Mostrando entradas con la etiqueta Cine ruso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine ruso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de noviembre de 2021

18º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 5ª JORNADA

ALI & AVA Música para enamorarse

Reino Unido 2021 95 min.
Guion y dirección
Clio Barnard Fotografía Ole Bratt Birkeland Música Harry Escott Intérpretes Adeel Akhtar, Claire Rushbrook, Ellora Torchia, Shaun Thomas, Natalie Gavin, Mona Goodwin, Tasha Connor Estreno en el Festival de Cannes 11 julio 2021

Presentada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, la nueva película de la realizadora británica Clio Barbard insiste en el estilo Ken Loach que caracterizaba sus anteriores películas, pero abandona el tono duro y pesimista de, por ejemplo, The Selfish Giant, cinta con la que en 2013 consiguió el premio al mejor guion en el Festival de Sevilla. Lo que cuenta Ali & Ava no es nada nuevo, una historia de amor boicoteada por la diferencia de raza y clase en un barrio obrero de Bradford, al norte de Manchester. Maduros y con un pasado sentimental considerable atrás, el carácter alegre y desenfadado de ambos ayudarán a limar diferencias, aunque en lo cultural y social sus familias no lo pongan del todo fácil. Sin embargo Barnard no carga las tintas en los aspectos dramáticos y prefiere rendirse a la amabilidad y la ternura del relato, mientras utiliza como aspecto dramático efectivo la música, metáfora de unas diferencias en principio irreconciliables que con el devenir de la trama se revelarán no tanto. Este tipo de productos británicos en los que abundan las buenas intenciones se benefician habitualmente de unas estupendas interpretaciones, y este caso no es una excepción, con Claire Rushbrook, a quien hemos visto en cintas como Secretos y mentiras o Ammonite, y el actor de origen pakistaní Adeel Akhtar se dan perfectamente la réplica. Un buen ramillete de estupendas canciones de todo género y unas acertadas formas de resolver los conflictos, con mayoritaria participación del género femenino, consiguen que la cinta se saboree con agrado.

MEDEA Emmanuelle en Jerusalén

Título original: Medeya
Rusia 2021 139 min.
Guion y dirección
Alexander Zeldovich Fotografía Alexander Ilkhovsky y Stepan Lukyanov Música Alexey Retinsky Intérpretes Tinatin Dalakishvili, Yevgeni Tsyganov, Aleksey Vertkov, Shai Assido, Timur Badalbeyli, Anton Rival Estreno en el Festival de Locarno 9 agosto 2021; en Rusia 18 noviembre 2021


El veterano director ruso Alexander Zeldovich revisita el mito de Medea y la convierte en una suerte de Emmanuelle que se entrega al sexo más desinhibido en el Jerusalén actual de los conflictos entre árabes y judíos, con el fin de atraer la atención de su esposo y sin renunciar el desenlace de todos conocidos, el comportamiento más terrible que puede imaginarse de una madre. Por el camino sufre los más ridículos desmayos cuando llega al orgasmo y se entrega a una estructura dramática de lo más anárquica, una sucesión de situaciones en su mayoría inconexas. Su protagonista, la joven Tinatin Dalakishvili realiza un trabajo físico extenuante, se mueve con soltura en ruso, hebreo e inglés y se presta a momentos de enorme carga histérica, sin que nada logre emocionar al sufrido espectador al que se le exigen dos horas y cuarto de atención. Pero algo merece en este quebradizo conjunto, una imponente banda sonora de Alexey Retnsky, que incluso ha contado para la ocasión con la dirección musical del reputado Teodor Currentzis, y una sofisticada puesta en escena en la que destaca su hermosa y luminosa fotografía.

EVOLUTION Purificación

Hungría-Alemania 2021 97 min.
Dirección
Kornél Mundruczó Guion Kata Wéber Fotografía Yorick Le Saux Música Dascha Dauenhauer Intérpretes Annamária Láng, Lili Monor, Goya Rego, Padmé Hamdemir Estreno en el Festival de Cannes 11 julio 2021; en Hungría 25 noviembre 2021


Quizás la más depurada técnica y dramáticamente cinta del director de películas como Delta, Tender Son, White God, Jupiter’s Moon y Fragmentos de una mujer, su única incursión por el momento en el cine americano. En Evolution Mundruczó analiza las consecuencias emocionales del Holocausto en una familia judía a través de tres generaciones y con sus tres capítulos correspondientes. Asistimos incrédulos a un sofocante primer plano secuencia en la que unos operarios intentan desinfectar una cámara de gas en Auschwitz y realizan un primer descubrimiento nauseabundo y otro posterior inquietante. A continuación es una anciana en su casa de Budapest quien en tiempo contemporáneo parece necesitar una purificación frente a los desvaídos propios de la edad y el sufrimiento arrastrado durante décadas por el impacto de una infancia marcada por el genocidio nazi. Su hija, con quien entabla una dura conversación siempre con la complicidad de una cámara en el lugar exacto y en movimiento perfectamente estudiado, es a su vez la madre de un adolescente que vive en Berlín una historia de amor puro con una niña árabe, ajenos a un pasado lamentable pero expuestos al abuso continuo de otros chicos mayores que repiten comportamientos y estrategias que hacen temer la repetición de la historia. Ese amor puro, rodado también con un elegancia extrema, puede ser la única esperanza de luz, y nosotros recipientes de un trabajo de honda y perdurable emoción.

martes, 13 de julio de 2021

QUERIDOS CAMARADAS Olvidar los crímenes del Estado

Título original: Dorogie tovarishchi!
Rusia 2020 120 min.
Dirección
Andrei Konchalovsky Guion Elena Kiseleva y Andrei Konchalovsky Fotografía Andrey Naidenov Intérpretes Yuliya Vysotskaya, Vladislav Komarov, Alexander Maskelyne, Andrei Gusev, Yulia Burova, Sergei Erlish Estreno en el Festival de Venecia 7 septiembre 2020; en el Festival de Sevilla 9 noviembre 2020; en Rusia 12 noviembre 2020; en España 9 julio 2021

Lo estamos viendo últimamente en las noticias que nos llegan de Cuba. Los regímenes, por muy autoritarios que sean, sobreviven, algunos a duras penas, mientras al pueblo no se le niegue el alimento. El bolsillo y el estómago es lo único que el hombre defiende a capa y espada por instinto. Lo hemos visto también aquí en un pasado reciente, cómo por muchos avances sociales en derechos y libertades, y por mucho que se terminase de raíz con la lacra del terrorismo, una equivocada gestión económica es capaz de acabar con un gobierno legítimo.

Siberiada y El cartero de las noches blancas sirven de paréntesis en la filmografía de Andrei Konchalovsky, fundamentalmente centrada en su largo periplo estadounidense, en el que se especializó en cine de cierta calidad pero hechuras de serie B, con cintas como El tren del infierno, Ansias de vivir, Vidas distantes, Homer y Eddie, Tango y Cash, El círculo del poder y una versión televisiva de El león en invierno. En Queridos camaradas, título irónico extraído de una popular canción soviética incluida en la banda sonora de una de las muchas películas propagandísticas del régimen, Konchalovsky recrea la masacre de Novocherkask, cuando en junio de 1962 los obreros de una fábrica de motores fueron a la huelga por la bajada de sueldos y la subida del precio de los alimentos, siendo reprimidos sanguinariamente por el KGB (Comité para la Seguridad del Estado), aunque aparentemente la responsabilidad fuera del ejército. La cinta se centra fundamentalmente en el esfuerzo del gobierno por silenciar lo ocurrido, algo también muy común incluso en los regímenes presuntamente democráticos, mientras para darle enjundia dramática, el argumento sigue la odisea de una afiliada y activista del partido cuya hija ha desaparecido en el incidente.

El director ruso combina la narrativa clásica aprendida en el cine americano con las hechuras europeas, más concretamente la última ola del centro de Europa que ilustra problemas relacionados con el antiguo telón de acero en blanco y negro y formato de pantalla reducido. El peso dramático lo lleva sobre todo la actriz Yuliya Vysotskaya, mientras el director exhibe buena mano y seriedad absoluta en su forma de ilustrar los acontecimientos, siempre desde un supuesto punto de vista neutral, como una crónica de la que cada cual es capaz de sacar sus propias conclusiones. Su trabajo le valió el Premio Especial del Jurado en Venecia y el de mejor director en el Festival de Chicago, mientras el de Sevilla lo incluyó en su sección oficial.

martes, 24 de diciembre de 2019

UNA GRAN MUJER (BEANPOLE) Análisis sadomasoquista de los estragos de la guerra

Título original: Dylda
Rusia 2019 130 min.
Dirección Kantemir Balagov Guion Kantemir Balagov y Aleksandr Terekhov Fotografía Kseniya Sereda Música Evgueni Galparine Intérpretes Viktoria Miroshnichenko, Vasilisa Perelygina, Konstantin Balakirev, Andrey Bykov, Olga Dragunova, Timofey Glazkov, Kseniya Kutepova Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2019; en Rusia 20 junio 2019; en España 20 diciembre 2019

Larguirucha suena muchas veces a lo largo de esta película, a veces incluso de forma algo forzada. Pero aquí han preferido cambiar ese su título original por Una gran mujer, que no es lo mismo que Una mujer grande, más acorde con las características físicas de su protagonista, y que insinúa un doble sentido que el personaje ciertamente no parece merecer. En el colmo de los despropósitos nos indican entre paréntesis su título internacional, en inglés, en lugar de ese Larguirucha indicado, que es lo que significa Dylda (en ruso) y Beanpole (en inglés).

El segundo largometraje de la nueva sensación rusa, Kantemir Balagov, después de Demasiado cerca, estrenada en 2017, es una desagradable inmersión en los estragos de la guerra a través de dos mujeres y sus muy crudas y sórdidas experiencias. Una vez más es la mujer el objeto de esa catarsis psicológica, a menudo, y ésta no es una excepción, relacionada con ese instinto maternal mal interpretado que la convierten en un ser trastornado, mientras los hombres son trazados con mano más indulgente, aunque no dudemos de que las intenciones sean diametralmente opuestas, las de sublimar a la mujer por encima del hombre. Pero no podemos hacer eso convirtiéndola en una mártir, en una mater dolorosa entregada al sacrificio y la sinrazón, porque volvemos a errar y a hacer un mal favor a un movimiento que necesita mayor visibilidad y un punto de vista más racional y estricto. Aquí dos mujeres heridas por la guerra, una, la del título, con un síndrome que la enajena periódicamente y de forma involuntaria durante algunos minutos, y la otra regresada del frente en una recientemente terminada Segunda Guerra Mundial, se enfrentan a un futuro sin más esperanza que la maternidad, mientras deambulan cual zombis por un paisaje terriblemente colorista, poblado por intensos verdes y rojos, en el que sobreviven soldados heridos, médicos bondadosos, mujeres políticas detestables (otro signo de misoginia inconfesa), niños inocentes y jóvenes simplones (¡ay los hombres, qué tontos que son!).

Todo un ejercicio sádico que invita al espectador a sumergirse en una experiencia masoquista, insoportable por las insufribles e incomprensibles reacciones de sus protagonistas, la cantidad de situaciones dolorosas a las que se les somete y la escasa lucidez con la que se tributa a la mujer herida y por lo tanto desquiciada, frente al hombre, al parecer más cerebral y ajeno al sufrimiento, por mucho que también se le exponga a situaciones extremas. Lo que a nosotros nos parece otro despropósito, otros lo consideran un producto sobresaliente e incluso lo premian, como hicieron en Cannes con el galardón a la mejor dirección en Un certain regard.