lunes, 30 de marzo de 2026

LA GRAN PASIÓN DE ARCANGELO

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Nick Pritchard, tenor (Evangelista); Alex Rosen, bajo (Cristo); Carolyn Sampson, soprano; Hugh Cutting, contratenor; Hugo Hymas, tenor; Thomas E. Bauer, bajo. Arcangelo. Jonathan Cohen, clave y dirección. Programa: La Pasión según San Mateo BWV 244, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de marzo de 2026

Alex Rosen y Arcangelo

Tan seguro que no hace falta ser creyente para emocionarse con las procesiones de Semana Santa ni con las películas bíblicas del Hollywood clásico, es que La Pasión según San Mateo nos transporta a otra dimensión, gracias al talento y la sensibilidad de su autor, pero también a esa iconografía religiosa de la que no podemos escapar ni los más críticos, especialmente cuando se trata de la Historia más grande jamás contada.

Así, como La Gran Pasión, se conocía este oratorio inmortal en el siglo diecinueve. Y así lo corroboró esta hermosísima versión que ha servido este año para cerrar con broche de oro el Festival de Música Antigua de Sevilla. Una espléndida mañana primaveral de Domingo de Ramos y un Maestranza casi lleno hicieron justicia a uno de los más hermosos oratorios jamás disfrutados en nuestra ciudad.

Rosen, Jonathan Cohen y Nick Pritchard

Hace años que el Femás cierra alternativamente con las dos pasiones de Bach. Éste hemos tenido la suerte de disfrutarlos ambos, abriendo el mes de marzo con la de San Juan de la mano de Andreas Scholl y Divino Sospiro, fuera del festival, y cerrándolo ahora con esta indescriptible y emocionante versión que de la de San Mateo han hecho Jonathan Cohen, la orquesta y coro Arcangelo y una plantilla inmejorable de solistas.

Dispuestos como está marcado, en formación de dos orquestas y dos coros organizados simétricamente, dialogando unos con otros, y con el clave de Cohen y el órgano de Tom Foster ejerciendo de bisagra, el coro de obertura, con su particular lamentación desplazándose de un lado al otro, ya captó por entero nuestra atención y nos preparó para toda la emoción y la admiración que iba a ir apoderándose de todos y todas. A partir de ahí, pura magia, puro drama y mucho, como nunca, sentimiento.

Cohen fue capaz de dosificar el numeroso conjunto convocado de manera que cada frase y cada matiz quedaran perfectamente expuestos, sin enmarañamiento y sin marcar en exceso los acentos y las tensiones. Fue quizás el toque británico, que no permite acrobacias innecesarias y se regocija en la mera partitura, el que procuró que el sonido fuera lo más elegante y hermoso posible, pero sin amaneramientos ni florituras innecesarias, aún echando mano de ritmos y texturas lo más próximos posibles al uso de instrumentos y técnicas históricamente informadas.

Solistas excepcionales

Carolyn Sampson

Una sensacional plantilla de solistas, y un no menos digno puñado de voces extraídas del coro para dar forma a los personajes de la narración, completaron una Pasión monumental y exquisita en todos sus aspectos. La voz rotunda y profunda, de timbre metálico, así como la convincente actuación del bajo estadounidense Alex Rosen, hizo de su Cristo un personaje tan atroz como escalofriante, toda una invitación a la reflexión. Por su parte, el tenor Nick Pritchard como Evangelista, compuso un narrador potente y de fuerza arrolladora allí donde el drama lo exigía.

Entre los personajes bíblicos, destacaron las voces graves y rotundas de Hugo Herman-Wilson como Judas y Patrick Keefe como Pilatos. Las arias fueron perfectamente entonadas por la soprano Carolyn Sampson, de voz algo pequeña pero ideal para cantar con tanto gusto y elegancia Ich will dir mein Herze schneken (Quiero entregarte mi corazón), el veterano bajo alemán Thomas E. Bauer, decididamente tremolante pero henchido de ternura en Mache dich (Purifícate), y el tenor británico Hugo Hymas, seguramente el timbre más bello de cuantos comparecieron, e igualmente con un fraseo exquisito y una sobrada proyección.

Hugh Cutting

Capítulo aparte merece el contratenor, también británico, Hugh Cutting, toda una sorpresa, de voz homogénea y un color perfecto, que logró con sus cinco arias estremecernos, especialmente con esos dos milagros melódicos que son Erbarme dich (Ten piedad de mí), acompañado con una dulzura extrema por los violines primero y segundo de la primera orquesta, y Können Tränen meiner Wangen (Si las lágrimas de mis mejillas), donde la cuerda de la segunda orquesta sonó majestuosa y piadosa, logrando que nuestras lágrimas no fueran impotentes, sino el resultado de una emoción sincera y trascendental.

Mención especial merece también el magnífico trabajo de las maderas y la cuerda grave, potenciando la ternura generalizada unas y la fuerza y cuerpo los otros. Con estos ingredientes, una estética asentada en la sinceridad, la ternura y el sentimiento más profundo y natural, no es de extrañar que gran parte del público saliera extasiado de tan sensacional acontecimiento, sobre todo después de ser testigos de un número final, Wir setzen uns mit Tränen nieder (Llorando nos postramos), en el que volvió a ponerse de manifiesto la gran compenetración de todos y cada una de las integrantes del coro, y ese aire de Gran Pasión que destiló toda la función.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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