Guion y dirección Michel Franco Fotografía Yves Cape Intérpretes Jessica Chastain, Isaac Hernández, Rupert Friend, Marshall Bell, Wes Chapman Estreno en el Festival de Berlín 15 febrero 2025; en México 11 septiembre 2025; en España 19 junio 2026
Con una escueta filmografía, especialmente sus cuatro últimas películas y anteriores a ésta, Michel Franco se ha labrado cierto reconocimiento internacional. Siempre con miras cosmopolitas, lo descubrimos con Las hijas de Abril, protagonizada por Emma Suárez, a la que siguieron un devastador golpe de estado narrado en Nuevo orden, la tormentosa relación matrimonial de Tim Roth y Charlotte Gainsbourg en Sundown y el no menos inquietante reencuentro entre Jessica Chastain y Peter Sarsgaard en Memory. Ahora regresa con la actriz estadounidense para ofrecernos otra historia de atracciones fatales y desencuentros amorosos, en esta ocasión con la inmigración ilegal y la soberbia y prepotencia estadounidense como ejes sobre el que articula una historia de manipulación sentimental y profesional de consecuencias inimaginables.
Tras conocerse en México y entablar una relación erótico sentimental en el que el físico imponente del bailarín Isaac Hernández tiene mucho que ver, la más madura Chastain, que interpreta a una dama de la alta sociedad estadounidense, empeñada en las típicas obras filantrópicas con las que sanar su complejo de clase pudiente y acomodada, desprecia a su juguete sexual cuando éste la busca en San Francisco, donde pretende fraguar una carrera en la danza que le lleve a los máximos niveles de exigencia. Franco desglosa este material dramático con más dispersión y falta de interés real de lo deseable, mientras la venerada actriz se entrega a un espectáculo erótico con el habitual recato hollywoodiense, mientras su compañero se permite algo más de exhibicionismo.
Más de una hora de idas y venidas, que no aprovecha si quiera las posibilidades dancísticas del protagonista y su obligado progreso dentro del Ballet de San Francisco, algunos y algunas de cuyos miembros se prestan como figurantes. Sólo al final se atisba una mayor carga dramática, si bien tan excesiva y definitivamente cruenta que no alcanza a captar toda nuestra credibilidad y convicción, siempre a merced de una denuncia que queda así definitivamente expuesta, con toda la carne en el asador y sin ningún tipo de discreción ni pudor.

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