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martes, 27 de agosto de 2024

UNA PERFECTA NOCHE DE VERANO

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Lita Wheel, Laura Serrano y Alba Carrasco, voces; Santiago Ruiz, teclado; Leo Aranda, bajo; Roque Torralva, batería y percusión. Programa: Música a través de la mujer. Lunes 26 de agosto de 2024


El verano invita a relajarse, también en lo musical. Quienes nos pasamos el año analizando y reseñando interpretaciones de música clásica y antigua, encontramos también en esta época de distensión el pretexto para acercarnos a esos otros géneros que cubrieron nuestra cultura musical. Las canciones que sonaron en casa por cortesía de padres y hermanas, que tanto hicieron por adiestrarnos en la dulce afición por la que consideramos la más reconfortante de las artes, forman parte de nuestro acervo sentimental, y de recordárnoslo se encargaron The Donelles, el excelente conjunto vocal e instrumental sevillano que con el de ayer completaron su ciclo de tres conciertos en esta edición de las Noches del Alcázar.

También porque se trata de una época de costumbres nómadas, hemos tenido que esperar a este tercer y último concierto para hacernos eco de lo mucho que valen estas y estos seis músicos, apasionadas del pop fundamentalmente estadounidense desde la década de los cuarenta hasta la psicodelia setentera, pasando por los prodigiosos sesenta. El suyo es un show en toda regla, de esos que se pueden disfrutar permanentemente en plazas tan icónicas como Las Vegas, donde se escenifican con derroche de talento y calidad recorridos similares, especialmente centrados en la historia de la ciudad del juego y el entretenimiento.

Y para adaptarse a una de las líneas argumentales de las Noches del Alcázar de este año, esos nombres de mujer que dignifican el trabajo del género femenino en el noble arte de la música, lamentablemente en la mayoría de las ocasiones desde la retaguardia, The Donelles presentaron en formato reducido, adaptado a las circunstancias de tiempo y espacio, el espectáculo con el que llevan años deleitando a audiencias de toda la nación. En él desglosan algunas de las voces más famosas de la música popular de esas cuatro décadas aludidas, siempre desde el punto de vista de la aportación femenina, a menudo a la sombra del hombre, otras veces como protagonistas absolutas de una historia que sólo han escrito ellas.


Lideradas por la carismática y divertida Litta Wheel, el trío de voces exhibió esa armonía perfectamente conjuntada, cerrada, que caracterizó a conjuntos tan icónicos de la Segunda Guerra Mundial como The Andrew Sisters, a quienes dedicaron un primer y generoso bloque, con éxitos como In the Mood a capela con el sólo acompañamiento de pies y manos de sus compañeros instrumentistas, ese Tico Tico que generalmente asociamos a la portuguesa Carmen Miranda, pero que entonaron al más puro estilo del trío uniformado, y una excitante y divertidísima combinación de Rum & Coca-Cola y Mr. Bassman, mezclando con total desparpajo y desprejuicio los cuarenta con los primeros sesenta.

La gracia y la vitalidad de Wheel combina magistralmente con la sensualidad de armas tomar de Laura Serrano y la elegancia y sofisticación de Alba Carrasco, las tres entonando en perfecto estilo, con hermosos timbres y un evidente buen gusto, para ofrecernos rutilantes versiones de los más latinos Sway y Tu vuo fa l’americano, demostrando que por encima de Dean Martin o Renato Carosone, también brillaron The Puppini Sisters.

Aunque la homenajeada con Runnin’ Wild era Ernestine Anderson, fue imposible no visualizar a Marilyn Monroe cantándola junto a su ukelele y el resto de la banda femenina en el vagón de tren de Con faldas y a lo loco. Una década de los cincuenta completada con la impagable personalidad de Brenda Lee, ya con Wheel como solista absoluta en St. Louis Blues y el melancólico I’m Sorry al que sólo se permitieron añadir unos toques sopranistas de Carrasco.


Que Big Mama Thornton se adelantó al Rey del Rock con su icónico Hound Dog, y que ya en los setenta Sweet Inspiration demostraron que eran más que un conjunto de acompañamiento del mismo Elvis, sólo fue la punta de lanza para evocar a The Beatles con el Mr. Postman original de The Marvelettes. También sonó Help, según versión de The Carpenters, de quienes se hicieron además eco a través de la malograda Karen Carpenter con su particular y dulce versión de California Dreamin’ de Mama’s and the Papa’s. Y no podía faltar un grupo de referencia para el conjunto sevillano, Martha & The Vandellas, de quienes eligieron el exquisito Jimmy Mack, todo un himno de la Motown.

Acompañando, Leon Aranda al bajo, Roque Torralva a la batería, y muy especialmente Santiago Ruiz al teclado, demostraron que sólo desde la excelencia, el trabajo bien hecho y un bagaje profesional extenso y maduro, se puede exigir del público el clamor que ellos disfrutaron. Poder hacerlo sentados, pendientes de cada gesto, cada inflexión y cada apunte de los y las artistas, es un lujo poco accesible en este tipo de manifestaciones, especialmente cuando se trata de estrellas mediáticas y consagradas. Iniciativas como las de The Donelles nos hacen sentir aún más orgullosos de la tierra en la que vivimos.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 13 de julio de 2023

DISCO NOSTALGIA CON NILE RODGERS & CHIC

Icónica Fest 2023. Nile Rodgers & Chic: Russell Graham y Richard Hilton, teclados; Bill Hollomann, trompeta; Dan Moretti, saxo; Ralph Rolle, batería; Jerry Barnes, bajo; Nile Rodgers, guitarra; Kimberly Davis y Audrey Martells, voces. Plaza de España, miércoles 12 de julio de 2023


No resultaba difícil imaginar a una gran parte del público que ayer abarrotaba la acotada Plaza de España del Icónica Fest, con casi cincuenta años menos frecuentando las salas, discotecas o boites que había en Sevilla a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Petrarca en Los Remedios, Don Felipe frente al Parque María Luisa, El Coto en el Hotel Los Lebreros o El Embrujo en el Aljarafe, por citar algunos de estos templos antes de que fueran sustituidos por otros como Groucho en el Arenal o La Recua en las inmediaciones de Tablada, donde también sonaban muchas de las canciones que la varita mágica y el trabajo incansable de Nile Rodgers convirtieron en éxito en las voces más aclamadas del momento. Todas y cada una de las reseñadas en el artículo que le dedicamos en la edición de ayer sonaron en este icónico concierto al que también se sumaron nuevas generaciones por haberse criado con sus padres escuchando estas canciones imperecederas o por no encontrar referentes en ese reguetón que no acaba de extinguirse. Todavía hoy el público que se adentra en el 87 de la Alameda, sea cual sea su edad, conoce bien las canciones que allí se pinchan. Hubo una época en la que bailar era desahogarse, soltar adrenalina y dejarse de tanto paso aprendido y mecánico, y Nile Rodgers y su grupo Chic en continua mutación vinieron para recordárnoslo.


El concierto siguió los mismos derroteros que su artífice viene experimentando desde hace años, un recorrido exhaustivo de canciones que hicieron época en manos de aquel Chic original del que sólo queda Rodgers, y aquellas otras que a lo largo de estos últimos cincuenta años han ido llenando pistas de baile y listas de éxitos en las voces más relevantes de cada momento. Un medley de grandes éxitos de la banda, Le freak, Everybody Dance, Dance Dance Dance y I Want Your Love en versiones reducidas, antes de abordar ese escalofriante recorrido por los grandes de la música a los que Rodgers ha prestado su talento y creatividad, como Diana Ross (I’m Coming Out, Upside Down), Madonna (ella era la jefa cuando grabaron su álbum estrella, Like a Virgin, pero él lo es ahora al frente de su renovada banda y no podía faltar el tema que él consideraba debía titular el disco y salir primero como single, Material Girl), David Bowie con la voz del teclista Russell Graham en Modern Love y la del batería Ralph Rollé, auténtico entertainer de lujo, en Let’s Dance, por supuesto Sister Sledge, proyección natural del propio Chic en esos últimos setenta, con He’s the Greatest Dancer y cómo no We Are Family convulsionándonos, y Thinking of You sirviendo, como viene haciendo Nile Rodgers desde hace mucho, para recordar emocionadamente a Bernard Edwards, el otro alma del grupo original y coescritor junto a Rodgers de todos sus éxitos, que falleció en 1996 justo el día después de dar un concierto en Japón.

Casi dos horas de baile desenfrenado

Spacer de la francesa Sheila & B. Devotion, Notorious de Duran Duran, y por supuesto Daft Punk y ese Get Lucky que nos descubrió a un Nile Rodgers completamente renovado hace una década, así como Beyoncé y el reciente Cuff It con el que el productor ha logrado su sexto Grammy, coronaron un concierto en el que la pericia de la banda fusionó sus originales Soup for One con el Lady de Modjo al que inspiró, así como el imprescindible Good Times con ese pionero del hip hop que fue Rapper’s Delight de Sugarhill Gang. Y en todo momento disfrutamos de una banda en plena forma, como demostró el fascinante My Feet Keep Dancing, todos y todas excelentes en sus cometidos, a pesar de que el emplazamiento y quizás un defectuoso diseño de sonido hizo que éste no fuera todo lo nítido que merecía, sonando saturado, con exceso de graves y algo distorsionado, al menos en esas primeras filas que nos permitieron conectar generosamente con el conjunto, nada de lo cual fue obstáculo para hacernos mover el esqueleto de principio a fin y entusiasmar a un público entregado y entusiasmado.


Es casi un milagro que Rodgers a sus setenta años siga exhibiendo tanta energía y pasión, que sus riffs de guitarra sigan siendo tan icónicos e inconfundibles, sobre todo después de que hace una década se le diagnosticara un cáncer por el que los médicos no daban ninguna esperanza, y que a él le sirvió para reconvertirse, escribir más que nunca, colaborar con más artistas que nunca y dar más conciertos que nunca. El resultado, una curación del cien por cien y seguir en la cresta de la ola, ahora con esta nueva formación que le acompaña desde hace algunos años, en la que brillan Bill Hollomann a la trompeta y Dan Moretti al saxofón, la mayoría de las veces ejerciendo como fondo y continuo, sin desaprovechar sus momentos de lucimiento, como el segundo en Lost in Music de las Sledge. Mención especial para los teclados, resueltos por Graham y el veterano Richard Hilton, así como la batería de esa suerte de maestro de ceremonias que es Ralph Rolle (Tony Thompson, otro de los miembros fundadores, falleció hace veinte años), y el bajo de Jerry Barnes, tan depurado y contundente como lo fue Edwards en su momento. And last but not least, dos voces de lujo, el soul profundo y apasionado de Kimberly Davis y la calidez academicista de Audrey Martells, añadiendo además con su presencia y vestimenta afro esa dosis de glamour y sensualidad que siempre ha ido asociada a Chic y todo lo que Nile Rodgers ha ido iluminando con su brillo y talento. Una versión extendida de Le freak sirvió como propina para poner fin a una fiesta que hoy habrá obligado a sus invitados a usar la lavadora.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 16 de julio de 2021

SUMMER OF SOUL Silencio informativo

Título original: Summer of Soul ...Or, When the Revolution Could Not Be Televised
USA 2021 117 min.
Dirección
Questlove Fotografía Shawn Peters Documental Estreno en el Festival de Sundance 28 enero 2021; en Estados Unidos (Internet) 2 julio 2021; en España 16 julio 2021

Cuarenta años antes de que un hombre negro subiera a la presidencia de Estados Unidos, un festival de música afroamericana en el corazón del barrio negro por excelencia, Harlem, coincidió con el más mediático y recordado Festival de Woodstock, que celebraba el amor incondicional hippy de la supremacía blanca. El Harlem Cultural Festival supuso para su gente, la comunidad negra de Norteamérica, y por extensión la latina y otras marginales, un revulsivo, un antes y un después, la acuñación del término Black en lugar del Nigger, y la asunción de un Pride, un orgullo de raza y condición a través de la cultura de la música y el ritmo. Pero cuatro años después de que Obama dejara de ser presidente, las cosas no parecen haber mejorado mucho para esa comunidad, lo que sorprendente y amargamente hace que hoy se repitan situaciones, protestas e injusticias como las que sacudieron aquellos emblemáticos y decisivos años sesenta.

Aquel festival se grabó en su integridad para ser televisado, pero eso nunca llegó a suceder. Como tantos hechos, eventos y revoluciones, fue en su día silenciado por quienes ostentan el poder mediático, el de la información tantas veces mal gestionada en favor de los intereses de los poderes fácticos, fundamentalmente políticos y económicos. Seguramente el material se consideró subversivo e incómodo, inapropiado para la gran mayoría blanca, católica y bien pensante, y acabó archivada en los sótanos hasta que ahora ve la luz. Lamentablemente no lo hace de la forma que nos hubiera gustado, disfrutando de aquellas actuaciones irrepetibles e imperecederas. En su lugar, siguiendo las pautas del documental convencional, el festival está continuamente intervenido con testimonios en su mayoría intrascendentes, y material de archivo, sin duda interesante, sobre la situación en el país en aquellos momentos, con episodios como los magnicidios, la llegada del hombre a la Luna, los Panteras Negras y las protestas en las calles y sus correspondientes represalias, contextualizando en exceso un espectáculo que debería haber servido por sí mismo, dejando todo aquello para otros films que ya han aprovechado ese material dramático en muchas ocasiones, aunque nunca sean suficientes.

La presencia en el escenario, siempre de día para aprovechar la luz solar ante la falta de recursos técnicos que permitieran una iluminación adecuada, del reverendo Jesse Jackson, el promotor Tony Lawrence o el alcalde de Nueva York John Lindsay, además de las proclamas de algunos y algunas de las artistas convocadas, como Nina Simone, Stevie Wonder, Gladys Knight o David Ruffin de Temptations, deberían haber bastado para contextualizar el evento y proporcionarle ese cariz reivindicativo. Además, las actuaciones de leyendas como Mavis Staples, Mahalia Jackson, BB King o grupos como The 5th Dimension o Sly and The Family Stone, deberían bastar para ilustrar la rabia, el dolor y la impotencia por fin convertida en orgullo y exigencia tras siglos de esclavitud y abuso de un pueblo y una raza que son un fenómeno que nos ha hecho y nos hace vibrar a todo el mundo. También en su estructura sigue un esquema convencional de documental, dividiendo la propuesta en varios bloques, el Gospel, con Edwin Hawkins Singers y su mítico O Happy Day a la cabeza, la Motown, la música latina, con Ray Barreto como principal exponente, el jazz y el soul… En cuanto al material complementario, resulta revelador el entusiasmo de los entrevistados blancos sobre la llegada del hombre a la Luna, frente a la apatía de los negros, para quienes hay mucho que arreglar en este maltrecho planeta antes de colonizar otros. Premiada en Sundance con el Gran Premio del Jurado y el premio al Mejor Documental.

martes, 30 de junio de 2020

PERSONAL ASSISTANT Entrañable retrato de un ambiente musical

Título original: The High Note
USA 2020 113 min.
Dirección Nisha Ganatra Guion Flora Gleeson Fotografía Jason McCormick Música Amy Doherty Intérpretes Dakota Johnson, Tracee Ellis Ross, Ice Cube, Bill Pullman, Kelvin Harrison jr., Ze Chao, June Diane Raphael, Eddie Izzard Estreno en Estados Unidos (Internet) 19 mayo 2020; en España 26 junio 2020

Ya es grave que en nuestro país se cambien a menudo los títulos de las películas, pero que se haga para ponerle otro en inglés es el colmo. Cierto es que The High Note no tiene traducido a nuestro idioma un significado tan expresivo como Asistente personal, pero así en castellano, que es a lo que se dedica Dakota Johnson en esta quizás su mejor película hasta la fecha. Y es que la realizadora Nisha Ganatra, curtida en televisión pero con alguna interesante comedia en su haber como Late Night protagonizada por Emma Thompson, dirige con buen pulso, un encomiable sentido del ritmo y un brillante conocimiento del mundo que retrata, esta crónica sobre una joven admiradora del soul, el blues y el rythm’n’blues, que busca con ambición y determinación su camino hacia el éxito.

Casi como si de una Eva Harrington se tratara, utiliza aunque no de forma tan despiadada a su particular Margo Channing, una madura estrella del pop a la que encarna Tracee Ellis Ross, famosa en América por sus trabajos en televisión, pero poco conocida aquí más allá que por el honor de ser hija de Diana Ross, para alcanzar su meta como productora musical. Ganatra, con ayuda de su guionista Flora Gleeson, se interesa sin embargo más por el lado de cuento moral que pueda tener la aventura que por su vertiente más morbosa y cruel. De tal forma el personaje de Johnson es oportunista y tramposa, algo traicionera pero no despiadada. Admira sinceramente a su estrella, de la misma forma que directora y guionista parecen adorar el mundo que retratan, un Los Angeles plagado de talento, trabajo y esfuerzo para que todos y cada uno y una de nosotras disfrutemos con la mejor música posible, que ha generado leyendas como Sam Cooke, Marvin Gaye, Aretha Franklin, Donny Hathaway o Al Green.

Ellis Ross encarna a la perfección ese ideal de diva de la música pop ya entrada en años, al más puro estilo Cher o Madonna, que lucha contra viento y marea para que un puñado de productores agotados, ya sean veteranos, como el que encarna Ice Cube, o recién salidos de la Universidad, no le marquen un destino predecible y le dejen seguir diseñando su propia voz, mientras Johnson destila humildad y buena voluntad sin que resulte mera apariencia ni sacrifique su propia ambición. El espectáculo es vistoso, entretenido y bien intencionado, sin que una vez más tengamos que enfrentarnos a las miserias, vicios y desgracias de la fama, sino todo lo contrario, a su gloria y mérito. Solo alguna que otra de esas casualidades de guion que se disfrazan de ingenio ensombrecen el brillante resultado, pero no lo malogran.

domingo, 23 de febrero de 2020

QUEEN & SLIM Una carrera menos desenfrenada de lo pretendido

USA 2019 132 min.
Dirección Melina Matsoukas Guion Lena Waithe y James Frey Fotografía Ted Radcliffe Música Devonté Hynes Intérpretes Daniel Kaluuya, Jodie Turner-Smith, Bokeem Woodbine, Chloé Sevigny, Flea, Sturgill Simpson, Indya Moore, Benito Martínez Estreno en Estados Unidos 27 noviembre 2019; en España 21 febrero 2020

Los cada vez más frecuentes abusos policiales sobre la raza negra, que se han cobrado en los últimos años varios e inexplicables asesinatos sin aparente atisbo de justicia, parecen haber inspirado esta amarga crónica sobre la desesperada huida de una pareja de afroamericanos por las carreteras de varios estados norteamericanos ante la pérdida absoluta de confianza en la justicia del país. La película se revela como un cruce entre aquellos films blaxploitation de los setenta, evidente entre otras cosas en el uso de la banda sonora, y esos otros que también en esa década recorrieron las míticas y desiertas carreteras de Estados Unidos, más cerca del debut definitivo en el cine de Steven Spielberg, Loca evasión, que de ese Bonnie & Clyde de Arthur Penn con el que desde su estreno se ha querido identificar el film de Melina Matsoukas.

La directora, curtida en la televisión, no ha reflejado en el resultado final una mirada femenina más allá que la construcción de un personaje de mujer fuerte y decidido, valiente e ilustrada. Por lo demás el film exhibe formas y estructuras mil veces vistas en un género habitualmente pasto de la cultura violenta y machista. En el reparto sobresalen Daniel Kaluuya, a quien descubrimos como protagonista de la sobrevalorada Déjame salir, y la inquietante y escultural presencia de Jodie Turner-Smith exhibiendo cuerpo de modelo y supuesto cerebro de abogada con conciencia de raza y clase, además de la atribulada Indya Moore repitiendo la imagen que ya explotó en la serie Pose.

Su atractiva propuesta choca con un ritmo desigual, una dilatación innecesaria y una denuncia que aunque necesaria no aporta nada nuevo a la eterna lucha antirracista que subyace, y amenaza con cobrar más fuerza y sentido, en el país de las presuntas libertades. Funciona mejor como entretenimiento y cine de género, con altibajos y atractivos. No obstante, frente a tanto título mediocre celebrado en los premios anuales, sorprende que este título no haya rascado nada en las loterías, lo que evidencia el fuerte racismo imperante, y también denunciado, en las instituciones académicas y cinematográficas del país, y que suscitan las protestas justificadas de militantes como Spike Lee.