sábado, 14 de marzo de 2026

JUAN DIEGO FLÓREZ RETIENE Y ENCANDILA EN EL MAESTRANZA

Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano. Programa: Arias y romanzas de Mozart, Rossini, Boieldieu, Chapí, Vives, Serrano, Massenet, Gounod y Verdi; piezas para piano de Rossini, Lecuona y Liszt. Teatro de la Maestranza, viernes 13 de marzo de 2026


Tiene mérito mantener durante tanto tiempo, treinta años de carrera ininterrumpida, la voz tan fresca y la capacidad para provocar tanta admiración intacta. La expectación era máxima y los resultados más que satisfactorios en este regreso de Juan Diego Flórez al Teatro de la Maestranza, ocho años después de su última comparecencia ante el público sevillano. Lástima que tuviéramos que elegir entre él e Ian Bostridge, que a la misma hora también encandiló a su público en un Espacio Turina igualmente lleno. Una de las propuestas más atractivas del Festival de Música Antigua tuvo que ser sacrificada por tantos y tantas para rendirse al gran espectáculo que siempre promete y cumple el ya veterano tenor peruano.

Y tiene igualmente que ser emocionante salir al escenario y enfrentarse a un auditorio de mil ochocientas butacas abarrotado, y mantenernos a casi todos y todas – la adicción al móvil se hizo patente en la sala, con luces, algún que otro molesto sonido y una incontinencia absoluta por parte de algunos y algunas a la hora de wasapear – tan pendientes de su canto y su actitud, porque lo suyo es cuestión de voz y seducción.

Su propuesta tuvo tres partes diferenciadas, una primera seria y serena, que partió de uno de sus celebrados registros, el álbum que en 2017 dedicó a Mozart, en el que se incluyen las tres arias con las que inició anoche su recorrido. Una segunda, más festiva y desenfadada, iniciándose con otro de sus imponentes discos, el que dedicó a la Zarzuela en 2024 junto a jóvenes músicos de su proyecto educativo Sinfonía por el Perú, pues también él, como nosotros, confía en la educación musical como forma de combatir las grandes tragedias de este planeta. Y una tercera integrada por las numerosas y esperadas propinas, guitarra en mano y en modo popular e intimista.

Todas estas facetas del canto hermoso, bien timbrado y mejor fraseado, del imponente tenor ya con medio siglo a cuestas, emergieron en un nuevo encuentro con el público sevillano.

Mozart y sus inicios rossinianos

Siempre con la complicidad del pianista estadounidense Vincenzo Scalera, que viene acompañándole en estas gestas desde tiempos inmemoriales, lo que da idea del grado de compenetración entre ambos artistas, Flórez inició su recital con un aria de concierto mozartiano en el que evidenció no necesitar ni siquiera calentar la voz para ofrecer un canto flexible, sencillo en apariencia, natural y elegante. A Misero! O sogno… Aura che intorno siguieron dos arias de La clemenza di Tito, Del piú sublime soglio, cantado con emotividad y delectación, y el aria de bravura Se all’impero, amici Dei, con autoridad y refulgentes agudos.

Flórez recordó después sus primeros pasos en el bel canto con un bloque dedicado a Rossini, pero no con sus títulos más emblemáticos, sino la recuperación de una canción de la colección de ciento cincuenta piezas breves de salón que acuñó bajo el título de Péchés de vieilleisse (Pecados de vejez), Le Sylvain. Antes, Scalera interpretó de este mismo ciclo una sencilla bagatela. El canto fluido y sublime se hizo patente también en Quell’alme pupille, de La pietra del paragone (La piedra de toque), la primera ópera de encargo para un gran teatro que compuso un joven Rossini.

Del relativamente desconocido compositor francés del primer cuarto del siglo XIX, François-Adrien Boieldieu, cantó un aria de una de sus últimas óperas, La dama blanca, en idéntico estilo sosegado y elegante, si bien atisbamos que sacrificó meterse en la piel de cada personaje para provocar una sensación de homogeneidad en el canto y la actitud, llevándose el repertorio a su terreno, con lo que corrió el riesgo de resultar monótono e incluso un poco aburrido, si bien esto último no llegó a ocurrir, manteniendo la atención y la admiración incondicional del público con eso que se considera saber comunicar.


Romanzas, el toque nostálgico y la fiesta popular

De su trabajo zarzuelero del 2024 extrajo Flores purísimas, de El milagro de la virgen de Chapí, una romanza técnicamente compleja que salvó con buen gusto y refinamiento, logrando una naturalidad y una frescura absolutas, gracias al ejemplar uso de reguladores y una técnica impecable a la hora de frasear y modular la voz. Después llegaron las más populares Por el humo de sabe dónde está el fuego, de Doña Francisquita de Vives, un guiño a las grandes voces que tanto le inspiraron, y Te quiero morena de El trust de los tenorios de Serrano, siempre llevado por su particular estilo, con una hábil mezcla de género y encanto personal.

Hubo espacio también para la lírica gala, presente en su repertorio prácticamente desde sus inicios, y que materializó con dos piezas emblemáticas, Pourquoi me révellier de Werther de Massenet, con toda la emoción posible, y Salut! Demeure chaste et pure de Fausto de Gounod, así mismo resplandeciente, con un acompañamiento pianístico cómplice y comprometido. Por cierto, Scalera dio muestra de una excelente técnica y sensibilidad con una mazurka de Lecuona y una Consolación nº 3 de Liszt de considerable lirismo. Finalmente, La mia letizia infondere… Come poteva un angelo, aria y cabaleta de I Lombardi de Verdi, interrumpida por el aplauso entusiasta del público y cantada con bravura, temperamento, justa ornamentación y algún notable sobreagudo, puso broche final al programa oficial.

Pero se sabía que ahí no terminaba ni mucho menos todo, que una buena ristra de propinas acabarían por meterse al público definitivamente en el bolsillo. Y así fue, primero una sensible canción napolitana a flor de piel, después una sucesión de baladas de su tierra, algunas canciones en modo popurrí de Chabuca Granda, la gran dama de la canción peruana, incluida la emblemática Fina estampa. Siguió, siempre guitarra en mano, con la inevitable canción mexicana Cucurrucucú Paloma, seguida de un espléndido mariachi, y por supuesto uno de sus caballos de batalla, esa Furtiva lágrima de El elixir de amor que tanto nos evoca a los grandes, Caruso y Pavarotti. Evitó repetir esos nueve do de pecho de Ah, mes amis, de La hija del regimiento, que ya cantó en 2018 y que sí ha ofrecido como propina en sus recitales en Madrid y Zaragoza de esta gira que terminará el próximo jueves en el Liceu de Barcelona.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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