martes, 6 de octubre de 2026

LA ROSS Y JUVENTUDES MUSICALES NOS LEVANTAN EL ÁNIMO

Concierto de Juventudes Musicales y la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Javier Sanz Pascual, fagot. Irene Arriaza, violín. Julia Cruz, dirección. Programa: Obertura de Oberón J.306, y Concierto para fagot en Fa mayor J.127 Op. 75, de Carl Maria von Weber; Obertura de una ópera cómica inacabada Op. 140, y Concierto para violín nº 3 en Si menor Op. 61, de Saint-Saëns. Teatro de la Maestranza, lunes 5 de octubre de 2026


Hace diez años que nos dejó Julio García Casas, fundador y presidente de Juventudes Musicales de Sevilla desde 1954. A él se dedicó este concierto que contó con dos nuevos y jóvenes solistas, y una directora así mismo plena de juventud al frente de una orquesta entregada para que nada pudiera deslucir la ilusión de tocar en un espacio tan emblemático como el Teatro de la Maestranza. Una emotiva semblanza del histórico fundador por parte del actual presidente del movimiento, Arnold W. Collado, presidió el programa de mano diseñado para la ocasión.

En los atriles, un precioso programa integrado quizás no por obras rotundamente maestras, pero sí suficientemente atractivas y poco divulgadas como para generar interés e incluso entusiasmo en un público completamente entregado al aplauso y los vítores de tan jóvenes talentos. Mucha juventud también en la sala, señal quizás de que se siguen haciendo las cosas bien, promulgando la asistencia de los y las estudiantes de los conservatorios a los conciertos, o puede que sólo se tratara de compañeros, compañeras y familiares de los protagonistas.

Del romanticismo incipiente al más crepuscular

Los autores elegidos para la ocasión fueron Carl Maria von Weber y Camille Saint-Saëns, setenta años de diferencia entre la obra más antigua del primero y la más moderna del segundo, claros exponentes del romanticismo en sus vertientes extremas, aún tímido en el caso del compositor alemán, más integrado en el del francés.

Una orquesta reducida, cumpliendo las demandas no ya de las partituras, que quizás demandaban una mayor presencia de la cuerda, al menos en el caso de Saint-Saëns, sino del espacio ofrecido para la ocasión, no fue óbice para extraer brillo de cada pieza, gracias al mimo y el detalle con el que la joven directora Julia Cruz trazó cada línea melódica, cada inflexión y cambio de registro, y un depurado trabajo de dinámicas, con todo lo cual logró una acertada acentuación de las piezas no concertantes de cada autor.

Así, con Oberon nos dejamos seducir por al mágico mundo de los elfos, arrancando con un adagio sostenuto imponente y a la vez sosegado, que se encadena con un allegro chispeante e irresistible, alternándose con tiernos y amorosos pasajes de radiante lirismo, siempre bajo la mirada atenta de una directora preocupada por evitar todo tipo de estridencias y salidas de tono.


La Obertura para una ópera cómica inacabada, obra de estricta juventud de Saint-Saëns, se mantuvo ligera en manos de Cruz, acertando en sus elocuentes diálogos y un acelerado presto final, predominando en todo momento un carácter alegre y desenfadado.

Triunfo de Javier Sanz e Irene Arriaza

Uno de los principales alicientes de estos conciertos auspiciados por Juventudes Musicales, reside en la aportación de savia nueva al panorama musical de la ciudad, leit motiv en todo caso del modus operandi de la asociación. Sin embargo, el primero de los solistas no fue invitado suyo, sino de la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España, de cuya mano recibió el año pasado el primer premio de su concurso anual.


Se trata de Javier Sanz Pascual, que nos brindó un Concierto para fagot de von Weber que fue pura delicia, por su musicalidad, su gracia y ese toque cómico que fue capaz de darle, especialmente en el movimiento final. Orquesta y solista retuvieron a la perfección el estilo deliberadamente clásico de la pieza, seguramente por tratarse de uno de los muchos encargos que recibió de solistas de la época, aún no familiarizados con el romanticismo y proclives al estilo mozartiano aún imperante.

Hubo también en la impecable interpretación de Sanz y el ropaje orquestal un efecto teatral destacado, sobre todo en el adagio, dechado de lirismo operístico, brillantemente defendido por un solista que en ningún momento atisbó dificultad alguna de respiración. En el tercer movimiento destacó el ánimo travieso del solista, ampliamente secundado por una batuta siempre atenta a no eclipsarle. La vertiginosa sucesión de escalas y arpegios que inunda el final fue defendida con enorme virtuosismo.

Sensacional también la aportación de la joven sevillana Irene Arriaza, al frente de la que quizás fuera la obra más distinguida del programa, el Concierto para violín nº 3 de Saint-Saëns. Melodioso y con abundantes recursos para exhibirse, Arriaza manifestó un sonido robusto y carnoso, de inspiración bohemia, que mudó a otro más lírico y ligeramente refinado en el delicioso movimiento lento.

Acusó en todo momento, salvo alguna excepción sin importancia, una pureza de emisión encomiable, encargándose con soltura y responsabilidad de todas las ricas líneas melódicas, y apreciándose siempre tanto en ella como en la dirección, un trabajo cálido y elegante. Ambos solistas interpretaron sin partituras, evidenciando una preparación exhaustiva y llena de ilusión. Arriaza ofreció como propina un Liebesleid, de las Antiguas danzas vienesas de Kreisler, henchido de melancolía, transcrita para una cuerda así mismo consecuente con tal atmósfera.

Fotos: José Ignacio Caballero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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