domingo, 8 de marzo de 2026

CABILDO DE AMY BEACH: EL ENCANTO DE LO SENCILLO

Ópera de cámara en un acto de Amy Beach. Libreto de Nan Nagby Stephens. Carmen Martínez-Pierret e Israel Fausto, dirección artística. Blanca Trabalón, dirección musical y piano. Ainhoa Amestoy, dirección escénica. Macarena Martínez, violín. Israel Fausto, violonchelo; y las voces de Alba Chantar, Aurora Galán, Marcelo Solís, Alonso Cano y Ricardo Llamas. Proyecto de formación de jóvenes cantantes. Programa completado con Trío Op. 150, For My Love Op. 51 nº 4, La belle Layotte y When My Soul Is Joined to Soul Op. 62. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, sábado 7 de marzo de 2026

Aurora Galán, Alonso Cano, Marcelo Solís y Alba Chantar

La seducción que en la literatura romántica ha provocado el mundo de la piratería en mujeres especialmente insatisfechas por ser obligadas a reprimir su sexualidad, estimuló a la compositora estadounidense de finales del XIX y principios del XX a la hora de componer su única ópera. Una seducción de la que también el cine se ha hecho eco en multitud de ocasiones, como la fascinante El pirata y la dama que Mitchell Leisen dirigió en 1944, una de tantas joyas que integran su extensa filmografía, con títulos imprescindibles como Medianoche, Si no amaneciera, Recuerdo de una noche o la inimitable Vida íntima de Julia Norris.

Mujeres que sufrieron no poder vivir su sexualidad en libertad y que encontraron en la literatura de aventuras y romance una vía de escape para soñar y dar rienda suelta a sus frustraciones. En ese campo se basó Beach para componer una ópera de cámara que no se estrenó hasta unos meses después de fallecer la autora, y que ahora recuperan felizmente los artífices del ciclo Rasgando el silencio.

Carmen Martínez-Pierret e Israel Fausto han logrado así poner en pie, aunque sólo sea en versión semi escenificada, esta pieza que nunca antes se había estrenado en Europa, y del que existe un registro discográfico grabado en directo en el ciclo Great Performers at Lincoln Center en mayo de 1995. Han sido cinco años en los que Martínez-Pierret y Fausto han recuperado, con la colaboración inestimable del Teatro de la Maestranza, siempre en su sala Manuel García, la memoria de mujeres compositoras cuyo trabajo ha sido menospreciado y a menudo eclipsado. Cabildo de Amy Beach se ha erigido este viernes y sábado pasados en testimonio indiscutible de la fuerza y voluntad de estas heroínas.

Sencillez de base y resolución

Una fina y elegante sencillez fue la característica común a la obra y su representación, con una base instrumental constituida por piano, violín y violonchelo, tal como dejó escrito su autora, y un elenco vocal joven y entusiasta que puso toda la carne en el asador para llevar a buen puerto tan ilusionante proyecto de marcado acento andaluz.

Alonso Cano como el pirata Pierre Lafitte

Unos turistas visitan a principios del siglo XX el Cabildo, antiguo ayuntamiento colonial español en Nueva Orleáns que después pasó a convertirse en prisión, y allí estuvo encerrado el seductor pirata Pierre Lafitte, con quien una de las turistas tendrá un sueño revelador. Otro romance imposible con una dama de clase alta fue el detonante de su encarcelamiento, acusado de hundir su barco y matar a su amante para ocultar el presunto robo de un brazalete. Pero sus habilidades servirán al general Jackson, después presidente de Estados Unidos, para defender la ciudad en plena Guerra de la Independencia. Esos objetivos servirán al fantasma de su amada dama, en modo Cumbres borrascosas, para que el pirata acepte la libertad y se erija en héroe de guerra.

Con este argumento, Beach articuló una delicada y hermosa partitura, que los responsables de Rasgando el silencio prologaron con una semblanza de la autora, personificada en nuestra querida Aurora Galán, tan vinculada a proyectos imprescindibles como la Escolanía de Los Palacios o la Compañía Sevillana de Zarzuela. Tres canciones íntimamente relacionadas con la música de la ópera, entre ellas la criolla La Belle Layotte, fueron entonados por la soprano con un fuerte halo lírico algo apartado de la ligereza que demandaba la particular estética de estas piezas.

Y tras el Trío op. 150, hábil combinación entre impresionista y neorromántica, con el que Blanca Trabalón, directora musical y pianista en sustitución de Martínez-Pierret, que desafortunadamente para ella sufrió una lesión que le impidió participar en el evento, dejó clara su delicadeza y refinamiento al instrumento. Le acompañaron en iguales condiciones, vuelo lírico y estilo acondicionado, Israel Fausto al violonchelo y una espléndida Macarena Martínez al violín.

Macarena Martínez, Blanca Trabalón e Israel Fausto

Ainhoa Amestoy encaró la producción con ropajes prácticos y una escueta escenografía, apenas un banco donde echarse la siesta, y una dramaturgia sencilla que quedó perfectamente expuesta con la ayuda de subtítulos, lo que hizo que su apasionado argumento se siguiera con facilidad. El elenco vocal aportó frescura y profesionalidad, destacando la voz aterciopelada de la rondeña Alba Chantar en su doble papel de turista soñadora y dama aristocrática, así como el vozarrón del barítono de artístico nombre barroco, Alonso Cano, como el enamorado pirata.

Juntos entonaron un apasionado dúo final en la línea de los primeros musicales estadounidenses, con referencia obligada a Sigmund Romberg, Rudolf Friml o Jerome Kern, después de habernos ofrecido alrededor de media hora de canto mayoritariamente recitado y música frecuentemente atonal, salpicada de recurrentes disonancias. La voz contundente del bajo-barítono Ricardo Llamas y menos autoritaria del también rondeño Marcelo Solís, además de la intervención también como turista de Aurora Galán haciendo acopio de potencia, buena proyección y timbre sedoso, lograron redondear esta feliz cita con el trabajo de otra mujer que abrió caminos. Mujer trabajadora que hoy merece nuestra felicitación, como todas las que lo son.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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