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viernes, 10 de octubre de 2025

LA JUVENTUD BAILA Y SE COMPROMETE

Felling ROSS. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales. Álvaro Lozano Cames, violonchelo. María Castillo Mora, clarinete. Josep Planells Schiaffino, dirección. Programa: Obertura de Il mondo della luna Hob. 28/7 y Concierto para violonchelo nº 1 en Do mayor Hob. VII B1, de Haydn; Obertura de La finta giardiniera y Concierto para clarinete en La mayor K.622, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de octubre de 2025

Fue todo un acierto por parte de la ROSS y Juventudes Musicales de Sevilla programar un concierto de estas características. Primero porque son ya varios los fructíferos años en los que se ha celebrado esta colaboración que brinda una oportunidad única a jóvenes valores de nuestro entorno para demostrarse a sí mismos y a los demás lo que valen, y contribuir así a ese empujoncito que necesitan para lanzar definitivamente sus carreras. Y segundo, por las piezas seleccionadas para la ocasión, puro clasicismo tan acorde al título operístico que se viene ofreciendo estos primeros días del mes de octubre, un Don Giovanni que enmarca a la perfección la propuesta de la orquesta y los jóvenes talentos seleccionados, todos y todas inmersas en la época y el estilo.

Parafraseando a La juventud baila, microespacio del programa Aplauso que a finales de la década de los setenta del siglo pasado convocaba a toda la familia alrededor del televisor para ver a jóvenes concursar bailando a ritmo de música disco y rock‘n’roll, los dos solistas de ayer tarde parecían dejarse llevar por el baile en sus felices comparecencias ante el público del Maestranza. Un público que, nos congratulamos, está en continua renovación, lo que significa que propuestas como ésta acerca nueva afición a la música clásica. Sólo así se comprende que gran parte de los y las asistentes aplaudieran después de cada movimiento de las piezas concertantes.

El jovencísimo malagueño Álvaro Lozano Cames exhibió en todo momento un porte aristocrático abrazando el violonchelo como si fuera su pareja de baile (de salón), con la cabeza bien alta mirando a un horizonte quizás no tan lejano. Así desgranó, con absoluta seguridad y un sentido inusitado de la elegancia para su corta edad, el primero de los dos conciertos que Franz Joseph Haydn compuso para el instrumento. Lozano Cames se desenvolvió con fluidez, manteniendo un sonido homogéneo que combinó hábilmente dulzura y aspereza, con suficiente cuerpo y líneas muy definidas tanto en el ritmo marcial del primer movimiento, la melódica cantinela del adagio y el fuego atlético del allegro final. Muy preciso también en el control de las dinámicas y la medición del rubato, la suya fue una exhibición ambiciosa y bien articulada en busca de una voz propia que estamos seguros llegará a encontrar pronto. Secundado por sus compañeros de instrumento, ofreció un Cant dels ocells, popularizado por Pau Casals, de hondo sentimiento.

Con gesto serio, la onubense María Castillo Mora no pudo, sin embargo, frenar su cuerpo, siempre atento al ritmo marcado por Mozart en su inmortal Concierto para clarinete, cuya fama potenció aún más su integración en la banda sonora de John Barry para Memorias de África. No fue la suya una interpretación meramente académica de tan trillada pieza, sino que echando mano de la imaginación y la fantasía, intentó insuflar también de personalidad su rendimiento, aportando un juego de dinámicas muy arriesgado y unas florituras de difícil resolución, sobre todo en las cadencias. En el famoso adagio central llegó a emitir notas en un delicado pianissimo, algo muy difícil incluso para los más experimentados. Ni que decir tiene que su dominio de la respiración fue sencillamente impecable. Una profusamente ornamentada versión de la Habanera de Carmen sirvió como propina tras un elocuente y emocionado agradecimiento de la solista a todos y todas quienes contribuyeron a tan feliz acontecimiento, incluida una orquesta con la que confesó haber crecido a lo largo de años de asistencia a sus conciertos de abono.

También joven, el valenciano Josep Planells Schiaffino se encargó de arropar con respeto y precisión las interpretaciones de los jóvenes talentos convocados, ofreciendo como adelanto en cada parte del programa una obertura operística de carácter bufo con el que dejó claras sus formas clásicas y su capacidad para que la reducida plantilla se ajustara en la medida de lo posible al estilo y el espíritu de la época, a través de esa tercera vía que permite recrearlos con instrumentos modernos.

viernes, 24 de mayo de 2024

ALTERNATIVAS SINFÓNICAS DE JUVENTUDES MUSICALES

Concierto extraordinario de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla y la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Alejandro Gómez, violonchelo; Ana Gavilán Quero, oboe; Álvaro Toscano, guitarra; Daniel Fernández Caravaca, dirección. Programa: Concierto para oboe en Do mayor K314, de Mozart; Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; Concierto para violonchelo nº 2 en Re mayor Op. 101, de Haydn; Idilio de Sigfrido, de Wagner. Teatro de la Maestranza, jueves 23 de mayo de 2024


Cuatro fueron las jóvenes promesas o ya no tanto que participaron en el concierto que cada año desde hace pocos celebra la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales, una fiesta a la que este año se unió la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Antes de llegar aquí cada uno y una ha experimentado ya un largo bagaje, pese a su juventud, que le ha llevado a frecuentar orquestas dentro y fuera de nuestro país, añadiendo retos y triunfos a su todavía poco abultado currículo. Y los cuatro llegan premiados, una por AFOES y los otros tres por Juventudes Musicales de España. Hasta treinta y cinco maestros y maestras de nuestra orquesta arroparon a los solistas en tan ilusionante experiencia, con todo el cariño y la sensibilidad que la empresa merecía.

Córdoba fue la mayor representada en este evento especial, con tres de los cuatro intérpretes nacidos allí. Ana Gavilán demostró ser una oboísta de gran categoría, afrontando el Concierto para oboe de Mozart (más conocido en su versión para flauta número 2, del que toma su número de catálogo) con una gracia y una soltura excepcionales. Se deslizó por toda la obra con un control absoluto de la respiración, sin fisuras ni pausas que malograran un extraordinario legato, y siendo capaz de exhibir todos los resortes de una página que combina virtuosismo, con agilidades extremas, y un elegante y sólido hilo melódico que dominó a la perfección. Su interpretación fue fluida y jovial en los movimientos extremos, llena de ternura en el adagio central. Lástima que un error de cálculo del público impidiera que tocase una propina, que a buen seguro tendría preparada y hubiera puesto un broche de oro a su actuación.


También Álvaro Toscano evidenció sensibilidad y elegancia en sus formas al atacar el Concierto de Rodrigo. Vivaz y animado en el allegro inicial, aportando elocuentes filigranas ligeramente aflamencadas y demostrando aptitudes para el color y el virtuosismo. Muy rítmico también en el allegro final, con recargados arpegios sin sobrepasar las buenas formas y esa elegancia apuntada. Sus cadencias fueron claras y meditadas, mientras exhibió ternura y compasión en el célebre adagio, potenciado por la siempre maravillosa aportación de Sarah Bishop al corno inglés. Toscano ya sabía lo que era tocar en el Maestranza, aunque fuera en la Sala Manuel García de la mano también de Juventudes Musicales. Como propina, embelesó con un Ojos verdes en clave serenata.

Un violonchelista muy expresivo y una batuta disciplinada

Sacar provecho de una página tan extremadamente difícil como el Concierto nº 2 para violonchelo de Haydn no está al alcance de cualquiera. El joven madrileño Alejandro Gómez, que ya colaboró con la ROSS hace un par de años en su ciclo de cámara, no ofreció quizás una interpretación impecable a nivel técnico, pero su pose y su entusiasmo se dejó entrever en todo momento, aflorando una expresividad contagiosa y una enorme capacidad para transmitir y captar nuestra atención. La cantidad de inflexiones, giros, dobles cuerdas y complicadas texturas que evidencia una página tan aparentemente grácil y distendida, hace muy difícil mantener una línea de canto homogénea, pero la convicción y el sentido musical de su intérprete lograron una exhibición altamente satisfactoria de la pieza, magníficamente arropada por la batuta de Daniel Fernández Caravaca. Gómez resultó tan fluido en los movimientos extremos como bucólico, sensual y un punto elegíaco en el central. Bach protagonizó una depurada propina, ¿qué sería de los violonchelistas sin él?


El encargado de arropar con atención al detalle y respeto a los solistas fue el también cordobés Daniel Fernández Caravaca, que demostró buen tino con el clasicismo, una capacidad extraordinaria para el diálogo y un trabajo muy reflexivo y arquitectónicamente depurado con el Idilio de Sigfrido, que en sus manos y las de la treintena de músicos convocados resultó una pura delicia, controlando cada matiz y plano sonoro y modulando la tensión de forma muy acertada. Sólo en el Concierto de Aranjuez percibimos algún desgaste que le llevó a realizar una lectura mecánica, quizás algo desmotivada y un poco desaborida de tan célebre obra.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de febrero de 2024

MIDORI SEILER LIDERA UN CONCIERTO DE LA BARROCA POCO ESTIMULANTE

Temporada 2023/2024 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera. Midori Seiler, violín y dirección. Programa: Sinfonías no. 59 en La mayor “Feuersinfonie” y no. 64 en La mayor “Tempora mutantur”, de Haydn; Conciertos para violín nº 2 en Re mayor K. 211 y para flauta nº 2 en Re mayor k. 314/285d, de Mozart. Espacio Turina, miércoles 28 de febrero de 2024


Mozart y Haydn siempre serán una buena elección para cualquier celebración que se precie, incluido el Día de Andalucía, sobre todo si viene servida por uno de nuestros buques insignia de la interpretación musical como es la Barroca de Sevilla. Con una nutrida representación se presentó en esta cita de su actual temporada, decantándose esta vez por el Clasicismo, que ya ha abordado otras veces en escena y en disco con excelentes resultados, por lo que podríamos afirmar que en sus atriles la música de Mozart o Haydn es tan susceptible de sonar bien y en estilo como lo es la de Vivaldi, Haendel o Bach. Y sin embargo, con la prestigiosa violinista germano japonesa Midori Seiler al mando, los resultados no fueron ni mucho menos lo estimulantes que esperábamos. Hubo empuje, hubo nervio, y desde luego todos y cada uno de los instrumentos sonaron de manera impecable técnicamente. Pero faltó alma, faltó espíritu y, sobre todo, fluidez y frescura. Encima, lo de Seiler al violín llegó a resultar hasta desagradable en algunos pasajes, corroborando la impresión que nos dejó en 2017 junto a Andreas Staier. Así que nos quedamos con Ruibérriz, portentoso a la flauta, y la perfección técnica de los maestros y maestras de la orquesta.

Las dos sinfonías de Haydn seleccionadas, aunque con número de catálogo avanzado, son tempranas. El sobretítulo de la nº 59, Sinfonía del fuego, no obedece tanto a su carácter enérgico y dinámico, después de todo una constante en la época, sino a su uso como música de acompañamiento a la obra de Gustav Friedrich Wilhelm Grossmann Der Feuersbrunt. El arranque impetuoso dejó ya entrever el particular estilo fogoso y saltarín de la Barroca, mientras trompas y oboes, presentes en las cuatro piezas seleccionadas, mostraron perfección técnica y un preciso diálogo con la cuerda, sobre todo en el movimiento final, donde las llamadas de las trompas sonaron majestuosas. Los característicos silencios haydenianos perdieron sin embargo elocuencia merced a una dirección algo mecánica y falta de espíritu. En la segunda parte, como colofón del concierto, la nº 64 acusó los mismos defectos y virtudes. Su sobrenombre, Tempora mutantur (Los tiempos cambian) coincide con el final de período Sturm und Drang, pero faltó colorido en la cuerda, muy disciplinada eso sí, aunque las trompas añadieron brillantez al conjunto. El movimiento lento acusó falta de esa añoranza y ese lamento que su literatura parece indicar, y los silencios volvieron a decepcionar por su falta de sentido y naturalidad.


Quienes hemos crecido escuchando los conciertos de Mozart al amparo de grandes como Perlman, Grumiaux, Kremer o Mutter, con un estilo que todavía hoy practican otros como Capuçon o Hahn, nos cuesta asimilar el sonido seco y habitualmente crispado de los concertistas históricamente informados. Pero incluso ahí hay escalas, y la de Seiler ocupa una de las más bajas para nuestro gusto. Tan estridente como lánguida, imprecisa y hasta desafinada según qué pasajes, la suya fue una interpretación del segundo concierto sin la gracia y la naturalidad que caracteriza a Mozart, a la que se sumó una orquesta dirigida con desgana, que incluso exhibió dificultad a la hora de dialogar con la violinista. Costó pillarle el estilo galante a la pieza; el movimiento lento no sonó ni regio ni elegante, y sólo en las breves cadencias fuimos capaces de advertir el virtuosismo de la solista. Podríamos apreciar que fue una interpretación luminosa, pero sin emoción ni apenas fluidez, y con Seiler acusando saltos interválicos bruscos. Tan sólo nos convenció en un rondó final algo más brillante y original que el resto del conjunto.

Mucho mejor Ruibérriz de Torres defendiendo con soltura, naturalidad y un virtuosismo extremo, el Concierto para flauta nº 2 de Mozart, en realidad una trascripción del de oboe que compuso un año antes, con intención de cumplir al menos parcialmente el encargo del flautista holandés Ferdinand de Jean. El solista supo encontrar aquí la gracia y la viveza de la partitura, superando con nota alta sus largas notas sostenidas y sus fulgurantes cadencias, llenas de fantasía e imaginación, como esa divertida cita del famoso rondó alla turca. En definitiva, impregnó al concierto de la emoción y la delicadeza que destila la música de Mozart, culminando con un allegro fresco y decidido, en perfecta comunión con una orquesta cómplice y entregada, de nuevo con las trompas dejando su impronta técnica y expresiva.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 27 de enero de 2024

UNA CONJUNTA TAN SENSIBLE COMO DESAFIANTE

3er concierto de la temporada XIII de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Rubén Alonso, oboe; Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Largo Op. 33 y Andante doloroso Op. 56 nº 2, de Poul Schierbeck; Concierto en la menor para oboe y cuerdas, de Vaughan-Williams; Sinfonía nº 1 en Re mayor Hob. I, de Haydn. E.T.S. Arquitectura, viernes 26 de enero de 2024


Algo bueno, o muy bueno, deben estar haciendo los conservatorios, que hoy podemos sentirnos orgullosos del espléndido trabajo que realizan sus alumnados. Hace apenas unos días ha llegado a nuestras manos un CD grabado en 2017 por la Joven Orquesta Sinfónica de Granada y la Orquesta de la Universidad de Granada repasando algunos de los títulos más memorables de la filmografía de José Nieto. Pudimos comprobar el alto nivel obtenido por sus jóvenes intérpretes, corroborando el excelente estado de salud que desde hace tiempo disfrutan formaciones andaluzas integradas por gente joven, como la OJA, la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Saïd, la Joven Orquesta Barroca de Sevilla o ésta, la Conjunta, que nos deleita desde hace ya treces temporadas. No sabemos si será por la energía que desprenden, su sorprendente precisión técnica o los programas tan sumamente atractivos que para ellos y ellas prepara primorosamente Juan García, su director. Pero lo cierto es que la Sinfónica Conjunta nos encanta y no podemos disimular nuestra radiante admiración por todo lo que hacen.

Este primer programa del año, y tercero de la temporada, estuvo presidido por el carácter elegíaco y reflexivo de tres de las obras seleccionadas, coronadas con el ímpetu todavía juvenil, si veintisiete años nos pueden parecer tal, de un Haydn que se estrenaba en la sinfonía con toda la energía y la fuerza que era capaz de mostrar en sus empeños. Los muy cinéfilos podrán asociar el nombre del compositor danés Poul Schierbeck al cine de Carl. T. Dreyer, para quien compuso la banda sonora de Dies Irae, y algunas de cuyas obras fueron seleccionadas para ilustrar la magistral Ordet (La palabra). Otros lo conocerán por su ópera Fête galante. Su estilo musical casa perfectamente con el espíritu meditativo y místico del legendario cineasta, tal como se percibe en el Largo de reminiscencias mahlerianas con el que arrancó el concierto, y el solemne Andante doloroso que inauguró su segunda parte. La cuerda, reducida para lo que suele ser habitual en esta conjunto, supo adaptarse perfectamente a ese misticismo apuntado, con juegos armónicos exquisitos y una rica paleta de colores y dinámicas contrastadas que García cuidó hasta el mínimo detalle. En la segunda de las piezas, la flauta y la trompa protagonizaron momentos absolutamente sobrecogedores.


También en ese estilo elegíaco que le caracteriza, el Concierto para oboe de Vaughan-Williams se benefició de una cuerda tersa y aterciopelada. El compositor británico hace acopio también de ese espíritu místico y recogido que podemos apreciar en muchas de sus célebres bandas sonoras, como Scott en la Antártida o Los invasores, en este breve pero intenso concierto con el que parece invitarnos a un paseo por los grandes parajes británicos, en compañía de un oboe que serpentea a conciencia y ofrece virtuosos arabescos. En manos del catedrático y concertista Rubén Alonso, el instrumento destiló brillantez en perfecta comunión con la cuerda, siempre dialogante, sin sombras ni asfixias. Sin desfallecer, cuidando incluso no exagerar el ruido de las llaves, Alonso logró que la pieza sonara luminosa y ligera, a pesar de su evidente complejidad, llegando en el final a alcanzar una inusitada intensidad que fue respondida por el público con generosos aplausos.

A nada de esto fue ajena la batuta como siempre enérgica y dinámica de García, que en la Sinfonía nº 1 de Haydn alcanzó cotas muy altas de expresividad, siempre asentado en su carácter jovial y desenfadado, con un trabajo excelente de los oboes y los metales, una sincronía y un contrapunto preciso y elocuente entre la cuerda aguda y la grave, con especial mención al músculo alcanzado por los tres contrabajistas. Un resultado a la altura del nivel de exigencia que sin duda demanda García a estos jóvenes tan prestos a manifestar tanta fuerza y coraje.

lunes, 27 de noviembre de 2023

GATTI Y MAHLER CHAMBER ORCHESTRA DESLUMBRAN EN SEVILLA

Gran Selección. Daniele Gatti, director. Mizuho Yoshii-Smith, oboe; Gilhaume Santana, oboe; Matthew Truscott, violín; Frank-Michael Guthmann, violonchelo. Programa: Sinfonía nº 1 en Re mayor Op. 25 “Clásica” de Prokófiev; Sinfonía Concertante en Si bemol mayor Op. 84 Hob. I/105, de Haydn; Sinfonía en Do mayor, de Stravinsky. Teatro de la Maestranza, domingo 26 de noviembre de 2023


Hacía mucho tiempo que el Maestranza había abandonado la sana costumbre de invitar orquestas de otros lares a su escenario. Las progresivas crisis económicas fueron abaratando costes y sacrificando ciclos. En los años anteriores a estas circunstancias se venía haciendo lo que se llamaba un intercambio entre orquestas, de forma que cada temporada se invitaba a una orquesta española mientras se cedía la nuestra a su sede; pero también fue ésta una idea, junto a las tan necesarias giras de la Sinfónica, que se abandonó. Han pasado muchos años y al olvido aquellas felices temporadas en las que prestigiosas formaciones de todo el Mundo recalaban en nuestro teatro. Habíamos perdido la esperanza de recuperar tan conveniente costumbre, al menos de momento, cuando la presentación de esta temporada nos devolvió la esperanza y la ilusión. Por aquí desfilarán conjuntos como MusicAeterna, Collegium 1794, la Orquesta Barroca Zéfiro o, como glorioso broche final, la mítica Filarmónica de Viena, además de batutas de relumbrón como las de Vassily Petrenko, Teodor Currentzis, Andrea Marcon, Alfredo Bernardini o Lorenzo Viotti.

Este ciclo Gran Selección nos trajo ayer a la Mahler Chamber Orchestra, una formación que en sus primeros años de andadura, cuando se denominaba Orquesta Joven Gustav Mahler, ya tocó en Sevilla bajo la dirección de su creador, el llorado Claudio Abbado. Ahora está de gira por España, el sábado en L’Auditori de Barcelona y hoy en el recién rehabilitado Palau de la Musica Valenciana, ayer en Sevilla. Su actual asesor artístico, Daniele Gatti, que tras su paso como director titular en orquestas como la Royal Philharmonic o la Royal Concertgebouw, afrontará en breve el cargo en la Staatskapelle de Dresden. Un currículo envidiable que da la talla de su talento y su valía, tal como demostró ayer en un programa en el que el clasicismo de Haydn se dio la mano con el neoclasicismo de Prokófiev y Stravinski. Así tuvimos por fin la oportunidad de escuchar de nuevo música sinfónica con un sonido distinto al que nos tiene acostumbrados la ROSS. Y es que es en el sonido donde se define e identifica una orquesta, más allá de la estética que en cada momento le imprima la batuta en cuestión.


Un clásico enmarcado por dos partituras neoclásicas

Ese particular sonido, que en el caso de la Mahler Chamber es rotundo y sólido, se tradujo en el caso de la Sinfonía Clásica de Prokófiev en una energía desbordante y una fuerza arrolladora que Gatti se encargó de modular con fuertes contrastes y dinámicas muy precisas, logrando en general una versión muy a la rusa de la célebre y popular página. Su ardiente allegro inicial encontró el contrapunto perfecto en un delicado larghetto con delicados tintes cargados de sensualidad. La gavota evidenció en su rotunda solemnidad ese estilo eminentemente ruso con el que quiso dotar Gatti a la interpretación, mientras el efervescente final resultó un dechado de exultante alegría, siempre desde la robustez y la solidez que supieron dotarle los y las muy comprometidas miembros de la orquesta. Nada mejor para una orquesta de cámara que enfrentarse a una pieza como la Sinfonía Concertante de Haydn, donde un conjunto de cámara se enfrenta y se deja apoyar por el tutti orquestal. Aquí, los solistas demostraron un sobrado dominio técnico y expresivo, especialmente la versatilidad del violinista Matthew Truscott, cuya especialización en el barroco quizás fuera responsable de que la orquesta tocara tan en estilo, reduciendo al máximo el vibrato pero sin la sequedad con la que muchas veces se confunde ese período. También Mizuho Yoshii-Smith al oboe demostró una flexibilidad y un dominio del fraseo extraordinario, que junto al violonchelo de Frabk-Michael Guthmann y el fagot de Guilhaume Santana, lograron una excepcional, vivaz y llena de entusiasmo recreación de esta jovial página.


Una más que compleja y arrebatada interpretación de la Sinfonía en Do mayor de Stravinski, no tan a la altura de su Sinfonía de los Salmos, pero tan apropiada para este singular programa, rubricó este reencuentro con el sonido diferente y personal de una orquesta sinfónica que no sea la nuestra propia. Gatti en este caso reforzó las líneas angulares y las expresiones cortantes de una partitura que viaja a sentimientos muy dispares y contrastados, alcanzando cotas de agitación inusitada en la magistral cuerda, momentos de inusitada belleza en los movimientos centrales, y prestaciones brillantes en los metales, sobre todo unas trompas dominadas exclusivamente por intérpretes españoles, que también destacaron en las maderas y los violonchelos. Mención especial al delicadísimo y no por ello menos acentuado trabajo del timbalista Martin Piechotta, dentro de un conjunto que destacó por su compenetración y capacidad de diálogo. El público, aunque escaso para las dimensiones del teatro, respondió con un enorme respeto y un gran entusiasmo que no se premió con la consabida propina, que no llegó.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 18 de noviembre de 2023

GARCÍA IMPRIME PERSONALIDAD A UNA RADIANTE CONJUNTA

1er concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Hugo Domínguez Moreno, piano. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Atmosphères, de Ligeti; Concierto en Fa para Piano y Orquesta, de Gershwin; Sinfonía nº 101 Hob. I/101 “El Reloj”, de Haydn. Auditorio ETS de Ingeniería, viernes 17 de noviembre de 2023


Vaya por delante que cada temporada, cuando hablamos de la Orquesta Sinfónica Conjunta, estamos hablando de una formación distinta, integrada por jóvenes de nuevas promociones, lo que hace mucho más inquietante e insólito que encontremos una línea interpretativa, un estilo y una personalidad tan pronunciada año tras año. Eso se debe sin duda a la capacidad de su director, Juan García Rodríguez, para imprimirle carácter e identidad. Ayer arrancó la décimo tercera temporada de esta orquesta que nos enamora, y lo hizo de forma muy significativa, celebrando el centenario de György Ligeti, como ya hiciera el propio García al frente de su conjunto Zahir Ensemble hace un mes en el Espacio Turina, interpretando su Concierto para violín, una cita que lamentablemente no pudimos atender por cuestiones coyunturales. Ayer, la emoción no hizo más que empezar, con
una temporada protagonizada fundamentalmente por compositores del siglo XX y el actual, llenando ese espacio sinfónico contemporáneo que la melomanía urbana reclama y merece.

Al margen de su popularidad, generada a raíz de su incorporación a la banda sonora de 2001 de Kubrick, Atmósferas es una de las más icónicas composiciones del compositor húngaro, un punto de ruptura e inflexión en la música, que sirvió de inspiración hasta la saciedad a multitud de compositores, incluido el tan amado y afamado John Williams, cuyas resonancias se pueden percibir en partituras como las de Encuentros en la tercera fase o incluso algunos pasajes de la saga de Indiana Jones. Para la ocasión, García contó con una amplísima formación con la que levantó esta micropolifonía de planos sonoros y timbres estáticos absolutamente fascinantes, donde los músicos tienen que estar muy atentos y atentas a la extensión, el espesor y los colores de la partitura, manteniendo en todo momento una precisión extraordinaria. Digamos que la respuesta de estos jóvenes fue bastante satisfactoria dentro de la complejidad, acaso algo esquemática en algunos de sus pasajes e inflexiones, pero es indiscutible que lograron una trasparencia y una claridad magistrales, logrando que se hiciera perceptible cada plano sonoro y cada juego de timbres e intensidades, desde la cuerda sostenida al tintineo de las entrañas del piano, logrando en términos generales una exhibición muy satisfactoria.

Único en su género



El de Gershwin es un Concierto para piano único en su género, como lo es también su ópera Porgy and Bess, que tantos consideran más bien un suntuoso musical y que es la única pieza lírica del repertorio que tiene que ser interpretada sólo por voces negras. Acostumbrado a Broadway y más tarde a Hollywood, la de Gershwin es una literatura influida por la pasión y el glamour del teatro americano, De hecho, en su concierto se puede percibir la elegancia de las variedades de Florenz Ziegfeld, y el buen intérprete se tiene que hacer eco de esa particularidad. Otra Conjunta, la de hace ya un buen puñado de años, logró una sensacional recreación de Un americano en París, extrayendo todo el swing y la alegría que atesora la partitura. Ésta también consiguió recrear el espíritu genuinamente gershwiniano y por extensión de ese teatro americano de referencia, en texturas y en estilo, gracias como siempre al excelente trabajo de García, capaz de tomarse con la misma seriedad y dedicación una partitura como ésta que otras más arriesgadas y comprometidas con las que seguramente sintoniza más su sensibilidad. Su visión del Concierto de Gershwin tuvo elegancia y grandeza, tanto en un arrasador allegro inicial que provocó el aplauso encendido del público, como en el sofisticado blues en que se resuelve el adagio central, donde el trompetista solista tuvo que emplearse a fondo, evidenciando las dificultades del instrumento y alguna debilidad en el legato, así como el vertiginoso allegro agitato final. El pianista Hugo Domínguez Moreno, ganador de diversos premios y todavía en fase de estudios, se tomó la empresa muy en serio y sin partitura, logrando una más que competente, respetuosa y sincera exhibición en el que no faltaron los guiños al jazz, siempre desde el respeto y la precisión absoluta con respecto a la gramática de la partitura. García le siguió con atención, aunque no pudo evitar, en parte por la magnitud de la orquesta (con hasta ocho contrabajos) tapar ocasionalmente el trabajo del joven solista.

La fiesta terminó con puro clasicismo, evidenciando la capacidad de estos poco experimentados intérpretes para adaptarse a cualquier estilo con mucho acierto. Aquí García eliminó vibrato y concentró las líneas melódicas para conseguir una revisión de la famosa Sinfonía nº 101 de Haydn absolutamente en estilo, ya con menos efectivos y un espíritu completamente jovial y desinhibido. Tras un adagio considerablemente oscuro y sinuoso, todo el color de la orquesta asomó de forma tan enérgica como dinámica. En el andante que da nombre a la sinfonía por el compás a ritmo de reloj que le imprimen fundamentalmente los fagotes, la orquesta logró que sus contrastes dramáticos asomaran convenientemente. La flauta, que a lo largo del concierto dio muchas muestras de virtuosismo y complicidad, logró en el minueto dar al conjunto un aire rústico muy adecuado, mientras el vivace final resultó vivaz y desenfadado, lográndose una interpretación de esta popular pieza efervescente y hasta cierto punto exaltada.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 28 de mayo de 2023

UNA BARROCA ENCANTADA CON ENRICO ONOFRI

Concierto nº 7 de la temporada 2022-2023 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Enrico Onofri, dirección. Programa: Obertura de Olympie VB 33 y Sinfonía en do menor VB 142, de Joseph Martin Kraus; Obertura de Lo Speziale Hob. Ia/10 y Sinfonía no. 44 en mi menor “Trauer” Hob. I/44, de Joseph Haydn. Espacio Turina, sábado 27 de mayo de 2023


El poder de convocatoria de la Barroca de Sevilla es sin duda extraordinario, y nos encanta que así sea. Pero una vez más nos preguntamos por qué el público insiste en dejarse seducir por lo que ya conoce, mientras tiende a despreciar otras propuestas sumamente extraordinarias sin cuyo respaldo caemos en el peligro de prescindir de grandes citas internacionales en una ciudad que se pretende cosmopolita, y a las partitas para clave de Bach interpretadas la semana pasada por Céline Frisch me remito, que apenas congregó a un centenar de oyentes. Lo mismo ocurre en el cine, con innumerables pantallas copando la atención de un público ávido de que le cuenten lo mismo una y otra vez. Nos referimos a los superhéroes de Marvel, las carreras de Fast & Furious o los cuentos clásicos de Disney, mientras otras propuestas más originales y enriquecedoras se marchitan en una cartelera en la que apenas resisten una o dos semanas.

Un público tan numeroso como la plantilla con la que se presentó la Barroca en su último concierto de la temporada, abarrotó el Espacio Turina para dejarse llevar por las formas siempre discutibles del ravenés Enrico Onofri al frente de una formación a la que conoce a la perfección, y que tan cómoda y encantada se siente a sus órdenes, por algo será. La ocasión sirvió además para presentar el último disco de la formación, esta vez sin atender a ningún tema en particular ni autor a recuperar en la esfera de lo estrictamente andaluz, sino presto a servir de plataforma para el lucimiento de algunos y algunas de sus solistas más destacadas. Así, Mercedes Ruiz enfrentándose a un concierto para violonchelo de Vivaldi, Jacobo Díaz deslizando su fraseo ágil y elegante en un concierto para oboe de Bach, Leo Rossi desplegando su habilidad al violín en una pieza también del compositor alemán, y Rafael Ruibérriz emergiendo triunfante en un concierto para flauta de uno de sus hijos, Cal Philipp Emanuel. De todo se hizo eco, ennobleciendo la función, el desparpajo elocuente de Ventura Rico, que no dudó en agradecer a Onofri su dedicación a la orquesta, y a algunos de los agitadores culturales que la apoyan su estímulo y confianza, entre ellos Camilo Montaño, presidente de la Asociación de Amigos de la Barroca.


Una batuta agitada para una música tumultuosa

En el programa se trataba de plasmar el estilo Sturm und Drang tan apreciado por la orquesta, que supuso la transición entre el Clasicismo y el primer Romanticismo, donde la estética abigarrada y tormentosa de la música acertaba a plasmar un carácter atormentado en busca continua del equilibrio que suponía un cambio rotundo de rumbo expresivo en los autores que iniciaron su práctica. Y para ello se echó mano de un autor de sobras conocido como es Haydn frente a otro olvidado a reivindicar con el que compartió época e inquietud artística, Joseph Martin Kraus, un triunfador en su momento que perdió la vida como consecuencia de la tuberculosis a una edad que todavía podemos considerar temprana. De éste Onofri abordó con toda la furia que le caracteriza una obertura dramática, Olympie, que ya presenta ese carácter tumultuoso extremadamente agitado que permite al director esos tempi rápidos y marcados acentos que le caracterizan, y que le llevaron en la Sinfonía en do menor del mismo autor a agotar todas las posibilidades expresivas de una música anclada en la agresividad más exacerbada.

No hubo sorpresa alguna con su manera de atacar la Sinfonía número 44 de Haydn, ya que la grabó con la orquesta sevillana en el disco que dedicaron a la presencia de la música del compositor austríaco en Sevilla. De hecho volvió a ser la versión usada en nuestra Catedral la que protagonizó la segunda parte del concierto, que arrancó con la obertura de la ópera Lo speziale, que la Barroca estrenó hace años en el Maestranza. De nuevo tempi rápidos, dinámicas acentuadas y contrastes muy marcados en la forma de Onofri de dirigir a una orquesta en muy buenas condiciones, con los metales haciendo mejor papel que en otras ocasiones, y una sección de cuerda grave fascinante, aportando mucho cuerpo y personalidad a la propuesta. Claro que en todo esto se añora siempre un mayor refinamiento y más regodeo en los múltiples acentos e inflexiones que marca la partitura, todo lo cual se diluye en favor del impacto inmediato y la agitación extrema. Onofri se sintió en todo momento abrazado y halagado por una orquesta que lo ha convertido en su hijo predilecto, aunque no haya gozado ni él ni ninguno jamás de su condición de director titular del conjunto.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 14 de enero de 2023

UNA BÉTICA DE CÁMARA HACIA EL CENTENARIO

Temporada 2022-2023 de la Orquesta Bética de Cámara. Argentina, voz solista. Michael Thomas, director. Programa: Le tombeau de Copuperin, de Ravel; Sinfonía nº 104 “Londres”, de Haydn; La fille aux cheveux de lin, de Debussy (orquestación: Thomas); El amor brujo, de Falla. Espacio Turina, viernes 13 de enero de 2023


Arranca un año muy especial para la formación que hoy lidera Michael Thomas, cuando se cumplen cien años de su creación nada más y nada menos que por Manuel de Falla. Pero no se trata de un siglo ininterrumpido de actividad en el que su plantilla se haya ido renovando paulatinamente, sino de un período en continua interrupción, con largas etapas de desconcierto y dudas sobre su supervivencia, y períodos en los que incluso cambió su nomenclatura y estructura, pasando de ser una orquesta de cámara a una filarmónica. La irrupción de la Sinfónica de Sevilla a finales del pasado siglo supuso la puntilla para la empresa, hasta que pasados veinte años un equipo, con Inmaculada Hernández como cabeza visible, decidió recuperar los valiosos archivos de la orquesta y reflotarla. Michael Thomas se convirtió entonces en su mayor valedor y la persona que la ha rehabilitado, añadiendo así esta proeza a su larga lista de logros conseguidos en Andalucía, donde no hace mucho la gran música solo estaba al alcance de unos pocos. Aunque solo fuera por eso, Thomas merece todo nuestro reconocimiento y admiración, además de por el hecho de tratarse de una excelente persona, afable y generosa.

Para este primer concierto del año, Thomas diseñó un programa directamente inspirado en los que articulaba Falla al comienzo de su recorrido, con piezas entonces contemporáneas compartiendo piso con otras clásicas e imperecederas. Thomas se decantó por un sabor inconfundiblemente clásico, combinando un Ravel que aunque homenajeando a los grandes barrocos franceses en forma de danzas, aborda un estilo neoclásico potenciado por la rusticidad de sus líneas melódicas, con el clasicismo de un Haydn que en la última de sus sinfonías adopta un estilo Sturm und Drang que adelanta ya algunas de las claves del estilo que caracterizó al primer Beethoven sinfonista. Y si Falla incluyó alguna vez su Amor brujo, Thomas no dudó en ofrecernos una de sus apasionadas y entusiastas orquestaciones, esta vez de una de las piezas que Debussy incluyó en su primer libro para piano.

Un vigoroso Amor brujo embellecido por la voz de Argentina

Comenzó muy bien este particular viaje, con un Preludio de La tumba de Couperin articulado de forma precisa y decidida, con un alegre burbujeo en la cuerda aguda. Después, el Forlane quedó algo desdibujado y mecanizado, sin ese alarde despreocupado que le caracteriza, mientras al Menuet le faltó algo más de ternura y en el Rigaudon la orquesta encontró de nuevo el vigor inicial y ese aire gozoso no exento de cierta melancolía que transita por toda una página en la que batuta y orquesta hicieron especial hincapié en sus aires rústicos y pastoriles. La cuerda acusó flacidez en el arranque, tras una potente fanfarria, y el andante de la sinfonía haydninana, sin embargo los pasajes más dinámicos fueron atacados con decisión y un sentido de las dinámicas muy acusado y contrastado. Muy apresurado también ese andante, sin detenerse en sus elegantes y tranquilas líneas, y muy enérgico y cargado de chispa el finale. La breve pieza de Debussy disfrutó de una delicada orquestación en la que las maderas lucieron su potencial con la cuerda como delicado colchón.


La cantaora onubense Argentina defendió El amor brujo con una voz grave, de sedoso timbre, nunca quebrada, y un estilo muy respetuoso con la partitura, sin añadidos caprichosos ni narcisistas. Lástima que una amplificación mal dosificada al comienzo de la pieza, unido al ímpetu orquestal, impidiera disfrutar de la primera de sus intervenciones, la Canción del amor dolido. Pero en el resto, manteniéndose además una amplificación no invasiva pero ya más acusada, la cantaora lució sobradamente sus cualidades, especialmente en una Canción de fuego fatuo henchida de expresividad. Por su parte, Thomas condujo la orquesta por senderos conocidos de vehemencia, arrebato y mucho temperamento, incluso en los pasajes más relajados, como la Danza del juego del amor. Su vigorosa interpretación de la popular Danza del fuego suscitó acalorados aplausos. Sin desmerecer el esfuerzo y la dedicación que el inglés afincado en nuestra tierra está haciendo, sería conveniente y enriquecedor para la orquesta someterse a otras batutas, capaces de insuflar otras sensibilidades y disciplinas al conjunto. Por cierto, lleno casi absoluto en este primer concierto de tan ilusionante año de la emblemática orquesta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 26 de febrero de 2022

PURO CLASICISMO DESDE BORMUJOS

Orquesta de Cámara de Bormujos. Matthew Gibbon, contrabajo. Alberto Álvarez, director. Programa: Sinfonía nº 2 op. 11 en Re mayor, de Chevalier de Saint-Georges; Concierto para contrabajo en Re mayor, de Vanhal; Sinfonía nº 59 en La mayor, de Haydn. Espacio Turina, viernes 25 de febrero de 2022


Aunque hemos seguido su trayectoria prácticamente desde su fundación en el año 2016, no hemos vuelto a tener oportunidad de atender esta orquesta desde aquel
concierto en la Anunciación con el que celebraron el veinticinco aniversario de la Facultad de Periodismo, y que tan buen sabor de boca nos dejó. Desde entonces han seguido en su línea de recuperación de obras, fundamentalmente del Clasicismo, olvidadas o poco divulgadas, combinadas con otras de más fácil identificación. No cabe duda de que director y conjunto saben cómo ofrecer así una alternativa inteligente e ingeniosa a la sana y grata proliferación de conjuntos nacidos en la ciudad en los últimos tiempos. Comprobamos ahora que el entusiasmo y la entrega absoluta de su director, Alberto Álvarez Calero, siguen intactas, contagiando a los y las jóvenes integrantes de la formación aljarafeña.

La vida del compositor, virtuoso violinista y campeón de esgrima Joseph Bologne, conocido como Chevalier de Saint-Georges, es sin duda más apasionante, ideal como bien apuntó Álvarez en su introducción, para una película o serie de televisión, que su propia música, sin duda bien estructurada y primorosamente orquestada pero prácticamente irrelevante en medio de las tendencias de su época, marcadas por la arrolladora personalidad de Haydn, protagonista espiritual de la velada. Solo así podemos entender a quien nació en Guadalupe (ahora Haití) de padre colono y madre esclava, creció y se desarrolló en París, convirtiéndose en imbatible espadachín, maestro de música ocasional de María Antonieta, y compositor de sinfonías y óperas. Precisamente de una de estas, L’amant anonime, extrajo su Sinfonía nº 2 en forma de obertura, una pieza relativamente breve y de gramática sencilla que la formación llevó a muy buen puerto, con prestaciones disciplinadas y muy aseadas de todas las familias orquestales, incluidas las temidas trompas, en un trabajo que los y las dieciséis integrantes del conjunto para la ocasión (siete violines, dos violas, dos violonchelos, un contrabajo, dos trompas y dos oboes) bordaron a la perfección.

El Concierto para contrabajo de Johann Baptist Vanhal, original para un violón vienés de especial afinación, disfruta de mayor reconocimiento y divulgación, compitiendo casi siempre con ventaja con los de sus contemporáneos Dittersdorff, Hoffmeister, Pichl y Sperger, a quien precisamente debemos la custodia de este singular concierto. Suponemos que la intervención del contrabajista de la ROSS Matthew Gibbon, se debió a un acto de generosidad y apoyo incondicional a una orquesta a la que también ha dado forma a lo largo de estos cinco años. Solo así entenderíamos que se arriesgase como solista, papel que no encaja en su perfil como sí lo hace su impecable trabajo en la plantilla de la Sinfónica de Sevilla desde su origen. Eso explicaría su errática manera de afrontar la página de Vanhal, con evidentes debilidades en su zona aguda y puntuales fallos de articulación, de la misma forma que fue capaz de dotar al instrumento de un poderoso timbre y un considerable cuerpo en su registro más grave, pero sin poder evitar continuos desajustes, fallos de afinación y un preocupante descontrol también en las cadencias con las que finalizan cada uno de sus tres movimientos. Defectos que se hicieron patentes también en la propina que dedicó con oportuna sensibilidad a la paz mundial en estos delicados y trágicos momentos que nos han tocado vivir. Fue el adagio de una sonata para contrabajo y violonchelo de Sperger que la joven solista acompañante defendió con dignidad.

Como broche final la orquesta resolvió muy en estilo, con un muy cuidado control de los acentos y los contrastes, y limando al máximo de sus posibilidades el tan fuera de estilo vibrato de la cuerda, la Sinfonía nº 59 de Haydn, si bien las trompas aquí, seguramente por la mayor dificultad de la página, evidenciaron cierto desajuste sin importancia. Como propina final ofrecieron una impecable y también muy en estilo, esta vez barroco, Marcha para la ceremonia de los turcos, de Jean-Baptiste Lully, muy controlada a nivel de dinámicas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de febrero de 2022

FÁBIO BRUM SE LUCE ANTE LA BÉTICA DE CÁMARA

Temporada 2021-2022 de la Orquesta Bética de Cámara. Fábio Brum, trompetas. Michael Thomas, director. Programa: Obertura “Las Hébridas”, de Mendelssohn; Solo de concours, de Theo Charlier; “Agitata da due venti”, de Vidaldi; 2º movimiento de las Bachiana Brasileira nº 5, de Villa-Lobos; Rosa, de Pixinguinha; Sinfonía en Sol mayor “La sorpresa”, de Haydn. Espacio Turina, sábado 12 de febrero de 2022


Un cambio de última hora, debido a la indisposición del espléndido violinista alcalareño Javier Comesaña, obligó a la Bética de Cámara a modificar el programa inicialmente previsto para este tercer concierto de temporada, centrado en compositores alemanes relacionados de alguna u otra forma con las islas británicas. De esta forma el Concierto para violín nº 1 de Bruch fue sustituido por una serie de piezas concebidas para el lucimiento de la trompeta, adaptándose de esta forma al perfil del nuevo solista, un deslumbrante Fábio Brum, aunque en el camino se acabara traicionando el espíritu que informaba el programa originalmente diseñado.

Con dos discos en el mercado, grabados con el sello británico Naxos, Brum se encuentra ahora ultimando los detalles de su último registro, esta vez con la Real Orquesta Sinfónica, formación de la que fue destacado integrante durante más de una década. Pero ha sido con la más veterana de nuestras orquestas, la Bética de Cámara, con la que anoche se presentó en el Espacio Turina para deleitarnos con su inconfundible maestría al instrumento, una serie de trompetas con distintos registros y accesorios que el intérprete brasileño manejó con dominio absoluto de la técnica y la expresividad. Una exhibición que encontró en el Solo de concours de Charlier su mejor aliado, con continuos cambios de tempo y modo, con y sin sordina, unos retos técnicos ampliamente superados y agilidades solo superadas por las que tuvo que afrontar en el aria Agitata da due venti, de la ópera Griselda de Vidaldi, aunque originalmente de la menos conocida Adelaida, y que convenientemente adaptada al instrumento de metal ofrece oportunidades extraordinarias de lucimiento al solista. No sin alguna nota falsa y entrada puntualmente desequilibrada, nada sorprendente tratándose de un instrumento tan difícil y delicado, Brum se enfrentó también con éxito al ritmo y la gracia de las Bachianas brasileñas de Villa-Lobos, que en el caso del segundo movimiento de la número cinco ofrece también difíciles retos, superados con pericia, así como al tema Rosa del legendario flautista y compositor Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha, ideal para lucirse como melodista romántico y embaucador, como así hizo Brum con una trompeta de registro bajo.

Dos obras de un Mendelssohn encandilado con los paisajes escoceses y un Haydn triunfando con sus doce sinfonías londinenses, enmarcaron la intervención del joven trompetista, con una orquesta que si bien Thomas controló con respeto y admiración en las obras de acompañamiento, exprimió al máximo de sus posibilidades y recursos en estas dos obras sinfónicas. Lástima que para la ocasión, teniendo en cuenta la proliferación de maderas y metales en las dos piezas elegidas, tuviera que reducir considerablemente la cuerda, y eso se notó y mucho. Provocó cierto desequilibrio en Las Hébridas, defendida con más aplomo que sentido de las texturas y dinámicas, y sobre todo en una Sinfonía nº 94 de Haydn que tampoco tuvo en la delicadeza su fuerte, especialmente en un andante en el que el factor sorpresa, ese golpe de timbal que le da sobrenombre e interrumpe lo que hasta entonces era un paseo tranquilo y amable, apenas se atisbó debido a la falta de contraste y relieve. Con todo fue una interpretación solvente y más que aceptable, que demostró el esfuerzo y el trabajo desplegado por la formación, en cuyas filas se encuentran solistas de demostrada valía y de la que celebramos su espíritu de supervivencia y su avidez de excelencia, que esperemos no decaiga nunca.

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viernes, 4 de febrero de 2022

HAKAN HARDENBERGER, MELODISTA IRREDENTO

1er Concierto del Ciclo Solistas y Maestros de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Hakan Hardenberger, trompeta y dirección. Programa: Concierto para trompeta Hob. VIIe:1 y Sinfonía nº 22 en Mi bemol mayor Hob. 1/22 “Der Philosoph”, de Haydn; Suite Pulcinella, de Stravinski; 3 MOB Stücke, de Gruber. Teatro de la Maestranza, jueves 3 de febrero de 2022


Amigo personal de Marc Soustrot desde que coincidieron cuando el director francés se hacía cargo de la Sinfónica de Malmö, su ciudad natal, Hakan Hardenberger inauguró anoche uno de los ciclos con los que la ROSS estructura este año su temporada, haciendo justicia a su título, Solistas y maestros. Se trata de un reputado y muy reconocido trompetista que como director sabe dejar su impronta, por discutible que pueda resultar para muchos y muchas que prefieren otro tipo de estéticas y soluciones cuando de acercarse al clasicismo se trata. Y es que de esta corriente artística bebió el programa configurado para la ocasión, con Haydn como rotundo protagonista, secundado por aquel Stravinski que saludaba al neoclasicismo con su ballet Pulcinella, y coronado con una obra de Heinz Karl Gruber que dentro de sus limitaciones deja entrever también esa línea depurada y conservadora que caracteriza esta corriente musical.

Con la orquesta reducida para la ocasión y los dos primeros violines ocupando un estrado por encima del resto de sus compañeros y compañeras, a la misma altura que la generosa plataforma que ocupaba el solista y director, Hardenberger atacó las piezas de Haydn con suma delicadeza, con una volatilidad evidente y un sentido del color más próximo al pastel que al cromatismo vivo y severo con el que se suele asociar hoy su música. El Concierto de Haydn fue pionero para la trompeta de llaves que desarrolló Anton Weidinger, y que hoy se sustituye con una de tres pistones en el repertorio sinfónico. Con una perfecta afinación y un fraseo fluido y amable, sin estridencias ni salidas de tono, el trompetista hizo alarde de su capacidad melódica ya desde un principio, llegando a bordar la cantabilidad del andante y alcanzando el virtuosismo más enérgico en el célebre allegro finale. La ayuda del concertino para la ocasión, Luis Miguel Díaz Márquez, fue decisiva para el atento y atemperado acompañamiento de la orquesta. Del Haydn maduro del concierto al más joven de su Sinfonía nº 22, que Hardenberger acometió desde un mismo prisma cálido, balsámico y considerablemente melódico, con aportaciones espléndidas de trompas y cornos que dotaron al conjunto de una gracia y una vitalidad más distendida que extrema.


Pulcinella
se suele interpretar más en su versión suite que como ballet, aunque en febrero de 2012 pudimos disfrutarla en versión completa de la mano de Josep Pons. No hace ni cinco años que Pablo González dirigió una versión muy desangelada de esta pieza stravinskiana. La de Hardenberger hizo de nuevo hincapié en la transparencia de las texturas. Al conjunto faltó ciertamente mordacidad y mayor sentido de la ironía, mientras sus aires rococós quedaron a menudo desdibujados. Sonó sin embargo impecable, con una factura técnica envidiable y una indiscutible atención por parte del director, encaminada eso sí a esa estética amable y distendida que defendió a lo largo del concierto. La respuesta de solistas fue en todo momento ejemplar, y alguno mereció la ovación de un público entre el que se encontraba mucha gente joven, toda una alegría, seguramente convocados por alguno de los maestros de la orquesta. La obra de Heinz Karl Gruber, cuyo Concierto para trompeta Aerial estrenó precisamente Hardenberger (tiene también uno para violonchelo destinado a Yo-Yo Ma y otro de piano para Emanuel Ax), es un arreglo de una pieza camerística para siete instrumentos intercambiables, que tiene en el dominio de diversos tipos de trompeta y sordinas, así como un calculado uso de la percusión, su principal baza. Por lo demás se trata de una obra convencional, tonal y melódica de aires inconfundiblemente populares y a menudo jazzísticos, que sirvió para una nueva demostración de virtuosismo por parte del solista y director.

Como propina Hardenberger recreó la pieza con la que él y Soustrot inauguraron en 2015 la Sala de conciertos de la Sinfónica de Malmö, Sputnik del compositor también sueco Tobias Broström, en la misma línea melódica, épica y festivalera que la pieza de Gruber. Y ya para terminar el trompetista puso la nota sentimental dedicándole a su esposa Heidi, presente en la sala, el clásico de Richard Rodgers My Funny Valentine, que tan popular hicieron Frank Sinatra y Chet Baker, a solo unos días de la celebración del amor. Abrir mentes y salir del corsé de vez en cuando es sano, es solo cuestión de complejos.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


 

viernes, 11 de junio de 2021

ANU TALI MODELA LA BELLEZA DE LAS FORMAS

6º Concierto de abono Ciclo 30 aniversario de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Levon Avagyan, piano. Anu Tali, directora. Programa: Sinfonía nº 85 en Si bemol mayor “La Reina”, de Haydn; Concierto para piano en La menor Op. 7, de Clara Wieck-Schumann; Sinfonía nº 4 en La mayor Op. 90 “Italiana”, de Mendelssohn. Teatro de la Maestranza, jueves 10 de junio de 2021

Entroncando con la reivindicación que de la libertad y la independencia hace una mujer como Carmen, la directora Anu Tali se ha responsabilizado también de este primer concierto de la Sinfónica tras haber finalizado las representaciones del título bizetiano. Mucho ha tenido que alargar la estonia su estancia en Sevilla para hacer frente a las imprevistas contingencias sufridas por el montaje operístico y encargarse ahora de los dos conciertos del sexto programa del ciclo que conmemora el trigésimo aniversario de la orquesta, esto sí previsto. Una cita que tuvo un marcado acento femenino no solo por la batuta elegida sino por un programa en el que estuvieron presentes la mítica María Antonieta, gran admiradora según las crónicas de la Sinfonía nº 85 de Haydn, Clara Wieck-Schumann y su poco programado y muy interesante Concierto para piano, y Fanny Mendelssohn en la sombra, como compositora contemporánea de Clara Schumann y hermana de Felix, cuya popularísima Sinfonía Italiana ocupó el último tercio de la velada, y que curiosamente estrenó la pieza de la reconocida y remunerada pianista, esposa de Robert Schumann e hija de Friedrick Wieck.

Observamos de nuevo los ademanes de la directora estonia para constatar su precisión, sus ataques muy marcados, casi marciales, y el cuidado hasta en el más mínimo detalle que manifiesta desde el podio, frente a una formación que le sigue con tanta disciplina como devoción. Así ofreció una Sinfonía nº 85 de Haydn volátil y vaporosa, quizás en las antípodas de como hoy se entiende una interpretación clásica, pero modelando con acierto y fervor la belleza de sus líneas melódicas e inflexiones dramáticas. La más popular de las sinfonías de París aglutina elegancia y vigor, y Tali lo entendió potenciando su carácter cortesano y porte distinguido, sin despreciar fuerza y energía pero haciendo también alarde de una sutileza y un gusto exquisito. Las aportaciones de Juan Ronda a la flauta y Sarah Roper al oboe favorecieron su hermosa resolución. Con la Cuarta de Mendelssohn la directora diseñó una excelente versión, marcada por la precisión de los instrumentistas y una inusitada energía que en el primer movimiento se tradujo en rotunda ferocidad, vivacidad rítmica y espléndido colorido orquestal. Tras un andante elegante y moderado llegó el movimiento mejor despachado, pura belleza en un scherzo evocador y mágico, con prestaciones sobresalientes de las trompas. Un final saltarín y enérgico, todo un irresistible y obstinado torbellino de entusiasmo y alegría, rubricó el perfecto acabado de esta frecuentada página.

Habrá quien crea que la música de Clara Schumann ha empezado a descubrirse recientemente, cuando en realidad los intentos de divulgar su trabajo se remontan a más de medio siglo sin que apenas se haya logrado el objetivo, sin duda por los prejuicios e injustificadas reservas que sigue suscitando el papel de la mujer en el arte. No cabe duda sin embargo de que su trabajo como compositora estuvo a un excelente nivel, y lo hemos comprobado tanto en sus piezas de cámara como ahora en este suntuoso y original concierto con sus tres movimientos encadenados (empezó siendo una pieza de concierto a la que luego añadió dos movimientos antecedentes) y un estilo rapsódico que le da ese aire elegante y sofisticado que el joven pianista armenio Levon Avagyan supo defender más desde el punto de vista técnico y virtuoso que desde el más puramente expresivo y emocional. No obstante la del ganador del premio María Canals en 2017 fue una lectura entregada y apasionada, que logró en su movimiento central, romanza, una depuración formal y un diálogo fluido con el solo de violonchelo defendido con el mismo fervor romántico. En el final, una gran polonesa de carácter alegre y desenfadado, batuta y pianista brillaron en todo su esplendor. Avagyan redondeó la propuesta con una emotiva y reposada interpretación del número uno de los Kinderszenen de Robert Schumann. Mujeres a la sombra no, siempre resplandecientes y sin miedo a las frecuentes reacciones salvajes y ruines del macho terrícola.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 14 de febrero de 2021

SHUNSKE SATO Y EL CLASICISMO DE LA BARROCA

Temporada de conciertos 2020-2021 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Shunske Sato, violín y dirección. Programa: Sinfonía en Re menor, de Vanhal; Concierto para violín en Si bemol mayor K 207, de Mozart; Menuetto del Cuarteto nº 5 en Mi bemol mayor Kr 195, de Dittersdorff; Sinfonía nº 45 “Los adioses”, de Haydn. Espacio Turina, sábado 13 de febrero de 2021


Director artístico de la Netherlands Bach Society y frecuentemente asociado a conjuntos de tanto prestigio como Concerto Köln o Freiburger Barcokorchester, el joven violinista nacido en Japón Shunske Sato se unió a la ya larga nómina de ilustres colaboradores de la Orquesta Barroca de Sevilla, en un concierto que celebró como auténtica válvula de escape frente a la sequía cultural que invade a la mayor parte del planeta. Por su parte los integrantes de la formación hispalense lucieron, creo que por primera vez, una corbata verde esperanza con el logotipo de la orquesta, quién sabe si queriendo decir algo con el color elegido. Director y orquesta hicieron un gran esfuerzo programando dos sesiones el mismo día, por la mañana y a primera hora de la tarde para sortear las restricciones horarias; nosotros asistimos a la segunda. En los atriles cuatro autores relacionados entre sí. Johann Baptist Vanhal, bohemio muy admirado por Mozart y Haydn, y alumno de Carl Ditters von Dittersdorff. Según el famoso cantante, actor y compositor irlandés Michael Kelly, los cuatro llegaron a tocar juntos en formación de cuarteto allá por el año 1784, y con ese motivo fue diseñado el programa ofrecido en este tercer concierto de temporada, cuya premiere tuvo lugar el pasado jueves en Castellón.

La sinfonía de Vanhal con la que arrancó el concierto dejó ya clara la estética imperante a lo largo del mismo, la influencia del Sturm und Drang, ese ímpetu tormentoso ampliamente desarrollado en las artes de la segunda mitad del siglo XVIII. Fuerza desgarradora y dinámicas muy contrastadas que acompañaron en el allegro inicial de una Sinfonía en re menor agradable pero convencional, nada que ver con el sensacional primer concierto de los cinco que Mozart compuso para el violín como solista, y que sirvió a Sato para recrear su sonido uniforme y preciso, y desarrollar un sano pero mecánico virtuosismo, dominado como si fuese un apéndice de sí mismo, pero en el que echamos en falta una mayor dosis de expresividad. Aunque podemos afirmar que suena sincero y natural, a veces la imperfección acompañada de emoción añade más valor que una interpretación técnicamente impoluta.

De Dittersdorff se optó por una pieza de cámara, el minueto de su Cuarteto nº 5, en el que el primer violín luce muy por encima del resto de instrumentos, en este caso emulando ese Cuarteto celestial (Heaven’s Quartet) que bautizó al concierto y que hace referencia al conjunto recordado por Kelly. De esta forma la participación de Mercedes Ruiz al violonchelo, José Manuel Navarro a la viola y Leo Rossi al segundo violín fue de mero acompañamiento, frente a un rutilante Sato entregado con fuerza y energía a llevar la parte solista de la obra. Para terminar se eligió de Haydn su Sinfonía nº 45, quizás no una de las más aclamadas y representativas pero que encierra en su final el simpático juego que le merece el sobretítulo de Los adioses y le da significado, ya que ilustra el hartazgo de los músicos del príncipe Esterházy ante la dilatada temporada estival de 1772, y se resuelve con el paulatino abandono de los integrantes de la orquesta al final de la pieza, en ese insospechado adagio que Sato convirtió en quinto movimiento al separarlo considerablemente del presto final, y al que los músicos de la Barroca y él mismo añadieron mucha comedia. A destacar también en esta pieza el mimo con el que abordaron su elegante y delicado minueto, coronado también con un curioso e inesperado acorde final.

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lunes, 23 de noviembre de 2020

MÚSICA DE CÁMARA EN DISTINTOS COLORES

3er concierto del Ciclo de música de cámara ROSS. Vicent Morelló Broseta, flauta. Álvaro Prieto Pérez, fagot. Rocío Vílchez, piano. Programa: Trío en Fa mayor Hob. XV:17, de Haydn; Trois pièces Op. 34bis, de Koechlin; Trío, de Chick Corea; Trío en Sol mayor WoO 37, de Beethoven. Espacio Turina, domingo 22 de noviembre de 2020

Prieto, Morelló y Vílchez
Una combinación de instrumentos tan poco usual como la de piano, fagot y flauta se convirtió en base con la que celebrar en Sevilla el Día Internacional de la Música, con una agenda tan empobrecida a causa de la coyuntura que la cita en el Espacio Turina sobresalió por derecho propio y por el loable empeño que están poniendo sus responsables en no dejar desierta de buena música la vida cultural de la ciudad. Un programa con diseño simétrico, con obras clásicas en los extremos y dos que podríamos considerar exóticas en el centro, invitándonos en palabras textuales de los intérpretes a sumergirnos en un mundo de colores tan dispares como atractivos. 

Los colores cálidos protagonizaron el Trío de Haydn, original para teclado, flauta y violonchelo en lugar de fagot; una obra de carácter íntimo que debía ser inicialmente más complicada de lo que finalmente resultó sobre la partitura, y que el trío defendió con aplomo y seguridad, no obstante algún desliz y cierto atropello puntual en el piano. Quien más oportunidad de lucimiento tuvo fue Vicent Morelló a la flauta, logrando esa fluidez y equilibrio a la que nos tiene acostumbrados. Quizás el segundo y último movimiento, minuetto, se hubiera beneficiado de una interpretación más moderada y serena de la que los tres intérpretes fueron capaces de ofrecer. Donde sí hubo serenidad de sobra fue en las tres piezas de Charles Koechlin, marcada por los acentos y matices que fue capaz de extraer Rocío Vílchez, profesora de acompañamiento en el Conservatorio Superior de Sevilla. Aquí fueron colores blancos y atenuados los sugeridos, potenciando el carácter orientalista y relajado de la partitura, mientras su carácter abstracto y su trabajado contrapunto encontraron eco en una interpretación considerablemente recogida y matizada. 


La pieza de Chick Corea nos trajo colores vivos y alegres. Originalmente compuesto para un disco del flautista Hubert Laws de 1969, el legendario pianista lo recuperó en su álbum de 1972 Inner Space, con Karl Porter al fagot. La recreación que hicieron Morelló, Prieto y Vílchez estuvo a la altura de lo exigible, en estilo y con suficiente talento para adaptarse a sus numerosos cambios de ritmo y de registro. Ayudó el espléndido trabajo de Álvaro Prieto, siempre preciso y muy atento, que revalidó su aportación en el Trío de Beethoven, una obra de juventud en la que destaca sobre todo su tercer movimiento, un andante con variaciones tan del gusto del compositor. Antes Vílchez dominó en el allegro inicial, como hicieron las maderas en el muy expresivo adagio, y los tres juntos en ese espléndido episodio final caracterizado por su aspecto jovial, y en el que el diálogo y una combinación de colores verdes como la naturaleza, se hicieron muy patentes. Con una Pastoral de Carl Philipp Emanuel Bach como propina, evocando colores arraigados en la tierra, terminó esta agradable matinal.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía