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viernes, 27 de marzo de 2026

ESPECTACULAR AUNQUE SATURADO ZIMMER EN ROIG ARENA

En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad

Hans Zimmer
vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.

Veníamos avisados de que el flamante edificio del empresario valenciano no contaba con las condiciones acústicas adecuadas, y así pudimos comprobarlo en un sobresaturado concierto de Zimmer y su fiel compañía. En esta tierra que amamos, se hacen obras faraónicas que no logran cubrir todas las expectativas, como una Ópera imperiosa y vanguardista que se permite, en alas de la belleza estética y la estructura clásica, contener localidades de visibilidad limitada o nula, y no pocas. Y de la misma forma, un palacio de deportes concebido también para espectáculos musicales, con una acústica imposible, que distorsiona y satura el sonido. Si se trata de Zimmer, con su propuesta súper decibélica, los resultados pueden llegar a ser puntualmente desastrosos.


Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.

La nueva etapa se llama The Next Level, y en ella reinventa muchos de los arreglos a los que ha sometido sus bandas sonoras más icónicas, con el fin de hacerlas digeribles en un espacio público y lograr, con la colaboración inestimable de unos músicos excelentes, que muchos temas suenen frescos y diferentes en cada comparecencia. Así ocurrió con El hombre de acero, con el que el guitarrista Guthrie Govan se marcó un impresionante solo, o el emocionante bloque dedicado a la África del apartheid, a la que el compositor puso música en varias producciones de sus primeros años, incluida Un mundo aparte, La fuerza de uno y El rey león. Las dos últimas sonaron en el Roig, con especial dedicación al film de Disney que le reportó su primer Oscar, aunque fuera a remolque de las canciones de Elton John.


Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.

Pero quizás el momento más extraordinario y emotivo lo vivimos con la suite de Interstellar, música a la que Zimmer dedicó unas palabras de presentación, asegurando que primero fue la música, como ilustración de un cuento dedicado a su hijo que Christopher Nolan le envió por carta, y que germinó en una película cuando el director escuchó los breves compases que Zimmer compuso para él. Unos compases que derivaron en una de las más fascinantes bandas sonoras de todos los tiempos, una misa cósmica y mística en la que el órgano tiene una enorme relevancia, y que en concierto pierde parte de su majestuosidad tras los obligados arreglos, pero sigue manteniendo su capacidad de fascinación. Si encima el espectáculo se redondea con una acróbata suspendida en el aire, vestida con un traje de espejos al estilo de las bolas de discoteca, con efecto reflectante que expandía su luz a todos los rincones del lugar, la emoción y la sorpresa están más que aseguradas.


Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt. Para terminar definitivamente, tras casi tres horas de concierto, con los hipnóticos créditos finales de Origen.

Lástima que todo, o casi, sonara con esa distorsión denunciada, provocando a menudo más ruido que música, y que en esta gira haya prescindido del apartado sinfónico, resuelto con sintetizadores. Esperamos que este defecto se alivie con la acústica del Palau Sant Jordi, mejor preparado para estas ocasiones. Pero nada logró ser un verdadero obstáculo para considerar ésta una cita memorable con la música, el cine y una leyenda absoluta, que pocos advertirían llegaría a serlo cuando debutó como líder de The Buggles y ese one hit wonder que fue Video Killed the Radio Star, o cuando acompañó a Mecano en una gira, antes de saltar a la fama con las bandas sonoras de Rain Man y Paseando a Miss Daisy.

lunes, 9 de octubre de 2023

THE CREATOR Pretexto para batallas y violencia

USA 2023 133 min.
Dirección
Gareth Edwards Guion Gareth Edwards y Chris Weitz Fotografía Greig Fraser y Oren Soffer Música Hans Zimmer Intérpretes John David Washington, Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken Watanabe, Sturgill Simpson, Ralph Ineson, Marc Menchaca, Amer Chadha-Patel Premier en Madrid y Barcelona 21 septiembre 2023; estreno en España y Estados Unidos 29 septiembre 2023

Más cerca del universo planteado en Rogue One, y por extensión en la saga de las galaxias, con ciertas ínfulas de Monsters, que de su olvidable Godzilla, el director británico Gareth Edwards insiste en plasmar ese mundo postapocalíptico que tanto parece ceñirse a sus inquietudes, y lo hace ahora a partir del espinoso tema de la inteligencia artificial, tan de actualidad. Sin embargo la empresa le sirve más como pretexto para recrear una batallita tras otra, con mucha violencia, muerte y destrucción, que para realizar un análisis concienzudo y fascinante sobre el tema.

De esta forma, acaba preocupándonos más un jaqueo a todo un sistema informático administrativo o que nuestros teléfonos móviles acierten a adivinar nuestros gustos e inquietudes, que estas historias futuristas en las que las máquinas se rebelan contra la humanidad. Eso es algo que ya hemos visto en Terminator, y de forma mucho más afilada en clásicos como Blade Runner. Lo que Edwards hace, con ayuda de su guionista Chris Weitz, que ya colaboró con él en el spin-off galáctico, y que como director ha realizado películas tan dispares como American Pie, Un niño grande, La brújula dorada u Operación final, es proponer un gran despliegue de efectos visuales, una esmerada dirección artística y una violencia exacerbada al servicio de la sempiterna historia de protagonista con trauma familiar que asume la salvación del planeta.

Al final lo único destacable de esta empresa mil veces vista es que entona el igualmente recurrente mea culpa para afrontar la política intervencionista de Estados Unidos en conflictos a lo ancho y largo del planeta, siempre que afecta a sus intereses; una forma de colonialismo encubierto que nadie mejor que ellos han sabido llevar a la práctica. En el apartado musical, Hans Zimmer firma otra de sus excelentes bandas sonoras, tan cargadas de atmósfera como de sugerentes melodías y momentos de impacto orquestal.

martes, 31 de diciembre de 2019

LLENO TOTAL PARA ESCUCHAR MÚSICA DE CINE

Royal Film Concert Orchestra. Kynan Johns, dirección. Programa: The Music of Ennio Morricone, Hans Zimmer & John Williams. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de diciembre de 2019

Saludamos la iniciativa del periódico La Razón y el Teatro de la Maestranza de ofrecer programas tan navideños y familiares como los que nos acompañan estos últimos días del año en el coliseo sevillano. Echando mano de la producción de la Fundación Excelentia y su orquesta titular, la Clásica Santa Cecilia, que muta de nombre según el repertorio a interpretar y si lo hacen en su sede madrileña o fuera de ella, la pasada noche el programa estuvo centrado en tres de los más grandes compositores de música cinematográfica vivos y que cuentan con mayor número de seguidores. Se da la circunstancia de que tanto Morricone como Zimmer han celebrado conciertos multitudinarios en nuestro país durante el año que está a punto de extinguirse. The World of Hans Zimmer es un mastodóntico evento que ha visitado Madrid en dos ocasiones en 2019, la última hace apenas unos días, mientras el genial compositor italiano visitó según parece por última vez la capital española la pasada primavera. Williams está siempre de celebración, y el registro que acaba de publicar junto a Anne-Sophie Mutter y que le llevará en apenas dos semanas al Musikverein de Viena, así como su reciente banda sonora para el último episodio de La guerra de las galaxias, lo mantienen en activo aún a sus ochenta y siete años.

La Orquesta Clásica de Santa Cecilia está integrada por músicos muy jóvenes, lo que siempre aplaudimos desde estas páginas por cuanto ofrece a quienes tienen toda una carrera por delante la oportunidad de practicar y perfeccionar tanto técnica como expresividad. Para los valses y polcas que ofrecerán esta noche adoptan el nombre de Sinfónica de España, mientras que en el apartado cinematográfico utilizan el muy rimbombante Royal Film Concert Orchestra. En ambos casos es el muy voluntarioso director australiano asentado en España Kynan Johns quien la dirige, con resultados más correctos y discretos que sobresalientes. A su mando tiene una reducida plantilla, unos sesenta maestros y maestras, no siempre apropiada para las partituras, algunas de ellas realmente mastodónticas, que ofrecen prestaciones satisfactorias en metales y maderas, una cuerda más ajustada en el registro agudo que en el grave, donde falta algo más de cuerpo, y unos solistas competentes, aunque la percusión tiende a sobresalir de tal manera que ahoga al resto del conjunto y le resta sutileza, como pasó en las morriconianas El bueno, el feo y el malo y La muerte tenía un precio, con la particularidad en ambas de contar con un divertido acompañamiento vocal de los y las propias integrantes de la plantilla, en plan Cantori Moderni di Alessandroni.

Entre los solistas, la concertino se esmeró en tono y registro con La lista de Schindler, y aunque no llegó a conmover, resultó solvente, disciplinada y con un sonido adecuadamente aterciopelado. En La misión fue la joven oboísta quien realizó una competente versión del famoso Tema de Gabriel, con el que orquesta y batuta desplegaron un amplio vuelo lírico, como ya antes habían hecho con el tema de amor de Cinema Paradiso, en realidad acreditado al hijo de Ennio, Andrea, y el muy hermoso Tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Menos afortunados estuvieron en la vibrante Los intocables de Eliot Ness, que sonó algo deslavazada y falta de vigor. Con Zimmer también prestaron sus facultades vocales imitando animales varios en la divertida y desenfadada Madagascar, mientras imprimieron aplomo en Interstellar, con el pianista sustituyendo ejemplarmente al órgano, y misterio a una insuficiente suite de El caballero oscuro. Mejor y más completa resultó la que interpretaron con gracia y energía de Piratas del Caribe, aunque se célebre tema principal no sea de Zimmer sino de Klaus Badelt, como tampoco lo son las canciones de un Rey león incluido en el programa a través de la música de Elton John y no del score original del homenajeado.

Un decepcionante tema de las bicicletas de E.T., sin apenas vuelo lírico ni emoción, como tampoco tuvo la sensacional música de Hook, unos competentes Parque Jurásico y Marcha Imperial de El imperio contraataca, así como unos correctos Harry Potter y Superman completaron con John Williams este singular concierto diseñado para disfrute en familia y dar rienda suelta a sus jóvenes intérpretes, así como cubrir expediente navideño y mantener nuestro templo de la música abierto también en Navidad, como también harán en el Teatro Real y el Auditorio Nacional mañana y los primeros días de un 2020 que auguramos feliz para todos ustedes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 23 de julio de 2019

EL REY LEÓN Un clásico poco recomendable

Título original: The Lion King
USA 2019 118 min.
Dirección Jon Favreau Guion Jeff Nathanson, según el guión original de Brenda Chapman, Irene Mecchi, Jonathan Roberts y Linda Woolverton Música Hans Zimmer, Elton John y Tim Rice Voces (en versión original) Donald Glover, Beyoncé Knowles-Carter, Chiwetel Ejiofor, James Earl Jones, Alfre Woodard, Seth Rogen, Billy Eichner, John Kani, John Oliver Estreno en España 18 julio 2019; en Estados Unidos 19 julio 2019

Hay motivos para recomendar el visionado de esta película, aunque no tantos como para aconsejar que no se haga. Especialmente dañina para las nuevas generaciones, sin nada que ver con la literatura infantil que mayoritariamente se cultiva hoy en día, que promueve valores mucho más solidarios e igualitarios, y por supuesto menos violentos, se convirtió no obstante en favorita de niños, niñas y adultos tras el estreno de la versión original de animación clásica en 1994. Ocupa desde entonces un lugar de honor en las estanterías de casi todos los hogares, y los padres no han tenido reparo en convertirlo en instrumento educativo de sus hijos, sin reflexionar sobre su alto contenido fascista.
 
Ese ciclo de la vida que promulga como leit motiv no tiene mucho que ver con la realidad, donde la Naturaleza conviene que los animales más fuertes se alimenten de los más débiles por simple instinto de supervivencia, sin que exista un orden moral ni político mínimamente parecido al que le adjudica esta fábula, donde la protección del más débil por el más fuerte deviene en una condición de superioridad adjudicada por orden divino. La extensión al imaginario infantil de estructuras sociales y políticas basadas en la monarquía y el vasallaje, más propio de una sociedad feudal que de otra libre y democrática, no es desde luego la más conveniente y remozada de las imaginables en un orden moderno e igualitario. El estereotipo del león como rey de la selva es llevado aquí a sus últimas consecuencias con la complicidad de todo un clásico, Shakespeare y su Hamlet, aunque éste destacaba más como tragedia sobre los lazos familiares y la traición que como tesis sobre el poder y la soberanía. A esto tenemos que añadir las intrigas que devienen en traiciones y venganzas, repitiendo el esquema de los cuentos clásicos, hoy tan poco convenientes a la hora de educar a nuestros hijos en valores.
 
La nueva versión de este disparate, otro paso más de la Disney en su escalada de ambición y omnipotencia, ha sido encomendada a Jon Favreau, a quien hemos visto dando vida a Happy Hogan, el fiel colaborador de Iron Man y Spiderman, y que después de dirigir las dos primeras entregas de Iron Man, además de Cowboys & Angels y Chef, realizó El libro de la selva, el mejor remake de un clásico Disney junto a Pedro y el dragón. No repite ahora la misma fortuna, realizando un calco del original aunque intentando impregnar al conjunto de un mayor dramatismo y halo épico, solo amortiguado por las simpáticas apariciones de Pumba y Timón, los únicos espíritus sensiblemente libres del cuento.
 
Cabe decir en su favor que el trabajo de animación digital es espectacular, tanto en el diseño de los personajes y sus gestos como en la recreación de los imponentes paisajes, mientras las canciones de Elton John conservan su encanto, a las que se han añadido otra de Beyoncé y otra de Mark Mancina incluida en el musical que también lleva tiempo triunfando inexplicablemente por todo el mundo, incluida la Gran Vía madrileña. Por su parte, Hans Zimmer ha inflado consdierablemente su oscarizada banda sonora original, acorde con el espíritu épico y dramático de la cinta. Incendios en plena zona desértica o evocaciones al amor nocturno a plena luz del día son disparates añadidos a este despropósito cuya versión original se ha convertido inmerecidamente en un clásico casi incontestable.