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jueves, 16 de abril de 2026

ORLINSKI, IMPACTANTE Y ATREVIDO SEDUCTOR

Recital. Jakub Józef Orlinski, contratenor. Michał Biel, piano. Programa: Arias de Handel; Arias y canciones de Purcell; Canciones de Baird y Karlowicz. Teatro de la Maestranza, miércoles 15 abril de 2026


El de Jakub Józef Orlinski prometía ser un recital mucho más contenido, sobrio y melancólico del que celebró aquí mismo hace tres años, entonces ciñéndose al repertorio estrictamente barroco y con Il Giardino d’Amore como orquesta acompañante, pero su gracia y desenvoltura acabó por convencernos de lo contrario. La reciente edición del disco If Music… junto a su gran amigo Michał Biel, ha propiciado una nueva gira que le ha llevado por diversos países de Asia y que ahora ha arrancado en Europa, precisamente en Sevilla, otro acierto del actual equipo directivo del Maestranza. Aunque el teatro no se llenó, evidenció la enorme expectación suscitada por el joven y carismático contratenor, con público enfervorecido y presto a vitorearle el talento y agradecerle su enorme caudal de simpatía.

Esta vez Orlinski vino acompañado solo de su amigo pianista, con quien dio sus primeros pasos cuando se conocieron en la Academia Operowa, un programa para jóvenes artistas del Teatro Wielki, cerca de Varsovia. Cuando ambos estudiaban en el prestigioso Julliard School de Nueva York, Biel animó al contratenor a descubrir las canciones que autores polacos como Szymanowski, Czyk, Moniuszko, Karlowicz o Baird habían compuesto a lo largo de los siglos XIX y XX. El resultado fue una serie de conciertos que años después cristalizaron en el disco Farewells, el cuarto en solitario del contratenor, que ahora, aprovechando el segundo registro juntos, centrado en Händel y Purcell, vuelve a inspirar parte del repertorio.

Insólitos Händel y Purcell al piano

Y así, con esta rara pero eficaz combinación de ambos trabajos, volvimos a disfrutar del talento infinito de Jakub Józef Orlinski, que arrancó con Voi che udite de Agrippina, convenientemente precedido del recitativo Otton, qual portentoso fulmine, que al no contemplarse en el programa, despistó a la organización a la hora de proyectar los sobre títulos. Pudo apreciarse ya la furia latente del recitativo frente a la candidez melancólica del conmovedor aria, una constante que se mantuvo con el resto del repertorio handeliano, especialmente en Coronato il crin, de la misma ópera, que no aparece curiosamente en el disco de Orlinski y Biel.


El contratenor hizo también gala de un dominio técnico impecable y portentoso en Siam prossimi al porto, de Rinaldo, la ópera con la que pudimos escucharle por primera vez en directo en Sevilla, hace ocho años. Su voz homogénea y cautivadora, de timbre tan sedoso que no se permite ninguna estridencia y maneja a discreción, regulando volúmenes y logrando largos filados, se lució sobre manera en Furibondo spira el vento de Parténope, con el que terminó el programa antes de sumergirse en las generosas propinas, siempre con la complicidad del piano, que dio un cariz insólito a este singular repertorio.

La compenetración entre Orlinski y Biel fue total, logrando una perfecta simbiosis en el bloque dedicado a Purcell, con paradas estremecedoras en Sweeter than Roses o If Music Be the Food of Love, cuya breve pero intensa literatura nos conmovió y llegó al alma, sobre todo cuando realizó sorprendentes piruetas y un marcado progreso desde el pianissimo más delicado al forte más estremecedor en What Power Art Thou? de la semiópera King Arthur.

Embajadores perfectamente compenetrados

Pero fue especialmente en los dos bloques dedicados a la canción polaca donde esta compenetración brilló en todo su esplendor. De Tadeusz Baird, compositor que coqueteó con el serialismo imperante en los cincuenta del pasado siglo, pero tuvo que mantener la accesibilidad con el público que demandaba el régimen político de la época, Orlinski interpretó sus Cuatro sonetos de amor, según textos de Shakespeare, en consonancia con el repertorio purcelliano elegido.

La rara combinación de técnica y emoción que caracteriza estas piezas, encontraron en la voz de Orlinski y las manos de Biel el vehículo perfecto para sorprender, aunque con mayor efectividad en algunas piezas que en otras. Aquí el uso del piano resultó lógicamente menos atrevido y fuera de estilo que en esas arias handelianas que disfrutamos de un modo distinto y novedoso de como las habíamos disfrutado en otras ocasiones. Apreciamos el talento y la capacidad del contratenor para llevar estas piezas a tan buen puerto, a pesar de estar concebidas para barítono.


También para esa tesitura concibió Mieczyslaw Karlowicz, romántico tardío y maestro absoluto del poema sinfónico, sus más de veinte canciones conservadas hasta la fecha, de las que Orlinski entonó siete de diversa naturaleza, siempre con la emoción y el sentimiento como principal herramienta de seducción. Biel se reveló también aquí como perfecto apoyo y esencial colaborador, haciendo gala de una precisa digitación.

Era lógico que Ombra mai fu de Serse se reservara para las propinas, pues estar incluido en el disco y no en el programa resultaba chocante. Orlinski la cantó con una delicadeza extrema, granjeándose otra fulgurante ovación del público, que disfrutó también de las divertidas y desenfadadas locuciones del contratenor, en perfecta dicción castellana a pesar de su falta de dominio y conocimiento, y sobre todo en inglés.

El maravilloso Music for a While y el vigoroso Strike the Viol de Purcell, enriquecieron las propinas, el segundo propiciando el inevitable paso de break dance del joven contratenor, una de sus señas de identidad, y revelando otro talento oculto, cantar como un ventrílocuo. La tanda de propinas terminó con el tema principal de La princesa Mononoke, el descubrimiento de Joe Hisaishi que en sus propias palabras experimentó tras su reciente periplo por Japón.

Y quedó así puesta de manifiesto la inquietud del enorme artista por hacer cosas diferentes y atrevidas, otra manera de cautivar al público y atraer nueva afición, como se evidencia también en el disco #LetsBaRock, grabado junto a Aleksander Debicz, donde lleva el barroco al terreno estrictamente pop.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 24 de noviembre de 2025

UN JARDÍN FLORIDO DE VOCES Y DANZA

The Fairy Queen, de Henry Purcell. Ópera en concierto semiescenificada. Orquesta de Les Arts Florissants. Paul Agnew, dirección musical. Mourad Merzouki, dirección de escena y coreografía. Remi Autechaud, asistente de coreografía. Claire Schirck, vestuario. Fabrice Sarcy, iluminación. Con los solistas de Le Jardin des Voix Paulina Francisco, Georgia Buzaschko, Rebecca Leggett, Juliette Mey, Ilja Aksionov, Rodrigo Carreto, Hugo Herman-Wilson y Benjamin Schilperoort y los bailarines de la compañía Käfig Samuel Florimind, Anahi Passi, Alary Ravin, Daniel Saad y Timothée Zig. Teatro de la Maestranza, domingo 23 de noviembre de 2025


Resulta extraño, a pesar del generoso aforo observado anoche, que este singular y gratificante espectáculo no hubiese generado un lleno absoluto, teniendo en cuenta que satisfacía a dos públicos distintos pero complementarios, el del canto y la música clásica, y el de la danza.

Para entender esta propuesta híbrida del gran Henry Purcell, hay que remontarse trescientos años atrás, cuando fue estrenada. Generada como espectáculo para masas, la semiópera inglesa combinaba teatro, música y danza, pudiendo llegar a alcanzar varias horas de duración, lo suficiente como para tener entretenido al público un buen rato. Una adaptación libre de El sueño de una noche de verano de Shakespeare está en el origen de La reina de las hadas, obra en cinco actos para los que Purcell creó a su vez cuatro masques o piezas de baile y canto de contenido alegórico que no aportaban nada a la narración pero reforzaban sus ideas. Un año después del estreno añadiría otra para el primer acto.

Quizás por este inconveniente de tener que programar un espectáculo de hasta cinco horas si se quiere respectar su argumento, es por lo que esta obra de belleza delicada y singular apenas se representa y se opta por estas recreaciones de sus masques aisladas del contexto narrativo. Así las cosas, el público debe renunciar al argumento y las palabras de Shakespeare, de las que el texto cantado no recoge ni una.

Pura delicadeza musical

Paul Agnew y Les Arts Florissants nos han visitado recientemente en dos ocasiones, aunque en versión reducida, pero es El jardín de las voces, espectáculo bajo la dirección de William Christie con el que lo hicieron en este mismo Maestranza hace dieciocho años, el que guarda mayor semejanza con esta Reina de las hadas. La orquesta ofreció una versión traslúcida y decididamente delicada de la partitura, con prestaciones impecables de cada familia instrumental, y participaciones destacadas de solistas de categoría, como las flautistas Nathalie Petibon y Yanina Yacubsohn, el chelista Félix Knecht y, especialmente, el violinista Emmanuel Resche-Caserta, que protagonizó junto a la cálida voz de Juliette Mey un The Plaint realmente sobrecogedor.

Ilja Aksionov

Mención aparte merecen las soberbias trompetas, con arranques suntuosos y ceremoniales del primer y cuarto acto. Todo un derroche de musicalidad y buen gusto, buscando fundamentalmente la delicadeza y el ropaje más adecuado desde el punto de vista estrictamente lírico para el feliz lucimiento de las voces convocadas. Éstas procedían de la undécima edición de El jardín de las voces, con el que el conjunto francés descubre nuevas promesas de la lírica, con resultados a menudo tan satisfactorios como los que pudimos apreciar y disfrutar anoche.

Excelente trabajo en equipo

Ocho jóvenes entusiastas y responsables combinaron sus aptitudes vocales de forma que sonasen como un bien avenido coro, con el añadido de una actividad escénica de altura, de esas que contagian felicidad gracias al buen trabajo en equipo destilado. La voz delicada y bien entonada de Mey y la más autoritaria y contundente de Benjamin Schilperoort iniciaron el viaje, en el que pronto hizo su aparición el barítono Hugo Herman-Wilson como poeta borracho, presentado por la cuerda intencionadamente distorsionada, una divertida licencia de Agnew y la orquesta.

A partir de ahí pudimos disfrutar de las preciosas y cristalinas voces de la soprano estadounidense Paulina Francisco y la mezzo inglesa Rebecca Leggett, o la más espesa y perfectamente colocada de la mezzo canadiense Georgia Burashko en números como la canción de la primavera. El tenor lituano Ilja Aksionov hizo también acopio de delicadeza y ternura en el número del sueño, y encandiló especialmente como cómico en su dúo junto a Wilson en el que canta en falsete travestido de mujer pudorosa. Finalmente, el tenor portugués Rodrigo Carreto nos cautivó como tenor lírico y romántico, bordando canciones como See my many colour’d fields del cuarto acto.


Pero la buena sintonía no se quedó en el trabajo vocal, sino que todos y todas se mimetizaron a la perfección con el conjunto de baile extraído de la compañía también francesa Käfig. Cuando se trató de coreografías sencillas, siempre responsabilidad de Mourad Merzouki, todos se atrevieron a bailarlas, mientras las partes corales poco comprometidas permitieron a algunos de los bailarines acoplarse al resto también en lo vocal.

Pero en su trabajo estricto, el brillo de los danzantes fue sobresaliente, con acrobacias, saltos y piruetas sobrenaturales, vertiginosos movimientos al ritmo de hip hop, breakdance y otros bailes urbanos, incluido el vogue (Alary Ravin), acompañados de la fuerza musculada de Samuel Florimond, Daniel Saad y Timothée Zig y el baile delicado en lenguaje tanto clásico como contemporáneo de Anahi Passi. Otro reto del equipo directivo del Maestranza que tenemos que aplaudir, habiendo sido Sevilla la elegida junto a Madrid y Barcelona para presentar en nuestro país tan estimulante y refinado espectáculo.

Fe de errata: Les Arts Florissants han presentado The Fairy Queen en Bilbao, San Sebastián y Sevilla, no en Madrid y Barcelona, que son las plazas a las que, junto a Sevilla, acudirá Cecilia Bartoli con Orfeo y Eurídice de Gluck.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 28 de abril de 2022

JUPITER Y LEA DESANDRE: ALGO DIFERENTE

Canciones de pasión. Jupiter. Lea Desandre, mezzosoprano. Louise Ayrton y Ruiqi Ren, violines. Jérôme van Waerbeke, viola. Myriam Rignol, viola da gamba. Douglas Balliett, contrabajo. Arnaud de Pasquale, clave y órgano. Thomas Dunford, dirección artística y laúd. Programa: Canciones, arias y piezas instrumentales de John Dowland y Henry Purcell. Espacio Turina, miércoles 27 de abril de 2022


La interpretación de música antigua, y muy particularmente la barroca, ha conocido en los últimos tiempos una eclosión extraordinaria, en Sevilla lo sabemos muy bien, a menudo rozando la excelencia. La competencia es por lo tanto muy alta y conviene hacerse destacar con propuestas novedosas y fuera de lo común que ayuden a hacerse notar, siempre desde el respeto y el talento para decir cosas nuevas y conectar con el público. Es lo que desde hace algunos años hace el conjunto liderado por Thomas Dunford, Jupiter, radicado en Francia pero con componentes relacionados con otras partes del globo, desde Holanda a China pasando por Estados Unidos. Junto a ellos una de las voces más completas y rutilantes del panorama lírico internacional, la joven mezzosoprano Lea Desandre, de origen franco italiano y con una ya fructífera carrera a sus espaldas. Juntos han trabajado en muchas ocasiones y grabado más de un registro, el último dedicado a las amazonas en la ópera barroca. Son sin duda unos fuera de serie y lo demostraron anoche en el Espacio Turina, que suma así otro de sus muchos logros, haber incluido Sevilla en la limitada agenda que estos jóvenes talentos, por media de edad y porque llevan poco tempo en el mercado, han diseñado en nuestro país.

El programa, como tantas veces se ha hecho, hermana a los dos más grandes compositores de música barroca inglesa previa a Haendel, John Dowland y Henry Purcell, así por orden cronológico y haciendo hincapié con dos partes muy bien diferenciadas de sus particulares universos. Aprovechando el carácter fresco e improvisado que el primer barroco permite a la interpretación, con el primero conjunto y voz echaron mano de frescura y mucha naturalidad para abordar las preciosas y bien conocidas canciones de un compositor que en palabras de un dicharachero y divertido Thomas Dunford (se le nota su ascendencia norteamericana en su absoluta falta de complejos y su facilidad para la elocuencia) sufrió una vida desdichada en parte por su conversión al catolicismo en la anglicana Inglaterra. Arrancaron con una de sus piezas más transitadas, Come again!, con Desandre exprimiendo su registro más grave, permitiéndose ciertas licencias de estilo que corroboraron ese carácter libre e improvisado con el que atacaron esta primera parte, y una emotiva sorpresa, el conjunto haciendo los coros junto a la mezzo al final de la pieza, ahondando más en la armonía que en el contraste, como mantendrían todo el recital. A partir de ahí una estructura original y estimulante, con versiones instrumentales, a veces como preludio o intersección de la versión vocal de una misma pieza, como en la muy melancólica Sorrow, stay, y otras separadas por otras piezas del programa, como hicieron con Lachrimae antiquae y la célebre Flow, my tears. En gallardas y otros instrumentales, exhibieron gran dinamismo y una delicadeza exquisita, utilizando en general un estilo no siempre ortodoxo, acercando sus interpretaciones a sensibilidades actuales, permitiéndose algunos giros incluso veladamente pop o jazzísticos, y en definitiva encandilando a un público al que no costó nada entrar en su propuesta y dejarse seducir por ella. Desandre se instaló en un registro profundo y grave, mientras sus compañeros y compañeras se entregaron al placer de la compenetración y el disfrute tal como se insiste continuamente en esos talent shows que inundan las televisiones.

Entre la comedia y el drama musical

La segunda parte tuvo un carácter obligadamente más dramático y teatral, con Purcell en los atriles y Desandre cambiando a un registro más agudo, casi de soprano, demostrando que eso que alaban del amplio rango de su tesitura es cierto. De nuevo el conjunto arrancó con una larga introducción instrumental del precioso If love’s a sweet passion de La reina de las hadas, que Desandre entonó a continuación con muy buen gusto, más alardes de ornamentación que en la primera parte, un fraseo exquisito y natural, una emisión extraordinaria aun en los pasajes más recogidos, atacados en pianissimo, y una perfecta dicción. Dunford, que al laúd se muestra como un intérprete extremadamente refinado y comunicador, volvió a ilustrar la sección con amplio sentido de la elocuencia y el desenfado, destacando las múltiples criaturas mitológicas que habrían de evocar las páginas seleccionadas de hadas y leyendas. La jovencísima violinista holandesa Louise Ayrton acompañó a Desandre, con un dominio perfecto de la armonía y la articulación, en uno de los dos célebres lamentos de similar inspiración que compuso Purcell, O let me weep del Orpheus Britannicus; el otro, el de Dido, When I am laid in earth, sirvió para terminar el programa.

Lógicamente con un final tan triste no podía faltar la propina, que llegó en forma ya totalmente desprejuiciada, como los títulos de crédito de un gran musical teatral, con la muy oportuna repetición de Now, o now, I needs must part, seguida de una jam session que Dunford bautizó Cerveza, de tonos amables y agradecidos, celebrando la amistad, el amor, la música y la felicidad. La extrema compenetración exhibida durante todo el recital se hizo patente en la permanente sonrisa y carácter deliberadamente cómico de la violagambista Myriam Rignol, o en la hábil alternancia de órgano y clave, una vez más gentilmente cedidos por Alejandro Casal, que con tanta delicadeza llevó a cabo Arnaud de Pasquale. Por cierto, será por despiste o por ángulo, pero hasta ahora no nos habíamos percatado de la extraordinaria filigrana pictórica, basada en un conocido grabado de la Sevilla del siglo XVII, que decora desde hace unos meses el interior de la magnífica tapa del clave del músico sevillano.

Foto: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 26 de marzo de 2022

STILE ANTICO DESDE EL PARAÍSO

39 Femás. The Path to Salvation. Stile Antico. Helen Ashby, Kate Ashby y Rebecca Hickey, sopranos. Emma Ashby, Cara Curran y Rose Parker, altos. Andrew Griffiths, Jonathan Hanley y Matthew Howard, tenores. James Arthur, Will Dawes y Nathan Harrison, bajos. Programa: Piezas de Henry Purcell, Thomas Weelkes, Alonso Lobo, Leonora d’Este, John Sheppard, Orlando di Lasso, Gregorio Allegri, Giaches de Wert, Tomás Luis de Victoria, John Taverner, Peter Philips, William Byrd, Giovanni Pierluigi de Palestrina y Thomas Tomkins. Espacio Turina, viernes 25 de marzo de 2022


En la recién estrenada película Adiós, señor Haffmann, a la pregunta que le hace el personaje interpretado por Daniel Auteil a su tímida anfitriona sobre si cree en Dios, esta le contesta que no, pero sí en el paraíso. Entonces, también creerá en el inferno, le responde Auteil. No hace falta creer en lo divino, ni en la Iglesia ni nada de lo que le rodea, para dejarse subyugar por la belleza de la música, y el arte en general, creada para su sustento y enaltecimiento. En Sevilla sabemos muy bien que las lágrimas pueden brotar también de ojos agnósticos ante la belleza que representan las estaciones de la Pasión plasmadas en las procesiones de Semana Santa. Y sobre esta celebración universal se centró el programa con el que el mítico conjunto vocal inglés se presentó en esta extraordinaria edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. A ellos y ellas, hasta doce integrantes, les gusta generar programas monográficos, y lo hacen muy bien. El de anoche lo presentó con mucha educación, atención y sentido del humor el joven tenor Jonathan Hanley, y lo cerró con un mismo sentido de amabilidad la soprano Helen Ashby, una de las tres hermanas que forman parte del excelente elenco.

En este Camino de Salvación plasmado en el programa, arrancaron con un himno a cinco voces de Purcell concebido para ser cantado en la Abadía de Westminster, con el que Stile Antico, nombre que hace referencia al canto polifónico renacentista, mostró ya sus señas de identidad, centrándose en la exuberante belleza de la música al servicio del espiritual texto, para continuar con el jubiloso Hosana del Domingo de Pascua a cargo de una pieza de Thomas Weelkes, un autor habitualmente dedicado a los madrigales, que el conjunto entonó con desenfado y ánimo optimista, dejando constancia del brillo y la claridad de sus voces. Con el ursaonense Alonso Lobo se adentraron ya en un Jueves Santo idealizado con carácter piadoso, sereno y luminoso gracias a ese constante juego entre armonía y contrapunto que son capaces de aportar a su canto, y que con Leonora d’Este, noble y monja, hija de Lucreca Borgia, se convirtió en un dechado de efectos y afectos a partir del eficaz entrelazado de voces graves y agudas femeninas, con claro predominio de las segundas, en Ego sum panis vivus. Siguieron las masculinas exclusivamente en I give you a new commandment de John Sheppard, claro exponente junto a Tallis y Byrd de la floración polifónica en la Inglaterra de los Tudor, también con brillantes juegos armónicos entre las exultantes voces graves y las muy aterciopeladas agudas.

Un impactante efecto dramático

Así llegamos a la oración en el huerto según San Mateo, con el dramático motete Tristis est anima mea del influyente franco flamenco Orlando de Lassus, de tesitura ancha, líneas vocales descendentes y melodías circulares que sirvieron de magnífico preludio a un Miserere de Allegri de enorme impacto teatral, gracias a la disposición de las voces entre el escenario, cinco, un palco a modo de púlpito ocupado por Hanley, y el resto distribuido en el vestíbulo del Espacio Turina. Un juego de voces en diálogo, con claro predomino de las muy entonadas pero nunca estridentes sopranos, y un espectacular efecto místico e hipnótico con el que acabó este paseo por los Santos Oficios.


En la segunda pare, tras un nuevo prólogo de la mano de ese primer barroco representado por Purcell, con Hear My Prayer, Oh Lord también escrito para Westminster con una enorme complejidad armónica que el conjunto salvó con maestría, pasamos a celebrar el Viernes Santo ya desde la contención y la tristeza más expresiva, con O crux ave del madrigalista franco flamenco Giaches de Wert, y dos piezas de los Responsorios de tinieblas de Tomás Luis de Victoria en los que el contraste entre las voces agudas de O vos omnes y las más graves del estremecedor Tenebrae factae sunt, obraron el milagro del éxtasis gracias a las muy entregadas voces del conjunto, que durante toda su actuación jugó a variar constantemente la composición de conjuntos y la disposición de voces. La Vigilia se hizo paso con el conmovedor Dum transsset Sabbatum de John Taverner, para el tercer responsorio de maitines del Domingo de Resurrección, prodigio de voces en imitación y atmósfera rapsódica. La Pascua estuvo representada por la exuberancia y el tono jubiloso de piezas como Ecce Vicit Leo de Peter Philips, la enérgica Victimae Paschali de William Byrd, con sus ingeniosas interactuaciones entre solistas y conjunto, la antífona mariana a ocho voces Regina Caeli de Palestrina, y un jubiloso himno final a cargo de Thomas Tomkins, todo defendido con amplio sentido del color, el diálogo y la armonía, que nos llevó al paraíso ahora que tanto hace falta, en estos momentos de sinsentido y dolor en los que es más fácil sentir el infierno.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de marzo de 2022

DIDO Y ENEAS: LA PERFECTA CONJUGACIÓN DE FUERZAS

Temporada 2021-2022 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Marta Infante, Marta Mathéu, Víctor Cruz y Vandalia, voces. Alfonso Sebastián, clave y dirección. ProgramaDido y Eneas, de Henry Purcell, en versión concierto. Espacio Turina, miércoles 2 de marzo de 2022


Solo un día después de conocer por fin el estupendo cartel del Festival de Música Antigua, que se celebrará entre el 15 de este mes y el 9 de abril, a las puertas de una esperada Semana Santa, y siempre que los trágicos e inexplicables acontecimientos que nos han tocado sufrir no estropeen nuestras ilusiones, la Barroca celebró el que quizás sea el concierto más ambicioso de su presente temporada. Se trata de una versión de concierto de Dido y Eneas con la que la Universidad de Sevilla, coproductora del evento a través de su Centro de Iniciativas Culturales, ha dado por finalizados los actos con los que ha celebrado todo un mes dedicado a La Eneida de Virgilio. Un particular que la dirección de la orquesta y la Universidad deberían haber puesto en conocimiento del público asistente, justificando así la participación de la joven Alicia Gámez, alumna del I.E.S. Macarena, antes del concierto recitando en latín textos del poema atribuidos a la Reina Dido.

Dido y Eneas es la única obra de Purcell que combina drama y música sin diálogo alguno, lo que podríamos considerar una ópera en toda regla, de hecho la primera tenida en cuenta como tal en las islas británicas, aunque a muchos nos sigue pareciendo más próxima a la estética del oratorio, eso sí pagano. Su texto combina la obra de Nahun Tate, Brutus of Alba or the Enchanted Lovers, con el Canto V de La Eneida, considerándose toda una alegoría de la situación política del país en aquel momento. Una vez más aprovechamos la ocasión para celebrar la suerte que tenemos en Sevilla de contar con una orquesta especializada, capaz de desarrollar obras de esta envergadura con todo el estilo que merecen, aunque a la vez lamentamos que se aproveche tan poco y escasee tanto en nuestra ciudad la ópera barroca debidamente escenificada. Dido y Eneas suele representarse más en versión concierto que plenamente escenificada, quizás por su corta duración o precisamente por ese aspecto global de cantata u oratorio que atesora.

La que anoche levantó la Barroca, bajo la atenta y apasionada dirección del clavecinista Alfonso Sebastián, fue resultado de la unión de una serie de fuerzas perfectamente informadas y con el talento suficiente para abordar la empresa con éxito, además de evidenciarse que detrás de todo ello ha habido un considerable trabajo, duro y comprometido. La orquesta atacó los pasajes más enérgicos, como las numerosas danzas que sirven de transición entre actos y escenas, con envidiable sentido de la vitalidad y el ritmo, mientras se mantuvo delicada y moderada en los pasajes más líricos. Hubo razones para celebrar de nuevo el trabajo del continuo, con Mercedes Ruiz encabezando con su habitual elegancia y frondosa articulación el número de participaciones solistas, y el clave de Alejandro Casal doblando al de Sebastián y aumentando el relieve de la propuesta. También Juan Carlos de Múlder a la cuerda pulsada y Ventura Rico al contrabajo contribuyeron sobremanera a ese poderoso continuo sin el que no se entendería el sobrecogimiento que provoca el aria más famosa de la ópera, el Lamento de Dido (When I am laid in earth), que Marta Infante, que tantas veces nos ha encandilado en esta ciudad, defendió con voz rotunda, algo más grave de lo habitual, y una flexibilidad apoyada en un fuerte temperamento.

Quien más participación tuvo a nivel vocal fue la soprano tarraconense Marta Mathéu, que no solo dio vida a Belinda, la hermana de Dido, sino que se unió también al grupo Vandalia para personificar otros personajes, fundamentalmente brujas, y todo ello con una voz personal y cualificada, y un notable sentido dramático. Por su parte, el joven tenor Víctor Cruz abordó su príncipe troyano con mucha delicadeza, apianando a discreción y exhibiendo a la vez un poderoso timbre y buen gusto canoro. Pero quienes realmente nos sorprendieron fueron los integrantes de Vandalia. Acostumbrados a verlos cantar a capella o con escasa instrumentación, fue muy gratificante comprobar cómo con una potente orquesta detrás fueron capaces de hacer sobresalir sus voces. Juntos nos deleitaron con sus juegos armónicos y contrapuntísticos, pero por separado cada uno y una lució esplendorosas, sobre todo Rocío de Frutos en un conmovedor Oft she visits this loved mountain, y Víctor Sordo en la canción de los marineros. Fue esa conjugación de talento y esfuerzo, y la combinación de ilusión y sentido común lo que logró que la de anoche fuera una estupenda velada musical.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía