sábado, 28 de marzo de 2026

EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL

Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026


Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.

De un misterio existencial

La obra de la catalana Raquel García Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición, parte del impresionismo francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar siguiendo cánones de la música cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.

Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives, por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez la trompeta solista y las maderas en las zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y envolvente que traduce muy bien esa desazón por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.


A la celebración lúdica

Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2 de Shostakovich, también conocida como Suite para orquesta de baile, y rebautizada como Suite para orquesta de variedades. Al margen del celebérrimo Vals nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.

Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular. Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un punto de vista estrictamente técnico, con solos excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing, y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto, a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.

Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta, según cada uno y una la considere, Candide de Leonard Bernstein, la pieza más redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.


Toda una leyenda del piano, un clásico del jazz moderno, el británico Wayne Marshall no vino para interpretar la Rapsodia en Blue programada para este noveno concierto de abono, sino que se trajo su propia Rapsodia en Blue, de forma que fue él, tanto o más que Macías, quien sentó las directrices a las habría de someterse la interpretación de la famosa pieza. La suya fue todavía más jazzística que la que hace años nos ofreció Michel Camilo, arrancando de forma tan acelerada que a algunos de los músicos pareció costarle seguirle el ritmo. Creímos por un instante que despacharía la pieza en un santiamén, hasta que justo antes del hermoso blues central, se embarcó en unas variaciones a modo de improvisadas candencias de su propia cosecha que alargaron considerablemente la pieza.

Volvió a hacerlo, para deleite de muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano, su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo todo el potencial jazzístico de una convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones sueltas. Lady Be Good, del musical homónimo, sirvió como propina para que Marshall la sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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