jueves, 31 de diciembre de 2015

PALMERAS EN LA NIEVE Y Corín Tellado este año se ha acabado

España 2015 163 min.
Dirección Fernando González Molina Guión Sergio G. Sánchez, según la novela de Luz Gabás Fotografía Xavi Giménez Música Lucas Vidal Intérpretes Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Alain Hernández, Berta Vázquez, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laila Costa, Petra Martínez, Fernando Cayo, Daniel Grau, Luis Callejo, Djedje Apali, Emilio Buale Estreno 25 diciembre 2015

El cine español cierra el año a lo grande, con una superproducción que adapta el éxito de ventas escrito por Luz Gabás. Desconocemos el original, pero si incurre en los mismos errores y convenciones en los que lo hace esta adaptación cinematográfica, nos sorprende enormemente su triunfo. Justifica su éxito tratarse de un culebrón romántico ambientado en un escenario tan exótico como la Guinea Ecuatorial que fue colonia española, desde mediados de los cincuenta a su declaración de independencia a principios de los setenta; pero no tanto si la narración es tan dispersa e irregular como nos lo muestra el film de González Molina (Fuga de cerebros, Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti). Incurre además en numerosas situaciones que sonrojan de puro ridículo, mientras sus protagonistas exhiben poco más que unos físicos envidiables; Casas apenas esboza un par de registros interpretativos, mientras Ugarte no se cree su papel y sólo alcanza a poner una permanente cara de misericordia. Mejor el trabajo de la casi debutante Berta Vázquez, sobre quien recae gran parte de la supuesta emotividad de la película. Ella y el galán español protagonizan una hermosa historia de amor que naufraga por falta de ímpetu y convicción en un realizador que sólo parece preocupado por que el holgado presupuesto luzca en pantalla. Así, son las localizaciones en Canarias y Colombia, y la esforzada ambientación de época lo que más sobresalen en este conjunto fallido y estrepitoso, narrado a golpes, sin sentido ni coherencia. La fotografía de Xavi Giménez, cuya dilatada experiencia incluye películas como Ágora y El libertador, y la música del internacional Lucas Vidal están a la altura de lo que entendemos por una superproducción, pero falla notablemente el carácter intimista y sentimental de la función así como se echa en falta un análisis más serio y pormenorizado de la apasionante situación geográfica e histórica que le sirve de fondo, tan desconocida para muchos de los que hemos nacido en este país.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

MACBETH Pretenciosa propuesta estética carente de alma

Reino Unido 2015 113 min.
Dirección Justin Kurzel Guión Todd Louise, Jacob Koskoff y Michael Lesslie, según la obra de William Shakespeare Fotografía Adam Arkapaw Música Jed Kurzel Intérpretes Michael Fassbender, Marion Cotillard, David Thewlis, Elizabeth Debicki, Jack Reynor, Sean Harris, Paddy Considine, Julian Seager, David Hayman Estreno en el Festival de Cannes 23 mayo 2015; en Reino Unido 2 octubre 2015; en España 25 diciembre 2015

La profecía dictada por tres brujas en la Escocia medieval que el noble guerrero Macbeth se empeña en hacer realidad a fuerza de sangre y fuego ha conocido varias e ilustres adaptaciones a lo largo de la historia del cine; desde Orson Welles a Roman Polanski pasando por Akira Kurosawa y su Trono de sangre, todos han puesto su granito de arena para ilustrar la rabia de este paradigma de la ambición y la tiranía sin límites. Como todo Shakespeare, poner al día su alma y contenido puede servir a las nuevas generaciones para someter a análisis y juicio las grandes virtudes y defectos del ser humano. Seguir sin embargo un esquema que en la práctica se nos antoja muy similar al ejecutado en nuestro país por Paula Ortiz en La novia, poniendo el énfasis sobre todo en los aspectos estéticos y procurando respetar al máximo el texto poético original, no nos parece la técnica más adecuada para llevar a buen puerto dicha puesta al día. La película del australiano Justin Kurzel, sin ser del todo desdeñable, aporta poco a sus ilustres predecesores. El realizador, que ahora prepara con la misma pareja protagonista la adaptación del célebre videojuego Assassin's Creed, se queda anclado en las formas más que en el contenido, con una ciertamente trabajada puesta en escena, atmosférica e insalubre, donde Escocia es esa eterna tierra plagada de mugre y niebla, fría e irrespirable, con secuencias de guerra parcialmente logradas (demasiada cámara lenta) e intrigas veladas por esa obsesión por el texto que obliga a una fijación excesiva de la atención y que nos hace extrañarnos ante la necesidad de un nutrido equipo de hasta tres guionistas. Fassbender es un excelente actor y logra, a pesar de las limitaciones que le impone un trabajo tan preocupado en sus valores estéticos, transmitir las dudas y metamorfosis de alguien que experimenta la ambición desmedida tan de cerca como lo hace él. Pero es Marion Cotillard quien logra una Lady Macbeth más convincente, mantis religiosa que deviene en sufridora testigo de los crueles desvaríos de su esposo, y que en su monólogo exhibe una capacidad extraordinaria para conmover en un inglés de perfecta dicción clásica. Fotografía y localizaciones están a la altura de la propuesta estética, pero el conjunto deriva en un estéril intento de inquietar a través de una tragedia que sin las manos de un genio o un buen y humilde artesano acaba resultando un auténtico ladrillo. Prueba de ello es su paso por certámenes como el de Cannes o el de Sitges sin arañar ningún premio.

lunes, 28 de diciembre de 2015

EL DESAFÍO Experiencia adrenalítica y homenaje al trabajo en equipo

Título original: The Walk
USA 2015 124 min.
Dirección Robert Zemeckis Guión Christopher Browne y Robert Zemeckis, según el libro “To Reach the Clouds” de Philippe Petit Fotografía Dariusz Wolski Música Alan Silvestri Intérpretes Joseph Gordon-Levitt, Ben Kinglsey, Charlotte Le Bon, James Badge Dale, César Domboy, Clement Sibony, Benedict Samuel, Vittorio Rossi, Ben Schwartz, Steve Valentine, Mark Camacho Estreno en Estados Unidos 9 octubre 2015; en España 25 diciembre 2015

Después de haber estado viendo el tráiler durante un año, por fin llega a las pantallas esta espectacular cinta. La tragedia de las Torres Gemelas sacó a la luz varios años después una proeza sin precedentes protagonizada por el funambulista francés Philipe Petit que dio lugar a un documental de James Marsh, luego director de La teoría del todo, galardonado con el Oscar en la edición de 2008, Man on Wire. De su estreno en nuestro país en abril de 2009 escribimos las siguientes palabras:

“Recibida con gran expectación, fundamentalmente por haber sido galardonada con el último Oscar al mejor documental, la película de James Marsh se erige como todo un homenaje a las Torres Gemelas de Nueva York, a partir de un acontecimiento injustamente olvidado, como fue la exhibición de equilibrismo que en 1974 realizó el funambulista francés Philippe Petit, lanzando un cable entre las dos torres, desde lo más alto, y cruzándolo hasta ocho veces seguidas. El film se ha realizado utilizando diversos recursos, como imágenes tomadas por los propios protagonistas durante la preparación y ejecución de la proeza, imágenes de archivo documental, reconstrucciones dramáticas y las muy retóricas intervenciones de sus personajes, sin las cuales el metraje no hubiera alcanzado una duración estándar. Su línea argumental se basa en los antecedentes, los preparativos (a modo de golpe criminal, para procurar dotarlo de interés y tensión dramática) y la consecución del dificilísimo objetivo. Alcanza su máximo interés en el tramo final, cuando la emoción del reto consumado y la recompensa del esfuerzo extremo cobran realidad, mientras tampoco están exentas de interés las proezas que constituyen su antecedente. Menos logrado está el nudo en el que se nos explican los preparativos a modo de cinta de suspense criminal, consiguiendo tan sólo algunos momentos brillantes aislados, dejando el resto en un nivel de interés reducido. Merece la pena verse como recordatorio de un evento que saltó a la primera página de las más prestigiosas publicaciones, para rápidamente caer en el olvido popular. Ahora cobra especial relevancia como anécdota antropológica de lo que fue una edificación colosal reducida a la nada, mientras el artífice de tan arriesgada y temeraria aventura aún puede contárnosla.”

Reflexión en gran parte extrapolable a este film dirigido por Robert Zemeckis, cuyo cine se caracteriza por llevar a la pantalla historias de dificilísima resolución plástica y compleja estructura dramática, por eso no es de extrañar que se haya fijado en esta increíble historia. Sus películas han revolucionado la tecnología, con títulos punteros como Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, La muerte os sienta tan bien, Forrest Gump y Polar Express. La reconstrucción de la hazaña realizada por Petit en 1974 no es la única y valiosísima aportación que Zemeckis hace al documental de Marsh, además de aumentar considerablemente la dosis de emoción y corregir esas caídas de tensión e interés que tenía el galardonado trabajo, que por otro lado sigue el mismo esquema argumental de este film, no en vano ambos trabajos se basan en el mismo libro de memorias del equilibrista, magistral y esforzadamente interpretado por Joseph Gordon Levitt. Zemeckis presta especial atención al trabajo en equipo, la inspiración y la colaboración sin las cuales el objetivo del genio no sería posible. Este análisis refleja en sí lo que desde siempre ha sido la consigna del cine americano, distinto del europeo basado en el autor y su singularidad. Las películas de Walsh, Hawks, Cukor o Spielberg, por poner sólo algunos ejemplos, no serían iguales sin el equipo que las hacen posibles, y ese es el valiosísimo homenaje que subyace en esta hermosa y angustiosa película que Zemeckis dirige con cariño y sentido del detalle y la espectacularidad. Entre sus colaboradores habituales destaca el compositor Alan Silvestri, que firma con ésta su mejor banda sonora en una década y decimoquinta colaboración con el director. Contada como un precioso cuento de ilusión y afán de superación, con una primera parte en la que la protagonista es esa París reinventada por el cine a través de la estética visual de Jeunet y Caro (Amelie) y un posterior nudo destinado a narrar la preparación del golpe, siguiendo la misma pauta que el libro y el documental, como si de un asalto a un banco se tratara, para confluir en un final lleno de magia y no exento de insufrible angustia gracias a unos efectos visuales excelentes y una planificación extraordinaria que te sumerge directamente en la increíble hazaña del protagonista, con un uso por fin del sistema 3D impecable y majestuoso, imprescindible por una vez para disfrutar al máximo de esta experiencia adrenalítica e irrespirable.

martes, 22 de diciembre de 2015

SUFRAGISTAS La eterna lucha por conseguir lo que es justo y natural

Título original: Suffragette
Reino Unido 2015 106 min.
Dirección Sarah Gavon Guión Abi Morgan Fotografía Eduard Grau Música Alexandre Desplat Intérpretes Carey Mulligan, Helena Bonham-Carter, Anne-Marie Duff, Brendan Gleeson, Ben Whishaw, Romola Garai, Meryl Streep, Samuel West, Geoff Bell, Natalie Press Estreno en Reino Unido 12 octubre 2015; en España 18 diciembre 2015

Hay películas que independientemente de su calidad cinematográfica cuentan historias que merecen ser conocidas y sólo por eso ya vale la pena acercarse a ellas. Si además están bien hechas e impecablemente narradas, como es el caso, estimulan la curiosidad para conocer los detalles de aquellos episodios históricos que le sirven de base, ampliando nuestro conocimiento, haciéndonos reflexionar y abriendo nuestra sensibilidad y capacidad de indignación. Todo eso ocurre en este trabajo de Sarah Gavon, cuyo anterior trabajo, Bick Lane, también tocaba temas fundamentales en la liberación de la mujer, como es el de los matrimonios concertados indios. Con la mirada puesta en el movimiento sufragista que lideró Emmeline Pankhurst durante el primer cuarto del siglo XX para lograr el derecho al voto de la mujer en el Reino Unido, la guionista Abi Morgan (La dama de hierro, Shame) fija su atención en una joven trabajadora a la que el azar convierte en comprometida y sacrificada sufragista más allá de lo que de manera más o menos anecdótica hemos visto hasta ahora en la pantalla grande (la Sra. Banks de Mary Poppins) o la pequeña (Rose Buck en Arriba y abajo, interpretada precisamente por una de las creadoras de la serie, Jean Marsh). El XX ha sido sin lugar a dudas un siglo de grandes y revolucionarios cambios, tanto a nivel tecnológico como económico y social, pero detrás de cada revolución hay gente de ideas progresistas y avanzadas a las que debemos el bienestar del que hoy gozamos, que se han atrevido a rebelarse y luchar contra el conservadurismo reinante ahora y siempre, el eterno miedo al cambio y a lo desconocido. Parece mentira que la suerte de la mujer aún hoy siga dependiendo del hombre, que sea éste quien disponga de su voluntad y capacidad de decisión, de su cuerpo o de las reglas que han de definir el lenguaje que usamos al hablar y escribir. Y encima a los hombres tenemos que añadir ese elevado porcentaje de mujeres inmovilistas, incapaces de luchar por ellas mismas y sus semejantes, tan convencidas de que lo que hay es lo que conviene. Todo eso tiene su reflejo en esta emocionante e imprescindible película, tamizada por la licencia narrativa que obliga a fijar la atención en un personaje específico, seguir sus andaduras e involucrarse en su suerte. El peso de esta responsabilidad recae en Carey Mulligan, espléndida en su caracterización como joven madre de familia y mujer trabajadora que descubre un nuevo horizonte y, cómo no, posibilidades de aventura y excitación frente a una vida tan marcada y sin esperanza. Y aunque en el proceso tenga que renunciar a lo más querido, su lucha está por encima. Le arropan un grupo de mujeres excelentes, con ese saber hacer británico, que lidera la comprometida Helena Bonham Carter y corona Meryl Streep en una breve intervención como la Sra. Pankhurst. Las líneas básicas de la lucha están presentes, potenciadas por la intensa partitura de Alexandre Desplat, que imprime suspense y emoción a las imágenes fotografiadas por el catalán Eduard Grau (Enterrado, Un hombre soltero) con precisión y respeto para sacar el mejor partido a la espléndida y costosa ambientación. De esta forma asistimos, entre otros acontecimientos, al trágico día en las carreras del Derby de Epsom, cuando la activista Emily Wilding Davison tomó una decisión definitiva para el éxito de la campaña que involucró al jinete Herbet Jones y el caballo Anmer del rey Jorge V. Por cierto, que Jones hizo una emotiva entrega foral en el funeral de Pankhurst en 1928 en homenaje a la líder y a la Sra. Davison. Acontecimientos necesarios y trascendentales que asumidos con talento y pasión dan lugar a películas necesarias como ésta. Parece mentira que el ser humano sea tan inconsciente de su paso efímero por esta vida que debería ser un paraíso y sin embargo se ha empeñado en convertir en un infierno.

lunes, 21 de diciembre de 2015

STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA De nuevo en casa

Título original: Star Wars Episode VII: The Force Awakens
USA 2015 135 min.
Dirección J.J. Abrams Guión J.J. Abrams, Lawrence Kasdan y Michael Arndt, según los personajes creados por George Lucas Fotografía Daniel Mindel Música John Williams Intérpretes Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Carrie Fisher, Oscar Isaac, Adam Driver, Domhnall Gleeson, Max Von Sydow, Gwnedoline Christie, Lupita Nyong’o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Peter Mayhew, Kenny Baker, Warwick Davis, Simon Pegg Estreno en Estados Unidos y España 18 diciembre 2015

Abrumados por el despliegue mediático al que hemos sido sometidos y sometidas durante las últimas semanas, poca gente puede resistirse a descubrir lo que hay detrás de esta anunciado octava maravilla del Mundo, seamos o no frikis de la saga que George Lucas inauguró hace casi cuarenta años. Rodadas en desorden cronológico, los seguidores de las aventuras de Luke Sywalker, la Princesa Leia y Han Solo, en permanente lucha contra el Imperio galáctico liderado por el inefable Darth Vader, se sintieron profundamente decepcionados por las películas estrenadas a principios del nuevo siglo y que ilustraban los precedentes de los celebérrimos personajes. Las nuevas tecnologías, utilizadas sin mesura ni compasión por el director de American Graffiti, ahogaron un producto cuyo guión se antojaba infantil y hasta ingenuo. El acabado así se asemejaba más a una serie de cintas de animación al más puro estilo Disney, curiosamente la productora que finalmente se ha hecho con los derechos de producción del resto de la serie ante la incapacidad de la Fox para continuar la saga, lo que nos priva del famoso logotipo aderezado con la fanfarria de Alfred Newman que precedía el mítico Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana. Pero Lucas y su hortera saga preludio añadía información y generaba un argumento que justificaba muchos de los acontecimientos que ocurrirían en la siguiente, la más mítica y adorada por todos y todas. Es precisamente lo que no hace este tan celebrado nuevo título, que no aporta prácticamente nada al argumento general y funciona sólo como tránsito para relevar a nuestro querido trío protagonista y al malvado de la función para dar los papeles a otros, con traspaso generacional y hasta de género, y volver a batallar y luchar sempiternamente por los mismos valores y objetivos que se apuntaban en las películas de finales de los setenta y principios de los ochenta. El testigo por lo tanto lo toman ahora Rey, una chatarrera llamada a ser la nueva Mesías, Finn, un soldado imperial arrepentido cuya crisis existencial se erige en única novedad argumental de la película, Poe, un rebelde bohemio y aventurero al estilo de Solo, y el malvado Kylo Ren; y pocas novedades más. Sin duda ingenioso y lleno de talento, el director de Perdidos y regenerador de Misión Imposible y Star Trek, J. J. Abrams, recupera el espíritu de la saga original sin renunciar a los magníficos efectos digitales de los que hoy dispone el cine más sofisticado y retribuido. Esos efectos hoy no son tan evidentes como a principios de siglo y consiguen que todo parezca más natural, lo que le acerca a las tres primeras películas antes de que Lucas las corrigiera y aumentara con estúpidas e innecesarias escenografías y zoologías. De ahí que no logremos localizar a Lupita Nyong’o bajo la piel de Maz Kanata (tan parecida a Yoda) y que el Líder Supremo Snoke de Andy Serkis se parezca tanto a su personaje más emblemático, el Gollum de El señor de los anillos; la técnica del Motion Capture ha mejorado muchísimo y Lucas y Abrams lo aprovechan al máximo. Volver a la cabina del Halcón Milenario y casi parecer que estamos dentro gracias a unos muy logrados efectos tridimensionales, son sensaciones y emociones impagables que nos depara el nuevo juguete carísimo del magnate de Hollywood, pero nada resulta nuevo ni diferente en este producto que recrea escenarios muy familiares, la mayor parte de ellos objeto de la imaginación de un señor que en los años setenta rompió moldes y costuras. Hay evidente sentido épico en esta cinta, lo que nos devuelve seguramente a la emoción experimentada por quienes vieron por primera vez en pantalla gigantesca y rodeados de público películas como Lo que el viento se llevó, Ben Hur o Los diez mandamientos, pero repetimos, no hay nada nuevo ni novedoso en esta película que brilla por el contrario por su carácter nostálgico, su sentido del ritmo y la energía y la ingeniosa dosificación de elementos técnicos y dramáticos, aunque sus tramas e intrigas familiares resulten tan ligeras y predecibles que no aporten apenas morbo al asunto ni perturben el buen rollo característico de la marca Disney. Y eso que violencia y apocalipsis hay más que nunca, pero eso es un peaje que hay que pagar para correr con los tiempos y agradar a las nuevas generaciones de palomiteros empedernidos a las que seduce la taquilla. Entre las curiosidades destacar a Daniel Craig perdido entre los extras batalladores o el compositor habitual de Abrams, Michael Giacchino, haciendo de soldado enmascarado del Imperio. Por cierto, el músico tiene más probabilidades de heredar la partitura del octogenario John Williams que Gustavo Dudamel o William Ross, que dirigen parte de la música compuesta por el habitual de Spielberg para esta entrega, pero que debido a su salud quizás no llegue a completar la saga. Al fin y al cabo Giacchino ya heredó recientemente Parque Jurásico y su estilo es capaz de mimetizar el sinfonismo exacerbado del ilustre maestro, aunque no llegue a su altura en talento e inspiración. En definitiva, el episodio séptimo de Star Wars (Guerras galácticas es más apropiado que el título con el que se bautizó la cinta que estrenó en Sevilla el Cine Alameda) es emocionante y brillante, pero hubiera sido superlativo si además hubiese arriesgado contando algo nuevo y diferente que haga avanzar una historia que con estos resultados se ha quedado anquilosada y a la espera de seguir repitiendo esquemas dramáticos y estéticos.

domingo, 20 de diciembre de 2015

ESFUERZO COLECTIVO Y ESPÍRITU NAVIDEÑO EN EL TRADICIONAL CONCIERTO DE NAVIDAD DEL MAESTRANZA

Concierto de Navidad. Orquesta de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Vladimir Dmitrienco, concertino y director. Coro de la Escolanía de Los Palacios. Manuel Busto, director. Óscar Azuaga y Luis Alberto Domínguez, actores. Programa: Villancicos populares. Teatro de la Maestranza, domingo 20 de diciembre de 2015

Navidad es tiempo de tradiciones y emociones; al alumbrado y los espectáculos callejeros de la ciudad, que han arrastrado a la gente al centro como si de Semana Santa se tratara, se unen las ya tradicionales citas gastronómicas, solidarias, sociales y musicales, como la que cada domingo antes de la anunciada fecha, coincidiendo este año con la también emotiva fiesta de la democracia, nos prepara con tanto cariño como sensibilidad Vladimir Dmitrenco, primer violín de la Sinfónica y entusiasta organizador de este evento.

Una cita que se supera cada año y que cuenta con los mejores recursos del teatro, escénicos y luminotécnicos, para crear magia e ilusión. Esta vez aderezado con dos estupendos comediantes recreando para los niños el espíritu de la tolerancia y el de la apertura a las tradiciones frente a la irrupción de otras fiestas no excluyentes, como Halloween. La exquisita dirección escénica de Maribel Macías, con saloncito típicamente navideño, árbol y todo tipo de artilugios y recursos técnicos, hace las delicias de un público emocionado, no sólo los niños sino sobre todo los adultos, a los que el montaje consigue retrotraer a la infancia, y que cuentan con mayor bagaje cultural y emocional para disfrutar a tope con la propuesta de orquesta y teatro.

Un espectáculo mayúsculo en el que la protagonista por supuesto es la música, en forma de excelentes arreglos impecablemente interpretados de temas tan populares como Ay del chiquirritín o Pero mira como beben, sin faltar los imprescindibles standards americanos, como Blanca Navidad o el tema que abrió la función en homenaje al centenario de Frank Sinatra, Christmas Waltz de Jule Styne, así como un precioso arreglo coral del clásico alemán O Tannenbaum. Sin olvidar un magnífico arreglo del Ave Maria de Schubert con trompeta solista de primera categoría, o el Vals de las Flores de Chaikovsky bailado por cuatro niños estudiantes de danza y una pareja de baile de salón, Cristina García y Pedro Centeno. Un verdadero regalo para todos ellos y ellas, triunfar en el Maestranza, incluyendo las habituales, dulces y equilibradas voces de la Escolanía de Los Palacios, orgullo de esta localidad sevillana, y los niños del público aprendiendo a manejar la batuta. Pura emoción.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 21 de diciembre de 2015

45 AÑOS El humo acaricia los ojos

Título original: 45 Years
Reino Unido 2015 93 min.
Guión y dirección Andrew Haigh, según un relato de David Constantine Fotografía Lol Crawley Intérpretes Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley Estreno en el Festival de Berlín 6 febrero 2015; en Reino Unido 28 agosto 2015; en España 18 diciembre 2015

Las personas mayores están de enhorabuena en el cine; ante la escasez de papeles para gente de edad avanzada, la cartelera ofrece hoy dos estimulantes títulos protagonizados por ellos y sus anhelos e inquietudes, la amable y aparentemente intrascendente Un paseo por el bosque y este emotivo y delicado 45 años que nos regala un realizador muy a tener en cuenta a partir de ya, Andrew Haigh. El cine de este padre de familia se caracteriza por indagar en las relaciones íntimas entre personas, primero gays, con la premiada Weekend y la sensacional serie de televisión Looking, y ahora ancianas. Charlotte Rampling y Tom Courtenay dan vida a un matrimonio anclado en ese antiguo concepto del amor que obliga a seguir juntos tantos y tantos años porque sencillamente es en eso en lo que han aprendido consiste la vida. Hay amor y hay respeto, pero también negación de aspectos y episodios que irremediablemente empañan la ilusión de la media naranja en la que nos han enseñado consiste la vida y el amor. En la maravillosa Dublineses de John Huston, al final de la película Donal McCann se conmovía ante el relato desesperado de su esposa, Anjelica Huston, que confesaba un trágico suceso de su juventud que le marcó para toda la vida. Una reflexión final del confiado esposo revelaba hasta qué punto nadie conoce a nadie, ni a tu pareja, y siempre hay rescoldos de la vida que nos pertenecen sólo a nosotros, por no decir que es matemáticamente imposible que nadie comparta la totalidad de la vida de otro semejante, salvo en ocasiones tan trágicas como poco deseables. Este conmovedor y catárquico final de Dublineses se recrea de alguna manera en esta delicada película cuando una pareja de antiguos rebeldes e intelectuales contestatarios reconvertidos en burgueses de temperamento templado, se preparan para celebrar sus cuarenta y cinco años de casados junto a sus numerosas amistades y familiares, aún más ajenos a los acontecimientos que verdaderamente han marcado sus vidas y sentimientos. El desmoronamiento moral y sentimental que va sufriendo una extraordinaria Charlotte Rampling, que ha sabido envejecer con tanta naturalidad y dignidad que se ha convertido en una hermosísima mujer mayor, se convierte en eje de esta película que acaricia tanto a sus personajes como lo hace al espectador, tratado con mucho respeto y consideración para que paulatinamente haga suyas las emociones sufridas por este matrimonio tan aparentemente estable como amargamente ilusionado en una felicidad que no lo es tanto y que está plagada de decepciones e inseguridades. Por su parte Tom Courtenay, actor surgido con la Nueva Ola de los sesenta que protagonizaron directores como Tony Richardson o John Schlesinger y que dio salto a la fama internacional con Doctor Zhivago para luego caer en el olvido y ser recuperado en títulos como La sombra del actor de Peter Yates y El cuarteto de Dustin Hoffman, compone un personaje también rico en matices e inseguridades, que revela en el discurso final y posterior baile con su esposa esa frustración que acompaña a la existencia de quien se pregunta cómo hubiera sido una vida paralela basada en otras decisiones y acontecimientos. Ese baile final, por cierto, es al son de Smoke Gets in Your Eyes, el clásico de Jerome Kern que Irene Dunne cantara en Roberta e inmortalizaran The Platters tres décadas después, y que revela en su letra la ceguera que impera en nuestros sentimientos para no sentirnos sobrepasados por la cruda realidad del amor, algo que sólo se cura con una educación sentimental diferente y alejada de esa cultura judeocristiana que lo inunda irremediablemente todo. Rampling y Courtenay fueron premiados en Berlín por este trabajo, mientras ella además ha sido reconocida en la Seminci, los Premios del Cine Europeo y la Crítica de Los Angeles.