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lunes, 31 de marzo de 2025

LOS PATÉTICOS CASTRATI DE MANUEL RUIZ

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Manuel Ruiz, contratenor. Íliber Ensemble. Darío Tamayo, clave y dirección. Antonio Ruz, dirección de escena. Pablo Árbol, vestuario. Olga García, iluminación. Ara García, maquillaje y peluquería. Programa: Il primo uomo (Sarabanda de la Sonata para violín en Fa mayor Op. 5, de Corelli; Sinfonía y “Cara sposa” de Rinaldo, “Son contanta di moriré” y “Degg’io dunque, Oh Dio, lasciati”, de Radamisto, Concerto grosso en Sol mayor Op. 6 nº 1, “Empio, diró, tu sei”,de Giulio Cesare in Egitto, Largo del Concerto grosso en Fa mayor Op. 3 nº 4, y “Lascia la spina” de Il trionfo del Tempo e del Disenganno, de Haendel; Sinfonia y “Adam prole tu chiedi” de Cain overo il primo omicidio, y “Dorme, o fulmine di guerra” de La Giuditta, de A.Scarlatti; “Vedró il mio diletto” de Giustino, de Vivaldi; Passacaglia en re menor, de Kapsberger). Teatro Alameda, domingo 30 de marzo de 2025


El espectáculo presentado en el Teatro Alameda ayer domingo, venía a cumplir la cuota alternativa que habitualmente ofrece cada edición del Femás. En este caso, una propuesta escénica cercana a la ópera pero con un contenido y una intención más próxima al recital ilustrado. Apeado en el último momento del proyecto, que se prometía experimental peo no nos pareció tanto, el popular contratenor Carlos Mena, que en su estreno en Córdoba se encargó de la dirección musical, le sustituyó en estos menesteres Darío Tamayo, el director titular del conjunto granadino Íliber Ensemble.

En los últimos años hemos apreciado la querencia del contratenor vasco, padrino ausente de la función, por los espectáculos atrevidos y diferentes, como demostró en aquella Soledad del héroe que protagonizó en el Maestranza hace tres años. Con algo parecido ha decidido apoyar al joven cordobés, que sobre el escenario va alternando canto con gestos escénicos, frecuentemente patéticos, que van del continuo cambio de vestuario sobre las mismas tablas a discretos movimientos coreográficos diseñados por el también cordobés Antonio Ruz, responsable de la dirección escénica de este comedidamente ambicioso proyecto.


Tras una breve introducción instrumental, con Gevorg Vardanyan exhibiendo aspereza y un sonido canijo y estridente al violín, que impidió que disfrutásemos con la sarabanda de Corelli que precedió a una Sinfonía de Rinaldo de Haendel en la que pudimos percibir las costuras del joven grupo granadino. Un continuo acorde a las circunstancias, con el poderoso sonido al violonchelo de Héctor Hervás, el buen hacer al compás del veterano Aníbal Soriano a la cuerda rasgada, y el clave cálido y acentuado del propio Tamayo.

Drag castrato

Surgió entonces, ataviado con una suntuosa túnica roja, el color predominante sobre el escenario, el contratenor entonando la conocida aria Cara, sposa de la misma ópera, pero tras unos breves acordes al natural, saltó la amplificación, y fuimos entonces conscientes de que por muy bien entonado, fluido y homogéneo que resultara su canto, no podríamos calibrar su capacidad para proyectar la voz, su potencia. Es lógico pensar que esto fuera así por la particular acústica de un espacio con techos tan altos, pero esa razón debería  haber servido también para la orquesta, que en ningún momento estuvo amplificada, y desde luego no tuvo que eclipsar al cantante bajo ninguna circunstancia.

La habilidad de Ruiz para moverse por el escenario vistiendo ropajes a menudo incómodos, alternar el canto con los cambios de vestuario y los movimientos escénicos, se vio recompensada generosamente mientras por su voz fueron pasando algunos conocidos pasajes de óperas y oratorios de Haendel, Vivaldi y Alesssandro Scarlatti, con estaciones desatacadas en un dulce y emotivo Vedró col mio diletto de Giustino, un refulgente Empio, dirò, tu sei de Giulio Cesare, y ese final obligado con Lascia la spina del oratorio El triunfo del tiempo y el desengaño, antes de convertirse en la famosa aria Lascia ch’io pianga de Rinaldo.

Y entre tanta exhibición de agilidad y canto, se coló una deliciosa Passacaglia de Girolamo Kapsberger, defendida por Soriano a la tiorba con la delicadeza y  responsabilidad que le caracteriza. Quedó por lo tanto pendiente calibrar la potencia y proyección del joven cordobés, quizás en otra ocasión. De timbre y gesto anda bien dotado, aunque quizás falte un punto de mayor expresividad, que también podrá ir limando. Pero en general, promete.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 11 de mayo de 2022

LA DRAMÁTICA SOLEDAD DE CARLOS MENA

La soledad del héroe. Carlos Mena, contratenor y dirección. Lucía Astigarraga, dirección escénica. Capilla Santa María: Lorea Aranzasti, violín; Lixsania Fernández, viola de gamba; Daniel Zapico, tiorba; Alejandro Casal, clave y órgano; Pedro Estevan, percusión. Programa: Música española e italiana del siglo XVII (obras de Mazzocchi, Gagliano, Sanz, Monteverdi, Cesti, Guerau, Hidalgo, Santa Cruz, Ferrari, Durón y Martín i Coll). Teatro de la Maestranza, martes 10 de mayo de 2022


No sería mucha la afición que acudió ayer tarde al Maestranza sabiendo a lo que se enfrentaba, acostumbrada a disfrutar del contratenor Carlos Mena en recitales convencionales, a pesar de que desde las páginas del teatro se anunciaba cierta dramatización escénica del programa propuesto. El desconcierto que debió provocar encontrarse con semejante proyecto semi teatralizado, con un Mena completamente expuesto en cuerpo y alma a una reproducción de los fantasmas del alma cuando la soledad y la melancolía atizan, no fue sin embargo impedimento para dejarse arrastrar por la belleza de las piezas seleccionadas y la subyugante interpretación que de ellas hicieron la voz y el distinguido conjunto instrumental convocado al efecto. Quizás sirviera como celebración del nacimiento de la ópera en esa transición del Renacimiento al Barroco de la que fue protagonista el siglo XVII, con exponentes como Claudio Monteverdi como creador universal y Juan Hidalgo, doméstico.

El resultado fue un drama musical en toda regla perjudicado por una narrativa confusa a la que el público nos fue prácticamente imposible acceder debido a la falta de textos impresos que relacionasen aunque fuera mínimamente las piezas seleccionadas con el movimiento escénico al que fue sometido el artista vasco. Quizás haberlos incluidos en el programa de mano publicado en la web del Maestranza, o mucho mejor haberlos proyectado sobre la pantalla de subtitulado, hubiera solucionado al menos parcialmente esta imperdonable laguna. Así las cosas, lo que parecía desarrollarse sobre el escenario es una suerte de La voz humana de Cocteau adaptado al hombre, víctima también de la soledad y el desengaño supuestamente amoroso, que se pasea, arrastra y hasta retuerce por el escenario mientras parece esperar algún remedio a su tristeza, quizás en forma de llamada telefónica. Lamentamos que la soledad se asocie siempre a esas connotaciones negativas, cuando tantas veces puede ser un remedio perfecto ante la miseria y mediocridad que a menudo nos rodea.

Ceremonia de la soledad

Asistimos así a una ceremonia laica en la que el protagonista pasa de la ducha a oscuras entonando a capella el soneto de Domenico Mazzocchi Amar a Dios por Dios, para acto después quitarse el albornoz, quedarse desnudo por un segundo mientras se calza muy nerviosa y rápidamente los calzoncillos que le acompañan prácticamente durante toda la función, hasta que al final acaba vistiéndose y mostrándose como estamos acostumbrados a verlo. Este ceremonial supone emborronar el carácter elegante y delicado de la propuesta con un efecto grotesco innecesario que no ayuda a deleitarse como merece con el contenido musical en toda su belleza y amplitud.

No cabe duda de que el trabajo de Carlos Mena en todo este proceso es extenuante, sometido a una presión y a un esfuerzo que merece todos los elogios, sin que su línea de canto se resienta por ello. Ya sea arrastrándose, de espaldas, en las posiciones menos convencionales, la proyección de su voz no decae, su tono permanece inmune y su registro milagrosamente homogéneo y perfectamente equilibrado, lo que unido a la belleza de su timbre no hace sino convencernos del talento de quien es el mejor contratenor español y uno de los más serios y comprometidos del panorama internacional. De esta forma llegó a conmovernos con páginas tan espirituales como las cantatas Era la notte de Antonio Cesti y Queste pungenti spine de Benedetto Ferrari, con las que alcanzó a lucir ornamentaciones y colores muy elaborados, siempre con la complicidad de un conjunto instrumental instalado en la suavidad del sonido, la delicadeza de los timbres y la discreción del acompañamiento, entre los que cabe destacar la elegante y contenida percusión de Pedro Estevan, la siempre ejemplar solvencia de Alejandro Casal al teclado y sobre todo el dulce y sobrecogedor fraseo de Lorea Aranzasti al violín, sin menospreciar la magnífica contribución al continuo de Daniel Zapico en la cuerda pulsada y Lixsana Fernández en la viola de gamba.

Foto: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 2 de septiembre de 2020

LA BARROCA DE SEVILLA LANZA DOS NUEVOS DISCOS

Enrico Onofri y la Barroca de Sevilla
Hace apenas unos días conocíamos el descontento de la Orquesta Barroca de Sevilla con la decisión del Ayuntamiento y la dirección del Festival de Música Antigua de Sevilla de cancelar definitivamente la celebración de la que debía ser su edición número treinta y siete. Argumentaban en un comunicado oficial cómo dicha cancelación, tras sufrir un obligado aplazamiento a noviembre o diciembre que ya provocó cambios de agenda a su formación y eventos como el Otoño Barroco y otros relacionados con la música antigua, ha afectado a fechas y compromisos adquiridos, además de la situación de inestabilidad y desconcierto que ha supuesto para los artistas locales no afectados por las limitaciones de tránsito argumentadas para cancelar el certamen. Una decisión que efectivamente sorprende cuando a lo largo del verano plazas como Granada y su Festival de Música y Danza, el concierto de Pablo Heras-Casado y la Orquesta Joven de la Unión Europea celebrado en Málaga, cuyo Festival de Cine Español logró cumplir expediente al pasar de marzo a agosto, o Sevilla sin ir más lejos con sus Noches en el Alcázar, han cubierto sus objetivos, observando además protocolos de seguridad que a poco que se abandonan los recintos obligados se comprueba no se exigen a otros lugares de ocio como bares y restaurantes, donde a menudo la higiene y el aforo quedan al arbitrio de sus responsables.

Quizás como un intento de equilibrar esta alarmante falta de actividad, y con el fin de mantener vivo el vínculo con su incondicional público, la Barroca de Sevilla editó la pasada primavera un disco grabado precisamente con motivo de la celebración de la edición del FeMÁS de 2019, con Asier Polo como intérprete de conciertos para violonchelo de Vivaldi, Boccherini y Haydn, y ha lanzado ahora su último disco para el Proyecto Atalaya de recuperación del patrimonio musical andaluz, segundo que dedican a Pedro Rabassa, aunque en esta ocasión con piezas también de Juan Pascual Valdivia y Juan Manuel González Gaitán. Un registro que tomó forma hace ya cinco años, en noviembre de 2015, cuando Julia Doyle interpretó la mayor parte de las obras recogidas ahora en disco, en un concierto enmarcado en el Proyecto Atalaya que lidera y coordina la Universidad de Sevilla junto a otras nueve universidades andaluzas.

El canto dulce de Julia Doyle

Astro Nuevo es el segundo de los discos que la OBS y este ambicioso proyecto dedican al compositor Pedro Rabassa, catalán de nacimiento que se hizo cargo en 1724 de la plaza de maestro de capilla en la Catedral de Sevilla, después de ocupar otras como la de Valencia, permaneciendo en nuestra ciudad hasta su fallecimiento, cuarenta y tres años después. Su estilo, influido tanto por Italia como por el teatro musical hispano, se hace perceptible en la cantada Astro Nuevo, que da título al álbum y que Doyle entona con brillantez y apropiado estilo. De él la soprano inglesa interpreta también el villancico Corred, corred pastores, con una perfecta dicción en nuestro idioma y una notable dosis de encanto y expresividad. El resto de composiciones a las que pone voz pertenecen al catálogo de Juan Pascual Valdivia, maestro de capilla durante la segunda mitad del siglo XVIII en la Colegiata de Olivares, de donde se extrae el precioso Si recatada, si traslúcida, y al del cordobés Juan Manuel González Gaitán, de quien interpreta dos cantadas religiosas que dejan traslucir influencias del Clasicismo así como del Barroco tardío, con toques también autóctonos. Obras de indiscutible valor artístico y arqueológico, capaces de provocar un considerable placer y estímulo, y cuya recuperación debemos al historiador y musicólogo Juan María Suárez Martos.

El disco recoge también una pieza de Pedro Rabassa grabada en la Iglesia de San Pedro de Alcántara de la capital hispalense en octubre de 2017, coincidiendo con el concierto, también enmarcado en el Proyecto Atalaya, que protagonizó el contratenor Carlos Mena en el Auditorio de Ingenieros. Él es el encargado de dar voz a la Tercera Lamentación del Viernes Santo, Aleph. Ego vir videns, encontrada también en la Colegiata de Olivares, y que el contratenor entona con su habitual buen gusto y exquisito fraseo, siempre bajo la dirección de Enrico Onofri, uno de los directores que mejor entienden a la Barroca de Sevilla y con el que el conjunto ha dado algunos de sus mejores resultados. El excelente clavecinista Alejandro Casal interpreta una interesante sonata de Rabassa caracterizada por sus influencias italianas y ritmos de danza, con la que se completa este espléndido trabajo, como siempre acentuado por el brío y la energía de la formación y la trasparencia, brillo y equilibrio de la grabación. Astro Nuevo es el tercer CD que la orquesta publica bajo el sello belga Passacaille, tras los dedicados a Haydn y los conciertos para violonchelo de Carl Philipp Emanuel Bach.

Asier Polo, maestro del violonchelo

En cuanto al disco de Asier Polo, editado por la discográfica granadina IBS Classical, contiene los cuatro conciertos para violonchelo que el artista vasco interpretó en abril de 2019 en el marco del último Festival de Música Antigua de Sevilla hasta la fecha. La grabación tuvo lugar en este concierto y su repetición al día siguiente, así como en sesiones matinales a tal efecto, y de la conjugación de todos esos registros surge un disco impecable en sonido y técnica, que trasciende la impresión que nos dejó su ejecución en directo para convertirse fácilmente en una grabación de referencia a la hora de apreciar estas joyas del Barroco y el Clasicismo con criterios historicistas. Las piezas seleccionadas son el primer Concierto de Haydn, que junto al segundo se convirtieron en clásicos imprescindibles cuando Jacqueline du Pré los consideró entre sus favoritos en la década de los sesenta del siglo pasado. Junto a él dos conciertos de Vivaldi, el segundo para dos chelos en una gloriosa interpretación en la que Polo tiene como parteneire a nuestra admirada Mercedes Ruiz, integrante de la orquesta, en esta ocasión dirigida con especial aplomo y respeto por el concertino invitado Andrés Gabetta. El Concierto en Re mayor C479 de Boccherini completa una suculenta selección que también se beneficia de un espléndido sonido y una producción ejemplar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía