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lunes, 16 de diciembre de 2013

CONCIERTO DE LA ACADEMIA DE ESTUDIOS ORQUESTALES: EL FUTURO ASEGURADO

Concierto de la Academia de Estudios Orquestales. Solistas del IV Máster en Interpretación Orquestal. Manuel Hernández-Silva, director. Programa: Sinfonía nº 104 en Re Mayor « Londres » de Haydn; Sinfonía nº 4 Op. 90 en La Mayor « Italiana » de Mendelssohn. Teatro Central, domingo 15 de diciembre de 2013

Una decena de estudiantes del cuarto máster convocado por la Academia de Estudios Musicales de la Fundación Barenboim-Saïd, arropados por otros cuarenta compañeros y compañeras de los conservatorios sevillanos, dieron en la noche del domingo un estimulante concierto benéfico convocado por Ayuda en Acción para combatir el hambre infantil en el Mundo. La cada vez más especializada y perfeccionista labor de estos jóvenes intérpretes tiene siempre un componente desinteresado, por lo que dar un concierto con fines benéficos no reviste en su caso ninguna novedad más que la satisfacción personal de ayudar en una causa tan noble. Ese añadido desinteresado sí tiene valor en el caso del reputado director venezolano Manuel Hernández-Silva, que estuvo siete años al frente de la Orquesta de Córdoba, y cuyos trabajos con la Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela le ha proporcionado también una vasta experiencia en el trabajo con jóvenes músicos. Hemos destacado muchas veces la importancia de facilitar a nuestros estudiantes la posibilidad de enfrentarse a una partitura en conjunto y hacerlo frente a un público. Afortunadamente los nuestros tienen variadas oportunidades de hacerlo gracias a los numerosos conjuntos que han aflorado en este sentido en los últimos años, con la Orquesta Joven de Andalucía y la Sinfónica Conjunta al frente.


Como el propio Hernández-Silva atestiguó al final del concierto, ellos son el futuro de la música, y en ese sentido podemos quedarnos tranquilos de que ese futuro en nuestro país está asegurado. Sin embargo tampoco podemos ponernos muy exigentes con quienes aún tienen por delante un amplio camino por recorrer y muchas oportunidades más de lucirse para ir marcando el rodaje necesario hasta alcanzar la excelencia. Un camino que están pisando con seguridad y paso firme y que posibilitó una última sinfonía de Haydn - estrenada también en una gala benéfica y llamada Londres porque en su último movimiento aparecen melodías populares de las calles de la ciudad - robusta y matizada, de fuertes contrastes y una equilibrada combinación de timbres y recursos, a la que tan sólo se echó en falta un poco más de atmósfera y delicadeza, aunque no podemos negar que estuvo sobrada de entusiasmo, chispa y vigor.

Y de Londres a Italia y sus melodías tradicionales de la mano de Mendelssohn y su Sinfonía nº 4, cuya exuberancia (allegro inicial y saltarello final) y su candidez (el canto peregrino del andante y el majestuoso minuetto) quedaron bien salvaguardados merced de nuevo al entusiasmo de los intérpretes y la elegancia de la batuta, si bien percibimos una cuerda aguda a menudo desequilibrada e imprecisa en conjunto. Por el contrario la grave exhibió presteza y compenetración, al igual que los sensacionales metales y maderas, todos en grupos de dos, y el magnífico y obstinado trabajo de timbales.

domingo, 10 de junio de 2012

ORQUESTA DE LA ACADEMIA DE ESTUDIOS ORQUESTALES DE LA FUNDACIÓN BARENBOIM-SAID

Concierto de la Orquesta de la Academia de Estudios Orquestales. Guillermo García Calvo, director. Programa: Serenata en mi bemol mayor op.7, de R. Strauss; Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; La creación del mundo op.81ª, de Milhaud; Suite Pulcinella, de Stravinsky. Teatro Central. Sábado 9 de junio de 2012

Otro feliz acontecimiento musical tuvo lugar anoche en la ciudad, y de nuevo protagonizado por nuestros jóvenes valores, los que han surgido de la excelencia demostrada por los conjuntos orquestales que les preceden y de la especial atención que les han dispensado los proyectos de colaboración entre nuestras academias y la fundación que preside Daniel Barenboim.

Hubiéramos agradecido que el programa ofrecido se hubiese coordinado mejor con lo que llevamos escuchado esta temporada. Tanto Pulcinella, aunque en su versión del ballet completo, como el Preludio a la siesta de un fauno los tenemos recientes, especialmente el segundo, apenas hace unos días y también en una versión reducida a cargo de la Bética de Cámara. La oferta musical en Sevilla, aún contando con numerosos conjuntos y escenarios, sigue siendo lo suficientemente limitada como para permitirnos a los melómanos seguirla casi en su totalidad, por eso se agradecería una programación más coordinada y menos repetitiva.

Con la garantía de la batuta de García Calvo, que ha conocido sonados éxitos operísticos en su corta trayectoria y se ha consagrado tanto en nuestro país como frente a la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena, se trataba ahora de exhibir los resultados de la indudable preparación de lujo que han recibido estos jovencísimos estudiantes. Resultados que incluyen un alto nivel interpretativo aunque salpicado de evidentes deslices y faltas de depuración. Puede que el ánimo de muchos de los asistentes no acompañara; acabábamos de recibir la funesta noticia del rescate europeo a nuestro sistema financiero, sin que el presidente del país diera ni siquiera la cara por ello; quizás por eso aún nos pareciera más mortecina y alicaída la interpretación que trece de los músicos hicieron de la Serenata para instrumentos de viento de Richard Strauss, en la que no apreciamos apenas entusiasmo ni en la dirección, por otro lado depurada y elegante, ni en los músicos, más allá de su intrínseca musicalidad y melodiosidad.

Pero en esto de las apreciaciones las sorpresas son continuas, y tras esa irrelevante Serenata nos llegó una sensacional reducción, realizada por Benno Sachs en 1920, para sólo once instrumentistas del Preludio para la siesta de un fauno de Debussy. Sensual e hipnótica, inflada con trémolos en la cuerda y arpegios en el piano, en el que pudimos atisbar toda clase de detalles y matices, y en la que brilló especialmente la joven Beatriz Vallejo a la flauta. Algo más que correcta fue la exhibición de la jazzística Creación del Mundo de Milhaud, con puntuales imprecisiones en los metales pero sin decaer en ningún momento la estructura interna de la pieza y destacando la agilidad y elegancia con la que se acometieron los numerosos y repentinos cambios de tono y estilo que aglutina la pieza. La de Pulcinella fue sin embargo una interpretación menos satisfactoria y afinada que las anteriores, con mayor confusión e imprecisión en las familias instrumentales y movimientos desinflados como el Vivo. A pesar de ello acertaron en el aire rococó del conjunto y brilló particularmente la primera violín, Alicia Ruiz Jurado.

Merece destacarse la elegante puesta en escena de este concierto, con cortinas evitando que presenciásemos los latosos cambios de sillas y atriles, y fondos de color iluminando el escenario. También cabe destacar el precioso diseño del programa de mano, incluyendo el elenco completo de los y las jóvenes intérpretes que participaban en cada obra. Puede que los ánimos remonten esta noche si España gana su primer partido en la Eurocopa de fútbol – estas cosas funcionan como cortina de humo -, aunque la presión que supone la presencia oportunista y desafortunada del presidente del gobierno en el campo no favorecerá mucho a la selección.