USA 2025 126 min.
Guion y dirección Maggie Gyllenhaal, según los personajes creados por Mary Shelley Fotografía Lawrence Sher Música Hildur Gudnadóttir Intérpretes Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Penélope Cruz, Annette Bening, Jake Gyllenhaal, John Magaro, Matthew Maher, Slatko Buric, Jeanne Berlin, Louis Cancelmi, Julianne Hough Estreno en Estados Unidos y España 6 marzo 2026
James Whale dirigió en 1935 una secuela de Frankenstein de nuevo cuño, que conoció un remake libre cincuenta años después, con Sting y Jennifer Beals como protagonistas. La actriz Maggie Gyllenhaal (Secretary, El caballero oscuro), que debutó como directora hace unos años con La hija oscura, perpetra ahora una nueva versión completamente independiente y aún más libre que su remoto precedente. Sólo el afán del monstruo de Frankenstein por encontrar una compañera y el pelo erizado de la protagonista como consecuencia de la descarga eléctrica sufrida para revivir, han permanecido. Por el contrario, nos encontramos con una Mary Shelley que nos habla desde ultratumba, posee a una prostituta y, casualmente, es desenterrada por el monstruo y la doctora que ha de satisfacer sus deseos, para a continuación convertirse en una pareja de monstruos a imagen y semejanza de Bonnie & Clyde.
A partir de aquí la película sigue un camino de disparates y desvaríos que parecen la excusa para desarrollar una particular tesis sobre el feminismo, siempre desde la óptica violenta y vengativa estadounidense. Encontramos también todo un despliegue de guiños y homenajes nada sutiles al Hollywood de la época, desde la estrella del musical al que da vida Jake Gyllenhaal, el hermano de la protagonista y él mismo competente cantante en Broadway, a referencias nominativas a actrices míticas como Ida Lupino, Marlene Dietrich o Greta Garbo. También una pareja de detectives al más puro estilo del cine negro, interpretados por Peter Saarsgard y Penélope Cruz, y cine de gángsters, que para eso la trama arranca en Chicago en los años treinta.
Un par de números musicales extravagantes y fuera de onda, uno de ellos al estilo Thriller de Michael Jackson, y unos generosos recursos e ingredientes que la actriz directora no parece manejar con la habilidad suficiente, completan el recuento de elementos que hacen que, sin embargo, la película resulte entretenida y atractiva al menos para sucumbir ante todos estos excesos a los que se prestan la actriz de moda, Jessie Buckley, y el siempre camaleónico Christian Bale, ahora convertido en Boris Karloff, mérito también de un esmerado trabajo de maquillaje.

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