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domingo, 10 de abril de 2022

TON KOOPMAN ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

39 Femás. Concierto de clausura. Misa en si menor de Bach. Amsterdam Baroque Orchestra & Choir. Ilse Eerens, soprano; Clint van der Linde, alto; Tilman Lichdi, tenor; Klaus Mertens, bajo. Ton Koopman, dirección. Teatro de la Maestranza, sábado 9 de abril de 2022

Koopman al frente de la Barroca de Ámsterdam. Foto: Javier Santos

En Sevilla, donde cada año se agolpan multitudes para sobrecogerse con los pasos de Semana Santa, sabemos muy bien que no hace falta creer ni comulgar para admirar las suntuosas catedrales que nos ha dejado la Cristiandad, no solo de ladrillo, también esas otras que inspiran y miman nuestros oídos, como la maravillosa Misa en si menor que Johann Sebastian Bach edificó entre 1733, año en el que culminó el Kyrie y el Gloria que abarcan la primera parte, y 1748, cuando a partir de piezas originales y otras prestadas de su propio catálogo, la mayoría de las veces siguiendo la técnica de la parodia, culminó esta incomparable e irrepetible obra maestra hoy considerada Patrimonio de la Humanidad. Hasta aquí se desplazaron los y las integrantes de la Barroca de Ámsterdam, fundada por Ton Koopman hace cuarenta y cuatro años, y el coro que le acompaña desde 1992, con su flamante y legendario director al frente, para poner en pie con buenos recursos y mejores intenciones esta sobrecogedora partitura, llena de subyugantes melodías, grandes pasajes instrumentales, extraordinarias arias y dúos, y sobre todo magníficas partes corales, lo que la convierten en un prodigio de creatividad, belleza y variedad. Fue como se suele decir el broche de oro de un excelente Femás.

Ilse Eerens
Aunque a la vista se nos ofreció un Koopman pletórico de vitalidad y energía, el director holandés optó por una lectura más bien intimista y recogida de la suntuosa partitura, lo que no impidió lucir en sus pasajes más vitalistas la espectacularidad que demanda la pieza, aunque en este caso fuera algo más discreta. El trabajo del coro no pudo ser más esmerado, ya desde un Kyrie inicial que vislumbró la estética que habría de seguir el resto del programa, con voces alternándose y completándose progresivamente, con una claridad y una transparencia que dejó traslucir a la perfección el incomparable arte de la fuga cultivado por el autor, y que logró ya desde el arranque conmover a más de uno y una. Siguió un Christe protagonizado por la belleza tímbrica de la soprano belga Ilse Eerens y la voz acaso demasiado oscura de Clint van der Linde, aunque más próximo así a la tesitura de una mezzo con la que habitualmente se encomendaba la misión en aquellas suntuosas versiones atacadas desde parámetros románticos que se disfrutaban antaño. Majestuosos timbales y trompetas hicieron su aparición en el Gloria in excelsis Deo, con el apoyo musculoso de la cuerda grave, en la que se inmiscuyó con notable acierto el violonchelo de Mercedes Ruiz sustituyendo con gracia y profesionalidad a una baja de la plantilla inicial, todo un orgullo para el ambiente musical de la ciudad, que dicho sea de paso abarrotó por una vez el aforo casi completo del Maestranza.

Klaus Mertens
Menos acertada estuvo la concertino Catherine Manson acompañando a Eerens en Laudamus te, fuera de estilo y con un sonido áspero y estridente, todo lo contrario que la flauta solista en Domine Deus, que aunque evidenció una voz pequeñita, logró armonizarse a la perfección con las voces y ornamentaciones de la soprano y el sonriente tenor Tilman Lichdi. Con la misma estética intimista y relajada atacó el magnífico coro Qui tollis peccata mundi; más tarde hizo su primera aparición el veterano bajo alemán Klaus Mertens, aunque con un arranque algo deslavazado del continuo en colaboración con una trompa natural bastante deslucida. Mertens, como el resto de sus compañeros y compañera, está plenamente curtido en la música de Bach, aunque en él la veteranía es un grado y le ha permitido codearse con los mejores directores en la materia. Su voz baritonil conserva su esencia y mantiene un timbre precioso y un tono bien regulado, aunque inevitablemente hiciesen aparición los tan temidos temblores habituales de la edad. Con un mesurado júbilo en Cum Sanctu Spirito culminó el coro la primera parte.

Con el Credo, más atento a la expresividad, entre piadosa y sentimental, inició Koopman la segunda parte, ahora con el coro dispuesto de forma distinta pero manteniendo la simetría y claridad que les caracteriza, y momentos tan brillantes como ese Et incarnatus est precedente mozartiano que el coro encaró con una considerable carga dramática, siempre dentro de parámetros donde la discreción y la contención fueron los protagonistas. Tras un Sanctus abordado con un gran sentido de la solemnidad, el bloque final fue resuelto con idéntica carga expresiva, menor atención a los acentos que al color, destacando el carácter piadoso con que Lichi abordó el Benedictus, y el considerable sentimiento que van der Linde aportó al inconmensurable Agnus Dei, acaso el aria más famoso de la obra, y que gozó de sensacionales pianissimi por parte del contratenor sudafricano. Un jubiloso Dona nobis pacem culminó esta estremecedora experiencia, y vaya si es verdad que pudimos ir en paz, que falta nos hace.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 4 de abril de 2022

THE ORLANDO CONSORT SE RELAJA

39 Femás. Mantra: Conversaciones musicales a través del Océano Índico. The Orlando Consort: Matthew Venner, contratenor; Mark Dobell y Angus Smith, tenores; Donald Greig, barítono; Kuljit Bhamra, tabla; Jonathan Mayer, sitar; Shahid Khan, voz. Programa: Obras de Pedro Escobar, Francisco Guerrero, tradicionales y nuevas creaciones de los miembros del conjunto. Espacio Turina, domingo 3 de abril de 2022

The Orlando Consort, de izquierda a derecha Matthew Venner, Mark Dobell, Angus Smith y Donald Greig

La tenemos al lado y estamos siempre confesando lo mucho que nos gusta, pero lo cierto es que sabemos muy poco de Portugal y menos aún de su nutrida y a menudo compartida historia. De sus colonias en la India apenas conocemos nada, mucho menos de las que levantó el Reino Unido tiempo después, y de las que sin embargo estamos más alerta. Precisamente en esta propuesta de fusión se nos vino a la cabeza la banda sonora que George Fenton y Ravi Shankar compusieron para la película Ghandi seis años antes de que surgiera The Orlando Consort, y en la que la música sinfónica se mezclaba con absoluta naturalidad con el folclore indio. Resulta por lo tanto paradójico que sea precisamente un conjunto de las islas británicas el que nos acerque un poquito a esa desconocida historia, aunque sea a través de la música y de un proceso algo artificioso que no sirve sino para llevar a la práctica esa siempre atractiva técnica de la fusión. Insistimos sin embargo en la necesidad de no despojar la música de su texto, por lo que una traducción proyectada del mismo sería indispensable para completar cada una de las propuestas de este festival.

Kuljit Bhamra y Shahid Khan
La presente edición del Festival de Música Antigua de Sevilla afronta su tramo final, después de un muy nutrido fin de semana en el que el público sevillano, más proclive ahora a visitar iglesias y prepararse a respirar ambiente semana santero, ha podido degustar delicatesssen como las pasiones de Gaetano Veneziano de la mano de Antonio Florio y la Cappella Napoletana, las cantigas en versión de Hana Blazíková y Barbora Kabátkova en el Alcázar, la polifonía del grupo local A5 Vocal Ensemble, los maestros de la Capilla Real de la mano de Leo Rossi y Alejandro Casal, o una nueva cita en la calle con Ministriles Hispalensis. The Orlando Consort cerró este penúltimo fin de semana con una propuesta muy particular. Llevan más de treinta años sobre los escenarios, y de sus miembros fundadores solo quedan Angus Smith y Donald Greig, que junto a otras dos voces más jóvenes y quizás rutilantes, y un trío de música autóctona india, nos acercaron a ese hipotético mundo transoceánico en el que los religiosos del país luso pretendían cristianizar a la población nativa a través de sus cantos, a menudo adaptando al latín y a los evangelios las melodías con las que la gente del lugar estaban más familiarizadas. De ese proceso derivó una noche protagonizada fundamentalmente por el arte de la fusión y el exotismo que proporciona el sitar, la tabla y la voz profusamente ornamentada y sensualmente modulada del joven Shahid Khan.

Jonathan Mayer
En las idas pudimos apreciar el armonioso trabajo vocal del conjunto británico, en el que sobresale el timbre y la potencia del contratenor Matthew Venner, lamentando por otra parte los achaques del veterano tenor Angus Smith, y celebrando la todavía bien colocada y mejor proyectada voz del barítono Donald Greig. Y por encima de ellos la hermosa, en estilo y elegantemente fraseada del tenor Mark Dobell. Así afrontaron una página del renacentista portugués Pedro de Escobar y un motete del hispalense Francisco Guerrero, que alternaron con cantos e himnos indios hasta alcanzar en el ecuador la fusión que sirvió como puerta de entrada a una segunda parte erigida sobre la pura creatividad y que llevó a desengranar partituras de los propios miembros del conjunto, sobresaliendo la colorista percusión de Kuljit Bhamra y el relajante y exótico sonido de un sitar que Jonathan Mayer toca como si de un apéndice se tratara. La voz de Khan se unió a las del resto sin complejos, dando la pauta perfecta a la intención de un concierto en el que estuvo muy presente la sombra de Ravi Shankar, el más conocido de los músicos indios en occidente y el que más fusionó la música de ambos hemisferios con éxito y aceptación. La última pieza sirvió para constatar el punto de relajación al que llegó el otrora serio y casi hermético conjunto, con Khan invitándonos a corear y palmear, así como mimetizando sobre el escenario las famosas coreografías de Michael Jackson, moonwalk incluido.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 28 de marzo de 2022

SARAO AL AYRE ESPAÑOL

39 Femás. ¡Ay, bello esplendor! Grandes villancicos barrocos. María Espada, soprano. Víctor Sordo, tenor; Víctor Cruz, barítono; Pedro Lopes e Castro, oboe. Vozes del Ayre y Al Ayre Español. Eduardo López Banzo, dirección. Programa: Mirad y admirad portentos, De la pobreza a las puertas, Pues el cielo y la tierra, Lágrimas tristes, corred y Luciente, vagante estrella, de José de Torres; Tortolilla, Cesen desde hoy los profetas y Digo, que no he de cantarla, de Juan Francés de Iribarren; Sonata en trío en la menor Op. 3 nº 10, de Arcangelo Corelli; Sonata para oboe en do menor, de Carlos Seixas. Espacio Turina, domingo 27 de marzo de 2022


Hace años que Al Ayre Español, comandado por su fundador y principal artífice Eduardo López Banzo, visita intermitentemente nuestro Festival de Música Antigua, y lo hace casi siempre con propuestas de gran calado e indiscutible interés musicológico. Poco público, a pesar de superar la mitad del aforo del Turina, presentó esta cita para lo mucho que disfrutamos y nos emocionamos con ella. Fue sin duda una de esas que se quedan en la retina y en el corazón, protagonizada por dos músicos españoles del Barroco con todos los méritos para ser reivindicados e insistir en lo difícil que resulta en estas latitudes hacerse un hueco en el repertorio más reconocido y transitado de la literatura musical europea.

Constatamos una vez más que nuestros mejores intérpretes especializados se intercambian entre los diferentes conjuntos que se dedican a estos repertorios. Así pudimos volver a disfrutar en la ciudad de músicos de la talla de Alexis Aguado, Kepa Artetxe, Xisco Agulló o Juan Carlos de Mulder, que habitualmente asociamos a la Barroca de Sevilla, Guillermo Turina, o las voces de Gabriel Díaz y Víctor Sordo, integrantes de Vandalia. El sur y el norte de España unidos en este acontecimiento festivo musical que también tuvo una importante presencia portuguesa en el oboe de un espléndido Pedro Lopes, que ya nos deleitó la pasada semana con Divino Sospiro, el grupo que acompañó al recital de Andreas Scholl. El resto de entonadas voces y el entusiasmo que López Banzo contagió al numeroso elenco convocado, acabó dando como fruto esta fiesta de la música, el desenfado y la alegría que tanta falta nos hace.

Villancicos para animar la fiesta

Eduardo López Banzo
En esta tierra sabemos muy bien lo que alegran los villancicos, ya sea en forma de alegres zambombas tan características de la Navidad. Los que Banzo convocó aquí, algunos con carácter de estreno en época moderna, tras ese minucioso descubrimiento y rehabilitación que ha constituido desde siempre su principal pasión y leit motiv de vida y trabajo, fueron villancicos tal como se entendían en su época, cuando alcanzaron el auge que llevaban demandando desde que aparecieran por primera vez en el siglo XIV de la mano de los villanos o pobladores de las villas, gente de campo que entonaban alegres cancioncillas para animar su jornada laboral, y de los que derivó la acepción del término. En pleno siglo XVII muchos fueron los compositores que cultivaron el género, uno de ellos el maestro de la Capilla Real José de Torres, bajo cuya tutela estudió uno de los grandes de la época, Juan Francés de Iribarren, cuya interesante obra ha sido ya objeto de minuciosa recuperación también por nuestra Barroca. Maestro y aventajado alumno fueron los protagonistas de una velada para el recuerdo, a través de piezas jocosas como Mirad y admirad portentos, o más recogidas e intimistas como Pues el cielo y la tierra, que Díaz, Jorge Enrique García, Sordo y Cruz entonaron con mucho estilo y emotividad, hasta alcanzar el culmen con Luciente, vagante estrella, una suerte de villanesca henchida de color y alegría, ideal para una buena jarana, y en la que la cuerda grave, con unos muy inspirados Turina y Aguiló, campó a sus anchas a través de agresivos trémolos y una atmósfera tempestuosa sobrecogedora.

De Iribarren se interpretó Tortolilla, un magnífico villancico con forma de cantata, consecuencia de la influencia y el arraigo que la música italiana tuvo en aquel momento, y que el compositor de Sangüesa (Zaragoza) tan bien supo traducir a nuestra idiosincrasia. Música como tantas otras archivadas en nuestras catedrales, como la de Málaga hasta que los musicólogos la han desempolvado. Así no extrañó que entre recitativos, la sugerente, envolvente y elegantemente fraseada voz de María Espada, con pianissimi sensacionales, y la del tenor Víctor Sordo haciendo alarde de magnífica coloratura, evocaran al mejor Händel, o que en Cesen desde hoy los profetas, el conjunto en su totalidad se entregara a un divertido sarao, teatrillo incluido, que acabó definitivamente haciendo las delicias del afortunado público. Una sonata de Corelli técnicamente impecable, duelo frenético incluido de Aguado y Artetxe, y otra del compositor portugués Carlos Seixas, demostrando que son más los detalles que nos unen, como hemos vuelto a comprobar estos días de crisis energética, que los que nos separan, y que Pedro Lopes defendió con amplio sentido de la magia y la musicalidad. Una vez más tenemos sin embargo que lamentar que Femás no haya aprovechado los recursos del Turina para proyectar los textos, generalmente difíciles de entender por muy buena que llegue a ser la dicción de los cantantes, dejando así estas manifestaciones a mitad de sus posibilidades.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 26 de marzo de 2022

STILE ANTICO DESDE EL PARAÍSO

39 Femás. The Path to Salvation. Stile Antico. Helen Ashby, Kate Ashby y Rebecca Hickey, sopranos. Emma Ashby, Cara Curran y Rose Parker, altos. Andrew Griffiths, Jonathan Hanley y Matthew Howard, tenores. James Arthur, Will Dawes y Nathan Harrison, bajos. Programa: Piezas de Henry Purcell, Thomas Weelkes, Alonso Lobo, Leonora d’Este, John Sheppard, Orlando di Lasso, Gregorio Allegri, Giaches de Wert, Tomás Luis de Victoria, John Taverner, Peter Philips, William Byrd, Giovanni Pierluigi de Palestrina y Thomas Tomkins. Espacio Turina, viernes 25 de marzo de 2022


En la recién estrenada película Adiós, señor Haffmann, a la pregunta que le hace el personaje interpretado por Daniel Auteil a su tímida anfitriona sobre si cree en Dios, esta le contesta que no, pero sí en el paraíso. Entonces, también creerá en el inferno, le responde Auteil. No hace falta creer en lo divino, ni en la Iglesia ni nada de lo que le rodea, para dejarse subyugar por la belleza de la música, y el arte en general, creada para su sustento y enaltecimiento. En Sevilla sabemos muy bien que las lágrimas pueden brotar también de ojos agnósticos ante la belleza que representan las estaciones de la Pasión plasmadas en las procesiones de Semana Santa. Y sobre esta celebración universal se centró el programa con el que el mítico conjunto vocal inglés se presentó en esta extraordinaria edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. A ellos y ellas, hasta doce integrantes, les gusta generar programas monográficos, y lo hacen muy bien. El de anoche lo presentó con mucha educación, atención y sentido del humor el joven tenor Jonathan Hanley, y lo cerró con un mismo sentido de amabilidad la soprano Helen Ashby, una de las tres hermanas que forman parte del excelente elenco.

En este Camino de Salvación plasmado en el programa, arrancaron con un himno a cinco voces de Purcell concebido para ser cantado en la Abadía de Westminster, con el que Stile Antico, nombre que hace referencia al canto polifónico renacentista, mostró ya sus señas de identidad, centrándose en la exuberante belleza de la música al servicio del espiritual texto, para continuar con el jubiloso Hosana del Domingo de Pascua a cargo de una pieza de Thomas Weelkes, un autor habitualmente dedicado a los madrigales, que el conjunto entonó con desenfado y ánimo optimista, dejando constancia del brillo y la claridad de sus voces. Con el ursaonense Alonso Lobo se adentraron ya en un Jueves Santo idealizado con carácter piadoso, sereno y luminoso gracias a ese constante juego entre armonía y contrapunto que son capaces de aportar a su canto, y que con Leonora d’Este, noble y monja, hija de Lucreca Borgia, se convirtió en un dechado de efectos y afectos a partir del eficaz entrelazado de voces graves y agudas femeninas, con claro predominio de las segundas, en Ego sum panis vivus. Siguieron las masculinas exclusivamente en I give you a new commandment de John Sheppard, claro exponente junto a Tallis y Byrd de la floración polifónica en la Inglaterra de los Tudor, también con brillantes juegos armónicos entre las exultantes voces graves y las muy aterciopeladas agudas.

Un impactante efecto dramático

Así llegamos a la oración en el huerto según San Mateo, con el dramático motete Tristis est anima mea del influyente franco flamenco Orlando de Lassus, de tesitura ancha, líneas vocales descendentes y melodías circulares que sirvieron de magnífico preludio a un Miserere de Allegri de enorme impacto teatral, gracias a la disposición de las voces entre el escenario, cinco, un palco a modo de púlpito ocupado por Hanley, y el resto distribuido en el vestíbulo del Espacio Turina. Un juego de voces en diálogo, con claro predomino de las muy entonadas pero nunca estridentes sopranos, y un espectacular efecto místico e hipnótico con el que acabó este paseo por los Santos Oficios.


En la segunda pare, tras un nuevo prólogo de la mano de ese primer barroco representado por Purcell, con Hear My Prayer, Oh Lord también escrito para Westminster con una enorme complejidad armónica que el conjunto salvó con maestría, pasamos a celebrar el Viernes Santo ya desde la contención y la tristeza más expresiva, con O crux ave del madrigalista franco flamenco Giaches de Wert, y dos piezas de los Responsorios de tinieblas de Tomás Luis de Victoria en los que el contraste entre las voces agudas de O vos omnes y las más graves del estremecedor Tenebrae factae sunt, obraron el milagro del éxtasis gracias a las muy entregadas voces del conjunto, que durante toda su actuación jugó a variar constantemente la composición de conjuntos y la disposición de voces. La Vigilia se hizo paso con el conmovedor Dum transsset Sabbatum de John Taverner, para el tercer responsorio de maitines del Domingo de Resurrección, prodigio de voces en imitación y atmósfera rapsódica. La Pascua estuvo representada por la exuberancia y el tono jubiloso de piezas como Ecce Vicit Leo de Peter Philips, la enérgica Victimae Paschali de William Byrd, con sus ingeniosas interactuaciones entre solistas y conjunto, la antífona mariana a ocho voces Regina Caeli de Palestrina, y un jubiloso himno final a cargo de Thomas Tomkins, todo defendido con amplio sentido del color, el diálogo y la armonía, que nos llevó al paraíso ahora que tanto hace falta, en estos momentos de sinsentido y dolor en los que es más fácil sentir el infierno.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 24 de marzo de 2022

EL JARDÍN DEL DIÁLOGO Y LA EXTRAVAGANCIA

39 Femás. Gli affetti umani e i 4 elementi. Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, director. Programa: Conciertos para cuerdas en mi menor RV 134, para cuatro violines en si menor Op. 3 nº 10 RV 580, para flauta dulce sopranino en do mayor RV 443 y para violín en Mi bemol mayor Op. 8 nº 5 RV 253, Sinfonía en si menor RV 169 y Cum dederit de Nisi Dominus RV 608, de Vivaldi; Concerto grosso en Mi bemol mayor Op. 7 nº 6, de Locatelli; Capriccio Stravagante, de Carlo Farina; So, de Giovanni Sollima; Dos piezas de Chinese Pictures, de Isang Yun. Espacio Turina, miércoles 23 de marzo de 2022


Hace tiempo que denunciamos la falta de proyección que a nivel de música tiene nuestra ciudad, donde cada vez son menos los y las artistas internacionales que recalan en sus múltiples escenarios. Eso mismo nos ha hecho acostumbrarnos al talento local, que afortunadamente abunda y es capaz de cubrir tanta necesidad y propuesta vacante. La presente edición del Festival de Música Antigua, a solo un año de cumplir los cuarenta, ha venido a paliar en algo esta situación, brindándonos la oportunidad de disfrutar de nombres que o bien nunca antes habían actuado en Sevilla o hacía mucho que no lo hacían. Les damos ahora la bienvenida no solo para poder gozar de su talento, ni para comparar con las rutas seguidas por nuestros músicos locales, sino también para quitarnos los habituales complejos y constatar que nuestros conjuntos gozan de tanto brillo y mérito como los más afamados que cuentan con el prestigio y la categoría que les han otorgado los mejores sellos discográficos y las salas más icónicas de la geografía europea.

Giovanni Antonini nos ofreció el pasado fin de semana un extraordinario concierto junto a la Barroca de Sevilla, con las cuatro suites orquestales de Bach en los atriles, y volvió anoche junto al conjunto que fundó hace treinta y siete años y que tanta fama le ha reportado a lo largo y ancho del mundo, Il Giardino Armonico. Lo hizo con un programa protagonizado fundamentalmente por Vivaldi y completado con su contemporáneo Pietro Antonio Locatelli y el precedente Carlo Farina, además de una serie de exóticas piezas de corte entre contemporáneo y asiático que sirvieron para que su director desplegase su habilidad en la madera. Un programa ciertamente ecléctico y definitivamente dialogante entre culturas y épocas, en el que sin embargo lamentamos primara la pirotecnia y el artificio por encima de la emoción y la mera expresividad, a pesar de esos afectos a los que hacía alusión su título genérico.

Impecable técnica y mucha experiencia

Antonini trajo a Sevilla a buena parte de su plantilla histórica, con músicos de la talla de Stefano Barneschi, que sirvió de apoyo al conjunto portugués Divino Sospiro que acompañó a Andreas Scholl en su recital del pasado domingo, Marco Bianchi, Mara Cristina Vasi, Elena Russo o Riccardo Doni, también presente en aquella cita del domingo, aunque el programa de mano no lo testimoniara. Del resto sobresalieron algunos integrantes muy jóvenes, todos y todas demostrando una férrea compenetración y una extraordinaria habilidad técnica a la hora de abordar las páginas programadas, empezando por toda una exhibición de fuerza y temperamento en el Concierto para cuatro violines de L’estro armonico de Vivaldi que Bach convirtió posteriormente en el célebre Concierto para cuatro claves que los más cinéfilos identificarán con la adaptación que Stephen Frears hizo de Las amistades peligrosas. Barneschi, Bianchi, Fabrizio Haim Cipriani y Francesco Colletti se entregaron en esta pieza a una batalla dialéctica de enorme potencia y virtuosismo, aunque en el camino se resintiera esa línea melódica tan inspirada que ofrece la pieza. Antes ya habían dado muestra de su inusitada energía y magistral dominio del contrapunto en el Concierto para cuerdas RV 134, para finalizar con el Concierto para violín Op. 8 nº 5 (los cuatro primeros son Las cuatro estaciones) de Il cimento dell’armonia e dell’inventione, que sirvió para que Barneschi diera renda suelta a un fraseo diabólico y una agilidad frenética y desenfrenada.

De Vivaldi se interpretó también la muy contenida y peligrosamente efectista Sinfonía Al Santo Sepolcro, encadenada a una transcripción del conmovedor Cum dederit del Nisi Dominus en la que el chalumeau, un precedente del clarinete, sustituyó sin demasiado acierto a la voz humana. La propuesta vivaldiana se completó con el archiconocido Concierto para flautino que sirvió a Antonini para desplegar su destreza al instrumento, aunque en su vertiginosa exhibición se dejara más de una nota en el camino. También las dos piezas seleccionadas del compositor surcoreano Isang Yun sirvieron para dar rienda suelta a su proverbial virtuosismo, esta vez adoptando un lenguaje tan idiomático como decisivamente exótico, como el empleado en la breve pieza del compositor y violonchelista italiano Giovanni Sollima, esta vez con un curioso piri (pequeño oboe de bambú) acompañado de cuerda sostenida. Muy sostenidos fueron también algunos de los múltiples pasajes del Capriccio Stravagante de Carlo Farina, que sustituyó al inicialmente programado Concerto grosso Op. 6 nº 3 de Händel, y que consiste en una serie de imitaciones de animales que queda muy bien como broma musical pero comporta poca enjundia musical, solo apta para una mayor exhibición de virtuosismo. Más apropiado resultó el Concerto grosso Op. 6 nº 6 de Locatelli, que habitualmente sirve para compararse con el mismo opus de Händel, como parecía ser la primera intención del programa, y que la plantilla acometió con idéntico entusiasmo y dedicación, pero siempre más centrada en una técnica impecable que en una expresividad natural y emotiva. En la propina el rock duro de Matthew Locke sirvió para agitar todavía más el ánimo entusiasmado del público.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 21 de marzo de 2022

LA PIEDAD SEGÚN ANDREAS SCHOLL

39 Femás. Ecce Homo (Cantatas sacras y profanas para alto de Vivaldi y Bach). Andreas Scholl, contratenor. Divino Sospiro. Pedro Castro, oboe. Massimo Mazzeo, director. Programa: Cessate, omai cessate RV 684, Sinfonía en si menor RV 169 Al Santo Sepolcro, y Filiae mestae Jerusalem RV 638, de Vivaldi; Sinfonías de las Cantatas BWV 156 y 21, y Cantata Ich habe genug BWV 82, de Bach. Espacio Turina, domingo 20 de marzo de 2022

Foto: Aníbal González (Femás)

Contar con Andreas Scholl en cualquier escenario del mundo da prestigio, hacerlo en el seno de nuestro Festival de Música Antigua es sin duda todo un acierto. Lleva mereciendo el reconocimiento y la admiración del público y la crítica desde hace prácticamente tres décadas. Sus discos casi rivalizan con los de las estrellas de rock, y las entradas para sus conciertos se agotan desde el preciso instante en que se ponen a la venta. Su carácter mediático lo forjan una voz rutilante, de enorme homogeneidad y elegante fraseo, considerable potencia y generosa proyección, además del hecho de haber nacido alemán, lo que siempre constituye un plus; en realidad nacer en cualquier punto centrado o al este del continente ya constituye una primera garantía de éxito y reconocimiento al que los nacidos en el hemisferio sur de Europa les cuesta más cosechar.

A Sevilla ha venido con música de Vivaldi y su compositor favorito y el que le ha reportado sus mayores logros, Johann Sebastian Bach. Y lo ha hecho además acompañado de un conjunto que ahora está en plena efervescencia, Divino Sospiro. Integrado por músicos de distinta procedencia, y dirigidos por el prestigioso maestro italiano Massimo Mazzeo, esta orquesta de cámara barroca está afincada en Portugal, donde desde su fundación en 2004 trabaja por divulgar la música del país luso y acercar el gran repertorio de la época a un público que desde el principio le ha mostrado fidelidad. En Sevilla acertaron con un programa muy apropiado para las fechas, ahora que nos acercamos a la que para muchos y muchas es la época de mayor meditación y más comunión con la trascendencia humana, a la que tanta referencia hicieron las piezas seleccionadas, un encuentro entre lo humano y lo divino personalizado en dos compositores que cultivaron tanto lo profano como lo sacro, con más protagonismo de Vivaldi sobre lo primero, y absoluta presencia de lo divino en el segundo, Bach.

Un canto que cala en el corazón

Ah, ch’infelice
, la primera de las dos arias que integran la cantata Cessate, omai cessate de Vivaldi, sentó ya las bases de ese canto íntimo e introvertido del apuesto contratenor alemán, al que la orquesta se adaptó como un guante, potenciando ese estilo andante y punteado que caracteriza la conocida pieza. Pero su voz no parecía sentirse del todo cómoda, y eso se notó especialmente en Nell’orrido, donde unos impertinentes cambios de color malograron aunque solo fuera puntualmente la intervención ahora más fogosa del cantante. Por idénticos derroteros deambuló el aria Sileant Zephyri del motete Filiae mestae Jerusalem, concebido como introducción del Miserere RV 638 para los Santos Oficios del Jueves al Sábado Santo. Desde el escenario pudimos escuchar como entre bambalinas (la infraestructura del Turina no es grande y es fácil chivarse de los entresijos del interior) Scholl procuraba aclarar la voz. Como consecuencia, sus intervenciones en esa segunda parte dedicada a Bach fueron más lucidas e hicieron honor a su arte y su leyenda. Ich habe genug tuvo en su voz el vehículo perfecto para transmitir toda su belleza y candor, con piani sobrecogedores, que revalidó en las dos arias siguientes de la célebre cantata, y aun con más calidez y mayor sentido del dolor en la propina, siempre desde la piedad y la contención, el Agnus Dei de la Misa en si menor de Bach.

Divino Sospiro acompañó con oficio y sentido de la profesionalidad. Bien apoyada la cuerda aguda, a veces puntualmente mezclada con las violas, mientras la grave nos regaló momentos de indiscutible belleza, especialmente en el violonchelo solista, con acompañamiento medido y elegante de la cuerda pulsada, aunque con un continuo en el que echamos en falta mayor presencia y volumen. Así resolvieron la Sinfonía Al Santo Sepolcro, cuyo adagio constituyó un prodigio de contención y elegancia, así como las tres sinfonías de Bach que introducen sendas cantatas (BWV 156, 21 y la citada 82 Ich habe genug), que tuvieron en el oboe del especialista Pedro Castro el conductor ideal de toda su fuerza expresiva y carácter profundamente melancólico, resuelto con brillantez y ese carácter piadoso protagonista de tan memorable noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 20 de marzo de 2022

INVITACIÓN A LA DANZA

39 Femás. Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera. Giovanni Antonini, dirección. Programa: Suites orquestales nº 1 en Do mayor, nº 2 en si menor, nº 3 en Re mayor y nº 4 en Re mayor BWV 1066-1069, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 19 de marzo de 2022

Foto: Luis Ollero

Hacia el siglo XVI las danzas y ritmos pretéritos entraron a formar parte del repertorio instrumental que antes las había despreciado. Las danzas más adaptables a los gustos europeos empezaron, a raíz del impulso de Johann Jakob Froberger, a combinarse y desarrollarse a lo largo del siglo siguiente. Bach las cultivó profusamente para teclado, violín y violonchelo, y solo en cuatro puntuales ocasiones para conjunto orquestal, sin una cronología precisa ni intención cíclica, aunque a la hora de catalogarse se decidiera una numeración en serie. Las suites de Bach siguen el modelo netamente francés, especialmente apreciable en sus largas y contundentes oberturas, pero se liberan de la estructura impuesta por Froberger y adoptan otras más libres y creativas. Telemann, contemporáneo suyo, las cultivó con carácter más generoso, y con él llegaron a identificarse más como oberturas que suites más específicas. Se cree que las número 1 y 4 son de su época en Cöthen, y las otras dos de sus años posteriores en Leipzig al frente del Collegium Musicum.

Interpretarlas en su orden numérico fue el ambicioso cometido que abordó anoche la Barroca de Sevilla como primer plato fuerte del Festival de Música Antigua, tras ese sensacional arranque que tuvo lugar a principios de semana de la mano de Jordi Savall y Xavier Díaz-Latorre. Para ello se armaron de una nutridísima formación, hasta veinticinco intérpretes llegamos a contar sobre el escenario. Añadieron además una concertino muy especial, la ibicenca Lina Tur Bonet, que ya está muy familiarizada con la forma de trabajar de la orquesta hispalense, y de un director excepcional, Giovanni Antonini, uno de los nombres de referencia en la interpretación de la música barroca con instrumentos y criterios de la época, que además el próximo miércoles participará de nuevo en el festival, esta vez al frente de su propio conjunto, el mítico Giardino Armonico. Maravilla comprobar cómo cada batuta que alquila la Barroca llega a comprometerse tanto hasta el punto casi de mimetizarse con ella y exhibir una extrema compenetración, no siempre fácil de atisbar en otras formaciones cuando se confían a titulares invitados.

Un conjunto vivaz y unos solistas inspirados

La Barroca evidenció sentirse cómoda en manos de un muy enérgico y vivaz Giovanni Antonini. El director milanés imprimió fuerza y entusiasmo en las complejas oberturas, resueltas con escalas considerablemente ágiles en la familia de la cuerda, y la participación de un continuo como siempre excepcional. El bajo de Mercedes Ruiz, el joven becado Víctor García, el especialmente contundente Ventura Rico y el siempre preciso y colorista Alejandro Casal, lograron dar cuerpo y volumen al contenido íntegro de la propuesta, mientras desde su labor como concertino, Tur Bonet consiguió suma agilidad y locuaz vivacidad en el resto de violines y violas. Así, la alternancia entre los ritmos de puntillo iniciales y los pasajes fugados a base de escalas afrancesadas se resolvió con maestría en la cuatro monumentales oberturas, sobre todo las dos últimas. También majestuosa resultó la Forlana de la primera suite, único ejemplo de esta danza en el catálogo bachiano. Lástima que donde en los pasajes ritmados encontramos tanta vivacidad y fuego, en los más relajados apreciáramos cierta languidez y un estilo desinflado, como sucedió a nuestro juicio en el famosísimo Aria de la suite número tres, sin que Tur Bonet ni Leo Ross acertaran a conmover.

Rafael Ruibérriz
Algo parecido le sucedió también a Rafael Ruibérriz como solista en la Sarabanda de la número dos, dicha de manera flácida y con cierto desencuentro con el resto del conjunto. Afortunadamente no fue la tónica general en una participación henchida de gracia y creatividad, a la que quizás faltó un poco de volumen y proyección, pero que se resolvió de manera magistral con ornamentaciones profusas e inspiradas, muy especialmente en una Badinerie que ya también en anteriores ocasiones apreciamos ha hecho suya. Su domino de la respiración, y la agilidad e indiscutible elegancia de su fraseo, hicieron el resto para lograr una interpretación excelente de esta singular suite. Antes los oboes de Jacobo Díaz y el también becado José Manuel Cuadrado, junto a la impagable aportación de Alberto Grazzi al fagot, lograron que sus partes solistas brillaran en la Suite nº 1, donde también las muy difíciles y traicioneras trompetas consiguieron un trabajo a la altura, todo un dechado de virtud que se repitió en la última suite, ahora con el añadido de Valle González como tercer oboe, demostrando una vez más que esta es una orquesta de gente brillante, entregada y comprometida, pero sobre todo entusiasta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de marzo de 2022

SAVALL Y DÍAZ-LATORRE, MAESTROS EN ARMONÍA

39 Femás. Del tiempo y del instante (glosados, variaciones e improvisaciones) Jordi Savall, viola da gamba. Xavier Díaz-Latorre, tiorba y guitarra. Programa: Obras de Diego Ortiz, Juan García de Céspedes, Marin Marais, Mr. de Sainte-Colombe, Robert de Visée, Antonio Martín i Coll y el Códice Trujillo del Perú. Espacio Turina, martes 15 de marzo de 2022

Hemos visto muchas veces llena la sala que ocupa el antiguo Teatro Álvarez Quintero de la calle Laraña, pero pocas tan a rebosar y con esa sensación de no caber ni un alfiler como ayer. El responsable, Jordi Savall, que vino para dar un concierto programado desde hace ya tiempo por la nueva y fructífera gestión del Espacio Turina, dentro de su actual temporada de conciertos. Pero la proximidad a la celebración de la
trigésimo novena edición del Festival de Música Antigua, propició que éste fagocitara la cita y la convirtiera en su función de arranque, si bien hasta el próximo sábado no se reanudarán los conciertos con carácter continuo. Savall vino acompañado de uno de sus muchos fieles colaboradores, el que sin duda es junto a Rolf Lislevand el mejor especialista en cuerda pulsada de su flamante regimiento, el también catalán Xavier Díaz-Latorre. Juntos ofrecieron un recital volcado hacia lo más íntimo y espiritual, patente ya desde la propia iluminación, tenue y concentrada. A Savall no lo veíamos en la ciudad desde aquella apoteósica inauguración del Año Murillo en el Maestranza, cuando acudió acompañado por dos de sus más relevantes formaciones, Hesperión XXI y La Capilla Real de Cataluña.

Como es habitual en él, el programa estuvo perfectamente diseñado, de manera didáctica y ejemplar, para repasar dos siglos de improvisación y profusa ornamentación en la música concebida para viola da gamba, en su doble vertiente soprano y bajo, que el legendario músico domina como nadie. Quintaesencia de esa teoría antigua que consideraba el timbre y la flexibilidad del instrumento como lo más próximo a la voz humana, en su interpretación más importante que la melodía simple o seca es la armonía, fundamento de estas improvisaciones cuyas pautas de interpretación sus autores y también intérpretes dejaban generalmente escritas para a partir de ahí dar vía libre a la creatividad del músico. Y eso fue precisamente lo que encontramos ayer en este primer concierto del Femás, pura creatividad de la mano de dos maestros absolutos de la interpretación de la música antigua, que han sabido dar a esta la entidad y la fuerza suficiente para que hoy tantos y tantas seguidoras la hayan convertido en la más moderna de cuantas músicas clásicas asoman.

Virtuosismo y contención

La exhibición comenzó con unas Recercadas de Diego Ortiz, defendidas desde el registro intermedio del instrumento, sin la profundidad ni el cuerpo al que nos tiene acostumbrados, pero con la consabida agilidad en la articulación que hace que sus interpretaciones sean tan brillantes, y con la rotunda complicidad de Díaz-Latorre, que parecía fundirse con él. De ahí a unas Greensleeves en las que solo desde el perfecto dominio de la armonía fuimos capaces de identificar su archiconocida melodía, y unas improvisaciones sobre los Canarios en las que Savall llevó la viola da gamba soprano al paroxismo, a su registro más agudo, casi disonante en busca del sonido onomatopéyico del pájaro. Terminaron ese bloque con una primera incursión en la música de ida y vuelta que nos hermana con Latinoamérica, una Guaracha mexicana llena de virtuosismo y ritmo contagioso. Tras unas Jácaras y Canarios del imprescindible Gaspar Sanz, que Díaz-Latorre bordó tras dedicar unos breves acordes de una pieza tradicional ucraniana a las víctimas de la guerra, Savall nos deleitó con su basse de viole con un popurrí en el que alternó con suma delicadeza y un buen gusto extremo, esas Muzettes de Marin Marais que habrá interpretado miles de veces, y otras piezas del compositor y violista francés, y después unos lamentos de Sainte-Colombe, con otro de sus clásicos, Les Pleurs, combinado con uno de los recurrentes dobles de las suites de Bach. Todo ello siempre desde una óptica en la que la concentración y la emoción estuvieron magníficamente servidas.

Una chacona de Robert de Visée sirvió para una nueva exhibición de virtuosismo del genial tiorbista, cuya claridad y acierto en acentos y colores es absolutamente proverbial. Juntos acometieron con éxito unas Diferencias sobre las Folías de Antonio Martín i Coll en las que el ritmo y la agilidad fueron protagonistas. Para entonces Savall ya hubo experimentado todo lo posible con sus violas, punteándolas como un arpa, rasgándolas con el arco como una guitarra, y frotándolas con su característico sonido aterciopelado, siempre. Para finalizar, un feliz regreso a los ritmos y estilos importados de Sudamérica, en concreto los que se encuentran en el Códice Trujillo del Perú, todo un tratado sobre costumbres y tradiciones del país en el que se encuentran también diversas melodías autóctonas. Tras el aplauso extasiado de un público entregado y respetuoso, Savall y Díaz-Latorre volvieron a demostrar que son hombres de paz y que lo suyo es regalar felicidad y belleza, y no zozobra y desesperación, ofreciendo una muy sentida y conmovedora pieza popular que en países como Ucrania sirve para dormir a los niños y niñas, y que muy generosamente entonaron en favor de la paz y el buen juicio, y en contra de la barbarie y la sinrazón criminal.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía