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martes, 15 de septiembre de 2020

VENENO Los dos primeros episodios, interesantes y necesarios

Serie de televisión. España 2020 50 min. cada episodio
Dirección Javier Ambrossi y Javier Calvo Guion Javier Ambrossi, Javier Calvo, Claudia Costafreda, Elena Martín, Javier Pascual, Ian de la Rosa, Félix Sabroso y Valeria Vargas, según el libro de la última “¡Digo! Ni puta ni santa” Fotografía Gris Jordana y Andreu Adam Rubiralta Música Julio de la Rosa Intérpretes King Jedet, Isabel Torres, Lola Rodríguez, Daniela Santiago, Lola Dueñas, Paca la Piraña, Elvira Mínguez, Goya Toledo, Marcos Sotkovszki, Omar Banana, Laura Corbacho, Ester Expósito, Mona Martínez, Israel Elejalde, Jordi Vilches, Maite Sandoval Episodio 1 La noche que cruzamos el Mississippi Estreno 29 marzo 2020. Episodio 2 Un viaje en el tiempo Estreno 28 junio 2020. Episodio 3 Estreno en salas comerciales 17 septiembre 2020

Las memorias de la célebre transexual La Veneno, que se hizo famosa por su descomunal erotismo y su desvergonzada lengua en la década de los noventa, gracias al oportunismo de Pepe Navarro y el programa de televisión Esta noche cruzamos el Mississippi, escritas por una admiradora suya, la también transgénero Valeria Vargas, cuya vida confiesa estar fundamentalmente inspirada por la valentía de Cristina, el nombre que se esconde tras el corrosivo mote, sirven de modelo a Los Javis para poner en pie una serie de ocho episodios que narra la vida de la vedette y sus efectos colaterales en la lucha LGTBI. De los ocho solo se han estrenado en plataformas digitales hasta el momento dos, con un lapso de tres meses entre uno y otro. Ahora que le toca el turno al tercero, se anuncia para pasado mañana el estreno en salas de los tres episodios juntos. Hasta el momento lo que hemos podido ver está a la altura de lo esperable y demuestra la buena mano de sus directores para sacar partido a la historia, trazar un retrato humano y emotivo del personaje e inspirar con su relato la lucha sin cuartel que durante tanto tiempo se ha tenido que llevar a cabo en este y otros países para alcanzar el buen pero no definitivo nivel que disfrutamos ahora en materia de igualdad y oportunidad.

Avalados por su éxito en la serie Paquita Salas y el musical La llamada, también llevado al cine, la pareja de realizadores se emplean a fondo para captar la esencia de tan controvertido personaje, que dicho sea de paso nunca suscitó en este cronista demasiada simpatía, y demostrar por qué este tipo de fenómenos son tan necesarios para visibilizar realidades de las que luego tantos y tantas nos aprovechamos. Es ahí donde radica el mayor logro de Los Javis, en dignificar a alguien a quien muchas personas considerábamos un freak, paradigma de la vulgaridad y la ordinariez más extrema, para sin traicionar su espíritu ni esencia, devolvernos a alguien con tanta categoría sentimental y emocional como para cosechar en sí misma tantos logros y materializar las reivindicaciones de colectivos vulnerables durante tanto tiempo de lucha y reclamaciones. Pero además Veneno está bien contada, a través de episodios que se cierran en sí mismos, el primero dedicado a su complicado y peligroso descubrimiento por parte de una periodista del programa de Navarro, y el segundo a su difícil infancia en Adra (Almería), bajo la influencia de una durísima e insufrible madre y los cuidados, comprensión y buenos consejos de una segunda madre postiza. Una realidad vivida por miles de personas castigadas y vapuleadas por sentirse diferentes, sin reparar en que es precisamente la distinción lo que hace más atractiva la condición humana.

Una estupenda narración, con ritmo y tono adecuados, combinando con frescura y naturalidad drama y comedia, que no pierde de vista la historia paralela de la autora de las memorias de la protagonista, trazando la evolución de este problema de entendimiento y aceptación en dos épocas muy distintas, los estertores del franquismo y primeros años de la transición, y los noventa ya en el vestíbulo del nuevo siglo. Buenas interpretaciones, con una espléndida King Jedet a la cabeza, que hasta hace poco se confesaba de género fluido y hoy ya se siente más proclive al femenino. Todavía queda mucho por mostrar en la serie, a buen seguro de forma tan certera como hasta ahora, y con temas pendientes como la telebasura y sus moradores y moradoras, o su misterioso fallecimiento.

lunes, 9 de abril de 2018

LA PESTE Sevilla al microscopio

España 2017 300 min aprox.
Dirección Alberto Rodríguez y Paco R. Baños Guión Alberto Rodríguez, Rafael Cobos, Fernando León de Aranoa, Fran Araújo y Pedro Álvarez Fotografía Pau Esteve Birba Música Julio de la Rosa Intérpretes Pablo Molinero, Paco León, Sergio Castellanos, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Lupe del Junco, Tomás del Estal, Paco Tous, Cecilia Gómez, Antonio Gil, Manuel Morón, Antonio Dechent Estreno 12 enero 2018

Honores de cine para una serie de televisión. No somos muy seguidores de series, por falta de tiempo. Requieren mucha dedicación y disciplina, y cuando nuestro ocio se centra en los estrenos cinematográficos, conciertos y otras actividades en directo, apenas queda espacio para sentarse frente a la televisión con la cadencia necesaria. Sin embargo la curiosidad de ver qué ha convertido esta serie creada por el sevillano Alberto Rodríguez, tras los éxitos cosechados en el cine con La isla mínima y El hombre de las mil caras, en el trabajo más comentado de los últimos meses, así como comprobar la supuestamente excelente ambientación de la Sevilla de finales del siglo XVI, nos ha hecho sucumbir a la tentación y acercarnos a su propuesta aunque sea tres meses después de su estreno. Vaya por delante que La peste es una buena serie, que propone una investigación criminal al estilo CSI pero a finales del Renacimiento en una ciudad que combinaba sus aires de grandeza con la miseria imperante, concretamente en forma de epidemia y de dominio de la sinrazón y la intolerancia de una Iglesia que siempre se ha adueñado de la idiosincrasia de un pueblo fanático y adormecido, cruel, narcisista y despiadado. Conocer a través de la mirada de Rodríguez y sus colaboradores la Sevilla de la que provenimos nos hace aún más aborrecerla, y a pesar de eso seguimos adorándola. Nos invita a comprender ese espíritu de la sevillanía que cree que la suya es la mejor ciudad del mundo, a la vez que la maltrata, ensucia y descuida sin compasión. Pero también a entender por qué sigue siendo una ciudad tan mediatizada y condicionada por la Iglesia, que ha impuesto sus ritos y tradiciones y nos hace aparecer todavía en el siglo XXI como una sociedad anacrónica, rancia y ridícula, con procesiones cada dos minutos, cantos a la Virgen y los Santos continuos y cansinos, y tantas otras veleidades capaces de hacernos sonrojar a los que siendo también sevillanos renegamos de estas prácticas ancestrales que tanto lastran nuestra imagen y progreso. Rodríguez, Cobos y Baños reflejan bien estos pilares que aún nos sostienen, aunque en el camino haya mucho que reprocharles. La peste es una serie difícil de entender, porque sus intérpretes no hacen mucho por conseguirlo. Salvo León, López Arnaiz y Solo, prácticamente la dicción de la totalidad del elenco es tan deficiente que muchos diálogos se nos escapan, y no es problema sólo del fuerte acento empleado, sino de un mal endémico en nuestro cine, donde modular bien parece una quimera, y del ruido ambiental que satura el sonido y una música permanente, anacrónica y atmosférica, que firma un agotador Julio de la Rosa, empeñado en ser el más vanguardista y moderno de nuestros compositores. Cabe denunciar también el empeño del equipo por mostrar una ciudad oscura, sin esa luz que nos caracteriza. Pero a pesar de todo, La peste es un trabajo considerable que nos ilustra sobre el daño de la Iglesia, la mezquindad de una sociedad siempre ávida porque la ciudad sea la más importante aspirante a todo, a capitalidad mundial entonces cuando era puerto de las Indias, a capital cultural, sede de juegos olímpicos y otras ambiciones en época actual, pero que si no se quita el sambenito de la liturgia y la comunión, pocas oportunidades podrá aprovechar en el futuro. La recreación de esa ciudad sucia (aún hoy avergüenza ver cómo amanecen nuestras calles por obra y gracia de una ciudadanía maleducada y asalvajada), embarrada (demasiado para lo que llueve normalmente) y a la vez monumental, amurallada, con Catedral y Torre del Oro a los pies de un río quizás sobredimensionado (a veces parece una ciudad al borde del mar), es extraordinaria, a pesar de lo apuntado. En cuanto a la trama criminal, en la que no falta la lucha de la ciencia por encontrar su lugar de progreso donde la Inquisición no deja florecer nada, acaba despertando nuestra fascinación, que no es poco. Cuesta seguirla pero atrapa nuestro interés.