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domingo, 21 de julio de 2019

EL CABARET CANTAUTOR DEL DÚO SALVADOR-SALIM

Cristina Salvador, voz. Daahoud Salim, piano.
La Casa de los Pianistas, sábado 20 de julio de 2019 

Recuerdo cómo nos impactó en aquel ya lejano noviembre de 1996 el saxofonista afroamericano Abdu Salim, nacido en Texas y afincado en Sevilla, hoy al frente de la Andalucia Big Band. Sus largas manos deslizándose por las llaves del instrumento tocando la parte de Ornette Coleman en la fascinante música de Howard Shore para El almuerzo desnudo de David Cronenberg, mientras el autor de la Trilogía del Anillo dirigía a su espalda a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, tendrá para siempre un puesto de honor en la memoria de los fenecidos Encuentros Internacionales de Música de Cine que se celebraban en el Teatro de la Maestranza.

Atraídos por conocer el talento y las virtudes de su hijo, Daahoud, nacido aquí hace veintinueve años, y avisados por Yolanda Sánchez, la aguerrida responsable de La Casa de los Pianistas, que va ya viendo los frutos de su sueño gracias a una programación exhaustiva que le mantiene ocupada casi todos los días del año, nos hemos acercado a esta propuesta ecléctica y atrevida que el joven Salim nos ha traído junto a la muy versátil y expresiva Cristina Salvador, también sevillana y poseedora de un espíritu farandulero nada desdeñable. En su oferta, toda ella fruto de su entusiasmo y dedicación, letra y música incluidas, hubo lugar para la protesta, el sainete costumbrista, el chascarrillo con final chistoso, la crítica, a veces mordaz, otras veces no tanto, y la mezcla de culturas, con especial hincapié en la conjugación de las que florecieron en Latinoamérica a raíz de nuestra intervención.

Curtido en el jazz y la clásica, ambas disciplinas se notan en la forma que Salim tiene de atacar las teclas del piano, a veces con dulzura, otras con furia, pero siempre con la precisión y la seguridad que aportan los años de experiencia. Salvador expresa también esa facilidad para conectar gracias a su actividad empírica en zarzuela, musicales y canción de autor. En esta última faceta hizo brillar su talento, acompañada al principio de un palo de lluvia para crear una atmósfera intimista y hablarnos de emociones momentáneas, como la hora que duró su recital. A partir de ahí un cuaderno de chorradas les permitió reírse con respeto de la tauromaquia y con justicia de las reveladoras frases (Cuanto peor, mejor para todos) de nuestro último e innombrable ex presidente de gobierno, maestro del engaño y la zafiedad.

Un "momento" de la actuación en La Casa de los Pianistas
En cuanto a la música, Salvador combina la sottovoce, dulce y acaramelada, con la estridencia a máximo volumen, potenciado por un timbre en extremo agudo, adaptando su estética unas veces al estilo de Violeta Parra, otras al toniquete andaluz, especialmente perceptible en una canción que desglosa el menú de un bar, otras con mal rollo para denunciar el control y la manipulación a la que están sometidas nuestras vidas, y mucho son cubano por ejemplo para poner en evidencia la hipocresía con la que a menudo confundimos la buena educación. No siempre piano, ritmo y voz se acoplaron idealmente, pero en general hubo mucha sintonía y complicidad, destacando la capacidad de concentración de Salim para mantener el ritmo obsesivo a toque de cencerro. La tan necesaria concordia en el mundo, la esperanza en las generaciones futuras a través de una nana, o esas buenas intenciones que a menudo incumplimos, formaron también parte de este iconoclasta cabaret que logró la aprobación del público que abarrotaba la sala Martha Argerich de esta ya imprescindible Casa de los Pianistas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 29 de mayo de 2019

UTE LEMPER SALDA UNA DEUDA PENDIENTE

Ute Lemper, voz. Vana Gierig, piano. Cyril Garac, violín. Romain Lecuyer, bajo. Matthias Daneck, batería. Programa: Rendezvous with Marlene. Teatro Lope de Vega, martes 28 de mayo de 2019

En una secuencia de La vie en rose Edith Piaf, interpretada por Marion Cotillard, deja caer la silla en la que está sentada en un restaurante de Nueva York cuando Marlene Dietrich se acerca a ella para conocerla. Una diosa presentándose y el impulso nervioso obró el incidente. Es una emocionante escena que explica la merecida fascinación que ejercía la protagonista de Marruecos y Arizona en toda persona que la conocía, en la pantalla que la mimaba y en los registros sonoros que también la inmortalizaron.
 
Hace treinta años una joven Ute Lemper triunfaba en París con su particular recreación de Sally Bowles en Cabaret. La prensa se deshizo en elogios con ella, definiéndola como la sucesora de Marlene Dietrich. Avergonzada por la comparación Lemper escribió a la estrella de Holywood, que por entonces residía en París, disculpándose por la osadía, a lo que ella respondió con gratitud por teléfono. La recreación fantaseada de esa conversación sirve ahora para un espectáculo que la reina del cabaret alemán pasea por los escenarios de todo el mundo desde noviembre del año pasado. Sevilla ha tenido el privilegio de acogerlo junto a otras dos plazas españolas, La Coruña y San Sebastián, donde actúa mañana y el sábado primero de junio. La última vez que pudimos disfrutar de Ute Lemper en Sevilla fue hace nueve años en el Patio de la Diputación, y solo tres meses antes en un espectáculo de Mario Gas en este mismo escenario, el Lope de Vega.
 
Un ejercicio de nostalgia y admiración
 

La propuesta de Ute Lemper y un magnífico conjunto instrumental liderado por un habitual de su carrera, el excelente pianista de jazz Vana Gierig de cierto parecido con Simon Rattle, y con el violinista Cyril Garac aportando el grado de melancolía y melodiosidad que demanda la idea, consiste en una combinación dramática de música y palabra en inglés que debiera haber disfrutado de su traducción en subtítulos, dado el carácter no improvisado del texto. La sensualidad en forma de Siesta del fauno debussiana introdujo un clásico de la diva, Where Have All the Flowers Gone, seguida de unos parlamentos sobre la guerra y la juventud con intercalaciones de Just a Gigolo, a su vez título de su última película, junto a David Bowie, y un standard popularizado por Sinatra, One for My Baby, en representación de esos clásicos americanos que abundaron a lo largo de su carrera.
 
A partir de ahí un repaso por la vida, los amores (Piaf la cautivó y Jean Gabin la enamoró; al segundo dedicó Dejeuner du matin de Joseph Kosma y Ne me quitte pas de Brel, un clásico en el repertorio de Lemper), su condición de apátrida asqueada de los nazis, su incontinencia sexual, su compromiso con las tropas norteamericanas enviadas a la guerra y su fracaso como madre, para culminar en su otoñal y tierna relación con el irrepetible Burt Bacharach, que sirvió para terminar la función con la maravillosa What the World Needs Now Is Love.
 
En el camino no faltaron las legendarias canciones de Frederick Hollander, Falling in Love Again y Lola de la película de von Stromberg que la catapultó a la fama, El ángel azul. También desgranó unas personalísimas versiones de Blowin’ in the Wind de Dylan y por supuesto el himno Lili Marleen con el que tanto se relaciona a la estrella de Berlín Occidente, Testigo de cargo, ambas de Billy Wildery Vencedores o vencidos.
 

Combinación de respeto y personalidad
 
Lemper pagó así esta deuda de más de treinta años, impostando la voz para imitar la de Dietrich, rota, profunda, lineal y directa, y combinándolo con su propio estilo, en el que aún se aprecian ecos de su pasado punk, sus coqueteos con la vanguardia, así como el gusto por las grandes voces del jazz, modulando a discreción y con un sentido de la teatralidad excepcional. Se alzó ante nosotros como una gran dama de la canción, llenando con solo su presencia, elegantemente vestida, el escenario del Lope de Vega, aún más hermoso y exquisito que en otras ocasiones gracias al milagro y la magia de un impagable reducto del espectáculo brillante, equilibrado y sensacional que solo grandes artistas como ella son capaces de ofrecer.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía