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martes, 25 de agosto de 2026

A FUEGO Trampolín para nuevos talentos

España 2026 97 min.
Dirección
Estel Díaz Guion Estel Díaz, Nuria Dunjó y Javier Ruescas Fotografía Beatriz Sastre Música Awwz Intérpretes Zoe Bonafonte, Marc Soler, Ruslana, Omar Banana, Miquel Melero, Cris Blanco, Ujin Moreno, Ton Vieira Estreno 21 agosto 2026

El cine español se prodiga poco en música y baile, así que cuando alguna película trata el tema, como hicieron El cover o Las niñas de cristal, hay que celebrarlo, sobre todo si se pone empeño y oficio en la empresa. Después de un prometedor corto (Ford Escort) y un par de trabajos televisivos, incluido el biopic sobre la reina Victoria Eugenia (Ena), la directora Estel Díaz debuta en el largometraje con buenas maneras en este trampolín para jóvenes talentos de la danza y la interpretación, que si bien adolece de una línea dramática consistente y suficientemente convincente, echa toda la carne al asador cuando se trata de retratar nuevas tribus urbanas que encuentran en el baile y la celebración de sus cuerpos y expresiones su modus vivendi.

Acierta además a la hora de reunir jóvenes de alta condición social con otros de clase trabajadora, demostrando cómo a ciertas edades los prejuicios sociales quedan mucho más desdibujados que una vez maduramos y nos enfrentamos a un mundo económico y social fuertemente influido por ellos. En este contexto, y a pesar de tratar a nivel dramático un tema muy delicado y espinoso, de candente actualidad, que afecta a los jóvenes cuando más vulnerables psicológicamente son, a la hora de mostrar esas sesiones de baile y competición al más puro estilo de la célebre serie Pose, la cinta se vuelve más enérgica y atractiva. La mezcla de danza clásica y nuevos bailes al son de la música tecno y latina, con una banda sonora en la que sobresale más de un interesante tema, se convierte en otro factor brillante, tan bien coreografiado como resuelto por un elenco de rabiosa juventud que convierte la experiencia en un escenario para demostrar sus habilidades y atractivos físicos.

Entre ellos y ellas, destacan Zoe Bonafonte, hija de Eduard Fernández en El 47 y con la última de Daniel Monzón, Ruega por nosotros, a punto de estrenarse, Marc Soler, reciente amante de Aina Clotet en Viva, donde también exhibía sus dotes bailarinas, la triunfita Ruslana en su acertado debut como actriz, y el protagonista de Te estoy amando locamente, Omar Banana. Su frescura, su buen hacer y la habilidad de la directora para convertir el material dancístico y musical en todo un espectáculo, superan el frágil y en cierto modo ingenuo material dramático, dando al conjunto su más poderosa razón para considerarse un producto válido y atractivo. Lástima que entre tanto blockbuster estadounidense contando siempre lo mismo, este tipo de cine, español y diferente a la vez que apasionado y entretenido, apenas encuentre eco en nuestra bochornosa exhibición.

viernes, 1 de mayo de 2026

SINGULAR PROPUESTA COREOGRAFIADA DE LA ROSS

Sinfónico 12. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Antonio Ruz, dirección escénica, iluminación y coreografía. Xiaolu Zang, piano. Johanna Malangré, dirección. Programa: Pavana para orquesta, en Fa sostenido menor Op. 50, de Fauré; Ma mère l’Oye, ballet de Ravel; Variaciones sinfónicas para piano y orquesta, de Cesar Franck; Bolero, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 30 de abril de 2026


No recordamos, al margen de los ballets de enero con orquesta en el foso, otros conciertos de la ROSS que contaran con danza acompañándole en el escenario. Se trata de otra de esas felices experiencias que el nuevo equipo directivo de la orquesta ha diseñado para incentivar al público, captar nuevas audiencias y lograr elevar el espíritu del conjunto por encima de los vaivenes sufridos en las últimas temporadas. Claro que eso de captar nuevos públicos puede tener su precio, como el de volver a sufrir la agresión permanente de toses, móviles y caídas de objetos que tanto desconcentran y tanto daño hace a los artistas y a quienes aún esperamos que el comportamiento del oyente esté a la altura de lo mucho que queremos a esta ciudad.

Nos recordaba un incondicional de la cultura musical en Sevilla, en el intermedio de este décimo segundo programa de abono, aquello que decía Fernán Gómez sobre que al teatro hay que venir tosido. Una consigna que parte de nuestro público parece despreciar sistemáticamente. Y así ocurrió al menos en la primera y coreografiada parte de este concierto tan singular y atractivo, con el consiguiente perjuicio para su disfrute. Y eso que la experiencia invitaba a la relajación y el hipnotismo.

Foto: Marina Casanova

Los y las seis bailarinas deambularon entre el público mientras la joven directora alemana Johanna Malangré desgranaba ya su particular estilo, exquisito y elegante, en la celebérrima Pavana de Fauré. Una forma de introducirnos ya en ese mágico mundo de los cuentos infantiles evocados en esta primera parte de la cita. Valentina Martín Kadashnikova y Yeteng Zhou se revelaron inmediatamente después, sin solución de continuidad, como jovencísimos pianistas capaces de llevar a buen puerto la versión original para piano a cuatro manos de la pavana de la bella durmiente del bosque. Después, el baile, una experiencia que podría repetirse con otros títulos tan apreciados como, por ejemplo, El sombrero de tres picos de Falla o La consagración de la primavera de Stravinsky.

Una impecable combinación de iluminación y coreografía

Mi madre la oca, de Ravel, ha sido llevada a los atriles de la Sinfónica en numerosas ocasiones, pero pocas o ninguna en forma de ballet. Concebida como suite de cinco piezas para piano a cuatro manos, Ravel la orquestó apenas un año después de terminarla, para inmediatamente después ampliarla hasta convertirla en el ballet que pudimos degustar en esta ocasión en todo su esplendor.


Para eso se contó con el talento del coreógrafo cordobés Antonio Ruz, que ha creado para la ocasión, con la colaboración de Elia López, un delicado trabajo para seis jóvenes bailarines, sometidos a movimientos que combinan lo clásico con lo contemporáneo, mientras se someten a arriesgadas acrobacias y tan luminosas como evocadoras, siempre dentro de un nivel de calidad y exigencia encomiable.

Malangré logró integrar música y danza, haciendo acopio de respeto y delicadeza, con momentos tan mágicos como el vals de la bella y la bestia, ayudado por una excelente iluminación de efectos casi expresionistas. Pulgarcito fue otro de los pasajes en los que Ruz se dejó guiar por la narrativa del cuento, completado con las danzas chinescas de la princesa de las pagodas.

Para el resto, el coreógrafo se dejó guiar por el instinto y la libertad, mientras sus danzantes lograron episodios de inusitada belleza, como ese final realzado por el estremecedor crescendo de la orquesta, magníficamente recreado por la batuta y una orquesta que se creyó en todo momento lo que hacía, incluida una breve aportación coreográfica al conjunto.

Ritmo y color en la segunda parte


Aunque las Variaciones Sinfónicas para piano y orquesta de Cesar Franck sea su obra de concierto más programada junto a su Sinfonía, resulta mucho menos transitada que ésta. Su breve duración hace dudar sobre la necesidad de contar con un celebrado pianista para su interpretación, sin que se le demande otra página adicional. Es el caso del joven Xiaolu Zang, que ofreció una versión de la pieza vigorosa y decidida, gracias en parte al mimo con que Malangré dirigió la orquesta, siempre buscando el equilibrio perfecto con el pianista.

A pesar de su título, más que variaciones nos encontramos ante una evolución orgánica que fusiona progresivamente al solista y la orquesta, destacando un allegretto de enorme belleza que invita al pianista a involucrarse en una sucesión de cambios de registro y carácter que complican la interpretación hasta hacerla digerible sólo en manos tan expresivas, ágiles y desenvueltas como las de este excepcional pianista chino. Y así se disipa cualquier duda apuntada antes. Como propina y, de paso, anticipo de lo que vendría después, tocó el segundo de los Valses nobles y sentimentales de Ravel, de forma tan atenta como reflexiva.  

Y para terminar, una pieza que no sólo no cansa en su repetitiva gramática, sino en la cantidad de veces que se interpreta. El Bolero de Ravel contó también con la exquisitez y la elegancia ya expuesta por Malangré en las anteriores piezas. Esta vez nos llamó especialmente la atención la suavidad casi etérea con la que se mantuvo el ritmo al tambor, mientras flauta, oboe y clarinete fueron dando lo mejor de sí mismos, y las capas instrumentales que caracterizan esta monumental orquestación, fueron fluyendo con absoluta precisión y naturalidad, mientras la batuta se encargó de mantener con éxito un ritmo constante y un brillo excepcional.

Fotos: Juan Luis Morilla
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 23 de octubre de 2025

LA VIDA DE CHUCK Danza de vida y muerte

Título original: The Life of Chuck
USA 2024 110 min.
Guion y dirección
Mike Flanagan, según un relato corto de Stephen King Fotografía Eben Bolter Música The Newton Brothers Intérpretes Tom Hiddleston, Jacob Tremblay, Benjamin Pajak, Cody Flanagan, Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Carl Lumbly, Mark Hamill, Mia Sara, Trinity Jo-Li Bliss, Q’orianka Kilcher, Harvey Guillén, Matthew Lillard, David Dastmalchian, Annalise Basso, Taylor Gordon y la voz (en versión original) de Nick Offerman Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2024; en Estados Unidos 13 junio 2025; en España 17 octubre 2025


Prolífico donde los haya, la bibliografía de Stephen King ha sido ampliamente adaptada al cine y la televisión, generando un catálogo de cine de terror y fantasía inabarcable. El propio director de esta película, que se consagró con títulos como Oculus, Ouija o de la mano del propio King con Doctor Sueño, prepara el lanzamiento próximo de una serie basada en Carrie. Pero hay algunas obras de su catálogo que tocan temas de carácter más emotivo o sentimental, y que también han conocido su versión cinematográfica, como Cadena perpetua, Cuenta conmigo, Corazones en Atlántida o La milla verde. A este apartado pertenece esta película con raíz en Frank Capra y la celebración del individualismo como forma también de acceder y contribuir al bienestar y la felicidad de quienes nos rodean. Ni la película ni la historia corta en la que se basa renuncian al ingrediente fantástico, aunque hay que verla para entender cómo se ha integrado en una cinta que cuenta la vida de una persona corriente en tres capítulos cronológicamente inversos.

De su fallecimiento a la temprana edad de treinta y nueve años, víctima de un tumor cerebral, a su infancia junto a unos entrañables abuelos encarnados por Mark Hamill y Mia Sara, a quien siempre recordaremos como compañera de un jovencísimo Tom Cruise en Legend de Ridley Scott. En el camino, la frustración de tantos y tantas que sabiéndose poseedores de un talento especial, en este caso la danza, ceden al chantaje de la vida convencional y rutinaria. En este sentido, el capítulo central sirve de tránsito entre los otros dos para regalarnos una sensacional secuencia de baile en la que el protagonista, Tom Hiddleston, Loki en la serie Los vengadores, y una improvisada compañera Annalise Basso se comportan como artistas callejeros al son de la percusionista Taylor Gordon. Una secuencia que hace tanto añorar aquel cine musical estadounidense, aquí homenajeado a través de Rita Hayworth (una constante en la novela dramática de King) y Gene Kelly al son de la música de Jerome Kern para Las modelos.

El fin del mundo que se avecina en el tercer capítulo y primero de los narrados, así como la torre encantada que aparece en el primero y último en proyectarse, encuentran su justificación en ese devenir vital y mortal de un personaje que pese a vivir poco, parece hacerlo intensamente aún en la rutina convencional a la que el sistema le ha condenado. El resultado de todo esto es un film hermoso, poético a la manera comercial que impera, extraño e hipnótico. Sólo cabe reprocharle el exceso de voz narradora, pero sorprende que aún habiendo ganado el Premio del Público en el Festival de Toronto del año pasado, haya tenido que esperar tanto para estrenarse.

sábado, 7 de junio de 2025

SIRAT. TRANCE EN EL DESIERTO Una propuesta radical, lejos de lo normativo

Título original: Sirât
España-Francia 2025 114 min.
Dirección
Oliver Laxe Guion Oliver Laxe y Santiago Fillol Fotografía Mauro Herce Música Kangding Ray Intérpretes Sergi López, Bruno Núñez Arjona, Jade Oukid, Richard “Bigui” Bellamy, Stefania Gadda, Tonin Javier, Joshua Liam Henderson Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2025; en salas 6 junio 2025


Por mucho que quede por estrenar este año, pocas películas lograrán hacerle sombra a la que es sin duda la
propuesta más radical y sorprendente de la temporada, justamente premiada en Cannes con el premio del jurado, aunque creemos que merece más. En su tercer largometraje de ficción, el joven director español nacido en París Oliver Laxe demuestra su carrera ascendente y se afianza como cineasta muy a tener en cuenta a partir de ahora, por si O que arde no hubiera demostrado suficientemente su talento y capacidad para transmitir emociones y sensaciones al espectador. Ahí radica precisamente el principal interés de una cinta que resulta tan demoledora, en conectar con el público, perfectamente cómplice, como si lo viviéramos, de lo que sobre el papel no parece más que una película de aventuras por el desierto protagonizada por un grupo de ravers en busca de emociones fuertes y rituales dancísticos con el respeto al prójimo como consigna inquebrantable.

Aunque sea Sergi López, en la que seguro es la mejor interpretación de una carrera llena de buenos personajes muy bien defendidos, quien aparezca como protagonista de la función, es su hija, que nunca aparece en pantalla, la verdadera protagonista, en cuanto son sus andanzas y decisiones las que provocan la sucesión de experiencias, algunas indigeribles para una sensibilidad delicada, en las que se estructura su cuidada narrativa. El resto del elenco se interpreta a sí mismo, en su primera experiencia cinematográfica, mientras la excelente banda sonora electrónica del especialista francés en dance de vanguardia David Letellier, alias Kangding Ray, pone el tono y el ritmo imprescindible a una cinta en la que la danza propicia secuencias de una belleza extraordinaria, sabiamente encuadradas y oportunamente colocadas a lo largo de un metraje que, aunque entretiene de cabo a rabo, puede llegar a ser insoportable por sus radicales emociones de trágicas consecuencias.

Laxe vuelve al desierto que exploró en su primera ficción, Mimosas, esta vez como escenario de escape y pérdida, mientras de fondo se adivina una situación internacional apocalíptica ya sin esperanza alguna. Esa atmósfera se deja ver también en sus referencias domésticas a la saga Mad Max, siempre desde el realismo y la búsqueda de nuestra complicidad más humana, de la misma forma que su tribu de gente tan lejos de lo normativo, nos retrotrae a esos Freaks que uno de los personajesluce en su camiseta. Referencias cinéfilas que dan paso a una obra íntegramente original y diferente, radical, atrevida y arriesgada, a la vez estremecedora y, en definitiva, sensacional. Y a pesar de todo, hermosa.

sábado, 18 de marzo de 2023

UN PASO ADELANTE La fuerza redentora de la danza

Título original: En corps
Francia-Bélgica 2022 117 min.
Dirección
Cédric Klapisch Guion Cédric Klapisch y Santiago Amigorena Fotografía Alexis Kavychine Música Hofesh Shechter y Thomas Bangalter Intérpretes Marion Barbeau, Hofesh Shechter, Denis Podalydés, Muriel Robin, Pio Marmaï, François Civil, Souheila Yacoub, Mehdi Baki, Alexia Giordano Estreno en Francia 30 marzo 2022; en España 17 marzo 2023

A menudo atento a la juventud, con su trilogía del albergue español (Una casa de locos, Las muñecas rusas y Nuestra vida en Nueva York) como máximo exponente, parece ahora construir un vehículo a mayor gloria del coreógrafo israelí Hofesh Shechter y la bailarina Marion Barbeau, quizás lo más destacado de un film cuya trama se nos antoja convencional y harto anodina. Se trata de la enésima crónica de superación de quien tras sufrir un accidente ha de replantearse su vida, desde un punto de vista no solo físico sino también emocional.

Cierto que tanto Kaplisch como su guionista habitual, el argentino Santiago Amigorena, procuran desvestir su película de todo acento dramático, envolverlo en la misma seda que arropa a las bailarinas y dejar que todo el artificio no sea sino una comedia amable en la que destaquen por encima de todo los sensuales números de baile e irresistibles coreografías. La propuesta arranca brillantemente con una representación de La Bayadère de Minkus según la clásica coreografía de tutús de Marius Petipa, para proseguir inmediatamente con unos creativos y mágicos títulos de crédito y lanzarse después a la recreación de cuerpos y jóvenes sumidos en los clásicos enredos amorosos y afán de superación que da al conjunto un tono distendido sin más pretensión.

La empresa no le ha ido mal a sus principales artífices, el director y el apreciado coreógrafo Hofesh Shechter, también actor interpretándose a sí mismo y responsable principal de su banda sonora, que han conseguido nueve nominaciones al César, aunque ninguna se haya materializado en premio. Tras su estreno español en el Festival de Málaga, un año después que en su país de origen, llega ahora a nuestras pantallas para echar un rato agradable y sin complicaciones.

martes, 12 de abril de 2022

LAS NIÑAS DE CRISTAL Linares acierta con un drama de intriga y danza

España 2022 138 min.
Dirección
Jota Linares Guion Jota Linares y Jorge Naranjo Fotografía Gris Jordana Música Ivan Palomares Intérpretes María Pedraza, Paula Losada, Marta Hazas, Paula Losada, Mona Martínez, Marta Hazas, Ana Wagener, Fernando Delgado-Hierro, Olivia Baglivi, Ángel Ro, Juanjo Almeida, Iria del Río, Javier Lago, Silvia Kal Estreno en el Festival de Málaga 25 marzo 2022; en internet 8 abril 2022

Haber cambiado de colaborador en el guion parece haberle sentado bien al director gaditano Jota Linares. Su última película supera por fin la decepción que provocaron sus anteriores trabajos, Animales sin collar y ¿A quién te llevarías a una isla desierta? Aplaudimos de entrada que se haya atrevido con un género poco o nada cultivado en nuestra cinematografía, el de la danza clásica, y que lo haya resuelto con tanta elegancia y buenos recursos técnicos y artísticos, aunque su acabado definitivo nos lleve más cerca de la mini serie de televisión que del cine propiamente dicho. Quizás también por eso sea capaz de sintonizar mejor con nuestro interés, que apenas decae durante sus casi dos horas y media de duración, en las que nos sumerge en una interesante trama de suspense y sensualidad ambientada en los entresijos de una producción de la Compañía Nacional de Danza.

Giselle de Adolphe Adam, sirve de plataforma sobre la que se asiente esta crónica sobre el esfuerzo, el sacrificio y al incomprensión que sobrellevan las bailarinas de una compañía seria de baile clásico. Un ballet blanco para el que se prescinde de las coreografías tradicionales de Petipa, Perrot o Fokine para sumergirnos en un híbrido entre la danza clásica y la contemporánea que sus dos jóvenes protagonistas defienden con una extraordinaria profesionalidad. A Pedraza la descubrimos en Amar y El verano que vivimos, y ya trabajó a las órdenes de Linares en su anterior largometraje. Losada, como ella, proviene también de la danza y construye un personaje en el que la ambigüedad y los complejos definen una extravagante personalidad. Resulta inevitable recordar otros títulos señeros relacionados con el tema, como Paso decisivo o Cisne negro. De la primera destacamos el intenso duelo que emprenden Mona Martínez y Ana Wagener en el último tercio de la película, y de la segunda esa rivalidad a menudo malsana que se produce entre las bailarinas de una compañía de danza, tantas veces más en el subconsciente de los personajes que en la propia realidad. Llama también la atención que los personajes masculinos apenas tengan relieve, sino para importunar (el padre castrante, el pretendiente fanfarrón, el compañero poco fiable o el sempiterno coreógrafo), mientras todo el peso de la función recae sobre los femeninos, con un amplio abanico de estéticas y perfiles que posibilitan una al menos inquietante radiografía de un mundo que sigue siendo un gran desconocido.

Al margen de los fragmentos del título de Adam, y otras intervenciones de ballets de Minkus o Fauré, Ivan Palomares vuelve a demostrar lo buen músico que es, ilustrando este complejo universo con una hermosa y a la vez inquietante partitura, mientras los técnicos de efectos visuales se esmeran en recrear esos mundos oníricos que hacen más amable el estrés continuo al que están sometidas sus dos inseparables y aguerridas protagonistas, algo como lo que sucedía en la ya clásica Criaturas celestiales de Peter Jackson. Por todo ello, y aun teniendo en cuenta sus múltiples irregularidades, sobre todo de caídas de ritmo y tensión, celebramos este título insólito y tan bien acabado del cine español. Sorprende que a pesar de todas estas virtudes no arañara ningún premio en el reciente Festival de Málaga.

jueves, 3 de febrero de 2022

LA DANZA APLICADA (E INVASORA) DE ANDRÉS MARÍN

Música contemporánea. Made in Seville. Tríptico para un cuerpo. Andrés Marín, bailaor. Andrés Gomis, saxofones. Ignacio Torner, piano. Philippe Spiesser, percusión. Programa: Kinah II y Transitus, de José María Sánchez-Verdú; Finale y Música para inducir al sueño, de César Camarero. Étude de proximité, de Alberto Carretero. Espacio Turina, martes 2 de febrero de 2022

Andrés Marín con Andrés Gomis

Últimamente proliferan espectáculos ambiciosos en los que se pretende hacer de la suma de talentos su principal virtud y baza creativa. Pero los resultados no siempre son satisfactorios, en realidad incluso deberíamos aceptar que raramente lo son. No tenemos duda de la valía del bailaor Andrés Marín, asiduo de la Bienal de Flamenco, donde ha cosechado multitud de triunfos y ha sorprendido a propios y ajenos con su revolucionario enfoque del baile flamenco. Dejando claro él mismo que no se le puede siquiera considerar patrimonio gitano, y que urge desvincularlo del tópico y el anquilosamiento al que fue sometido a lo largo de más de cuarenta años de dictadura, el baile de Marín parece surgir de la improvisación y el empeño en comulgar con la propuesta musical que se le ofrece. Más de una hora estuvo permanentemente en el escenario, culminando un trabajo tan meritorio como extenuante.

Andrés Marín con Ignacio Torner

El problema surge de la paleta musical. Contar con composiciones de tres de los más reputados y sobresalientes autores españoles de los últimos años, herederos directos de una generación, la de Luis de Pablo y Francisco Guerrero, que sentó las bases de un nuevo sonido a partir del cual los nuevos valores han trazado su propio camino y evolución, es sin duda un enorme aliciente. Que dos de ellos además estuvieran presentes en la sala, un lujo. Da pena sin embargo que para programarlos se tenga que echar mano de esta adulteración que hace la propuesta más atractiva para un público al que se presupone todavía reticente a disfrutar de esta música a secas, sin disfraces ni envoltorios. La cuestión es que ninguna de las piezas felizmente programadas están concebidas para ser acompañadas de danza, y mucho menos de una disciplina en la que el taconeo es fundamental, y por lo tanto acaba convirtiéndose en un instrumento de percusión adicional que no aporta nada a la pieza original y más bien la invade, agrede e interviene de manera inapropiada.

Andrés Marín con Philippe Spiesser

Los intérpretes hicieron un trabajo excepcional, también Marín sin duda. Pero fue la suma la que no funcionó. Al saxo soprano en Kinah II y al bajo en Transitus, Andrés Gomis llegó a perturbarnos con los sonidos a menudo ásperos y distorsionados que extrajo de los instrumentos, en el primer caso combinado con leves toques de tam tam desde un balcón del recinto. Ambas piezas del algecireño Sánchez Verdú demuestran sobradamente por qué está considerado uno de los compositores más solicitados a nivel internacional. Nada es superficial ni circunstancial en estas dos intensas deformaciones del color y el timbre del metal, como tampoco lo es el toque más convencional, con acordes entre expresionistas y jazzísticos al piano, del generoso y vibrante Finale y la más reposada e intimista Música para inducir al sueño de César Camarero, que Ignacio Torner desglosó como es habitual en él, con maestría, agilidad y una refulgente energía. Pero sin duda la pieza más sorprendente, extensa y compleja vino de la mano del sevillano Alberto Carretero, catedrático en el Conservatorio Manuel Castillo y habitual espectador, todo un ejemplo, en las salas de concierto de la ciudad. Con una base electrónica preparada por él mismo, el percusionista Philippe Spiesser hizo acopio de disciplina y profesionalidad con los muy creativos utensilios ideados por el compositor sevillano para llevar a buen puerto esta filigrana electroacústica, un Estudio de proximidad que como todo lo anterior se vio considerablemente intervenido por el taconeo incesante del por otro lado extraordinario y revolucionario bailaor sevillano.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 25 de junio de 2020

MAESTRANZA, UNA PROGRAMACIÓN DE AMPLIO ESPECTRO

Il combattimento
Pendientes aún de la incierta evolución de una crisis sanitaria que ha puesto en jaque a todo el planeta y que si no mantenemos unos niveles considerables de responsabilidad y solidaridad, amenaza con volver a trastocar nuestra rutina, el Teatro de la Maestranza, con su director general Javier Menéndez al frente, presentó ayer Día de San Juan su nueva temporada 2020-21 sustentada en varios pilares fundamentales. Por un lado un indisimulado interés por la renovación, que pasa por una evidente ampliación de la oferta lírica, razón principal de ser de un teatro de estas características, una encomiable voluntad de confiar en el talento español para poner en pie la ambiciosa programación, sumándose así a una política generalizada de apoyo incondicional a nuestra materia prima con el fin de reforzar una economía gravemente azotada por la crisis provocada por el coronavirus, y una generosa respuesta a la amplia demanda cultural que suscita una gran ciudad como Sevilla, representada en tan amplios sectores, a la que se ha querido satisfacer con una de las más eclécticas temporadas que recordamos, aunque en el camino se hayan frenado propuestas otras veces más arraigadas como el piano o la música de cámara.

Notable ampliación de la oferta lírica

Tres consignas definen la nueva programación del Maestranza: catarsis, renacimiento y transformación. Y a las tres da respuesta esta ilusionante nueva temporada, que tras la frustración suscitada en la recién terminada, supone por fin la puesta de largo de su director, que cumple así las expectativas depositadas en él como consecuencia de su anterior cometido al frente del Teatro Campoamor y la Ópera de Oviedo, y del que de momento siempre recordaremos con gratitud el hito que supuso la Agrippina con la que casi cierra la temporada anterior al enfrentarse a la pandemia iniciada en marzo pasado. Muy a fondo se deben haber empeñado los responsables del coliseo sevillano durante el confinamiento para ofrecer una programación tan diferente y estimulante. Lo primero que llama la atención es la ampliación de la oferta lírica, con nueve títulos entre ópera, zarzuela, ópera en concierto y ópera de cámara, a los que debemos añadir tres atractivos recitales líricos y un espectáculo del mismo género que celebra los treinta años del teatro.

Je suis narcissiste
A la espera del anuncio de la programación de la Sinfónica, el coliseo ha querido ser cauto y no arrancar hasta noviembre su temporada oficial. Mientras tanto setiembre y octubre estarán ocupados exclusivamente por los dos primeros conciertos de abono de la orquesta, que sumará dieciséis hasta julio del 2021. Confiamos que para entonces el peligro esté totalmente controlado y no tengamos que renunciar a los suculentos platos que integran el menú del Maestranza, y que tiene como aperitivo una nueva imagen, un logotipo corporativo sencillo y conceptual que sustituye al más clásico que tenía hasta ahora. Un Cosí fan tutte cocinado entre el propio Maestranza y el Calderón de Valladolid, volverá a dar la alternativa al joven sevillano Rafael Villalobos como director de escena, quien independientemente de su acierto o no volcará su personal y ambiciosa impronta en este inmortal y desenfadado título mozartiano. El director y contratenor mexicano Iván López Reynoso dirigirá entre otras a la italiana Carmela Remigio y la madrileña bien conocida del público del Maestranza Natalia Labourdette, que sin duda aportarán talento y encanto a esta sugerente producción. Las tres funciones de este título serán seguidas a finales del mismo mes por dos de un singular espectáculo, el que Joan Anton Rechi ha ideado a partir de Il combattimento di Tancredi e Clorinda de Monteverdi, una sucesión de madrigales sobre la guerra y el amor que tendrá como escenario un ring de boxeo poblado de personajes ataviados y enmascaradas como personajes de lucha libre, y que nos llega del Festival Castell de Peralada, con el especialista Fausto Nardi al frente de la Barroca de Sevilla. Del Clasicismo y el primer Barroco pasaremos a la música más estrictamente contemporánea con un título de la compositora catalana Raquel García Tomás estrenado el año pasado en el Teatro Español, Je suis narcissiste, una suerte de ópera bufa en torno a las modernas esclavitudes directamente enlazadas con el canto al yo más indiscriminado, que ocupará tres sesiones de diciembre y contará con la dirección escénica de Marta Pazos según una colorista producción de la Ópera de Butxaca i Nova Creaciò en coproducción con el Teatro Real, el Teatro Español y el Teatre Lliure. Y no será la única propuesta de nuestro siglo, porque por fin la música “moderna” tendrá su lugar con otro título, esta vez del muy prestigioso César Camarero, que con Es lo contrario abrirá las puertas del Maestranza a Juan García Rodríguez y su imprescindible Zahir Ensemble y nos propondrá una experiencia sensorial sumergiéndonos en la oscuridad total gracias a este trabajo inspirado en Los ciegos de Maurice Materlinck.

Ketevan Kemoklidze
Eso será en marzo de 2021, antes en febrero Un ballo in maschera ocupará la cuota de ópera romántica y tradicional con este título que recrea el asesinato del Rey Gustavo III de Suecia durante un baile cortesano, proponiendo una intriga romántica y política que se verá reforzada en sus ideales de libertad por una cabeza gigante de la Estatua de la Libertad en esta producción de La Fenice de Venecia en cuya reposición han colaborado el Maestranza y el Teatro Real. Francesco Ivan Ciampa, reciente su debut en el Covent Garden londinense, dirigirá al célebre tenor mexicano Ramón Vargas en este título verdiano. También en febrero tendremos oportunidad de conocer otra ópera de cámara del sevillano universal Manuel García. Esta vez se tratará de su última obra, La cinesi, que propone una confrontación entre oriente y occidente a propósito de la siempre latente igualdad de género. El espectáculo vendrá servido de mano del Proyecto Ópera Studio de Sevilla, bajo la dirección musical del estupendo pianista Rubén Fernández Aguirre apostando por nuevas voces en esta producción del Teatro de la Zarzuela y la Fundación Juan March. Precisamente de ese teatro especializado llegará un año más la única zarzuela programada; será en marzo con El barberillo de Lavapiés, puro casticismo ideado por el Maestro Asenjo Barbieri según libreto de Larra, en una tradicional producción en la que destacan las voces de Borja Quiza y Cristina Faus. La ópera barroca volverá a finales de marzo con Argippo de Vivaldi en concierto y nada más y nada menos que Fabio Biondi y Europa Galante haciéndola realidad, celebrando doscientos cincuenta años de su estreno, aunque desde entonces y hasta muy recientemente apenas se había vuelto a representar. Vivica Genaux se sumará además al gran reclamo de esta producción del Femás enmarcada en la programación del Festival de Música Antigua del año próximo. La esperadísima Carmen de finales de mayo y principios de junio, ausente en la ciudad que popularizó Bizet desde la inauguración del coliseo y muy demandada por amplios sectores populares de la urbe, pondrá el broche de oro a esta suculenta temporada. En coproducción del Maestranza y la Ópera de Roma, con Emilio Sagi en la dirección escénica y la directora estonia Anu Tali a la batuta, Carmen tendrá siete funciones y dos repartos, destacando la mezzo georgiana Ketevan Kemoklidze, el tenor francés Sébastien Guèze y las voces españolas de María José Moreno, Sandra Fernández, Simón Orfila y Raquel Lojendio. Solo echamos de menos entre los títulos previamente anunciados Jenufa de Janácek, aunque el resto ha sido tan sorprendente y esperemos que gratificante que compense la caída de ese imprescindible título del compositor checo, cuya recuperación será no obstante una prioridad en la gerencia del teatro.

La oferta lírica se completa con varios recitales, el de la soprano de Lancaster especializada en el barroco Julia Doyle, que junto a la Barroca de Sevilla dirigida por Andoni Mercero interpretará en enero piezas de Purcell y Locke entre otros; otro a dúo entre Mariola Cantarero e Ismael Jordi, pareja romántica en la última Traviata vista en Sevilla, acompañados esta vez por el pianista Fernández Aguirre, y Ainhoa Arteta y Nancy Fabiola Herrera derrochando temperamento junto a la ROSS en marzo, para terminar con todo un espectáculo lírico celebrando los treinta años del teatro en torno a los títulos operísticos más famosos ambientados en Sevilla, con Arteta, Carlos Álvarez, Orfila, Xabier Anduaga, José Bros, Leonor Bonilla y Rocío Ignacio, voces que han ayudado a cimentar estas tres décadas de rienda cultural de la ciudad.

Una oferta generosa en espectáculos

La danza será también uno de los ejes fundamentales de la nueva programación, esta vez con dos comparecencias de la ROSS en el foso. La primera para el tradicional ballet de Año Nuevo, una vez más Giselle de Adam pero en producción de la Compañía Nacional de Danza, con la dirección y la coreografía de Joaquín de Luz actualizando el libreto de Vernoy y Gautier. La segunda para conmemorar el centenario de Antonio el Bailarín en un ambicioso proyecto del Ballet Nacional de España en el que Manuel Coves dirigirá música del Padre Soler, Albéniz, Sarasate y Ernesto Halffter entre otros en una estimulante combinación de ballet clásico y flamenco. En este exigente género destaca también el homenaje a Federico Fellini en el centenario de su nacimiento, que con el Balletto de Siena celebrará la música de sus películas, especialmente la que compuso Nino Rota y Nicola Piovani, además de música adicional de Max Richter. Mientras, el Ballet del Gran Teatro de Ginebra pondrá en marzo en escena la música de Wagner para Tristán e Isolda, y Carmen volverá a protagonizar la programación con un espectáculo del Centro Nacional de Danza con coreografía de Johan Inger y la música no solo de Bizet sino también de Rodin Schredin y nuevas composiciones para la ocasión de Marc Álvarez.

Grigory Sokolov
También como un espectáculo en el que la danza es fundamental se presenta Gugurumbé, el último proyecto de Fahmi Alqhai y Accademia del Piacere, que se estrenará este verano en el Festival de Granada. Rocío Márquez y Nuria Rial son algunas de las artistas que acompañan al violagambista en este viaje por la influencia de los ritmos sudamericanos en nuestra música y folclore. Eso será en enero, mismo mes en que los excelentes O Sister! subirán por primera vez al escenario principal del Maestranza para recrear como ellos solo saben hacerlo la popular música americana de la Depresión del 29 que tanto ilusionó a millones de estadounidenses y ayudó a consolarse de sus miserias. Pastora Soler en diciembre y Soledad Giménez en febrero también subirán a un escenario que el 23 de febrero contará con una de las más acreditadas voces pianísticas mundiales, el veterano Grigory Sokolov que también tendremos oportunidad de disfrutar en Granada el próximo mes. La Orquesta Joven de Andalucía acudirá puntualmente a su cita anual, esta vez en abril de la mano de la directora australiana Sarah Ioannides, celebrando el centenario de Astor Piazzola, con el bandoneonista Claudio Constantini arreglando su música, a la que se unirá la Rapsodia en Blue de Gerhswin y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák. Otra cita importante la protagonizará Jordi Savall en mayo, que junto a Le Concert des Nations homenajeará a la Tierra, ese planeta que a poco que nos descuidemos habremos condenado a su total desaparición, y prueba de ello son estos casi tres meses de confinamiento que tanto le han ayudado a reponerse. Música de Vivaldi, Telemann, Rebel, Locke, Marais y Rameau sonará para nuestro deleite en una propuesta que cuenta con Manfredo Kraemer como concertino.

De todos los espectáculos perdidos a costa de la pandemia, el Maestranza recupera solo dos, el de Pat Metheny, que volverá en junio, y el de Promenade Duo Piano, que se quedaron a las puertas de debutar en la Sala Manuel García y que de nuevo de la mano de Juventudes Musicales de Sevilla, probarán suerte en abril. La arraigada institución hispalense estará también detrás de las escasas propuestas de música de cámara de la temporada, el trío de cuerda Vandalia en febrero y el dúo Carlos Martínez y Seth Schulthéis, viola y piano, en mayo. Finalmente el regreso a Sevilla del legendario Teatro Negro de Praga y su particular versión de Alicia en el País de las Maravillas para deleitar las Navidades, y la producción de Els Comediants y El Liceo de Barcelona de La pequeña flauta mágica en abril, integrarán la necesaria oferta educativa para los más pequeños. Ahora solo falta cruzar los dedos, que nos portemos bien y no tengamos que lamentar un déja vu basado en nuestra falta de conciencia y responsabilidad. Pero mientras tanto tendremos oportunidad de entrar en el Maestranza, que el próximo jueves 9 de julio abrirá sus puertas para todo quien desee colaborar con el Banco de Alimentos de Sevilla en estos tiempos tan difíciles, como diría Dickens, y disfrutar con nada más y nada menos que la Real Sinfónica de Sevilla, Javier Perianes, Leonor Bonilla, Natalia Kuchaeva y el Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza, entre otros, o si ya estamos en nuestros lugares de veraneo, optar por la fila cero. En estos tiempos la solidaridad es lo que menos sobra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 11 de mayo de 2019

EL BAILARÍN Esmerada aunque irregular semblanza de un gran artista

Título original: The White Crow
Reino Unido 2018 127 min.
Dirección Ralph Fiennes Guión David Hare, según el libro “Rudolf Nureyev: The Life” de Julie Kavanagh Fotografía Mike Eley Música Ilan Eshkeri Intérpretes Oleg Ivenko, Ralph Fiennes, Louis Hofmann, Adèle Exarchopoulos, Sergei Polunin, Olivier Rabourdin, Raphaël Personnaz, Chulpan Khanatova, Zach Avery Estreno en Reino Unido 22 marzo 2019; en España 1 mayo 2019

Ralph Fiennes continúa buscando su espacio como director de cine y que se le respete y considere como tal. Tras debutar adaptando a Shakespeare en Coriolanus y fijarse en Dickens para trazar un retrato humano del autor de Historia de dos ciudades en La mujer invisible, mantiene su querencia por personajes reales y carismáticos del arte universal. Esta vez le ha tocado el turno al que quizás sea considerado como bailarín más popular de todos los tiempos, con perdón para Nijinski. Nos referimos a Rudolf Nureyev, icónico protagonista de la danza clásica del siglo XX y de un notable episodio de la Guerra Fría, cuando aprovechando una gira por París y presionado por la represión que ante su rebeldía pretendía ejercer el aparato burocrático soviético, pidió asilo político y desertó de su país. En torno a este dramático y esperanzador episodio Fiennes traza su particular semblanza del artista, con ayuda del libro de Julie Kavanagh en que se basa, y de un guión al que se le habría podido exigir más teniendo en cuenta que lo firma el autor de los de Las horas y El lector.

Un retrato bien escenificado, incluso respetando las texturas fotográficas de principios de los sesenta en los que se ambienta, para entre otras cosas poder combinar imagen documental y ficticia con la mayor naturalidad que recordamos jamás en una película. Y un retrato en el que se nota que el actor y director ha puesto cariño y empeño, incluso reservándose el papel del carismático profesor de baile Aleksandr Pushkin, con todos sus diálogos hablados en ruso, ignoramos si con la pronunciación justa, aunque da perfectamente el pego. Centrado en los felices días pasados en la capital de Francia, días de descubrimiento, de paseos por el Louvre buscando la inspiración en los grandes creadores de arte, y de camaradería con gente cosmopolita y libre tan alejada del sistema popular y represor del partido, Fiennes busca a través del flashback las claves de una personalidad singular, rebelde y distinguida, en su vida gris como niño, con colores apagados y pantalla panorámica, y en sus recuerdos como alumno contestatario y en continuo desacuerdo con el diseño del plan de vida concebido para él.

Lástima que en el camino la narración sufra altibajos que hacen que el interés no siempre sea el mismo, y que algunas ráfagas de su personalidad pertenezcan más al terreno de la impostura que al de un fiel y convincente retrato psicológico. En favor de Fiennes podemos añadir que su trabajo no está por debajo de los que realizó Herbert Ross, considerado un maestro en la materia gracias a películas como Paso decisivo, en el que tenía un papel relevante Mikhail Barishnikov, o su particular revisión de la vida de Nijinsky con George de la Peña. El buen trabajo del actor y bailarín Oleg Ivenko poniendo en pie incluso sensacionales coreografías al ritmo de Minkus o Chaikóvski, y un tramo final que recupera el estilo de las cintas de acción y suspense propios de la época, contribuyen a dar calidad a este nada desdeñable film que el protagonista de El paciente inglés presentó con ocasión del Festival de Cine Europeo en nuestra ciudad, Sevilla.

miércoles, 3 de junio de 2015

MÚSICA EN MOVIMIENTO: I SING THE BODY ELECTRIC

El bosque de los sumergidos. Bruno Axel, dirección musical y artística. Pilar Pérez Calvete, dirección coreográfica. Fernando Brea, creación visual. Raúl Heras y Pilar Pérez Calvete, coreografía. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 2 de junio de 2015

Bruno Axel
El inquieto, polifacético e innovador Bruno Axel introdujo hace exactamente un año y en el mismo espacio el atractivo proyecto Música en movimiento. Su tarjeta de presentación consistió en un concierto de estructura convencional, a cargo de unos cuarenta jóvenes músicos, con la particularidad de que cada pieza se ilustraba con dibujo en directo, videocreación y danza respectivamente. El entusiasmo y la impecable factura técnica del evento, unido a la virtud de su sencillez, conectaron con el público y las sensibilidades más exquisitas.
 
En ésta segunda fase del mismo proyecto, las artes dejan de estar al servicio de la música para ser ésta la que ilustre una propuesta eminentemente escénica y coreográfica. Un imaginado bosque como último refugio en nuestro planeta, cuya naturaleza ha sido devastada por el hombre y donde la esperanza de la regeneración la protagonizan los artistas (como en la película en cartel Tomorrowland), sirve a Axel y su equipo para crear un espectáculo más ambicioso y por lo tanto pretencioso que su precedente, en el que las proyecciones pasan a un segundo plano, la música suena amplificada y los bailarines danzan a placer. En los atriles fragmentos de las Variaciones Goldberg de Bach, arias de Haendel, música también de Vivaldi y Grieg y, sobre todo, composiciones originales de Axel, responsable también de los arreglos del resto de un programa en el que lo clásico se da la mano con el rock, el soul y la balada romántica standard.
 
Un momento del espectáculo del año pasado
Lástima que las prestaciones del conjunto instrumental no estuvieran a la altura, perjudicadas por una amplificación innecesaria que llegó a eclipsar las partes cantadas y habladas de David Sánchez Haro, y no logró el maridaje conveniente entre viento y cuerda, con momentos de desajuste y estruendo considerable. Mejor resueltos estuvieron los solos de Leandro Perpiñán al saxo, el contratenor José Carrión y la vertiginosa exhibición del propio Axel al violín, acústico y eléctrico. En el apartado de ballet, las cuatro chicas y tres chicos, con un acrobático Raúl Heras a la cabeza, lograron con su esfuerzo y responsabilidad momentos de gran belleza, a pesar de ciertos desequilibrios individuales y alguna falta puntual de compenetración en los números de conjunto que no perjudicaron a la sensación de disfrute y versatilidad que transmitieron en todo momento. El montaje mantuvo en general un aire de fin de curso según el modelo importado de escuelas de arte, música, danza e interpretación americanos, al estilo de aquel I Sing the Body Electric con el que culminaba la película Fama de Alan Parker, que desde 1980 sigue informando la pasión por las artes escénicas en medio mundo.

domingo, 15 de marzo de 2015

FEMÁS 2015: À L'ESPAGNOLE, TODO BELLO EN EL CABARET DEL SOL

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Accademia del Piacere: Fahmi Alqhai, viola de gamba y dirección. Mariví Blasco, soprano. Rodney Prada, Rami Alqhai y Johanna Rose, violas de gamba. Enrique Solinís, guitarra barroca y laúd. Javier Núñez, clave. Pedro Estevan, percusión. Compañía Antonio Ruz: Antonio Ruz, coreografía y dirección. Melania Olcina, Lucía Bernardo y Tamako Akiyama, bailarinas. Jordi Vilaseca, Manuel Martín e Indalecio Seura, bailarines. Daniela Presta, vestuario. Olga García, iluminación. Programa: À l'Espagnole. Fantasía escénica (obras de Guédron, Boesset, Briceño, Campra, Lully, Couperin, Marin Marais y Telemann). Teatro Alameda, sábado 14 de marzo de 2015


Retrato de familia: músicos y bailarines juntos
Cada vez son más las propuestas que transgreden lo que habría de ser el espíritu serio y riguroso de un festival especializado en música antigua; esta edición de hecho han sido varias. Pero cuando una tiene la calidad de la que nos ocupa no hay más remedio que rendirse a sus encantos y aplaudirla sin prejuicios ni resentimientos. Es evidente que detrás de este espectáculo que combina música y danza de manera magistral, existe un trabajo y un esfuerzo descomunales, tanto por parte de los selectos integrantes de Accademia del Piacere, con Fahmi Alqhai, director a su vez del festival, al frente, como de los bailarines de la Compañía del cordobés Antonio Ruz, que ya colaboró hace dos ediciones junto a Vocalconsort Berlin con intenciones más humildes.

Un momento del ensayo, con Tamako Akiyama y Jordi Vilaseca en primer
plano, y los hermanos violagambistas Alqhai al fondo
Todos bellos y bellas, intérpretes musicales y de danza arrancaron componiendo un retrato de grupo muy en estilo barroco, negro en la vestimenta y austeridad en la puesta en escena, y declamando nombres y conceptos en francés y castellano paradigmáticos de dos culturas que se influyen y alimentan recíprocamente, especialmente en aquella era de esplendor. Sentadas las bases de un programa en torno a la longeva corte de Luis XIV, el Rey Sol, donde sin embargo primaba el color y la exuberancia, surgen dos partes bien diferenciadas. La primera alegre, sensual y desenvuelta, y la segunda tenebrista y sobria, ya sin la colaboración de una Mariví Blasco en estado de gracia, que protagonizó la primera mitad exhibiendo una voz poderosa, aterciopelada y con autoridad, que se fue relajando hasta alcanzar mimbres puramente folk de enorme belleza en Ay amor loco (Luis de Braceño) y Sé que me muero amor (de El burgués gentilhombre de Lully), mientras se dejaba seducir por la danza y se prestaba a incómodos cuadros acrobáticos. Todo ello conducido por el joven Indalecio Seura, maestro de ceremonias de un cabaret barroco por el que se deslizaron las poderosas y hermosísimas coreografías de Ruz, dejando a un lado los movimientos espasmódicos para centrarse más en la armonía y el erotismo de los cuerpos, solos o coordinados.

No menos belleza y seducción extrajeron Alqhai, Solinís, Núñez, Estevan o Rose de sus instrumentos, combinando fuerza y delicadeza a través de un sonido envolvente y sensual, con la célebre Marcha Turca de Lully como visagra entre las dos partes aludidas, y solos de Alqhai a la viola de gamba en torno a un imprescindible Marin Marais de inmenso lirismo y capacidad de evocación. Folías y sarabandas, sin olvidar la Europa Galante de Campra y L'Espagnole de Couperin, servidas con enorme sentido de la belleza y la responsabilidad en un proyecto dominado por un elegante sentido de la ensoñación que merece ahora un largo recorrido y encandilar así a otros públicos, como hizo con el que agotó las localidades de la única función programada en este festival.

jueves, 30 de octubre de 2014

SUEÑA EL GRECO LA METAMORFOSIS DEL HOMBRE EN EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIAN

V Festival de la Guitarra de Sevilla. Sueña El Greco el Martirio de San Sebastián. Música de José Mª Sánchez Verdú interpretada por Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, director. Royds Fuentes-Imbert, puesta en escena y dirección general. David Pérez Peco, escenografía. Eduardo Martínez, danza e interpretación.
Teatro Central, miércoles 29 de octubre de 2014

Francisco Bernier se apunta un tanto abriendo el Festival de Guitarra de Sevilla a otras manifestaciones artísticas, plásticas, escénicas y musicales. Salvo por la incorporación a la plantilla instrumental de la guitarra, poca o ninguna otra relación tuvo esta manifestación de teatro, danza y música con el objeto del festival, pero la apuesta por espectáculos tan frescos y originales como éste justifican su inclusión sobradamente. Sueña El Greco... es una propuesta del dramaturgo y director escénico cubano afincado en Canadá Royds Fuentes-Imbert, en colaboración con el compositor algecireño José María Sánchez Verdú, auténtico estandarte de la música contemporánea hecha en nuestro país, aunque resida habitualmente en Alemania; y auspiciada por la conmemoración del cuatro centenario de la muerte de El Greco. En él un sólo actor, el también cubano Eduardo Martínez, recrea a un hombre de nuestro tiempo, como San Sebastian lo fue del suyo, subyugado por el fútbol y la moda, al que el ciclo de la vida y la muerte lo conduce a una dolorosa y grotesca metamorfosis que lo sitúa en la eterna búsqueda del más allá y el sentido de la vida, para finalmente regresar convertido en otra persona, igualmente subyugado y entregado a las pasiones humanas, aunque esta vez sea en forma de procesión barroca típicamente sevillana.

Lo más fascinante del espectáculo es el esfuerzo titánico del actor no sólo para recrear esas difíciles figuras, entre cortosiones y rebuscados escorzos, sino para mantener la sincronización con una música de difícil asimilación, intrincada y sólo aparentemente anárquica. Música seleccionada y estructurada por Sánchez-Verdú con ayuda del iconoclasta director Juan García, responsable de Zahir Ensemble y la Orquesta Sinfónica Conjunta, y que pronto veremos al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Un excelente trabajo en el que a pesar de sus diferentes fuentes, podemos apreciar uniformidad así como claros referentes a la escena que se nos va representando, mezclando sonoridades misteriosas e intrigantes con otras más identificables con el imaginario barroco tan afín a nuestra ciudad. A tal efecto merece destacar el extraordinario trabajo desempeñado por Zahir Ensemble, ya un referente en la materia y otro motivo de orgullo para una Sevilla en la que cada vez más florecen nuevas, variopintas y cosmopolitas formaciones musicales.

Fascinante también el impecable trabajo de iluminación, con apreciables claroscuros y un sensual uso de la luz indirecta, portada incluso por el propio performer, así como un imponente mural pintado a tiza representando uno de esos jinetes del Apocalipsis que ensombrecen nuestra muerte y con el que desde hace tanto se nos atemoriza y amenaza. Algunas personas en la sala interpretaron que ahí había motivo para la irreverencia y la provocación y abandonaron la sala haciendo gala de un expreso mal humor. Buen síntoma de que la creatividad fue por buen camino y removió algunas entrañas.

sábado, 6 de julio de 2013

EL LEGADO DE MARTHA GRAHAM: UN VIAJE EN EL TIEMPO Y LA ESCENA

Festival Internacional de Danza Itálica 2013. Martha Graham Contemporary Dance. Lamentation; Diversion of Angels; Lamentation Variations; Moon; From the Grammar of Dreams; Chronicle. Teatro Romano de Itálica, viernes 5 de Julio de 2013

Martha Graham en "Lamentation"
Hace veintidos años desde la desaparición de Martha Graham, en los que su Compañía ha mantenido vivo y activo su legado, profundizando en su técnica y estilo con nuevas coreografías y sin perder nunca de vista el pasado de quien ha sido y es una de las figuras más icónicas e influyentes de la danza en el siglo XX. Eso constató su paso por el Festival de Itálica de este año, donde se ha presentado con dos programas distintos, uno especialmente creado para el Teatro Romano, con temática mitológica, y el otro girando alrededor de algunos de los momentos más recordados de la bailarina y coreógrafa estadounidense, que es el que nos ocupa.

Lamentation se erigió en pilar fundamental del espectáculo propuesto la noche del viernes, su primera comparecencia ante el público sevillano después de un buen puñado de años. La pieza, de mediados de los años 20, expresa todo el dolor y la angustia padecido por una mujer como consecuencia de algún episodio dramático; un reflejo del dolor humano y la conciencia desesperada. Como ella misma relata en la banda sonora de unas variaciones sobre el tema que fueron encargadas a tres prestigiosos coreógrafos actuales para conmemorar el sexto aniversario del atentado de las Torres Gemelas, también presentado en este singular espectáculo, Lamentation provocó en su estreno el llanto por fin roto de una admiradora cuya trágica pérdida de su pequeño hijo a consecuencia del atropello de un camión, en presencia de la madre, no obtuvo consuelo hasta presenciar la catárquica e incluso grotesca coreografía de Graham. El acompañamiento musical de esa variación obra de Bulareyaung Pargalava a cargo de una de las Canciones del viajero errante de Mahler potenció la conmoción que ya provocaba la pieza original. El trabajo de toda la compañía en la tercera de estas variaciones, esta vez con coreografía de Larry Keigwin, se antojó deudora del estilo igualmente icónico de otra de las grandes del pasado siglo, Pina Bausch.

Diversion of Angels
En el espectáculo se alternaron coreografías clásicas y legendarias de la Graham con otras de nueva concepción, siguiendo siempre las pautas y directrices de su particular estilo. Diversion of Angels, una reflexión sobre los distintos estados del amor experimentados por la mujer en la adolescencia, la plenitud y la madurez, evidenció algo sorprendente, la irregular sincronización de bailarines y bailarinas, algo insólito en la disciplina de baile, cualquiera que sea el género, a la que nos tienen acostumbrados los americanos; así como una evidente falta de equilibrio en momentos puntuales del espectáculo, lo que nos hizo pensar quizás que a Itálica no vinieron las primeras figuras de la compañía. Sin embargo la presencia de Denise Vale, asesora artística, que tuvo la amabilidad de introducir cada coreografía con ese didactismo que tanto caracteriza a los estadounidenses; y sobre todo la de Katherine Crockett, uno de los pilares del cuerpo de baile de la compañía, desmintió esa impresión.

Katherine Crockett
Crockett se encargó de recrear esa Lamentación alrededor de la cual giró el espectáculo, así como la segunda variación en solitario, obra de Richard Move y la magnífica introducción de la pieza final, Chronicle, realzada pero también dificultada por el vestuario. Esa última pieza, estrenada en 1936, está inspirada en el auge del fascismo en Europa, y especialmente en la Guerra Civil Española, y su tercera y última parte, Steps in the Street, supone otra de las cimas del arte de la legendaria coreógrafa. Antes hubo un encantador dúo en Moon de 1952, y una pieza de Luca Veggeti estrenada hace solo unos meses en Nueva York, From the Grammar of Dreams, quizás la más irrelevante y anodina de las presentadas, con solo mujeres sobre el escenario, en algunas de las cuales se evidenció cierta falta de flexibilidad y agilidad. La ilustración musical de la finlandesa Kaija Saariaho se reveló muy en la línea de ese neoclasicismo influido por corrientes jazzísticas y latinas tan típico de la música americana de los años 40 y 50, como antes comprobamos también en la música de Norman Dello Joio para Diversion of Angels. En definitiva, un viaje tan didáctico como revelador por la trayectoria de la gran coreógrafa y bailarina norteamericana y el legado perpetuado por la compañía que tributa su nombre, ideal tanto para introducirse en su trabajo como para rememorarlo.

lunes, 13 de mayo de 2013

ROMEO Y JULIETA EN MANOS DE GOYO MONTERO Y LA COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA: PASEO POR EL AMOR, EL DOLOR Y LA MUERTE

Romeo y Julieta, de Sergei Prokofiev. Compañía Nacional de Danza. José Carlos Martínez, director artístico. Goyo Montero, director y coreógrafo. Principales bailarines: Aleix Mañé, Marina Jiménez, Allan Falieri, Javier Monzón, Joel Toledo, Daan Vervoort, Elisabet Biosca, Moisés Martín Cintas, Francisco Lorenzo
Teatro de la Maestranza, domingo 12 de mayo de 2013

La Compañía Nacional de Danza nació con vocación clásica, pero derivó bajo la dirección de Nacho Duato en una apuesta claramente vanguardista, cosechando éxitos alrededor de todo el mundo y encumbrando a quienes se formaban y crecían a su sombra. Este montaje auspiciado por su nuevo director desde hace apenas unos meses, el bailarín y coreógrafo José Carlos Martínez, combina sabia e inteligentemente ambos conceptos, el clásico como corresponde a uno de los títulos más emblemáticos del repertorio de ballet, y el contemporáneo, herencia de todo el bagaje artístico cultivado por la compañía durante las dos décadas de Duato.

Decir algo nuevo sobre un argumento tan trillado como el de esta tragedia romántica se antojaba una tarea difícil que Goyo Montero, el joven coreógrafo y director del Ballet de la Ópera Estatal de Nuremberg que lo estrenó hace cuatro años, ha procurado salvar introduciendo un elemento fresco entre sus personajes. Se trata de la Reina de los Sueños, Mab, invocada por Mercucio en su monólogo y personificada aquí en una enigmática figura varonil que parece representar el inevitable destino. Sin embargo el verdadero genio no surge premeditadamente, de forma que lo que otorga verdadera carta de identidad a este prodigioso trabajo es la capacidad para generar un espectáculo vital, enérgico, rabiosamente actual y moderno, la entrega de todos sus partícipes, en los apartados técnicos y artísticos, y el notabilísimo esfuerzo y convicción de cada uno de ellos. Todo eso hace que volvamos a la tragedia de estos dos enamorados universales como si nos la contaran por primera vez.

Provoca una enorme satisfacción que los dos artífices principales de este montaje, Goyo Montero y José Carlos Martínez, representen esa nueva escuela española de baile más cosmopolita, cosechando tantos y merecidos reconocimientos por todo el planeta, algo que un trabajo como éste justifica sobradamente. La emoción resulta incontenible prácticamente desde el inicio, con algunos de los textos del original de Shakespeare combinados con la magistral partitura de Prokofiev. Eso sí, el narrador encargado de recitar dichos textos, Mab en el cuerpo del estupendo bailarín brasileño Allan Falieri, evidenció una pronunciación algo deficiente del idioma del genial dramaturgo. Liberada de los números cerrados y las habituales exhibiciones de agilidad del ballet clásico, quizás lo que más distancia esta propuesta de una eminentemente clásica, la coreografía de Montero hace hincapié en el trabajo de conjunto, con movimientos llenos de sensualidad combinados de tal forma que a veces parece que sólo la auténtica magia sea capaz de mover a sus bailarines, si bien hay que puntualizar que la coordinación no siempre es tan técnicamente perfecta como cabría desear. Además de impactar los habituales momentos estrella de la función, como el baile de máscaras, otros resultan directamente increíbles, como la enérgica lucha entre Montescos y Capuletos en la que la iluminación va captando nuestra atención como si de un montaje cinematográfico se tratara. La jovencísima pareja protagonista, el tarraconense Aleix Mañé y la madrileña Marina Jiménez, incorporan a unos enamorados llenos de fuerza y vitalidad pero también henchidos de ternura y dolor gracias a una expresividad corporal y actoral tan acertada que llegan a arrancarnos incluso alguna lagrimita. Vestuario y escenografía son sencillos, actuales y muy efectivos. Y la música, recortada en casi una hora, aunque enlatada en una grabación técnicamente impecable pero expresivamente blanda, disfruta del sumo respeto que le procura Montero, que hace girar toda su dramaturgia alrededor de los estados de ánimo sugeridos por la extraordinaria partitura de Prokofiev. Es una suerte que en Sevilla la hayamos disfrutado sólo un mes después de su estreno en Madrid y su paso por Valladolid; ahora toca hacerlo por otros puntos de la geografía española.