
Aurora Galán, Alonso Cano, Marcelo Solís y Alba Chantar
Mujeres
que sufrieron no poder vivir su
sexualidad en libertad y que encontraron en la literatura de aventuras y
romance una vía de escape para soñar y dar rienda suelta a sus frustraciones.
En ese campo se basó Beach para componer una ópera de cámara que no se estrenó hasta unos meses después de
fallecer la autora, y que ahora recuperan
felizmente los artífices del ciclo Rasgando
el silencio.
Carmen Martínez-Pierret e Israel Fausto han logrado así poner en pie, aunque sólo sea
en versión semi escenificada, esta pieza que nunca antes se había estrenado en Europa, y del que existe un
registro discográfico grabado en directo en el ciclo Great Performers at Lincoln Center en mayo de 1995. Han sido cinco
años en los que Martínez-Pierret y Fausto han recuperado, con la colaboración
inestimable del Teatro de la Maestranza, siempre en su sala Manuel García, la memoria de mujeres compositoras cuyo
trabajo ha sido menospreciado y a menudo eclipsado. Cabildo de Amy Beach se ha erigido este viernes y sábado pasados en
testimonio indiscutible de la fuerza y
voluntad de estas heroínas.
Sencillez
de base y resolución
Una
fina y elegante sencillez fue la característica
común a la obra y su representación, con una base instrumental constituida
por piano, violín y violonchelo, tal como dejó escrito su autora, y un elenco
vocal joven y entusiasta que puso toda la carne en el asador para llevar a buen
puerto tan ilusionante proyecto de
marcado acento andaluz.

Alonso Cano como el pirata Pierre Lafitte
Con
este argumento, Beach articuló una delicada
y hermosa partitura, que los responsables de Rasgando el silencio prologaron
con una semblanza de la autora, personificada en nuestra querida Aurora Galán, tan vinculada a proyectos
imprescindibles como la Escolanía de Los Palacios o la Compañía Sevillana de
Zarzuela. Tres canciones íntimamente
relacionadas con la música de la ópera, entre ellas la criolla La Belle Layotte, fueron entonados por
la soprano con un fuerte halo lírico
algo apartado de la ligereza que demandaba la particular estética de estas
piezas.
Y
tras el Trío op. 150, hábil
combinación entre impresionista y neorromántica, con el que Blanca Trabalón, directora musical y
pianista en sustitución de Martínez-Pierret, que desafortunadamente para ella sufrió
una lesión que le impidió participar en el evento, dejó clara su delicadeza y refinamiento al
instrumento. Le acompañaron en iguales condiciones, vuelo lírico y estilo acondicionado, Israel Fausto al violonchelo y
una espléndida Macarena Martínez al
violín.

Macarena Martínez, Blanca Trabalón e Israel Fausto
Juntos
entonaron un apasionado dúo final en la línea de los primeros
musicales estadounidenses, con referencia obligada a Sigmund Romberg,
Rudolf Friml o Jerome Kern, después de habernos ofrecido alrededor de media
hora de canto mayoritariamente recitado
y música frecuentemente atonal,
salpicada de recurrentes disonancias. La voz contundente del bajo-barítono Ricardo Llamas y menos autoritaria del
también rondeño Marcelo Solís,
además de la intervención también como turista de Aurora Galán haciendo acopio
de potencia, buena proyección y timbre
sedoso, lograron redondear esta feliz cita con el trabajo de otra mujer que
abrió caminos. Mujer trabajadora que
hoy merece nuestra felicitación, como todas las que lo son.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
No hay comentarios:
Publicar un comentario