domingo, 5 de abril de 2026

LA GRAZIA Un político que duda, reflexiona y escucha

Italia 2025 133 min.
Guion y dirección
Paolo Sorrentino Fotografía Daria D’Antonio Intérpretes Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Giovanna Guida, Alessia Giuliani, Roberto Zibetti, Vasco Mirandola, Linda Messerklinger, Rufin Doh Zeyenouin Estreno en el Festival de Venecia 27 agosto 2025; en Italia 15 enero 2026; en España 1 abril 2026

L
ejos quedan sus primeros éxitos, Las consecuencias del amor y El amigo de la familia, e incluso su consagración definitiva con la muy aplaudida La gran belleza, y sin embargo Sorrentino nos regala de vez en cuando otra sorprendente y magnífica película, sin volver a cosechar los premios y reconocimientos a los que estos primeros títulos le acostumbraron. Cosa de modas y de novedades, seguramente. Tras coquetear con su devoción hacia la tierra que le vio nacer, en Fue la mano de Dios y Parthenope, el director napolitano nos ofrece ahora, a sus cincuenta y cinco años, su film quizás más sereno y reflexivo, echando mano una vez más de la política, que tan buenos réditos le dio en films como Il divo, donde retrataba los aspectos más sórdidos de la carrera de quien fuera jefe de gobierno Giulio Andreotti, Loro, aquí traducida como Silvio y los otros, donde indagaba sobre la estrambótica figura de Silvio Berlusconi, e incluso el Papa en las series que protagonizaron Jude Law y John Malkovich.

Pero ahora ya no le interesa tanto criticar y denunciar las estrategias y miserias del poder, sino fabular con un líder inteligente y moderado, un verdadero hombre de Estado capaz de poner en una balanza su propia ideología y aquello que, previo el acertado e imprescindible consejo de quienes le rodean, considere justo y equilibrado, aunque no se ciña a sus propios principios e intereses. Tenemos así a un Mariano De Santis, ficticio presidente de la República, a quien da vida el actor fetiche del afamado director, Toni Servillo, que también fue Andreotti y Berlusconi, y que aquí compone a un humanista curtido en leyes, demócrata conservador y católico, que antepone el amor a la ideología para pronunciarse sobre cuestiones que en el final de su mandato conviene dejar bien atadas para la posteridad. Una ley y dos indultos se convierten así en el perfecto mcguffin de un film que indaga sobre la fuerza del amor, con esa esposa fallecida a la que el presidente no puede dejar de olvidar y cuya presunta traición se empeña en descubrir.

Es el mismo amor que inspira la controvertida ley y las gracias que ha de ejercitar previo un proceso de reflexión, duda y convicción al que se presta con la inestimable ayuda de sus seguidores, desde la comprometida hija a la veterana y vividora amiga, su guardaespaldas o esas personas a quienes debe favorecer con esa gracia del título, que no sólo se refiere al indulto sino a toda la aureola que lo convierte en persona justa, libre, equilibrada y solemne, a quien un guion también en estado de gracia presta diálogos de enorme valor y tanta belleza como cada encuadre y puesta en escena que adorna esta hermosa película, favorecida también con una ecléctica y atractiva banda sonora. A la recurrente pregunta que salpica la función, ¿de quién son nuestros días?, nosotros aseveraríamos que pertenecen a quienes nos poseen, ese sistema que hemos aceptado y que todo lo tiene atado para que el mundo y la vida sean como se ha decidido.

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