno y una ha experimentado ya un largo bagaje, pese a su juventud, que le ha llevado a frecuentar orquestas dentro y fuera de nuestro país, añadiendo retos y triunfos a su todavía poco abultado currículo. Y los cuatro llegan premiados, una por AFOES y los otros tres por Juventudes Musicales de España. Hasta treinta y cinco maestros y maestras de nuestra orquesta arroparon a los solistas en tan ilusionante experiencia, con todo el cariño y la sensibilidad que la empresa merecía.

Córdoba fue la mayor representada en este evento especial, con tres de los cuatro intérpretes nacidos allí. Ana Gavilán demostró ser una oboísta de gran categoría, afrontando el Concierto para oboe de Mozart (más conocido en su versión para flauta número 2, del que toma su número de catálogo) con una gracia y una soltura excepcionales. Se deslizó por toda la obra con un control absoluto de la respiración, sin fisuras ni pausas que malograran un extraordinario legato, y siendo capaz de exhibir todos los resortes de una página que combina virtuosismo, con agilidades extremas, y un elegante y sólido hilo melódico que dominó a la perfección. Su interpretación fue fluida y jovial en los movimientos extremos, llena de ternura en el adagio central. Lástima que un error de cálculo del público impidiera que tocase una propina, que a buen seguro tendría preparada y hubiera puesto un broche de oro a su actuación.


También Álvaro Toscano evidenció sensibilidad y elegancia en sus formas al atacar el Concierto de Rodrigo. Vivaz y animado en el allegro inicial, aportando elocuentes filigranas ligeramente aflamencadas y demostrando aptitudes para el color y el virtuosismo. Muy rítmico también en el allegro final, con recargados arpegios sin sobrepasar las buenas formas y esa elegancia apuntada. Sus cadencias fueron claras y meditadas, mientras exhibió ternura y compasión en el célebre adagio, potenciado por la siempre maravillosa aportación de Sarah Bishop al corno inglés. Toscano ya sabía lo que era tocar en el Maestranza, aunque fuera en la Sala Manuel García de la mano también de Juventudes Musicales. Como propina, embelesó con un Ojos verdes en clave serenata.

Un violonchelista muy expresivo y una batuta disciplinada

Sacar provecho de una página tan extremadamente difícil como el Concierto nº 2 para violonchelo de Haydn no está al alcance de cualquiera. El joven madrileño Alejandro Gómez, que ya colaboró con la ROSS hace un par de años en su ciclo de cámara, no ofreció quizás una interpretación impecable a nivel técnico, pero su pose y su entusiasmo se dejó entrever en todo momento, aflorando una expresividad contagiosa y una enorme capacidad para transmitir y captar nuestra atención. La cantidad de inflexiones, giros, dobles cuerdas y complicadas texturas que evidencia una página tan aparentemente grácil y distendida, hace muy difícil mantener una línea de canto homogénea, pero la convicción y el sentido musical de su intérprete lograron una exhibición altamente satisfactoria de la pieza, magníficamente arropada por la batuta de Daniel Fernández Caravaca. Gómez resultó tan fluido en los movimientos extremos como bucólico, sensual y un punto elegíaco en el central. Bach protagonizó una depurada propina, ¿qué sería de los violonchelistas sin él?


El encargado de arropar con atención al detalle y respeto a los solistas fue el también cordobés Daniel Fernández Caravaca, que demostró buen tino con el clasicismo, una capacidad extraordinaria para el diálogo y un trabajo muy reflexivo y arquitectónicamente depurado con el Idilio de Sigfrido, que en sus manos y las de la treintena de músicos convocados resultó una pura delicia, controlando cada matiz y plano sonoro y modulando la tensión de forma muy acertada. Sólo en el Concierto de Aranjuez percibimos algún desgaste que le llevó a realizar una lectura mecánica, quizás algo desmotivada y un poco desaborida de tan célebre obra.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 14 de febrero de 2024

CONCIERTO HILADO DE ANTÓN & MAITE PIANO DUO

Alternativas de cámara en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Antón & Maite Piano Duo: Antón Dolgov y Maite León, pianos; Programa: Le sacre du printemps, de Stravinski; En blanc et noir, de Debussy; El día y la muerte, de Fernando Remacha. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 13 de febrero de 2024


Juventudes Musicales de Sevilla
trae una temporada más la música de cámara al Maestranza de la mano de jóvenes intérpretes, artistas en ciernes o ya consagrados, con un álbum incluso en su haber, como es el caso de este dúo pianístico integrado por los jóvenes Maite León y Antón Dolgov. En torno a una obra que cayó en sus manos por influencia de sus maestros, El día y la muerte del hoy olvidado Fernando Remacha aunque llegó a ganar tres veces el Premio Nacional de Música, antes y después del franquismo, el dúo ha confeccionado un programa en el que la muerte está muy presente y sus autores se interrelacionan a través del respeto y la admiración que se profesaban. Con este programa están recorriendo algunas plazas del país, y como ganadores del 2º Premio de Juventudes Musicales en 2017, ayer tarde recalaron en Sevilla.

Una transcripción para piano a dos manos de La consagración de la primavera, del propio Stranvinski, sirvió para romper el hielo, con los intérpretes demostrando agilidad y una profunda compenetración, mimando los colores de tan icónica partitura, y bordando todas sus asperezas y delicadezas con ese sentido del ritmo que le sirve de fuerza impulsora, sin caídas de tensión y con la imprescindible disciplina que provoca un estudio concienzudo y una preparación responsable de la partitura. León y Dolgov supieron dosificar los momentos electrizantes de la pieza con aquellos más reflexivos, combinando con acierto sus disonantes armonías y esos bruscos saltos entre episodios que atesora la partitura. Lástima que esa misma concepción estética se mantuviera en la obra de Debussy, donde su estilo delicado y aparentemente frágil quedó desdibujado en favor de una fuerza arrolladora y vehemente quizás no acorde al espíritu de una pieza que Debussy compuso cuando padecía cáncer y sufría los avatares de la Gran Guerra. La pulsación clara y precisa de los pianistas dejó entrever su arquitectura de forma cristalina, pero ese presupuesto de que el blanco y negro del título haya de provocar la transformación en colores del oyente, no llegó a producirse, de forma que el vals enérgico del primer movimiento no resultó tan etéreo como debía, el lento del medio resultó algo superfluo, y sólo el scherzo final, que el autor dedicó a Stravinski, sonó más en estilo.


La pieza de Fernando Remacha recuperada por los propios integrantes del dúo, resultó una agradable sorpresa que no oculta su admiración por la música de Debussy. Muy activo durante la Segunda República, con piezas entonces populares como el ballet La maja vestida o el poema sinfónico Alba, resurgió tras una etapa dedicada a la música de carácter religiosa, en los años ochenta del pasado siglo, cuando recibió el tercero de sus tres Premios Nacionales de Música. En El día y la muerte, el compositor navarro se adelanta inconscientemente al minimalismo, algo que el dúo comprendió dando a su interpretación un carácter mecánico y autómata sólo interrumpido por puntuales estallidos de melodía y color, y una zona central más ajetreada que también superaron con evidente sentido de la técnica. Su definitiva demostración de virtuosismo llegó de nuevo a dos manos con una propina en forma de agitado ragtime con incisiones relajadas y algún toque tropical en el que además se dieron citas numerosas bromas en forma de besos, silbidos y percusión sobre la madera del piano.

Fotos: Guillermo Mendo

miércoles, 11 de octubre de 2023

JOSÉ LUIS NIETO EXHIBE PASIÓN POR FALLA

Concierto de Juventudes Musicales de Sevilla en colaboración con la Cátedra General Castaños. José Luis Nieto, piano. Programa: El sombrero de tres picos y El amor brujo, transcritos por José Luis Nieto; Fantasía Baetica. Salón de Actos “Capitanía General”, martes 10 de octubre de 2023


Hace unos años descubrimos, gracias a Juventudes Musicales de Sevilla, el pianismo arrebatado y musculoso del gaditano José Luis Nieto. Fue en el Teatro Cajasol de la calle Chicarreros, uno de los espacios habituales en los que esta institución ofrece sus conciertos. De nuevo de la mano de ellos, en colaboración con la Cátedra General Castaños, que lleva treinta y cuatro años trabajando por la investigación y divulgación de temas históricos, culturales y patrimoniales de España y los países de su entorno, recaló ayer tarde en el coqueto teatro escondido en la Plaza de España, un espacio tutelado por el ejército que sólo abre sus puertas en ocasiones muy especiales. La de ayer lo fue, coronando una jornada de celebraciones que comenzaron por la mañana en la Plaza de San Francisco y con los que se adelantan los fastos destinados al Día de la Hispanidad que se celebra mañana. El concierto de Nieto y Juventudes Musicales contó por ello con un acto protocolario a la altura de los acontecimientos, con una presentación a la altura y entrega de reconocimiento a Arnold Collado, presidente de Juventudes. En el público personalidades del ámbito castrense, socios y socias de la institución musical, y público en general que no despreció la oportunidad de acercarse a este tesoro oculto de Sevilla y dejarse seducir por la música del más internacional de nuestros compositores del novecento, el también gaditano Manuel de Falla.

Ya en aquel 2018 descubrimos a un pianista entregado, feroz en sus postulados técnicos y expresivos, y decididamente comprometido con una disciplina a la que se entrega en cuerpo y alma, también en términos puramente didácticos. Fue entonces con una Suite Iberia que hizo suya, como si nunca antes la hubiésemos escuchado, con imperfecciones y giros discutibles, pero con la fuerza de la novedad y el descubrimiento, y ahora con un monográfico dedicado al autor de El retablo de Maese Pedro. Sus dos obras más emblemáticas, la gitanería El amor brujo y el ballet El sombrero de tres picos, se adueñaron del escenario en forma de transcripciones del propio pianista, completados con la Fantasía Baetica o Bética, pieza de enorme dificultad técnica que constituye cumbre del pianismo español junto al ciclo de Albéniz aludido. La tremenda historia de acoso sexual que cuenta El sombrero de tres picos, encontró en Nieto una interpretación que no escatimó en tonos burlescos, pero que se nutrió fundamentalmente de sus aspectos más folclóricos. Su transcripción, aunque ahorrando episodios y reduciendo duración, sobre todo en el primer cuadro, estuvo a la altura, aprovechando todos los giros y resortes de la pieza para, prescindiendo de cuerdas y metales, no dejarse ningún apunte ni atisbo de expresividad en el camino. Así sonaron por ejemplo, con toda su esencia y espíritu, las seguidillas y farrucas que introdujo el compositor en su popular ballet. Son, ésta y la de El amor brujo, unas transcripciones ejemplares que siguen perfectamente la dramaturgia y cuidan cada cambio de color y ritmo con atención al detalle, agilidad y mucha flexibilidad.

Cúpula acristalada con la nueva iluminación inaugurada a principios de este mes

Nieto es un pianista quizás menos refinado de lo deseable, que martillea el teclado a discreción; pero tiene una facultad imprescindible para merecer nuestra admiración, y es que consigue atrapar al oyente, seducirlo y no abandonarlo, logrando captar toda nuestra atención, que sigamos al detalle cada acorde, cada pasaje, con un interés inusitado. Así nos paseó también por las vicisitudes de los amantes gitanos instigados por el espectro celoso, donde los pasajes más furiosos se intercalaron con los más relajados y sensibles, donde también brilló Nieto siempre de memoria, sin partitura, hasta desembocar en una Danza del fuego rutilante, furiosa pero no atropellada, muy afín al flamenco que la informa, y llegar así a un final puro frenesí. Su visión de la Fantasía Bética estuvo también plagada de acordes contundentes y acelerados, pero sin dejar atrás toda su nobleza e intensidad expresiva, como si sus efectos sonoros, de la guitarra al cante jondo, surgieran de su pureza de raza.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 21 de septiembre de 2023

VANDALIA TRÍO CON AROMA A TIERRA

Concierto inaugural de la temporada 2023/24 de Juventudes Musicales de Sevilla. Vandalia Trío: Irene Jiménez Lizcano, flauta; Fernando García Calvo, violín y teclados; Pablo Estébanez Blanco, contrabajo; y la colaboración de Ignacio Ampurdanés, batería. Programa: Interludio I – Habanera; Tema en re; Interludio II – Nana; Origen (Asturias); Hiromi, Encuentro; Recovecos; Oblivion - Olvido. Miércoles 20 de septiembre de 2023


Apenas quedaron atrás los conciertos estivales del Alcázar y ya estamos dando la bienvenida a la nueva temporada musical de Sevilla, con Concha Arenal, Arnold Collado y Emilio Puch tomando la iniciativa y ofreciendo en el Teatro Cajasol que tantas veces les ha servido de escenario, el concierto inaugural de su nueva temporada cargada de ilusiones. Afianzaron la ocasión contando con Vandalia Trío, grupo que ellos mismos han apadrinado casi desde su aparición hace escasos años, y de cuyo concierto en el ciclo Alternativas de cámara del Maestranza hace dos años, ya nos hicimos eco en estas mismas páginas. Volvieron ahora con una mayor confianza y una voz más singular que la exhibida entonces, fruto sin duda del esfuerzo y la dedicación que a buen seguro han dedicado a su empresa en este tiempo. Pablo, Irene y Fernando prestan mucha atención a la puesta en escena, de manera que no nos pareció casual su armónico vestuario tintado de tierra, la misma que protagonizó un concierto tan anclado en nuestros orígenes y cultura.

Si en el Maestranza coquetearon con su formación eminentemente clásica, jugando con las formas, melodías y estéticas de Bach, Mozart o Ravel, y sometiendo sus partituras a quiebros y arreglos en consonancia con el estilo desenfadado que han acuñado desde un primer momento, ahora su voz se ha tornado más personal y propia, abrazando ese free jazz fusionado con ritmos flamencos y afrocubanos que tanto gusta a un público desprejuiciado y abierto a nuevas experiencias. De esta forma arrancaron su particular concierto, haciendo sonar sus instrumentos de forma poco ortodoxa, un contrabajo percutido, un violín rasgado, con las dificultades y puntuales imprecisiones que ello conlleva. De la introducción pasaron a una Habanera de cuño propio en la que hicieron ya acopio de ritmos exacerbados, con la flauta de Irene Jiménez asumiendo la línea melódica en solitario o con episodios alternados y dialogados con el virtuosismo de Fernando García al violín. Como otros de los temas programados, éste pertenece a su primer disco, GEN, del que no se cansaron de proclamar que salió a la luz gracias al apoyo de Juventudes Musicales de Sevilla. Tema en re sin embargo pertenece al segundo disco, aún en preparación, por lo que se trata de un work in progress susceptible de tantas transformaciones como sean convenientes hasta adoptar su forma definitiva.


Con una hermosa y relajada Nana, el trío evidenció su buen gusto a la melodía y el acompañamiento, ya con unos toques de flamenco fusión que se harían más evidentes en su recreación de Asturias de Albéniz al más puro estilo rock indie de los años setenta, lo que teniendo en cuenta la edad media del público asistente derivó en el entusiasmo incondicional de éste. Con la colaboración de Ignacio Ampurdanés a la batería, el trío pudo volver a algunos de los temas que ya desgranaron en su intervención del Maestranza, ahora con el añadido de percusión con el que fueron ideados y grabados. Con Encuentro el virtuosismo casi sicodélico del conjunto se tornó algo delirante. Pablo Estébanez mantuvo el ritmo y el empuje, así como imprimió músculo a la pieza, mientras García se atrevió con el teclado al estilo Hammond, reforzando esa estética funk setentera, y Jiménez exhibió un fraseo entre delicado y arrebatado a la flauta, con la exhibición de Ampurdanés reforzando la viveza enérgica de una propuesta que se completó con un homenaje en clave virtuosística, especialmente al piano, a la afamada jazzista Hiromi Uehara, y una nueva transformación, más rítmica, del precioso Oblivion de Astor Piazzolla.

Fotos: Óscar Romero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 13 de junio de 2023

DÚO MOLINA & UCHI, PODER SEDUCTOR Y COORDINACIÓN

XXXIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Nanako Uchi y Mario Molina, piano a cuatro manos. Programa: Sonata en Re mayor K381, de Mozart; Variaciones sobre un tema de Conde Waldstein WoO 67, de Beethoven; Fantasía en Fa menor D940, de Schubert; Petite Suite, de Debussy; La Valse, de Ravel. Salón de los Carteles de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, lunes 12 de junio de 2023


El piano volvió a convertirse en principal protagonista de esta nueva edición del Festival de Primavera de Juventudes Musicales, tras el éxito de Jaeden Izik-Dzurko el pasado lunes, y con cuatro manos sobre un mismo piano éste. Los responsables fueron el soriano Mario Molina y la japonesa Nanako Uchi, que desde que se conocieron estudiando en Róterdam no han parado de recibir encargos y dar conciertos por toda la geografía española. Es evidente que para durar tanto tiempo como pareja artística es imprescindible una conexión total, mucha compenetración y una sincronización perfecta. Uchida y Molina cuentan con todos estos ingredientes y son capaces de llevar a buen puerto un concierto tan exigente como el que ofrecieron anoche en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería.

El repaso por algunas de las páginas dedicadas a esta especialidad comenzó con Mozart y una de sus varias sonatas, la K381, compuesta en 1772 para ser interpretada por él y su hermana Nannerl. Una pieza en tres movimientos de clara inspiración juguetona, ágil y dinámica, que los intérpretes salvaron con buena nota pero con acordes aislados abruptos y algo estridentes. Además, el andante central sonó mecánico y abigarrado, sin la fluidez y la gracia que asociamos al genial compositor. Uchi se encargó del extremo agudo del piano, y por extensión de la parte melódica, mientras Molina se afanó en extraer ritmo y cuerpo de este divertimento. Por senderos parecidos, aunque con un fondo moderadamente más pesimista y trágico, deambuló la pieza de Beethoven, Variaciones sobre un tema de Waldstein, una obra de juventud de resortes igualmente clásicos, sin mucha complicación estructural pero exigente en algunos de sus pasajes en lo que se refiere a las articulaciones y pasajes fuertemente arpegiados. Tampoco aquí la interpretación se antojó demasiado comprometida, abundando los ataques deliberadamente vehementes. Los artistas, ahora con los roles cambiados, se limitaron a cumplir de manera eficiente, con discreción, destacando el colorido de las primeras variaciones frente a un velado sentido del contraste en las últimas.


Románticos e impresionados

Más cómodo y cómoda se sintieron con el romanticismo exacerbado que emana de la Fantasía D940 de Schubert, pieza icónica de esta especialidad que acumula emociones, sentimientos y una enorme expresividad llena de encanto y seducción. La más destacada de las muchas obras que para piano a cuatro manos compuso Schubert, encontró una digitación adiestrada y comprometida, con su inquietante melodía principal recorriendo la partitura de principio a fin, si acaso con puntuales faltas de cohesión cuando de cambiar de registro se trataba, pero con un acertado porte majestuoso dominando toda una interpretación vivaz y por momentos conmovedora. Con esta magistral pieza los pianistas exhibieron una compenetración sana y sincera, con mucha sintonía y el equilibrio justo sobrevolando toda la interpretación, aunque unos silencios demasiado largos afectaran parcialmente la fluidez de las transiciones.

En el último tramo, Uchi y Molina se dejaron seducir por la atmósfera inconfundible del impresionismo francés, primero de la mano de Debussy y su Pequeña Suite, un muestrario de encantadores acordes llenos de gracia y frescura que tradujeron con sencillez y nada de narcisismo, logrando transmitir toda la magia, la galantería y la fantasía que emana de sus cuatro movimientos. Después llegó una sensacional La Valse, pura fuerza, arranques rabiosos e inflexiones drásticas sin descuidar los múltiples pasajes delicados que describen esta fascinante página que frecuentemente disfrutamos en su versión orquestal. Un torbellino de drama encubierto que Molina y Uchi defendieron con ahínco, sus manos frecuentemente entrelazadas, y visiblemente agotados antes de tocar como propina una danza de La vida breve de Falla tan idiomática como colorista.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de junio de 2023

IZIK-DZURKO CON TODA LA ARTILLERÍA

XXXIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Jaeden Izik-Dzurko, piano. Programa: 2 Momentos musicales D. 780, de Schubert; 2 Mazurkas Op. 40 y Sonata nº 4 en fa sostenido menor Op. 30, de Scriabin; Scherzo nº 3 en do sostenido menor Op. 30, de Chopin; Sonata nº 1 en fa sostenido menor Op. 11, de Schumann. Salón de los Carteles de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, lunes 5 de junio de 2023


Para arrancar su trigésimo tercer Festival de Primavera, Juventudes Musicales de Sevilla regresó a su emplazamiento habitual, el Salón de Carteles de la Maestranza, donde para alimentar el tópico se emplazó al joven canadiense Jaeden Izik-Dzurko, ganador de varios premios internacionales de gran prestigio, entre ellos el Paloma O’Shea del Festival de Santander del pasado año, donde también se hizo con los premios del público y el de mejor intérprete de música de cámara. Después de esta experiencia sevillana siempre nos asociará con los toros, como hacen en el parque Mini Europa junto al Atomium de Bruselas, donde España está representada por El Escorial, la Catedral de Santiago, las protestas independentistas de Cataluña y la Maestranza de Sevilla, olés incluidos. Es lo que tienen los espacios emblemáticos con encanto, aunque para ello se tenga que sacrificar la visibilidad y el sonido fluya con más amabilidad conforme nos alejemos del escenario, por lo que la combinación imagen y sonido apenas funciona.

El joven pianista de veintitrés años acudió a la cita con un programa muy bien aprendido (tocó de memoria de principio a fin), fruto de un enorme esfuerzo y dedicación, en el que primaron los tonos románticos y apasionados que su rotunda vehemencia al teclado convirtieron en dechado de energía y dinamismo casi acrobático. Nada pues que reprocharle a nivel técnico, impecable y sin fisura alguna. Pero en el apartado expresivo, su pianismo se resintió de esa tendencia al forte que caracterizó toda la velada y que se tradujo en una experiencia decibélica de enorme calado. Así, atacó el Momento musical nº 1 de Schubert que le sirvió de introducción con algo menos de la delicadeza que se presupone, pero con una digitación clara y precisa que se mantendría durante toda la exhibición, haciendo además acopio de una rica gama de colores, lo que se repitió en el célebre número 3 con un control absoluto del ritmo y la ornamentación. Las brevísimas Mazurkas 1 y 2 Op. 40 de Scriabin funcionaron como introducción a su Sonata nº 4, formando un bloque sólido y expresivamente justificado. Sin ser de las más atrevidas de sus seis sonatas, la Op, 30 marca ya un universo expresivo intenso y febril que Izik-Dzurko logró traducir con enorme vitalidad, aunque echáramos en falta algo más de swing en su Prestissimo volando. El espléndido Yamaha acusó algunas vibraciones en los acordes finales de algún que otro pasaje, sin que volvieran a asomar el resto del concierto.

No faltó ese toque de grandeza que caracteriza al Scherzo nº 3 que Chopin compuso entre Valldemossa y París, pero sí algo más de ironía y tensión. El artista prefirió clarificar sus aristadas líneas melódicas con evidente ferocidad a mostrar algo más de delicadeza y cantabilidad en sus pasajes más líricos. Y así llegó a la pieza cumbre del programa, la Sonata nº 1 de Schumann, prodigio de contrastes y espíritu atormentado que el joven desgranó con una considerable dosis de reflexión y sabiduría. Su enorme intensidad emocional encontró ahora sí un magnífico médium capaz de plasmar el carácter atormentado de la pieza en conjugación con sus pasajes más ensoñadores y refinados, mostrando un enorme desenfreno sin traicionar el espíritu enigmático que la informa y sin acusar en ningún momento las temidas estridencias que pueden acompañar al puro apasionamiento. De nuevo con Scriabin en la propina, Izik-Dzurko mostró una mayor dosis de lirismo y delicadeza con su Poema Op. 32 nº 1, por lo que no cabe duda de que tiene una brillante carrera por delante y sabrá limar algunas de las asperezas apuntadas hasta alcanzar el deseable equilibrio entre técnica y expresividad. Las citas con Juventudes Musicales continúan hoy con el Trío Schumann abordando a Schubert y Brahms, y la semana que viene con Molina & Uchi Piano Duo sumergidos en el romanticismo y el impresionismo, así como José Mª Gallardo del Rey desplegando su maestría a la guitarra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 10 de mayo de 2023

UN CUENTA CUENTOS POCO AFORTUNADO

Alternativas de cámara en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. La barraca de los sueños. Christian Okawara López, idea original y textos. Nacho Terceño, adaptación y puesta en escena. Al-Ándalus Clarinet Quartet (Carlos Caballero Moreno, Francisco de Paula García Márquez, Christian Yoshiaki Okawara López y Sergio Díaz Sánchez), adaptación e interpretación musical. Programa: Obras de Ravel, Debussy, Falla, Lili Boulanger, Gaspar Sanz y Romancero Viejo Popular del siglo XV. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 9 de mayo de 2023


En una jornada en la que asistimos ilusionados a la
nueva programación del Maestranza, debido al regreso por fin de grandes orquestas internacionales a nuestra escena (la Mahler Chamber o la Filarmónica de Viena) y de las producciones líricas propias (Tristán e Isolda o Nabucco en coproducción), y la presencia de grandes batutas como Andrea Marcon, Daniele Gatti, Vasily Petrenko o Teodor Currentzis, Juventudes Musicales de Sevilla revalidó también su compromiso con el teatro sevillano de nuevo en la forma de alternativas de cámara. Y si el mes pasado su propuesta se extendió al flamenco, con el espectáculo Senderos del alma, este le ha tocado el turno al género del cuenta cuentos, tan apropiado para un público infantil que no fue precisamente el que abundó en la sala Manuel García, como para otro más maduro ávido de revivir algunos de los pasajes más memorables de nuestra vida y que tanto tienen que ver con nuestros primeros pasos. Una forma que tiene esta asociación cultural de extenderse a otras disciplinas y ampliar así su potencial creativo.

Foto: Guillermo Mendo

De eso se encargaron los jóvenes integrantes andaluces del Al-Ándalus Clarinet Quartet, ataviados con sus clarinetes en todos sus registros y con un amplio reconocimiento en la escena nacional e internacional. Ellos ilustraron con sus propias adaptaciones de clásicos como Mi madre, la oca de Ravel o El sombrero de tres picos de Falla, el cuento escrito por uno de sus componentes, el barbateño Christian Okawara. Con muy loables intenciones, su texto aborda la necesidad de recuperar la magia y la fantasía que aportaría la lectura de los cuentos infantiles a los niños que hoy andan perdidos entre consolas y ordenadores. El problema es que para ello echa mano de un ideario rancio y poco afortunado que recrea reinos, brujas y villanías múltiples sin caer en la cuenta de que hoy son personajes y escenarios que deberían estar superados en favor de valores más acordes a las nuevas realidades. No cabe duda de que detrás de todo ello hubo esfuerzo y empeño, pero quizás se erró desde el punto de vista conceptual.

El actor sevillano Nacho Terceño, especializado en cuenta cuentos y talleres de interpretación y risoterapia, fue el encargado de narrar este cuento haciendo gala de una vitalidad envidiable y una agilidad física y mental encomiable, apoyado siempre en un talante entre el mimo y el payaso, quizás algo atropellado en algunas ocasiones, lo que propició algún desajuste puntual. El experimento nos recordó en un principio a aquel programa de Radio Clásica de la última década del pasado siglo en el que una narración enviada por algún o alguna oyente se ilustraba con piezas de música seleccionadas al efecto. Pero mientras ahí la música era lo fundamental y podía apreciarse en su integridad, aquí quedaba en un segundo plano bajo el torrente léxico y las ocurrencias varias del narrador, de forma que poco pudimos apreciar del delicado y compenetrado toque de los cuatro andaluces, que incluso se arrancaron por bulerías para corroborar todavía más el marcado acento andaluz de la propuesta. Se anunciaron proyecciones y juegos de luz que brillaron por su ausencia en el primer caso, y por su tenue discreción en el segundo, lo que unido a problemas en la amplificación, nos llevó a ahondar en la idea de que al espectáculo le falta cocción y, de momento, se nos antoja desafortunado.

Foto: Guillermo Mendo

No nos cabe duda de que todos sus artífices habrán puesto mucho cariño en el proyecto, pero disfrutar del Al-Ándalus Clarinet Quartet en un recital convencional, apreciando su buen hacer tanto en la interpretación como en la adaptación, nos hubiera resultado más gratificante. Pero bueno, una cosa es lo que piense el crítico y otra la reacción del público, que pareció disfrutar de lo lindo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 10 de marzo de 2023

VARELA Y FERNÁNDEZ INDAGAN EN LA ESENCIA DEL AMOR

Alternativas de cámara en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Rosa G. Varela, violonchelo. Pepe Fernández, piano. Programa: 9 canciones de Myrten Op. 25, de Schumann (arr. Fernández); Tres romanzas op. 22, de Clara Schumann (arr. Varela); Sonata para piano y violonchelo op. 38, de Brahms. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 9 de marzo de 2023


El ciclo Alternativas de cámara que organiza en Teatro de la Maestranza en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla, contó anoche con dos jóvenes músicos sevillanos que protagonizaron un estimulante recital en torno a los amores correspondidos de Robert y la cada vez más presente en conciertos de cámara Clara Wiek Schumann, redondeado con la recurrente historia de amistad, para algunos amor no correspondido o platónico, que vivió Brahms cuando se unió como alumno a la familia de Düsseldorf. Una historia que ha conocido mil especulaciones y ha sido llevada al cine y la literatura, marcando una fuente inagotable para diseñar programas como éste con el que Varela y Fernández indagaron en la esencia del amor puramente romántico. El proyecto sirvió además de para disfrutar del buen hacer de la violonchelista y el pianista, para comprobar sus más que competentes aptitudes para el arreglo o la adaptación musical, pues tanto la selección de lieder que tocaron de Schumann como las tres romanzas de Clara originales para violín y piano, sufrieron las obligadas transcripciones, de las que fueron autores el joven utrerano y la violonchelista sevillana.

Myrten, el ciclo de canciones que Schumann dedicó a su esposa como regalo de bodas, pone música a poemas de diversos autores, de Burns a Goethe pasando por Rückert, Heine, Moore y Lord Byron, a diferencia de otros ciclos schumanianos centrados en un solo poeta. A lo largo de sus veintiséis entregas, Schumann va desgranando distintos estados de ánimo que reflejan a la perfección esa icónica dualidad de personalidad que exhibía el compositor, que le llevaba de mostrarse animado y confidente así como nostálgico y contemplativo. Fernández, de quien todavía guardamos el grato recuerdo que nos dejó en aquellas Noches del Alcázar de 2021 junto a su paisano Manu Brazo, presente anoche también en la abarrotada sala Manuel García, diseñó para la ocasión un coherente recorrido por nueve de esos lieder, unidos para dar continuidad a ese viaje emocional del que los intérpretes se hicieron eco exhibiendo tanto control técnico como fuerza expresiva. Entusiasta absoluto, Fernández actuó sin embargo manteniendo el respeto y la consideración debida a la violonchelista, una Rosa García Varela que acertó en sus largas frases melódicas, exhibiendo un sonido carnoso y opulento, de timbre convenientemente homogéneo y transiciones por lo general bastante correctas. Necesitaría quizás una mayor atención a los cambios de registro y al mantenimiento del tono justo para lograr una interpretación impecable. Ambos desgranaron sentimiento en el Widnung de apertura, y lograron darle al final, Zum Schluss el tono justo entre melancólico y trágico, pero fue con Der Nussbaum que alcanzaron el máximo de sus posibilidades, logrando plasmar con notable el espíritu trágico en su cometido. Solo con las dos partes del Lied aus dem Schenkenbuch tuvieron ocasión de relajarse y ofrecer un carácter más distendido.

Las tres romanzas que Clara Schumann compuso para el virtuoso Joseph Joachim son páginas de una claridad y una sinceridad absolutas, que el dúo desarrolló con buena actitud y considerable desenfado. Los enérgicos arpegios de Fernández en el andante inicial se mezclaron con naturalidad con el elegante fraseo de su compañera, que en el allegretto central (Mit zartem Vortrage) exhibió un tono manifiestamente melancólico y suave con notables agilidades en las profusas ornamentaciones. El contraste del piano burbujeante con las largas frases melódicas del violonchelo lograron un memorable final Leidenschaftlich schnell, rápido y centelleante. La única página original para los dos instrumentos convocados, la Sonata nº 1 en mi menor op. 38 de Brahms, se resolvió también con considerables dosis de lirismo y mucha responsabilidad, si bien puntualmente Fernández se mostró más tosco que en las obras anteriores, y Varela volvió a encontrar cierta dificultad en algunos cambios de registro y pérdidas también puntuales de tono. Sí acertaron en dar al conjunto ese estilo característico entre cálido y sincero que tiene la pieza, con Varela controlando con facilidad el legato en el allegro inicial, exhibiendo gracia sin afectación en el movimiento central, y desarrollando el allegro final con ese estilo fugado y esa vigorosa vivacidad que le informa. Fernández por su parte contribuyó de forma brillante a su voluptuoso e impactante final. En las propinas, un tema georgiano de enorme lirismo y carácter trágico, y una de las más célebres canciones de Frederic Mompou sirvieron para coronar este agradable encuentro.

Fotografía: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía