lunes, 5 de enero de 2026

LA ASISTENTA Ángel exterminador o demonio vengador

Título original: The Housemaid
USA 2025 131 min.
Dirección
Paul Feig Guion Rebecca Sonnenshine, según la novela de Freida McFadden Fotografía John Schwartzman Música Theodore Shapiro Intérpretes Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Indiana Elle, Michele Morrone, Elizabeth Perkins, Megan Ferguson, Ellen Tamaki Estreno en Estados Unidos 19 diciembre 2025; en España 1 enero 2026


En una operación muy similar a la perpetrada hace unos años a propósito de 50 sombras de Grey de la escritora E.L. James, el cine fija ahora su atención en otro éxito superventas de ese tipo de literatura que todavía a estas alturas se considera para chicas. El erotismo de celofán que caracterizaba aquella serie hace también su aparición en este thriller psicológico, incluido el ramillete de canciones pop destinadas a acompañar las ridículas secuencias sensuales que jalonan este batiburrillo de manías y psicopatías extremas. En la dirección tenemos a un especialista en comedias protagonizadas por mujeres, muy gamberras al principio (La boda de mi mejor amiga, Cazafantasmas, Espías, Cuerpos especiales), más sofisticadas después (Un pequeño favor y su secuela). Precisamente estas dos últimas son las que más parecido guardan con lo que propone ahora, un thriller presuntamente elegante y sofisticado que pretende ironizar con la alta burguesía norteamericana, reduciéndola a un simple cliché a fuerza de unos esmerados diseños de escenografía y vestuario.

El origen está en una novela de la doctora y prolífica escritora Freida McFadden, productora de la película junto a sus dos protagonistas. Especialista en enfermedades neurológicas, se puede imaginar por dónde van los tiros de esta película en la que una joven de pasado turbio (la trumpista Sydney Sweeney de Cualquiera menos tú y Edén) es contratada para servir como asistenta en una lujosa mansión habitada por una mujer con cierto desequilibrio (Amanda Seyfried en modo intenso), su marido amable y seductor (Brandon Sklenar, Romper el círculo, La cita), y una hija pequeña y algo repelente. La galería de personajes se completa con una suegra disfrazada de Miranda Priestley (la veterana Elizabeth Perkins) y un jardinero que no aporta más que un potente físico latino (Michele Morrone, visto también en Otro pequeño favor).

Todo está milimétricamente concebido para gustar, resultar entretenido y atractivo, mientras la trama se va tornando más rocambolesca conforme avanza, derivando en el consabido festín de violencia y truculencia que tanto gusta al actual cine estadounidense, de forma que toda cuestión, por seria y trágica que sea, acaba sufriendo la consabida frivolización. Hay dos novelas más protagonizadas por la misma asistenta, lo que sin duda se traducirá en otras dos películas con sus considerables dosis de intriga, erotismo superfluo y violencia extrema.

domingo, 4 de enero de 2026

PRIMERA CITA MUSICAL DE UN AÑO MUY INCIERTO

Concierto de Año Nuevo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Chen Reiss, soprano. Lucas Macías, dirección. Programa: Obertura de La gazza ladra, de Rossini; Exsultate jubílate K.165, de Mozart; Vals de las flores de El Cascanueces, de Chaikóvski; Danza húngara nº 5, de Brahms; Éljen a Magayr! Op. 332, Czárdás: Klange der Heimath, de Die Fledermaus, Künstlerleben Op. 316, y An der schönen blauen Donau Op. 314, de Johann Strauss II; Meine Lippen, sie küssen so heiss, de Giuditta de Lehár. Teatro de la Maestranza, sábado 3 de enero de 2026


El lleno absoluto que el Teatro de la Maestranza experimenta durante dos días seguidos bien justifica que hayamos asumido como tradición lo que hasta hace unos años sólo lo era de la cultura centroeuropea exportada a todo el mundo. Pero siendo varios los conciertos que estos días emulan el de la Filarmónica de Viena, generalmente resueltos por orquestas de bolos venidas de aquí y allá, el de la Sinfónica de Sevilla ha moldeado un estilo propio gracias a un repertorio que mezcla los valses y polcas de los Strauss con otras piezas de carácter más o menos jubiloso que enmarcan una cita musical a la que propios y extraños acuden con cierta ilusión mágica.

Valses de otra procedencia, piezas de carácter litúrgico, arias de opereta y romanzas de zarzuela han ido dando forma a este programa especial de año nuevo, mientras aún esperamos que algún día también se eche mano del legado musical del Broadway y el West End clásicos, de Lerner y Loewe a Rodgers y Hammerstein, que bien encajarían en el repertorio y tendrían buenas embajadoras en las voces que han acompañado a la orquesta en las últimas ediciones.

No parece, sin embargo, suficiente el clamor de la música, la alegría de los acordes, para acallar la violencia con las que apenas hemos bautizado un año todavía más incierto, con más frentes abiertos, más peligros acechantes y mayor estulticia alrededor que nunca. Demos, por lo tanto, tregua a la incertidumbre y al temor y dejémonos llevar por la bondad de la música. Muchos y muchas lo hicieron ayer y volverán a hacerlo hoy, con la ilusión en la mirada y ese para tantos primer encuentro, ojalá de muchos, con el templo del buen gusto y el refinamiento musical que es nuestro teatro frente al Guadalquivir, de la mano de una orquesta que hace mucho forma parte del patrimonio irrenunciable de la ciudad.

Acordes festivos y una voz cálida

Nuestro concierto se celebra sólo dos días después de que el mundo amaneciera al son de los valses y las polcas del concierto de la Filarmónica de Viena, este año con ese considerable aire fresco que le ha proporcionado Yannick Nézet-Séguin, de quien muchos cronistas no han dudado en destacar su orientación sexual, como si eso definiese su talento, obviando además que muchas batutas antes que él ya compartieron esa orientación, pero sin divulgarla como sí hizo el director canadiense hace tiempo.

A estas alturas, lo del Danubio Azul y la Marcha Radetzky que cierran este tradicional concierto, la ROSS se lo sabe de memoria, y lo despacha con la habitual prestancia con que suele hacerlo, sin sorpresas ni sabores dispares. Pero antes, muchas fueron las piezas que con bastante acierto desgranaron los y las músicos con un Lucas Macías comprometido al frente. Lástima que la distendida obertura de La gazza ladra de Rossini, se resintiera de un exceso de percusión que rebajó su fineza y ligereza. Algo que sí apareció en Exsultate jubílate de un jovencísimo Mozart, cantado con elegancia por la soprano Chen Reiss, este año artista residente de la orquesta, y que en unos días demostrará si ciertamente Richard Strauss es su especialidad, entonando sus Cuatro últimos lieder.


Reiss y la orquesta se entendieron a la perfección en la exultante primera aria que la soprano resolvió con agilidades y ornamentaciones impecables, exhibiendo lirismo y espiritualidad en Tu virginum corona, y una contenida elegancia en el Aleluya final. Ya en la segunda parte del concierto, Reiss entonó con gracia y desparpajo las csárdás de El murciélago en las que Rosalinda expresa su amor a la tierra en el baile de máscaras, si bien fue con Meine Lippen, sie küssen so heiss, de la opereta Giuditta de Franz Lehár, con la que Reiss brilló más en expresividad, con un fraseo impecable y ese punto de sensualidad que las castañuelas españolas potenciaron a mitad del aria.

Macías, que dirigió todo el concierto de memoria, nos regaló rodeado de frondosos centros florales un vals de El Cascanueces que destacó en elegancia y volatilidad, mientras desgranó la popular Danza húngara nº 5 de Brahms y la polca rápida Éljen a Magyar! de Johann Strauss jr., con estilo y sentido del espectáculo. Más cerca de lo convencional resultó su forma de abordar el vals Vida de artista, antes de terminar con el mítico vals evocador de ese espacio infinito que imaginó Kubrick, y las palmas y el confeti que acompañan la pieza marcial que lamentablemente este año adopta aún más ese sentido de amenaza e inseguridad que nos asola.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

RONDALLAS Música y baile para curar la tristeza

España 2025 112 min.
Guion y dirección
Daniel Sánchez Arévalo Fotografía Rafa García Música Federico Jusid Intérpretes Javier Gutiérrez, María Vázquez, Judith Fernández, Tamar Novas, Carlos Blanco, Fer Fraga, Xosé A. Touriñán, Marta Larralde, Lola López Rodríguez, Marcos Pereiro Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2025; en salas 1 enero 2026

Con apenas seis largometrajes en un cuarto de siglo, Daniel Sánchez Arévalo se ha consagrado al cortometraje desde el inicio de la carrera, no abandonándolo nunca. Sólo en determinadas ocasiones ha dado el salto al largo, desde aquel celebrado AzulOscuroCasiNegro a la simpática comedia generacional Diecisiete, pasando por éxitos menores como Gordos, Primos y La gran familia española. Ahora vuelve con una insólita importación de un modelo largamente querido en países de nuestro entorno, como Francia, Inglaterra o Irlanda, donde la música y el trabajo solidario y en equipo sirve para conjurar traumas y dolores en el seno de una comunidad humilde y popular. 
En este caso se trata del naufragio de una embarcación pesquera con resultado de siete de sus nueve tripulantes muertos. Abandonada la tradición de la rondalla, típica comparsa musical y coreográfica de carácter folclórico que se prodiga en la ría de Vigo, demostrando que las navidades allí no sólo se celebran con una orgía lumínica, la buena gente del pueblo decide recuperarla para exorcizar el dolor y la incomprensión reinante.

Hace bien Sánchez Arévalo en dar visibilidad a este patrimonio cultural que, como tantos otros, permanece prácticamente desconocido para el resto del país. Lástima que el conjunto se apoye en una trama bastante frágil y tópica, previsible y carente del empuje y el interés que demanda. Parte del problema reside en la dispersión del argumento, una multitud de personajes que proporcionan el carácter de comedia coral que este tipo de películas exige, y sobre todo la indefinición de los principales, por mucho empeño que ponga, por ejemplo, su joven protagonista, una Judith Fernández emergente.

Se agradece que el buenismo se apodere de la función, que se visibilice el enorme trabajo que requiere la rondalla, y especialmente la colaboración que exige entre sus integrantes. Pero un mayor empaque en el argumento, más gracia en sus líneas de diálogo, un tratamiento dramático más atractivo y mayor definición de los personajes hubieran facilitado el entusiasmo que la empresa demanda y merece.