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sábado, 30 de julio de 2022

DIANA KRALL, ENCANTADA EN JEREZ

Concierto de Diana Krall en el Festival Tío Pepe de Jerez de la Frontera. Anthony Wilson, guitarra. Robert Hurst, contrabajo; Karriem Riggins, batería. Diana Krall, voz y piano. Viernes 29 julio 2022


Mucho más animada que hace tres años, cuando actuó en el Festival Starlite de Marbella, plaza que visitará también esta noche antes de terminar su gira española en el Botánico de Madrid, Diana Krall regresó a tierras andaluzas de la mano del Festival Tío Pepe, que este año se ha trasladado a la Bodega Las Copas que Gonzalez Byass tiene en las afueras de Jerez, más extensa pero con algo menos de encanto que las Bodegas Tío Pepe del centro de la ciudad donde se celebraron las ediciones anteriores. Allí un numeroso público se congregó para rendir pleitesía a la estrella del jazz más mediática que existe en la actualidad, una gesta que le viene ya de lejos, cuando alcanzó los primeros puestos de las listas de venta y popularidad con su emblemático álbum The Look of Love.

Lejos del concierto que celebró en la ciudad malagueña en el verano de 2019, donde se mostró muy seria y parca en palabras, debió disfrutar en Jerez de muy buenos anfitriones y anfitrionas, lo que se tradujo en una mayor conexión con el público, alguna anécdota aislada y un sinfín de agradecimientos por la acogida que disfrutó en la ciudad, sobre todo por sus atractivos gastronómicos y muy especialmente sus caldos. De hecho podría ser embriagada el mejor calificativo que definió su participación en este estiloso festival, donde hizo un recorrido muy ilustrativo pero a la vez harto convencional por su ya dilatada carrera, que se remonta a principios de los años noventa del siglo pasado, cuando siendo muy joven publicó su álbum de lanzamiento Stepping Out, uno de cuyos temas, This Can’t Be Love, sigue integrando con éxito el repertorio de sus directos. Con él logró que los excelentes músicos de su escueta banda, bajo, batería y sobre todo un muy virtuoso y ágil Anthony Wilson a la guitarra, exhibieran sus muy extraordinarias habilidades.


No obstante, a pesar de ese estupendo talante y presunta animación, Krall se decantó en este concierto por un repertorio más pausado e intimista, que quizás no casaba demasiado con un recinto tan amplio y generoso. Incluso desde las primeras filas, aunque tan esquinadas como en nuestro caso para poder hacer un correcto seguimiento, hubo que centrarse en las grandes pantallas colocadas a ambos lados del escenario, afortunadamente con una emisión de primorosa realización, si querías fijarte en los detalles. En el programa temas que siempre le acompañan en casi todos sus directos, como All or Nothing at All, de Arthur Altman y Jack Lawrence, el citado This Can’t Be Love del tándem Richard Rodgers y Lorenz Hart, o Devil May Care, de Harry Warren, de quien también interpretó el exquisito Boulevard of Broken Dreams, mil veces versionado por artistas de todo el mundo y condición desde que debutara en 1934 en el mítico musical La calle 42. Temas que han conformado desde hace tres décadas el repertorio de esta artista empeñada en rescatar el rico e inimitable patrimonio musical norteamericano.

Tras arrancar con una nueva variación del clásico también de Rodgers Where or When, entroncó directamente con una animada versión de I Don’t Know Enough About You de Peggy Lee, que sirvió ya para dar rienda suelta a sus estupendos músicos y presentarlos convenientemente. Algo desorientó al público que incluyera también temas de carácter más pop o folk, con escalas en Tom Waits, con ese Fly Away Home que sirvió para poner a prueba el excelente sentido del ritmo del público andaluz cuando de tocar las palmas se trata, Joni Mitchell con A Case of You, de marcado carácter intimista y melancólico, solo ella al piano y la voz, cada vez con un toque más canalla, o una evocadora revisión del clásico de Bob Dylan Simple Twist of Fate. No faltó tampoco su apreciada bossa nova, en forma del imperecedero Night and Day de Cole Porter y por supuesto el Quiet Nights de Antonio Carlos Jobim. Otro gran clásico, Cheek to Cheek de Irving Berlin, sonó en versión muy animada, demasiado, mientras con Love Letters de Victor Young rescató una de las grandes baladas del cine de los cuarenta, incluido en ese mítico The Look of Love, cuyo genérico de Burt Bacharach hace tiempo que desterró de sus directos, a pesar de continuar siendo uno de sus temas de referencia. Llamó la atención que no inclouyera, sin embargo, ningún tema de su último disco, This Dream of You, editado hace un par de años. La vimos y sentimos no obstante entregada y motivada, arropada por una espléndida banda y manteniendo ese estilo singular suyo que tanto la aparta de una mera cover y que, sin poseer unas aptitudes geniales ni para el canto ni para el teclado, la convierten sin embargo en una artista irrepetible y, como su transitado repertorio, en toda una clásica.

Fotos: Miguel Ángel Castaño (Festival Tío Pepe)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 30 de julio de 2019

DIANA KRALL CUBRIÓ EXPEDIENTE EN MARBELLA

Diana Krall, vocal y piano. Joe Lovano, saxofón. Robert Hurst, contrabajo. Karriem Riggins, batería. Auditorio Starlite, La Cantera de Marbella. Jueves 25 de julio de 2019

Hacía mucho tiempo que esperaba que el Maestranza invitara a Diana Krall a su ciclo de jazz u otras músicas. Una espera infructuosa que este verano se ha consolado con el concierto celebrado en el Starlite de Marbella, ese auditorio de la ciudad malagueña que llaman boutique, sea por los servicios de gastronomía y coctelería que ofrece, o por el perfil del público que lo frecuenta, en sintonía con el glamour con el que habitualmente se asocia esta paradigmática ciudad. Y eso que las instalaciones no son lo que cabría esperar, más bien tienen aspecto de provisionales, especialmente lo que se refiere a aparcamiento, accesos y servicios sanitarios, pues lo de bares y restaurantes es otro cantar, que ya se sabe que hay que vender y a buen precio. De cualquier forma el entorno es espectacular, con una vieja cantera y sus paredes de piedra circundando el gran auditorio y su enorme escenario, que pudo colgar el noveno todo vendido de la temporada.
 
Diana Krall y su banda en el escenario del Starlite marbellí
Diana Krall culminó en nuestro país, con varios conciertos repartidos entre Cataluña, San Sebastián, Madrid y la Costa del Sol, su gira europea de un mes, después de una larga peregrinación por California y otros estados americanos, y antes de tomarse unas vacaciones y retomar las actividades en septiembre de nuevo en Estados Unidos. Aquí compareció en petit comité, acompañada de una mínima banda integrada por saxo, bajo y batería, unidos al piano y la personalísima voz de la diva canadiense. Treinta años grabando y aún tan fresca como el primer día, pero cubriendo tan solo expediente. El escenario quedó grande para la propuesta de Krall, más apropiada para un recinto íntimo, de menores dimensiones y acústica cerrada, sin desmerecer la espléndida resolución de este enclave natural. Así lo hizo en Madrid, donde actuó en el Teatro Nuevo Apolo y el sonido fue considerablemente mejor al disfrutado en Marbella.
 
Aunque en todo este tiempo Diana Krall ha grabado unos quince discos, entre los realizados en estudio y los que lo son en vivo, su propuesta en este ocasión se centró en sus primeros trabajos, empezando por un All or Nothing At All incluido en su registro de 1997 Love Scenes. A partir de ahí un par de homenajes a Nat King Cole, a quien dedicó su disco de 1996 All for You; por un lado L-O-V-E y por otro un habitual de su repertorio, Boulevard of Broken Dreams. No faltaron clásicos tantas veces llevados al escenario en sus giras, como Devil May Care o su particularmente elegante versión de I’ve Got You Under My Skin de Cole Porter. Otro grande de la música americana, Irving Berlin, tuvo también su momento de honor con el conmovedor How Deep Is the Ocean en forma de propina justo después de terminar el concierto con el más grande, Gershwin y su I Was Doing All Right incluido en su compacto de 2006 From This Moment On. Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó de la mano de Joni Mitchell, cantautora con la que Krall mantiene un estrecho vínculo que le llevó incluso a participar en el homenaje por su setenta y cinco años que le brindó la ciudad de Los Angeles en el legendario Dorothy Chandler Pavilion, tantas veces sede de los Oscar y actual Teatro de la Ópera de la ciudad californiana. De ella creo que interpretó Amelia, introduciendo en las cadencias pianísticas un homenaje al Aleluya de Leonard Cohen.
 
Pero es en el apartado interpretativo donde Diana Krall nos sumergió en una especie de velada decepción, por cuanto a la escasa duración del concierto, apenas hora y media de música, hubo que añadir cierta desidia a la hora de conectar con el público, parte del cual por cierto no dudó en abandonar reiteradamente su asiento para ir al bar o al servicio, con la molestia añadida al resto de espectadores y espectadoras. Krall y su banda cubrieron expediente, llegaron, cantaron sus canciones y poco más, además en forma tan ortodoxa y previsible que solo nos quedó la enorme satisfacción de tenerla delante, nosotros por ejemplo casi encima, y comprobar que su estilo exquisito y elegante sigue intacto, su forma de dominar el teclado fresco, sofisticado y virtuoso, y su canto personal y envolvente, susurrado la mayoría de las veces, efectivo siempre. Con el esquema habitual de exposición melódica, lucimiento de cada solista, espléndidos todos pero muy académicos, y reexposición del tema, nada se salió del guion y no hubo espacio para la sorpresa ni para la exaltación, pero nos quedó el placer de haber tenido delante a la artista de jazz que más proyección y fulgurante carrera ha disfrutado en las últimas décadas.