Mostrando entradas con la etiqueta John Williams. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Williams. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

CATÁSTROFE Y DINOSAURIOS EN LAS BUENAS MANOS DE LA ROSS

Feeling ROSS. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Anthony Gabriele, dirección. Programa: Jurassic Park in Concert. Auditorio de FIBES, viernes 23 de enero de 2026

Foto: Marina Casanova

Enmarcado dentro del ciclo Feeling ROSS que tan acertadamente ha instaurado el director gerente de la orquesta, Jordi Tort, para atraer nuevos públicos y crear afición, FIBES acogió por segundo año consecutivo la proyección de un clásico moderno del cine, palomitero todo hay que decirlo, para acompañar en vivo su banda sonora. Esta vez se trató de Parque Jurásico, nada más y nada menos que del compositor vivo más querido y admirado del mundo, no sólo en el campo cinematográfico sino en cualquier otro musical que se precie.

Velocirraptores, braquiosaurios, tiranosaurios y otras criaturas prehistóricas estuvieron acompañadas en sus ataques y carreras por una orquesta que brilló por su precisión, su perfecta sincronía con la imagen y un sonido depurado que en nada hizo añorar la banda sonora tan apreciada y tantas veces editada de la película, desde la original de 1993 a la más completa, remasterizada y extendida de 2016. El responsable de que todo funcionara a la perfección fue Anthony Gabriele, que ya en febrero de 2020 nos deleitó con una interpretación sincronizada en directo del oscarizado musical de Vincente Minnelli Un americano en París.

Esta fue, sin embargo, la primera vez que este especialista en la materia se puso al frente de la ROSS, una orquesta por otro lado curtida en el género, gracias a los excelentes conciertos de música de cine que celebró en los años más fructíferos de los Encuentros Internacionales, así como las diversas ocasiones en las que ha acompañado clásicos del cine mudo. Ésta ha sido, sin embargo la segunda vez que interpreta en directo y sincronizado un título legendario del cine moderno, tras el estupendo bautismo del año pasado con la primera entrega de El señor de los anillos.

Allí la música sonaba con mayor frecuencia que en Parque Jurásico, lo que permitió esta vez a los y las integrantes de la numerosa plantilla descansar con cierta frecuencia. De las algo más de hora y cuarto de música que John Williams concibió y grabó para una película que dura poco más de dos horas, quizás en pantalla suene música sólo la mitad. Se da la circunstancia de que fue la primera vez que Spielberg no pudo asistir a las sesiones de grabación, por encontrarse en Polonia iniciando el rodaje de La lista de Schindler.

Foto: Marina Casanova

El sueño de Spielberg

Tras el triunfante estreno de la película, Spielberg confesó que siempre le habían fascinado los dinosaurios, y que uno de sus ídolos de juventud era Ray Harryhausen, artesano de los efectos visuales que revivió criaturas de la prehistoria gracias a la técnica del stop-motion, con títulos como Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, precisamente homenajeado como slogan en la sala principal del parque del megalómano John Hammond, interpretado por otro director de cine, Richard Attemborough.

Las técnicas digitales experimentadas por John Cameron en Abyss y Terminator 2, y perfeccionadas por Robert Zemeckis en La muerte os sienta tan bien, y la novela de Michael Crichton, ofrecieron a Spielberg la excusa perfecta para revivir a lo grande estas criaturas extinguidas, y junto a la animatrónica ofrecer el espectáculo definitivo en la materia, todavía hoy, más de treinta años después, fresco e impactante.

Por su parte, el idolatrado Williams firmó junto a Spielberg y Lucas algunos de sus títulos más celebrados, desde Tiburón, de la que el director confesó inspirarse para realizar su película de dinosaurios, a Hook pasando por las trilogías de La guerra de las galaxias e Indiana Jones o las obras maestras Encuentros en la tercera fase y E.T. El año en que obtuvo su quinto Oscar, por La lista de Schindler, no estuvo sin embargo nominado por Parque Jurásico, a pesar de la popularidad de la banda sonora y de que Williams ha sido el compositor que más veces ha logrado una doble nominación en una misma edición de los premios de la Academia.

Inspiración bajo una batuta especializada

La popularidad creciente de los principales leit motivs de la película, el asociado a los majestuosos e inofensivos dinosaurios herbívoros y el que acompaña las aventuras en la isla, ha resistido perfectamente el tiempo, logrando ser reconocible por las generaciones posteriores a la irrupción del fenómeno. La Sinfónica se adaptó como un guante al sonido genuinamente a la americana del compositor, que por cierto firma unas entrañables notas incluidas en el programa de mano. Un sonido compacto que se tornó emocionante no sólo en los majestuosos acordes que acompañan el viaje a la isla, uno de los fragmentos musicales más inspirados de la partitura, aunque en esta ocasión prescindiera del coro que lo acompaña, sino también en los más desafiantes que tanto contribuyen a provocar el terror que abunda en la cinta.


También abunda la ternura en la partitura, por aquello del descubrimiento del sentimiento paternal por parte del protagonista, el doctor Grant, interpretado por Sam Neill, mientras seguimos opinando que resulta aún más terrorífica su continuación, titulada El mundo perdido en homenaje a Arthur Conan Doyle, y así supo reflejarlo también el compositor en su banda sonora. Otros temas, como el que acompaña a la expedición de los científicos y los niños por las instalaciones del parque, exigen mayor flexibilidad por parte de la orquesta, incorporando electrónica y percusión en un estilo que ya experimentó Williams en su tema de los conspiradores para JFK. A todo ello se adaptó la Sinfónica con una disciplina y profesionalidad digna de todos los elogios.

Fue, en definitiva, una ocasión extraordinaria para recuperar un título mítico, que abrió nuevas posibilidades a la técnica digital y virtual en el cine, a la vez que ofreció un espectáculo de primera categoría para públicos de todas las exigencias, y que aún mantiene su frescura y originalidad. Todo ello gracias en buena parte a una excelente banda sonora, perfectamente recreada en el estudio de grabación erigido para la ocasión en el escenario de un auditorio FIBES a rebosar para dejarse seducir por tan estimulante espectáculo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de noviembre de 2024

CELEBRANDO A DOS GRANDES MÚSICOS: QUINCY JONES Y JOHN WILLIAMS

Ahora que hace apenas cuatro días falleció Quincy Jones y que se acaba de estrenar un documental sobre John Williams, aprovechamos la ocasión para revisar estos dos trabajos y dedicarles unas palabras a estos dos grandes músicos de los últimos cien años.

El documental de Jones se estrenó hace seis años, el 21 de septiembre de 2028 en Netlifx y está dirigido por su hija Rashida, a quien hemos visto como actriz en películas como La red social de David Fincher y On the Rocks de Sofia Coppola, en colaboración con el joven cineasta australiano Alan Hicks. Siendo el trabajo de una de sus seis hijas, concebida junto a la actriz Peggy Lipton, a quien recordamos por interpretar a la hermosa y madura propietaria de la cafetería de Twin Peaks, no podía ser sino una semblanza laudatoria y épica de su padre en relación a su flamante y reconocido trabajo. No pierde sin embargo la oportunidad de reflejar su escasa dedicación a la familia, lo que le reportó varios fracasos sentimentales, entre ellos el de la actriz referida, y un sinfín de complicaciones de salud, sobre todo debido al estrés provocado por su incesante vida laboral y sus infinitos compromisos profesionales. De hecho, el documental está rodado durante los días previos al concierto de inauguración del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, también conocido como Smithsonian.

Afortunadamente para él, Jones nos dejó antes de vivir la infamia que supone empujar de nuevo hacia la Casa Blanca a un mafioso como Donald Trump, incurso además en varias causas penales. Una auténtica amenaza para su país y el mundo entero, y un verdadero retroceso en los derechos civiles de los que el músico fue siempre un abanderado y ferviente luchador a través de su música y su carrera como director de orquesta, arreglista e insigne productor responsable de los éxitos de Michael Jackson y de aquel We Are the World que tanto hizo por visibilizar la hambruna africana.

Siempre con sus raíces como inspiración, Jones supo adaptarse también al genuino gusto norteamericano, a través de sus colaboraciones con Sinatra y sus bandas sonoras al más puro estilo de autores blancos como Burt Bacharach, que también nos dejó recientemente, Neal Hefti, Johnny Mandel, casualmente un joven Johnny Williams y sobre todo, Henry Mancini. Su mérito fue ser el único negro entre tantos, y a él le debemos algunas joyas como El prestamista o Llamada para el muerto, ambas de Sidney Lumet, A sangre fría, En el calor de la noche o Un hombre para Ivy. Su último trabajo cinematográfico le convirtió también en productor y descubridor de otra leyenda mediática afroamericana, Oprah Winfrey. Se trata de El color púrpura, cuyo tema principal le reportó algún que otro quebradero de cabeza por su parecido más que razonable con el que Georges Delerue compuso más de una década antes para la película de Jack Clayton A las nueve de cada noche, un episodio que no se narra en este trabajo.

El documental de Rashida Jones y Alan Hicks repasa alternativamente la biografía del legendario músico narrada por él mismo y su imponente grave voz, mientras lo acompaña en esos días previos al acontecimiento y después de superar un coma debido a un derrame cerebral. El estrés y el alcohol lo llevaron a varios episodios sanitarios desde mediados de la década de los setenta, lo que evidencia que su hija intenta ser sincera en este cálido homenaje. Llama la atención cómo este entonces octogenario se relaciona con el inevitable fin que ha encontrado seis años después, recordando a tantos y tantos que formaron parte de su vida, como Lionel Hampton, Frank Sinatra, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan o el propio Michael Jackson, mientras sigue en estrecha colaboración con otros de los grandes, como Stevie Wonder. Infinitas son las estrellas que circulan frente a la cámara y los recuerdos en todo tipo de formatos y siempre muy generosos de Rashida, en lo que es un completo y exhaustivo análisis de una figura legendaria e irrepetible.

Por su parte, el trabajo de Laurent Bouzereau sobre John Williams, todavía en activo pero naturalmente víctima de intermitentes caídas de salud, como demuestra la reciente cancelación de nuevos conciertos en Viena, resulta más convencional y académico. Se reduce a ilustrar la vida y el trabajo del insigne compositor de bandas sonoras, el más grande de cuantos quedan vivos, quizás extensible también a sus trabajos estrictamente de concierto, bajo un prisma de ferviente admirador, y dirigido a otros y otras tantas que durante mucho han comulgado con su fascinante música.

Bouzereau se ha especializado en documentales que acompañan la edición en DVD de películas legendarias, especialmente las firmadas por Alfred Hitchcock. Con un formato parecido al de estos trabajos alimenticios, aborda la figura de John Williams, repasando de forma más o menos esquemática su vida, desde su infancia en el seno de una familia creativa musicalmente, su formación académica y sus primeros pasos gracias a su alistamiento en el ejército. Precisamente ahí, destinado en San Juan de Terranova, dio sus primeros pasos como compositor, una de las escasas revelaciones del documental. Después vendrían sus colaboraciones con otros compositores, como Elmer Bernstein o Henry Mancini, y sus primeros trabajos bajo el nombre de Johnny Williams. Un período por el que el documental pasa prácticamente de puntillas, mientas apoyándose narrativamente en un encuentro con su gran amigo y colaborador, Steven Spielberg, repasa aquellos trabajos que son más conocidos y admirados por sus legiones de fans, como Tiburón, Encuentros en la tercera fase, la saga de Indiana Jones y, por supuesto, La guerra de las galaxias.

Por la pantalla desfila el tradicional conjunto de testimonios de amistades, especialistas y compañeros, como Itzhak Perlman, Gustavo Dudamel, Thomas y David Newman, Alan Silvestri, Kate Capshaw, Yo-Yo Ma, Anne-Sophie Mutter, y por supuesto George Lucas y Steven Spielberg, en lo que acaba siendo una mera semblanza del homenajeado, hecha con cariño y consideración, pero haciendo acopio de datos que son bien conocidos de quienes más interés podemos tener en el film. No obstante, hay espacio también para conocer algunas curiosidades, como esos principios en Terranova, o el hecho de que uno de sus hijos sea el cantante del grupo Toto. El estreno de este aseado y esmerado documental tuvo lugar en Disney+ el pasado viernes 1 de noviembre.

sábado, 27 de noviembre de 2021

LA ROSS VUELVE AL CINE

I Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Timón e Iván Palomares, directores. Programa: Obras de Arturo Cardelús, Pablo Cervantes, Luis Ivars, Pascal Gaigne, Sergio Moure de Oteyza, Iván Palomares, Manel Santisteban, Zacarías Martínez de la Riva, Manuel Gil-Inglada, Vanessa Garde, Iván Martínez Lacámara, John Williams y Ennio Morricone. Cartuja Center Cite, jueves 25 y viernes 26 de noviembre de 2021

La ROSS en el Cartuja Center Cite

Muchos y muchas de las maestras de la Sinfónica de Sevilla recordarán sin duda con orgullo y emoción aquellas ocasiones en las que maestros de la composición cinematográfica como Jerry Goldsmith, Howard Shore, Elmer Bernstein o el mismísimo Ennio Morricone al que esta vez rindieron homenaje, se pusieron al frente de la formación hispalense. Delerue y Jarre se adelantaron en su visita a la creación de la orquesta, y Barry no pudo dirigirla a casusa del lamentable suceso de la Ópera de la Bastilla en plena Expo 92. Pocas orquestas pueden enorgullecerse de haber prestado sus servicios a tan digna nómina de grandes de la música de cine. Solo faltó John Williams, al que se han acercado en muchas ocasiones pero bajo otras batutas, como sucedió en esta ocasión. El maestro, único en su especie en el mundo del espectáculo, ahora que acaba de dejarnos el insigne Stephen Sondheim, pasea ahora su talento por las mejores orquestas europeas, las Filarmónicas de Viena y Berlín, y se codea con artistas de la talla de Anne-Sophie Mutter, Itzhak Perlman o Yo-Yo Ma, mientras otros grandes pendientes como Hans Zimmer montan sus propios espectáculos de luz y sonido en giras por todo el mundo al más puro estilo de las estrellas del rock.

En los ochenta montar un festival de estas características era una temeridad y gesto de auténtica valentía por su originalidad y su talante pionero. Veinte años después esa gesta se la llevó el viento. Para entonces eran ya muchos los certámenes del género que se celebraban en el mundo, solo en España destacan Fimucité en Tenerife y el Festival de Úbeda, luego reubicado en Córdoba y Málaga y reconvertido en Cinefan de Úbeda. Allí se atrevieron a montar algo parecido a la cita sevillana pero bajo el concepto de encuentros entre la industria y la afición y una profusa intervención de los compositores convocados. Algo parecido es lo que propone, con toda la pasión y entusiasmo que la empresa exige, el también compositor y agitador cultural Francisco Cuadrado, que con la complicidad de Gorka Oteiza han montado este primer festival que saluda también a una ROSS de nueva vía, la de Sevilla Film Orchestra, quizás como queriendo recuperar una oportunidad perdida, la que acarició hace treinta años Elmer Bernstein (Los diez mandamientos, Los siete magníficos) cuando reparó en nuestra orquesta para grabar soundtracks clásicos. Una propuesta que la orquesta entonces declinó por considerarlo un abaratamiento de sus posibilidades y exigir honoraros inasumibles, y que acabó recayendo en orquestas del este, las mismas a las que recurren nuestros cineastas para grabar las bandas sonoras de sus películas. Se trata ahora de evitar ese éxodo, pero ya se nos han adelantado en el norte, donde orquestas vascas y gallegas se encargan de sus propias producciones y de recuperar clásicos de, por ejemplo y nada más y nada menos, Bernard Herrmann.

Por un puñado de compositores españoles

Marc Timón
Los dos conciertos que ilustraron estas primeras jornadas de talleres, conferencias y encuentros en los que se ha basado este primer festival, utilizaron el reclamo de John Williams y Ennio Morricone, apuestas siempre seguras, y si no que se lo digan a Martínez-Orts y su Film Symphony Orchestra, para introducir un buen puñado de compositores, y una compositora, de cine español, en su mayoría poco conocidos para el público en general y que además eligieron para dar forma de suites títulos poco o nada identificables. Como resultado tuvimos la constatación de que hay hoy en nuestro país una corriente de composición que se ha empapado de la música hollywoodiense, ha aprendido a orquestar y manejar ritmos y atmósferas de una forma casi inédita en nuestro país. Por el contrario aun no dominan el arte de la melodía, tan fundamental a lo largo de la historia del cine para identificar películas a través de la música. La orquesta, que tuvo en el pasado la oportunidad de dirigir a los grandes de nuestro país como Carles Cases, Bingen Mendizábal, Roque Baños, Fernando Velázquez o Alberto Iglesias, y apenas surgió después de que la música de José Nieto sonara de la mano de la Sinfónica de Madrid, pudo apreciar sin duda este particular, lo que no fue óbice para plegarse a las múltiples sensibilidades surgidas de los pentagramas y ofrecer brillantes versiones de su música, adoptando para ello un sonido compacto y controlado a nivel expansivo, muy acorde a la estética cinematográfica

Así, el estreno de The Dark Passenger, una obra cuya fuente desconocemos, descubrió a un joven Arturo Cardelús dotado para la tensión dramática y la orquestación épica, tanto como el ya veterano aun siendo todavía joven Pablo Cervantes, el sevillano que tantas melodías creó para Garci y que ahora se pliega también a las bandas sonoras de acción e intriga (Asesinos inocentes) tanto como al lirismo inherente al documental de Laura Hojman sobre Rubén Darío, Tierras solares. Más veterano, el polifacético Luis Ivars recuperó Tabarka, un thriller político de 1996 cuya amable banda sonora participa más de un estilo compositivo autóctono y personal, antes de la invasión definitiva americana. Y en esa misma línea pudimos disfrutar de la música del francés afincado en el País Vasco Pascal Gaigne, que no eligió para la ocasión ninguno de sus trabajos para Arregi y Garaño (Loreak, Handia, La trinchera infinita) sino dos partituras galas de inconfundible sabor mediterráneo, apacible y lleno de ternura. El terror psicológico y asfixiante de Extinction y la breve pero delicada sintonía de Seis Hermanas fueron las aportaciones de Sergio Moure, siempre servidas con la delicadeza y profesionalidad de la orquesta, destacando la sensibilidad de Tatiana Postnikova al piano, y con un eficaz trabajo del compositor y director de orquesta Marc Timón a la batuta.

Iván Palomares
En la segunda jornada, Iván Palomares tomó el relevo comenzando con una obra suya, The Calling, otro estreno del certamen, de tintes épicos y enfáticos muy alejado de la ternura de Bajo las estrellas, su trabajo más reconocido. Le siguió el romanticismo de Manel Santisteban, curtido en el jazz y el pop, siempre asociado a Mecano y La Década Prodigiosa, en Tres metros sobre el cielo, y de nuevo la acción más genuinamente americana en Bajo cero, un reciente thriller estrenado en la plataforma Netflix que tanto está alejando al público de las salas. A su autor, Zacarías M. de la Riva, debemos la dinámica música de Tadeo Jones, y con dibujos animados continuó Manuel Gil-Inglada con la inédita y tradicional Hullabaloo y la digital D’Artacan y los tres mosqueperros, en cuya suite incluyó la sintonía original para televisión compuesta por Guido y Maurizio de Angelis. De nuevo aires mediterráneos y desenfadados para La boda de Rosa de Vanessa Garde, cuyo trabajo adaptando a Vivaldi hemos podido disfrutar recientemente en la película Josefina, protagonizada por Emma Suárez. Y terminamos con la música de La casa de papel, una ejemplar y muy efectiva partitura que Martínez Lacámara presentó en forma también de suite. Todos los autores estuvieron presentes en estas dos galas especiales.

Williams y Morricone como brillantes reclamos

Susana Casas García de la Galana, y 
Nazar Yasnytskyy a la derecha
Programados cuando acababan de ser anunciados como ganadores del Príncipe de Asturias, y antes de que el irrepetible compositor italiano falleciese en plena pandemia, la música de John Williams y de Ennio Morricone, junto a todos los demás convocados, debió sonar en marzo pasado, pero las restricciones jugaron una mala pasada a Cuadrado y su equipo y tuvieron que posponer la cita hasta ahora. Marc Timón se encargó de dirigir la música de Williams, a quien conoce personalmente y con el que logró dibujar un perfil dinámico, lleno de fuerza y ritmo en bandas sonoras míticas como Tiburón o Parque Jurásico, donde echamos de menos unos metales más refulgentes. Características que también se dieron cita en el Tema de Ray de El despertar de la fuerza, el Scherzo para motocicleta y orquesta de Indiana Jones y la última cruzada, y la sintonía televisiva The Mission. Con la delicadeza de Postnikova y el lirismo de la cuerda se ofreció el tristísimo tema de Las cenizas de Ángela, y con la complicidad de unos espléndidos Nazar Yasnytskyy, concertino para la ocasión y violín solista, y de César Coryn Herwig al violonchelo, un delicioso Vals del presidente de Memorias de una geisha. De su propio cuño, Timón ofreció como propina el trabajo más largo de la velada, un homenaje a Williams en forma de suite inspirado en el estilo épico y lírico del compositor estadounidense que tituló The Beacon (El faro) en clara referencia a su influencia y talante inspirador. El inevitable Tema de Darth Vader o Marcha Imperial puso colofón al concierto del jueves, con una interpretación enérgica y de marcados acentos marciales por parte de una entregadísima Sinfónica.

Diego Villegas, y César Coryn Herwig a la izquierda
Más relajado fue el homenaje a Morricone, con Palomares desgranando con respeto y atención arreglos no siempre fieles a los originales de ¡Átame!, la aventura almodovoriana del compositor romano, los tres temas icónicos de Hasta que llegó su hora, con Diego Villegas emulando con acierto y vuelo lírico al Hombre de la armónica, y Susana Casas entonando el Tema de Jill al estilo de Edda dell’Orso con una perfecta entonación. La misión y Malena precedieron al Tema de Deborah de Érase una vez en América, de nuevo con Casas asumiendo el vocalise, y un brillante epílogo con los títulos finales de Los intocables de Eliot Ness. El fin de fiesta fue de lo más emocionante, con el medley de temas populares del cine que John Williams confeccionó para la gala de los Oscar de 2002, pura celebración de la emoción y la pasión por el cine y la música.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 6 de junio de 2020

EL PRINCESA DE ASTURIAS VA A MORRICONE Y WILLIAMS

Cuando se conocen noticias como ésta, la concesión del Princesa de Asturias de las Artes a John Williams y Ennio Morricone, se echan de menos aquellos tiempos en los que uno emitía a través de las ondas radiofónicas programas de cine y estrictamente de bandas sonoras, como hacía treinta años atrás en Radio Aljarafe, donde con motivo del Centenario del Cine llegamos a realizar un maratón de música de cine de veinticuatro horas, y más adelante en Radiópolis, donde junto al programa de difusión informativa Alfombra Roja emitíamos otro dedicado solo a la música cinematográfica, Pantalla Sonora. Ahora sería el momento perfecto para dedicar a los dos más grandes compositores de bandas sonoras vivos, Ennio Morricone y John Williams, un par de buenos y generosos ciclos donde apreciáramos la brillante y distinta trayectoria profesional y artística de cada uno.

Como apasionado de este mundo de la música de cine que tantas puertas ha abierto a millones de gente aficionada a la música con mayúsculas, la que denominamos clásica y atesora a los más grandes e influyentes compositores de todos los tiempos, trazar un perfil merecido y meritorio de estas dos significativas figuras se convierte en una responsabilidad además de un inmenso placer. Nos encontramos una vez más ante un reconocimiento que llega si no tarde muy avejentado, cuando ambos artistas cuentan ochenta y ocho (Williams) y noventa y un años (Morricone) de edad. Una constante en este mundo de los reconocimientos y los homenajes. Tiempo hubo para dedicarles toda la atención que merecen, mucho hace que son referentes en su campo y tantos otros. No obstante, en ambos casos cuentan con una dilatada carrera en premios, Oscar, Bafta, David di Donatello o Cesar no se les han resistido, aunque en el caso de Morricone el de Hollywood tardó en llegar y de forma algo errática. Fue junto a Henry Fonda y Paul Newman de los pocos que recibieron un Oscar honorífico a toda la carrera antes de recibir el más preciado en competición. Tanto el primero como el segundo lo recibieron un año después de merecer el honorífico, por En el estanque dorado y El color del dinero respectivamente, mientras Morricone necesitó casi una década para que un título suyo, Los odiosos ocho, de la mano de Tarantino, que nunca ha disimulado su admiración por el compositor romano, lograra el codiciado premio. Williams sin embargo acumula cinco Oscar y un récord en nominaciones, cincuenta y dos, solo superado por Walt Disney. Y no es la única diferencia en dos autores tan dispares y con trayectorias tan distintas, pero que cuentan con legiones de admiradores y admiradoras en todo el mundo.

Las marchas de John Williams

Poco antes de la pandemia que nos ha mantenido confinados y ha alterado nuestra rutina, John Williams celebró en Viena el que quizás hay sido su concierto más ambicionado y emblemático, junto a la orquesta más prestigiosa del mundo y con una solista de excepción, nos referimos a la Filarmónica de Viena y la violinista Anne-Sophie Mutter. Con ella editó hace apenas un año un sensacional registro titulado Across the Stars, como el inspiradísimo tema de amor de El ataque de los clones, y con la emblemática orquesta lanzará en breve otro que recoge este magnífico acontecimiento celebrado en el Musikverein, la icónica sala de los conciertos de año nuevo. Meticuloso en el planteamiento de sus partituras, que nunca deja al azar ni se conforma con completar con arreglos y variaciones sobre un mismo tema, Williams no tiene una filmografía tan frondosa como Morricone, hay pocos artistas que la tengan, pero son muchas sus bandas sonoras que han alcanzado una popularidad extrema, especialmente sus marchas e himnos. ¿Quién no reconoce los pegadizos temas principales de Superman, Indiana Jones, Parque Jurásico o La guerra de las galaxias? ¿Quién no se ha emocionado con el vuelo de Elliot y E.T. gracias fundamentalmente a la excitante y emotiva música de John Williams? ¿Quién no se ha conmocionado con ese violín que Itzhak Perlman hace llorar al ritmo de La lista de Schindler? Todos son logros de un compositor que probó fortuna en todas las vertientes musicales que su formación y talento le permitieron hasta llegar a ser el más popular de los compositores de música sinfónica que hoy existen.

Tras un largo periplo que abarcó prácticamente toda la década de los años cincuenta del pasado siglo, en el que Williams participó en algunas de las orquestas y big bands más importantes de Estados Unidos, el compositor empezó a edificar una carrera como autor de bandas sonoras partiendo de influencias muy identificables del momento, especialmente Henry Mancini, cuya sombra le persiguió hasta bien avanzada la década siguiente. Son los años de partituras como Código del hampa, remake dirigido por Don Siegel en 1964 de la película de Robert Siodmak Forajidos, que emula sin disimulo los títulos iniciales de Sed de mal, o toda una serie de comedias que firmó como Johnny Williams, entre las que se incluyen Bachelor Flat, Bromas con mi mujer… no, Penélope o Guía para el hombre casado, donde alternaba el toque pop con reminiscencias del Barroco, como estaba de moda entonces, clave incluida, y añadía canciones a cargo de grupos populares de la época. De esa época basta comparar Two Lovers, el tema de amor de Cómo robar un millón y…, con cualquiera de las canciones de Mancini en cuyas bandas sonoras participó como pianista. Pero también en películas de aventuras como El señor de Hawaii y Todos eran valientes se aprecia la influencia del autor de La pantera rosa, paradójicamente responsable de la desaparición del estilo sinfónico que había cultivado Hollywood desde el inicio del cine sonoro, y que Williams se ocuparía de recuperar en los setenta como legado para toda una generación de compositores de cine que van de James Horner a Alan Silvestri pasando por Bruce Broughton, Danny Elfman o James Newton Howard por citar solo algunos.

Aunque comenzó a cultivar ese estilo sinfónico tan característico suyo en títulos como Una dama entre vaqueros de 1966 o Los rateros de 1969, donde se aprecia además una de sus influencias más notorias, la de Aaron Copland y el amplio y singular sinfonismo genuinamente americano del que Los cowboys constituye el ejemplo más significativo, no fue hasta la siguiente década que afianzó esa tendencia, especialmente de la mano de Irwin Allen, al que conoció como productor de algunas de las series de ciencia ficción a las que puso música la década anterior, como Perdidos en el espacio o El túnel del tiempo. La aventura del Poseidón y dos años después El coloso en llamas lo especializaron en catástrofes, añadiéndose Terremoto y Tiburón, que cuando se estrenó se catalogó en este género, aunque con el tiempo haya perdido toda etiqueta para convertirse en un clásico incontestable. Precisamente fue esa la película que inauguró la cadena de éxitos que disfrutó con su relación más fructífera, la que mantiene con Steven Spielberg, solo interrumpida en 1985 cuando el director prefirió un compositor afroamericano para El color púrpura, y en 2015, cuando por motivos de agenda tuvo que sustituirle Thomas Newman en El puente de los espías. El otro gran pilar de su carrera cinematográfica lo constituye la saga de las galaxias, cumpliendo a lo largo de más de cuarenta años el cometido de ponerle música a cada uno de los títulos que la integran, y que hoy constituye sin duda el bloque sinfónico más ambicioso y dilatado compuesto recientemente. Es ahí donde mejor se perfila ese estilo hollywoodiense basado en autores clásicos como Wagner o Strauss además de los grandes compositores de la edad de oro del cine, como Korngold o Waxman. Mientras, cultivó también otro de perfiles más vanguardistas, a menudo atonal con aires de Ligeti, en películas como Encuentros en la tercera fase, quizás uno de sus títulos más fascinantes, así como otro estilo más intimista y reposado en películas como El turista accidental, una de sus más bellas y contenidas partituras. Otras han sido vehículos perfectos para el virtuosismo individual, como Las brujas de Eastwick, El patriota o La terminal, y todas cuentan con un trabajo de orquestación que las sitúan entre lo mejor y más meticulosamente compuesto para el cine de los últimos cincuenta años.

Williams ha desglosado además una prolija carrera como director, especialmente frente a la Boston Pops, o lo que es lo mismo la Sinfónica de Boston cuando interpreta programas populares, y como compositor de música de concierto, con piezas para violín, flauta, violonchelo, oboe o trompeta, y solistas de la talla de Mutter, Perlman, Isaac Stern, Gil Shaham o Yo-Yo Ma, así como directores como Dudamel han confiado en su talento. Piezas para Juegos Olímpicos, programas de televisión y eventos culturales y humanitarios en todo el Mundo completan su valioso repertorio.

Ennio Morricone, el prolífico

Dos veces ha visitado Morricone nuestra ciudad, y siempre de la mano de los llorados Encuentros de Música de Cine. En mayo de 1988 tocó en el Lope de Vega junto a la Orquesta y Coro Nacionales de España, y en 1999 los protagonizó con dos conciertos de cámara acompañado de sus incondicionales Gilda Buttá al piano, Luca Pincini al violonchelo y Paolo Zampini a la flauta, y otro de música orquestal con la Sinfónica de Sevilla y solistas de renombre como Dulce Pontes y Angelo Branduardi. Aunque su carrera como compositor abarca prácticamente los mismos años que la de Williams, el número de sus composiciones es manifiestamente mayor. Más de medio millar de bandas sonoras, más de veinte en algunos años de las décadas de los sesenta y setenta, entre películas, telefilms, series y documentales. Una extensísima y fatigosa carrera que inició como arreglista de grandes voces de la canción popular italiana, como Gino Paoli, Gianni Morandi, Jimmy Fontana o Mina, que más tarde se extiendió también a internacionales como Joan Baez, Paul Anka o más recientemente Amii Stewart. Posee además un interesante catálogo de música contemporánea en el que se atisba un autor más comprometido y atrevido con los dictámenes de la música de vanguardia, aunque los resultados no siempre vayan de la mano de la calidad exigida.

La de Morricone es una carrera de géneros, del spaghetti-western que le dio popularidad con Segio Leone y su trilogía del dólar (Por un pulado de dólares, La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo), luego revalidada con la trilogía americana (Hasta que llegó su hora, ¡Agáchate, maldito!, Érase una vez en América) y muchos más que compuso para directores como Sergio Corbucci, con Los compañeros a la cabeza, paradigma de la desvergüenza desplegada por el autor en muchas de sus partituras. También el giallo o terror alla’italiana, especialmente de la mano de Dario Argento (El pájaro de las plumas de cristal, El gato con nueve colas) y el policiaco francés (El clan de los sicilianos, El marginal), así como la comedia picantona al estilo de Supongamos que una noche, cenando… y su famosa bossa nova, o directamente erótica, como Maddalena, así como el cine de denuncia social y política que tanto proliferó en la Italia de aquellos setenta, como Investigación de un criminal libre de toda sospecha o La clase obrera va al paraíso. Algunos descubrimos a Morricone a través de melodías tan hermosas como la que compuso para Por las antiguas escaleras, luego inmortalizada por Dulce Pontes en un conmovedor Barco abandonado, mientras otros lo hicieron de la mano de dos grandes creadores como Bertolucci (Novecento, Antes de la revolución, La tragedia de un hombre ridículo) o Pasolini (Las mil y una noches, El Decamerón, Saló o los ciento veinte días de Sodoma), o más recientemente el sentimental Giuseppe Tornatore, a quien le debemos la sensible y popular Cinema Paradiso, la sobria Una pura formalidad o la inquietante La mejor oferta.

Hollywood tardó algo en rendirse a sus pies, y lo hizo con obras memorables como Días del cielo de Terence Malick, su primera nominación al Oscar, Los intocables de Eliot Ness, primera de sus colaboraciones con Brian de Palma, La cosa de John Carpenter, una de las bandas sonoras más enigmáticas del cine de ciencia ficción de los ochenta, o Bugsy de Barry Levinson. Pero sin duda es La misión de Roland Joffé la película que le proporcionó mayor rédito, convirtiéndose en una de las bandas sonoras más vendidas de todos los tiempos, donde combinó sinfonismo tradicional e inspirado melodismo típicamente morriconiano con percusión étnica y coros religiosos, con resultados ciertamente espectaculares. Aquel era un Oscar cantado que le arrebató un icono del jazz afroamericano, Herbie Hancock, por coordinar y arreglar los temas incluidos en la banda sonora de Alrededor de la medianoche de Bertrand Tavernier. Quentin Tarantino se convirtió prácticamente desde su primera película en ferviente admirador de Morricone, incluyendo en casi todas sus bandas sonoras algún título extraído de sus múltiples spaghetti westerns, hasta que en Django desencadenado logró que le compusiera una canción original, y en Los odiosos ocho que se hiciera cargo de su primera banda sonora íntegramente original, lo que le valió por fin el Oscar en competición, nueve años después de merecer uno honorífico. El Princesa de Asturias, dos años después de celebrar su última gira internacional, se une ahora a un excelente palmarés y una vida extraordinaria que ha dejado un legado indeleble y proporcionado, como Williams, toneladas de placer a melómanos y melómanas de todo el mundo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 12 de mayo de 2020

STAR WARS EN DESESCALADA

El pasado 15 de marzo Constantino Martínez-Orts y su Film Symphony Orchestra tenían previsto repetir en Fibes el concierto que ya ofrecieron el 16 de noviembre del año anterior. Después de ocho años y nueve giras la demanda ha crecido descomunalmente y se cuentan por pares, en el caso de auditorios tan grandes como el nuestro, e incluso tríos y cuartetos si el aforo es menor, los días que programan sus conciertos en cada ciudad. En un principio aplazaron la fecha al 19 de junio, pero los pronósticos no son nada halagüeños y finalmente han decidido suspender la gira y centrarse en la próxima, a celebrar si es posible en octubre próximo. Entonces volverán, así lo esperamos, a recorrer las principales plazas de España y Portugal, llevando la música de cine más alegre y espectacular, servida con entusiasmo y mucha vocación.


Mientras tanto el pasado 4 de abril, Día Internacional de Star Wars, algo que seguramente a mucha gente se nos escapa pero no ciertamente a las legiones de fans con que cuenta la saga, la orquesta volcó en internet un video grabado cada uno y una en su casa, guardando debidamente las medidas de seguridad a las que esta pandemia nos ha sometido, en el que interpretan un tema icónico de la serie y de sus conciertos, con el que siempre terminan el bloque de propinas que adornan cada uno de sus conciertos. Se trata del jovial Cantina Band de La guerra de las galaxias, en una versión ya definitivamente suya en la que se combina el sinfonismo, cuerda incluida, con el estilo big band con resultados altamente espectaculares. A la música de siete de sus episodios dedicaron la gira de 2017, mientras su autor, el incombustible John Williams, fue objeto de un programa doble en la de 2018-2019. Tanto en uno como en otro homenaje, los fans de Williams y Star Wars han lucido siempre sus originales atuendos y espadas láser, dando al evento un aspecto decididamente fiestero y desenfadado.

Un sinfín de ediciones y grabaciones

Aún hoy día el de La guerra de las galaxias, entendiéndose como Episodio IV: Una nueva esperanza, sigue siendo el disco de música instrumental sinfónica más vendido de la historia. A su autor le valió un tercer Oscar, segundo como compositor (el primero lo obtendría como arreglista de El violinista en el tejado) tras Tiburón dos años antes. Ganó también tres Grammys y una popularidad imperecedera hasta ahora, aunque sus colaboraciones con Spielberg y el resto de su valiosa filmografía seguiría reservándole un lugar privilegiado en el Olimpo de los compositores de cine y del siglo XX en general. La grabación de su banda sonora se realizó a final del primer trimestre de 1977 en Londres, con la Sinfónica de la ciudad y Eric Tomlinson como ingeniero de sonido, a quien Williams conoció con ocasión de la grabación de la adaptación del musical de Harnick y Bock El violinista en el tejado. Tomlinson se había labrado un prestigio en la profesión con los primeros títulos de James Bond que no se vio reflejado en la calidad de sonido de sus trabajos con Williams, especialmente La guerra de las galaxias, Superman, Dracula y En busca del arca perdida. Eso provocó que tras el lanzamiento del doble álbum de la banda sonora de las aventuras galácticas, con casi hora y cuarto de música convenientemente estructurada en su mayoría en temas de concierto que facilitara la audición, numerosos directores y orquestas se aventuraran a grabar selecciones de la música de Williams inspirada en Korngold, Stravinsky y otros clásicos, que mejoraran la calidad del sonido e hicieran más placentera su escucha. Especialmente memorables fueron las grabaciones de Zubin Mehta y Los Angeles Philharmonic y Charles Gerhardt y National Philharmonic Orchestra, realizadas apenas unos meses después de la edición oficial, incluyendo en cada caso treinta minutos de temas imprescindibles de la película. Con el tiempo el propio John Williams ha dirigido a la orquesta de la que ha sido titular durante muchos años, la Boston Pops, así como a una versión de la Filarmónica de Los Angeles bautizada como Skywalker Symphony Orchestra, en antologías de las tres primeras entregas estrenadas de la saga, las más legendarias. También Varujan Kojian y la Sinfónica de Utah, así como Nic Raine y la Filarmónica de la Ciudad de Praga, han grabado antologías de la saga, extendiéndose en el caso de la segunda hasta La venganza de los Sith, con resultados no siempre satisfactorios pero en cualquier caso muy respetuosos con las partituras originales. También clásicos populares como Gustavo Dudamel y Anne-Sophie Mutter se han acercado al universo galáctico de Williams en celebrados conciertos y grabaciones, con el interés añadido del primero, que incluso ha llegado a dirigir parte de las bandas sonoras de las últimas tres entregas de la saga.

Keith Lockhart, que sucedió a Williams en la dirección musical de la Boston Pops, grabó en 2017 una amplia suite del episodio VII, incluido en su álbum Lights, Camera… Music! Six Decades of John Williams. La más completa antología editada hasta el momento es la que lanzó el año pasado Robert Ziegler, habitual arreglista, orquestador y director de bandas sonoras épicas de la actualidad, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Eslovaca, incluyendo el tema Han Solo and the Princess según arreglo propio e inédito de Williams, a quien parece nunca le gustó el arreglo de concierto que otros grabaron en su momento y que ampliaba la escuálida y fragmentaria representación que este hermosísimo tema tenía en la banda sonora de El imperio contraataca. De Ziegler es también la única regrabación del Tema del trono y títulos finales que respeta su formato original, ya que de siempre se ha optado por su versión de concierto, que amplía en dos minutos la original. Con el tiempo las míticas bandas sonoras de las tres primeras películas estrenadas se han ido reeditando en distintas versiones y aprovechando acontecimientos puntuales.

Con ocasión del décimo aniversario del fin de la primera trilogía, la primera en estrenarse, en 1993 Fox Records editó un cuádruple álbum con las bandas sonoras ampliadas de cada título previamente editado por RSO en discos LP dobles, La guerra de las galaxias y El imperio contraataca, y sencillo El retorno del Jedi. Parte de las versiones de concierto desaparecieron en esta caja especial más centrada en la música según sonaba en las películas, con un cuarto CD dedicado a extras y versiones alternativas. En 1997 Lucas aprovechó los notables avances tecnológicos introducidos por Terminator 2: El juicio final y Parque Jurásico para relanzar la saga notablemente mejorada en efectos visuales, ante la inminencia del estreno del primer episodio, La amenaza fantasma, en 1999. Como consecuencia de esto volvieron a editarse las bandas sonoras de los episodios IV, V y VI, debidamente ampliados a hora y media de duración por título y con mayor respeto al orden y aspecto de cada secuencia. Finalmente, en 2004, coincidiendo con el estreno próximo de La venganza de los Sith, Sony editó de nuevo cada una de las tres primeras bandas sonoras mejorando el sonido y redistribuyendo y ampliando la selección. Hoy es Disney quien administra todo el legado de la saga y no ha perdido la oportunidad de volver a editar las seis bandas sonoras ante el estreno de la última trilogía, respetando en este caso los contenidos y el orden de las ediciones originales. Martínez-Ortz y la FSO también publicaron en su momento su revisión de los temas principales de la saga hasta El despertar de la fuerza, grabado en directo durante su gira de 2017, aportando así su particular granito de arena a tan suculento pastel de versiones, colecciones y regrabaciones.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 31 de diciembre de 2019

LLENO TOTAL PARA ESCUCHAR MÚSICA DE CINE

Royal Film Concert Orchestra. Kynan Johns, dirección. Programa: The Music of Ennio Morricone, Hans Zimmer & John Williams. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de diciembre de 2019

Saludamos la iniciativa del periódico La Razón y el Teatro de la Maestranza de ofrecer programas tan navideños y familiares como los que nos acompañan estos últimos días del año en el coliseo sevillano. Echando mano de la producción de la Fundación Excelentia y su orquesta titular, la Clásica Santa Cecilia, que muta de nombre según el repertorio a interpretar y si lo hacen en su sede madrileña o fuera de ella, la pasada noche el programa estuvo centrado en tres de los más grandes compositores de música cinematográfica vivos y que cuentan con mayor número de seguidores. Se da la circunstancia de que tanto Morricone como Zimmer han celebrado conciertos multitudinarios en nuestro país durante el año que está a punto de extinguirse. The World of Hans Zimmer es un mastodóntico evento que ha visitado Madrid en dos ocasiones en 2019, la última hace apenas unos días, mientras el genial compositor italiano visitó según parece por última vez la capital española la pasada primavera. Williams está siempre de celebración, y el registro que acaba de publicar junto a Anne-Sophie Mutter y que le llevará en apenas dos semanas al Musikverein de Viena, así como su reciente banda sonora para el último episodio de La guerra de las galaxias, lo mantienen en activo aún a sus ochenta y siete años.

La Orquesta Clásica de Santa Cecilia está integrada por músicos muy jóvenes, lo que siempre aplaudimos desde estas páginas por cuanto ofrece a quienes tienen toda una carrera por delante la oportunidad de practicar y perfeccionar tanto técnica como expresividad. Para los valses y polcas que ofrecerán esta noche adoptan el nombre de Sinfónica de España, mientras que en el apartado cinematográfico utilizan el muy rimbombante Royal Film Concert Orchestra. En ambos casos es el muy voluntarioso director australiano asentado en España Kynan Johns quien la dirige, con resultados más correctos y discretos que sobresalientes. A su mando tiene una reducida plantilla, unos sesenta maestros y maestras, no siempre apropiada para las partituras, algunas de ellas realmente mastodónticas, que ofrecen prestaciones satisfactorias en metales y maderas, una cuerda más ajustada en el registro agudo que en el grave, donde falta algo más de cuerpo, y unos solistas competentes, aunque la percusión tiende a sobresalir de tal manera que ahoga al resto del conjunto y le resta sutileza, como pasó en las morriconianas El bueno, el feo y el malo y La muerte tenía un precio, con la particularidad en ambas de contar con un divertido acompañamiento vocal de los y las propias integrantes de la plantilla, en plan Cantori Moderni di Alessandroni.

Entre los solistas, la concertino se esmeró en tono y registro con La lista de Schindler, y aunque no llegó a conmover, resultó solvente, disciplinada y con un sonido adecuadamente aterciopelado. En La misión fue la joven oboísta quien realizó una competente versión del famoso Tema de Gabriel, con el que orquesta y batuta desplegaron un amplio vuelo lírico, como ya antes habían hecho con el tema de amor de Cinema Paradiso, en realidad acreditado al hijo de Ennio, Andrea, y el muy hermoso Tema de Jill de Hasta que llegó su hora. Menos afortunados estuvieron en la vibrante Los intocables de Eliot Ness, que sonó algo deslavazada y falta de vigor. Con Zimmer también prestaron sus facultades vocales imitando animales varios en la divertida y desenfadada Madagascar, mientras imprimieron aplomo en Interstellar, con el pianista sustituyendo ejemplarmente al órgano, y misterio a una insuficiente suite de El caballero oscuro. Mejor y más completa resultó la que interpretaron con gracia y energía de Piratas del Caribe, aunque se célebre tema principal no sea de Zimmer sino de Klaus Badelt, como tampoco lo son las canciones de un Rey león incluido en el programa a través de la música de Elton John y no del score original del homenajeado.

Un decepcionante tema de las bicicletas de E.T., sin apenas vuelo lírico ni emoción, como tampoco tuvo la sensacional música de Hook, unos competentes Parque Jurásico y Marcha Imperial de El imperio contraataca, así como unos correctos Harry Potter y Superman completaron con John Williams este singular concierto diseñado para disfrute en familia y dar rienda suelta a sus jóvenes intérpretes, así como cubrir expediente navideño y mantener nuestro templo de la música abierto también en Navidad, como también harán en el Teatro Real y el Auditorio Nacional mañana y los primeros días de un 2020 que auguramos feliz para todos ustedes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 3 de septiembre de 2012

JOHN WILLIAMS EN RADIÓPOLIS (y 3)

Anteriores programas:  http://pantallasonora.blogspot.com.es/2012/07/john-williams-en-radiopolis-1.html
http://pantallasonora.blogspot.com.es/2012/08/john-williams-en-radiopolis-2.html


2-9-2012 Comenzamos nuestro tercer mes dedicado a repasar las bandas sonoras de John Williams con la música que compuso para el drama épico de Jean-Jacques Annaud Siete años en el Tíbet, a la que siguen dos nuevas colaboraciones con Spielberg, Amistad y Salvar al soldado Ryan. Después escuchamos Quédate a mi lado de Chris Columbus, Las cenizas de Ángela de Alan Parker, La amenaza fantasma (primer episodio de La guerra de las galaxias) de George Lucas, y El patriota de Roland Emmerich.



Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams10

9-9-2012 En el undécimo programa dedicado a la música de cine de John Williams, escuchamos temas y selecciones de películas como Inteligencia Artificial, Minority Report y Atrápame si puedes, las tres dirigidas por Spielberg; las dos primeras entregas de las aventuras de Harry Potter, La piedra filosofal y La cámara secreta; y el segundo capítulo de Star Wars de George Lucas, El ataque de los clones.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams11

16-9-2012 Acercándonos ya al final de este exhaustivo repaso que estamos haciendo a la filmografía de John Williams, en el año de su 80 cumpleaños, le toca el turno a la tercera y última de sus aportaciones al universo de Harry Potter, El prisionero de Azkabán. También escuchamos música de los films de Spielberg La terminal y La guerra de los mundos, además de la tercera entrega de la saga de las galaxias, La venganza de los Sith y de la adaptación del éxito de ventas de Arthur Golden Memorias de una geisha.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams12_184

23-9-2012 En este penúltimo programa repasamos sus últimas bandas sonoras, a falta de que nos llegue la de Lincoln, su último trabajo de nuevo a las órdenes de Spielberg, director del que ofrecemos en esta ocasión música de Munich, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, y Caballo de batalla. Completamos esta emisión con música compuesta para los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002 y los de Verano de Atlanta de 1996.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams13

30-9-2012 Dedicamos el décimo cuarto y último de los programas que hemos dedicado a John Williams durante todo el verano a escuchar algunas de sus composiciones para salas de concierto. En concreto prestamos atención a su Concierto para violín, el primer movimiento de su Concierto para fagot "The Five Sacred Trees", el movimiento final de An American Journey y su Canción para la paz mundial (Song for World Peace), esperando que todos estos especiales hayan sido de su agrado.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams14_742

lunes, 6 de agosto de 2012

JOHN WILLIAMS EN RADIÓPOLIS (2)

Anteriores programas http://pantallasonora.blogspot.com.es/2012/07/john-williams-en-radiopolis-1.html

5-8-2012 Proseguimos también en agosto con los especiales dedicados a John Williams cuando se conmemoran 80 años de su nacimiento. En esta ocasión escuchamos música de la versión de Drácula de 1979; las secuelas de La guerra de las Galaxias, El imperio contraataca y El retorno del Jedi; la primera entrega de las aventuras de Indiana Jones, En busca del arca perdida; la inimitable E.T. El extra-terrestre; la desconocida cinta de ciencia-ficción Heartbeeps; los dramas Monseñor y Cuando el río crece; y la canción que Pavarotti interpreta en la banda sonora de la película que él mismo protagonizó, Sí Giorgio.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams6

12-8-2012 En 1984 Spielberg estrenó la segunda entrega de las aventuras de Indiana Jones, esta vez en el Templo Maldito; en 1985 creó la serie de televisión Cuentos asombrosos, de la cual dirigió dos episodios, La misión y El tren fantasma; y en 1987 llegó a las pantallas de todo el mundo El imperio del sol. A todos estos trabajos le puso música su inseparable Williams, que además en estos años ilustró S.O.S. Equipo azul y Las brujas de Eastwick, y mostró su lado más intimista en El turista accidental.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams7

19-8-2012 En este octavo programa especial dedicado a la música para el cine de John Williams, repasamos títulos como Nacido el cuatro de julio y JFK, ambas dirigidas por Oliver Stone; Solo en casa y su secuela, ambas de Chris Columbus; dos cintas dirigidas por dos clásicos de Hollywood: Cartas a Iris de Martin Ritt y Presunto inocente de Alan J. Pakula; y por supuesto sus colaboraciones con Spielberg, Indiana Jones y la última cruzada, Always y Hook.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams8

26-8-2012 Con la música de Williams para la película de Ron Howard Un horizonte muy lejano comenzamos este noveno programa dedicado al compositor, en el que también escuchamos música de Parque Jurásico, La lista de Schindler, Sabrina y sus amores, Nixon, Sleepers, El mundo perdido y Rosewood.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams9

miércoles, 11 de julio de 2012

JOHN WILLIAMS EN RADIÓPOLIS (1)

1-7-2012 Durante todo el verano, los meses de julio, agosto y septiembre los vamos a dedicar a repasar la filmografía de John Williams, en el año en el que ha cumplido 80 años. Sus primeros años, cuando se llamaba Johnny Williams, son recorridos en este primer programa, con temas de Código del hampa, Perdidos en el espacio, Todos eran valientes, Cómo robar un millón y..., Penélope, Una dama entre vaqueros y El túnel del tiempo, entre otras películas y series de televisión.



Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams1_796

8-7-2012 Continuamos nuestro repaso cronológico por las bandas sonoras de John Williams con Guía para el hombre casado, al que siguen Cuidado con el mayordomo, Heidi, El valle de las muñecas, Tierra de gigantes, Adiós Mr. Chips, Los rateros, Jane Eyre y El violinista en el tejado, donde nuestro homenajeado ejerció labores de arreglista y director orquestal.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams2_683


15-7-2012 Entre 1972 y 1974 el nombre de Williams empezó a ser más conocido y a cosechar mayores reconocimientos. En estos tres años compuso la música de películas como John Wayne y los cowboys, Images, La aventura del poseidón, Permiso para amar hasta medianoche, Un largo adiós, El hombre que amó a Cat Dancing, Vida de estudiante, Las aventuras de Tom Sawyer y Conrack.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams3_202

22-7-2012 Entramos de lleno en la década que consagró definitivamente a John Williams como compositor muy a tener en cuenta y ejemplo ya a imitar por nuevas generaciones de músicos cinematográficos. Son los años de sus dos máximas aportaciones al cine de catástrofes, Terremoto y El coloso en llamas; de su primera colaboración con Spielberg, Loca evasión, y el gran hito que supuso Tiburón; así como de sus trabajos para Hitchcock, La trama, Eastwood, Licencia para matar, y Arthur Penn, Missouri.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams4_59

29-7-2012 En esta quinta entrega de los especiales dedicados a John Williams recorremos títulos como Domingo negro, Tiburón 2 y La furia, única película de Brian de Palma a la que puso música. Pero sobre todo tenemos la ocasión de escuchar temas de dos colaboraciones con Spielberg, Encuentros en la tercera fase y 1941, su espléndida partitura para el primer Superman, y especialmente la que compuso para La guerra de las galaxias en 1977.


Descarga http://archive.org/details/PantallaSonora2012JohnWilliams5_905