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lunes, 24 de noviembre de 2025

UN JARDÍN FLORIDO DE VOCES Y DANZA

The Fairy Queen, de Henry Purcell. Ópera en concierto semiescenificada. Orquesta de Les Arts Florissants. Paul Agnew, dirección musical. Mourad Merzouki, dirección de escena y coreografía. Remi Autechaud, asistente de coreografía. Claire Schirck, vestuario. Fabrice Sarcy, iluminación. Con los solistas de Le Jardin des Voix Paulina Francisco, Georgia Buzaschko, Rebecca Leggett, Juliette Mey, Ilja Aksionov, Rodrigo Carreto, Hugo Herman-Wilson y Benjamin Schilperoort y los bailarines de la compañía Käfig Samuel Florimind, Anahi Passi, Alary Ravin, Daniel Saad y Timothée Zig. Teatro de la Maestranza, domingo 23 de noviembre de 2025


Resulta extraño, a pesar del generoso aforo observado anoche, que este singular y gratificante espectáculo no hubiese generado un lleno absoluto, teniendo en cuenta que satisfacía a dos públicos distintos pero complementarios, el del canto y la música clásica, y el de la danza.

Para entender esta propuesta híbrida del gran Henry Purcell, hay que remontarse trescientos años atrás, cuando fue estrenada. Generada como espectáculo para masas, la semiópera inglesa combinaba teatro, música y danza, pudiendo llegar a alcanzar varias horas de duración, lo suficiente como para tener entretenido al público un buen rato. Una adaptación libre de El sueño de una noche de verano de Shakespeare está en el origen de La reina de las hadas, obra en cinco actos para los que Purcell creó a su vez cuatro masques o piezas de baile y canto de contenido alegórico que no aportaban nada a la narración pero reforzaban sus ideas. Un año después del estreno añadiría otra para el primer acto.

Quizás por este inconveniente de tener que programar un espectáculo de hasta cinco horas si se quiere respectar su argumento, es por lo que esta obra de belleza delicada y singular apenas se representa y se opta por estas recreaciones de sus masques aisladas del contexto narrativo. Así las cosas, el público debe renunciar al argumento y las palabras de Shakespeare, de las que el texto cantado no recoge ni una.

Pura delicadeza musical

Paul Agnew y Les Arts Florissants nos han visitado recientemente en dos ocasiones, aunque en versión reducida, pero es El jardín de las voces, espectáculo bajo la dirección de William Christie con el que lo hicieron en este mismo Maestranza hace dieciocho años, el que guarda mayor semejanza con esta Reina de las hadas. La orquesta ofreció una versión traslúcida y decididamente delicada de la partitura, con prestaciones impecables de cada familia instrumental, y participaciones destacadas de solistas de categoría, como las flautistas Nathalie Petibon y Yanina Yacubsohn, el chelista Félix Knecht y, especialmente, el violinista Emmanuel Resche-Caserta, que protagonizó junto a la cálida voz de Juliette Mey un The Plaint realmente sobrecogedor.

Ilja Aksionov

Mención aparte merecen las soberbias trompetas, con arranques suntuosos y ceremoniales del primer y cuarto acto. Todo un derroche de musicalidad y buen gusto, buscando fundamentalmente la delicadeza y el ropaje más adecuado desde el punto de vista estrictamente lírico para el feliz lucimiento de las voces convocadas. Éstas procedían de la undécima edición de El jardín de las voces, con el que el conjunto francés descubre nuevas promesas de la lírica, con resultados a menudo tan satisfactorios como los que pudimos apreciar y disfrutar anoche.

Excelente trabajo en equipo

Ocho jóvenes entusiastas y responsables combinaron sus aptitudes vocales de forma que sonasen como un bien avenido coro, con el añadido de una actividad escénica de altura, de esas que contagian felicidad gracias al buen trabajo en equipo destilado. La voz delicada y bien entonada de Mey y la más autoritaria y contundente de Benjamin Schilperoort iniciaron el viaje, en el que pronto hizo su aparición el barítono Hugo Herman-Wilson como poeta borracho, presentado por la cuerda intencionadamente distorsionada, una divertida licencia de Agnew y la orquesta.

A partir de ahí pudimos disfrutar de las preciosas y cristalinas voces de la soprano estadounidense Paulina Francisco y la mezzo inglesa Rebecca Leggett, o la más espesa y perfectamente colocada de la mezzo canadiense Georgia Burashko en números como la canción de la primavera. El tenor lituano Ilja Aksionov hizo también acopio de delicadeza y ternura en el número del sueño, y encandiló especialmente como cómico en su dúo junto a Wilson en el que canta en falsete travestido de mujer pudorosa. Finalmente, el tenor portugués Rodrigo Carreto nos cautivó como tenor lírico y romántico, bordando canciones como See my many colour’d fields del cuarto acto.


Pero la buena sintonía no se quedó en el trabajo vocal, sino que todos y todas se mimetizaron a la perfección con el conjunto de baile extraído de la compañía también francesa Käfig. Cuando se trató de coreografías sencillas, siempre responsabilidad de Mourad Merzouki, todos se atrevieron a bailarlas, mientras las partes corales poco comprometidas permitieron a algunos de los bailarines acoplarse al resto también en lo vocal.

Pero en su trabajo estricto, el brillo de los danzantes fue sobresaliente, con acrobacias, saltos y piruetas sobrenaturales, vertiginosos movimientos al ritmo de hip hop, breakdance y otros bailes urbanos, incluido el vogue (Alary Ravin), acompañados de la fuerza musculada de Samuel Florimond, Daniel Saad y Timothée Zig y el baile delicado en lenguaje tanto clásico como contemporáneo de Anahi Passi. Otro reto del equipo directivo del Maestranza que tenemos que aplaudir, habiendo sido Sevilla la elegida junto a Madrid y Barcelona para presentar en nuestro país tan estimulante y refinado espectáculo.

Fe de errata: Les Arts Florissants han presentado The Fairy Queen en Bilbao, San Sebastián y Sevilla, no en Madrid y Barcelona, que son las plazas a las que, junto a Sevilla, acudirá Cecilia Bartoli con Orfeo y Eurídice de Gluck.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 13 de junio de 2025

BUENA MÚSICA AL SERVICIO DEL CLICHÉ LORQUIANO

Poeta en Nueva York. Ópera de cámara en un acto. Música y libreto de Alberto Carretero¸ según textos de Federico García Lorca. Alberto Carretero, dirección artística, diseño sonoro e interpretación de la música electrónica. Rita Consentino, puesta en escena. Alejandro Andújar, escenografía. Yaiza Pinillos, vestuario. David Bofarull y Quim Algora, iluminación. Lauren Serrano, sonido. Julieta Ascar, video. Carlos Cansino, sobretítulos. Javier Povedano, barítono. Sergio Gómez “El Colorao”, cantaor. Laura García-Lorca, voz en off grabada. Marco Flores, bailaor y coreógrafo. Trío Arbós: Ferdinando Trematore, violín; José Miguel Gómez, violonchelo; Juan Carlos Garvayo, piano. Proyecto realizado con la Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales 2023 de la Fundación BBVA. Espacio Turina, jueves 12 de junio de 2025


El Espacio Turina coronó ayer tarde otra sensacional temporada con un estreno absoluto, tan de agradecer para la buena reputación de la ciudad como para quienes tenemos el privilegio de acercarnos a un trabajo en exclusiva y ser los primeros en opinar sobre sus defectos y excelencias, aunque como toda opinión pueda ser controvertida o incluso digna del desprecio más absoluto. El tan reconocido como valorado compositor sevillano Alberto Carretero fue el maestro de ceremonias de esta botadura, con una partitura rica y regocijante y un control de todos los resortes de la composición realmente encomiable. Otra cosa es el concepto en sí de la pieza y cómo encajaron todos los talentos en liza.

El Trío Arbós se encargó de llevar a muy buen puerto la parte estrictamente musical del proyecto, destacando en compenetración y riqueza de texturas, con una partitura vibrante y enérgica, apabullante de principio a fin, y con la que el talento de Carretero supo transmitir todas sus posibilidades, encajándose como un guante a los diversos episodios que integran el complejo y archifamoso poemario en el que basa su elocuente narrativa. Con un trabajo meticuloso y preciso de Juan Carlos Garvayo al piano, a menudo intervenido, del que supo extraer tanto calidades rapsódicas como de índole meramente percusionista, la cuerda de Trematore al registro agudo y Gómez al grave, logró ensalzar la rica estructura y densas texturas de la música, su carácter agitado y sus calculadas tensiones, adaptándose a cada episodio con sutiles incursiones en el universo del jazz, la canción popular o los sones del Malecón. Buena música sin duda, el tiempo dirá si es grande. La electrónica, asumida desde la mesa de control por el propio compositor, aportó atmósfera con sus sonidos sostenidos y sus efectos envolventes.


No es Poeta en Nueva York un texto fácil, ni siquiera para iniciados. La alternancia de los poemas con las cartas enviadas por el poeta a amistades y familiares, grabadas a pesar de estar presente en la sala por su sobrina Laura García Lorca con un tono algo monocromo al principio, después ya nos acostumbramos, logró contextualizar cada pieza y ligar su significado. Quedó más patente que nunca la decepción del granadino con la urbe que todo lo engulle y deshumaniza, una visión que contrasta con las alegres fotografías, rodeado de amistades, que dan cuenta de su viaje y que no fueron aprovechadas en este montaje. Sí pudimos contemplar algunas imágenes de archivo en movimiento que ilustraban el ritmo de la ciudad en esos finales de los veinte, a las puertas de la Gran Depresión.


Visiones de Nueva York que redundan en su decadencia moral y su desmedida ambición económica, como queda patente en episodios como el dedicado a Wall Street o los millones de animales sacrificados para alimentar a tantísima criatura concentrada. Sólo hacia el final, con Los muchachos, Harlem y, sobre todo, Cuba, asoma un resquicio de felicidad y esperanza. Una escueta, sencillísima, puesta en escena redundó en algo que se ha convertido en tradición desde los lejanos años en los que el Centro Andaluz de Teatro residía en el Cortijo del Cuarto, representar el universo lorquiano con telares blancos. La colada al servicio de la lírica del poeta, sábanas blancas como mantel y como envoltorio de un bailaor, Marco Flores, que se pavonea y retuerce del mismo modo que alterna flamenco con baile contemporáneo. Abunda la simbología, como ese olivo al final que renace de la incomprensión y la inmundicia. Y no falta, para redondear el carácter barroco de la propuesta, las referencias al ingenio pictórico del homenajeado, sobre la pared blanca, con las manos manchadas del bailaor como médium, y en el esmerado libreto que acompañó al evento.

Una mezcla que se repite en la parte vocal de la composición, echando de nuevo mano del imaginario inevitablemente asociado al ilustre granadino, a quien parece no podemos desligar de su pasión por el cante jondo. A él se prestó la voz y la fuerza de El Colorao, mientras el barítono Javier Povedano exhibió una voz rotunda y matizada. Juntos, al final, llegaron a sonar estridentes e incluso un pelín desacompasados. Una combinación en lo escénico y lo musical de música contemporánea y flamenco que a algunos no nos llegó a convencer ni emocionar.


De cualquier forma, tras una noche de estreno y a la espera de debutar en otros espacios, una obra no deja de ser un work in progress, y si algunas de nuestras consideraciones son lo suficientemente acertadas e invitan a la reflexión, estaremos encantados de haber aportado un granito de arena en el acabado definitivo de una pieza que siendo ambiciosa, al menos no nos ha parecido pretenciosa. No sería justo, para terminar, no reconocer el esfuerzo titánico, físico y mental, de cada uno de los seis artistas sobre el escenario, voces, bailaor y trío instrumental. 

sábado, 24 de mayo de 2025

LA OPORTUNIDAD DE UN FESTIVAL DE ÓPERA EN SEVILLA


No cabe duda de que tratándose de la ciudad en la que se han inspirado, directa o indirectamente, más de ciento cincuenta óperas, Sevilla merece un Festival de Ópera. Sin embargo varias son las razones que nos hacen recelar del recién presentado proyecto, justo ayer en uno de los espacios que lo albergarán, la Fábrica de Artillería de la avenida Eduardo Dato, poco a poco, muy tímidamente y después de varios años de reforma, abriéndose al público sevillano.

Toda propuesta cultural que se presente merecerá sin duda nuestro aplauso. Sólo el arte y la cultura pueden generar esperanza de amor y estrechamiento de lazos entre los pueblos. Al contrario que el dinero, la ambición y el poder, que sólo genera miseria y dolor. También cuando esto último, a través de una política podrida y miserable, invade la noble causa de la cultura, como hemos comprobado recientemente. Hace tiempo que el catedrático de repertorio vocal del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, Francisco Soriano, viene realizando en la ciudad una impagable labor de agitación musical que le ha llevado a recuperar repertorio de los García, fundamentalmente de Pauline Viardot, y recrear esas soirées musicales decimonónicas con sus conciertos de canto y piano en el Real Círculo de Labradores. Aunque sólo fuera por eso, no podemos sino desear con todo nuestro cariño y sinceridad, mucha suerte y ánimo en esta nueva aventura a la que, a pesar de las consideraciones que a continuación desgranaremos, auguramos el éxito que merece.

Sin embargo, a tenor de la programación ayer presentada, encontramos más de una consideración que hacerle, a la vez que lamentamos que no se haya todavía aprovechado la oportunidad de lucir el emblema de Sevilla, Ciudad de Ópera, para lograr que programaciones a menudo despreciadas como la del Maestranza o la Sinfónica, llegaran a mejor puerto. Ni nuestro coliseo ni la orquesta se han molestado lo suficiente en generar reclamo turístico y cultural para la ciudad, logrando así que melómanos de otros países llenen los huecos tan frecuentes que observamos en los aforos del Maestranza o el Espacio Turina, nuestros dos principales escenarios musicales.

Igual que nosotros aprovechamos la ocasión cuando viajamos de asistir a óperas y conciertos, debe haber mucho público extranjero interesado en aprovechar en Sevilla su oferta, para lo que los agentes culturales deberían haber trabajado hace ya mucho tiempo, generando vías de comunicación y márketing que logre sintonizar con ese público en potencia. Sólo entonces, una vez cosechado público de fuera interesado en nuestras propuestas, lo que a su vez generaría una mejora considerable de esas mismas propuestas, sería aconsejable crear un festival como el que ahora se ha presentado.

Si la Sinfónica, como algunas voces autorizadas de la ciudad reclaman, tuviera su propio auditorio, y afortunadamente Sevilla es generosa en esa estrategia, el Maestranza podría, como hacen otros teatros europeos, alternar su temporada de estrenos con otra de repertorio con músicos y voces locales y producciones almacenadas, ofreciendo para turistas esos títulos emblemáticos de la ciudad, desde El barbero de Sevilla a Carmen pasando por Las bodas de Fígaro, Fidelio, La favorita o Don Giovanni, de la misma forma que se les invita a tablaos y otros espectáculos flamencos.

Pero además, este festival se presenta en formato transversal, por cuanto aprovecha la programación previamente diseñada por espacios y conjuntos de la ciudad, como el propio Maestranza, el Turina o Zahir Ensemble, para incluirlos en su propia agenda, lo que no suma a la oferta musical de la ciudad, y parece seguir siendo un reclamo sólo para público local. Así, Don Giovanni de Mozart en el Maestranza, Don Juan no existe de Helena Cánovas en Artillería pero dentro de la programación del Maestranza, los recitales de Franco Fagioli en el mismo teatro o de Vivica Genaux en el Turina, así como la presentación en primicia en la ciudad de la ópera-ballet de Philip Glass Les enfants terribles, a cargo de Juan García y Zahir Ensemble, parecen citas pre-programadas, por mucho que el propio festival se erija en productor de este último.

Entre el resto destacan dos óperas de Manuel García, conmemorando así el doscientos cincuenta aniversario de su nacimiento. Una en formato convencional, Il Califfo di Bagdad, con la ROSS dirigida por Alessandro d'Agostini, y las voces de Leonor Bonilla, Juan de Dios Mateos y Alicia Naranjo, si bien su ubicación en el Patio de la Montería del Alcázar hace dudar de la grandeza de esta producción del propio festival. La otra, la ópera de cámara Quien porfía mucho alcanza, con representación tres días consecutivos en distintos espacios, el Palacio de Dueñas, la Casa Salinas y el Hospital de la Caridad. Otras propuestas son una selección de Carmen en clave de jazz por el quinteto del sevillano Daahoud Salim, la ópera de Monteverdi Il combattimento di Tancredi e Clorinda en Artillería, a cargo de la Barroca de Sevilla y la producción del Festival de Peralada, y el espectáculo de Accademia del Piacere en torno a la música teatral española e italiana del seicento, con las voces de Juan Sancho y Lucía Martín-Cantón, que dan buena muestra del carácter eminentemente local de la propuesta, dando cabida a muchos de los agentes musicales de la ciudad, como si el todo se hubiera diseñado para ellos y ellas.

Por otro lado, el festival recupera Es lo contrario, la ópera a ciegas de César Camarero que pudimos "ver" en el Maestranza hace justo cuatro años, a cargo de nuevo de Zahir Ensemble, ahora en Artillería. Un recital con la mezzo Carol García, la soprano Elena Sancho Pereg y la pianista Teodora Oprisor, ofrecerá un recorrido por las conexiones hispano-francesas en torno a Carmen en el Espacio Turina, y otro de Nerea Berraondo, la mezzosoprano navarra que tan buena impresión nos causó con Socrate de Satie en el último concierto de la Conjunta, y Anna Malek al piano, que ya ofrecieron un aperitivo en forma de Habanera de Carmen en el acto de presentación de la programación y el cartel de la artista jerezana Ana Barriga, en el que desgranarán música centroeuropea y eslava de inspiración española en la era de Carmen, en el salón de Tapices del Alcázar, completan una oferta que dista considerablemente de lo que entenderíamos por un festival de ópera en la ciudad que tantas inspiró, si bien podría asegurar la presencia cada temporada de una del insigne conjunto de grandes.

sábado, 15 de febrero de 2025

ANNA NETREBKO, UNA MATRIOSHKA CON MUCHAS CAPAS

Recital lírico. Anna Netrebko, soprano; Elena Maximova, mezzosoprano (artista invitada). Pavel Nebolsin, piano. Programa: Lieder de Chaikovski, Rachmáninov, Rimski-Kórsakov y Strauss; Arias y dúos de I pagliacci (Leoncavallo), Lakmé (Delibes), Adriana Lecouvreur (Cilea), Snegurochka, la doncella de la nieve (Rimsky-Kórsakov), Francesca de Riminí (Rachmaninov), Ariadna en Naxos (Strauss), I Capuleti e i Montecchi (Bellini), y Guerra y paz (Prokofiev); Étincelles, de Moszkowski; Fantasía-Impromptu Op. 66, de Chopin. Teatro de la Maestranza, viernes 14 de febrero de 2025


“Yo soy apolítica, mi trabajo consiste en gustar a todo el mundo” decía la recientemente Goya de Honor Aitana Sánchez-Gijón en la película de Almodóvar Madres paralelas. Una consigna que, como seres humanos que son, a veces olvidan los artistas, cuyas opiniones, por activa o por pasiva, les pasa factura. Sin llegar al linchamiento extremo al que se ha sometido a la actriz Karla Sofía Gascón, cuyos comentarios pueden ser tan execrables como nauseabunda es la anulación absoluta a la que ha sido sometida, no obstante su loable trabajo en la pantalla, Anna Netrebko sufrió el veto y la cancelación de muchas de sus actuaciones en teatros de todo el mundo hace apenas unos años por su presunta vinculación y apoyo a las políticas imperialistas de Putin.

Es curioso cómo cuando quien vierte este tipo de consignas pertenece a otro gremio, especialmente los políticos, a menudo ven revalorizada su carrera, caso por ejemplo del infame presidente de Estados Unidos, que gana elecciones a pesar de no decir más que disparates, sandeces y barbaridades.

Vertidas las subsiguientes disculpas, quizás con miras a un efecto reparador de su carrera, volvió el momento de disfrutar de su inmenso talento, uno de esos que nos devuelve la felicidad incluso en los días más aciagos. Y llegó también el de dejar prejuicios fuera y admirar a la figura artística que es, disfrutando de cada momento lleno de magia, poesía y virtuosismo que nos brindó en una velada que sin duda quedará para el recuerdo.

Una noche de amor

Netrebko dividió su actuación en dos partes, como hacen tantos otros artistas de la lírica, una dedicada fundamentalmente al lied y la otra más operística, en la que lució un espectacular atuendo seguramente guiño a nuestra tierra. Pero además su propuesta fue a más, invitándonos a un hipotético paseo por la naturaleza, a través de bosques y ríos, y la arquitectura, en palacios y desde la ventana. Al margen de estas licencias poéticas, brilló la voz poderosa y rutilante de una diva en constante evolución, exigente con su trabajo y responsable con su cometido de auténtica entertainer.


Hace tiempo que su voz ha ido evolucionando, lo que la ha llevado a plantearse encarar papeles de más peso dramático, exigentes con la voz, que debe mantener un tono más grave y una musculatura más gruesa, especialmente en títulos verdianos, repertorio apenas transitado hasta ahora, y que desde que hace unos años grabara un disco dedicado al maestro italiano, se ha convertido en reto de cara a futuros proyectos. Pero no hubo Verdi, ni siquiera su muy querido y celebrado Puccini, en este delicado programa, pero sí evidencia de esa transformación de su voz.

Y así arrancó, con fuerza y poderío en Dime, ¿qué hay bajo las sombras de los árboles? de Chaikovski, donde a pesar de un molesto vibrato fruto seguramente de la necesidad de calentar la voz, emergió esa fuerza de la naturaleza que hace que su voz no pierda relieve ni proyección aunque cante de espaldas o moviéndose de un lado a otro del escenario. Nuestro primer estremecimiento llegó de la mano de Rachmaninov con Qué bello es este lugar, donde la diva conjugó una extrema delicadeza con su portentosa habilidad para alcanzar cotas poéticas de enorme calado, con filados interminables y pianissimi llenos de dulzura y compasión.

Entre una y otra estética, fue desgranando un programa generoso en partituras de su país, llamémosle patria, extraídos de los celebrados álbumes de selección que ha grabado en los últimos años, como In the Still of Night, donde le acompaña al piano Daniel Barenboim, o el Álbum ruso que grabó junto a Valery Gergiev, una de esas amistades peligrosas que han contribuido a su público escarnio.

La ninfa, de Rimsky-Korsakov, fue otro de los ejemplos en los que emergió la más absoluta dulzura y la expresividad más conmovedora de una voz que transita por distintos registros, a veces incluso tesituras, sin la más mínima dificultad, con comodidad y una naturalidad al alcance de muy pocas.

Ya en la segunda parte, con algún avance en la primera en forma de I pagliacci, fueron las arias de ópera las que dominaron. Pura sensualidad no exenta de autoridad en Io son l’umile ancella, de Andrea Lecouvreur, apabullante energía en Francesca de Rímini y Ariadne auf Naxos, y conmovedora actitud en Oh! Quante volte de I Capuleti e i Montecchi. Así hasta llegar al lied Sueño de una noche de verano de Rimsky-Korsakov con el que cerró el programa de forma encantadora, plena de delicadeza y emotiva contención.

Muy bien acompañada

Una estrella de su calibre no se puede permitir malas compañías. Necesita a su alrededor artistas con talento, que no lleguen a eclipsarla pero tampoco a arruinar su función. Fue el caso de la mezzo también rusa Elena Maximova, que a algunos nos hizo recordar aquellos irrepetibles momentos en que Netrebko y Elina Garança iban de la mano en recitales por todo el mundo, seguramente cumpliendo exigencias contractuales. ¡Cuánto lamentamos que no hayan coincidido finalmente en la actual temporada del Maestranza!

Nebolsin, Netrebko y Maximova. Foto: Luis Pascual

Con Maximova entonó el famoso Dúo de las flores de Lakmé, interrumpido por el público gracias a la labor de la siempre atrevida ignorancia. Con sólo prestar atención al gesto de los y las artistas, se sabe cuándo ha terminado o no una pieza, aunque no se conozca. Juntas resolvieron la pieza con rotundidad perfectamente combinada con elegancia y dulzura. Una perfecta sintonía que también emergió en la más desconocida El arroyo serpentea por la arena, de Guerra y paz de Prokofiev.

Por otro lado, Pavel Nebolsin evidenció ser más que un competente acompañante al piano, dando relieve y sustancia a las interpretaciones de una muy comediante Netrebko, que no dudó en echarse unos pasos de baile, como tantas veces la hemos visto en sus actuaciones grabadas. Nebolsin brilló también en solitario, con la centelleante página de Moszkowski, y muy especialmente con una excelente recreación, tan virtuosa como emotiva, de la Fantasía-Impromptu op. 66 de Chopin.

Fotos (excepto la indicada): Guillermo Mendo
Artículo publciado en El Correo de Andalucía

domingo, 9 de febrero de 2025

MARÍA CALLAS Entrevista con La Divina

Título original: Maria
Italia-Alemania-Chile-USA 2024 123 min.
Dirección
Pablo Larraín Guion Steven Knight Fotografía Edward Lachman Intérpretes Angelina Jolie, Pierfrancesco Favino, Alba Rohrwacher, Haluk Bilginer, Kodi Smit-McPhee, Stephen Ashfield, Valeerina Golino, Caspar Phillipson, Lydia Koniordou, Vincent Macaigne, Aggelina Papadopoulo Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2024; en Italia y Chile 2 enero 2025; en España 7 febrero 2025


Desde su estreno en Venecia, la carrera de esta película biográfica de María Callas y el trabajo de su protagonista,
Angelina Jolie, se han ido desinflando. Se trata sin embargo de una muy estimable cinta con la que el director chileno Pablo Larraín (El club, Neruda, El conde) podría culminar su particular trilogía sobre mujeres influyentes cuya vulnerabilidad se ve aumentada por la fama. Primero fue Jackie (Kennedy/Onassis), después (Diana) Spencer, y ahora, de la mano del mismo guionista que la anterior, Steven Knight, María Callas. El depurado libreto del autor de los de Aliados de Zemeckis y Promesas del este de Cronenberg, además de él mismo director de algún título interesante como Locke, y creador de reputadas series de televisión, logra condensar en los últimos días de la diva, su particular periplo por una vida bendecida por el éxito en lo profesional y el determinante fracaso sentimental, mientras pasea por un París radiante de la mano de un imaginado entrevistador con nombre de barbitúrico, Mandrax (un estupendo Kodi Smit-McPhee).

Una inteligente confusión entre imaginación y realidad, así como el hábil juego entre presente y pasado, sirve a Knight y Larraín para construir un viaje emocional, profundamente melancólico y triste, por la azarosa vida de una mujer dañada en lo físico y lo moral por una relación romántica en continua frustración, la que mantuvo con Onassis, que prefirió dignificar precisamente a Jackie. Una elegante puesta en escena, el perfeccionismo fotográfico de Edward Lachman, que ya demostró su pericia para imitar estilos del pasado en películas como Lejos del cielo, y sus sofisticados escenarios y vestuario, aunque este último peque a veces de incongruencia con el mes en el que transcurre la trama, septiembre, sirven de embalaje para una interpretación magistral de Angelina Jolie, que aporta una elegancia extrema sin excesos ni salidas de tono, e insufla al conjunto de esa profunda tristeza que inunda la película. Mención especial merece también su dependencia, entre patética y entrañable, del personal doméstico, un mayordomo y una sirvienta que se erigen en única familia y mejores protectores, a quienes dan vida Pierfrancesco Favino y Alba Rohrwacher.

En lo musical, un extraordinario trabajo de remasterización nos permite disfrutar como nunca de las interpretaciones que La Divina realizó de papeles tan emblemáticos como Ana Bolena, Violeta Valèry, Elvira de I puritani, Desdémona de Otelo, Norma, Medea, Tosca o La Wally, recreando con todo el esplendor que exige, sus emblemáticas actuaciones en escenarios como los de la Scala, el Metropolitan o el Covent Garden. Las calles de París se convierten, por otro lado, en ese escenario de la vida real que alguien tan enganchado a las bambalinas querría convertir en el de su propia vida, contada con todos los mimbres trágicos de una gran ópera, y en el que el público se convierte ocasionalmente en coro y orquesta al son de Il trovatore o Madame Butterfly, en momentos destacados plagados de magia y poesía. Y es que al fin y al cabo, como reza la canción, el mundo es un escenario, y el escenario, un mundo de entretenimiento.

domingo, 10 de marzo de 2024

CENCIC RINDE BRILLANTE TRIBUTO A UN CASTRATO LEGENDARIO

XLI Festival de Música Antigua de Sevilla 2024. Max Emanuel Cencic, contratenor. {oh!} Orkiestra. Martyna Pastuszka, violín solista y dirección. Programa: Sinfonía de Alessandro; arias de Il Floridante, Muzio Scevola, Rodelinda, Flavio, Siroe y Scipione; Concerto grosso en re menor Op. 6 nº 10, y Obertura de Radamisto, de Haendel. Espacio Turina, sábado 9 de marzo de 2024


El regreso del excelente contratenor croata residente en Austria, Max Emanuel Cencic, al Espacio Turina ocho años después de deleitarnos en la trigésimo tercera edición de este mismo Festival de Música Antigua, vino acompañado de un buen ramillete de arias escritas por Haendel para el mítico castrato Francesco Bernardi, Senesino. Durante su estancia en Londres, fue la voz para la que el compositor alemán concibió más roles, diecisiete nada más y nada menos, de los que Cencic abordó siete repartidos en ocho arias a lo largo del programa y las consabidas propinas. Le acompañó un conjunto polaco muy singular ya desde el propio nombre, {oh!} Orkiestra. Un todo mujeres, 
con la sola excepción del violista, que parecía prolongar las celebraciones del Día de la Mujer, y la dirección enérgica y decidida de la sensacional violinista Martyna Pastuszka. Estos créditos prometían una noche excelsa y lo cumplieron.

El conjunto dirigido por Pastuszka exhibió fuerza ya desde la Sinfonía de la ópera Alessandro con la que arrancó el recital, perfecta a nivel de articulaciones, con un fraseo fluido y unas líneas melódicas perfectamente definidas, un particular que se mantuvo en el décimo de los Concerti Grossi Op. 6 que brindaron a mitad de la primera parte, y la Obertura de Radamisto, la ópera que inauguró esta fructífera relación entre compositor y cantante, profusa en color y expresividad. En esta línea, pero manteniendo en todo momento el respeto y la consideración debidas a la estrella del evento, acompañaron a Cencic en Bramo te sola de Il Floridante, un aria de bravura con la que el croata exhibió agilidades y coloratura a placer para después cautivarnos con su sensibilidad y carga poética en Pompe vane di morte, de Rodelinda, un dechado de emoción que el contratenor entonó con considerable carga dramática y un conveniente patetismo añadido. Ahora su voz es más ancha y ha cogido más cuerpo y volumen que hace ocho años, su tesitura exhibe un color muy aterciopelado y su línea de canto mantiene esa flexibilidad y homogeneidad que disipa cualquier duda sobre posible impostación.


Un aria de repentinos cambios de registro, con saltos interválicos que el cantante superó sin estridencias, como Rompo i lacci de Flavio, culminó con éxito esta primera parte. Después, más exhibición de virtuosismo y buen gusto en Fra dubbi affeti miei de Siroe, Bel contento de Flavio, Se mormora rivo, de Scipione y Vivi tiranno de Rodelinda, definidas con estas mismas constantes y un talento innato para dotar cada carácter de su singular carga expresiva. El entusiasmo del público que abarrotaba el Turina se agradeció con dos propinas, Son qual rocca de Tolomeo, la última ópera que Haendel compuso para la Royal Academy of Music, y otra aria de Scipione con la que el contratenor prosiguió su línea de canto ágil y expansiva, demostrando que tras cuarenta años ya de carrera sigue estando en magnífica forma.

sábado, 12 de agosto de 2023

EL SAXO DE LAS MIL CARAS DE MANU BRAZO

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Manu Brazo, saxofón. Cuarteto Bruma: Claudia Gallardo e Irene Morales, violines; Julián Huete, viola; Ricardo Huete, violonchelo. Programa: Aria de Lensky, de Chaikovski; Fantasía sobre La traviata, de Lovreglio; Seis estudios sobre canción folk inglesa, de Vaughan-Williams (arr. Robert Stanton); Fantasía brillante sobre Carmen, de Borne (arr. Iwan Roth); Aria, de Bozza; A Gershwin Fantasy, de Martino. Viernes 11 de agosto de 2023


No sabemos cuántas veces hemos celebrado ya el talento que emana de nuestra tierra en términos musicales. Es algo de lo que nos sentimos enormemente orgullosos y que no ha conocido igual en tiempos pretéritos a menudo tan extrañados. Lo que Manu Brazo es capaz de hacer ya lo hemos constatado en numerosas ocasiones. Que Claudia Gallardo es una buena compañera de viaje lo constatamos en el concierto que junto a la pianista Prajna Indrawatinos brindaron en el Maestranza en febrero del año pasado de la mano de Juventudes Musicales. Entonces nos pareció algo destemplada pero con aptitudes de sobra para poder superarlo en futuras ocasiones, como así ha sido a tenor de lo escuchado anoche en el Alcázar. Pero lo que más nos sorprendió de ella es su capacidad para realizar unos arreglos tan atinados como los que el Cuarteto Bruma presentó ayer junto a Brazo, en los que sin eclipsar la voz dominante cada uno y una asume sus partes con ahínco y singularidad, aprovechando sus texturas y timbres para desarrollar todo un universo sonoro capaz de sustituir al piano o la orquesta, según la pieza, sin perder brillo ni color y acercándonos sensaciones tan estimulantes como las que fuimos capaces de disfrutar en este concierto al aire libre en el que tantas veces tuvieron que afinar sus instrumentos para acoplarse con las máximas garantías de calidad al instrumento del joven utrerano.

Con Una noche en la ópera, título tantas veces aprovechado del original de los Hermanos Marx, Brazo y el joven cuarteto – dos gaditanas y dos conquenses que han perfeccionado sus estudios en el Conservatorio Manuel Castillo, cantera de grandes solistas y sorpresas – nos invitaron a un recorrido por títulos tan emblemáticos para la lírica como La traviata o Carmen, que sirvieron al saxofonista para lucir virtuosismo y habilidad al instrumento, con ornamentaciones a veces imposibles, agilidades extraordinarias y arabescos vertiginosos, sin por ello sacrificar expresividad, como muy bien pudimos apreciar en un arranque de la Habanera de Carmen henchido de sensualidad, buena muestra de la capacidad de seducción del joven intérprete. Piezas que Brazo ha grabado en el álbum recientemente editado Fantasía junto al pianista británico Bryan Evans, prueba de que su matrimonio con la cultura inglesa sigue dando muy buenos resultados, y que Gallardo ha traducido al universo del cuarteto de cuerda con tanto gusto como buena caligrafía. La Fantasía sobre La traviata del flautista napolitano Donato Lovreglio resultó más endiablada que la más sensual y relajada de François Borne, gran estudioso de la flauta, que con su Fantasía brillante sobre Carmen logró una pieza icónica del repertorio romántico para el instrumento. Punteados e increíbles juegos de dinámicas acompañaron al control absoluto de la digitación y la respiración de Brazo en estos dos endemoniados cometidos.


Elegancia por fuera y por dentro

El saxofonista siempre presta especial atención a la puesta en escena, traducida en esta ocasión en unos elegantes atuendos blancos y de color crema que lucieron a juego los cinco jóvenes convocados. Así arrancaron con una tempestuosa Aria de Lensky de la ópera de Chaikovski Eugene Oneguin, donde primó la atormentada expresividad del desafortunado protagonista, asumida en la voz tortuosa y muy a tono del saxofón. Con enorme delicadeza y estilo interpretaron las preciosas canciones que Vaughan Williams recopiló y arregló a partir del folclore inglés. Originales para cello y piano, aquí podemos apreciar el tono bucólico que el autor empleó en su obra más icónica, El ascenso de la alondra, todo un ejemplo de etnomusicología que Brazo llevó al máximo de sus consecuencias con un sonido aterciopelado y tan estimulante como evocador. Sin duda toda una fuente de inspiración para Richard Rodney Bennett a la hora de acometer su partitura para la película Lejos del mundanal ruido, que Julie Christie protagonizó en 1967.

El Aria de Eugéne Bozza, una de las obras más célebres del compositor francés, sirvió al conjunto para desplegar la religiosidad bachiana que le informa, en perfecta combinación con el impresionismo de Ravel o Satie al que tanto apela, y que Brazo, Gallardo y el resto defendieron con tanto acierto. Para terminar, otra fantasía, esta vez dedicada a George Gershwin, obra del pianista Ralph Martino, muy vinculado a la marina norteamericana, y que Brazo resolvió con idiomáticos acercamientos al universo jazzístico, acompañado en estilo ragtime por el Cuarteto Bruma, pasando de la sensibilidad del blues de la Rapsodia en Blue a los vibrantes Strike Up the BandLady Be Good, Fascinatin’ Rhythm o I Got Rhythm, así como a un enrevesado It Ain’t Necessarily So de la ópera Porgy and Bess, con tanta fluidez como sustancia narrativa. Toda una demostración de los estimulantes resultados que se pueden lograr cuando las cosas se toman tan en serio, y un concierto ligero estival se defiende con tanta responsabilidad y trabajo como hicieron estos impecables y jóvenes músicos. En la propina, El paño moruno de Falla nos puso literalmente los piel de gallina.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 21 de abril de 2023

VESPRES D'ARNADÍ Y XAVIER SABATA, UNA SERIA COMBINACIÓN

Xavier Sabata, contratenor. Vespres D’Arnadí. Dani Espasa, clave y dirección. Programa: Sinfonías de Albinoni, Lotti y Mancini; Arias de Bononcini, Ristori, Albinoni, Porta, Gasparini, Porpora, Giacomelli y Sarro; Toccata para clave nº 2 en la menor, de Scarlatti.
Espacio Turina, jueves 20 de abril de 2023


Si abrimos la
página del conjunto catalán Vespres d’Arnadí, encontramos varias reseñas de Eduardo Torrico, redactor jefe de la revista especializada Scherzo. A él dedicaron Xavier Sabata y Vespres d’Arnadí su concierto de anoche, el mismo día de su fallecimiento, y curiosamente una jornada en la coincidieron en nuestra ciudad el fútbol de un radiante Sevilla y la música de un buen puñado de compositores barrocos; música y fútbol, las dos grandes pasiones del desaparecido periodista, y las dos disciplinas a la que dedicó su vida profesional. En esta nueva aparición del contratenor y el conjunto catalanes, por primera vez juntos en esta ciudad, la respuesta del público no fue tan generosa como en otras ocasiones en cuanto a ocupación de aforo, que no en cuanto a entusiasmo. En los atriles Dani Espasa y Sabata convocaron hasta diez compositores, en su mayoría poco conocidos o divulgados en la actualidad y sin embargo fundamentales en su época, con partituras así mismo poco o nada frecuentadas. Una ocasión para el descubrimiento que se estructuró en cuatro bloques de idéntica compostura, cada uno con dos piezas vocales precedidas de una instrumental, que llevó al temperamental cantante por sendas expresivas de diferente calado.

Espasa y el conjunto que fundó hace casi veinte años con el oboísta Pere Saragossa, estuvieron ya antes en la ciudad al menos en un par de ocasiones, acompañando a Ruth Rosique hace un buen puñado de años, y justamente el año pasado junto a Juan Sancho y Sonia Prina. Pero aunque con Sabata han formado un matrimonio muy bien avenido, grabando incluso el disco L’amante Alessandro, además del que está por venir con el repertorio presentado en el Turina y que en unos días llevarán al Palau de la Música Catalana, nunca antes habían comparecido juntos en nuestra ciudad. La ocasión ha merecido la pena, con un repertorio bastante variado e interesante que arrancó con una breve Sinfonía u Obertura de Tomaso Albinoni, que aunque más conocido hoy en día por su obra instrumental, sobre todo sus conciertos para violín y oboe y un adagio que no compuso él pero lleva su nombre, fue en su día fundamentalmente operista, siendo Il nascimento dell‘Aurora una de las pocas conservadas de su extenso catálogo, y de la que también se extrajo un aria con acompañamiento de continuo de estética fascinante y especial aportación de la tiorba, en manos de un espléndido Rafael Bonavita, que dio mucho relieve al instrumento prácticamente en todas sus numerosas intervenciones. También las sinfonías de Antonio Lotti, que como otros de los convocados ejerció gran parte de su carrera en Dresde y perteneció a la Escuela Veneciana, y de Francesco Mancini, éste de la Napolitana y en un formato más convencional tipo concierto, encontraron en Vespres d’Arnadí, cuyo nombre procede de un dulce antiguo valenciano, el punto exacto de cocción, con una cuerda precisa liderada por una estupenda Farran Sylvan James como concertino, a pesar de que en ciertos pasajes evidenció alguna estridencia sin importancia. La cuarta pieza instrumental fue una exuberante tocatta de Alessandro Scarlatti, muy arpegiada y fugada que Espasa defendió con un virtuosismo diabólicamente extenuante.


Por su parte, Sabata se mostró algo más comedido de lo acostumbrado, pero siempre en esa línea suya en la que prima el espectáculo. Puede que atisbáramos en esta ocasión alguna pérdida de potencia y proyección en su voz, sobre todo al principio, pero por otro lado nos congratulamos en comprobar que ha depurado técnica y capacidad para mantener la línea de canto, sin cambios bruscos de color ni exhibir una puntual voz de barítono para salvar los extremos más graves de su registro. Por otro lado no cabe duda de que en agilidades y ornamentaciones tiene poca competencia, lo que se hizo patente en arias como Non sempre grandina, de Farnace de Giovanni Porta, autor que trabajó frecuentemente en Londres, otra de las cunas operísticas del momento a la que tanto aportaron los compositores italianos, o en Gelido in ogni vena, una temperamental aria de Siroe, re di Persia, compuesta por Domenico Natale Sarro en estilo muy próximo al de Leonardo Vinci. Como curiosidad, Sarro compuso la primera ópera a la que puso letra Pietro Metastasio.

En el otro extremo, Sabata nos conmovió también en sus arias más melancólicas, como Render mi vuole, de Astinatte, una ópera de Giovanni Bononcini, rival de Haendel, con quien coincidió en Londres cuando compuso este título. También con Bellezze adorate, de Le fate de Giovanni Ristori, o Qui ti scrivo, o nome amato, de L’Oracolo de Francesco Gasparini, cuyas óperas fueron las primeras italianas programadas en Londres. Contando para todo ello con aportaciones diversas de solistas de la orquesta, como el propio Saragossa al oboe, perfecto controlando el fiato pero con puntuales y discretas salidas de tono y un fraseo no siempre bien controlado, o el estupendo violonchelista Oleguer Aymamí. Con un estremecedor Morgen de Richard Strauss como propina, cambiando radicalmente de estilo pero con el particular timbre que ofrecen los instrumentos antiguos, Sabata y sus acompañantes nos dejaron literalmente con la lágrima en la mejilla.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 2 de diciembre de 2021

BIENVENIDA LA CREACIÓN VIVA

XII Festival Zahir Ensemble de Música Contemporánea. Sachika Ito, Aurora Galán y Bruna de Castro Paluzzi, sopranos; Alain Damas, tenor; Gregor Acuña-Pohl y Julio Figueredo, actores; Andrea Martínez, actriz; Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, dirección escénica e iluminación; Claudia Jung, vestuario y maquillaje. Programa: Gespensterhaus (Casa encantada), de Reinhard Febel; Ligeia, de Hüseyin Evirgen.
Espacio Turina, miércoles 1 de diciembre de 2021

Un momento de la representación de Ligeia

Hay varios motivos para celebrar con satisfacción un evento escénico musical como el que tuvo ayer tarde en el Espacio Turina. Por un lado que se estén realizando simultáneamente en la ciudad dos festivales de música contemporánea, el de Zahir Ensemble que nos ocupa y el de Taller Sonoro que encontró hace apenas un par de semanas su punto álgido con el concierto en torno a Hilda Paredes. Por otro, que esta expresión musical de nuestro tiempo vaya paulatinamente dejando de ser maldita y se vaya colando en el interés y la inquietud del público, que esta vez acudió a la cita de manera bastante generosa, de igual manera que lo hizo hace un par de años cuando se programaron en el Maestranza las primeras de estas óperas de bolsillo, también con Zahir Ensemble, la soprano Sachika Ito y el director de este proyecto de Klang21 en Salzburgo, Thierry Bruehl, colaborador habitual del conjunto sevillano. Y por último, que disfrutemos en este entorno de música de notable calidad, tan sugerente como cautivadora, con el aliciente de estar calentita, lo que podríamos considerar casi una creación en vivo, o mejor dicho una creación viva.

El diálogo con otras artes protagonizó este doble programa, a través de la pintura y la literatura, con el terror y lo inexplicable como nexo común. El cuadro de Edward Hopper Casa junto a la vía del tren, que inspiró a Hitchcock para la famosa mansión Bates de Psicosis, y que funciona como referente de esas casas abandonadas a las que muchos y muchas nos hemos aventurado cuando éramos infantes, sirve de pretexto para la pieza del veterano compositor alemán Reinhard Febel, donde unos amantes fantasmas influyen en el niño y la niña que visitan la casa para perpetuar comportamientos violentos y machistas. Música envolvente y desasosegadora, a fuerza de continuas escalas ascendentes y descendentes en la cuerda, modulaciones agitadas y viscerales y un espíritu general muy acorde a la música de terror cinematográfica, apoyada en disonancias y golpes de efecto turbadores, que Zahir Ensemble defendió con heroica profesionalidad, mientras en las voces Sachika Ito se impuso claramente a su pareja, un Alain Damas desangelado y de voz algo tirante, repitiendo ambos una y otra vez unas mismas y obsesivas líneas de texto. Los niños por su parte rebajaron naturalmente la calidad de la pieza a niveles de función de colegio, si bien destacamos la actitud un tanto bizarra del joven Julio Figueredo, que ya nos sorprendió en aquella cita en el Maestranza de diciembre de 2019.

Zahir Ensemble y el elenco completo de los dos títulos programados

La obra de Hüseyin Evirgen, que también participó en aquella cita maestrante, utiliza como base literaria un relato de Edgar Allan Poe en torno a la muerte de su amada Ligeia, mientras su espectro se pasea por el escenario con tres formas distintas pero siempre hermosas y elegantes, hasta que la aparición espectral se hace patente en el cadáver de la esposa del narrador, también muerta. A éste da vida Gregor Acuña, que demostró una vez más su compromiso con la música contemporánea y su poderoso talante como actor dramático y visceral, todo un derroche de esfuerzo emocional. Aquí el acompañamiento vocal se limitó a emisiones de sonidos breves y muy calculados, algunos levemente susurrados, pero fue la música la gran protagonista con su vocación minimalista y su estética de música tecno industrial apoyada únicamente en instrumentos convencionales, sin participación de la electrónica. Un excelente trabajo de percusión mantuvo su obsesiva línea rítmica, mientras unas elocuentes pausas en la música y la narración, a modo de variaciones sobre un mismo concepto, sin romper la unidad, el ritmo ni el interés de la propuesta, se erigieron en uno de los más imponentes alicientes de la obra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 14 de mayo de 2021

ES LO CONTRARIO DE UN ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

Ópera Innova. Teatro musical. Música y libreto de César Camarero sobre “Los ciegos” de Maurice Maeterlinck y textos de “88 sueños” de Juan Eduardo Cirlot. Juan García Rodríguez, dirección musical. Zahir Ensemble: Alfonso Rubio, flauta; Carlos Lacruz y Félix Romero, clarinetes; Ángel Luis Castaño, Raquel Ruiz y Jesús Mozo, acordeones; José Tur, Agustín Jiménez y Darío Vallecillo, percusión; Óscar Martín, piano; Aglaya González, viola; Aldo Mata, violonchelo; Juan Ignacio Perea, electrónica; Cristóbal Romero, ingeniero de sonido. Intérpretes: Antonio Pereña, Fernando Fernández, Juan Carlos León, Carlos Canalejas, Silvia Micó, Soledad Molano, Carlos Galindos y Julio Cuder. Producción del Teatro de la Maestranza. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 13 de mayo de 2021

Perdonen que haya echado de tópico para titular esta reseña, refiriéndome a esa famosa novela de José Saramago en la que a través de la enfermedad se analizaba la miseria moral y el egoísmo de la sociedad actual. También la ceguera es el eje central del nuevo trabajo del reputado César Camarero, pero él se ha basado en una obra maestra del teatro simbolista de finales del siglo XIX, Los ciegos de Maurice Maeterlinck, donde un grupo de personas invidentes se encuentran perdidas en una isla, sin saber por qué ni cómo, tras haber sido abandonadas por el guía del sanatorio en el que se encuentran recluidas. Precisamente ahora que hasta la Constitución se pretende modificar para adaptarse al lenguaje inclusivo, denominando personas con discapacidad a quienes hasta ahora se consideraban disminuidas, sumergirnos en la rutina sensorial de personas invidentes debía servirnos para potenciar otras capacidades, aumentar nuestro sentido de la percepción y prestar mayor atención al oído gracias a una experiencia inmersiva. Algo así como hacernos sentir personas con capacidades diversas, que sería en definitiva el término más adecuado.

Para ello Camarero, con la impagable ayuda de Juan García Rodríguez y el imprescindible Zahir Ensemble, que suma así otro reto a tantos ya apuntados, nos invita a cerrar los ojos, claro está con ayuda de un antifaz, y apreciar así con una atención menos dispersa y más condicionada, el sonido de la música, el sentido de las voces y sus palabras, y sobre todo el espacio en el que se desarrolla una leve trama con reminiscencias de Esperando a Godot, a la que nos acercamos a través de nuestra imaginación. Hay tantos Es lo contrario como espectadores se dejan seducir por su propuesta, mientras al contrario que en un espectáculo convencional, aquí somos nosotros los observados y no al revés, acrecentando nuestra vulnerabilidad e inseguridad ante la incertidumbre de qué está realmente pasando a nuestro alrededor.

Sin embargo la experiencia no es novedosa. Aun recuerdo hace muchos años asistir a un espectáculo de La Fura dels Baus en el Teatro Central totalmente a oscuras, mientras los actores y actrices nos manipulaban con su habitual violencia. Y no son pocos los compositores que obligan estrenar sus obras en la oscuridad más absoluta para potenciar la comunión perfecta entre oyentes y música. En esta ocasión el experimento funcionó relativamente, según la disposición emocional de cada persona del público, unos más proclives a la dispersión, otras por completo entregadas a la experiencia. Y aunque pudiera parecer que este espectáculo de teatro musical no necesita puesta en escena, todo lo contrario, el emplazamiento de los músicos en plataformas alrededor del público, y las voces distribuidas por todos los rincones de la sala, contribuyen a provocar todo ese cúmulo de pretendidas sensaciones, con mayor o menor fortuna.

Hay sin embargo mucho lamento y sensación de pérdida y frustración en este grupo de invidentes imaginados por Maeterlinck hace más de un siglo. No hay en su obra ese análisis de las capacidades diversas que hoy caracterizan al colectivo y cuya traslación a nuestra relativa normalidad, si alguna vez existe algo normal, parece perseguir la función de Camarero. Además los diálogos en ocasiones parecen perderse en el espacio y bajo la profusa instrumentación. Zahir Ensemble por su parte logra que la música de Camarero suene a él, a su sello inconfundible, a esos planos sonoros lineales, casi homogéneos, sin apenas texturas, sin apenas contrastes, con notas sostenidas interminables que potencian la sensación de inquietud, a veces insostenible, que caracteriza su música. Sonidos solo esporádicamente interrumpidas por ataques severos e injerencias de diversa índole, desde el ladrido de un perro al llanto de un niño, la rotura de cristales o las pisadas sobre hojas secas que pretende imitar un plástico frecuentemente arrugado, aunque más bien nos recuerde lo mucho que molesta la desenvoltura de un caramelo en pleno concierto. Y entre tanto sonido y sampler, un magnífico trabajo de Cristóbal Romero, el ingeniero de sonido, alguno destinado a situarnos en un escenario exótico, como ese Sweet Leinani de corte hawaiano que Bing Crosby cantaba en Waikiki Wedding y que le valió a Harry Owens un Oscar a la mejor canción en 1937.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 11 de abril de 2021

MARIE, PECADORA Y EN VÍA CRUCIS

Ópera de Germán Alonso con libreto de Lola Blasco. Germán Alonso, dirección musical. Rafael R. Villalobos, dirección escénica y vestuario. Emanuele Sinisi, escenografía. Felipe Ramos, iluminación. Con Nicola Beller Carbone, Xavier Sabata, Pablo Rivero Madriñán, Juia de Castro, Luis Tausía y la voz de Lola Blasco. Ensemble Proyecto Ocnos. Producción del Teatro Real y el Teatro de la Abadía. Teatro Lope de Vega, sábado 10 de abril de 2021

El caso del peluquero Johann Christian Woyceck, que asesinó a su compañera sentimental y fue ejecutado en 1824, suscitó un importante debate científico sobre la naturaleza de su execrable acto y sus facultades mentales, que germinó en la novela que el joven médico y escritor Georg Büchner esbozó años después bajo la tesis del asesino inocente, y derivó cuarenta años después en el drama escénico de Karl Emil Franzos, que confundió la y del nombre por una z, inspirando la ópera de Alban Berg que pasó así a denominarse Wozzeck. Aquella década de los veinte del pasado siglo, con las heridas de la Primera Guerra Mundial sin cerrar y la crisis económica y laboral que provocó un empobrecimiento todavía más rotundo de la clase trabajadora, propició que el compositor se centrase más en el retrato del protagonista como un pobre diablo, un trabajador hundido en la miseria y la desesperación, cuya naturaleza sufriente le llevara también a asesinar a su pareja instigado por unos celos irrefrenables. Un comportamiento enfermizo durante siglos redimido y sujeto a la piedad y la comprensión, que dio lugar incluso a la catalogación de este tipo de nauseabundos crímenes con la coletilla de pasionales.

La dramaturga Lola Blasco tuvo la feliz idea de contar la historia de Woyceck desde el punto de vista de ella, Marie, maltratada y asesinada como lo siguen siendo una insostenible multitud en la actualidad, lo que nos ha llevado a una profunda reflexión y un cambio radical en el tratamiento del problema, a su reeducación y a cuestionarnos los parámetros y pilares que sustentan una sociedad incuestionablemente machista, lastrada por siglos de dominación del hombre sobre la mujer, con la aquiescencia de la Iglesia y el pretexto, como muy bien señala Blasco en su muy trabajado texto, del control de la Naturaleza, y con ello de la mujer como portadora de vida que es. No encontramos sin embargo en esta contraópera el reverso prometido, la versión de ella como víctima, mientras asistimos incrédulos de nuevo a la caracterización de su verdugo como persona inestable, malograda por la sociedad y la religión, omnipresente mediante una enorme cruz y la palabra pecado asaltando nuestros oídos continuamente. Y nos preguntamos ¿no va siendo hora ya de condenar esos pilares machistas y vaticanistas al olvido, a ignorarlos, despreciarlos? ¿Acaso no veníamos a escuchar y sentir la posición de la víctima, no a ver sufrir al asesino y admitir sus taras e inseguridades? Se ha perdido la posibilidad de convertir a Marie en una mujer actual, que disfruta de su cuerpo y sexualidad como hemos disfrutado siempre los hombres, sin por ello tener que seguir siendo prostituta y cocainómana, sin condenarla ni cuestionarla. Parece mentira que los y las responsables de este proyecto ronden los treinta años; no pueden evitar seguir reproduciendo los cánones de esas sociedad podrida que paradójicamente pretenden denunciar.

Fallido en lo conceptual, soberbio en lo escénico y musical

Sabata y Carbone
Al margen de estas consideraciones de índole ideológico y conceptual, nos hallamos ante un espectáculo teatro musical de primer orden, que atrapa al público de inicio a fin, se hace corto y atrae por sus formas y perfecto acabado, así como por el rico texto que la propia autora declama en un alto porcentaje, que aunque no atine en muchos de sus postulados, integra ideas y narraciones muy interesantes. El elenco cumple igualmente con un excepcional trabajo, gran parte de cuyo mérito se lo debemos sin duda al director de escena, un Rafael Villalobos que encuentra en este espectáculo la horma de su zapato y le permite crear prácticamente desde la nada un trabajo meditado y enérgico a la vez. Lástima que entre esa sucesión de lugares comunes volvamos a ver sobre las tablas la desnudez integral de la mujer, mientras el hombre se las ingenia con posturas diversas para invisibilizar sus genitales. Pero todos, cantantes, actores y actrices, componen un trabajo sobresaliente en un escenario en el que la cruz da ciertamente mucho juego, y la iluminación consigue armonizar el resultado, singularizar el espectáculo y sugerir los estados de ánimo de los personajes. Destaca también en este sentido el uso de luces estroboscópicas, destellos turbadores cuyo efecto se avisa puede afectar a algunos y algunas espectadoras. Una cruz que simboliza ese vía crucis en el que Berg confesó en su día haber estructurado su ópera, con catorce escenas hasta llegar a la muerte del protagonista, como las catorce estaciones en que se divide el camino de Jesucristo hacia el Gólgota, y que debería en esta ocasión ilustrar el tormento de Marie, por mucho que siga sugiriéndonos de nuevo el de su verdugo. Demasiada iconografía religiosa todavía a estas alturas, cuando deberíamos estar más ocupados en avanzar, progresar y acabar con estas lacras en un nuevo mundo libre de supersticiones, amenazas del más allá y miedos impostados.

Marie ante el espejo
Villalobos aúna aquí dos de sus últimas colaboraciones, con Sabata en aquel discutible Viaje de invierno de finales de 2019, y con Proyecto Ocnos en el ambicioso Hafune de finales de 2020. Por su parte, el compositor Germán Alonso vuelve a colaborar con Proyecto Ocnos tras el controvertido y para muchos fascinante The Sins of the Cities of the Plain en el que brilló la parte solista de El Niño de Elche. Con Marie, Alonso logra una partitura brutal, compacta y radicalmente atractiva, presente no solo en los números cantados sino en gran parte de los declamados, y sirviendo de telón de fondo a la voz grabada de la autora. Sus giros, inflexiones, cambios de registro, efectos, distorsiones y yuxtaposición de instrumentos y sonidos grabados y electrónicos, producen una amalgama perfectamente dosificada y organizada para provocar tanta emoción y reacción como el propio texto, con la humildad de quien persigue precisamente eso y poco más, y el éxito de lograr sintonizar con las y los oyentes, así como con la estética del conjunto. Funciona por lo tanto como ópera en estricto sentido y como música incidental en los momentos puramente teatrales. A ella se amoldan perfectamente la soprano Nicola Beller Carbone y el contratenor Xavier Sabata, ambos luciéndose también en un trabajo actoral intenso y físicamente extenuante, y él además exponiendo su voz a continuas inflexiones y cambios de registro, desde su tesitura habitual al canto natural y la impostura diabólica. Tanto ellos como los tres actores que les acompañan, desdoblándose en varios personajes, desde prostitutas al capitán, la doctora, el chulo, el juez o unas limpiadoras perfectamente prescindibles, lo más flojo de la función, realizan espléndidos trabajos de interpretación dentro de un espectáculo que habría sido redondo de no ser por ese defecto conceptual que hemos intentado explicar y desarrollar.

Fotos: Teatro Real
Artículo publicado en El Correo de Andalucía