domingo, 11 de diciembre de 2016

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE Mártir a las puertas del infierno

Título original: Hacksaw Ridge
USA 2016 131 min.
Dirección Mel Gibson Guión Robert Schenkkan, Randall Wallace y Andrew Knight Fotografía Simon Duggan Música Rupert Gregson-Williams Intérpretes Andrew Garfield, Sam Worthington, Vince Vaughn, Hugo Weaving, Teresa Palmer, Luke Bracey, Rachel Griffiths, Richard Roxburgh, Matt Nable, Nathaniel Buzolic, Ryan Corr, Luke Pegler Estreno en el Festival de Venecia 4 septiembre 2016; en Estados Unidos 4 noviembre 2016; en España 7 diciembre 2016
 
Tras diez años sin dirigir, desde Apocalypto, Mel Gibson ha encontrado en la figura de Desmond Doss, un héroe de guerra norteamericano que paradójicamente no empuñó un arma durante la contienda, la motivación para volver a realizar una de esas difíciles películas que tanto le gusta afrontar. Dividida en dos partes bien diferenciadas, Gibson nos cuenta con hechuras clásicas y una narrativa fluida la infancia del protagonista, sus motivaciones religiosas y personales para decidir no coger nunca un arma, y sus avatares sentimentales, para a continuación arrojarlo a todo un ritual de martirio y sufrimiento, cuando tras asumir su compromiso patriótico en plena Segunda Guerra Mundial, es objeto de escarnio, consejos de guerra, burla y abusos de sus superiores y compañeros de batallón. Cuando ya nos hemos familiarizado con el personaje, interpretado con coraje y convicción por Andrew Garfield, Gibson nos arroja al cruento y desatado campo de batalla, concretamente a los múltiples intentos de toma del Hacksaw Ridge del título original, durante la Batalla de Okinawa, donde Doss demuestra su entrega y valentía, en parte debida a la fe depositada en tantos años de militancia en la Iglesia Adventista. Es entonces cuando el director de Braveheart se entrega a una dificilísima tarea, la de recrear con realismo post Salvar al soldado Ryan, el infierno de la guerra, y nos sumerge en ella durante casi la segunda mitad de la película. El ejercicio por supuesto se antoja desagradable y a menudo insoportable, pero eficaz para sostener su postura sobre la violencia como antídoto y solución ante la falta de entendimiento y su sinrazón. Su discurso puede parecer incoherente, pero nada hay más eficaz que mostrar las consecuencias del desastre para convencer de la idoneidad de abandonar tanta violencia como proceso para resolver nuestras diferencias. No hay novedades ni grandeza en este quinto film dirigido por Mel Gibson, más allá de un notable dominio en la dirección de actores y el manejo de la compleja técnica que lo soporta, amén de mantener un discurso fluido; pero sobre todo conserva el encanto de lo bien hecho, y especialmente de lo hecho con el corazón.

sábado, 10 de diciembre de 2016

FIESTA DE EMPRESA Gamberrada con un toque de distinción

Título original: Office Christmas Party
USA 2016 105 min.
Dirección Josh Gordon y Will Speck Guión Jules Malen, Laura Solon, Jon Lucas y Scott Moure Fotografía Jeff Cutter Música Theodore Shapiro Intérpretes Jason Bateman, Jennifer Aniston, Olivia Munn, T.J. Miller, Courtney B. Vance, Kate McKinnon, Jamie Chung, Abbey Lee, Jillian Bell, Karan Soni, Randall Park, Rob Corddry, Vanessa Bayer Estreno en Estados Unidos 9 diciembre 2016; en España 7 diciembre 2016

De vez en cuando se necesita aparcar tanta trascendencia y enfrentarse a la banalidad de un producto que sólo pretenda ser divertido, con el riesgo de que ni siquiera se consiga eso. Es cuando uno se enfrenta a una película como ésta y acaba dándose cuenta de que ha acertado. Josh Gordon y Will Speck no son precisamente Mitchell Leisen ni Ernest Lubitsch, ni siquiera Blake Edwards, aunque en eso de la fiesta desmadrada se le acerquen bastante; en su curriculum tienen productos que echan para atrás, como Patinazo a la gloria o Un pequeño cambio, donde intentaron ponerse un poco más serios y contaron con la misma pareja protagonista de ahora, Aniston y Bateman. Pero en esta puesta al día, gamberra y deslavazada como no podía ser de otra manera tal como están planteadas las coordenadas de la comedia americana moderna, de los cuentos de Navidad cuyas bases sentó y pontificó Dickens, han acertado al menos en la intención de hacernos reír y ofrecernos un muestrario bastante completo de personajes excéntricos y divertidos. Se trata de una película coral y todos y todas tienen su momento para lucirse en plan slapstick, con persecuciones en coche incluidas en un Chicago hermoso e invernal de grandes almacenes elegantes y oficinas en rascacielos que acaban convirtiéndose en discotecas desmadradas. No faltan por supuesto las ya inevitables dosis de mal gusto que al menos en esta ocasión no son tan abundantes ni dañinas. Es una vuelta al paganismo de una fiesta que se apropiaron los cristianos, y en eso acierta, dejando además clara la inclusión de otras ideologías y formas de vivir la fe o no vivirla para nada, todo lo cual proporciona un valor añadido a tan hilarante festejo.

VAIANA Trepidante y colorista leyenda polinesia

Título original: Moana
USA 2016 113 min.
Dirección John Musker, Ron Clements, Don Hall y Chris Williams Guión Jared Bush, según una historia de John Musker, Ron Clements, Don Hall, Chris Williams, Pamela Ribon, Aaron Kandell y Jordan Kandell Música Mark Mancina, Opetaia Foa'i y Lin-Manuel Miranda Voces (en versión original) Auli'l Carvalho, Dwayne Johnson, Rachel House, Temuera Morrison, Jermaine Clement, Nicole Scherzinger, Alan Tudyk, Oscar Knightley Animación Estreno en Estados Unidos 23 noviembre 2016; en España 2 diciembre 2016

John Musker y Ron Clements son los responsables de la recuperación de Disney a finales de los ochenta, cuando la empresa llevaba un par de décadas sin producir ningún título memorable ni hacer caja como acostumbraban en épocas más prósperas. La sirenita obró el milagro, y a ella le siguieron en sus manos películas como Aladdin, Hércules o Tiana y el sapo, la última de la factoría realizada en animación tradicional. Con Vaiana (Moana es el título original, pero para no hacerla coincidir con la marca registrada de una estrella del cine porno italiano fallecida en los noventa del siglo pasado, aquí y en otros países de nuestro entorno le han cambiado el título) Clements y Musker se adentran por primera vez en la animación digital, y el atrevimiento les ha salido rentable artísticamente. Con un guión en solitario pero apoyado en el talento de varios colaboradores, Jared Bush ha articulado una festiva y colorista epopeya ambientada en la Polinesia de hace dos mil años, con creencias y costumbres novedosas y diferentes que mezclan épica con leyenda y dan como resultado un producto fresco y entretenido. Que la protagonista sea más heroína que nunca y apenas necesite de la ayuda del héroe de turno, en esta ocasión bastante caradura y socarrón, ya es un punto. El papel que desempeña la abuela, como representante de esa sabiduría popular muy enraizada en la fe y la esperanza, tiene también su gracia. El resto lo ponen una banda sonora chisposa, con canciones muy inspiradas, unos personajes secundarios divertidos, como el pollo de colores o el tatuaje conciencia, un ritmo trepidante y adecuado, con momentos hilarantes como el protagonizado por unos cocos piratas inspirándose en el último Mad Max, música incluida, y una buena y saludable dosis de imaginación que se apoya libremente en el todo vale de las leyendas de una tierra fascinante en la que la naturaleza se da la mano con el respeto y la tolerancia. Todo combinado y agitado da como resultado un espectáculo divertido, imaginativo y recomendable.

martes, 6 de diciembre de 2016

1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS Un desastre que da lugar a otro

España 2016 129 min.
Dirección Salvador Calvo Guión Alejandro Hernández Fotografía Álex Catalán Música Roque Baños Intérpretes Luis Tosar, Álvaro Cervantes, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Carlos Hipólito, Eduard Fernández, Patrick Criado, Miguel Herrán, Ricardo Gómez, Emilio Palacios, Alexandra Masangkay, Maykol Hernández, Pedro Casablanc, Ciro Miró Estreno 2 diciembre 2016


No se puede hablar de remake cuando una película se basa en una novela o en hechos reales, en cuyo caso es simplemente una nueva versión. Pero como tal esta película es sorprendentemente tan mala como la que Antonio Román dirigió en 1945, o incluso peor. Para su época es sin duda alguna mucho más decepcionante que su predecesora, cuyo peor defecto era erigirse en propaganda de un régimen patriótico y confesional como el nuestro de aquel entonces, lo que a su vez originaba el objetivo o fin a perseguir con la narración de este curioso y trágico episodio de nuestra Historia. Al menos tenía eso, un objetivo, porque la que ha dirigido Salvador Calvo (por cierto que aquella la protagonizaba Armando Calvo, no sabemos si con parentesco o no con el realizador de la nueva) no parece tener siquiera claro cuál es su destino o fin. De haber estado mejor enfocada podría haber dado lugar a un buen análisis de la situación política y social de la España de entonces, a punto de perder su último referente como gran Imperio, o a un apasionante examen de la sinrazón de la guerra. Pero apenas logra ser un borrador de todo esto para convertirse sencillamente en una crónica insípida de un acontecimiento tan particular como fue la defensa de un poblado filipino cuando la guerra ya había terminado y España había vendido el archipiélago a Estados Unidos. Salvador Calvo se ha curtido, como tantos de su generación, en la televisión, donde ha abordado con desigual fortuna episodios históricos del país en producciones como Lo que escondían sus ojos o La duquesa. Su mano televisiva se nota en el acabado de una película para la que ha contado con un holgado presupuesto que sólo luce en sus diez y prometedores primeros minutos, para después languidecer por culpa de una pésima dirección de actores y un guión endeble que apenas ha esbozado unos caracteres sin profundidad ni relieve, sólo títeres al servicio de la narración pulcra y aséptica de unos hechos que debieran haber dado lugar a un producto más emocionante. La canción Yo te diré de Enrique Llovet y Jorge Halpern escrita para la película de 1945, suena aquí de forma abusiva y ocasionalmente ridícula, entre tantas otras situaciones igualmente ridículas que se dan cita en una función que cuenta con algunas de las interpretaciones más bochornosas del reciente cine español, como ese Javier Gutiérrez con cara de malo de principio a fin, o los jóvenes de reparto, salidos en su mayoría de la televisión, que sólo alcanzan a lucir palmito.

domingo, 4 de diciembre de 2016

LA DONCELLA Perversión inocente y erotismo de postal

Título original: Ah-ga-ssi
Corea del Sur 2016 145 min.
Dirección Park Chan-wook Guión Park Chan-wook y Jung Seo-kyung, según la novela “Fingersmith” de Sarah Waters Fotografía Chung Chung-hoon Música Cho Young-wuk Intérpretes Kim Min-hee, Kim Tae-ri, Ha Jung-woo, Jo Jin-woong, Kim Hae-suk, Moon So-ri Estreno en el Festival de Cannes 14 mayo 2016; en Corea del Sur 1 junio 2016; en España 2 diciembre 2016

Hablábamos a propósito de Stoker, la anterior película de Park Chan-wook y su única incursión de momento en el cine americano, de la fascinación del director surcoreano por el cine de Hitchcock, algo que se hace muy patente en el acabado formal de sus películas y en el tratamiento a menudo maquiavélico que otorga a sus heroínas. Esta larga y ambiciosa película no es una excepción, destacando su esplendor visual, el sobrecargado colorismo y su refinada dirección artística, que fue digna de premio en el pasado Festival de Cannes. De nuevo el director de Sympathy for Lady Vengeance expone su admiración por el mundo anglosajón, adaptando en esta ocasión una novela de Sarah Waters ambientada en el universo dickensiano de siglo XIX y ya adaptada para la televisión británica en formato de mini serie hace algunos años. Chan-wook traslada ahora su escenario a la Corea sometida por Japón de la primera mitad del siglo XX. El experimento le sirve para generar una suerte de paralelismo entre la sumisión de todo un pueblo a otro más poderoso, y el de las jóvenes protagonistas del film a la voluntad y el capricho de unos hombres obsesionados con el sexo y la fortuna. Lástima que como también sucedía en ese anterior título aludido, la empresa quede más o menos en la epidermis, en un espectáculo suntuoso, sin que llegue a brillar en exceso las posibilidades de seducción de una trama que se presume intensa y atrevida. Así las cosas su erotismo es de postal, mientras la supuesta perversión que debiera transmitir todo el conjunto provoca poco más que aburrimiento. Pero como la opinión, aunque sea la de un crítico más o menos comprometido, es sólo eso, les invito a leer también la de mi colega y amigo Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía, más entusiasta que la mía y más acorde con el Premio del Público recibido en Sitges.

ANIMALES NOCTURNOS Un cuento moral sobre el proceso creativo

Título original: Nocturnal Animals
USA 2016 115 min.
Guión y dirección Tom Ford, según la novela de Austin Wright Fotografía Seamus McGarvey Música Abel Korzeniowski Intérpretes Amy Adams, Jake Gullenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Isla Fisher, Ellie Bamber, Armie Hammer, Laura Linney, Michael Sheen, Jena Malone, Karl Glusman, Michael Aramayo Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2016; en Estados Unidos 23 noviembre 2016; en España 2 diciembre 2016

Paso firme del diseñador Tom Ford para lograr ser considerado un cineasta competente y que Un hombre soltero no quede en un caso aislado. Alguien ha definido con acierto a esta película como un cruce entre Douglas Sirk, Alfred Hitchcock y David Lynch, y no le falta razón en cuanto a los dos primeros, como melodrama elegante y sofisticado que es, a la vez que violento ejercicio de irrespirable suspense; sobra su comparación con el director de Terciopelo azul, con el que el estilo de Ford no guarda semejanza alguna, más allá de un arranque turbador, la secuencia que ilustra los títulos de crédito, rodada con estilo pero con un incómodo contenido que prologa toda la infeliz a la vez que considerablemente hermosa vacuidad que rodea a la protagonista. Víctima de la imagen y de los cánones impuestos, el personaje magistralmente compuesto por Amy Adams vive una inexplicable experiencia mientras lee el borrador de la última novela de su ex marido. Los recuerdos del pasado conviven con la desgarradora narración que la protagonista vive como un despertar a su propia conciencia, mientras su triste pero lujosa existencia constituye el tercer nivel narrativo de esta inquietante película. Ford maneja extraordinariamente los tiempos y ritmos para conseguir enganchar al espectador, incapaz de asimilar toda la virulencia del libro, pero sí de identificarse con la protagonista en su desazón y tender un puente de comprensión hacia el marido despreciado. Su elegante puesta en escena, invadida de iconos culturales y artísticos, se erige como otro personaje más en un film imponente y preciso en todos sus detalles, incluida una hermosa banda sonora de Abel Korzeniowski y un elenco de lujo del que el realizador saca muy buen partido, desde un sensacional Michael Shannon a una excepcional Laura Linney travestida en Glenn Close. Por cierto, siempre he creído que Amy Adams e Isla Fisher se parecen mucho físicamente, quizás no por casualidad la segunda interpreta a la esposa del personaje central del libro que lee la segunda, constituyéndose así en un alter ego de ella misma, como de hecho lo es el Gyllenhaal de la novela frente al que encarna al ex marido despechado. Pero además la cinta constituye un inteligente ensayo sobre el proceso creativo; en cierto momento ella le reprocha a él que sólo sepa escribir sobre sus propias experiencias, a lo que él responde que así suele ser en la mayoría de los escritores. En cierto modo Animales nocturnos, su dramática novela, es un análisis de su propio estado de ánimo, o al menos así parece entenderlo ella mientras se encamina a un futuro sin remisión ni esperanza. Logró el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia.

sábado, 3 de diciembre de 2016

NUEVA CITA CON LA DISCIPLINA DE LA SINFÓNICA CONJUNTA

VI temporada, concierto I de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el CSM Manuel Castillo. Israel Fausto Martínez, violonchelo. Juan García Rodríguez, director. Programa: Scène d'amour de Romèo et Juliette, de Berlioz; Concierto para violonchelo en mi menor, de Elgar; Sinfonía nº 5 en re menor, Op. 71 “La Reforma”, de Mendelssohn. Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 2 de diciembre de 2016

El proyecto que Juan García y el CICUS pusieron en marcha hace ya seis años continúa su fecunda andadura para gozo de un público que no ha perdido en todo este tiempo el entusiasmo y la confianza por un conjunto que ha dejado tan alto el listón de la interpretación musical en un marco estrictamente académico. Llama la atención cómo año tras año y a pesar de las lógicas y evidentes transformaciones de plantilla, el director ha sabido conjugar los ingredientes que maneja la orquesta para que su sonido sea homogéneo e identificable. La disciplina férrea a la que sin más remedio han de entregarse estos jovencísimos intérpretes para lograr resultados tan estimulantes, y estos programas tan atractivos que sus responsables confeccionan, hacen que cada cita de las escasas propuestas se convierta en un acontecimiento para los melómanos que se han dejado seducir.

Evidentemente no se puede exigir a estos jóvenes el mismo nivel que a una orquesta consagrada, por eso sorprende aún más tan buenos resultados. Así, la última de las sinfonías de Mendelssohn lució magistral, con una fuerza arrolladora, combinando a la perfección lirismo, drama y exaltación, y con prestaciones extraordinarias de maderas y metales, además de un trabajo prodigioso en elegancia y contención de los timbales. Sin embargo la escena de amor de Romeo y Julieta de Berlioz, la pieza más interpretada de este mastodóntico y poco convencional trabajo sinfónico-coral, se quedó corta en inspiración poética y espíritu sombrío, con secciones desangeladas y continuas caídas de tensión, aunque evidenció que este año es la cuerda grave la que más brilla, con un sonido potente y homogéneo.

Arropado con acierto por gran parte de su alumnado, Israel Martínez brindó un Concierto para violonchelo de Edward Elgar, pieza emblemática del repertorio, bien articulado y estructurado, con un arranque en el que acertó a marcar su carácter indolente, continuando por sendas dramáticas y desgarradoras, incluidos pasajes vertiginosos muy bien resueltos, si bien asomaron puntuales fallos de entonación que suplió con un evidente sentido del lirismo que también le acompañó en un emotivo tema de inspiración hebrea que ofreció como propina.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 4 de diciembre de 2016