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viernes, 24 de abril de 2020

JOHN WILSON PARA YUTÚBERES

Once ediciones consecutivas, algunas duplicando cita, han asegurado la participación de John Wilson y su carismática orquesta en los Proms que cada verano desde hace ciento veinticinco años se celebran en el londinense Royal Albert Hall frente a Hyde Park. 2009 marcó el inicio de este feliz enlace entre el espíritu joven y desenfadado del avispado director y el prestigioso festival que cada edición encandila a melómanos de todo el planeta. Fue con un concierto en torno a los grandes musicales de Metro Goldwyn Mayer cuya brillantez convenció tanto que afianzó la propuesta anual de esta llamemos música ligera en el entorno de una cita seria pero de desenfadado corte estival. La primera vez que tuvimos noticia de John Wilson fue como director musical de la película Beyond the Sea, una biografía del cantante Bobby Darin protagonizada (y cantada) por Kevin Spacey. Hoy Wilson es director asociado de la BBC Scottish Symphony Orchestra y ha dirigido operetas como Ruddigore de Gilbert & Sullivan, óperas como Hakan de Mark Anthony Turnage, antologías de Leonard Bernstein con la Royal Concertgebouw de Amsterdam, y grabado música de Copland, Korngold, Coates, Vaughan-Williams, Walton, Elgar y Richard Rodney Bennett. Pero es sin duda reconstruyendo partituras del genuino musical americano y ofreciéndolas de forma históricamente informada como su talento ha trascendido, y buena prueba de ello son los trece espectáculos que ha presentado en los Proms, algunos de los cuales se pueden rescatar en Youtube y disfrutar con cada una de sus sensacionales y sorprendentes propuestas.

Música de cine y cine musical

Royal Albert Hall
Wilson ha tenido muchos modelos en los que basarse e inspirarse a la hora de crear su propio estilo. Charles Gerhardt está sin duda en la génesis de su enorme interés por la música de cine del Hollywood clásico, como se pudo comprobar en el concierto que ofreció en 2007 en el Barbican Center junto a la BBC Concert Orchestra con partituras de Korngold (Kings Row), Waxman (El príncipe valiente), Raksin (Cautivos del mal), Stothart (El mago de Oz), Herrmann (Con la muerte en los talones) o Steiner (Lo que el viento se llevó), siguiendo las pautas que hicieron célebre al director norteamericano junto a la National Philharmonic Orchestra, como también pudimos apreciar en su participación en los Proms de 2013 con su propia orquesta dirigiendo clásicos como Un lugar en el sol, Horizontes de grandeza y una divertidísima suite de Scott Bradley para Tom & Jerry de ritmos vertiginosos y percusión sumamente creativa. Pero es en el musical donde triunfan decisivamente Wilson y su espléndida orquesta, una combinación de conjunto sinfónico y big band de técnica impecable y estilo muy definido según los cánones exigidos por los grandes estudios del Hollywood dorado a sus orquestas, especialmente las de 20th Century Fox y Metro Goldwyn Mayer.

También en este punto tiene sus referencias, pero sólo él ha conseguido recrear y mimetizar ese sonido característico del musical americano, para lo cual a menudo ha tenido que transcribir partituras completas a partir de las propias películas, al haberse extraviado las copias originales. Antes que él directores como Elmer Bernstein o John McGlinn han realizado grabaciones memorables de este material, en especial de musicales de Metro y Warner, pero desde parámetros acústicos modernos, sin evitar el sonido de una sinfónica moderna, aunque respetando la partitura escrupulosamente. Otros como Erich Kunzel o John Williams incluso despreciaron a menudo estas partituras para someterlas a arreglos a menudo poco satisfactorios. Lo más parecido hasta el momento a lo que hace Wilson lo encontramos en John Mauceri, que en la década de los noventa del siglo pasado realizó numerosas grabaciones junto a la Orquesta del Hollywood Bowl de Los Angeles aunque centrándose fundamentalmente en música estricta de cine, salvo algunos registros dedicados a George Gershwin, Richard Rodgers e Irving Berlin, así como una grabación completa de El rey y yo según la orquestación de Alfred Newman para su adaptación cinematográfica, con Julie Andrews y Ben Kingsley en los papeles principales. Pero ni siquiera él logró recrear el sonido de la época con la precisión con que lo consigue Wilson, con el aliciente de contar con los sistemas de grabación más sofisticados que se permiten hoy en plena era digital.

Grabaciones de la BBC

Matt Ford y Mikaela Bennet cantan The Desert Song
de Sigmund Romberg en el especial Warner Bros
En Youtube los aficionados encontrarán completos varios de los conciertos ofrecidos por John Wilson y su orquesta en los Proms, así como fragmentos de otros. El primero, dedicado a Metro Goldwyn Mayer en el que destaca el ballet completo Broadway Melody de Cantando bajo la lluvia, ha sido editado en DVD y grabado en CD. El segundo, de 2010 disponible en Youtube completo, está dedicado a Rodgers y Hammerstein en el cincuentenario de la muerte del segundo, con selecciones de Oklahoma!, Carrusel, Al sur del Pacífico, El rey y yo, Prometidas sin novio (Flower Drum Song) y Sonrisas y lágrimas, con la particularidad de que se usaron las orquestaciones de las películas, una constante en Wilson que prefiere así estas versiones más sofisticadas y opulentas que dan mayor juego a una orquesta de sus posibilidades y dimensiones. Entre las voces solistas destacan las de la soprano Sierra Bogess, el tenor Julian Ovenden, el barítono Rod Gilfry, la sensacional showoman Anna-Jane Casey y la artista musical americana Kim Criswell, que entona un emotivo You’ll Never Walk Alone, himno oficial del Liverpool Club de Fútbol que en realidad pertenece al musical Carrusel, y fue sustituida en su grabación discográfica por la soprano Joyce DiDonato, Agripina hace un año en el Teatro Real. Un año después Wilson hizo en Hooray for Hollywood un recorrido por el musical genuinamente cinematográfico desde La calle 42 y las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers hasta la alegre Hello, Dolly! pasando por dos piezas de Ha nacido una estrella, Gotta Have Me with You y The Man That Got Away, en las que la espléndida entertainer Caroline O’Connor personifica a Judy Garland con enorme gracia y desparpajo, tanto cantando como bailando. Otros incondicionales de estos espectáculos colaboran también en esta celebración, como el crooner Matthew Ford, la cantante y locutora Clare Teal o el tenor americano Charles Castronovo, además del coro Maida Vale Singers, que en la línea de otros del prestigio de Ambrosian Singers o John Alldis acompaña cada edición de los Proms a la orquesta de John Wilson.

Seth MacFarlane y Anna-Jane Casey
Otro de los conciertos que podemos encontrar en Youtube es The Broadway Sound, emitido por la BBC en 2012 y que incluye perlas como el ballet Slaughter on 10th Avenue del musical On Your Toes, compuesto por Richard Rodgers y coreografiado en su día por George Balanchine, que sirvió de base para la banda sonora de la película de 1957 Matanza en la Décima Avenida. Tambien destaca el ballet Coney Island de On the Town (Un día en Nueva York) compuesto por Leonard Bernstein, de quien Wilson ofreció en 2015 una antología de su música para teatro y cine, así como una recreación completa de West Side Story en 2018 coincidiendo con el centenario del compositor. En The Broadway Sound emociona sobre todo su último número, una esplendorosa interpretación de Mame de Jerry Herman con todos los efectivos orquestales y vocales al máximo rendimiento. Hollywood Rhapsody, la propuesta de 2013 ya comentada, es el último de los Proms disponibles en Youtube. La lista sigue con recuperaciones completas de My Fair Lady de Loewe y Lerner, Bésame, Kate de Cole Porter y Oklahoma!, así como un homenaje a Frank Sinatra con el showman americano Seth MacFarlane como protagonista, otro a George Gershwin que fue grabado en directo para su edición discográfica, y un recorrido por las películas de Warner Bros tanto dramáticas como musicales, que cuenta entre sus mayores alicientes con una generosa suite de casi veinte minutos de la oscarizada partitura de Max Steiner para La extraña pasajera, icono de la música romántica cinematográfica. Además de los conciertos reseñados que se encuentran completos, de los demás se pueden disfrutar fragmentos en la mayor ventana de entretenimiento que ofrece internet, ideal para estos días de recogimiento.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 22 de abril de 2020

PETER BOGDANOVICH, UN LARGO Y DEFINITIVO AMOR... AL CINE

Igual que hay películas que en su día obtuvieron un gran éxito de crítica y el respaldo unánime del público a las que el paso del tiempo trata mal o muy mal, también las hay que fueron vapuleadas hasta lo indecible, que no conectaron con el público de su época y sin embargo sí lo hicieron con el del futuro, convirtiéndose en auténticas obras de culto o recibiendo al menos el apoyo que merecían y que en su momento no obtuvieron, obligadas a dormir en el limbo de la incomprensión. No debió sentar muy bien entre la prensa especializada de mediados de los setenta del siglo pasado que uno de los suyos, un cronista, escritor, crítico y periodista como Peter Bogdanovich se lanzara al cine de la mano de Roger Corman, a quien conoció en un preestreno, y dirigiera con éxito un film en cierto modo mítico, El héroe anda suelto (Targets), sobre un francotirador que siembra el terror en un autocine. También a sus órdenes, aunque bajo seudónimo, dirigió la extravagante Viaje al planeta de las mujeres prehistóricas. Mucho menos debió gustar que con su tercera película, apenas dos años más tarde, lograra un éxito desmesurado que le catapultara directamente a los Oscar. La última película (The Last Picture Show) supuso el trampolín de salida para estrellas como Jeff Bridges y Cybill Shepherd, quien a raíz de esta colaboración se convertiría en pareja de Bogdanovich y propiciaría su divorcio de Polly Platt, diseñadora de decorados a quien muchos consideraban alma mater de los primeros y sonados éxitos del director norteamericano de origen serbio y austriaco.

Peter Bogdanovich
Sin duda son muchos factores para sospechar que tras varios éxitos consecutivos, entre ellos las célebres ¿Qué me pasa, doctor? a mayor gloria de Barbra Streisand y Luna de papel, que reunió a Ryan O’Neal con su hija Tatum, ganadora del Oscar a la mejor actriz secundaria mucho antes de que se limitara la edad para optar a dicho galardón, los y las colegas de tan impertinente creador le dieran la espalda y buscasen la excusa perfecta para hundir su carrera. La encontraron en dos películas protagonizadas por Shepherd, que nunca logró integrarse en el sistema hollywoodiense. Daisy Miller (Una señorita rebelde) no gustó a pesar de tratarse de una adaptación del muy querido Henry James, y mucho menos lo hizo At Long Last Love, un musical al estilo de los años treinta con el que este cinéfilo empedernido diseñó un doble homenaje, a las canciones de Cole Porter y a la comedia cínica y desenfadada de Ernest Lubitsch. A todo eso hay que sumar la pérdida de popularidad que el musical clásico sufrió en los últimos años, discretamente salvado por adaptaciones de éxitos del rock como Tommy, Jesucristo Superstar o The Rocky Horror Picture Show, que llegaría hasta principios de los ochenta, devorando las posibilidades de ese otro musical nostálgico que fue Dinero caído del cielo, la obra maestra de Herbert Ross.

La pasión de Bogdanovich por los grandes clásicos, que le llevó a devorar de joven unas cuatrocientas películas al año y a escribir libros de referencia sobre John Ford, Orson Welles, Howard Hawks y la plana mayor de los grandes directores e intérpretes del Hollywood clásico, se tradujo en una filmografía donde abunda el tributo a una época irrepetible, con cintas como Nickelodeon (Así se formó Hollywood) o The Cat’s Meadow (El maullido del gato) sobre el supuesto asesinato del director Thomas Ince por el magnate de la prensa William Randolph Hearst, una de sus últimas películas. En medio títulos como las interesantes Máscara, con Cher, y Saint Jack, producida por Playboy, lo que propició que para su siguiente película, Todos rieron, otro título homenaje, en esta ocasión a una canción de Gershwin, y último trabajo protagónico de Audrey Hepburn, contara con la presencia de Dorothy Stratten, Miss Playboy 1980, con quien inició una relación que derivaría en el asesinato de la playmate por parte de su marido, episodio documentado por Bob Fosse en su malogrado testamento cinematográfico, Star 80. También el teatro ha nutrido a este polifacético director, con películas como Lío en Broadway, su última cinta hasta el momento, y Noises Off (¡Qué ruina de función!), su celebrada adaptación de una obra que ha dado la vuelta al mundo, aquí con el título Por delante y por detrás, que pudimos ver en Sevilla hace mucho en el entonces Teatro Imperial de la calle Sierpes.

Intercambio de parejas
Nuestro primer contacto con At Long Last Love fue en Televisión Española a principios de los noventa, bajo el título de Un largo y definitivo amor. Más tarde se le ha conocido como Por fin, el gran amor, que es como se bautizó en varios países latinoamericanos. El fracaso estrepitoso que supuso su estreno en 1975, deprisa y bajo un montaje calamitoso que le cercenó hasta veinte minutos de metraje, provocó que la cinta cayera en el olvido. Una copia no autorizada o bootleg como se conoce en el medio, fue lo que circuló durante años, fundamentalmente en VHS, incluida su incursión en nuestra televisión, hasta que a principios de la década pasada Netflix se interesó por una copia reeditada en 1979 por un aficionado que recuperó aquellos veinte minutos perdidos y le devolvió parte de su intención original, a lo que se sumó la intervención del propio Bogdanovich añadiendo algunos minutos más hasta lograr la versión definitiva de 2013, editada lujosamente en DVD y BlueRay. Una nueva edición que sin embargo prescinde de un divertido It Ain't Etiquette que cantan y bailan en la calle, sin que eso pase desapercibido entre los viandantes, Cybill Shepherd y Eileen Brennan, reciente su éxito como secundaria en El golpe, número que sí pudimos ver en aquella copia primitiva. Cuando se estrenó la crítica se cebó especialmente con el reparto, elegido por Bogdanovich precisamente y con toda la intención entre actores y actrices sin experiencia en el musical y con dudoso talento para abordarlo, entre ellos Burt Reynolds, que sustituyó al inicialmente seleccionado Elliot Gould y mostró un gran interés por estrenarse en el musical. El elenco lo completan Madeleine Kahn, curtida en la comedia alocada con el propio Bogdanovich (¿Qué me pasa, doctor?) y sobre todo Mel Brooks (Sillas de montar calientes, El jovencito Frankenstein y más tarde Máxima ansiedad), Diulio Del Prete, un joven italiano que había participado en Daisy Miller y que Bogdanovich creía se convertiría en una gran estrella, y John Hillerman, que aunque criado en Texas, aportaba el talante británico que más tarde le haría famoso como mayordomo de Tom Selleck en Magnum P.I., dando vida al inerte mayordomo de Reynolds.

Kahn, Reynolds, Shepherd y Del Prete en una de las
secuencias recuperadas en la versión definitiva
El director decidió que los números musicales se rodaran al estilo de los de películas de Lubitsch como Una hora contigo, El desfile del amor, La viuda alegre y El teniente seductor, en directo y del tirón, lo que debido a la escasa experiencia del reparto provocó numerosos retrasos y repeticiones. El pretexto era una colección de canciones que Shepherd facilitó a su novio tras grabar un disco titulado Cybill Does It… to Cole Porter. El concepto era el de Jukebox Musical Comedy, un tipo de cine que aprovecha el material argumental tras las letras de canciones ya concebidas para tejer una historia en este caso sentimental sobre parejas que se enamoran y se intercambian en un juego de celos y seducción. El resultado, a pesar de todas las vicisitudes y cortapisas, llegándose incluso a tildar en su época de una de las peores películas de la historia del cine, no puede ser más simpático y desenfadado, además de glamuroso, asistiendo a una sucesión de episodios en los que tres atractivas parejas, una de ellas entre los sirvientes de Reynolds y Shepherd, a los que en cierto punto se une una desmadrada Mildred Natwick como progenitora del rico playboy al que da vida el protagonista de Los caraduras, cantan, bailan, beben, se enamoran y sobre todo se divierten, a propósito de una jugosa selección de canciones de Porter, entre las que destacan You’re the Top, One of Those Things, Did You Evah, I Get a Kick Out of You, la que da título al film, At Long Last Love, y I Loved Him (But He Didn't Love Me), cuya melancólica y desesperanzada letra sirve de leit motiv a todo el argumento. Todo ello con excelentes orquestaciones y arreglos musicales de Artie Butler y la dirección musical de Lionel Newman. Una exquisita dirección artística, con predominio de blancos y grises con los que el director evadió en cierto modo la prohibición de la Fox de rodarla en blanco y negro como era su primera intención, y un sensacional vestuario pusieron la guinda a un film disfrutable al máximo, puro deleite para amantes del musical y de la comedia sofisticada en general, donde la pura diversión se da la mano con el cinismo y el sarcasmo más inteligente y cultivado, propiciando que hoy el resultado sea saludado de forma prácticamente unánime con toda la admiración que sin duda merece.