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jueves, 31 de agosto de 2023

ADORNO Y TRANSICIÓN CON NÚÑEZ Y ALQHAI

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Rami Alqhai, viola da gamba; Javier Núñez, clave. Programa: Danzas y melodías de la Spagna Antigua (piezas de Diego Ortiz, Gaspar Sanz, Antonio de Cabezón, Antonio Martín y Coll, Salomone Rossi, Alfonso Mudarra, Andrea Falconieri, y Bernard Storace). Miércoles 30 de agosto de 2023


Juntos o por separado, compartiendo conjunto o colaborando en pareja, son muchas las veces que hemos podido disfrutar en Sevilla del talento al clave de Javier Núñez y el más que competente trabajo de Rami Alqhai a la viola da gamba. La de anoche fue la última oportunidad hasta ahora de verlos y escucharlos juntos, y aunque el nivel no estuvo en todo momento a la altura de las expectativas, hubo razones para disfrutar del evento y mantener la buena opinión que nos merecen estos atribulados y responsables músicos que han crecido y evolucionado ante nuestros ojos y, sobre todo, oídos.

El programa con el que acudieron en cita única a esta edición de las Noches del Alcázar estuvo integrado por obras de compositores españoles e italianos ligados al último Renacimiento y el Barroco incipiente, en muchos casos justo en la transición entre uno y otro período artístico, en una época en que la relación y la influencia entre ambas penínsulas era notoria y muy enriquecedora. En los atriles un buen puñado de compositores imprescindibles, un objetivo común, lucirse en los adornos y ornamentaciones con un espíritu eminentemente virtuoso, y el trabajo serio y disciplinado de Alqhai en las adaptaciones de algunas de las piezas elegidas al instrumento que domina y que se erigió en protagonista de la velada, la viola da gamba. Con ella en solitario arrancó el recital, una selección de recercadas de Diego Ortiz, ejemplo de español que desarrolló gran parte de su carrera en Nápoles y publicó un tratado de glosas referente aún hoy para acometer el noble arte de la improvisación y la ornamentación en ambos instrumentos. Primero Alqhai en solitario, luego con el acompañamiento no siempre bien acompasado de Núñez luchando por adaptarse al fraseo emborronado de la cuerda, ambos dejaron entrever su control sobre la materia que se vería reforzado con los arreglos del violagambista sobre Marizápalos del guitarrista barroco Gaspar Sanz, con una agilidad animada y vitalista que se mantendría en la muy dancística Gagliarda Milanesa de Antonio de Cabezón, completando ese viaje de ida y vuelta entre el Renacimiento y el Barroco que inspiró el primer bloque del programa, y que culminó con los célebres Canarios en versión del tarraconense Martín y Coll, de los que Alqhai ofreció una interpretación fluida y competente.

Una envolvente sonata inspirada en otra danza, la bergamasca, de Salomone Rossi, perfecto ejemplo de esa transición aludida, abrió un segundo bloque en el que pudimos apreciar un preocupante batiburrillo en La dama le demanda de Cabezón, con la que Javier Núñez hizo todo lo posible para disimular y adaptarse a la pérdida de control momentánea de su compañero, solventada en unas Romanescas con claras influencias italianas de Alfonso Mudarra, dechado de virtuosismo y energía contagiosa. Lo mejor sin embargo se reservó para el final, con La suave melodía de Andrea Falconieri, defendida con una notoria melancolía y un impecable fraseo perfectamente acompañado al clave con impoluta técnica, y que encontró el perfecto contrapunto en frescura y agilidad con su corrente, especialidad del autor. Le siguió una pieza de Bernardo Storace, Monica, defendida por el clavecinista haciendo honor al magisterio del autor en cuestión de diferencias y variaciones. Una folías de Martín y Coll de impecable resolución culminó la exhibición antes de que los intérpretes recuperasen como propina obligada un Guárdame las vacas que antes se había caído del programa y ambos defendieron con idéntico ahínco y profusa vitalidad.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de marzo de 2022

SAVALL Y DÍAZ-LATORRE, MAESTROS EN ARMONÍA

39 Femás. Del tiempo y del instante (glosados, variaciones e improvisaciones) Jordi Savall, viola da gamba. Xavier Díaz-Latorre, tiorba y guitarra. Programa: Obras de Diego Ortiz, Juan García de Céspedes, Marin Marais, Mr. de Sainte-Colombe, Robert de Visée, Antonio Martín i Coll y el Códice Trujillo del Perú. Espacio Turina, martes 15 de marzo de 2022

Hemos visto muchas veces llena la sala que ocupa el antiguo Teatro Álvarez Quintero de la calle Laraña, pero pocas tan a rebosar y con esa sensación de no caber ni un alfiler como ayer. El responsable, Jordi Savall, que vino para dar un concierto programado desde hace ya tiempo por la nueva y fructífera gestión del Espacio Turina, dentro de su actual temporada de conciertos. Pero la proximidad a la celebración de la
trigésimo novena edición del Festival de Música Antigua, propició que éste fagocitara la cita y la convirtiera en su función de arranque, si bien hasta el próximo sábado no se reanudarán los conciertos con carácter continuo. Savall vino acompañado de uno de sus muchos fieles colaboradores, el que sin duda es junto a Rolf Lislevand el mejor especialista en cuerda pulsada de su flamante regimiento, el también catalán Xavier Díaz-Latorre. Juntos ofrecieron un recital volcado hacia lo más íntimo y espiritual, patente ya desde la propia iluminación, tenue y concentrada. A Savall no lo veíamos en la ciudad desde aquella apoteósica inauguración del Año Murillo en el Maestranza, cuando acudió acompañado por dos de sus más relevantes formaciones, Hesperión XXI y La Capilla Real de Cataluña.

Como es habitual en él, el programa estuvo perfectamente diseñado, de manera didáctica y ejemplar, para repasar dos siglos de improvisación y profusa ornamentación en la música concebida para viola da gamba, en su doble vertiente soprano y bajo, que el legendario músico domina como nadie. Quintaesencia de esa teoría antigua que consideraba el timbre y la flexibilidad del instrumento como lo más próximo a la voz humana, en su interpretación más importante que la melodía simple o seca es la armonía, fundamento de estas improvisaciones cuyas pautas de interpretación sus autores y también intérpretes dejaban generalmente escritas para a partir de ahí dar vía libre a la creatividad del músico. Y eso fue precisamente lo que encontramos ayer en este primer concierto del Femás, pura creatividad de la mano de dos maestros absolutos de la interpretación de la música antigua, que han sabido dar a esta la entidad y la fuerza suficiente para que hoy tantos y tantas seguidoras la hayan convertido en la más moderna de cuantas músicas clásicas asoman.

Virtuosismo y contención

La exhibición comenzó con unas Recercadas de Diego Ortiz, defendidas desde el registro intermedio del instrumento, sin la profundidad ni el cuerpo al que nos tiene acostumbrados, pero con la consabida agilidad en la articulación que hace que sus interpretaciones sean tan brillantes, y con la rotunda complicidad de Díaz-Latorre, que parecía fundirse con él. De ahí a unas Greensleeves en las que solo desde el perfecto dominio de la armonía fuimos capaces de identificar su archiconocida melodía, y unas improvisaciones sobre los Canarios en las que Savall llevó la viola da gamba soprano al paroxismo, a su registro más agudo, casi disonante en busca del sonido onomatopéyico del pájaro. Terminaron ese bloque con una primera incursión en la música de ida y vuelta que nos hermana con Latinoamérica, una Guaracha mexicana llena de virtuosismo y ritmo contagioso. Tras unas Jácaras y Canarios del imprescindible Gaspar Sanz, que Díaz-Latorre bordó tras dedicar unos breves acordes de una pieza tradicional ucraniana a las víctimas de la guerra, Savall nos deleitó con su basse de viole con un popurrí en el que alternó con suma delicadeza y un buen gusto extremo, esas Muzettes de Marin Marais que habrá interpretado miles de veces, y otras piezas del compositor y violista francés, y después unos lamentos de Sainte-Colombe, con otro de sus clásicos, Les Pleurs, combinado con uno de los recurrentes dobles de las suites de Bach. Todo ello siempre desde una óptica en la que la concentración y la emoción estuvieron magníficamente servidas.

Una chacona de Robert de Visée sirvió para una nueva exhibición de virtuosismo del genial tiorbista, cuya claridad y acierto en acentos y colores es absolutamente proverbial. Juntos acometieron con éxito unas Diferencias sobre las Folías de Antonio Martín i Coll en las que el ritmo y la agilidad fueron protagonistas. Para entonces Savall ya hubo experimentado todo lo posible con sus violas, punteándolas como un arpa, rasgándolas con el arco como una guitarra, y frotándolas con su característico sonido aterciopelado, siempre. Para finalizar, un feliz regreso a los ritmos y estilos importados de Sudamérica, en concreto los que se encuentran en el Códice Trujillo del Perú, todo un tratado sobre costumbres y tradiciones del país en el que se encuentran también diversas melodías autóctonas. Tras el aplauso extasiado de un público entregado y respetuoso, Savall y Díaz-Latorre volvieron a demostrar que son hombres de paz y que lo suyo es regalar felicidad y belleza, y no zozobra y desesperación, ofreciendo una muy sentida y conmovedora pieza popular que en países como Ucrania sirve para dormir a los niños y niñas, y que muy generosamente entonaron en favor de la paz y el buen juicio, y en contra de la barbarie y la sinrazón criminal.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía