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sábado, 15 de febrero de 2025

ANNA NETREBKO, UNA MATRIOSHKA CON MUCHAS CAPAS

Recital lírico. Anna Netrebko, soprano; Elena Maximova, mezzosoprano (artista invitada). Pavel Nebolsin, piano. Programa: Lieder de Chaikovski, Rachmáninov, Rimski-Kórsakov y Strauss; Arias y dúos de I pagliacci (Leoncavallo), Lakmé (Delibes), Adriana Lecouvreur (Cilea), Snegurochka, la doncella de la nieve (Rimsky-Kórsakov), Francesca de Riminí (Rachmaninov), Ariadna en Naxos (Strauss), I Capuleti e i Montecchi (Bellini), y Guerra y paz (Prokofiev); Étincelles, de Moszkowski; Fantasía-Impromptu Op. 66, de Chopin. Teatro de la Maestranza, viernes 14 de febrero de 2025


“Yo soy apolítica, mi trabajo consiste en gustar a todo el mundo” decía la recientemente Goya de Honor Aitana Sánchez-Gijón en la película de Almodóvar Madres paralelas. Una consigna que, como seres humanos que son, a veces olvidan los artistas, cuyas opiniones, por activa o por pasiva, les pasa factura. Sin llegar al linchamiento extremo al que se ha sometido a la actriz Karla Sofía Gascón, cuyos comentarios pueden ser tan execrables como nauseabunda es la anulación absoluta a la que ha sido sometida, no obstante su loable trabajo en la pantalla, Anna Netrebko sufrió el veto y la cancelación de muchas de sus actuaciones en teatros de todo el mundo hace apenas unos años por su presunta vinculación y apoyo a las políticas imperialistas de Putin.

Es curioso cómo cuando quien vierte este tipo de consignas pertenece a otro gremio, especialmente los políticos, a menudo ven revalorizada su carrera, caso por ejemplo del infame presidente de Estados Unidos, que gana elecciones a pesar de no decir más que disparates, sandeces y barbaridades.

Vertidas las subsiguientes disculpas, quizás con miras a un efecto reparador de su carrera, volvió el momento de disfrutar de su inmenso talento, uno de esos que nos devuelve la felicidad incluso en los días más aciagos. Y llegó también el de dejar prejuicios fuera y admirar a la figura artística que es, disfrutando de cada momento lleno de magia, poesía y virtuosismo que nos brindó en una velada que sin duda quedará para el recuerdo.

Una noche de amor

Netrebko dividió su actuación en dos partes, como hacen tantos otros artistas de la lírica, una dedicada fundamentalmente al lied y la otra más operística, en la que lució un espectacular atuendo seguramente guiño a nuestra tierra. Pero además su propuesta fue a más, invitándonos a un hipotético paseo por la naturaleza, a través de bosques y ríos, y la arquitectura, en palacios y desde la ventana. Al margen de estas licencias poéticas, brilló la voz poderosa y rutilante de una diva en constante evolución, exigente con su trabajo y responsable con su cometido de auténtica entertainer.


Hace tiempo que su voz ha ido evolucionando, lo que la ha llevado a plantearse encarar papeles de más peso dramático, exigentes con la voz, que debe mantener un tono más grave y una musculatura más gruesa, especialmente en títulos verdianos, repertorio apenas transitado hasta ahora, y que desde que hace unos años grabara un disco dedicado al maestro italiano, se ha convertido en reto de cara a futuros proyectos. Pero no hubo Verdi, ni siquiera su muy querido y celebrado Puccini, en este delicado programa, pero sí evidencia de esa transformación de su voz.

Y así arrancó, con fuerza y poderío en Dime, ¿qué hay bajo las sombras de los árboles? de Chaikovski, donde a pesar de un molesto vibrato fruto seguramente de la necesidad de calentar la voz, emergió esa fuerza de la naturaleza que hace que su voz no pierda relieve ni proyección aunque cante de espaldas o moviéndose de un lado a otro del escenario. Nuestro primer estremecimiento llegó de la mano de Rachmaninov con Qué bello es este lugar, donde la diva conjugó una extrema delicadeza con su portentosa habilidad para alcanzar cotas poéticas de enorme calado, con filados interminables y pianissimi llenos de dulzura y compasión.

Entre una y otra estética, fue desgranando un programa generoso en partituras de su país, llamémosle patria, extraídos de los celebrados álbumes de selección que ha grabado en los últimos años, como In the Still of Night, donde le acompaña al piano Daniel Barenboim, o el Álbum ruso que grabó junto a Valery Gergiev, una de esas amistades peligrosas que han contribuido a su público escarnio.

La ninfa, de Rimsky-Korsakov, fue otro de los ejemplos en los que emergió la más absoluta dulzura y la expresividad más conmovedora de una voz que transita por distintos registros, a veces incluso tesituras, sin la más mínima dificultad, con comodidad y una naturalidad al alcance de muy pocas.

Ya en la segunda parte, con algún avance en la primera en forma de I pagliacci, fueron las arias de ópera las que dominaron. Pura sensualidad no exenta de autoridad en Io son l’umile ancella, de Andrea Lecouvreur, apabullante energía en Francesca de Rímini y Ariadne auf Naxos, y conmovedora actitud en Oh! Quante volte de I Capuleti e i Montecchi. Así hasta llegar al lied Sueño de una noche de verano de Rimsky-Korsakov con el que cerró el programa de forma encantadora, plena de delicadeza y emotiva contención.

Muy bien acompañada

Una estrella de su calibre no se puede permitir malas compañías. Necesita a su alrededor artistas con talento, que no lleguen a eclipsarla pero tampoco a arruinar su función. Fue el caso de la mezzo también rusa Elena Maximova, que a algunos nos hizo recordar aquellos irrepetibles momentos en que Netrebko y Elina Garança iban de la mano en recitales por todo el mundo, seguramente cumpliendo exigencias contractuales. ¡Cuánto lamentamos que no hayan coincidido finalmente en la actual temporada del Maestranza!

Nebolsin, Netrebko y Maximova. Foto: Luis Pascual

Con Maximova entonó el famoso Dúo de las flores de Lakmé, interrumpido por el público gracias a la labor de la siempre atrevida ignorancia. Con sólo prestar atención al gesto de los y las artistas, se sabe cuándo ha terminado o no una pieza, aunque no se conozca. Juntas resolvieron la pieza con rotundidad perfectamente combinada con elegancia y dulzura. Una perfecta sintonía que también emergió en la más desconocida El arroyo serpentea por la arena, de Guerra y paz de Prokofiev.

Por otro lado, Pavel Nebolsin evidenció ser más que un competente acompañante al piano, dando relieve y sustancia a las interpretaciones de una muy comediante Netrebko, que no dudó en echarse unos pasos de baile, como tantas veces la hemos visto en sus actuaciones grabadas. Nebolsin brilló también en solitario, con la centelleante página de Moszkowski, y muy especialmente con una excelente recreación, tan virtuosa como emotiva, de la Fantasía-Impromptu op. 66 de Chopin.

Fotos (excepto la indicada): Guillermo Mendo
Artículo publciado en El Correo de Andalucía

domingo, 26 de noviembre de 2023

LA VOZ INMENSA Y BELLÍSIMA DE SARAH CONNOLLY

Dame Sarah Connolly, mezzosoprano; Joseph Middleton, piano. Programa: Tres canciones de Brahms; Cuatro de las cinco canciones op. 40 de Schumann; Rückert-Lieder y Kindertotenlieder, de Mahler; Tres canciones de Bilitis, de Debussy; Canciones de Frank Bridge, John Ireland, Ernest John Moeran e Ivor Gurney. Espacio Turina, sábado 25 de noviembre de 2023


Quedará siempre marcada en nuestro corazón esta fecha, la del sábado 25 de noviembre, cuando toda la terrible vulgaridad que destaca en una ciudad entregada a las comidas navideñas de empresa, las compras del Black Friday, las procesiones y demás tumultuosas manifestaciones, quedó ensombrecida para unas cuantas personas privilegiadas, las que tuvieron el acierto de dedicar algo menos de dos horas a dejarse seducir por la inmensa belleza de la voz de Dame Sarah Connolly. Una oportunidad que perdieron las cientos de personas que en esta ciudad se consideran melómanas y acuden una y otra vez a conciertos reiterativos, por inercia o por costumbre, mientras dejan pasar un acontecimiento de este calibre. Y no es que despreciemos todas y cada una de las celebraciones que enumeramos arriba, ni las ofertas musicales que tenemos ocasión de degustar gracias al talento local; es simplemente que el oasis de paz y belleza que fue capaz de ofrecernos la celebrada mezzosoprano acompañada con exquisito gusto por su compatriota Joseph Middleton, logró disminuir todo lo demás a la altura de la insignificancia.

Esta gran dama indiscutible de la canción, o el Lied, como se prefiera, fue capaz de cantar de corrido, sin pausas instrumentales, hacerlo en perfecto alemán, francés, inglés y español en las propinas (Nana y El paño moruno, de las Siete canciones populares españolas de Falla) y sin partitura, aprendido todo de principio a fin. Pero nada de eso habría tenido mucho valor si no fuera por su admirable forma de cantar, su precioso timbre capaz de seducir y convencer al más recalcitrante, y de modular y articular con esa maestría que convierte lo complejo en fácil, como si no supusiera esfuerzo alguno. Así comenzó con tres Lieder de Brahms que recorrieron su ánimo desde una exultante felicidad (Serenata) a la más íntima nostalgia (Feldeinsamkeit), pasando por el desencanto del amor en Da unten im Tale, siempre con la expresividad justa, transmitiendo con la voz, su pulso, su color y su tono, ese estado de ánimo aludido. Algo así ocurrió también con cuatro de las Cinco canciones op. 40 del especialista en el género Robert Schumann, con especial peaje en Muttertraum, un sueño de la madre que Connolly desgranó con una dulzura y una capacidad para conmover más allá de lo imaginable.


Mahler era el principal reclamo del programa
, con sus dos ciclos basados en poemas de Friedrich Rückert repartidos entre la primera y la segunda parte del programa. Sinceridad y responsabilidad son dos calificativos que definen a la perfección la manera de Sarah Connolly de abordar los sentimientos del poeta alemán que Mahler convirtió en música. A destacar en Rückert-Lieder su magistral forma de cantar Um Mitternacht, pasando de la introspección más profunda, traducida en una voz densa y oscura, a la manifestación de exaltación que supone el final envuelto en rutilantes sobreagudos. Y muy especialmente su sobrecogedora manera de entonar Ich bin der Welt abhanden gekommen (He perdido contacto con el mundo), paradigma de la contención y el sentimiento introvertido que Connolly y el piano cómplice de Middleton convirtieron en pura magia conmovedora. También en los Kindertotenlieder pudimos apreciar la proverbial facilidad de la mezzo para sobrecogernos, muy especialmente en Im diese Wetter, in diesem Braus que sintetiza el inmenso dolor por la muerte de un niño, ahora que tantas noticias tenemos de su sufrimiento. El resto del programa, las Tres canciones de Bilitis de Debussy y una selección de autores ingleses, las defendió con una estética de recitativo profundamente sensual en el caso del compositor impresionista, y con la elegancia y la autoridad que saben imprimir en sus canciones autores como Frank Bridge o John Ireland. Encima supo entonar a Falla con todo el gracejo andaluz que sus canciones demandan. Para colmo, el comportamiento del público fue ejemplar, añadiendo magia, calidez y emoción a tan relajante manifestación de arte y buen gusto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 7 de agosto de 2022

CECILIA LAVILLA BERGANZA, ILUMINADA

XXIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Cecilia Lavilla Berganza, soprano. Miguel Ituarte, piano. Programa: Seis Lieder de “Jucunde” op. 23, de Clara Schumann; selección de Lieder de Fanny Mendelssohn; selección del ciclo “Clairières dans le ciel”, de Lili Boulanger; selección de chansons de Cécile Chaminade. Sábado 6 de agosto de 2022


Acertó Cecilia Lavilla Berganza en dedicar a su madre, fallecida el pasado 13 de mayo, la pieza que cantó como propina, Le dernier sorcier de Pauline Viardot, entroncando además con la ciudad que de nuevo le dio la bienvenida, y con la que estas noches del Alcázar repitió una noche más lleno absoluto. Y acertó además en emocionarse y emocionarnos a nosotros y nosotras, que tanto echamos y seguiremos echando de menos a la insigne mezzosoprano madrileña, tan asociada a Rossini como lo estuvo el sevillano Manuel García, padre de la Viardot. Unas asociaciones de ideas tan bien hilvanadas que dan buena muestra del milagro de la vida, la fascinación de sus vericuetos y la celebración aun en la muerte de las experiencias vividas sobre la Tierra.

Antes, su voz se manifestó en mejor forma que nunca, rutilante y fresca, capaz de conmover y suscitar la mayor de las atenciones, con un programa integrado exclusivamente por obras compuestas por mujeres. Podríamos pensar que este tipo de conciertos son fruto de la moda de lo políticamente correcto, si no fuera porque somos conscientes de la necesidad de visibilizar el trabajo de quienes durante tanto tiempo fueron silenciadas y ninguneadas, y porque descubrimos que a menudo su trabajo era tan digno de interpretarse y celebrarse como el de los más populares clásicos habituales. Acompañándola, su inseparable Miguel Ituarte, un buen conocido de la ciudad, tanto cuando actúa en solitario como cuando lo hace acompañando. Tiene mérito que Lavilla entonase el programa de seguido, algo inevitable cuando de un ciclo completo se trata, pero evitable con interludios instrumentales que permitan descansar la voz, cuando de selecciones va la cosa. Y tiene mérito que Ituarte tocara todas las piezas de memoria, algo poco habitual cuando se trata de un repertorio tan relativamente insólito como el propuesto en esta ocasión. Lo cierto es que Lavilla e Ituarte repasaron tres épocas y estilos, dos idiomas y cuatro compositoras con tanta facilidad y frescura que todo resultó fluido y elegante.


Aun con la amplificación preceptiva, es evidente que la soprano abarca un amplio registro y consigue una proyección más que generosa, lo que unido a una indiscutible facilidad para la inflexión, el color, la agilidad y el control dinámico, devino en pura delicia cuando entonó las canciones de Clara Schumann, más próximas en estilo a Schubert que a su propio esposo, permitiendo a la voz expresar carácter épico (Was weinst du, Blümlein) y melancólico (Auf einem grünen Hügel). El brillo de su voz se hizo patente también en los Lieder de Fanny Mendelssohn, con quien tanto se especula si poseía el mismo o más talento que su afamado hermano Felix, estos en general de tono más patético y concentrado y con un estilo más genuino y personal. Tras ellas se hizo presente la influencia debussyana en las seis canciones seleccionadas de las trece que integran el ciclo Clairières dans le ciel de Lili Boulanger, que Lavilla defendió con impecable entonación, apartándose discretamente de la tonalidad, mientras Ituarte se empeñó a fondo para marcar sus interesantes, y tintineantes, juegos de timbres y colores. Finalmente, fueron las chansons de Cécile Chaminade, otra compositora muy reivindicada en las últimas décadas, las encargadas de cerrar tan magnífico recital, de nuevo con un previsible estilo romántico asociado a la estética de salón y cierto sentido del humor. De todo ello se hizo eco perfectamente la voz, la expresividad y la puesta en escena de Cecilia Lavilla, acompañada sensacionalmente por el pianista vasco, juntos marcando uno de los conciertos de mayor categoría de la presente edición de las Noches del Alcázar.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de marzo de 2022

FERNÁNDEZ-RUEDA, EL ROMÁNTICO PERFECTO

Temporada 2021-2022 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Francisco Fernández-Rueda, tenor. Leo Rossi y Valentín Sánchez, violines; José Manuel Navarro, viola; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo. Programa: Winterreise D.911, de Schubert (versión para voz y quinteto de cuerda, de Desirée Martín). Espacio Turina, sábado 12 de marzo de 2022


El irresponsable ensayo de bulla de Semana Santa, sin apenas mascarillas, que se respiraba ayer, antes de la lluvia, en las calles del centro de Sevilla, parecía indicar que la pandemia es ya agua pasada. Nada más lejos de la realidad, de hecho Valentín Sánchez tuvo que ocupar el hueco dejado por el inicialmente previsto violinista Hiro Kurasaki, un incondicional de la Barroca de Sevilla que no pudo viajar hasta la ciudad por haber contraído el covid. Leo Rossi pasó a ocupar su lugar, y Sánchez el que en un principio debía adoptar el primero. En cierto modo fue una lástima porque guardamos muy buenas sensaciones de las ya varias ocasiones en las que el intérprete japonés afincado en Viena ha tocado en Sevilla. Afortunadamente el buen hacer y la incontestable profesionalidad de los músicos sevillanos facilitó que los resultados fueran igualmente solventes.

En los atriles una versión muy especial, la que ha preparado la compositora de Dos Hermanas Desirée Martín, muy vinculada a Proyecto eLe, especialmente al espectáculo Sinergias del ciclo Luces de barrio que este promueve desde hace un par de años. Consiste en un arreglo para quinteto de cuerdas que el tenor estepeño y la Barroca estrenaron en mayo del año pasado en el Teatro López de Ayala de Badajoz, dentro del Festival Ibérico de la ciudad. Un arreglo concienzudo con el que la joven compositora procura no alejarse ni un ápice del espíritu romántico que informa la partitura, ni de ese estilo tan característico de Schubert capaz de sumergirnos en una profunda melancolía a la vez que inspirar en nosotros y nosotras un sentimiento de esperanza tan adecuado en estos aciagos tiempos en los que tanta necesidad tenemos de ella. Martín aprovechó en su versión para potenciar los sonidos onomatopéyicos que tan a menudo emergen en la música concebida por el autor para el teclado, así como para descubrir en sus pentagramas emociones y sentimientos renovados, siempre desde el respeto y la confianza en el inigualable original, como alternativa, nunca como mejora o reforma. A ella se plegaron con ductilidad y morbidez una plantilla selecta, tan proclive a acentuaciones y contrastes como a un cuidadísimo trabajo en las dinámicas, sin que apenas merezcan considerarse algunos desajustes puntuales que no amargaron el resultado final.

Una voz comprometida y poderosa

Fernández-Rueda y los solistas de la Barroca aplauden a
Desirée Martín, autora del arreglo para quinteto interpretado
Todavía conmovidos por la maravillosa selección que del ciclo entonó el bajo Önay Köse en esta misma sala hace algunas semanas, y que paradójicamente solo un muy limitado número de asistentes tuvimos ocasión de disfrutar, la de Fernández-Rueda se antojaba una más convencional para tenor. Ya destacábamos entonces la facilidad con la que Viaje de invierno se adapta a cualquier tesitura, siempre teniendo la de barítono como referente, gracias a la muy recurrente versión de Fischer-Dieskau que todos y todas tenemos en mente. Fernández Rueda atacó el ciclo completamente de memoria, evidenciando un trabajo duro y esforzado, seguramente de meses de gestación, en el que el tenor ha fagocitado la partitura y su poemario para asimilarlo de tal forma que las palabras emerjan con la mayor sinceridad posible y una expresividad atenta y ajustada tanto a los textos de Wilhelm Müller como a la milagrosa música de Schubert.

El tenor sevillano adoptó un tono heroico, próximo a la lírica wagneriana, pero sin olvidar en ningún momento el carácter liederístico de su propuesta, que se debe ajustar a una expresividad no tanto teatral ni excesivamente dramática como más emotiva y emocional. Así, haciendo gala de una voz perfectamente apoyada, sin inflexiones melodramáticas ni cambios bruscos de registro, Fernández-Rueda logró conmovernos en páginas como El tilo, puro romanticismo, henchido de belleza e intención, de la misma manera que atacó los pasajes más agrios y contundentes con un especial ahínco y una fortaleza al alcance no de todas las voces. Especial mención nos merece su rendición de Die Wirthaus (La posada), donde logró agudizar el tormento y la infinita tristeza que lo informa, entonada con mucha precisión, delicadeza, seguridad y sentido dramático, además de imprescindible elegancia. Para todo ello aprovechó las cualidades de una voz de generosa proyección y envidiable potencia, con una dicción clara y definida, así como una pose estudiada al milímetro sin por ello traicionar lo más mínimo el espíritu de sinceridad con el que acometió su delicada empresa. El resultado fue casi hora y media de disfrute respondido con un cálido, agradecido y dilatado aplauso.

Fotos: Lucas Gómez
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 27 de febrero de 2022

ÖNAY KÖSE, UN REGALO DE LOS DIOSES

Lieder en Turina. Made in Seville. Önay Köse, bajo. Francisco Montero, piano. Programa: Selección de Winterreise D911 Op. 89, de Schubert; Anakreóns Grab, Michelangelo Lieder y Harfenspieler Lieder, de Wolf; Quatre chansons de Don Quixotte, de Ibert. Espacio Turina, sábado 26 de febrero de 2022


¿Quién es Önay Köse? ¿Qué sabemos de él? Antes de anoche prácticamente nada. Acudimos a esta cita del Espacio Turina atraídos por su propuesta liederística, un género todavía demasiado ausente en nuestra cartelera. Pero lo hicimos también atraídos por su acompañante, Francisco Montero, un joven pianista sevillano, natural de Pilas, porque quienes tuvieron el acierto de atender su concierto en esta misma sala hace poco más de un año, no dudaron en celebrar sus aptitudes. Y nos encontramos con una sala prácticamente vacía, en el patio de butacas apenas unas veinte personas. No alcanzamos a comprenderlo, y no podemos justificarlo con el puente de Andalucía, pues fuera las calles estaban como siempre, atestadas, igual que bares y restaurantes. No entendemos que existiendo una asociación de amigos de la lírica que llena cuando presenta a sus jóvenes talentos, que algunas veces no lo son tanto, nadie se preocupara por aprovechar esta cita, como tampoco entendemos que el propio Montero, profesor del Conservatorio y sevillano como es, no se encargara de avisar a diestro y siniestro de que lo que anoche se cocía era una de las citas más estremecedoras a las que nos íbamos a enfrentar en lo que a voces se refiere. Algunos nos congratulamos de que, por azares de la vida, decidiéramos quedarnos en Sevilla y dedicarle apenas hora y media de nuestro tiempo a colmar nuestro apetito melómano de forma tan satisfactoria.

Ahora sabemos que Köse es un bajo joven, turco de nacimiento pero afincado en Berlín, donde ha acometido diversos papeles de peso en conocidas óperas. Que también ha cosechado mucho éxito en Canadá, donde la prensa y el público se ha deshecho en elogios y se ha rendido a sus pies. A falta de saber cuál es su rendimiento a nivel de canto e interpretación en el escenario de una ópera, constatamos anoche que su rendimiento ante los hermosos y muy tristes lieder seleccionados para la ocasión, fue sencillamente estratosférico. Inútil nos resulta en estos casos analizar una a una las piezas interpretadas, más bien asimilamos el evento como un todo, inalcanzable e indivisible, en el que el canto rotundo, fluido y moldeado a voluntad, se fundió con el arte indiscutible de Montero al piano, capaz de adaptarse como un guante a cada decisión expresiva de la voz, e incluso quizás de trabajar cada inflexión, matiz y detalle en perfecta comunión con el cantante.

Canciones de amor y muerte

Önay Köse
Ya desde los primeros acordes de Gute Nacht entendimos que aquella no era una voz cualquiera. Su majestuosidad, su absoluta rotundidad y una proyección y potencia para la que el Espacio Turina se quedó pequeño, nos cautivaron desde un principio y nos predispuso para el viaje propuesto. Ese Viaje de invierno que Köse desarrolló con tanto estilo y buen gusto que fue imposible sustraerse a la emoción que destilan las palabras de Müller y la excelsa música de Schubert. El Lied en su máxima expresión, defendido a capa y espada por una voz bendecida por los dioses, que mantuvo toda esa eclosión de emociones en los números seleccionados siguientes, con paradas como la de ese Rast (Descanso), rico en inflexiones, articulado con majestuosidad y emoción, cambios de registro oportunos en los que incluso las impostaciones de la voz sonaron naturales, nunca forzadas ni artificiales. Köse moduló el tono de la alegría a la desesperación con facilidad, especial domino del rango dinámico y proverbial capacidad para transmitir melancolía. Hace con su voz lo que quiere, y convence tanto en todo el rango de su amplia tesitura como pudieran hacerlo barítonos, contraltos e incluso tenores en las inagotables aportaciones que han hecho al ciclo. El cantante no dudó en estirar pasajes, ralentizar otros, incluir silencios y explorar matices con tal de exprimir al máximo la honda tristeza y absoluta expresividad con que Schubert acometió su canto del cisne, y lo logró conmoviéndonos y llegando hasta nuestro corazón.

Francisco Montero
Huelga destacar la profundidad de su voz, un timbre espléndido y metálico, una claridad absoluta y una facilidad estremecedora en la articulación, cualidades que destacaron en el resto del programa, cantado ya sin partitura, exhibiendo pleno dominio de música y letra en el caso del amplio recorrido por otro de los máximos exponentes del arte liederístico, Hugo Wolf, ahondando todavía más en esas citas con la muerte que anunciaba Viaje de invierno, y que se materializó en la breve y cautivadora Tumba de Anacreonte, y continuó con las Canciones de Michelangelo, único ciclo que su autor consideraba como tal, y que encontró el máximo esplendor de expresividad y profunda melancolía en Fühlt meine Seele das ersenhte Licht (¿Siente mi alma la luz anhelada?), así como una evidente demostración de trauma y tortura por el sentimiento de culpa en las Canciones del arpista, un ciclo inspirado en Goethe con el que Wolf demuestra un perfecto entendimiento del universo del escritor alemán, y que Köse fue capaz de traducir con todo el sentimiento y el misterio que las páginas demandan. Con las Canciones de Don Quijote que Jacques Ibert compuso para la película de George Wilhelm Pabst de 1932, cambió el tono y la estética. Concebidas para el bajo ruso Feodor Chaliapin, son más luminosas que el resto del programa, y el toque ligeramente español que contienen fue muy bien descrito, con suma elegancia, tanto por la voz como el impagable trabajo de Montero, siempre atento a las inflexiones de la voz, adherido a ella como un todo. Las propinas acabaron de redondear la exhibición, con dos imprescindibles de Strauss, Morgen (Mañana) y la exuberante Zueignung (Dedicatoria) sublimando una propuesta que logró arrancarnos más de una lágrima.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 7 de febrero de 2021

LAS FLORES DE INVIERNO DEL DÚO NACHTIGALL

Aylén Bárbara Gerull, soprano. Yolanda Sánchez Domínguez, piano. Programa: Lieder de Schubert y Grieg y canciones de Falla. Espacio Turina, domingo 7 de febrero de 2021

Éramos muchas las personas que esperábamos con ilusión el reencuentro con Yolanda Sánchez, que tanto nos hizo disfrutar con su carismático proyecto La casa de los pianistas, un espacio dedicado a la interpretación y la pedagogía del más popular de los instrumentos musicales, cuyo emplazamiento en la calle Cano y Cueto desapareció con las restricciones virales para ser sustituido por una academia de baile. Esperamos que cuando se relajen las circunstancias la pianista y profesora pueda retomar tan extraordinaria empresa en algún otro lugar emblemático de Sevilla. Mientras tanto dicho reencuentro vino de la mano de la interpretación, de la que ya dio buenas muestras en su pequeño auditorio en diciembre de 2019, ejerciendo como ahora labores de acompañante, algo para lo que su perfil se va consolidando y convenciendo ampliamente.

Formado el pasado verano, durante la tímida tregua que dio el covid, el Dúo Natchtigall hermana a Yolanda con Aylén Bárbara Gerull, una polifacética y enérgica joven alemana que parece también haber encontrado en nuestra ciudad su paraíso particular, alternándola con su Hamburgo natal y la isla de Fuerteventura. Un espíritu inquieto e intrépido que se trasluce también en su presencia en el escenario, llena de vitalidad y ese joie de vivre que muchos disfrutan pero no tantos son capaces de transmitir; ella sí sabe hacerlo, y eso ya le vale considerarla artista. En el programa un buen ramillete de lieder de Schubert y Grieg, tanto como el de las flores que inundaron paulatinamente el escenario y daban título al concierto, ese tiempo de rosas extraído de uno de los Lieder opus 48 del compositor noruego que recrearon como centro neurálgico de su recital, y de donde también proviene ese Nachtigall o Ruiseñor que les ha bautizado.

Sensibilidad y espectáculo

Como pianista, Yolanda es capaz de exhibir una claridad interpretativa no al alcance de cualquiera, prestando una considerable atención a cada matiz y detalle y manteniendo en todo momento el estilo y espíritu poético de cada composición, a la vez que una proverbial capacidad para mantener el equilibrio y la coordinación con su compañera. Salvo en un par de ocasiones en que llegó a bloquearse ligera y casi imperceptiblemente, la pianista ofreció una lección de buen pianismo y excepcional virtud para el acompañamiento, llena de sensibilidad y precisión. Por su parte, Gerull exhibe una saludable capacidad para enganchar con el público y ofrecer espectáculo. Tiene más vis cómica que dramática, y cierta tendencia a la sobreactuación, pero su alegría contagiosa y la ilusión que se le adivina la hacen sin duda entrañable. Frente a eso se amortigua el pesar que provoca que le cueste controlar su voz, por otro lado generosa y sobradamente proyectada. Tiende sin embargo a perder el tono, exagerar la expresión y sonar ocasionalmente desequilibrada y estridente, todo lo cual no impidió hallar momentos de inusitada belleza, como en esas Lágrimas heladas del Viaje de invierno schubertiano, o precisamente el Ruiseñor discreto de Grieg.

Esta vez no hubo proyección en pantalla de los poemas de Müller, Uhland o Geibel, por citar algunos de los convocados, pero con su particular desparpajo y desvergüenza, Gerull se encargó de introducir con expresivas traducciones y movimientos escénicos cada pieza interpretada, utillaje incluido, sin reparar en que la virtud del lied reside en expresar la emoción a través de la línea de canto y el recital poético, sin grandes aspavientos ni excesos dramáticos. Pero esto es lo que ella ofrece y como tal vale. Para terminar, el Paño moruno de Falla y de propina su Nana, también de las Siete canciones populares, y el público divertido y entregado... ¡Cuánta alegría en ese cuerpo y qué punto de locura tan agradable!

Artículo publicado en El Correo de Andalucía
Fotografías: Jesús Barrera

miércoles, 21 de octubre de 2020

EL VIRTUOSISMO DESVERGONZADO DE ROSIQUE Y VAN OORT

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Ruth Rosique, soprano. Bart van Oort, fortepiano. Programa: Canciones de Haydn, Mozart, Beethoven y García. Sonata en Do menor Hob. XVI:20, de Haydn; Sonata nº 14 en do menor Op. 27 nº 2 “Mondschein Sonate”. Espacio Turina, Martes 20 de octubre de 2020

Foto: Luis Ollero
Mal se están poniendo las cosas para que unas programaciones diseñadas con tanto esmero como ésta de Rafael Ruibérriz y la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla mantengan su calendario intacto durante los días venideros. Crucemos los dedos para que el sector no vuelva a vivir la tragedia padecida durante los peores meses de la pandemia y gocemos con citas como la que anoche nos brindaron Ruth Rosique y Bart van Oort en el Espacio Turina, con un exquisito programa bajo el brazo. Un ramillete de flores integrado por las poco habituales canciones de Haydn, Mozart, Beethoven y García, y un par de imprescindibles sonatas bajo el también poco habitual sonido del fortepiano.

Rosique derrocha garbo allá por donde pisa y volvió a demostrarlo nada más empezar, sentando las bases de cómo discurriría el recital y haciendo algo que deberían hacer muchos intérpretes, sugerir que no se aplaudiese hasta finalizar cada bloque en el que se dividía el programa. A partir de ahí evidenciamos que su voz ha madurado aún más, ha adquirido más cuerpo y firmeza en el registro grave, lo que sumado a su proverbial facilidad para expresar y transmitir las emociones exactas, convirtió la experiencia en un disfrute absoluto para todos los sentidos. En los atriles unas canciones preciosas de los grandes maestros del clasicismo, a las que Rosique dio el tono justo, amables y encantadoras las de Haydn, con un amplio sentido poético bañado en ligereza y claridad, con un carácter más operístico en las de Mozart, como ese Dans un bois solitaire que parece toda una escena lírica, contando siempre con la habilidad de la soprano para afrontar distintos roles y caracteres, y el valor añadido de un minucioso acompañamiento al fortepiano, marcando acentos e intenciones. En el caso de Beethoven la selección fue más propia de un tenor, de ahí su carácter épico y casi heroico, que la soprano gaditana afrontó sin sentido del pudor y siempre en estilo, con el tono justo en piezas como Ich liebe, dich, so wie dumich (Zärtliche Liebe), que en el caso de Aus Goethes Faust se tradujo en pura comicidad con la complicidad del teclado. Rosique demostró por lo tanto dominio del arte liederístico en perfecto alemán, inglés, francés e italiano, además de servir de improvisada intérprete del teclista, algo que no es precisamente fácil.

Entre el clave y el piano

Bart van Oort es todo un maestro del fortepiano y más que reconocido docente en la materia, que ha devuelto a muchas de las obras del clasicismo su estética original en innumerables grabaciones. Se empeñó con la sonata de Haydn, la primera que el autor se atrevió a identificar así y desde luego la mejor de su catálogo, en justificar la necesidad de interpretar estas obras en sus instrumentos originales. La verdad es que esta Sonata Hob. XVI:20 fue compuesta para clave, y solo tras su publicación casi una década después se modificó para ser ejecutada al fortepiano. Se trata de una pieza de muy difícil ejecución y van Oort dejó muy clara su fuente clavecinista, con articulaciones rígidas y secas y un amplio sentido de la ornamentación. Del mismo modo trazó la inminente transición al piano con la famosa sonata Claro de luna de Beethoven, ya con un sonido más relajado y unas articulaciones más flexibles, que en el presto agitato final se tradujo en un torbellino de notas y emociones. 

Dos canciones de Manuel García, y fuera de programa las Sevillanas del siglo XVIII recopiladas por Lorca, sirvieron para que los artistas se expresaran en otro registro, con un toque agitanado y haciendo hincapié en el desvergonzado virtuosismo que caracterizó toda la velada. Pensar en Teresa Berganza en este punto fue inevitable, y una prueba más de los muchos quilates que vale Ruth Rosique, que todo lo hace bien. Todavía esperamos verla cantar musicales, aunque de momento podemos adivinar cómo lo haría según su forma de acercarse a Haydn al principio de este encantador concierto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 11 de enero de 2020

LA POESÍA ARREBATADORA DE JAROUSSKY Y DUCROS

Philippe Jaroussky, contratenor. Jérôme Ducros, piano. Programa: Selección de Lieder, Klavierstück D 946 nº2 e Impromptu D 899 (op. 90) nº 3, de Schubert.
Espacio Turina, viernes 10 de enero de 2020

Ducros y Jaroussky en el ensayo. Foto: Óscar Romero
El Espacio Turina va recuperando, e incluso superando, su función como templo absoluto y necesario de la música seria en la ciudad, con una programación cada vez más abundante y salpicada de grandes encuentros, como el que protagonizó anoche el más famoso de cuantos contratenores existen en la actualidad, Philippe Jaroussky. El francés recaló por segunda vez en nuestra ciudad, tras cinco años de aquel mítico recital en el Maestranza. Como entonces vino haciendo un repertorio insólito para su tesitura, asociada por tradición y evolución natural al barroco. Si en aquella ocasión se trató de melodía francesa, en ésta fueron los lieder de Schubert los convocados, algo que en un principio y a priori contó con nuestra falta de confianza debido a prejuicios que identifican más este repertorio con voces fundamentalmente de mezzo y barítono. Hoy sin embargo se ha convertido en una especie de moda encarar estas canciones por contratenores, como ya tuvimos ocasión de comprobar hace apenas unos meses de la mano de Xavier Sabata en este mismo espacio, abordando con solvencia y sin complejos el Viaje de invierno del propio Schubert. Lo curioso es que los mismos puristas que no aceptan la interpretación musical sin criterios historicistas, aplaudan estas intromisiones, en principio fuera de estilo, en el Romanticismo.

Sin embargo al final nos queda la música, servida con excelencia y sentimiento como muy bien hizo el artista galo, y no tenemos más que rendirnos y celebrar la ocasión. En su comparecencia sevillana Jaroussky estrenó esta nueva faceta liederista que le llevará mañana a Valencia y después a Barcelona, ciudad a la que volverá junto a Madrid en mayo ya para rendirse a su repertorio barroco habitual junto al Ensemble Artaserse. Todo un hito que el numeroso público congregado aplaudió con una entrega total y esa fascinación que solo los grandes son capaces de suscitar. Cierto que en su particular forma de encarar el programa saltaron técnicas y estéticas propias del barroco, una modulación frecuentemente rígida y ciertos forzados en la voz que provocaron cambios de color, como fácilmente pudimos apreciar en el dramático Gruppe aus dem Tartarus que cerró la primera parte. Pero en general Jaroussky sonó más que convincente, amoldándose con facilidad a los distintos registros expresivos propuestos, del apacible Im Frühling y el emotivo An die Musik al sombrío Des Fischers Liebesglück o el muy sentimental Nachtstück que cerró la poética propuesta.

Foto. Óscar Romero
La riqueza melódica de Schubert se benefició del exquisito gusto del contratenor, su fraseo elegante y la sincera y natural emisión de su voz, alcanzando el paroxismo de la espiritualidad en un Litanei que enlazó directamente con el tercero de los famosos Impromptus D 899 del compositor austriaco en una suerte de elegía infinita que encandiló al público y nos puso en comunicación directa con el portentoso pianista Jérôme Ducros, su acompañante inseparable en recitales y registros. Tanto en esta pieza como en la delicadísima Klavierstück D 946 nº 2, que también interpretó en solitario, Ducros demostró ser un maestro del piano, capaz de extraer poesía con una extraordinaria sensibilidad, sin estridencias ni amaneramientos, siempre con una delicadeza y una elegancia fuera de serie, características que brillaron también en un acompañamiento que nunca estuvo en segundo plano pero tampoco empañó al contratenor. Por cierto que Jaroussky alternó en sus bloques los lieder amables, distendidos y ocasionalmente agitados, como An Silvia, con los más melancólicos y desesperados, con significativas referencias al desamor y a la atracción por la Naturaleza, como Du bist die Ruh. En la propina rubricó esta significativa velada para la ciudad y el Espacio Turina con una muy sentida interpretación del célebre Ständchen de la colección póstuma Schwanengesang. ¡Enhorabuena!

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 30 de noviembre de 2019

CRISTINA BAYÓN AMPLÍA REPERTORIO CON LOS SCHUMANN

Cristina Bayón, soprano. Noelia Sierra, piano. Programa: Frauenliebe und Leben Op. 42, de Robert Schumann; Sechs Lieder OP. 13, Soirées musicales Op. 6 nº 2 y Selección de Lieder, de Clara Schumann. La Casa de los Pianistas, viernes 29 de noviembre de 2019

Nada más acertado que programar una tarde de lieder en La Casa de los Pianistas. Su carácter recogido e íntimo recrea esas agradables soirées que debieron compartir gente amiga y aficionada de los artistas que las convocaban, en cálidos salones de una burguesía eminentemente urbana. Entre sus múltiples e inagotables iniciativas, Yolanda Sánchez contó anoche con una nueva propuesta de la soprano sevillana Cristina Bayón y la pianista Noelia Sierra, que tanto ha compartido con la anfitriona. Consiste en un recital de lieder con el matrimonio Schumann como eje de su hilo argumental, y especialmente Clara Wieck, que es su nombre de soltera, cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento. Una conmovedora y bien conocida historia de amor y superación transformada en una suerte de epistolario romántico a través de los poemas preferidos del matrimonio.

Comenzar con Vida y amor de una mujer, uno de los varios ciclos que Schumann compuso impulsivamente en 1840 tras lograr la mano de su amada después de muchos litigios e inconvenientes, fue toda una declaración de intenciones así como perfecta ambientación en una época pretérita e irrepetible. No deja de ser sintomático que siendo Clara una mujer adelantada a su tiempo, madre y amante esposa pero también fecunda pianista aclamada en toda Europa, lo que le daba una independencia insólita para la época, Schumann le declarase su amor con este ciclo inspirado en los poemas de Adelbert von Chamisso que ilustran una convencional vida de mujer basada en el respeto y la admiración a su esposo, y sin embargo qué hermosa declaración.

Bayón, que ha dedicado prácticamente toda su vida artística al barroco, en recitales, conciertos y óperas, evidencia una voz afectada que no siempre acierta a evocar el carácter y el espíritu con el que se debe abordar el lied. Y sin embargo qué capacidad para conectar con un público del que hábilmente sabe extraer esa concentración que acaba por convertir la velada en un gozoso entretenimiento. Aunque algunas líneas melódicas y expresivas se perdieran en el exceso de temperamento y teatralidad con la que la soprano abordó estas canciones, su suntuosa y musculosa voz, generosa en cuerpo, encanto y belleza tímbrica, logró un ciclo más que aceptable, con momentos álgidos como ese vigoroso Ich kann’s nicht fassen (No puedo creerlo) o el conmovedor Du Ring an meinem Finger (Tú, anillo en mi mano).

Sensibilidad de mujer

Noelia Sierra, que como acompañante ejerció su papel impecablemente, adaptándose a Bayón pero manifestando en todo su esplendor ese romanticismo que inspira las páginas seleccionadas, con notable expresividad y una indiscutible sensibilidad, ofreció una preciosa y muy equilibrada recreación de la segunda de las seis Soirées musicales de Clara Schumann. Fue en una segunda parte en la que Cristina Bayón entonó tres de los cuatro lieder Op. 12 basados en poemas de Friedrich Rückert, unas preciosas miniaturas de tan necesaria reivindicación como disfrutable escucha. También aquí la soprano acentuó temperamento y gestualidad, mientras evidenció una técnica bastante artificiosa. A pesar de esa falta puntual de naturalidad, su entusiasmo y esa hermosa voz de amplio registro y adecuada tesitura nos permitió disfrutar de su canto y estilo, más incluso que en la primera parte.

Aunque desde temprana edad Clara Schumann solía incluir canciones propias en sus recitales de piano, no fue hasta contraer matrimonio con Robert que aumentó su producción, animada por su esposo y con la frecuente finalidad de ofrecerle sus lieder como regalo de aniversario o navideño. En ese contexto situamos su opus 13, en el que se incluyen cuatro de esos regalos y dos composiciones nuevas, siempre enfocadas hacia el amor y la admiración a su cónyuge o amado. Bayón entonó canciones como Sie liebten sich beide (Estaban enamorados) o Ich hab’in deinem Auge (Una vez vi en tus ojos) con mucho sentido de la emoción, marcando dinámicas hasta acentuar su peso dramático. Del resto de lieder que cantó destacamos el soberbio Lorelei, una historia de pasión y destino fatal que pudimos disfrutar en su plenitud gracias al entusiasmo de las intérpretes y el acierto de proyectar la traducción de los poemas en una pantalla, fundamental para disfrutar de este género en su plenitud.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 7 de septiembre de 2019

LAS CANCIONES A LA LUNA DE MARTA INFANTE

20ª Edición Noches en los Jardines del Alcázar. Marta Infante, mezzosoprano. Jorge Robaina, piano. Programa: Selección de canciones de los ciclos In Folk Tone Op. 73, 4 Lieder Op. 82 y Canciones gitanas Op. 55, de Dvorák; Selección de Lieder de Schumann y Schubert. Viernes 6 de septiembre de 2019

Foto. Actidea
Poca atención se le ha prestado nunca a la música vocal de Antonin Dvorák. Su obra sinfónica y camerística ha eclipsado incluso a la generosa cantidad de ópera que compuso, de la que apenas ha trascendido Rusalka. Su famosísima Canción de la luna y la grandiosa interpretación que de ella hizo en su día Lucia Popp, entre otras muchas grandes sopranos que la han abordado, a la que podemos considerar una de las pocas grandes voces que han prestado atención a los ciclos de canciones y lieder que compuso el músico checo, marcaron en cierto modo el tono y el estilo con el que Marta Infante se acercó a este fascinante universo más allá del nacionalismo checo con el que el compositor de la Sinfonía del Nuevo Mundo suele identificarse.

La enorme dificultad del idioma puede haber sido uno de los principales escollos a la hora de frecuentar este repertorio por otro lado tan hermoso y variado. Pero para Marta Infante esto no parece ser un obstáculo. Su prodigioso dominio de la lengua, cultivada durante años de residencia en la República Checa, le han permitido acercarse a la música vocal de Dvorák con notable naturalidad y sentido del equilibrio, como muy bien demostró en este singular recital en los Jardines del Alcázar. Un jardín y una luna a las que poder brindar estas exquisitas canciones, interpretadas de continuo, sin interludios instrumentales con los que descansar la voz, fueron el escenario ideal para disfrutar de la belleza de un programa que mezzo y pianista han grabado para la posteridad bajo el sello granadino Ibs Classical; un registro imprescindible para acercarse a esta maravillosa música en el mejor de los vehículos pensable.

Portada del disco que Robaina e Infante han dedicado
a las canciones de Dvorák
Tal fue la excelencia con la que Infante, a quien habitualmente hemos disfrutado en territorios muy distintos, especialmente el barroco, y la prodigiosa fusión alcanzada con su acompañante al piano, nos ofrecieron piezas tan delicadas como ese Dobrou Noc (Buenas noches) con el que empezó este particular viaje por la nostalgia y la belleza de la tierra añorada, o la conmovedora Kéz duch muj sám (Mi alma solitaria) de las Cuatro canciones Op. 82, que la mezzo ilerdense entonó con delicadeza, naturalidad, un fraseo limpio y una vocalización nítida, hipnotizándonos con su rutilante voz, grave y aterciopelada, conmovedora al apianar y segura y precisa en todo momento. Parte de ese tono elegante y exquisito que disfrutó en todo momento la exhibición se debió por supuesto a la simbiótica interpretación del pianista canario.

El dúo brilló incluso en las canciones más coloristas y de tono más folclórico, como Zalo devca (Segaba la niña) o Struna Naladena (La cuerda bien afinada), que Infante cantó con autoridad y un fuerte componente racial que haría palidecer a cualquier paisana del autor. De igual forma acertaron en su capacidad para transmitir dulzura con piezas clave como Kdyz mne stará matka (Canciones que me enseñó mi madre) del ciclo de Canciones gitanas. Y para enmarcar estas composiciones en la gran tradición europea de la que sin duda bebió Dvorák a la hora de escribir estas sensacionales piezas, se incluyeron en el programa dos lieder de Schumann del ciclo Mirtos y otros dos de Schubert, incluido el muy trágico y visceral Der Zwerg (El enano), que Infante entonó con proverbial acierto y perfecta adaptación de estilo, si bien la larga duración del muy reiterativo Viola podría haberse evitado dando lugar por ejemplo a no sacrificar dos de los Cuatro Lieder de Dvorák. Y es que aunque tuvieron el acierto de hacer, con gran alarde comunicativo, una sinopsis de cada canción, la de Schubert pierde parte de su sentido si no se sigue al pie de la letra. Con todo, una sensacional cita de esas que nunca se olvidan, y un motivo de satisfacción que emerja de aquí una manifestación tan espléndida de una música surgida tan lejos y en tan distintas condiciones.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 13 de marzo de 2012

LA HERMOSA VOZ DE BARBARA HENDRICKS EN EL MAESTRANZA

Recital lírico. Barbara Hendricks, soprano. Ariane Jacob, piano. Programa Lieder, mélodies, songs y canciones de Schubert, Fauré, Mahler, Barber y Falla
Teatro de la Maestranza, Domingo 11 de marzo de 2012

Cuando atendemos a quien se mantiene en activo desde hace cuatro décadas es habitual encontrar una voz manchada por el paso del tiempo. Barbara Hendricks nos ha dado buenas muestras de su versatilidad en anteriores visitas a la ciudad, la última hace tres años en el Lope de Vega homenajeando a Billie Holiday. Esta vez se ha atrevido con un programa extenso y ambicioso en torno al dificilísimo arte del lieder, manteniendo un timbre hermosísimo, un gusto exquisito en el fraseo y la modulación y una memoria prodigiosa.

Acompañada por una pianista de evidente sensibilidad y muy precisa digitación, la frágil y muy elegante Ariane Jacob, la soprano abordó una primera parte de carácter sobrio y melancólico, coincidiendo con Thomas Hampson, de cuya excelente forma disfrutamos apenas hace un mes, en los Rückert-Lieder de Mahler, abordados con un enfoque muy distinto que prescindió de cualquier atisbo de heroicidad y acentuó su carácter nostálgico. La voz tardó en coger temperatura, lo que propició que Schubert no disfrutara de suficiente alcance hasta las propinas, con un Ave Maria impecable. Con la voz ronca en pasos y transiciones y una emisión poco limpia pero generosa proyección, echamos en falta más gracia en las melodías de Fauré, que sí asomó con Delibes también en los bises.

La combinación de folclore y espiritualidad de las Canciones del hermitaño de Barber encontraron un buen apoyo en su estilo interpretativo, mientras sorprendió el buen gusto y temperamento destilados en las Canciones Populares de Falla. Corroboró su ampliamente demostrada capacidad para el canto espiritual en el conocido He’s Got the Whole World in His Hands con el que se cerró este reencuentro con la leyenda.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía (edición impresa) el martes 13 de marzo de 2012

viernes, 23 de diciembre de 2011

LIEDER DE LISZT POR CECILIA LAVILLA Y MIGUEL ITUARTE: UN ESFUERZO TITANICO

Ciclo Liszt. Cecilia Lavilla, soprano. Miguel Ituarte, piano. Programa: selección de Lieder de Franz Liszt. Sala de ensayos de la ROSS en el Teatro de la Maestranza. Miércoles 21 de diciembre de 2011

Completando el mini ciclo brindado a Liszt en el bicentenario de su nacimiento, el muy interesante y entregadísimo pianista vasco Miguel Ituarte compareció acompañado por la inquieta y estimulante voz de Cecilia Lavilla en una singular cita que tuvo lugar el pasado miércoles. En el primer concierto, celebrado en noviembre, Ituarte abordó con profunda sensibilidad los Estudios Trascendentales, mientras hacía gala de mayor austeridad y excesiva preocupación formal en la Sonata Hammerklavier de Beethoven, pieza muy significativa en la carrera pianística del autor homenajeado.

En esta ocasión, el programa estuvo exclusivamente integrado por un buen puñado de preciosos lieder, quizás una de las facetas compositivas menos transitadas del autor. Obras que Lavilla cantó con suma elegancia, evidente dominio técnico y sensibilidad, y con el enorme mérito añadido de hacerlo sin intermedios instrumentales en los que apoyar el conveniente descanso de la voz. Un esfuerzo más que notable que se saldó con resultados muy satisfactorios.

Despachar así un programa ciertamente poco variado exige también una entrega especial del público, en el que se encontraba una justamente orgullosa Teresa Berganza, madre de la protagonista. Un esfuerzo gratificado con el descubrimiento de unas piezas exquisitas en melodía y expresividad, de un romanticismo comedido que Ituarte acompañó como abordó los Estudios trascendentales, con honda reflexión y profunda emotividad. Un fallo técnico motivó que el concierto se celebrase en la moderna y muy bien equipada sala de ensayos de la orquesta, otro agradable descubrimiento.

Crítica publicada en El Correo de Andalucía el viernes 23 de diciembre de 2011