domingo, 24 de abril de 2022

ROMÁNTICOS COMPENETRADOS Y EN DIÁLOGO

9º Concierto del XXXII Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Nazar Yasnytskyy, violín. Francesco Tosco, viola. Ivana Radakovich, violonchelo. Vera Anosova, piano. Programa: Cuarteto para piano nº 1 en do menor Op. 15, de Fauré; Cuarteto para piano en mi bemol mayor Op. 47, de Schumann. Espacio Turina, domingo 24 de abril de 2022


Dos maestros y una maestra de la orquesta ejerciendo de solistas, y una colaboración muy especial de la profesora y pianista residente en Sevilla Vera Anosova, se pusieron en el noveno concierto de cámara de la ROSS al servicio de dos grandes cuartetos para piano, auténticos referentes en el repertorio. Se trata del que compuso Fauré entre los años 1876 y 1879, y el de Schumann escrito unos treinta años antes. Dos obras de singular belleza, gran relieve, marcados acentos y vital importancia que los y las cuatro intérpretes se afanaron en poner en pie con tanto esmero como sentido de la responsabilidad. Quizás debiera haberse respetado el orden original, primero Schumann y después Fauré, no solo por motivos cronológicos sino por la influencia que el primero ejerció sobre el segundo, a través de la figura trascendental de Brahms, que actuó como puente estilístico y estético entre ambos.

El Cuarteto Op. 15 de Fauré es contemporáneo del muy célebre Quinteto de Franck, de quien pudimos escuchar su famosa Sinfonía el pasado programa de abono de la orquesta. Llama la atención por la belleza de sus temas, quizás entre los más memorables del autor. Esto se hizo patente ya desde un allegro inicial vigoroso aunque contenido, a veces incluso vaporoso, de suntuosas líneas ondulantes y amplio desarrollo que dejó entrever el esforzado trabajo de compenetración realizado por sus intérpretes, al nivel de los conjuntos que se dedican a esto de forma habitual. También al piano pudimos disfrutar de una prodigiosa flexibilidad, que continuó en el scherzo, muy vitalista y entusiasta, si bien en el adagio echamos en falta algo más de angustia y una mayor dosis de lirismo, además de atisbarse algún desliz sin importancia al teclado. Sí acertaron en el tono lúgubre de la propuesta, mientras atacaron con más músculo y decisión el luminoso finale, en perfecto equilibrio y diálogo, especialmente entre la cuerda grave y el piano.

El de Schumann rezuma aires frescos y juveniles, pero su carácter eminentemente deslumbrante quedó algo deslucido en los atriles de los cuatro intérpretes convocados. En general faltaron unas dosis mayores de sentimiento, incluso en el piano, y también añoramos un poco más de meditación en una página que abunda en ello y que sin embargo se deslizó con aires bastante despreocupados. Destacó la vibrante agilidad desplegada en el mendelssohniano scherzo, y el dulce canto melódico del violonchelo en el sublime andante, donde también acertaron con sus poéticas disonancias y su amplio sentido del contrapunto y la armonía. Un conveniente diálogo alternado en el vivace final desembocó en la radiante y majestuosa coda en forma de canon que corona la pieza.

Foto: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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