lunes, 11 de mayo de 2026

MÚSICA EN ESENCIA CON EL BARBERO DE PAISIELLO

Il Barbiere di Siviglia. Ópera cómica con música de Giovanni Paisiello. Libreto de Giuseppe Petrosellini, basado en “Le Barbier de Séville” de Pierre Beaumarchais. Lucas Macías, dirección musical. Orquesta Ciudad de Granada. Con Aitana Sanz, Santiago Ballerini, Pablo Ruiz, Dario Solari, Pietro Spagnoli, Luis Raspaqueso y Andrés Merino. Coproducción de la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, domingo 10 de mayo de 2026

Sanz, Solari, Ballerini, Macías, Ruiz, Spagnoli, Merino y Raspaqueso
Foto: Luis Pascual Alcaide

Liberadas de las a menudo caprichosas puestas en escena que tanto despistan y distraen de lo que verdaderamente importa, la música, estas versiones en concierto que de vez en cuando nos brindan los grandes coliseos, se convierten en pura delicia, especialmente si todo, lo estrictamente musical y lo puramente dramático, encaja tan a la perfección como lo hizo en esta excelente coproducción entre la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Una colaboración posible quizás por la doble titularidad de Lucas Macías como director musical de la ROSS y artístico de la orquesta granadina, y que propició una doble función de este título del clasicismo, el pasado viernes en el Auditorio Manuel de Falla de la ciudad de la Alhambra y ayer en el teatro del Paseo Colón.

Hasta la comedia fue más inteligible y fácil de seguir despojada de esas puestas en escena aludidas, cuando son caprichosas, desconcertantes y desacertadas. Nos gustaría pensar que el lleno absoluto experimentado ayer tarde se debió al interés suscitado por esta versión alternativa de la comedia de Beaumarchais puesta en música, y no a que muchos y muchas esperasen escuchar el famoso Largo al factotum de Fígaro. El título de Paisiello triunfó durante años desde su estreno en el Teatro Imperial de la Corte de San Petersburgo en 1782, hasta que en 1816 lo eclipsara la celebrada ópera rossiniana.

Lucas Macías

Su interés rebasa sin embargo lo estrictamente coyuntural, entroncando mejor con Las bodas de Fígaro de Mozart, estrenada sólo cuatro años después. No cabe duda, escuchando esta deliciosa partitura, de lo mucho que debió influir en el genio de Salzburgo. Como prueba, ese Scorsi giá molti paesi de Fígaro que tanto debió influir en el catálogo de conquistas de Don Giovanni que entona Leporello. De hecho, Mozart compuso para El barbero de Paisiello, un aria alternativa de Rosina que parece nunca llegó a usarse.

Con idéntico libreto de Giuseppe Petrosellini, que prácticamente adopta el original de Beaumarchais, se conocen otras cinco óperas de diferentes autores, mientras el de Cesare Sterbini del que se sirve Rossini, reaparece en otros dos, sin contar los innumerables títulos que se basan directa o indirectamente en el popular personaje. Con estos precedentes, el interés por disfrutar de esta ópera, poco divulgada y escasamente grabada, estaba servido. Los resultados rebasaron las expectativas, y todo terminó siendo sensacional y exquisito.

Comedia y música perfectamente combinadas

La excelencia de la propuesta se dejó entrever ya desde la obertura, que Macías dirigió con especial atención al detalle y perfecto estilo clasicista, a lo que la orquesta se adaptó con un sonido terso y contenido, sin estridencias ni formas aristadas, haciendo acopio de una sutil musicalidad, pura elegancia, sin asperezas y unas dinámicas suaves y elegantes. Una constante que se mantuvo durante toda la representación, atendiendo con cuidado e inteligencia a las necesidades de las voces, y dejando clara la magnífica preparación y oportuna veteranía de la orquesta. Por cierto, todo un acierto que otra de las grandes orquestas andaluzas se hiciera eco en nuestra ciudad, algo que debería convertirse en costumbre para disfrutar de los otros conjuntos de la comunidad.

Dario Solari y Aitana Sanz

A esta delicia puramente instrumental se unió el excelente elenco vocal convocado, empezando por una Rosina de la valenciana Aitana Sanz que, si bien empezó exhibiendo una voz pequeña y con poca proyección, pronto se desdijo deslumbrando en sus arias, la de la carta, Giusto ciel, con la que culmina el primer acto (en realidad el segundo, aunque esta producción decidió refundir los actos de dos en dos), y la de la lección de canto del segundo (más bien tercero), Giá riede primavera. Ambos, y todas sus partes en duetto, terzetto, quintetto… entonadas con gusto exquisito y enorme sensibilidad, junto a un timbre dulce, diamantino, y un fraseo fluido en el que lucieron también puntuales ornamentaciones defendidas con extrema delicadeza.

El Conde de Almaviva se benefició también de un tenor en forma, el italo-argentino Santiago Ballerini, de holgada proyección, notable aplomo y sentido de la comicidad, así como tono robusto y aterciopelado. Cantó con exquisita sensibilidad Saper bramate, la cavatina popularizada por Kubrick en Barry Lyndon, arreglo mediante de Leonard Rosenman. Y nos regaló además uno de los momentos cómicos más logrados y sobresalientes, cuando se presenta disfrazado como Don Alonso al más puro estilo Jerry Lewis. Sensacional también el barítono uruguayo Dario Solari, que aunque manifestó algunos roces al inicio, se mostró prodigioso en ese repaso por la geografía española ya apuntado, y por extensión en todas sus intervenciones, haciendo alarde de una voz profunda y perfectamente entonada, legato impecable y fuerza vocal sin reservas.

Santiago Ballerini

Magníficas también las aportaciones del barítono onubense Pablo Ruiz, quizás sobreactuado como el doctor Bartolo pero estupendo a nivel canoro, evidenciando un control absoluto de la respiración y una facilidad absoluta para cambiar de registro y ornamentar a discreción. El romano Pietro Spagnoli dejó clara su veteranía y experiencia con El barbero de Rossini, extendiéndolo también a esta variante menos divulgada. Su aportación a Don Basilio, el profesor de música, quizás no estuvo henchida de matices, pero mantuvo esa dignidad y elegancia que se le presume, con un aria de la calumnia de auténtico lujo.

El resto, Luis Raspaqueso y Andrés Merino dando vida a los criados de Don Bartolo, estuvieron impecables en sus aportaciones, especialmente en sus divertidas recreaciones de bostezos y estornudos. Todo en armonía, fácil de seguir y presto a entretener, divertir y encandilar con una partitura exquisita recreada al máximo nivel de calidad y con la mayor de las satisfacciones posibles tanto para sus artífices como para el encandilado público.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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