Título original: Leurs enfants après eux
Francia 2024 144 min.
Guion y dirección Ludovic y Zoran Boukherma, según la novela de Nicolas Mathieu Fotografía Augustin Barbaroux Música Amaury Chabauty Intérpretes Paul Kircher, Angelina Woreth, Sayyid El Alami, Louis Memmi, Gilles Lellouche, Ludivine Sagnier Estreno en el Festivald e Venecia 31 agosto 2024; en Francia 4 diciembre 2024Por una de esas extrañas razones que a menudo escapan a la razón, el quinto trabajo de los gemelos Boukherma nos recuerda a aquella estupenda película italiana que también se presentó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla hace unos años, El capital humano, de Paolo Virzi. Quizás sea porque un infortunado suceso provoca toda una sucesión de trágicos acontecimientos, o por esa afección a lo material que hemos acuñado en este mundo capitalista por el que todos y todas hemos apostado, aunque luego no nos gusten sus consecuencias, y que flota sobre el ambiente de ambas cintas, lo cierto es que algunos consideramos que los Boukherma han encontrado el lenguaje preciso para engancharnos con las andanzas de su joven protagonista, un Paul Kircher al que descubrimos en El reino animal.
A lo largo de sus casi dos horas y media de duración asistimos a cuatro veranos en la década de los noventa del pasado siglo, en los que sus personajes sufren pequeñas pero significativas transformaciones, siempre atados, y nosotros también, a un suceso que les cambia la vida y afecta a sus relaciones emocionales. Frente al elenco joven, que representa la convivencia entre personas de distinta clase y religión, encontramos esos veteranos a los que parece aludir un título que podríamos traducir como Y sus hijos detrás. Los veteranos Ludivine Sagnier y Gilles Lellouche interpretan a los padres de Kircher, cuya relación y apego a lo material aludido, a veces con mayor valor sentimental que nuestras propias relaciones humanas, provocan la tragedia. Por otro lado, tenemos al padre de la otra incógnita de una ecuación que definitivamente pone en tela de juicio los valores con los que muchos se han criado.
Pero al margen de cualquier tipo de consideración filosófica, la película supone un dominio de la narrativa, una capacidad para enganchar y emocionar que no disfrutamos a menudo y que demuestra porqué el cine nos estimula y atrae tanto, quizás también porque nos ayuda a ser mejores si el mensaje cala y se expone con el debido acierto y capacidad de reflexión. El recorrido por la década, la ambientación veraniega y el retrato juvenil generacional, nos permite además de disfrutar de una excelente selección musical que incluye a Iron Maiden, Texas, Boney M y Bruce Springsteen entre otros, complementando la muy sensible e inspirada banda sonora de Amaury Chabauty, colaborador de los directores también en L’homme d’argile, ¡Tiburón a la vista! y Teddy.