USA 2025 106 min.
Guion y dirección Bryan Fuller Fotografía Nicole Hirsch Whitaker Música Isabella Summers Intérpretes Mads Miklkelsen, Sophie Sloan, Sigourney Weaver, Sheila Atim, David Dastmalchian, Rebecca Henderson, Line Kruse, Caspar Phillipson Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2025; en Estados Unidos 12 diciembre 2025; en España 10 abril 2026
No vamos a negarle talento y creatividad a Bryan Fuller, creador de series icónicas como Short Treks o Discovery, ambas a partir del universo trekkie, o Hannibal, basada en el personaje de El silencio de los corderos. Pero no cabe duda de que este supuesto cuento infantil contemporáneo con el que debuta en el largometraje cinematográfico, constituye todo un despropósito en la línea de lo que nos tiene acostumbrados y acostumbradas el cine estadounidense de las últimas décadas. Así, a un imaginario fantástico y extremadamente creativo, se une la habitual violencia sin la que no parece avanzar prácticamente ninguna historia generada en el país norteamericano.
Una niña imagina un monstruoso conejo a partir de una pelusa - el conejito de polvo del título original -, pero son otros los peligros que le acechan a ella y a su desaparecida familia, por lo que el monstruo acabará convirtiéndose en su protector, con la ayuda inestimable de un misterioso vecino experto en artes marciales, que también resulta tener una violenta profesión y a quien da vida un algo despistado Mads Mikkelsen, auspiciado por una suerte de diabólica madame interpretada con cierto histrionismo por Sigourney Weaver. Por cierto, no falta el guiño a Alien.
Unos efectos visuales y una dirección artística sorprendentes, lo que convierte prácticamente al film en uno animado pero con incursiones humanas, no nos parecen motivo suficiente para celebrar una película en la que la violencia vuelve a tomar las riendas del asunto, esta vez además con niña protagonista, testigo de todo tipo de barbaridades, y pretendiendo en su conjunto erigirse en moderno cuento de hadas. Eso sí, el monstruo, gracias a un diseño acertadamente infantiloide, acaba resultando simpático, y la banda sonora de Isabella Summers, inspirada y magníficamente orquestada, quizás junto al diseño artístico, lo mejor de la cinta.

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