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domingo, 28 de septiembre de 2025

VIVICA GENAUX, LA VOZ AL SERVICIO DEL ALMA

Festival de Ópera de Sevilla. Vivica Genaux, mezzosoprano. Carles Blanch, archilaúd. Rami Alqhai, viola da gamba. Egon Mihajlovic, clave. Programa: Cantatas de cámara y sonatas de Domenico Scarlatti. Espacio Turina, domingo 28 de septiembre de 2025


Disfrutamos de su candor juvenil en aquel ya lejano Alahor en Granada de Donizetti, junto a Anne Hallenberg, Diego Fasolis y la Barroca de Sevilla en enero del 2018 de nuevo en el Maestranza, y posteriormente en un par de ocasiones en el Espacio Turina, donde este domingo en sesión matinal volvió a deslumbrarnos con su buen hacer, su falta de divismo y esa inmediatez en la conexión con el público que le caracteriza.

Nos referimos a la mezzosoprano Vivica Genaux, una autoridad tanto en el canto barroco como en el bel canto, o en la combinación de ambos, como en esta ocasión, y cuanto se proponga. Su voz ha ido ganando peso, aunque puede que en algunos aspectos se note el paso del tiempo, especialmente en algunos cambios bruscos de registro y puntuales pérdidas de control de la respiración. Pero en cualquier caso se trata de apuntes extraídos con el único fin de no caer en el elogio absoluto y la admiración exacerbada.

Nos gusta Vivica Genaux y lo corroboramos tras este aseado y elocuente recital en el que se alternaron piezas instrumentales y cantatas de Domenico Scarlatti, tan vinculado a España como lo estuvo su padre Alessandro, que nació en Nápoles cuando pertenecía al imperio español. Pero aún más, porque Domenico trabajó directamente en plazas españolas como Sevilla o la Corte de Felipe V en Madrid. Y a esa etapa pertenece fundamentalmente este escaparate del compositor enmarcado en el Festival de Ópera de Sevilla.

Una voz cálida y un acompañamiento formidable

La voz de Alaska estuvo magníficamente acompañada por un trío de ases, que además interpretaron las sonatas que abrieron cada una de las dos partes del programa, la primera con la viola da gamba de Rami Alqhai como protagonista, la segunda con la cuerda pulsada de Carles Blanch como solista. El resto fueron sonatas y un fandango para clave solo que el especialista esloveno Egon Mihajlovic recreó con delicadeza y riqueza de matices.

Genaux acertó en el aire melancólico que extrajo de la primera de las arias de la cantata No, non fuggir o Nice, mientras exhibió un palpable talento para la coloratura en la segunda, más dinámica. Pero sería en Fille giá più non parlo y sus aires de fandango con elocuentes pausas, donde despertó la primera ovación del público, cerrando con satisfacción la primera parte del programa.


Di Fille vendicarmi vorrei, que como el resto de piezas vocales estuvo concebida para castrato, sin que la mezzo pretendiera plegarse a esas exigencias tímbricas, manteniendo su propia personalidad y frescura, permitió mantener las características precedentes, con especial hincapié en un control absoluto de las inflexiones y los melismas de su voz. Todo esto se potenció en la última de las cantatas programadas, Qual pensier, con un final en el que fue aún más perceptible su talante español, y en el que la alternancia entre pasajes relajados y otros agitados sirvió para demostrar su magistral virtuosismo.

Lástima que las traducciones empleadas en los sobre títulos resultaran tan literales que apenas mostraran alguna coherencia, mientras aplaudimos el excelente acento español y dominio de la lengua de la cantante cuando se dirige con tanto respeto y educación al público, extensible al atuendo, ligeramente inspirado en los mantones sevillanos.

Mihajlovic demostró ser un clavecinista consumado, atento y preciso en cada una de las cuatro sonatas programadas, y el fandango en modo dórico que abordó con total virtuosismo aunque algo atropellado como para provocar la emoción perseguida. Logró, no obstante, ser tan afectivo en la Sonata K.213 como elegante en la 238, ágil y dinámico en las 239 y 555. Por su parte, además de como obligado, Alqhai exhibió tanta ternura en la Sonata K.81 como Blanch resultó preciso, detallista y delicado a la guitarra barroca en la 89.

Fotos: Agustín Pacheco (Archivo fotográfico del Festival de Ópera de Sevilla)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 21 de abril de 2023

VESPRES D'ARNADÍ Y XAVIER SABATA, UNA SERIA COMBINACIÓN

Xavier Sabata, contratenor. Vespres D’Arnadí. Dani Espasa, clave y dirección. Programa: Sinfonías de Albinoni, Lotti y Mancini; Arias de Bononcini, Ristori, Albinoni, Porta, Gasparini, Porpora, Giacomelli y Sarro; Toccata para clave nº 2 en la menor, de Scarlatti.
Espacio Turina, jueves 20 de abril de 2023


Si abrimos la
página del conjunto catalán Vespres d’Arnadí, encontramos varias reseñas de Eduardo Torrico, redactor jefe de la revista especializada Scherzo. A él dedicaron Xavier Sabata y Vespres d’Arnadí su concierto de anoche, el mismo día de su fallecimiento, y curiosamente una jornada en la coincidieron en nuestra ciudad el fútbol de un radiante Sevilla y la música de un buen puñado de compositores barrocos; música y fútbol, las dos grandes pasiones del desaparecido periodista, y las dos disciplinas a la que dedicó su vida profesional. En esta nueva aparición del contratenor y el conjunto catalanes, por primera vez juntos en esta ciudad, la respuesta del público no fue tan generosa como en otras ocasiones en cuanto a ocupación de aforo, que no en cuanto a entusiasmo. En los atriles Dani Espasa y Sabata convocaron hasta diez compositores, en su mayoría poco conocidos o divulgados en la actualidad y sin embargo fundamentales en su época, con partituras así mismo poco o nada frecuentadas. Una ocasión para el descubrimiento que se estructuró en cuatro bloques de idéntica compostura, cada uno con dos piezas vocales precedidas de una instrumental, que llevó al temperamental cantante por sendas expresivas de diferente calado.

Espasa y el conjunto que fundó hace casi veinte años con el oboísta Pere Saragossa, estuvieron ya antes en la ciudad al menos en un par de ocasiones, acompañando a Ruth Rosique hace un buen puñado de años, y justamente el año pasado junto a Juan Sancho y Sonia Prina. Pero aunque con Sabata han formado un matrimonio muy bien avenido, grabando incluso el disco L’amante Alessandro, además del que está por venir con el repertorio presentado en el Turina y que en unos días llevarán al Palau de la Música Catalana, nunca antes habían comparecido juntos en nuestra ciudad. La ocasión ha merecido la pena, con un repertorio bastante variado e interesante que arrancó con una breve Sinfonía u Obertura de Tomaso Albinoni, que aunque más conocido hoy en día por su obra instrumental, sobre todo sus conciertos para violín y oboe y un adagio que no compuso él pero lleva su nombre, fue en su día fundamentalmente operista, siendo Il nascimento dell‘Aurora una de las pocas conservadas de su extenso catálogo, y de la que también se extrajo un aria con acompañamiento de continuo de estética fascinante y especial aportación de la tiorba, en manos de un espléndido Rafael Bonavita, que dio mucho relieve al instrumento prácticamente en todas sus numerosas intervenciones. También las sinfonías de Antonio Lotti, que como otros de los convocados ejerció gran parte de su carrera en Dresde y perteneció a la Escuela Veneciana, y de Francesco Mancini, éste de la Napolitana y en un formato más convencional tipo concierto, encontraron en Vespres d’Arnadí, cuyo nombre procede de un dulce antiguo valenciano, el punto exacto de cocción, con una cuerda precisa liderada por una estupenda Farran Sylvan James como concertino, a pesar de que en ciertos pasajes evidenció alguna estridencia sin importancia. La cuarta pieza instrumental fue una exuberante tocatta de Alessandro Scarlatti, muy arpegiada y fugada que Espasa defendió con un virtuosismo diabólicamente extenuante.


Por su parte, Sabata se mostró algo más comedido de lo acostumbrado, pero siempre en esa línea suya en la que prima el espectáculo. Puede que atisbáramos en esta ocasión alguna pérdida de potencia y proyección en su voz, sobre todo al principio, pero por otro lado nos congratulamos en comprobar que ha depurado técnica y capacidad para mantener la línea de canto, sin cambios bruscos de color ni exhibir una puntual voz de barítono para salvar los extremos más graves de su registro. Por otro lado no cabe duda de que en agilidades y ornamentaciones tiene poca competencia, lo que se hizo patente en arias como Non sempre grandina, de Farnace de Giovanni Porta, autor que trabajó frecuentemente en Londres, otra de las cunas operísticas del momento a la que tanto aportaron los compositores italianos, o en Gelido in ogni vena, una temperamental aria de Siroe, re di Persia, compuesta por Domenico Natale Sarro en estilo muy próximo al de Leonardo Vinci. Como curiosidad, Sarro compuso la primera ópera a la que puso letra Pietro Metastasio.

En el otro extremo, Sabata nos conmovió también en sus arias más melancólicas, como Render mi vuole, de Astinatte, una ópera de Giovanni Bononcini, rival de Haendel, con quien coincidió en Londres cuando compuso este título. También con Bellezze adorate, de Le fate de Giovanni Ristori, o Qui ti scrivo, o nome amato, de L’Oracolo de Francesco Gasparini, cuyas óperas fueron las primeras italianas programadas en Londres. Contando para todo ello con aportaciones diversas de solistas de la orquesta, como el propio Saragossa al oboe, perfecto controlando el fiato pero con puntuales y discretas salidas de tono y un fraseo no siempre bien controlado, o el estupendo violonchelista Oleguer Aymamí. Con un estremecedor Morgen de Richard Strauss como propina, cambiando radicalmente de estilo pero con el particular timbre que ofrecen los instrumentos antiguos, Sabata y sus acompañantes nos dejaron literalmente con la lágrima en la mejilla.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 13 de marzo de 2023

UN EXQUISITO VIAJE POR EL BARROCO ITALIANO

XL Festival de Música Antigua de Sevilla FeMÀS. Nuria Rial, soprano. Gebhard David y Bork-Frithjof Smith, cornetas renacentistas. Patrick Sepec, violonchelo. Josep María Martí, tiorba. Johannes Strobl, órgano y clave. Programa: Obras de Tarditi, Scarani, Grandi, Gabrielli, Falconieri, Storace, Palestrina, Rognoni, Kapsberger, Castello, Cavalli, Cazzati, Monteverdi, Re y Legrenzi. Espacio Turina, domingo 12 de marzo de 2023


Solo llevamos un fin de semana, aún es muy pronto para atreverse a decirlo y desde luego esperamos poder arrepentirnos de hacerlo, pero es posible que nos encontremos ante una de las más exquisitas y agradables manifestaciones de esta edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. El conjunto suizo, aunque integrado por artistas de diversas nacionalidades, confeccionó un programa compuesto nada más y nada menos que por catorce autores del primer barroco italiano y uno manifiestamente renacentista, como es el incomparable Giovanni Pierluigi da Palestrina. Junto a ellos actuó Nuria Rial, tan flexible y ecléctica como nos tiene acostumbrados, capaz de resolver con matrícula un repertorio como éste, afrontar con igual solvencia la ópera belcantista y romántica, o atreverse incluso con los maestros de la música de cine, como atestigua su aportación a la regrabación que de la partitura de Bernard Herrmann para la película Noche sin fin afrontó Fernando Velázquez y la Euskadiko Orkestra hace un par de años.

La idea de este concierto, presentado con idéntico éxito el día anterior en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de España, era contextualizar el uso de la corneta negra, especialidad del grupo que le da título, en aquel albor del settecento, y confrontarlo a la voz humana, con la que frecuentemente se emparentaba por su cálido timbre y elocuente fraseo. La voz rutilante y generosa de Rial no se hizo esperar y nos regaló nada más empezar un Domine ed adiuvandum me festina del prolífico Orazio Tarditi por el que su voz corrió fluida y elegante. Sin pausa David y Smith hicieron sonar sus cornetas con una precisión mayúscula, sin fatiga ni desliz alguno, algo muy frecuente dado el carácter primitivo y poco elaborado del feliz instrumento. Así, de una sonata a dos voces de Giuseppe Scarani de aires inconfundiblemente profanos, pasamos a la candidez y la hermosura de Vulnerasti cor meum de Alessandro Grandi, que Rial acometió con mucha dulzura y sensibilidad, acertando en el estilo imitativo de la pieza junto a las cornetas, como se repetiría varias veces a lo largo del programa. Vendría después una de las perlas de la noche, la interpretación al violonchelo de una sonata de Domenico Gabrielli, pionero del instrumento. Sepec bordó su participación, como se hizo evidente en esta pieza aterciopelada, en la que brillaron sus ricas ornamentaciones y el fraseo fluido del intérprete. De este estilo más propio del norte de la península pasamos al aire desenfadado napolitano de la mano de Andrea Falconieri, y al estilo majestuoso del compositor de Messina Bernardo Storace, de quien Strobl interpretó al clave también con éxito una tocata y canzone de enrevesada complejidad.


Pulchra es (Hermosa es)
fue el título elegido de Palestrina, y el que dio nombre al programa, con Rial y el conjunto triunfando en el arte del contrapunto y la compenetración. De Milán llegó Francesco Rognoni, de quien se interpretó su obra más difundida, Selva dei vari passagi, sustituyendo el violín por las cornetas. Martí bordó a la tiorba, también desde la excelencia, una canzona para chitarrone del germanoitaliano Giovanni Girolamo Kapsberger. Y manteniendo en todo momento ese espíritu afable y dominio del color que caracterizó la velada, llegó otro de los momentos cumbres, una bellísima sonata del veneciano Dario Castello, potenciada por el sonido dulce y majestuoso de las cornetas, siempre precisas y seguras. Nada hubiera hecho pensar que Rial atravesaba una afección vocal si no lo hubiera confesado ella, a juzgar por la brillantez con la que acometió también el motete O quam suavis de Francesco Cavalli, y desde luego nada se apreció del estilo confuso y abandonado del boloñés Maurizio Cazzati a partir del brillante trabajo del conjunto con su antífona Alma redemptoris mater. El magisterio de Monteverdi cobró relieve con la excelente interpretación que de su Laudate Dominumin sanctis eius de Selva morale e spirituale realizaron Rial y el grupo, hasta desembocar en una sensacional Canzone a 4 de Benedetto Re, y terminar con el mismo espíritu distendido y afectuoso con O dilectissime Jesu, motete sacro para voz y tres instrumentos de Giovanni Legrenzi, de cuya perfecta técnica contrapuntística dejaron huella los magníficos intérpretes de una noche irrepetible.

Fotos: Lolo Vasco / FeMÀS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 20 de diciembre de 2022

BELLÍSIMO RECITAL DE DELPHINE MÉGRET Y MARTÍNEZ-PIERRET

Rasgando el silencio: Ciclo de mujeres compositoras. L’heure rose. Concierto de Navidad. Delphine Mégret, soprano; Carmen Martínez-Pierret, piano; Alejandro Bustamante, violín; Israel Fausto, violonchelo. Programa: Canciones de Elfrida Andrée, Amy Beach, Lili Boulanger, Nadia Boulanger, Cécile Chaminade, Augusta Holmès, Liza Lehmann, Alma Mahler, Mana-Zucca, Fanny Mendelssohn, Clara Schumann, Pauline Viardot, Madeline Dring, Carrie Jacobs-Bond, Poldowski, Mathilde von Rothschild y Dana Suesse. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, lunes 19 de diciembre de 2022


Coincidió este recital con la presencia en cartelera y en las nominaciones a los premios que tradicionalmente concede el cine a los mejores trabajos del año, de la película María Lejárraga. A las mujeres de España. En ella la directora sevillana Laura Hojman, autora de Antonio Machado. Los días azules y del audiovisual que acompañó al reciente concierto conmemorativo de la Exposición Iberoamericana del 29, glosa la vida y obra de una de las mejores escritoras del pasado siglo de nuestro país, ensordecida por el machismo imperante, lo que le obligó a firmar sus trabajos, entre los que se encuentran éxitos como el libreto de El amor brujo y la obra de teatro varias veces llevada al cine Canción de cuna, con el nombre de su esposo, Gregorio Martínez Sierra. Hoy todos sus trabajos se le han justamente atribuidos, pero hasta hace muy poco seguía siendo Segura su autor reconocido. Se trata de un lastre que la humanidad ha arrastrado desde tiempos inmemoriales, y que merecería un arduo trabajo de investigación para deshacer todos los entuertos e injusticias urdidas desde antaño, desde la misma Grecia Clásica. Hojman echa mano de la contención, el detalle y la elegancia para narrar a través de los testimonios de intelectuales como Rosa Montero, Vanessa Montfort o Manuela Carmena, las entrañables imágenes de archivo, el delicado trabajo de interpretación de Cristina Domínguez y la voz narradora de Kity Manver, no solo la vida de esta ilustre trabajadora de las letras y la política, sino de paso lamentar cómo la dictadura cercenó todas las ilusiones que millones de mujeres españolas habían depositado en el gobierno progresista con el que empezaban a disfrutar de derechos que durante tanto tiempo se les habían negado.


En esa misma línea de elegancia y contención se desarrolló también este imprescindible recital programado y estructurado por la entusiasta e incombustible Carmen Martínez-Pierret, el mejor hasta la fecha que hemos disfrutado en este ciclo dedicado a recuperar la memoria de tantas y tantas compositoras a la sombra de sus esposos y de una sociedad terriblemente machista cuya huella tanto nos está costando borrar, ni tan siquiera menguar. Nada más y nada menos que diecisiete mujeres protagonizaron este impecable y primoroso trabajo para el que contó con otra mujer incombustible, la soprano Delphine Mégret, capaz de enfrentarse sin solución de continuidad a las de más de veinte canciones programadas. Y eso que al principio pudimos apreciar cierta incomodidad en la colocación de su voz, lo que hizo que la pieza que daba título a la empresa, L’heure rose, una exquisita canción de amor de Augusta Holmes, que también solía firmar con seudónimo masculino, y Les papillons de Mathilde von Rothschild, sonaran destempladas, inseguras y con dificultades para llegar al extremo grave de su registro. Pero debió tratarse de falta de calentamiento, porque en el resto del recital Mégret dio muestras de controlar perfectamente su instrumento, de timbre cálido y aterciopelado y fraseo maleable. A partir de ahí se enfrentó con ahínco y capacidad resolutivo a páginas bien dispares, empezando por dos canciones de muy distinta índole de Cécile Chaminade, con las que pasó de un alto vuelo (Auprés de ma vie) a un complejo trabalenguas (Sombrero), una sentida canción de Elfrida Andrée, quien acuñó el término elevación de la mujer, acompañada en esta ocasión no solo por Martínez-Pierret sino también por el violinista Alejandro Bustamante, que añadió sentimiento y pasión a la pieza y volvería a colaborar en el conocido standard americano I Love You Truly, obra de Carrie Jacobs-Bond con un inconfundible aroma de musical.

Una miniatura de Alma Mahler, la menos prolífica y sin embargo más programada de las compositoras convocadas, dio paso a una nostálgica Clara Schumann, siempre defendidas por Mégret en perfecto estilo y con el feliz acompañamiento del piano, entregado y voluptuoso, siempre en línea con el canto, respetándolo y arropándolo en perfecta sintonía. Tras la última obra compuesta por una debilitada Fanny Mendelssohn, atendiendo a la exquisitez de su propuesta, Mégret siguió dando muestras de buen canto, aplomo y dulzura según tocase, con una divertida canción de la inglesa Madeline Dring, asidua del teatro, la radio y la televisión, cuyo lenguaje eminentemente cabaretero se adornó con un pequeño atrezzo, una taza de té envenenada. Quizás una de las piezas más conmovedoras y evocadoras de la noche fue la propuesta por Rebecca Clarke según textos de Yeats, Down by the Salley Gardens, de aroma rústico y evocador, tan emotiva como Evensong, un homenaje de Liza Lehmann a nuestros seres queridos y desaparecidos. Tras ello Israel Fausto se unió al dúo con su violonchelo para una Chanson d’amour de Amy Beach de tintes sensuales y carnales, con alguna salida de tono dentro de la complicidad lograda. Algo impetuosa y atropellada resultó la pieza basada en textos de Verlaine de Poldowski, compositora y pianista británica de origen polaco que adoptó este seudónimo por conveniencia a la clase aristocrática a la que pertenecía su marido; sin embargo Les étoiles de Pauline Viardot se saldó con gracia y desenfado.

En el bloque final Mégret y Martínez-Pierret se amoldaron con total soltura y perfecto estilo al musical genuinamente americano, dejando claro que algunas de las compositoras del momento podían parangonarse con los más reputados del género, como Gershwin, Berlin o Kern, como así lo demostraron Dana Suesse, Mana-Zucca y la ya citada Jacobs-Bond. Lo curioso es que muchas gozaron en su momento de cierta popularidad, a menudo interrumpida por sus matrimonios y el cuidado de su familia; pero la mayoría hoy han pasado al olvido y por eso es importante que alguien las rescate, como hacen Pierret e Israel, promotores de este ciclo, con acompañamientos tan exquisitos como el de esta ocasión, la soprano Delphine Mégret, que además contó para la ocasión con un espectacular atuendo y una pequeña escenografía que potenció aún más su adecuada expresividad, fundamental para una buena interpretación de lieder y canciones. Para terminar, como propina los cuatro reivindicaron con aires algo porteños ese Bésame mucho que la mexicana Consuelo Velázquez compuso hace exactamente noventa años.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 15 de diciembre de 2022

UN ORATORIO DE NAVIDAD DE ENORME BELLEZA

Oratorio de Navidad, de Johann Sebastian Bach. Coro de Niños de Windsbach. Orquesta Barroca de Sevilla. Ludwig Böhme, dirección. Isabel Schicketanz, soprano. Marie Henriette Reinhold, mezzosoprano. Patrick Grahl, tenor. Thomas Laske, barítono. Programa: Cantatas I, II, III y VI del Oratorio de Navidad de Bach. Teatro de la Maestranza, miércoles 14 de diciembre de 2022


Tan extraordinario como el proceso de gestación de esta prodigiosa y monumental página coral, puede llegar a ser una interpretación tan depurada y magistral como la que anoche fue capaz de brindar a un Maestranza casi abarrotado la conjunción de fuerzas que unió a nuestra Barroca con la dirección del joven Ludwig Böhme, el Coro de Niños de Windsbach y cuatro estupendos solistas igualmente alemanes. Con esta maravillosa partitura, la Barroca de Sevilla está cumpliendo uno de los meses más productivos de su carrera, todo él dedicado al maestro de Eisenach. Comenzaron diciembre al son de varias cantatas con obbligati a cargo del tenor Ariel Hernández en la capilla del Palacio Real, y lo rubrican ahora con una gira en compañía de los solistas y conjunto coral referidos, que les ha llevado por Valladolid, el Palau de la Música de Barcelona, el Maestranza, y hará escala hoy en el Auditorio Nacional, para después embarcarse a Alemania, donde la orquesta ejercerá de inmejorable embajadora nuestra en Frankfurt, Nuremberg y Ansbach. Solo de pensarlo se nos llena el alma de emoción, tanta como la que sentimos nada más iniciarse los acordes de esta portentosa composición a la que, no lo olvidemos, el Otoño Barroco nos ha ido acercando a razón de una cantata por año. Una emoción provocada por los majestuosos timbales seguidos de la sublime concurrencia de las trompetas y las sensacionales voces de un coro de unas setenta voces jóvenes masculinas con una media de trece años entre sus componentes. Ni el propio Bach lo hubiera soñado para la posteridad.

Quienes hayan asistido a las dos primeras representaciones de Las bodas de Fígaro que se están desarrollando actualmente en el Maestranza, reconocerían sus decorados aprovechados para ornamentar este concierto y de paso servir de concha acústica para la ocasión. Varios paneles que sirven de fondos a los decorados de esta producción operística, dispuestos en capas superpuestas, adornaron la multitudinaria concurrencia de voces e instrumentos en este conmovedor recibimiento de la Navidad más ortodoxa. Cierto que la disposición del conjunto tan atrás y tan abrigada no favoreció la proyección de la música, especialmente de los instrumentos, que en ocasiones parecieron algo adormecidos, sin que ello menoscabara las extraordinarias prestaciones con las que se lucieron solistas y familias instrumentales. Así, el joven pero experimentado Ludwig Böhme acusó su predilección por las frases fluidas, sencillas y naturales en la preciosa introducción de la cantata número dos, dedicada a la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores, una de las piezas más emblemáticas y recordadas de la partitura. De igual forma se deslizó la música durante todo el concierto, potenciando el carácter espiritual, dionisiaco y piadoso de esta extraordinaria parodia generada a partir del ingenio de su autor para reciclar arias y corales de otras obras, añadiendo corales nuevos y recitativos y adaptándolo todo a nuevos textos. Los solos de flauta de Rafael Ruibérriz junto a la mezzo Marie Henriette Reinhold en la segunda cantata fueron de una dulzura exultante, tanto como los de los oboes en esta parte consagrada especialmente a las maderas. De igual manera cabe felicitar a David Hendry, que en sus solos de trompeta en Grosser Herr de la primera cantata junto al bajo Thomas Laske estuvo brillante, aunque al final del oratorio el control de tan difícil instrumento se le resistiera un poco. Y no tenemos más remedio que repetirnos a la hora de ensalzar la participación de Mercedes Ruiz al violonchelo, que en Schilesse Mein Herze de la tercera cantata logró una sacra espiritualidad junto a la mezzo y el violín de Leo Rossi. Todos y todas en conjunto estuvieron soberbios, al igual que el maravilloso coro, con niños y adolescentes responsables y disciplinados, entregados al máximo para lograr ese sonido tan piadoso (Wie soll diuch empfangen) y glorioso (obertura y final) con el que nos subyugaron. Solo verlos con ese entusiasmo ya nos llenaba de gozo.



Todos y todas disfrutaron de la excelente dirección de Böhme, atento a cada acentuación e inflexión sin forzar en ningún momento la expresividad, procurando resaltar el carácter espiritual y amable de la pieza, con fraseos elegantes y fluidos, una portentosa naturalidad y mucho sentido común a la hora de engarzar las piezas. En el apartado solista las cuatro voces estuvieron geniales, por sus aterciopelados timbres, sus generosas proyecciones, su claridad y fluidez así como sus elegantes fraseos, sin caídas de tensión, sin estridencias ni salidas de tono, y sin resultar forzadas en ningún momento. Desde la conmovedora entrada de Reinhold en Bereite dich, Zion, al dúo de la soprano Isabel Schicketanz y Laske en la tercera cantata, o el muy depurado trabajo de Patrick Grahl tanto en sus recitativos como Evangelista como en sus arias de tenor, todo funcionó a la perfección, sumando en esta portentosa celebración con la que tan difícil resulta resistirse a la conversión.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 26 de noviembre de 2022

EL IMPULSO JUVENIL DE EVA ZAÏCIK Y LE CONSORT

Eva Zaïcik, mezzosoprano. Le Consort: Théotime Langlois de Swarte y Sophie de Bardoneneche, violines; Mathurin Bouny, viola; Hanna Salzanstein, violonchelo; Hugo Abraham, contrabajo; Justin Taylor, clave. Programa: Royal Haendel (arias de Rinaldo, Giulio Cesare in Egitto, Tolomeo re d’Egitto, Serse, Ottone re di Germania y Hercules, de Haendel; arias de Caio Marzio Coriolano, de Ariosti, y Crispo, de Bononcini; Concierto para violín en mi bemol mayor HWV 288, de Haendel; Sonata para dos violines en re menor Op. 1 nº 12 RV 63 “La Follia”, de Vivaldi). Espacio Turina, viernes 25 de noviembre de 2022


Solo seis días después del extraordinario sabor de boca que nos dejó Vivica Genaux en este mismo espacio, comparecieron anoche una versión reducida del joven conjunto galo Le Consort, sin maderas, junto a la rutilante mezzo Eva Zaïcik, en la cumbre de su carrera y con un matiz muy dramático en su forma de abordar la música. En los atriles se trataba de recrear el fenómeno que Haendel, Ariosti y Bononcini provocaron en el Londres inmediatamente posterior a Purcell, cuando a través de la creación de la Royal Academy of Music acercaron la ópera italiana al público y la alta burguesía londinense, con la que todavía no se sentían muy familiarizados. Todas las arias programadas en este singular y celebrado concierto, fueron compuestas allí en ese período, salvo la famosísima Lascia ch’io pianga, perteneciente a la ópera Rinaldo que Haendel presentó en Londres como punta de lanza para esa inminente evangelización.

Gente muy joven sobre el escenario, exhibiendo mucho impulso y un considerable ahínco, virtuosismo por descontado y muchas ganas e ilusión por hacer eso que más les gusta, interpretar música, como muy bien supieron transmitir al público. Zaïcik puede presumir también de juventud, cuando se encuentra en un momento álgido y dulce, rubricando junto a esta formación el reciente título que han publicado con un programa prácticamente idéntico al propuesto en esta comparecencia sevillana. Un concierto recital que arrancó con la exuberante obertura de Rinaldo, que el conjunto resolvió con esa energía e impulso apuntados, pero que en su apasionamiento no pudo evitar algunos desajustes, especialmente en los pasajes tremolantes reservados al primer violín, Langlois. Haciendo gala ya de su dramatismo, la mezzo francesa hizo lentamente su entrada en el escenario para entonar Sagri numi, de la ópera Coriolano de Attilio Ariosti, natural de Bolonia y especialista en la viola d’amore, que compartió con Bononcini y Haendel la dirección de la Royal Academy. En perfecto castellano, el clavecinista Justin Taylor confesó la predilección del conjunto por esta aria que ellos mismos descubrieron en la Biblioteca de París, y que Zaïcik defendió con una sobrecogedora dosis de ternura, haciendo hincapié en sus sorprendentes armonías y el imaginativo uso de sus silencios. Del mismo modo atacó el aria de Rinaldo, siempre primando el buen gusto en las articulaciones y las ornamentaciones; y con fuerza y mucha energía L’aure che spira de Julio César, si bien las agilidades no son su fuerte. El acompañamiento se hizo visible en todo momento, con interpretaciones muy atentas y disciplinadas, siempre en busca de potenciar aún más la vehemente expresividad del genio alemán.


No pudo comenzar mejor la segunda parte, con ese hermoso y patético Stille amare de Tolomeo que la mezzo paladeó hasta el límite para inmediatamente después y sin pausa, algo que el conjunto intentó denostadamente hacer desde el principio del concierto, para lo que no dudó en abortar continuamente los aplausos del público, entonar Crude furie de Serse, con toda la fuerza que la pieza exige pero demostrando de nuevo sus limitaciones en cuestión de agilidades, si bien no hubo nada que reprocharle respecto al control de la respiración y un refinadísimo legato. Por idénticos derroteros deambuló Ah, tu non sai de Ottone y la breve aria de Giovanni Bononcini Strazio, scempio, furia e morte, de su ópera Crispo. El nivel de dramatismo expresivo llegó al máximo de sus posibilidades con Where Shall I Fly, del drama musical de un Haendel ya tardío, Hercules. En las propinas cantó el arrebatador Se lento ancora il fulmine, aria que Zanaida canta en Argippo de Vivaldi, y un conmovedor Lamento de Dido, regresando así de la mano de Purcell a las raíces de la ópera genuinamente inglesa.

En el apartado exclusivamente instrumental, aparte de ejercer en todo momento como unos estupendos y comprometidos anfitriones, con un acompañamiento visible sin eclipsar, acometieron un Concierto para violín HWV 288 de Haendel acaso algo flácido en sus pasajes más pausados, pero naturalmente impulsivo en los más agitados, con Bardonneche siempre atenta a Langlois, y un continuo efectivo dando cuerpo y presencia al conjunto. Fuera de programa, Taylor introdujo la Sonata Op. 1 n. 12 La Follia de Vivaldi con la transcripción que Bach hizo al clave del célebre adagio de Marcello en su Concierto en re menor BWV 974, exhibiendo una fluida y expresiva digitación, a veces algo atropellada. Después, ya con la sonata, el virtuosismo alcanzó el máximo esplendor de la mano de los violines y el violonchelo de Salzenstein. Fue en todo momento una estupenda exhibición de fuerza e impulso juvenil, que junto a la generosa proyección y sentido del drama de la mezzo, logró el entusiasmo unánime de un enfervorecido público. Y sin embargo, algunos nos resistimos a dejarnos encandilar por tanto virtuosismo y drama provocado, y nos quedamos algo fríos e indiferentes, sin por ello dejar de reconocer y celebrar una vez más esta juventud responsable y comprometida que provoca tanto entusiasmo, aunque sea ajeno.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 26 de marzo de 2022

STILE ANTICO DESDE EL PARAÍSO

39 Femás. The Path to Salvation. Stile Antico. Helen Ashby, Kate Ashby y Rebecca Hickey, sopranos. Emma Ashby, Cara Curran y Rose Parker, altos. Andrew Griffiths, Jonathan Hanley y Matthew Howard, tenores. James Arthur, Will Dawes y Nathan Harrison, bajos. Programa: Piezas de Henry Purcell, Thomas Weelkes, Alonso Lobo, Leonora d’Este, John Sheppard, Orlando di Lasso, Gregorio Allegri, Giaches de Wert, Tomás Luis de Victoria, John Taverner, Peter Philips, William Byrd, Giovanni Pierluigi de Palestrina y Thomas Tomkins. Espacio Turina, viernes 25 de marzo de 2022


En la recién estrenada película Adiós, señor Haffmann, a la pregunta que le hace el personaje interpretado por Daniel Auteil a su tímida anfitriona sobre si cree en Dios, esta le contesta que no, pero sí en el paraíso. Entonces, también creerá en el inferno, le responde Auteil. No hace falta creer en lo divino, ni en la Iglesia ni nada de lo que le rodea, para dejarse subyugar por la belleza de la música, y el arte en general, creada para su sustento y enaltecimiento. En Sevilla sabemos muy bien que las lágrimas pueden brotar también de ojos agnósticos ante la belleza que representan las estaciones de la Pasión plasmadas en las procesiones de Semana Santa. Y sobre esta celebración universal se centró el programa con el que el mítico conjunto vocal inglés se presentó en esta extraordinaria edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. A ellos y ellas, hasta doce integrantes, les gusta generar programas monográficos, y lo hacen muy bien. El de anoche lo presentó con mucha educación, atención y sentido del humor el joven tenor Jonathan Hanley, y lo cerró con un mismo sentido de amabilidad la soprano Helen Ashby, una de las tres hermanas que forman parte del excelente elenco.

En este Camino de Salvación plasmado en el programa, arrancaron con un himno a cinco voces de Purcell concebido para ser cantado en la Abadía de Westminster, con el que Stile Antico, nombre que hace referencia al canto polifónico renacentista, mostró ya sus señas de identidad, centrándose en la exuberante belleza de la música al servicio del espiritual texto, para continuar con el jubiloso Hosana del Domingo de Pascua a cargo de una pieza de Thomas Weelkes, un autor habitualmente dedicado a los madrigales, que el conjunto entonó con desenfado y ánimo optimista, dejando constancia del brillo y la claridad de sus voces. Con el ursaonense Alonso Lobo se adentraron ya en un Jueves Santo idealizado con carácter piadoso, sereno y luminoso gracias a ese constante juego entre armonía y contrapunto que son capaces de aportar a su canto, y que con Leonora d’Este, noble y monja, hija de Lucreca Borgia, se convirtió en un dechado de efectos y afectos a partir del eficaz entrelazado de voces graves y agudas femeninas, con claro predominio de las segundas, en Ego sum panis vivus. Siguieron las masculinas exclusivamente en I give you a new commandment de John Sheppard, claro exponente junto a Tallis y Byrd de la floración polifónica en la Inglaterra de los Tudor, también con brillantes juegos armónicos entre las exultantes voces graves y las muy aterciopeladas agudas.

Un impactante efecto dramático

Así llegamos a la oración en el huerto según San Mateo, con el dramático motete Tristis est anima mea del influyente franco flamenco Orlando de Lassus, de tesitura ancha, líneas vocales descendentes y melodías circulares que sirvieron de magnífico preludio a un Miserere de Allegri de enorme impacto teatral, gracias a la disposición de las voces entre el escenario, cinco, un palco a modo de púlpito ocupado por Hanley, y el resto distribuido en el vestíbulo del Espacio Turina. Un juego de voces en diálogo, con claro predomino de las muy entonadas pero nunca estridentes sopranos, y un espectacular efecto místico e hipnótico con el que acabó este paseo por los Santos Oficios.


En la segunda pare, tras un nuevo prólogo de la mano de ese primer barroco representado por Purcell, con Hear My Prayer, Oh Lord también escrito para Westminster con una enorme complejidad armónica que el conjunto salvó con maestría, pasamos a celebrar el Viernes Santo ya desde la contención y la tristeza más expresiva, con O crux ave del madrigalista franco flamenco Giaches de Wert, y dos piezas de los Responsorios de tinieblas de Tomás Luis de Victoria en los que el contraste entre las voces agudas de O vos omnes y las más graves del estremecedor Tenebrae factae sunt, obraron el milagro del éxtasis gracias a las muy entregadas voces del conjunto, que durante toda su actuación jugó a variar constantemente la composición de conjuntos y la disposición de voces. La Vigilia se hizo paso con el conmovedor Dum transsset Sabbatum de John Taverner, para el tercer responsorio de maitines del Domingo de Resurrección, prodigio de voces en imitación y atmósfera rapsódica. La Pascua estuvo representada por la exuberancia y el tono jubiloso de piezas como Ecce Vicit Leo de Peter Philips, la enérgica Victimae Paschali de William Byrd, con sus ingeniosas interactuaciones entre solistas y conjunto, la antífona mariana a ocho voces Regina Caeli de Palestrina, y un jubiloso himno final a cargo de Thomas Tomkins, todo defendido con amplio sentido del color, el diálogo y la armonía, que nos llevó al paraíso ahora que tanto hace falta, en estos momentos de sinsentido y dolor en los que es más fácil sentir el infierno.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 21 de marzo de 2022

LA PIEDAD SEGÚN ANDREAS SCHOLL

39 Femás. Ecce Homo (Cantatas sacras y profanas para alto de Vivaldi y Bach). Andreas Scholl, contratenor. Divino Sospiro. Pedro Castro, oboe. Massimo Mazzeo, director. Programa: Cessate, omai cessate RV 684, Sinfonía en si menor RV 169 Al Santo Sepolcro, y Filiae mestae Jerusalem RV 638, de Vivaldi; Sinfonías de las Cantatas BWV 156 y 21, y Cantata Ich habe genug BWV 82, de Bach. Espacio Turina, domingo 20 de marzo de 2022

Foto: Aníbal González (Femás)

Contar con Andreas Scholl en cualquier escenario del mundo da prestigio, hacerlo en el seno de nuestro Festival de Música Antigua es sin duda todo un acierto. Lleva mereciendo el reconocimiento y la admiración del público y la crítica desde hace prácticamente tres décadas. Sus discos casi rivalizan con los de las estrellas de rock, y las entradas para sus conciertos se agotan desde el preciso instante en que se ponen a la venta. Su carácter mediático lo forjan una voz rutilante, de enorme homogeneidad y elegante fraseo, considerable potencia y generosa proyección, además del hecho de haber nacido alemán, lo que siempre constituye un plus; en realidad nacer en cualquier punto centrado o al este del continente ya constituye una primera garantía de éxito y reconocimiento al que los nacidos en el hemisferio sur de Europa les cuesta más cosechar.

A Sevilla ha venido con música de Vivaldi y su compositor favorito y el que le ha reportado sus mayores logros, Johann Sebastian Bach. Y lo ha hecho además acompañado de un conjunto que ahora está en plena efervescencia, Divino Sospiro. Integrado por músicos de distinta procedencia, y dirigidos por el prestigioso maestro italiano Massimo Mazzeo, esta orquesta de cámara barroca está afincada en Portugal, donde desde su fundación en 2004 trabaja por divulgar la música del país luso y acercar el gran repertorio de la época a un público que desde el principio le ha mostrado fidelidad. En Sevilla acertaron con un programa muy apropiado para las fechas, ahora que nos acercamos a la que para muchos y muchas es la época de mayor meditación y más comunión con la trascendencia humana, a la que tanta referencia hicieron las piezas seleccionadas, un encuentro entre lo humano y lo divino personalizado en dos compositores que cultivaron tanto lo profano como lo sacro, con más protagonismo de Vivaldi sobre lo primero, y absoluta presencia de lo divino en el segundo, Bach.

Un canto que cala en el corazón

Ah, ch’infelice
, la primera de las dos arias que integran la cantata Cessate, omai cessate de Vivaldi, sentó ya las bases de ese canto íntimo e introvertido del apuesto contratenor alemán, al que la orquesta se adaptó como un guante, potenciando ese estilo andante y punteado que caracteriza la conocida pieza. Pero su voz no parecía sentirse del todo cómoda, y eso se notó especialmente en Nell’orrido, donde unos impertinentes cambios de color malograron aunque solo fuera puntualmente la intervención ahora más fogosa del cantante. Por idénticos derroteros deambuló el aria Sileant Zephyri del motete Filiae mestae Jerusalem, concebido como introducción del Miserere RV 638 para los Santos Oficios del Jueves al Sábado Santo. Desde el escenario pudimos escuchar como entre bambalinas (la infraestructura del Turina no es grande y es fácil chivarse de los entresijos del interior) Scholl procuraba aclarar la voz. Como consecuencia, sus intervenciones en esa segunda parte dedicada a Bach fueron más lucidas e hicieron honor a su arte y su leyenda. Ich habe genug tuvo en su voz el vehículo perfecto para transmitir toda su belleza y candor, con piani sobrecogedores, que revalidó en las dos arias siguientes de la célebre cantata, y aun con más calidez y mayor sentido del dolor en la propina, siempre desde la piedad y la contención, el Agnus Dei de la Misa en si menor de Bach.

Divino Sospiro acompañó con oficio y sentido de la profesionalidad. Bien apoyada la cuerda aguda, a veces puntualmente mezclada con las violas, mientras la grave nos regaló momentos de indiscutible belleza, especialmente en el violonchelo solista, con acompañamiento medido y elegante de la cuerda pulsada, aunque con un continuo en el que echamos en falta mayor presencia y volumen. Así resolvieron la Sinfonía Al Santo Sepolcro, cuyo adagio constituyó un prodigio de contención y elegancia, así como las tres sinfonías de Bach que introducen sendas cantatas (BWV 156, 21 y la citada 82 Ich habe genug), que tuvieron en el oboe del especialista Pedro Castro el conductor ideal de toda su fuerza expresiva y carácter profundamente melancólico, resuelto con brillantez y ese carácter piadoso protagonista de tan memorable noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 31 de enero de 2021

LA PASIÓN MADRIGALISTA DE A5 VOCAL ENSEMBLE

Mª Jesús Pacheco Caballero, Raquel Batalloso Manzano y Conchita Martínez, sopranos. Teresa Martínez, alto. Julio López Agudo y Emilio Gil Torres, tenores. Alejandro Ramírez Sola, bajo. Juan González Batanero, clave. Programa: Il sesto libro de madrigali, de Monteverdi. Espacio Turina, sábado 30 de enero de 2021

El conjunto con Paul Agnew
Los madrigales florecieron en una Italia dividida en ciudades estado que competían por ostentar el máximo esplendor, generándose desde su herencia polifónica renacentista el que quizás pudiera considerarse género musical más refinado del barroco italiano, en el que brillaron autores como Marenzio y Gesualdo hasta encontrar su más brillante exponente en Claudio Monteverdi. El conjunto sevillano A5 Vocal Ensemble inició en 2016 la interpretación de los ocho libros que componen la integral de madrigales del autor de L’Orfeo, una gesta que ahora se mantiene contra viento y marea con el Libro VI y terminará dentro de unos años cuando se vean obligados a dividir el octavo en tres ediciones, habida cuenta su generosa extensión.

Si el libro primero, que tanta fama dio a Monteverdi en toda Europa, se concentró todo él a cappella, y en el tercero desarrolló ampliamente el arte de la declamación, lo que le reportó numerosos detractores, en el quinto influyeron los afectos como expresión del alma originada por el deseo del bien y el rechazo de lo maligno, encontrando reflejo definitivo en este sexto libro presidido por dos lamentos fundamentales, el de Ariadna por su amado Teseo y el de Glauco ante el sepulcro de su venerada Corinna. Este álbum concebido en Venecia en 1614 contiene algunos de los más logrados y bellos madrigales de Monteverdi, y aunque la mayoría de ellos admiten el acompañamiento instrumental, erigiéndose en hábil diálogo entre voces e instrumentos, A5 se decantó por la solución contraria, siendo el continuo, en forma de clave competentemente defendido por Juan González Batanero, la excepción. Así arrancaron con un Lamento de Ariadna austero, a cappella, henchido de tristeza y desesperación, entregándose con soltura e ingenio al juego de imitaciones que propone la partitura y a sus bellas disonancias expresivas. Ya entonces atisbamos la hermosura tímbrica de cada uno y una de los integrantes del conjunto.


Un Zefiro torna según textos de Petrarca, resuelto con frescura y energía, siguió a la sublime tristeza de las súplicas de Ariadna. La Sestina o Lágrimas del amante ante el sepulcro de la amada también se defendió a cappella, lográndose con una expresión vocal muy meditada ilustrar los profundamente apesadumbrados textos de Scipione Agnelli. Por cierto que la ausencia de programa ha permitido que se prodigue ya por fin la proyección de títulos y textos en el escenario, imprescindible para un disfrute completo de estos poemas puestos en música, y que antes en papel era imposible seguir ante la oscuridad de la sala, y eso cuando había programa con textos incluidos.

A destacar de entre las voces la ágil modulación y sentida expresividad de la soprano Mª Jesús Pacheco y la contundencia de Alejandro Ramírez en el extremo grave. Algunas puntuales estridencias, entradas erráticas y solapados dúos no empañaron una interpretación sólida y competente del conjunto, convenientemente adiestrado por maestros como Paul Agnew y María Espada, y que cuida al detalle incluso una esmerada cartelería que parece inspirarse en las portadas de los discos vivaldianos editados hace años por el sello Naïve. Como propina una pieza de Josquin Desprez, de quien en agosto se cumplirán quinientos años de su muerte, también en perfecto estilo aunque sea tan diferente al monteverdiano.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 24 de octubre de 2019

CORO RIPIENO: JESUITAS CON ACENTO BRITÁNICO

The Ripieno Choir. Huw Morgan, director. Programa: Ad Maiorem Dei Gloriam (obras de Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales, Jacob Handl, Giovanni Croce, Orlando Gibbons, Thomas Tallis y Francisco Guerrero). Espacio Turina, miércoles 23 de octubre de 2019

Aunque fueron precisamente los conjuntos corales británicos quienes en un principio mostraron un creciente interés por la polifonía europea, con especial dedicación a la muy puntera música española de la época, sus maneras quedaron pronto obsoletas cuando se impusieron criterios de corte historicista y fueron los conjuntos franceses y españoles, entre otros, los que se encargaron de dar al género un aspecto más sobrio y adecuado. Aquí estamos muy acostumbrados y acostumbradas a escuchar este tipo de composiciones con cierto rigor y estética más acorde al estudio pormenorizado de la materia, por lo que acercarnos al repertorio de la mano de un conjunto tradicional y veterano en la línea más puramente ortodoxa británica, no deja de ser algo muy exótico.


Con un programa centrado en los Jesuitas a través de su divisa Ad Maiorem Dei Gloriam (A la mayor gloria de Dios), sorprende la media tan avanzada de edad que muestran los y las componentes de este conjunto vocal creado justo después de la Segunda Guerra Mundial, lo que en un principio pareció traducirse en voces poco firmes y destempladas, para solo unos minutos más tarde revelarse como perfectamente educadas y matizadas para, en su género, ofrecer una interpretación más que saludable de tan rico repertorio. Una manifestación que llevan paseando por ciudades como Córdoba y Granada y que tiene la cortesía de prestar especial atención a los tres grandes de la polifonía española, el madrileño Tomás Luis de Victoria y los sevillanos Cristóbal de Morales y Francisco Guerrero, no en vano los más insignes compositores del Renacimiento español y por extensión del mundo entero. Del primero las diecinueve voces convocadas (una femenina menos en la segunda parte) marcaron su carácter místico, destacando un exaltado Improperia a cuatro voces de especial calidad en su escritura y ejecución. Mientras de Morales, considerado el primer compositor español de fama internacional, destacó la transparencia vocal, y de Guerrero su gran belleza melódica en el Ave virgo sanctissima a cinco voces que cerró el programa.

El Coro Ripieno sobresalió en sus ricos juegos de armonía y contrapunto, felizmente colocados ellos de voces más agudas a las más graves, de izquierda a derecha, y ellas delante pero al revés, creando una sensación inequívoca de magia y misterio, lo que unido a su tendencia a la emoción y el sentimiento por encima del rigor y el misticismo, hizo que disfrutáramos de una experiencia singular, beneficiada por la espléndida acústica del Espacio Turina. Entre lo más destacable, un Adoramus te, Christe de Handl etéreo y encantador, o un sobrecogedor Agnus Dei de la Missa O quam gloriosum de Victoria, además de unas amables piezas de Gibbons o Tallis en su lengua vernácula. El concierto estuvo precedido de unas emotivas palabras de Arnold W. Collado, presidente de Juventudes Musicales de Sevilla, que organizaba el evento, en recuerdo de Emilio Galán, presidente de la Asociación Sevillana de Amigos de la Ópera, que nos dejó a principios de este año y a quien esta institución siempre ha visto como lo que era, un gran amigo y colaborador.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 24 de julio de 2019

MARIVÍ BLASCO, UNA VOZ EN EL JARDÍN

20ª Edición Noches en los Jardines del Alcázar. Mariví Blasco, soprano. Ignacio Torner, piano. Programa: Siete canciones populares, de Falla; La Puerta del Vino y La Soirée dans Grenade, de Debussy; Selección de Canciones españolas antiguas, de Lorca; Selección de Tonadillas en estilo antiguo, de Granados. Martes 23 de julio de 2019

Mariví Blasco, una voz en el jardín En colaboración con el pianista sevillano Ignacio Torner, la soprano valenciana amplió repertorio ofreciendo un exquisito recital de canción clásica española La noche es el reposo del guerrero, el momento del día en el que nos relajamos y nos dejamos llevar para descansar toda nuestra energía, nuestras frustraciones y preocupaciones. Las estivales nos llevan frecuentemente a los jardines, donde entre aromas y brisas, anoche pocas, aparcamos nuestras inquietudes y olvidamos nuestros quehaceres habituales. Resulta por eso sintomático que tras una jornada de tanto ajetreo político, con los supuestos salvadores de la patria frustrando toda posibilidad de progreso, y secuestrando la voluntad popular depositada en unas abusadas urnas, dos agitadores de la vida cultural sevillana como son Mariví Blasco e Ignacio Torner, nos mecieran al son de aquellas canciones que a principios del pasado siglo conformaron nuestro particular nacionalismo, haciendo que la noche sonara tan española.
 
A Mariví Blasco es habitual verla en las Noches del Alcázar, pero desgranando su talento en repertorios más afines a la música antigua y del barroco que le son familiares, como así ocurrió hace unos días cuando actuó junto a Belisana Ruiz. Toda artista sin embargo ha de evolucionar y probar otros repertorios, aunque solo las más atrevidas e inquietas acaben haciéndolo. La inmersión de Blasco en la canción clásica española y los resultados obtenidos demuestra que la soprano valenciana merece una muy alta consideración. Junto a ella, el ecléctico Ignacio Torner, una de las cabezas visibles del experimental Taller Sonoro, firmó un agradable y responsable acompañamiento, rematado con unas desiguales aportaciones en solitario.
 
Una voz exquisita y delicada
 
Toner y Blasco, anoche en los Jardines del Alcázar
La raíz aflamencada de muchas de las composiciones seleccionadas para la ocasión permiten su interpretación en ese registro, pero su condición clásica admite también una versión más académica y en estilo clásico, como la que pudimos disfrutar en la voz de Blasco. Si bien es verdad que tardó algo en calentar, denotando cierta inseguridad y destemplanza en El paño moruno y la Seguidilla murciana, a partir de la Asturiana apreciamos mayor decisión y convicción en voz y modos, convenciendo plenamente en la Jota y en una muy paladeada Nana en la que jugó además a su favor su perfecta dicción. Aún más segura pudimos disfrutarla en las canciones recopiladas y armonizadas por Lorca, desplegando emoción y color desde una óptica sumamente delicada y exquisita, sin estridencias ni sobresaltos de temperamento. Y aunque en algunos pasajes faltó una pizca más de gracia, encandiló con Las tres hojas, una muy intensa Nana de Sevilla, y sobre todo unas muy elegantes y celebradas Sevillanas del siglo XVIII.
 
Menos frecuentadas pero cumbre así mismo de la canción seria española son las Tonadillas en estilo antiguo de Granados, una colección de canciones basadas en poemas de Fernando Periquet que no se considera propiamente ciclo porque están destinadas a voces de registro distinto e incluso un dúo final. Centradas como las de Falla en el amor y la seducción, Blasco las cantó con sensualidad y sentido poético, destacando especialmente la primera de las tres seleccionadas, El mirar de la maja, que cantó con mucha intensidad, equilibrio, dominio del fraseo y una perfecta modulación. Toner acompañó con soltura y sentido de la responsabilidad, aunque percibimos en piezas como las Sevillanas tendencia al martilleo obsesivo. En solitario alcanzó cotas de enorme sensibilidad y sensualidad en La Puerta del Vino, que no se repitió en un Atardecer en Granada, también de Debussy, algo enmarañado y falto de cohesión interna. Los jardines del Alcázar y de la Alhambra se fusionaron así en este programa tan granadino que destacó por la delicadeza, la elegancia y la exquisita forma de cantar de una rutilante valenciana.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 21 de julio de 2019

EL CABARET CANTAUTOR DEL DÚO SALVADOR-SALIM

Cristina Salvador, voz. Daahoud Salim, piano.
La Casa de los Pianistas, sábado 20 de julio de 2019 

Recuerdo cómo nos impactó en aquel ya lejano noviembre de 1996 el saxofonista afroamericano Abdu Salim, nacido en Texas y afincado en Sevilla, hoy al frente de la Andalucia Big Band. Sus largas manos deslizándose por las llaves del instrumento tocando la parte de Ornette Coleman en la fascinante música de Howard Shore para El almuerzo desnudo de David Cronenberg, mientras el autor de la Trilogía del Anillo dirigía a su espalda a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, tendrá para siempre un puesto de honor en la memoria de los fenecidos Encuentros Internacionales de Música de Cine que se celebraban en el Teatro de la Maestranza.

Atraídos por conocer el talento y las virtudes de su hijo, Daahoud, nacido aquí hace veintinueve años, y avisados por Yolanda Sánchez, la aguerrida responsable de La Casa de los Pianistas, que va ya viendo los frutos de su sueño gracias a una programación exhaustiva que le mantiene ocupada casi todos los días del año, nos hemos acercado a esta propuesta ecléctica y atrevida que el joven Salim nos ha traído junto a la muy versátil y expresiva Cristina Salvador, también sevillana y poseedora de un espíritu farandulero nada desdeñable. En su oferta, toda ella fruto de su entusiasmo y dedicación, letra y música incluidas, hubo lugar para la protesta, el sainete costumbrista, el chascarrillo con final chistoso, la crítica, a veces mordaz, otras veces no tanto, y la mezcla de culturas, con especial hincapié en la conjugación de las que florecieron en Latinoamérica a raíz de nuestra intervención.

Curtido en el jazz y la clásica, ambas disciplinas se notan en la forma que Salim tiene de atacar las teclas del piano, a veces con dulzura, otras con furia, pero siempre con la precisión y la seguridad que aportan los años de experiencia. Salvador expresa también esa facilidad para conectar gracias a su actividad empírica en zarzuela, musicales y canción de autor. En esta última faceta hizo brillar su talento, acompañada al principio de un palo de lluvia para crear una atmósfera intimista y hablarnos de emociones momentáneas, como la hora que duró su recital. A partir de ahí un cuaderno de chorradas les permitió reírse con respeto de la tauromaquia y con justicia de las reveladoras frases (Cuanto peor, mejor para todos) de nuestro último e innombrable ex presidente de gobierno, maestro del engaño y la zafiedad.

Un "momento" de la actuación en La Casa de los Pianistas
En cuanto a la música, Salvador combina la sottovoce, dulce y acaramelada, con la estridencia a máximo volumen, potenciado por un timbre en extremo agudo, adaptando su estética unas veces al estilo de Violeta Parra, otras al toniquete andaluz, especialmente perceptible en una canción que desglosa el menú de un bar, otras con mal rollo para denunciar el control y la manipulación a la que están sometidas nuestras vidas, y mucho son cubano por ejemplo para poner en evidencia la hipocresía con la que a menudo confundimos la buena educación. No siempre piano, ritmo y voz se acoplaron idealmente, pero en general hubo mucha sintonía y complicidad, destacando la capacidad de concentración de Salim para mantener el ritmo obsesivo a toque de cencerro. La tan necesaria concordia en el mundo, la esperanza en las generaciones futuras a través de una nana, o esas buenas intenciones que a menudo incumplimos, formaron también parte de este iconoclasta cabaret que logró la aprobación del público que abarrotaba la sala Martha Argerich de esta ya imprescindible Casa de los Pianistas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 17 de julio de 2019

EL CANCIONERO IBÉRICO DE CARMINA TERRARUM

20ª Edición Noches en los Jardines del Alcázar. César Carazo, canto y viola de brazo. Cristina Bayón, canto. Aníbal Soriano, cuerdas pulsadas. Programa: Los cancionaeros hispano portugueses en la época de Magallanes (obras de los Cancioneros de Elvas, Lisboa, Belem, París y Palacio, Pedro de Escobar, Luis de Milán, Pedro Guerrero, Maestro Capitán y Fray Manuel Correa). Martes 16 de julio de 2019

Foto: Actidea
¡Qué bien venden los americanos todo lo suyo y qué mal lo hacemos nosotros! El mundo lleno de hamburguesas y tan falto de buen jamón de pata negra. Mientras estos días asistimos a un aluvión de programas y reportajes sobre el alunizaje del Apolo 11, del que se cumplen cincuenta años, apenas notamos la influencia de la primera vuelta al Mundo, que cumple también este verano cinco siglos. La atención mediática dispensada al primero es infinitamente superior a la prestada a la segunda. Menos mal que a través de sus miniciclos las Noches del Alcázar nos recuerdan estas efemérides, lo que a su vez sirve para que los conjuntos y artistas invitados confeccionen cuidados programas, rara vez dejados al azar, en su mayoría tan didácticos como valiosos en el aspecto meramente musical.
 
Es lo que sucedió con el recién formado grupo Carmina Terrarum, algo así como Cánticos de la Tierra, en el que por primera vez coincidieron la cuerda pulsada, casi acariciada, de Aníbal Soriano, el canto trovadoresco y el derroche de simpatía de César Carazo, y la preciosa y mágica voz de Cristina Bayón, que nos sorprende más cada nueva comparecencia, desde aquel poco convincente Femás del 2012 a un sensacional Dido y Eneas en Jerez hace un par de años, siempre en continua evolución.
 
Compendio de cancioneros ibéricos del XVI
 
Carmina Terrarum trajeron al escenario del Alcázar canciones de los cuatro manuscritos fundamentales lusos de la época en que Magallanes emprendió bajo patronato de la corona española la búsqueda de nuevas rutas de las especias, y Elcano completó dando la vuelta al Mundo. El trío hizo gala de una generosa musicalidad desde los primeros y alegres compases de Qué es lo que veo y De la villa voy, del Cancionero de Elvas, un claro ejemplo de polifonía profana renacentista y casi únicas piezas en las que Carazo hizo sonar su viola de brazo, de sonido áspero y austero, al espiritual y emotivo canto siempre a dos tiempos, en un prístino ejercicio de armonía y contrapunto, de Falai miña amor, del compositor y vihuelista valenciano Luis de Milán, que trabajó a las órdenes de Juan III de Portugal, a quien dedicó su imprescindible manual de cuerda pulsada El Maestro.
 
Pero el punto álgido de la velada llegó pronto, con una preciosa interpretación de Acabarseam mis plazeres, del Cancionero de Lisboa, un claro ejemplo de música entre profana y religiosa, con un amplio contenido espiritual que las voces, acompañadas siempre del suave tañer de Soriano, llevaron a una dimensión mística. Obras de Pedro de Escobar, portugués que llegó a ser Maestro de Capilla en la Catedral de Sevilla, los Cancioneros de Belem, París y de Palacio, con un evocador Meis ollos van per lo mare como pieza clave, y ya en terreno barroco una canción del también portugués Fray Manuel Correa, exponente de la Escuela Polifónica Aragonesa, conformaron el resto del elaborado programa. La simpatía de Carazo en las didácticas luciones, la sensibilidad de Soriano, que encandiló con una Fantasía de Luis de Milán, y sobre todo la cálida y a la vez robusta voz de Cristina Bayón, tan en estilo, segura y bien proyectada, lograron un recital envolvente y sugerente, que la Luna se encargó de rubricar, miren por dónde, con un poético eclipse parcial.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía