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sábado, 28 de enero de 2023

LA ROSS CABALGA ENTRE AVENTURAS ÉPICAS Y GOYAS

Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. David Hernando, dirección. Programa: Suites de Ben-Hur (Rózsa), El señor de los anillos: La comunidad del anillo (Shore), Robín Hood, Príncipe de los ladrones (Kamen), Capitán Trueno (Ivars), El primer caballero (Goldsmith), Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo (Beristain), Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (Gregson-Williams), Tadeo Jones 3: La tabla esmeralda (de la Riva), King Kong (Newton Howard), Cómo entrenar a tu dragón (Powell), Hook (Williams), Historia de nuestro cine (Algueró), Carmen (Nieto), El buen patrón (Montes), La sombra de la ley (Riveiro y Font), Mediterráneo (Bataller), Baby (Mendizábal y Uriarte), En la ciudad sin límites (Reyes), La piel del tambor (Baños), El verano que vivimos y Orígenes ocultos (Jusid). Cartuja Center, jueves 26 y viernes 27 de enero de 2023


La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofició su anual cita con las bandas sonoras en el Cartuja Center, dentro de la segunda edición del
Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla, promovido por el músico y profesor Francisco Cuadrado y organizado por la Universidad de Loyola en colaboración con la orquesta, que para la ocasión se transmuta en Sevilla Film Orchestra, y la plataforma digital Soundtrackfest. Una cita que este año se asoció directamente con la ceremonia de entrega en la ciudad de los Premios Goya el próximo sábado 11 de febrero, y que contó por ello también con el apoyo de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. La participación en el evento de destacados compositores de bandas sonoras como Roque Baños, Zeltia Montes, Pablo Cervantes, Víctor Reyes, Bingen Mendizábal, Joseba Beristain, Luis Ivars, Zacarías M. de la Riva, Federico Jusid, Arnau Bataller y el venerado José Nieto, así como la batuta experimentada de David Hernando Rico, sirvieron de reclamo y legitimación para un evento que aspira a consolidarse en los próximos años y recuperar para Sevilla el liderazgo que hace tiempo tuvo en la materia.

La Sinfónica lleva una agenda apretadísima, con el todavía reciente ballet completo de Romeo y Julieta, el concierto doble de Chaikovski la pasada semana, los ensayos de Jenufa y el acompañamiento de El maquinista de la general en el Lope de Vega la próxima semana. Enfrentarse a tantas y variadas bandas sonoras en dos días y en estas circunstancias es una tarea titánica de la que los maestros y maestras salieron airosas no sin atisbo de fatiga que se pudo apreciar en cierto desdén, sobre todo en metales, aunque nunca en un sonido global acertado en cuanto a la peculiar estética fílmica, y muy atento a los matices y registros que demandan cada una de las partituras convocadas. En un primer concierto, el jueves, David Hernando, que junto a la Orquesta de Bratislava que él mismo fundó a principios de este siglo, ha grabado muchas de las bandas sonoras del cine español de estos últimos veinte años, condujo a la Sinfónica por grandes aventuras épicas del cine de Hollywood y el nuestro propio, en una combinación que evidenció la influencia de los grandes maestros del cine americano en los de nuestro país, sobre todo en lo que a atmósfera y orquestación se refiere. La ROSS transmitió calidez y majestuosidad en una generosa suite de Ben-Hur de Mikós Rózsa que Hernando sin embargo encaró con tempi rápidos en pasajes como el tema de amor, algo que también acusó en el emotivo Camelot Lives de El primer caballero de Jerry Goldsmith y el maravilloso vuelo que John Williams preparó para su Boston Pops a partir de Hook. Con estos dos grandes de la música compartieron la suya Luis Ivars, Joseba Beristain y Zacarías M. de la Riva, demostrando profesionalidad y buen pulso para ilustrar de forma siempre enérgica y sentido de la dramaturgia las películas de animación Elcano y Magallanes y la tercera entrega de Tadeo Jones, así como nuestra incursión en el cómic con Capitán Trueno, abordadas siempre desde una estética grandilocuente que el ingenio de Hernando cuidó de no convertir en meros fuegos artificiales.

Los protagonistas del jueves

Herrando estuvo atento también al lirismo de James Newton Howard para King Kong, el jovial folclorismo de John Powell en Cómo entrenar a tu dragón, la sobria elegancia de Harry Gregson-Williams para Las crónicas de Narnia y el aliento a rock sinfónico de Michael Kamen en un brevísimo tema de El príncipe de los ladrones que supo a muy poco. Lo peor vino de la mano de una suite deslavazada y mal ensamblada de El señor de los anillos (Howard Shore) que mantuvo a una jovencísima vocalista largos minutos frente a la orquesta sin entonar hasta el final, cuando transformó la que debía ser una voz blanca y neutra en pura exhibición soul. Inexplicable el horroroso arreglo elegido para Los siete magníficos como propina, muy alejado del espíritu de su autor, Elmer Bernstein. Menos mal que el entuerto se arregló con un inspirado potpurrí de lo más popular de Williams (Star Wars, Tiburón, Superman, Harry Potter, Indiana Jones y E.T.) en calidad de segunda propina.

Noche de Goyas

Íntegramente dedicado a los Goyas, el concierto de ayer viernes contó con Antonio Dechent como presentador-lector, arrancando a modo de obertura con una espléndida suite de músicas del legendario Augusto Algueró para cintas protagonizadas por Carmen Sevilla (La fierecilla domada en perfecto estilo Max Steiner, y El secreto de Mónica), Joselito (El ruiseñor de las cumbres), Marisol (Cabriola) y Concha Velasco (Las chicas de la Cruz Roja), brillando especialmente estas dos últimas por su popularidad y sensibilidad, de las que Hernando y la Sinfónica sacaron perfecto provecho acertando en el tono y la armonía exactas. Es una práctica habitual en muchos festivales de este género, como el World Soundtrack Awards de Gante, que se proyecten secuencias de las películas cuya música ha sido programada. Así sucedió anoche, con Paz Vega y la Fábrica de Tabacos luciendo tras los acordes de Carmen del veterano José Nieto, cuya música ya sonó en uno de los primeros Encuentros de Música de Cine, allá por 1989 en el Lope de Vega. También Javier Bardem asomó tras la sarcástica y caricaturesca música de Zeltia Montes para El buen patrón, claramente inspirada en la de Williams para La terminal. Esta fue la única banda sonora de las interpretadas que ganó un Goya, mientras la mayoría de las demás fueron nominadas en su momento, como es el caso de Manuel Riveiro y Xavi Font para la superproducción La sombra de la ley, cuya variada partitura tuvo excelentes embajadores en los maestros y maestras de la ROSS.

David Hernando Rico. Foto: Marina Casanova

Con un inquietante crescendo dio comienzo la suite, como otras especialmente preparada para la ocasión, de Mediterráneo de Arnau Bataller, que dio paso a un exquisito bloque sentimental con el lirismo de Bingen Mendizábal, recuperado por un Juanma Bajo Ulloa también presente en la sala, para su particular Baby, donde su música en colaboración con Koldo Uriarte lleva la carga narrativa ante la ausencia de diálogos, o ese precioso tema final de Víctor Reyes para En la ciudad sin límites, sin soporte videográfico, al igual que El verano que vivimos, que se interpretó junto a Orígenes secretos, ambas de Federico Jusid. Piezas que disfrutaron de solos excelentes de Tatiana Postnikova al piano, Dirk Vanhuyse al violonchelo, Juan Ronda a la flauta y Nazar Yasnytskyy al violín, ejerciendo además de concertino, sin olvidar el estupendo trabajo de los contrabajos, que aun en número limitado de cuatro lograron dotar a la Sinfónica de su cuerpo característico. Con esa fotogénica Sevilla de nuevo como escaparate inigualable, La piel del tambor de Roque Baños puso de manifiesto la habilidad del compositor para generar inquietud a través de melodías inimitables. Con la plana mayor de los compositores cinematográficos españoles sobre el escenario del Cartuja Center terminó esta esforzada e inspiradora cita de la segunda edición del Festival de Música de Cine de Sevilla.


Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 27 de noviembre de 2021

LA ROSS VUELVE AL CINE

I Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Timón e Iván Palomares, directores. Programa: Obras de Arturo Cardelús, Pablo Cervantes, Luis Ivars, Pascal Gaigne, Sergio Moure de Oteyza, Iván Palomares, Manel Santisteban, Zacarías Martínez de la Riva, Manuel Gil-Inglada, Vanessa Garde, Iván Martínez Lacámara, John Williams y Ennio Morricone. Cartuja Center Cite, jueves 25 y viernes 26 de noviembre de 2021

La ROSS en el Cartuja Center Cite

Muchos y muchas de las maestras de la Sinfónica de Sevilla recordarán sin duda con orgullo y emoción aquellas ocasiones en las que maestros de la composición cinematográfica como Jerry Goldsmith, Howard Shore, Elmer Bernstein o el mismísimo Ennio Morricone al que esta vez rindieron homenaje, se pusieron al frente de la formación hispalense. Delerue y Jarre se adelantaron en su visita a la creación de la orquesta, y Barry no pudo dirigirla a casusa del lamentable suceso de la Ópera de la Bastilla en plena Expo 92. Pocas orquestas pueden enorgullecerse de haber prestado sus servicios a tan digna nómina de grandes de la música de cine. Solo faltó John Williams, al que se han acercado en muchas ocasiones pero bajo otras batutas, como sucedió en esta ocasión. El maestro, único en su especie en el mundo del espectáculo, ahora que acaba de dejarnos el insigne Stephen Sondheim, pasea ahora su talento por las mejores orquestas europeas, las Filarmónicas de Viena y Berlín, y se codea con artistas de la talla de Anne-Sophie Mutter, Itzhak Perlman o Yo-Yo Ma, mientras otros grandes pendientes como Hans Zimmer montan sus propios espectáculos de luz y sonido en giras por todo el mundo al más puro estilo de las estrellas del rock.

En los ochenta montar un festival de estas características era una temeridad y gesto de auténtica valentía por su originalidad y su talante pionero. Veinte años después esa gesta se la llevó el viento. Para entonces eran ya muchos los certámenes del género que se celebraban en el mundo, solo en España destacan Fimucité en Tenerife y el Festival de Úbeda, luego reubicado en Córdoba y Málaga y reconvertido en Cinefan de Úbeda. Allí se atrevieron a montar algo parecido a la cita sevillana pero bajo el concepto de encuentros entre la industria y la afición y una profusa intervención de los compositores convocados. Algo parecido es lo que propone, con toda la pasión y entusiasmo que la empresa exige, el también compositor y agitador cultural Francisco Cuadrado, que con la complicidad de Gorka Oteiza han montado este primer festival que saluda también a una ROSS de nueva vía, la de Sevilla Film Orchestra, quizás como queriendo recuperar una oportunidad perdida, la que acarició hace treinta años Elmer Bernstein (Los diez mandamientos, Los siete magníficos) cuando reparó en nuestra orquesta para grabar soundtracks clásicos. Una propuesta que la orquesta entonces declinó por considerarlo un abaratamiento de sus posibilidades y exigir honoraros inasumibles, y que acabó recayendo en orquestas del este, las mismas a las que recurren nuestros cineastas para grabar las bandas sonoras de sus películas. Se trata ahora de evitar ese éxodo, pero ya se nos han adelantado en el norte, donde orquestas vascas y gallegas se encargan de sus propias producciones y de recuperar clásicos de, por ejemplo y nada más y nada menos, Bernard Herrmann.

Por un puñado de compositores españoles

Marc Timón
Los dos conciertos que ilustraron estas primeras jornadas de talleres, conferencias y encuentros en los que se ha basado este primer festival, utilizaron el reclamo de John Williams y Ennio Morricone, apuestas siempre seguras, y si no que se lo digan a Martínez-Orts y su Film Symphony Orchestra, para introducir un buen puñado de compositores, y una compositora, de cine español, en su mayoría poco conocidos para el público en general y que además eligieron para dar forma de suites títulos poco o nada identificables. Como resultado tuvimos la constatación de que hay hoy en nuestro país una corriente de composición que se ha empapado de la música hollywoodiense, ha aprendido a orquestar y manejar ritmos y atmósferas de una forma casi inédita en nuestro país. Por el contrario aun no dominan el arte de la melodía, tan fundamental a lo largo de la historia del cine para identificar películas a través de la música. La orquesta, que tuvo en el pasado la oportunidad de dirigir a los grandes de nuestro país como Carles Cases, Bingen Mendizábal, Roque Baños, Fernando Velázquez o Alberto Iglesias, y apenas surgió después de que la música de José Nieto sonara de la mano de la Sinfónica de Madrid, pudo apreciar sin duda este particular, lo que no fue óbice para plegarse a las múltiples sensibilidades surgidas de los pentagramas y ofrecer brillantes versiones de su música, adoptando para ello un sonido compacto y controlado a nivel expansivo, muy acorde a la estética cinematográfica

Así, el estreno de The Dark Passenger, una obra cuya fuente desconocemos, descubrió a un joven Arturo Cardelús dotado para la tensión dramática y la orquestación épica, tanto como el ya veterano aun siendo todavía joven Pablo Cervantes, el sevillano que tantas melodías creó para Garci y que ahora se pliega también a las bandas sonoras de acción e intriga (Asesinos inocentes) tanto como al lirismo inherente al documental de Laura Hojman sobre Rubén Darío, Tierras solares. Más veterano, el polifacético Luis Ivars recuperó Tabarka, un thriller político de 1996 cuya amable banda sonora participa más de un estilo compositivo autóctono y personal, antes de la invasión definitiva americana. Y en esa misma línea pudimos disfrutar de la música del francés afincado en el País Vasco Pascal Gaigne, que no eligió para la ocasión ninguno de sus trabajos para Arregi y Garaño (Loreak, Handia, La trinchera infinita) sino dos partituras galas de inconfundible sabor mediterráneo, apacible y lleno de ternura. El terror psicológico y asfixiante de Extinction y la breve pero delicada sintonía de Seis Hermanas fueron las aportaciones de Sergio Moure, siempre servidas con la delicadeza y profesionalidad de la orquesta, destacando la sensibilidad de Tatiana Postnikova al piano, y con un eficaz trabajo del compositor y director de orquesta Marc Timón a la batuta.

Iván Palomares
En la segunda jornada, Iván Palomares tomó el relevo comenzando con una obra suya, The Calling, otro estreno del certamen, de tintes épicos y enfáticos muy alejado de la ternura de Bajo las estrellas, su trabajo más reconocido. Le siguió el romanticismo de Manel Santisteban, curtido en el jazz y el pop, siempre asociado a Mecano y La Década Prodigiosa, en Tres metros sobre el cielo, y de nuevo la acción más genuinamente americana en Bajo cero, un reciente thriller estrenado en la plataforma Netflix que tanto está alejando al público de las salas. A su autor, Zacarías M. de la Riva, debemos la dinámica música de Tadeo Jones, y con dibujos animados continuó Manuel Gil-Inglada con la inédita y tradicional Hullabaloo y la digital D’Artacan y los tres mosqueperros, en cuya suite incluyó la sintonía original para televisión compuesta por Guido y Maurizio de Angelis. De nuevo aires mediterráneos y desenfadados para La boda de Rosa de Vanessa Garde, cuyo trabajo adaptando a Vivaldi hemos podido disfrutar recientemente en la película Josefina, protagonizada por Emma Suárez. Y terminamos con la música de La casa de papel, una ejemplar y muy efectiva partitura que Martínez Lacámara presentó en forma también de suite. Todos los autores estuvieron presentes en estas dos galas especiales.

Williams y Morricone como brillantes reclamos

Susana Casas García de la Galana, y 
Nazar Yasnytskyy a la derecha
Programados cuando acababan de ser anunciados como ganadores del Príncipe de Asturias, y antes de que el irrepetible compositor italiano falleciese en plena pandemia, la música de John Williams y de Ennio Morricone, junto a todos los demás convocados, debió sonar en marzo pasado, pero las restricciones jugaron una mala pasada a Cuadrado y su equipo y tuvieron que posponer la cita hasta ahora. Marc Timón se encargó de dirigir la música de Williams, a quien conoce personalmente y con el que logró dibujar un perfil dinámico, lleno de fuerza y ritmo en bandas sonoras míticas como Tiburón o Parque Jurásico, donde echamos de menos unos metales más refulgentes. Características que también se dieron cita en el Tema de Ray de El despertar de la fuerza, el Scherzo para motocicleta y orquesta de Indiana Jones y la última cruzada, y la sintonía televisiva The Mission. Con la delicadeza de Postnikova y el lirismo de la cuerda se ofreció el tristísimo tema de Las cenizas de Ángela, y con la complicidad de unos espléndidos Nazar Yasnytskyy, concertino para la ocasión y violín solista, y de César Coryn Herwig al violonchelo, un delicioso Vals del presidente de Memorias de una geisha. De su propio cuño, Timón ofreció como propina el trabajo más largo de la velada, un homenaje a Williams en forma de suite inspirado en el estilo épico y lírico del compositor estadounidense que tituló The Beacon (El faro) en clara referencia a su influencia y talante inspirador. El inevitable Tema de Darth Vader o Marcha Imperial puso colofón al concierto del jueves, con una interpretación enérgica y de marcados acentos marciales por parte de una entregadísima Sinfónica.

Diego Villegas, y César Coryn Herwig a la izquierda
Más relajado fue el homenaje a Morricone, con Palomares desgranando con respeto y atención arreglos no siempre fieles a los originales de ¡Átame!, la aventura almodovoriana del compositor romano, los tres temas icónicos de Hasta que llegó su hora, con Diego Villegas emulando con acierto y vuelo lírico al Hombre de la armónica, y Susana Casas entonando el Tema de Jill al estilo de Edda dell’Orso con una perfecta entonación. La misión y Malena precedieron al Tema de Deborah de Érase una vez en América, de nuevo con Casas asumiendo el vocalise, y un brillante epílogo con los títulos finales de Los intocables de Eliot Ness. El fin de fiesta fue de lo más emocionante, con el medley de temas populares del cine que John Williams confeccionó para la gala de los Oscar de 2002, pura celebración de la emoción y la pasión por el cine y la música.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía