sábado, 10 de diciembre de 2011

IN TIME

USA 2011 109 min.
Guión y dirección Andrew Niccol Fotografía Roger Deakins Música Craig Armstrong Intérpretes Justin Timberlake, Amanda Seyfried, Cillian Murphy, Olivia Wilde, Alex Pettyfer, Johnny Galecki, Vincent Kartheiser, Matt Bomer, Yaya DaCosta
Estreno en España 2 diciembre 2011

Poco se prodiga el realizador de Gattaca, Simone y El señor de la guerra, y autor del guión de El show de Truman de Peter Weir. Pero a la vista de los pobres resultados de esta nueva incursión en la ciencia ficción, menos debiera aún prodigarse. Partiendo de una premisa interesante, una sociedad en un futuro próximo (a la vista de la dirección artística parece inminente, aunque algunos avances tecnológicos resulten demasiado inalcanzables) en la que nadie sobrepasa los 25 años, y por supuesto manteniendo una extraordinaria belleza, a cambio de traficar con tiempo en lugar de dinero para sobrevivir. Lucha de clases, injusticias sociales, mafias y tráfico ilegal son temas expuestos con mucha timidez y escasísima capacidad crítica o al menos analítica. La cosa deviene progresivamente en un aburrido bodrio de persecución sin fin y giros de guión de escaso calado emocional. Los guapos y guapas cumplen como pueden mientras la música de Craig Armstrong destaca en el conjunto, si bien tampoco con demasiado entusiasmo.


Versión coral del tema principal de la película, compuesto por Craig Armstrong

jueves, 8 de diciembre de 2011

CITAS EN MADRID: LADY MACBETH Y DON QUIJOTE

Cuando Shostakovich estrenó su segunda ópera simultáneamente en Leningrado y Moscú, cinco años después de debutar en la lírica con La nariz, nada le hacía presagiar que dos años más tarde, a propósito de la asistencia de Stalin a una de sus representaciones en la capital de la Unión Soviética, comenzaría un particular calvario para el compositor que acabaría con su carrera como autor operístico – su tercera ópera, Los jugadores, que comenzó a escribir ocho años después del estreno de Lady Macbeth de Mtsensk, quedó inacabada. El dirigente soviético vio mucha mezquindad, vulgaridad y música confusa en una obra que debía ser el punto de partida de una serie de óperas que reflejasen el papel de la mujer en Rusia, desde la machista época zarista a la liberación femenina en la URSS. Para ello adaptó una novela corta basada en un acontecimiento verídico en el que una mujer asesinaba a su suegro, marido y el sobrino de éste, con la ayuda de su amante y con móviles absolutamente económicos, lo que le valió el apodo del personaje shakespeariano. El hecho de que Shostakovich despojara a la protagonista de ambiciones hereditarias, y limitara sus frustraciones a las de índole sentimental, le sirvió para analizar la sociedad machista en la que se desenvuelve el drama de un juguete sexual castigada sin estímulos sensuales y afectivos. Sin embargo en ese punto deja de tener relación con Lady Macbeth, y mejor debiera haberse titulado Katerina Ismailova, que es como tras la censura indirecta a la que fue sometida y tras provocarle algunos recortes y ajustes, decidió rebautizarla en 1963.

Hechas estas consideraciones introductorias, en su apuesta por títulos contemporáneos y poco divulgados, Mortier ha tenido el acierto de convocar de nuevo esta ópera al escenario del Real, tras haber pasado más de una década desde que la dirigiera en este mismo espacio el mismísimo Rostropovich, artífice de la recuperación de la partitura original. Para esta nueva ocasión ha contado con la celebrada producción de Ámsterdam del 2007, con una muy simbólica y acertada dirección escénica de Martin Kusej. En ella Katerina permanece gran parte de la obra en una inmaculada jaula de oro, rodeada de caprichosos y lujosos zapatos; a su alrededor la superficie es de alquitrán, con lo que cada hombre que con su consentimiento va entrando en su cámara, la va consecuentemente ensuciando, o lo que es lo mismo, mancillando la pureza y la inocencia de la joven. La acción se ha trasladado desde mitad del siglo XIX a mitad del XX, demostrando que por mucho que Shostakovich quisiera reflejar en su ciclo frustrado, las cosas no han cambiado tanto, al menos en lo que a violencia de género se refiere, hasta el punto de que también se habría podido ambientar hoy en día. Porque encaprichada y enamorada, Katerina va siendo vejada por quien la utiliza seguramente para fingir una sexualidad que no posee, o para ultrajarla y aprovecharse de ella hasta repudiarla. Ella acaba matando a su rival en lugar de a su maltratador, y sacrificándose a sí misma porque vive en una sociedad, como la nuestra, que no invierte en educación convenientemente y aboca a una conducta machista, como muy bien escenifica el coro, multitud de gente mezquina, ya sea robando los zapatos que simbolizan la riqueza, bebiendo y gamberreando como aficionados a la botellota en la muy danesa escena de la boda (piénsese en la película Celebración de Thomas Vinterbeg) o desfilando como zombies en las gélidas tierras siberianas donde han ido a pagar por sus crímenes.

Como ven esta Lady Macbeth de Kusej da mucho que pensar, invita a reflexionar y tiene mucho que decir, un ejercicio intelectual sano y por supuesto muy bienvenido. Pero Lady Macbeth no triunfa si no lo hace su protagonista, y la soprano holandesa Eva-Maria Westbroek lo hace sobradamente, por su torrencial voz, su facilidad para la entonación, los cambios de registro, el fraseo y la agilidad, con momentos tan emotivos como cuando sola en la habitación reflexiona sobre su falta de ternura y atenciones (escena 3 del acto 2º). Pero sobre todo por su expresividad y su talento interpretativo, convenciendo sobradamente en su progresivo deterioro emocional y moral. Poco importa que los personajes masculinos no brillen ni mucho menos a su altura. Michael König es un chulo convincente y vocalmente correcto, sin más, mientras Vladimir Vennev, ampliamente familiarizado con el detestable personaje del suegro, evidenció escasa capacidad de proyección, que salvó con gusto en la modulación y expresividad actoral. La dirección orquestal del veterano Hartmut Henchen brilló por encima de la mera corrección, con interludios llenos de fuerza, especialmente en la dura escena del casi explícito coito, donde el ímpetu orquestal y los intermitentes flashes de luz lograron dotar de enorme dignidad a una escena esencialmente escabrosa.

Antes de esta experiencia multisensorial, pudimos asistir en el Auditorio Nacional a uno de los conciertos de abono de la Orquesta Nacional que Josep Pons ha articulado este año en torno al París de la Belle Epoque. Tres Don Quijotes muy distintos; el más conocido y programado el de Strauss para violonchelo solista, que Miguel Jiménez defendió con notable solvencia, aunque quien brilló especialmente fue la viola de Cristina Pozas, prodigio de claridad y expresividad. La dirección de Pons fue sin embargo irregular, con numerosas caídas de tensión, imprecisiones de articulación y escasa incisividad cuando se requería. Las amables y algo folclóricas Danzas del catalán Roberto Gerhard, dichas con sentido del color y notable fluidez; y el fundamental Retablo de Maese Pedro de Falla que Pons, quien tiene una interesante grabación de la página junto a Cambra Teatre Lliure, dirigió con ímpetu y precisión, mientras Raquel Lojendio defendió con loable acierto su difícil tarea de sopranista, sin echar mano del recurrente falsete y evidenciando una voz perfectamente colocada que modula a la perfección, sin desfallecer en ningún momento. Gustavo Peña destacó en proyección en sus intervenciones recitadas, mientras el joven barítono Joan Martín-Royo se mostró más inseguro e impreciso en su más difícil tarea de dar vida al Quijote. Lástima que la solvencia del concierto, al margen del fallido poema sinfónico de Strauss, fuera ilustrada con unas notas al programa tan pobres, mal escritas y peor punteadas como las de la catedrática, supuestamente especialista en Cervantes y la música, Begoña Lolo.

sábado, 3 de diciembre de 2011

JANE EYRE Nueva adaptación beneficiada por su pareja protagonista

Reino Unido 2011 120 min.
Dirección Cary Fukunaga Guión Moira Ruffini, según la novela de Charlotte Brontë Fotografía Adriano Goldman Música Dario Marianelli Intérpretes Mia Wasikowska, Michael Fassbender, Jamie Bell, Judi Dench, Holliday Grainger, Sally Hawkins, Tamzin Merchant, Imogen Poots, Sophie Ward, Amelia Clarkson, Simon McBurney, Freya Parks, Romy Settborn Moore Estreno en España 2 diciembre 2011

Cuando una novela ha sido llevada tantas veces a la pantalla, grande y pequeña, uno se pregunta qué puede ya aportar una nueva adaptación. Quizás se trate sencillamente de acercar una historia que siempre parece interesar, a un público nuevo, incapaz de deleitarse con películas antiguas, como la que dirigió Robert Stevenson en 1943, y dispuesto a desembolsar en taquilla el precio de una entrada para dejarse embaucar por el mismo cuento. Si a eso añadimos que en esta producción se juntan dos de los intérpretes más atractivos y carismáticos del momento, la protagonista de Alicia en el país de las maravillas y el galardonado actor de Shame y Un método peligroso, puede que comprendamos esta revisión del clásico de Charlotte Brontë. Sorprende sin embargo que para su puesta en escena se haya contado con el director de Sin nombre, una película mejicana de hace un par de años que nos hablaba de los peligros de la emigración clandestina a Estados Unidos, controlada por mafiosos y sicarios. Sorprende porque si aquella contaba con un lenguaje narrativo y visual moderno y colorista, aquí no ha podido dejarse llevar más por el academicismo propio de estas producciones de época, con una fotografía y ambientación preciosistas y un guión pulcro y extremadamente respetuoso. Pero lo que más destaca en esta nueva mirada sobre la famosa institutriz huérfana de mitad del siglo XIX es la química que logran desprender sus dos protagonistas, logrando con aparente poco esfuerzo que su historia de amor sea absolutamente plausible y emocionante. Por lo demás se trata de otra versión que se deja ver con un interés moderado.


El violinista Jack Liebeck despliega virtuosismo en "Awaken", uno de los temas compuestos por Dario Marianelli para esta nueva adaptación del clásico de Charlotte Brontë

RESTLESS Artificioso paseo por el amor y la muerte

USA 2011 95 min.
Dirección Gus Van Sant Guión Jason Lew Fotografía Harris Savides Música Danny Elfman Intérpretes Mia Wasikowska, Henry Hopper, Ryo Kase, Lusia Strus, Jane Adams, Schuyler Fisk, Chin Han Estreno en España 2 diciembre 2011

Con este nuevo título del director de Mi nombre es Harvey Milk, Elephant y Mi Idaho privado se nos plantea una bonita historia de amor en la que la muerte está muy presente, pero de manera poco melodramática e intentando trivializarla hasta lograr que la sintamos como algo natural e inevitable que no debe preocuparnos en exceso. Resulta sin embargo discutible que Van Sant recurra para esta obra aparentemente sencilla y lúcida a una serie de elementos que son como mínimo artificiosos, poco sinceros. Intenta convencernos de sus premisas con una parejita muy mona, forzando situaciones y caracteres y rodeándolo todo de un aire de encanto casi infantil. No discutimos que la cinta sea simpática y tierna, pero igualmente nos resulta manipuladora y muy poco fluida. La pareja protagonista expide encanto y belleza, adaptándose perfectamente al aire de cine de los 60 que parece perseguir el director, vestuario incluido; él, hijo de Dennis Hopper, como personaje típico de un film de la new wave británica, y ella copiando el estilo de Mia Farrow en La semilla del diablo. Y las situaciones deambulan continuamente entre la candidez y la ridiculez, aunque el realizador consigue mantener generalmente el equilibrio. Pero el resultado final es tan blando como impuesto, sin que logre dejar más huella que la de haber asistido a un montaje agradable.


"The Fairest of the Seasons" de Nico y The Velvet Underground se incluye en la banda sonora de esta romántica película

LA CONSPIRACIÓN La Historia como espejo y advertencia

Título original: The Conspirator
USA 2011 123 min.
Dirección Robert Redford Guión James D. Solomon y Gregory Bernstein Fotografía Newton Thomas Sigel Música Mark Isham Intérpretes James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long, Tom Wilkinson, Colm Meaney, Alexis Bledel, Toby Kebbell Estreno en España 2 diciembre 2011

Hay actualmente dos realizadores en Estados Unidos capaces de recuperar el estilo del cine clásico norteamericano, y casualmente los dos son actores; evidentemente nos estamos refiriendo a Clint Eastwood y Robert Redford, cuya última película, que ha tardado casi un año en estrenarse entre nosotros, respira ese aire genuino de perfecto engranaje narrativo y estructural. Ya su premisa es apasionante, el juicio a la única mujer presuntamente conspiradora para asesinar al presidente Lincoln, y la consiguiente incomodidad que suscita en su abogado defensor encargarse del caso, transmutada progresivamente en cruzada contra la injusticia y defensa apasionada del Estado de Derecho. Los hechos históricos son utilizados por Redford sabiamente para hablarnos de la tragedia de una mujer a la que el Mundo se le pone en contra, y la emoción del único apoyo que encuentra en un ambiente que le es absolutamente hostil. En este sentido aplaudimos el recital interpretativo de una espléndida, contenida y sensacional Robin Wright, dentro de un elenco en el que brillan absolutamente todos los intérpretes, principales y secundarios. Y ese drama a su vez es aprovechado para recrear una situación que no difiere mucho de la coyuntura que padecemos actualmente, bien se trate de las guerras emprendidas en Oriente o de la crisis económica con la que tanto miedo se nos está acribillando diariamente. El miedo como arma de control y poder, pasando por encima de las instituciones y las leyes que entre todos y todas hemos logrado establecer, y poniendo en peligro la mismísima democracia, está en el germen de esta extraordinaria película y del panorama internacional actual. La ambientación, la música, el guión (puede que resulte algo increíble que los personajes puedan expresarse con tanta lucidez, pero qué gusto da escuchar líneas de diálogo tan bien escritas y declamadas) y las interpretaciones son espléndidamente manejadas por la mano maestra del siempre comprometido Robert Redford para engendrar un espectáculo emocionante y emotivo, a la vez que melancólico y angustioso. El único reparo se lo ponemos a la fotografía, cuyo abuso de filtros y saturaciones la hace cuanto menos antipática.


Música de Mark Isham para la última película dirigida por Robert Redford

martes, 29 de noviembre de 2011

MARIA JOAO PIRES Y ANTONIO MENESES EN SEVILLA Largo adagio en un ambiente insufrible

Ciclo Piano
Maria Joao Pires piano Antonio Meneses violonchelo Programa: Sonata para violonchelo y piano nº 3 Op. 69 de Beethoven; Sonata para arpeggione y piano D.821, e Impromptus D.899 nº 2 y 3 de Schubert; Sonata para violonchelo y piano nº 1 Op. 38 de Brahms
Teatro de la Maestranza, Jueves 24 de noviembre de 2011

Recuerdo cuando era niño lo mucho que mi padre admiraba al público sevillano, por su elegancia y saber estar. Qué sorprendido se quedaría hoy con una ciudad que sus habitantes maltratan sistemáticamente, ensuciándola y destrozándola, y con la colección de toses, caídas de objetos y agresiones varias que se suceden frecuentemente en el Maestranza, propios de quienes se aburren con la música pero no renuncian a pasearse por el templo de sus vanidades; a lo que hay que añadir aplausos inoportunos que al menos tienen la lectura positiva de provenir de un público nuevo y no habituado del que puedan surgir nuevos aficionados.

El reencuentro de la famosa pianista portuguesa Maria Joao Pires con el público sevillano sufrió todo ese mal comportamiento de forma exagerada, hasta el punto de influir sobremanera en la percepción de la propia música, y quién sabe si incluso en la concentración de los intérpretes. No deja de ser paradójico que en un ciclo de piano el programa se centrase en sonatas para violonchelo y piano, si bien la compenetración entre ambos artistas logró que el protagonismo evidente de la cuerda no brillara excesivamente por encima del teclado. Pires posee una digitación prodigiosa, capaz de articulaciones claras y muy concisas, con un fraseo elegantísimo que provoca a menudo que sus versiones no resulten del agrado de quienes preferimos mayor incisividad y temperamento en las páginas de Beethoven y Brahms.

Se da la circunstancia de que las obras elegidas prescinden de adagio. La Sonata para arpeggione (instrumento de efímera existencia consistente en un violonchelo con seis cuerdas que se toca en posición de guitarra), única pieza de Schubert abordable por violonchelistas solistas, tiene un breve adagio, y la Sonata de Beethoven una mera introducción del allegretto en ese tiempo. Y sin embargo todo en el concierto del Maestranza tuvo aires de adagio perfumado y relamido, escaso en expresividad y no así de languidez. Caso flagrante el de la Sonata de Brahms, enérgica y excitante y de enorme plasticidad, que salvo en el contrapuntístico allegro final tan deudor de Bach, resultó también un tanto melifluo, más centrado en la forma que en el fondo, por mucho que Meneses lograse extraer del violonchelo un sonido amplio y cálido.

Los Impromptu de Pires son de referencia, tal como quedó demostrado en su grabación de los 90 Le voyage magnifique, y así quedó patente en una exhibición gimnástica y acelerada de los dos centrales de la primera serie, de articulación perfecta especialmente en la mano derecha, aunque echándose en falta un poco más de ímpetu en los acompañamientos de la izquierda. Como propina ofrecieron una composición del brasileño José Guerra Vicente, tan romántico y dulzón como fue abordado el resto del concierto.

sábado, 26 de noviembre de 2011

NOCHE DE ESTRENOS CON LA SINFÓNICA DE SEVILLA Crítica 3º Concierto de abono temporada 2011-2012

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pablo Sáinz-Villegas, guitarra. Alfredo García, barítono. Pedro Halffter, director. Programa: Salón de espejos, de Elena Mendoza. Concierto para guitarra A.501, de Heitor Villa-Lobos. Estancia Op.8, de Alberto Ginastera Teatro de la Maestranza, jueves 24 de noviembre de 2011


A pesar de los dictados del mercado, Halffter aún tuvo margen para programar un tercer concierto de abono tan suculento y poco convencional como éste. Dos piezas poco transitadas, estrenos para la orquesta, y otra en primicia absoluta, provocaron un aforo decepcionante, a pesar de tantos años intentando educar al público para apreciar los progresos de la música a partir de lo ya conocido y trillado.

La joven y mundialmente venerada compositora sevillana Elena Mendoza estrenó una obra de enorme fuerza y una férrea constitución orquestal, donde el juego de reflejos que propone resulta difícil de identificar, lo que no es obstáculo para considerar la pieza como un regalo para los sentidos, que batuta y orquesta defendieron con mimo y mucha disciplina.

Sáinz-Villegas volvió al Maestranza convertido en excelente embajador de la guitarra española, deleitándonos con enorme emoción y sensibilidad en un concierto cuyas hermosas cadencias permitieron al guitarrista desplegar un enorme talento, claridad en el fraseo y prodigiosa agilidad, corroborado en la exquisita propina de Agustín Barrios Mangore. Tras interpretarse la pasada temporada el ballet completo de Panambí ahora le tocó turno a Estancia, de la que habitualmente sólo se ofrece su suite de danzas. Alfredo García recitó con adecuado acento porteño los poemas del Martín Fierro de José Hernández que inspiraron la pieza, pero cantó con exceso de vibrato. El resultado no obstante fue una explosión de color, energía y buen gusto en una pieza vibrante y compleja, con una compenetración perfecta y diáfana entre todas las secciones del conjunto.


"Sueño en la floresta" de Agustín Barrios Mangore, en interpretación del guitarrista australiano John Williams

Crítica publicada en El Correo de Andalucía el 26 de noviembre de 2011