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sábado, 31 de marzo de 2012

4ª Y ÚLTIMA CRÓNICA DEL FEMÁS (30 y 31 de marzo)

Miguel Rincón, Fahmi Alqhai,
Enrique Solinís y Johanna Rose
Tras el fabuloso e irrepetible fin de semana pasado y repitiendo el esquema del año pasado, el Festival terminó con su propio director al frente de la Accademia del Piacere, seguido al día siguiente de la Barroca de Sevilla, una tradición ya del gran final de la muestra que no hace sino corroborar nuestra teoría de que esta edición se parece demasiado a otras anteriores. El primero se celebró en la Iglesia de San Alberto, cuyo párroco tuvo la deferencia de explicar aspectos del edificio y su historia antes de comenzar un concierto que fue una especie de Fahmi y sus amigos, que a lo largo de este dilatado certamen han ido apareciendo en muchas de sus propuestas. No discutimos el nivel alcanzado por estas formaciones locales, y nos encantaría disfrutar de ellas más a menudo, pero muchos y muchas preferiríamos que el FeMÁS diera más entrada a otro tipo de ofertas, nacionales e internacionales, todavía a descubrir por nuestro público. De la misma forma que sería saludable que existiera un mayor esfuerzo en estudiar y desempolvar el magnífico legado cultural y musical de nuestra tierra, en lugar de someterlo a intervenciones y manipulaciones a menudo folclóricas, caprichosas y facilonas con la coartada de la habitual glosa practicada en tiempos pasados.

Iglesia de San Alberto, en la calle Estrella
Los integrantes del conjunto han dado sobradas muestras en ésta y otras ocasiones de su virtuosismo técnico, su elegancia y su rotunda musicalidad, con el siempre magnífico percusionista Pedro Estevan, las excelentes prestaciones de la familia Alqhai a la viola de gamba o de Javier Núñez al clave, incluido un desacreditado Juan Ramón Lara al violón. Pero para estas danzas del XVI y XVII en forma de folías, marionas y jácaras, se optó por unos arreglos que hicieron sin duda las delicias de un público entregado aún a costa de que se desvirtuaran las piezas hasta el punto de mezclar algunas con el flamenco, para lo que se contó con el percusionista David Chupete y la maestría una vez más de Enrique Solinís, que domina la guitarra barroca hasta en estilo agitanado. Todo muy deslumbrante y muy complaciente.


Christophe Coin volvió a colocarse frente a una Barroca de Sevilla que hacía tiempo no disfrutábamos tan al completo, y es que el programa lo demandaba. El lugar elegido fue la Fundación Cajasol, quizás a punto de desaparecer por una pésima gestión y la clásica tozudez sevillana. El francés confirmó ser mejor violonchelista que director; con él la orquesta suena más destemplada en los tiempos pausados, como ocurrió en la introducción de la Obertura de La isla deshabitada de Haydn, pero recupera fuelle en los pasajes enérgicos y briosos. Con una primera parte prácticamente dedicada al compositor austriaco, con la excepción de una anodina aria de Boccherini cantada con estilo por Raquel Andueza, lo mejor fue sin duda la intervención de Coin en el célebre Concierto para violonchelo nº 1, capaz de emocionarnos con tan sólo rozar la cuerda con el arco, tanto que ni siquiera molestó alguna tirantez ni exceso de vibrato. Como Boccherini, Gaetano Brunetti también pasó gran parte de su vida en la corte madrileña. Su música es sin duda de menor categoría y sirvió en la segunda parte para lucimiento del hermoso timbre de Andueza, que cantó con elegante fraseo y las agilidades justas, aunque algo más sosa de lo habitual. Una insustancial broma musical, la Sinfonía nº 33 “El maniático” del mismo autor, puso punto y final a un concierto quizás de los menos memorables de nuestra querida formación, y de paso a una edición del FeMÁS en la que ha brillado la organización, capaz de corregir errores de ediciones anteriores, pero que en general se nos ha antojado, con contadas excepciones, más de lo mismo.

lunes, 26 de marzo de 2012

3ª CRÓNICA DEL FeMÁS (del 22 al 25 de marzo)


Gli Incogniti, Alba Roca en el extremo de la derecha
Una de las citas más atractivas de la presente edición del FeMÁS tuvo lugar el viernes 23 en la bellísima Iglesia de Santa Ana en Triana. Comandados por la inquieta y polifacética Amandine Beyer, el grupo Gli Incogniti hizo acto de presencia demostrando una energía y fuerza expresiva extraordinarias, en un programa íntegramente dedicado a Vivaldi en el que no faltaron las archiconocidas Cuatro Estaciones, auténtico reclamo de la noche. Si bien es cierto que de éstas ofrecieron unas versiones protagonizadas por el contraste y el cambio de ritmo, con efectos sorprendentes y originales, y con un dominio indiscutible del estilo y la técnica, no dejan de ser piezas demasiado transitadas, por lo que lo mejor se contuvo en una serie de hermosísimos conciertos interpretados con exquisito gusto y sentido de la retórica, con una disposición de los instrumentos que daba a cada interpretación un efecto multifónico altamente atractivo. A destacar la contundencia y la elegancia empleadas en el Concierto para violonchelo RV420 y la presencia de la violinista Alba Roca, a quien echábamos mucho de menos desde que dejase la Barroca de Sevilla.

Václav Luks al frente del Collegium 1704
El más importante compositor checo del Barroco, Jan Dismas Zelenka, ha encontrado nuevos valedores en Václav Luks y su Collegium 1704, y para demostrarlo presentaron en la Catedral su Misa de Santa Cecilia, un trabajo exquisito y rico en contrapuntos, fugas y armonías, prácticamente desconocido hasta hoy. La excelencia interpretativa primó en los integrantes del conjunto; cuerda, órgano, fagot y oboes que sonaron con plasticidad y equilibrio sorprendentes, a los que se sumaron las ocho extraordinarias voces solistas del Collegium Vocale 1704, logrando juntos una recreación impecable de esta imaginativa, melódica y audaz página coral. El programa se completó con un Miserere del mismo autor, que Luks dedicó a Sevilla y su principal templo, y en el que se apreció una escritura dramática, inhóspitamente agresiva y contundente, pareja en más de un aspecto a lo que contemporáneamente componía Händel.


La soprano gaditana, aunque nacida en
Barcelona, Ruth Rosique
Los todoterreno Ruth Rosique y Dani Espasa al frente del conjunto Vespres d’Arnadí cerraron la semana llena de magia y sensaciones que iniciaron el grupo noruego Nordic Voices. La encantadora soprano lució una voz llena de virtuosismo y tan generosa en agilidades que se quedó en la frontera de la coloratura belcantista sin perder en estilo. Aunque con algún agudo tirante, fue capaz de devorar un complicadísimo programa que incluía la Cantata 51 de Bach y el motete Silete venti de Händel con tanta gracia, estilo y poderío vocal que acabó recibiendo una larguísima y merecidísima ovación. Su habitual delicadeza escénica ayudó también en esta ocasión. El conjunto, que arrancó la velada con una pieza de Tafelmusik de Telemann, destiló tanta energía y un sonido tan envolvente que algunas irregularidades de tono y afinación pasaron a un segundo plano.

Patricia Paz 
No tenía más remedio que sufrir una indisposición la soprano Patricia Paz en el concierto que ofreció junto a Canto Divino el sábado por la mañana en otra joya de nuestro esplendoroso Barroco, el Convento de Santa Isabel. Sólo así se explica que una voz de timbre tan hermoso, canto sereno y delicado y tan en estilo, arrastrara tantas impurezas de fraseo, legato, modulación y emisión, llegando en ocasiones a ser inaudible. En el programa una serie de piezas de la liturgia renacentista luterana de enorme riqueza melódica y armónica, con Buxtehude a la cabeza. Un trío de flautas comandadas por Guillermo Peñalver, con Daniel Zapico (tiorba) y Alejandro Casal (órgano) de apoyo, protagonizaron una parte instrumental solvente pero convencional y viciada en exceso de languidez.

No sería justo en este punto dejar de reconocer el alto nivel logrado por el equipo de organización en esta 29ª edición del festival, lo que ha hecho posible terminar con las insufribles colas, los malentendidos y confusiones, y que todo haya fluido en esta ocasión con mucha ligereza, comodidad y naturalidad.

lunes, 19 de marzo de 2012

2ª CRÓNICA DEL FeMÁS 2012 (del 16 al 18 de marzo)


Quizás el emblema de esta edición, Metamorfosis, invite a echar un vistazo al pasado para encarar en la próxima nuevos rumbos, y ello justifique la multitud de rostros y conjuntos que se repiten este año. La excelencia interpretativa de Juan Carlos Rivera y Armoniosi Concerti, y el placer que provoca en nuestros sentidos se dieron cita de nuevo en un festival del que esperamos que en próximas ediciones nos brinde la oportunidad de ampliar horizontes y conocer así más de lo que se hace en otros entornos menos explorados en el campo de la música antigua. En el programa ofrecido por este conjunto el pasado viernes, tras la apertura de la semana de la vihuela que protagonizó el carismático Paul O’Dette dos días antes, nos reencontramos con sonidos y formas con las que estamos ya muy familiarizados; no por ello podemos dejar de destacar la seriedad y rigor con el que Rivera, Consuelo Navas y Juan Miguel Nieto tañeron las danzas de Fabricio Caroso que popularizó Respighi, o las de Cesare Negri, Girolamo Kapspeger y los inevitables Gaspar Sanz y Santiago de Murzia, con tres visiones de los ya célebres canarios españoles incluidas. Para el recuerdo la sensibilidad mostrada en Las penas y Pasacalles de Murzia, si bien hubo demasiada sobriedad en un programa que demandaba mayor dinamismo y un carácter más festivo, pero cuya a priori monotonía se vio una vez más salvada por la excelencia interpretativa de los tres efectivamente armoniosos intérpretes.

Por si fuera poco los nombres que se repiten en esta edición, los conciertos matinales dedicados a los músicos locales ofrecen también más de lo mismo, adelantándose a la programación estival de los Jardines del Alcázar. Temperamento nos trajo un programa confeccionado de manera exquisita a fuerza de arias de cantatas y oratorios de Bach, pero con resultados poco satisfactorios. Desde el respeto y la admiración que nos merecen sus integrantes y sus excelentes currículos, debemos sin embargo decir que Cristina Bayón cantó fuera de estilo, con voz espesa de escolástica técnica y continua e inexplicable tendencia al forte y la coloratura. También sin apenas delicadeza ni estilo, de manera seca, monótona y en exceso contenida atacaron el resto de los integrantes, Rafael Ruibérriz a la flauta, Guillermo Turina al violonchelo y Alejandro Casal al órgano.

También asiduos al Festival, los integrantes de Forma Antiqva, los hermanos Daniel, Pablo y Aarón Zapico, aprovecharon la ocasión para presentar en sociedad su último disco, Concerto Zapico, una práctica muy saludable para cualquier festival y que debería ir acompañado de su correspondiente rueda de prensa. Con una propuesta muy similar a la de Armoniosi Concerti pero con un espíritu muy distinto, los jóvenes hermanos derrocharon creatividad, agilidad, ritmo y sobre todo mucha musicalidad en su paseo por fandangos, pasacalles, folías y otras danzas fundamentalmente españolas, algunas para cuerda pulsada, otras para teclado, pero en todo caso transcritas para guitarra, tiorba y clave, éste a veces adoptando una original sonoridad laudista. Bendecidos por el ritmo, la jovialidad, la simpatía y un encomiable sentido para la improvisación, no podemos obviar la delicadeza con la que abordaron algunas recercadas, en un exquisito programa con piezas también de Kapsberger, Murzia y Sanz (en las propinas), además de Roncalli, Ortiz y Scarlatti, entre otros.

Aunque existe una grabación de 1965 de Edwin Loehrer de Santa Teodosia de Alessandro Scarlatti, la nueva edición crítica de Eduardo López Banzo de El martirio de Santa Teodosia, un oratorio escrito dentro de una serie de ellos dedicados a promover la constancia de la fe en varias mártires cristianas, gozó de honores de estreno en una Sala Joaquín Turina abarrotada. Esta reedición prescinde del coro e introduce ligeras variantes en el texto, que María Espada cantó con su habitual brillo ornamental, sonido envolvente y extraordinaria delicadeza, descubriéndonos arias tan hermosas como Se il Cielo m’invita y otras de vertiginosas habilidades técnicas como Oh gradita sentenza. El tenor portugués Fernando Guimaraes prestó al príncipe enamorado un bellísimo timbre aterciopelado y elegante fraseo; el contratenor Carlos Mena, otro habitual del festival, desarrolló su rol con un toque preciso de ironía; y el bajo italiano Luigi de Donato lució una voz potente y contundente. Banzo dirigió con entusiasta solvencia el conjunto aragonés Al Ayre Español, con los pilares fundamentales para el éxito de la empresa de James Bush al cello, Juan Carlos de Múlder al archilaúd, Carlos Gª Bernalt al órgano, y Farran James comandando la cuerda.

domingo, 11 de marzo de 2012

1ª CRÓNICA DEL FeMÁS 2012 (del 9 al 11 de marzo)

No estamos muy seguros de que celebrar la XXIX edición del Festival de Música Antigua de Sevilla durante casi todo un mes, con intervalos de varios días desiertos, sea una buena idea. No parece apropiado con la intención de darle mayor proyección internacional, ya que difícilmente va a encontrar un público dispuesto a venir a Sevilla tantos días y con varios entremedio para perder. Lo que sí quedó claro con el doble concierto de inauguración es que desde el extremo sur de Europa cuesta más demostrar la excelencia en cualquier disciplina artística. Sólo así se explica que la Barroca de Gante, una de las cuatro capitales que junto a Sevilla forman las ciudades europeas de la música, exhiba una agenda envidiable en sólo doce años de vida contando con unas prestaciones más bien discretas.


La B’Rock Baroque Orchestra Ghent articuló su aportación en torno a una serie de poco divulgados compositores belgas de mayor interés musicológico que artístico, con los que el conjunto evidenció un estilo flácido y frágil, indeciso en ocasiones, pero de acentuados contrastes y correctos juegos dinámicos, y que nos permitieron descubrir piezas interesantes como un onomatopéyico y vivaldiano concierto de Henri-Jacques de Croes, o un concierto para flauta travesera de Jacques Loeillet que el solista Alexis Kossenko abordó con sorprendente virtuosismo y evidente buen gusto. Un recientemente descubierto concierto de Telemann que Rudolph Richter, a la cabeza del conjunto y abordando las partes solistas al violín, defendió con delicadeza y agilidad, dejó claro que cuanto mejor es la obra más se luce la interpretación.

Algo que confirmó el repertorio elegido por la Orquesta Barroca de Sevilla, una serie de grandes piezas para cuerda, entre ellas el Concierto Grosso nº 1 de Haendel y el primero de los tres conciertos para uno, dos y hasta tres violines que sobreviven en su formato original de los seis que compuso Bach, del que la formación ofreció una interpretación antológica comandada por un extraordinario, preciso y radiante Pablo Valetti como solista. Dos introducciones teatrales de Locatelli y una breve sinfonía de Domenico Scarlatti completaron un programa que la orquesta abordó con su habitual ímpetu, solidez y fuerza expresiva. Una lectura conjunta de ambas orquestas del mismo concierto de Haendel culminó al arranque de un mes de celebraciones en el que se echó en falta una mayor evidencia de que nos encontramos en el marco de un festival, y no de una cita cualquiera.

Dominique Visse
Dos músicos de lujo acapararon nuestra atención en la velada del sábado, el contratenor francés Dominique Visse y el clavecinista brasileño Nicolau de Figuereido, sin duda dos de las figuras más aclamadas de la interpretación de música barroca desde hace varias décadas. Henry Purcell es un compositor que no falta nunca a la cita, y en torno a él y bajo el título Music for a While se articuló un concierto en el que se alternaron canciones y piezas vocales teatrales con instrumentales de autores como William Byrd, Bernardo Storace y Barbara Strozzi. Visse posee una voz en sintonía con su aspecto estético, particular y extravagante, de generosa y limpia proyección, que modula no enteramente a su antojo, ya que son numerosas las ocasiones en las que para alcanzar las notas más bajas acude a abruptos cambios de color, acusando además monotonía en su estilo canoro, a pesar del tono jocoso y hasta cómico que adopta cuando la ocasión lo demanda. Figuereido cargó con el mayor peso de la función, al clave o al órgano, infatigable durante la más de hora y media ininterrumpida que duró el concierto, evidenciando un dominio absoluto del teclado, un gusto exquisito para la ornamentación y una sintonía simbiótica con el atribulado vocalista. Los dramáticos y apesadumbrados O solitude de Purcell y L’Eraclito amoroso de Strozzi acapararon los momentos álgidos de la noche.

Vicente Parrilla
La sorprendente acogida que la música renacentista y barroca ha obtenido en nuestra ciudad, al abrigo de las estupendas formaciones que en ella han surgido en los últimos tiempos, vuelve a tener su protagonismo en los conciertos matinales de los fines de semana, el primero de los cuales se destinó a presentar el último registro discográfico del grupo More Hispano, liderado por Vicente Parrilla, Glosas. Hasta seis flautas renacentistas, una bajo, dos tenores, dos altos y una soprano, llegó a tocar el creativo músico en un rico repertorio de música de alcoba del S. XVI escrita a cuatro voces. Una oferta sobria y disciplinada, acaso demasiado rutinaria a pesar de las múltiples posibilidades en timbres y ornamentación que ofrece el género. Parrilla debería ser más atrevido, abandonar las digitaciones a las que nos tiene acostumbrados, y experimentar con nuevas variantes y agilidades. No obstante cada instrumentista dio sobradas lecciones magistrales en armonía, contrapunto y articulación, destacando el vuelo lírico y la sedosidad de Johanna Rose en la viola de gamba, especialmente en Chi me dara piu pace de Marchetto Cara, si bien la pieza que logró un acabado más impecable y sorprendente fue el Une jeune fillette que Montserrat Figueras popularizó en la banda sonora de la recurrente Todas las mañanas del mundo. Por su parte el excelente laudista Miguel Rincón, también componente del conjunto, fue el protagonista en solitario de un didáctico segundo concierto matinal en torno a las mismas célebres partitas para violín de Bach cuyas versiones originales se pudieron disfrutar en la noche del domingo a cargo de la especialista japonesa Midori Seiler, precedidas de las prodigiosas suites para violonchelo del mismo autor en interpretación del donostiarra Iagoba Fanlo.