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martes, 18 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO MONO Para pasar el rato

España 2026 85 min.
Dirección
Joaquín Mazón Guion Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano Fotografía Carlos Cebrián Música Marina Alcantud Intérpretes Juan Dávila, Susana Abaitua, Óscar Lasarte, Conchi Espejo, Sergio Jiménez, Yani Collado, Xavi Francés Estreno 7 agosto 2026

No se le puede exigir a ningún guionista que dé siempre en la diana. La pareja formada por Yolanda García Serrano y Joaquín Oristrell ha triunfado en muchas ocasiones, la mayoría a las órdenes de Manuel Gómez Pereira, con quien han colaborado desde sus inicios con Todos los hombres sois iguales hasta la reciente y muy lograda La cena. Sin Yolanda, recordamos con especial cariño aquella Sin vergüenza que escribió y dirigió Oristrell con la malograda Verónica Forqué como protagonista. Ahora, de la mano del director de las que nos tememos son películas tan infames como Cuerpo de élite, De perdidos a Río, La familia Benetón y El casoplón, pero también de la estimable La vida padre, con Enric Auquer y Karra Elejalde, el tándem ofrece una entretenida y medianamente divertida comedia con el feminismo como telón de fondo. Pero es ahí donde fracasa la empresa, porque el tema daba para un guion con mayor enjundia e incisividad de la que son capaces de insuflarle sus responsables.

Empezando por el cambio de género que tanta polémica ha generado, y siguiendo por el estereotipo de las feminazis, a pesar de conocer bien la intención e ideología de sus creadores, a veces parecen no tomar partido concreto sobre tan espinosos y controvertidos temas, dejándolos sólo como excusas para articular una comedia romántica del todo previsible y hasta forzada, y que sin embargo logra entretener sin resultar demasiado chirriante. A ello se prestan el nuevo galán cónico del cine español, Juan Dávila, que de policía pasó a ser monologuista y showman, después interpretar papeles secundarios en un sinfín de películas, y este año saltar a la fama con Castigo divino y ahora esta película. No se puede negar que tiene vis cómica y muy poca vergüenza, como atestigua una de las escenas más divertidas de la película, a sólo un paso de resultar sonrojante y ridícula, y sin embargo tan bien defendida por el actor novel, que nunca logrará el Goya en ese apartado.

Le acompaña la siempre eficaz y atractiva Susana Abaitua, acostumbrados a verla en papeles dramáticos y comprometidos como la reciente Un fantasma en la batalla, y les secundan con gracia y talento Óscar Lasarte y Conchi Espejo. Las localizaciones en Valencia y alrededores ayudan a digerir el conjunto, aunque siempre da la sensación con la capital levantina de que se aprovecha poco, a no ser que se convierta en escenario de aventuras galácticas, como ocurre en Andor. En definitiva, se trata de un trabajo para pasar el rato y no dejar de ir al cine aunque nos encontremos en período estival.

miércoles, 15 de octubre de 2025

UN FANTASMA EN LA BATALLA El dolor como arma de combate

España 2025 105 min.
Guion y dirección
Agustín Díaz Yanes Fotografía Paco Femenía Música Arnau Bataller Intérpretes Susana Abaitua, Andrés Gertrúdix, Iraia Elías, Raúl Arévalo, Ariadna Gil, Jaime Chávarri, Arnatz Zuazua, Almagro San Miguel, Eduardo Rejón Estreno en el Festival de San Sebastián 23 septiembre 2025; en salas 3 octubre 2025; en Netflix 17 octubre 2025

De vez en cuando Netflix permite que algunas de sus producciones puedan verse en pantalla grande antes de debutar en su plataforma doméstica, permitiéndonos disfrutar como se debe de películas como ésta, compartiendo así en grupo las emociones que destila. El mejor Agustín Díaz Yanes, el de su debut en la dirección con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, se asoma en ésta su sexta película, ocho años después del fiasco que supuso Oro, y con otras decepciones acumuladas, como la de Alatriste. Irremediablemente condenada a ser comparada con el gran éxito del año pasado que fue La infiltrada, la película de Díaz Yanes coincide con ésta en la idea de mujer policía, o guardia civil, infiltrada en la organización criminal ETA, para colaborar de forma decisiva en su desarticulación. Sin embargo, donde allí teníamos fundamentalmente una cinta de acción e intriga, aquí encontramos una mayor profundidad en el tratamiento del material dramático, con un personaje principal más vulnerable, sufriente y en continuo desafío consigo misma. 
Pero sobre todo encontramos un ejercicio de introspección con el dolor sufrido por tantos y tantas españolas durante demasiado tiempo.

Tras unos ochenta exageradamente sanguinarios, los noventa conocieron la ejecución de nombres de la talla de Ordóñez, Múgica o Tomás y Valiente, el terrible episodio del secuestro de Ortega Lara y, sobre todo, la maquiavélica amenaza de matar a Miguel Ángel Blanco, poniendo en jaque a toda una nación y culminando en un final ni siquiera imaginable por el más perverso de los guionistas cinematográficos. De todos estos episodios se hace eco, con la seriedad y el sentido homenaje a las víctimas que exige, la dura e inflexible película de Díaz Yanes, donde brilla una Susana Abaitua contenida y no por ello menos expresiva.

La gramática precisa y directa de la película se combina con el excelente trabajo de la plantilla artística y su perfecto acabado técnico, mientras la eficaz narrativa nos conduce por el camino de desasosiego que sufre la protagonista, de forma ascendente, dolorosa y casi irrespirable. Todo un alegato contra lo que nunca debería repetirse, pero sin simplificarlo todo a buenos y malos, dejando sin acentos innecesarios que los terroristas lleven también su cruz, que sean conscientes de su inevitable destino. La banda sonora, asfixiante y dramática de Arnau Bataller, se combina de manera ejemplar con las canciones italianas, fundamentalmente de Mina, que sirven al mando para comunicarse con la impagable y, a todas luces, trágica heroína.