Italia-Alemania 2025 98 min.
Dirección Francesco Sossai Guion Adriano Candiago y Francesco Sossai Fotografía Massimiliano Kuvellier Música Krano Intérpretes Sergio Romano, Pierpaolo Capovilla, Filippo Scotti, Roberto Citran, Andrea Pennacchi, Denis Fasolo, Lea Di Leo, Gianni Da Re Estreno en el Festival de Cannes 21 mayo 2025; en Italia 2 octubre 2025; en España 31 julio 2026
Con su primer largometraje, bajo bandera alemana, el italiano Francesco Sossai obtuvo un holgado reconocimiento, ahora corroborado con su segundo trabajo de gran formato, presentado en el Festival de Cannes y anticipado también en el de Sevilla. Nada más y nada menos que ocho David di Donatello (los Oscar italianos) ha conseguido esta película de título original traducible como Las ciudades de la llanura, entre ellos los más relevantes, guion, actor protagonista, al algo histriónico Sergio Romano, dirección y película. Rodada en analógico, lo que da al conjunto un aspecto ochentero estilo Eloy de la Iglesia, esta suerte de comedia dramática nos invita a pasear por Venecia y sus alrededores, Treviso y otras ciudades del entorno, en compañía de dos colegas algo desfasados, entregados en cuerpo y alma a la juerga y el alcohol, de forma que podríamos considerar la cinta como una road movie entre copas, en clara contradicción con uno de los aspectos que parece criticar denostadamente su complejo libreto, la influencia estadounidense en la actual iconografía itálica.
Parece que Sossai pretenda que adoptemos la identidad del joven estudiante captado para la excursión, un poco retraído y romántico, para empatizar con la historia y su ambiente, aunque la operación acaba saldándose de forma irregular según la sensibilidad de cada espectador o espectadora. El resultado, por lo tanto, se antoja algo resbaladizo, sin que lleguemos a sintonizar con este par de colegas puretas, vividores sin horizonte ni escrúpulos, al que de forma bastante discutible, se amolda el joven responsable al que da vida Filippo Scotti.
Sólo en el tramo final comprendemos que quizás se trate de una comedia crepuscular, con la muerte como último eslabón de una vida a la que quizás debiéramos entregarnos de forma más despreocupada y rebelde de lo que en general lo hacemos, siempre temerosos del porvenir. Este acercamiento a la muerte se hace explícito cuando los tres personajes visitan la Tumba de Brion, un mausoleo de finales de los sesenta, encargo del empresario Giuseppe Brion a Carlo Scarpa, desde el que se puede divisar esa llanura a la que hace mención expresa el título original de la película.

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