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| En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad |
Hans Zimmer vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.
Veníamos avisados de que el flamante edificio del empresario valenciano no contaba con las condiciones acústicas adecuadas, y así pudimos comprobarlo en un sobresaturado concierto de Zimmer y su fiel compañía. En esta tierra que amamos, se hacen obras faraónicas que no logran cubrir todas las expectativas, como una Ópera imperiosa y vanguardista que se permite, en alas de la belleza estética y la estructura clásica, contener localidades de visibilidad limitada o nula, y no pocas. Y de la misma forma, un palacio de deportes concebido también para espectáculos musicales, con una acústica imposible, que distorsiona y satura el sonido. Si se trata de Zimmer, con su propuesta súper decibélica, los resultados pueden llegar a ser puntualmente desastrosos.
Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.
La nueva etapa se llama The Next Level, y en ella reinventa muchos de los arreglos a los que ha sometido sus bandas sonoras más icónicas, con el fin de hacerlas digeribles en un espacio público y lograr, con la colaboración inestimables de unos músicos excelentes, que muchos temas suenen frescos y diferentes en cada comparecencia. Así ocurrió con El hombre de acero, con el que el guitarrista Guthrie Govan se marcó un impresionante solo, o el emocionante bloque dedicado a la África del apartheid, a la que el compositor puso música en varias producciones de sus primeros años, incluida Un mundo aparte, La fuerza de uno y El rey león. Las dos últimas sonaron en el Roig, con especial dedicación al film de Disney que le reportó su primer Oscar, aunque fuera a remolque de las canciones de Elton John.
Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.
Pero quizás el momento más extraordinario y emotivo lo vivimos con la suite de Interstellar, música a la que Zimmer dedicó unas palabras de presentación, asegurando que primero fue la música, como ilustración de un cuento dedicado a su hijo que Christopher Nolan le envió por carta, y que germinó en una película cuando el director escuchó los breves compases que Zimmer compuso para él. Unos compases que derivaron en una de las más fascinantes bandas sonora de todos los tiempos, una misa cósmica y mística en la que el órgano tiene una enorme relevancia, y que en concierto pierde parte de su majestuosidad tras los obligados arreglos, pero sigue manteniendo su capacidad de fascinación. Si encima el espectáculo se redondea con una acróbata suspendida en el aire, vestida con un traje de planchas reflectantes que expandían su luz a todos los rincones del lugar, la emoción y la sorpresa están más que aseguradas.
Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt.
Lástima que todo, o casi, sonara con esa distorsión denunciada, provocando a menudo más ruido que música, y que en esta gira haya prescindido del apartado sinfónico, resuelto con sintetizadores. Esperamos que este defecto se alivie con la acústica del Palau de Sant Jordi, mejor preparado para estas ocasiones. Pero nada logró ser un verdadero obstáculo para considerar ésta una cita memorable con la música, el cine y una leyenda absoluta, que pocos advertirían llegaría a serlo cuando debutó como líder de The Buggles y ese one hit wonder que fue Video Killed the Radio Star, o cuando acompañó a Mecano en una gira, antes de saltar a la fama con las bandas sonoras de Rain Man y Paseando a Miss Daisy.




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