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viernes, 15 de marzo de 2024

PASEO POR LAS MÚSICAS DE SEVILLA CON ÁNGELES NÚÑEZ

XLI Festival de Música Antigua de Sevilla 2024. Constantinople & Proyecto Ocnos & Ángeles Núñez & Alberto Carretero. Programa: La Sevilla de las Tres Culturas: Una mirada actual. Salón de Tapices del real Alcázar, jueves 14 de marzo de 2024


Tras el triunfal estreno de La bella Susona de Alberto Carretero en el Maestranza, el Femás presentó ayer un espectáculo único y singular con el que se complementaba de alguna manera la experiencia vivida al aire de la calle antes denominada de la Muerte, a escasos metros del precioso Salón de Tapices del Alcázar donde se convocaron los talentos partícipes en este evento. Pero aunque la fuerza de este encuentro de artistas y culturas fue resultado de una estrecha y muy cuidada colaboración, en la que todos sus resortes brillaron con considerable potencia, fue la cantante de Alcalá de Guadaira, Ángeles Núñez, a quien tantas veces hemos seguido en conciertos de las Noches del Alcázar y otras propuestas sevillanas, quien tuvo posiblemente ayer su gran noche, en la que desplegó sus indiscutibles habilidades y su particular talento para afrontar tantos y variados estilos con una disciplina férrea y sentido de la responsabilidad.


Este recorrido por la Sevilla del siglo XV en la que se desarrolla el drama musical de Carretero y Puerto, encrucijada de culturas que han moldeado sin duda nuestra particular cultura musical, concitó en el escenario al conjunto canadiense Constantinople, de quienes ya disfrutamos en alguna edición anterior del festival junto a la este año ausente Accademia del Piacere, al sevillano Proyecto Ocnos, especialistas en música contemporánea y de amplia divulgación en nuestra ciudad, la música electrónica y las nuevas composiciones de Alberto Carretero, y la voz inmensa y la presencia arrolladora de la cantante sevillana, quien salvo en los cantos de origen persa que entonó Kiya Tabassian, de Constantinople, abordó todas las piezas programadas con un rigor extraordinario, sin desfallecer ni evidenciar fatiga alguna, y una capacidad para embelesar fuera de toda discusión.

El espectáculo se estructuró en cuatro bloques de idéntica duración, hasta completar la hora y media exacta, dividido cada uno a su vez en cuatro disciplinas distintas pero intercomunicadas con acierto e inteligencia. Un canto con ínfulas de danza sefardí, seguido de otro de carácter más recogido y mística cristiana, con piezas de Juan de Anchieta, Juan del Encina y Juan Cornago, entre otros. Después la aportación de raíz musulmana y finalmente el nuevo cancionero experimental de Carretero, siguiendo unas pautas de guion que nos llevaron siempre con carácter de yuxtaposición por la Fe y Tradición, la Infancia y la Maternidad (con escala evidente en nanas sefardí y cristiana entonadas con sentimiento estremecedor), Vida y Muerte, para terminar con Amor y Desamor. Escalas que el ecléctico conjunto abordó con maestría y enorme sentido musical, especialmente en las endiabladas danzas, destacando la capacidad de Núñez para adaptarse a cada disciplina con voz estudiada y adecuada. Acentuó el carácter local de los cantos naturales sefardíes y el tono lírico más afín a su voz de soprano de timbre sedoso y sensualidad desbordante, siempre en perfecto estilo, culminando en un despliegue de vocalizaciones vertiginosas y muy exigentes en las experimentales coplas de Carretero, quien depuró su estilo y lo suavizó para adaptarse a las circunstancias, evidenciando en todo momento un trabajo exhaustivo de investigación y contemporización.

Un esfuerzo considerable para la cantante, que se vio acompañada del poderoso conjunto instrumental en el que se fundieron los instrumentos étnicos, como el kanun o el setar, con las guitarras, incluida la eléctrica, y los clarinetes contemporáneos y debidamente preparados, instrumentos de percusión de diversa índole, incluidos objetos domésticos, y la envolvente y atmosférica electrónica de Carretero. El punto y final lo puso una larga exhibición de todas estas disciplinas que dejó clara la ferviente implicación de cada artista convocado y convocada, provocando deleite y admiración.

Fotos: Lolo Vasco

martes, 12 de marzo de 2024

SEGUNDA SEMANA DE GRANDES CITAS EN EL FeMÁS

Grandes nombres se suceden en esta segunda semana del Festival de Música Antigua que arranca con un Réquiem de Mozart al estilo de MusicAeterna


Después de una primera semana marcada por citas tan importantes e impactantes como las que nos brindaron Dorothee Oberlinger y L’Apothèose o Max Emanuel Cencic acompañado de la singular {oh!} Orkiestra dirigida por una enérgica Martyna Pastuszka, pero también con la ausencia de Daniel Zapico por enfermedad, lo que dejó el ya de por sí algo más corto programa de este año más mermado, el Festival de Música Antigua de Sevilla encara una segunda semana con carencias acusadas. Igual que ha ocurrido con otras manifestaciones culturales o de cualquier otra índole, las crisis sufridas en los últimos años, económicas y sanitaria, parecen servir de excusa en nuestra desdichada ciudad para mantener los consabidos recortes organizativos.

Sólo así se explica que sigamos sin disfrutar de los catálogos que hace años resultaban imprescindibles para aumentar la categoría que el certamen merece. Pero es que esta edición se ha prescindido incluso de programas de mano, confiándolo todo a una página web cuya consulta durante el concierto correspondiente no hace sino molestar al resto del público. Sin una galería de fotografías de los conciertos que ayuden a dar mayor difusión y cobertura a cada cita, y la ausencia de los títulos de las piezas a interpretar entre los subtítulos, no siempre disponibles cuando el evento los exige, merman también la dignidad de un festival que por el contrario ha apostado por un cartel tan atractivo como variado, como evidencia esta segunda semana que está a punto de arrancar.

Un Réquiem con entradas agotadas y un atractivo complemento a La bella Susona

La primera cita de la semana llega de la mano de la orquesta MusicAeterna, cuyo fundador y director, el griego nacionalizado ruso Teodor Currentzis, ofrecerá el martes en el Maestranza su particular versión del Réquiem de Mozart, seguramente una de las obras más populares del repertorio clásico, cuya fama trasciende lo puramente musical para adentrarse en el terreno del thriller gracias a las leyendas que cursan sobre las condiciones de su composición, que alimentaron incluso especulaciones tan atractivas e impactantes como las vertidas en la obra de Peter Shaffer y la película de Milos Forman. Cuatro solistas igualmente rusos y miembros del coro de la orquesta, se encargarán de dar forma a esta suculenta pieza, incompleta tras la prematura muerte de Mozart, aunque dejó directrices suficientes para que su discípulo Franz Xaver Süssmayr la terminara en mimético estilo. El Concierto para piano nº 24 de Mozart, interpretado por la muy aplaudida Olga Paschenko, completa un programa para el que no quedan entradas.

San Luis de los Franceses será el privilegiado escenario para que el miércoles 13 Ismael Campanero y Daniel Oyarzábal rindan homenaje al violone, instrumento muy popular en el Renacimiento y el Barroco, aunque fundamentalmente reservado a funciones de bajo continuo. La escasez de obras dedicadas en exclusiva a este instrumento de cuerda frotada de gran tamaño hace inevitable recurrir a la transcripción para ofrecer un programa tan atractivo, con Bach, Vivaldi, Castello, Frescobaldi o Purcell en los atriles, de la mano del joven y ecléctico contrabajista madrileño y el especialista vasco en teclados, que presentan así el disco que con el mismo título, The New Violone, editaron el año pasado.


Coincidiendo con el estreno un día antes en el Maestranza de la ópera La bella Susona, el prestigioso y comprometido compositor sevillano Alberto Carretero ofrecerá el miércoles en el Palacio Gótico del Alcázar un singular espectáculo que recrea la Sevilla de las Tres Culturas con la colaboración del conjunto étnico canadiense Constantinople, que ya actuó en el festival junto a su director Kiya Tabassian hace un par de años, el ensemble contemporáneo Proyecto Ocnos y la rutilante y personalísima cantante Ángeles Núñez, habitual de los grupos Axabeba y Sephardica. Se trata de un proyecto concebido especialmente para el Femás, en el que destaca un nuevo cancionero en cuatro partes compuesto ex profeso por Carretero.

Valer Sabadus y Orkester Nord embellecen el fin de semana

Barroco de bolsillo es el título con el que debutan en el Espacio Turina el viernes 15 los primeros atriles de la Barroca de Venecia con el contratenor rumano-alemán Valer Sabadus, muy reconocido en óperas y recitales junto a nombres del calibre de William Christie o Diego Fasolis. La clavecinista sevillana Irene Roldán se suma al elenco para ofrecernos un precioso programa en el que destacan arias sacras de Gabrielli junto a otras operísticas de Haendel, Porpora, Gluck y Vivaldi, además de conciertos de este último y el siempre estimulante Bach. Una oferta plagada de aroma italiano con arreglos encargados por el propio Andrea Marcon, fundador de la orquesta y responsable de la Alcina disfrutada hace unas semanas en nuestra ciudad.

Próximos a la Semana Santa, el sábado la orquesta noruega Orkester Nord nos ofrecerá el oratorio Vida y Pasión de Cristo del compositor barroco checo Augustin Pfleger, con cuya grabación ha recibido numerosos reconocimientos el conjunto dirigido por el prestigioso violonchelista Martin Wahlberg. El concierto será completado con el adagio y el allegro de la Sinfonía en re menor de Vicenzo Albrici.


Para terminar la semana, el domingo 17 será el turno de los artistas locales. El recientemente galardonado con la beca de la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla, el violonchelista Mateo Murillo, será el protagonista de un concierto centrado en obras de la primera mitad del siglo XVIII, acompañado por esos dos valores seguros que son Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave. Una sonata del virtuoso francés Jean-Baptiste Barriére, otra de las seis del opus 5 de Francesco Geminiani y otra de las nueve que compuso para el instrumento Vivaldi, además de la suite nº 3 para violonchelo de Bach, quien dio impulso definitivo al instrumento como solista, integran el precioso programa con el que lucirá el talento de este músico sevillano curtido en Berlín y Stuttgart, antes de que el Festival entre en su última semana a las puertas de la Semana Santa.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 12 de enero de 2022

WAGNER CORONA UN DELIRIO HOMOERÓTICO

Banco de proyectos ICAS. Margen. Álvaro Romero, cantaor; Antiel Jiménez, actor; Proyecto OCNOS: Gustavo Domínguez, clarinete y Pedro Rojas, guitarra eléctrica; Cachito Vallés, espacio escénico; Rafa Garhés, vestuario; Abelardo Castro, producción y videos; Javier Mora, sonido; Rafael R. Villalobos, concepto, iluminación y dirección. Música de Helmut Lachenmann, Pietro Giramo, Richard Wagner, Álvaro Romero y Proyecto Ocnos sobre textos de Alex Espinoza, Rafael R. Villalobos y Miguel Benlloch. Espacio Turina, martes 11 de enero de 2022


Después de la excelente exposición Diferentes en el Espacio Santa Clara, prometía mucho este proyecto del ICAS con el que el Espacio Turina inaugura el año, basado en textos del escritor mejicano afincado en Los Angeles Alex Espinoza y el artista, poeta, performer y activista político y cultural Miguel Benlloch, nacido en Granada y afincado en Sevilla, donde murió hace poco más de tres años. Cada uno según su estilo y parámetros analizaron y desglosaron el papel de la homosexualidad, sus gozos y calvarios, en sus obras y reivindicaciones, con especial énfasis en esta ocasión en el último libro publicado de Espinoza, Cruising: Historia de un pasatiempo radical. Esto y el hecho de que el espectáculo se desarrolle íntegramente en penumbra, hacía presagiar un interesante y, en el mejor de los casos inteligente, trabajo sobre otros estilos de vida, otras formas de vivir la sexualidad, de disfrutar sin molestar, sin hacer daño a nadie salvo a quien se empeñe en sentirse amenazado o amenazada a través del miedo a lo diferente. Se trataba pues de mostrar que no hay márgenes para el género ni para la sexualidad, ni lo debe haber para el arte, que debe fluir no solo por el río o curso en el que ha sido etiquetado sino también por esas otras zonas fuera del confort al que nos hemos acostumbrado.

Sin embargo, en la práctica nos encontramos con un trabajo en progreso, posiblemente estrenado entre prisas y presiones, en el que se atisban ideas pero falta desarrollo, abunda la confusión y más de un detalle queda por perfilar. En el escenario unas luces de neón se encienden y apagan sin una explicación lógica, mientras unas proyecciones de escasa definición se empeñan en mostrar partes del cuerpo humano a la vez que una voz en off recita textos del propio Rafael Villalobos en torno a la concepción del hombre y la identidad que proponía el filósofo y psicólogo Michel Foucault, un referente y una constante en el laureado director escénico sevillano. Sobre el escenario cuatro personas se dejan la piel, el ecléctico cantaor gaditano Álvaro Romero y el actor Antiel Jiménez, ambos reconocidos activistas homosexuales, además de los músicos de Proyecto Ocnos Gustavo Domínguez y Pedro Rojas, rubricando así una relación entre conjunto musical y director artístico que ha dado ya algunos frutos más o menos reconocidos, como Hafune o Marie.

De izquierda a derecha Rojas, Romero, Jiménez y Domínguez

Con tanto nombre comprometido e interesante sobre el escenario, tras él y bajo las citas literarias y musicales escogidas, este proyecto experimental tendría que haber volado más alto y no quedarse en una mera sucesión de episodios que redundan en la sordidez, lo siniestro y lo tétrico con que habitualmente se ilustra una forma de vivir la sexualidad que en realidad busca en el desprejuicio y la libertad su motivo y razón de ser. El recurrente lamento y el quejío predominan así sobre la celebración y la convicción. Tras los textos de Belloch declamados por Romero con aires flamencos pero una línea parecida a la de los niños de San Ildefonso, un Antiel Jiménez en suspensorios se mueve con una sensualidad ambigua sobre el escenario mientras un excelente Gustavo Domínguez recrea la inquietante música de Helmut Lanchenmann entre acordes, soplos y jadeos, en actitud acosadora al portar el actor la partitura que el clarinetista sigue al dedillo. Este momento constituyó el mejor y más sugerente del programa, mientras Romero encontró su momento de mayor lucimiento cuando ataviado con ropa tradicionalmente considerada de mujer cantó en su particular estilo al compositor barroco napolitano Pietro Antonio Giramo, sin que sus letras merecieran subtitulado alguno, a pesar de lo mucho que la propuesta escénica abunda en sobretítulos. Rojas acompañó en esta ocasión con disonante y perturbadora guitarra eléctrica, demostrando una vez más que lo mejor de la función lo ofreció Proyecto Ocnos. Y finalmente llegó Wagner, adalid del arte total en el que Villalobos parece querer reflejarse. Su Liebestod de Tristán e Isolda, convenientemente distorsionado y manipulado, ilustró un pretendidamente poético final en el que el cuerpo desnudo de Jiménez es bañado y emplumado por un entregado Romero, después de que el primero levite sobre el escenario bajo una capa roja pasión. Hubiésemos preferido mejor teatro y mayor transmisión de alma y emoción, pero al menos nos quedamos con algunas de sus interesantes propuestas musicales.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 11 de abril de 2021

MARIE, PECADORA Y EN VÍA CRUCIS

Ópera de Germán Alonso con libreto de Lola Blasco. Germán Alonso, dirección musical. Rafael R. Villalobos, dirección escénica y vestuario. Emanuele Sinisi, escenografía. Felipe Ramos, iluminación. Con Nicola Beller Carbone, Xavier Sabata, Pablo Rivero Madriñán, Juia de Castro, Luis Tausía y la voz de Lola Blasco. Ensemble Proyecto Ocnos. Producción del Teatro Real y el Teatro de la Abadía. Teatro Lope de Vega, sábado 10 de abril de 2021

El caso del peluquero Johann Christian Woyceck, que asesinó a su compañera sentimental y fue ejecutado en 1824, suscitó un importante debate científico sobre la naturaleza de su execrable acto y sus facultades mentales, que germinó en la novela que el joven médico y escritor Georg Büchner esbozó años después bajo la tesis del asesino inocente, y derivó cuarenta años después en el drama escénico de Karl Emil Franzos, que confundió la y del nombre por una z, inspirando la ópera de Alban Berg que pasó así a denominarse Wozzeck. Aquella década de los veinte del pasado siglo, con las heridas de la Primera Guerra Mundial sin cerrar y la crisis económica y laboral que provocó un empobrecimiento todavía más rotundo de la clase trabajadora, propició que el compositor se centrase más en el retrato del protagonista como un pobre diablo, un trabajador hundido en la miseria y la desesperación, cuya naturaleza sufriente le llevara también a asesinar a su pareja instigado por unos celos irrefrenables. Un comportamiento enfermizo durante siglos redimido y sujeto a la piedad y la comprensión, que dio lugar incluso a la catalogación de este tipo de nauseabundos crímenes con la coletilla de pasionales.

La dramaturga Lola Blasco tuvo la feliz idea de contar la historia de Woyceck desde el punto de vista de ella, Marie, maltratada y asesinada como lo siguen siendo una insostenible multitud en la actualidad, lo que nos ha llevado a una profunda reflexión y un cambio radical en el tratamiento del problema, a su reeducación y a cuestionarnos los parámetros y pilares que sustentan una sociedad incuestionablemente machista, lastrada por siglos de dominación del hombre sobre la mujer, con la aquiescencia de la Iglesia y el pretexto, como muy bien señala Blasco en su muy trabajado texto, del control de la Naturaleza, y con ello de la mujer como portadora de vida que es. No encontramos sin embargo en esta contraópera el reverso prometido, la versión de ella como víctima, mientras asistimos incrédulos de nuevo a la caracterización de su verdugo como persona inestable, malograda por la sociedad y la religión, omnipresente mediante una enorme cruz y la palabra pecado asaltando nuestros oídos continuamente. Y nos preguntamos ¿no va siendo hora ya de condenar esos pilares machistas y vaticanistas al olvido, a ignorarlos, despreciarlos? ¿Acaso no veníamos a escuchar y sentir la posición de la víctima, no a ver sufrir al asesino y admitir sus taras e inseguridades? Se ha perdido la posibilidad de convertir a Marie en una mujer actual, que disfruta de su cuerpo y sexualidad como hemos disfrutado siempre los hombres, sin por ello tener que seguir siendo prostituta y cocainómana, sin condenarla ni cuestionarla. Parece mentira que los y las responsables de este proyecto ronden los treinta años; no pueden evitar seguir reproduciendo los cánones de esas sociedad podrida que paradójicamente pretenden denunciar.

Fallido en lo conceptual, soberbio en lo escénico y musical

Sabata y Carbone
Al margen de estas consideraciones de índole ideológico y conceptual, nos hallamos ante un espectáculo teatro musical de primer orden, que atrapa al público de inicio a fin, se hace corto y atrae por sus formas y perfecto acabado, así como por el rico texto que la propia autora declama en un alto porcentaje, que aunque no atine en muchos de sus postulados, integra ideas y narraciones muy interesantes. El elenco cumple igualmente con un excepcional trabajo, gran parte de cuyo mérito se lo debemos sin duda al director de escena, un Rafael Villalobos que encuentra en este espectáculo la horma de su zapato y le permite crear prácticamente desde la nada un trabajo meditado y enérgico a la vez. Lástima que entre esa sucesión de lugares comunes volvamos a ver sobre las tablas la desnudez integral de la mujer, mientras el hombre se las ingenia con posturas diversas para invisibilizar sus genitales. Pero todos, cantantes, actores y actrices, componen un trabajo sobresaliente en un escenario en el que la cruz da ciertamente mucho juego, y la iluminación consigue armonizar el resultado, singularizar el espectáculo y sugerir los estados de ánimo de los personajes. Destaca también en este sentido el uso de luces estroboscópicas, destellos turbadores cuyo efecto se avisa puede afectar a algunos y algunas espectadoras. Una cruz que simboliza ese vía crucis en el que Berg confesó en su día haber estructurado su ópera, con catorce escenas hasta llegar a la muerte del protagonista, como las catorce estaciones en que se divide el camino de Jesucristo hacia el Gólgota, y que debería en esta ocasión ilustrar el tormento de Marie, por mucho que siga sugiriéndonos de nuevo el de su verdugo. Demasiada iconografía religiosa todavía a estas alturas, cuando deberíamos estar más ocupados en avanzar, progresar y acabar con estas lacras en un nuevo mundo libre de supersticiones, amenazas del más allá y miedos impostados.

Marie ante el espejo
Villalobos aúna aquí dos de sus últimas colaboraciones, con Sabata en aquel discutible Viaje de invierno de finales de 2019, y con Proyecto Ocnos en el ambicioso Hafune de finales de 2020. Por su parte, el compositor Germán Alonso vuelve a colaborar con Proyecto Ocnos tras el controvertido y para muchos fascinante The Sins of the Cities of the Plain en el que brilló la parte solista de El Niño de Elche. Con Marie, Alonso logra una partitura brutal, compacta y radicalmente atractiva, presente no solo en los números cantados sino en gran parte de los declamados, y sirviendo de telón de fondo a la voz grabada de la autora. Sus giros, inflexiones, cambios de registro, efectos, distorsiones y yuxtaposición de instrumentos y sonidos grabados y electrónicos, producen una amalgama perfectamente dosificada y organizada para provocar tanta emoción y reacción como el propio texto, con la humildad de quien persigue precisamente eso y poco más, y el éxito de lograr sintonizar con las y los oyentes, así como con la estética del conjunto. Funciona por lo tanto como ópera en estricto sentido y como música incidental en los momentos puramente teatrales. A ella se amoldan perfectamente la soprano Nicola Beller Carbone y el contratenor Xavier Sabata, ambos luciéndose también en un trabajo actoral intenso y físicamente extenuante, y él además exponiendo su voz a continuas inflexiones y cambios de registro, desde su tesitura habitual al canto natural y la impostura diabólica. Tanto ellos como los tres actores que les acompañan, desdoblándose en varios personajes, desde prostitutas al capitán, la doctora, el chulo, el juez o unas limpiadoras perfectamente prescindibles, lo más flojo de la función, realizan espléndidos trabajos de interpretación dentro de un espectáculo que habría sido redondo de no ser por ese defecto conceptual que hemos intentado explicar y desarrollar.

Fotos: Teatro Real
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 6 de diciembre de 2020

OCNOS reflexiona sobre la diversidad cultural

Proyecto OCNOS. Hafune. Pájaro Demoníaco
Rocío de Frutos, voz. Borja Díaz Vera, batería, y percusiones. Gustavo Domínguez Ojalvo, clarinetes, electrónica y creación musical. Pedro Rojas Ogáyar, guitarras, electrónica y creación musical. Milena Barquilla Acera, performer. Rafael R. Villalobos, coordinación escénica, luces y dramaturgia. Javier Palacios, diseño de escena. Cachito Vallés, asistencia técnica y video. Javier Mora, técnico de sonido. Proyecto OCNOS, dirección, creación y arreglos. Espacio Turina, domingo 6 de diciembre de 2020


No podía ser otro espacio que el Turina, donde año tras año este atrevido proyecto andaluz ha ido ofreciendo sus propuestas y apostando por un arte ecléctico basado en la música de nuestro tiempo, el elegido para presentar la que quizás sea su propuesta más completa, ambiciosa y multidisciplinar hasta la fecha, a pesar de tratarse de un espectáculo digno de espacios especializados como el Teatro Central. Después de años promoviendo el gusto por la música contemporánea ante un público reticente, a veces casi inexistente, ha tenido que ser justo cuando se imponen las restricciones de aforo que haya crecido el interés por su propuesta y mucha gente se haya tenido que quedar sin poder asistir a tan relevante estreno. Puede que los nombres de Rocío de Frutos y Rafael Villalobos hayan influido en este repentino crecimiento de interés, no en vano son nombres, cada uno en su ámbito, que cuentan con un respaldo amplio de la afición musical sevillana, en el caso de ella por su trabajo infatigable en tantas ofertas musicales de la ciudad durante un buen puñado de años, en el del joven director de escena por los logros cosechados en la ópera, el último caso el reciente Cosí fan tutte del Maestranza, y los premios recibidos por ellos. 

En Hafune OCNOS nos cuenta la historia de un pájaro mitológico que tenía la facultad de fulminar a quien lo mirase, y de quienes se consideraban lo podían manipular y debían ser aniquilados por ello. Es decir, el cuento del miedo como arma para controlar y la diferencia como elemento discordante a extinguir en una sociedad homogénea que resulte fácil de dirigir y aprovechar. Es la historia de la humanidad, y de cómo Occidente ha ido intentando homogeneizar nuestro mundo, con el desprecio a la cultura de los demás que ello implica. No hace falta remontarse a las colonizaciones sufridas en Asia, África y América a lo largo de los siglos, y la aniquilación de pueblos y razas enteras que han supuesto. Lo vemos todavía en el odio extremo a la singularidad de otros pueblos que forman parte de nuestro propio país, y que algunos partidos siguen utilizando como arma para propagar el miedo y la sinrazón para impedir la supuesta ruptura del reino; y lo vemos también en Gaza, donde occidente pretende seguir haciéndose fuerte a través de la colonización israelí de los pueblos palestinos. Es una barbarie que no cesa, un problema de convivencia universal y la cultura vuelve a convertirse así en remedio para educarnos y abrirnos ojos y mentes. 

Mensaje más en el texto que en la escena 

En la propuesta de Villalobos y OCNOS el mensaje lo cuentan los múltiples textos proyectados sobre la pantalla y leídos en los atriles. Son los extractos de intelectuales de todos los tiempos, como Bartolomé de las Casas, Marx, Levi-Strauss o Edward Said, los que alumbran este mensaje y nos hacen reflexionar, mientras sobre el escenario disfrutamos del buen hacer de cada uno y una en su apartado, pero sin apenas referentes para apreciar la riqueza de la narración y la idea propugnada con ella, empezando por el error, una vez más, de no traducir los textos cantados. Las videoproyecciones y animaciones son creativas y atractivas, la expresión corporal de Milena Barquilla logra transmitir dolor y sensualidad a partes iguales, los textos seleccionados son suficientemente elocuentes, la iluminación sugerente, la dirección escénica, aunque confusa por lo apuntado, maneja bien el espacio y los recursos presentes, y los arreglos musicales, con amplia intervención electrónica, evocan adecuadamente los sonidos de la naturaleza, transmiten paz y desasosiego según el momento, y versionan con imaginación piezas del barroco (la Marcha turca de Lully, Las indias galantes de Rameau) y el romanticismo (arias de Brahms y Mahler). 

En ese sentido brilla con voz propia el trabajo de Rocío de Frutos, que en su ya dilatada carrera ha dado sobradas muestras de versatilidad afrontando todo tipo de estilos y repertorios, por más que su fuerte lo siga teniendo en el barroco y la música antigua. Amplificada y todo, su voz resulta tan fresca, atractiva y estimulante como para por sí sola justificar el disfrute de este singular espectáculo, sin desmerecer el estupendo trabajo de interpretación e intervención, esa música efímera a la que hace referencia el nombre cernudiano del conjunto, que hace gente de tan probada aptitud como el clarinetista Gustavo Domínguez, el percusionista Borja Díaz y el bajista Pedro Rojas. Si solo se trabajara un poco más su dramaturgia y no se dejara tanto a la responsabilidad de los textos seleccionados y proyectados, el conjunto brillaría más y resultaría más efectivo. No obstante el esfuerzo y el talento de sus integrantes bien vale la pena y merece su sincera recomendación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía