martes, 3 de marzo de 2026

ANDREAS SCHOLL Y LA ESCASA PASIÓN DE DIVINO SOSPIRO

Johannes-passion BWV 245, de Johann Sebastian Bach. Rodrigo Carreto, tenor; Eunice Abranches d’Aguiar, soprano; Andreas Scholl, contratenor; Hugo Oliveira, bajo; Gustavo Luz, tenor; Lucas Mandilo, bajo. Orquesta Barroca Divino Sospiro. Andreas Scholl y Massimo Mazzeo, dirección musical. Nova Era Vocal Ensemble. (Joâo Barros, director). Cartuja Center Cite, lunes 2 de marzo de 2026


Se pueden contar hasta cuatro pasiones concebidas por Johann Sebastian Bach, aunque las únicas que podemos considerar auténticas son las que este mes inaugurarán y cerrarán el calendario musical sevillano. De las de San Marcos y San Lucas apenas quedan algunos vestigios, completados por voces autorizadas con fragmentos, arias y pasajes extraídos de las dos que han sobrevivido. El Festival de Música Antigua de Sevilla lleva años cerrando con una de éstas, alternando la de San Mateo con la de San Juan. Casualidades de la vida han querido que este año tengamos ración completa, gracias a la mini gira española que iniciaron justo aquí los conjuntos portugueses Nova Era y Divino Sospiro, con Andreas Scholl como cabeza de cartel y principal reclamo. Luego visitarán Pamplona y Madrid.

Pero cualquiera mínimamente informado o informada sabe que la intervención del contratenor en La Pasión según San Juan se limita a dos arias, por lo que no se iba a tratar de un recital de Andreas Scholl, como hace cuatro años, cuando nos visitó acompañado precisamente de este conjunto instrumental para entonar cantatas de Vivaldi y su idolatrado Bach. No obstante, su participación en la formación y la planificación de estos jóvenes conjuntos instrumentales y vocales le otorgan el protagonismo que el cartel anunciador prometía. Lo que no es permisible es que a tan excelsa música se le sustraigan los textos escritos con el fin de seguir la trama, ya sea en forma de subtítulos, lo más conveniente, o impresos en un conveniente programa de mano. Dada la cantidad de monitores que adornan el auditorio del Cartuja Center, no hubiera estado de más que sus responsables hubieran cuidado este detalle.

La afluencia de público no fue la acostumbrada en este tipo de manifestaciones, puede ser por el insólito espacio elegido, tan apartado de los circuitos habituales, o por el alto precio de la entrada, posiblemente una imposición de la promotora Maelicum, o la clásica excusa del lunes maldito. Pero lo peor es que te toque detrás los únicos, o casi, de toda la sala que hablasen a discreción, tosiesen sin compasión, provocasen el dichoso ruidito del envoltorio del caramelo, empujasen la butaca contigo delante y dejasen sonar sus móviles. Sólo les faltó dejar caer algún objeto al suelo para lograr la colección completa de faltas de respeto a artistas y público.

Una pesarosa liturgia musical

La Pasión según San Juan se estructura en dos partes muy descompensadas, la traición, el arresto y la negación, y la interrogación, la flagelación, la condena, crucifixión, muerte y sepultura de Jesús, en un tono que combina majestuosidad con una profunda y piadosa tristeza, considerándose en su conjunto más trágica que su hermana la de San Mateo. Pero Divino Sospiro y Nova Era la abordaron desde un punto de vista decididamente humilde e intimista, despojándolo de toda solemnidad para dotarlo de una estética pragmática, más cerca aún de la liturgia luterana de la que tanto depende.


Esto se tradujo en una exposición tristona del asunto, sin grandes alardes, sacrificando teatro; menos tragedia y más introspección. Esto, sin ser malo, se convirtió en cierta pesadez que ni las buenas prestaciones de la formación instrumental, solos o en conjunto, ni de las voces convocadas, lograron superar. Massimo Mazzeo, aun siendo italiano, fue incapaz de insuflar aliento en un conjunto desvaído y lánguido, sin el empuje acostumbrado, muy a pesar de las buenas prestaciones del continuo, la viola da gamba, el oboe, el fagot y la flauta en sus aportaciones solistas. Ni el coro inicial, Herr, unser Herrscher, resultó tan majestuoso, ni el final, Ruht wohl, tan lírico y piadoso.

El coro, muy joven y disciplinado pero igualmente grisáceo, acusó predominio de las voces femeninas sobre las masculinas, en las que echamos en falta más relieve, sobre todo en las voces graves. El joven Rodrigo Carreto sudó lo suyo como Evangelista, exhibiendo una voz muy bien timbrada y en perfecto estilo, y así logró brillar en sus arias, la entrecortada Ach, mein Sinn y la larga, bellísima y piadosa Erwäge, que cantó con extrema delicadeza. Bello timbre también, y muy en estilo, el de la joven soprano y violinista Eunice Abranches, que cantó con elegancia y delicadeza Ich folge y un delicioso Zerfielsse.

También los bajos Hugo Oliveira, formidable y rotundo en Mein teurer Heiland, y Lucas Mandilo como Jesús, extraído del coro, alcanzaron buen nivel. De Andreas Scholl sólo decir que sigue sorprendiendo su calidez, su fuerza y, sobre todo, su capacidad para no perder registro, mantener el tono sin forzar la voz y lograr ornamentaciones de gran calado, como se pudo comprobar en Von den Stricken y, sobre todo, en Es ist vollbracht!, elogio de melancólica tristeza derivada hacia la mitad en efervescente energía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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