El
conjunto albaceteño ha intervenido en varias ocasiones en el festival
sevillano. Con placer recordamos la edición de 2027, en la que acompañados por
la soprano Perrine Devillers, desglosaron obras de Lully y Marais, demostrando
por qué se considera a su director y principal artífice, Andrés Alberto Gómez, todo un especialista en el barroco francés.
Por su parte, las Piezas para clavecín en
concierto ya fueron despachadas con éxito por el conjunto Ímpetus en San
Luis de los Franceses en la edición del Femás de hace dos años, mientras la versión transcrita para sexteto fue
objeto de un fascinante concierto de la Barroca de Sevilla un año antes. En el
Femás de 2017 pudimos escuchar el quinto de estos conciertos en una versión
que, como la de Ímpetus, prescindió de la flauta y confió toda su parte al
violín. Santiago Sampedro fue entonces su competente clavecinista. Ayer se
escuchó la obra en su integridad y en
formación ortodoxa de clave, viola da gamba, violín y traverso.
Aunque
Gómez celebró el uso de la Sala de la
Fundición de Artillería, estimamos que no
fue precisamente el mejor espacio para disfrutar de estas piezas. Quizás
resultó fácil imaginar cómo podrían haber sonado en salones versallescos con
acústica igualmente reverberante, pero no cabe duda de que un ambiente más
recogido en un espacio más concentrado
hubiera favorecido el resultado de tan emblemáticas partituras. Por el
contrario, encontramos un sonido disperso, con el clave actuando en segundo plano, más como acompañante que como
protagonista en sentido estricto. Algo que va diametralmente en contra del
espíritu de estas páginas. Además, en un principio, con La Coulicam, cada instrumento parecía funcionar por separado, sin
la necesaria cohesión.
Sara Ruiz, por su parte, estuvo bastante ausente a la viola da gamba, lo que restó cuerpo y volumen al conjunto, si
bien en los dos últimos conciertos realzó su participación y pudimos apreciar su
dominio técnico y envolvente
expresividad. Al final, Gómez mostró su
satisfacción al descubrir a través del trabajo de la musicóloga Sylvie
Bouisson y los manuscritos encontrados del violinista alumno de Rameau,
Louis-Joseph Francoeur, que la célebre y
popular canción Frère Jacques es
en realidad un canon compuesto por el autor de Las indias galantes, y así, en su versión original, lo ofrecieron
como propina.


No hay comentarios:
Publicar un comentario