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miércoles, 18 de marzo de 2026

EL TESTAMENTO DE ANN LEE Extravagante y superficial musical seudorreligioso

Título original: The Testament of Ann Lee
Reino Unido 2025 136 min.
Dirección
Mona Fastvold Guion Mona Fastvold y Brady Corbet Fotografía William Rexer Música Daniel Blumberg Intérpretes Amanda Seyfried, Lewis Pullman, Thomason McKenzie, Matthew Beard, Stacy Martin, Tim Blake Nelson, Christopher Abbott, Scott Handy Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2025; en Reino Unido 27 febrero 2026; en España 13 marzo 2026


La actriz y directora noruega Mona Fastvold debió conocer a Brady Corbet participando como intérprete en su delirio psicodélico y musical Vox Lux. Juntos escribieron The Brutalist, que dirigió él, emprendieron una relación sentimental y tuvieron un hijo. Antes de esta película, Fastvold dirigió en su país natal Dobles parejas y en Estados Unidos el western queer El mundo que viene. El pasado año se embarcó en el que seguramente ha sido el proyecto más ambicioso de su carrera hasta el momento, un extravagante musical sobre la líder y fundadora del movimiento Shaker, una escisión de la religión protestante que promovía la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, la vida sencilla y en comunidad, la música y el baile como medio de acercarse a un Dios mitad hombre mitad mujer, y hasta algo tan nórdico como el diseño de mobiliario práctico, funcional y decididamente sencillo. Pero promovía también el celibato, y esa podría ser una de las claves fundamentales para su paulatina desaparición, como se constata en sus elaborados títulos finales.

Los shakers defendían también el carácter profético de su líder y su concepción como nuevo y femenino Jesucristo, de forma que su denominación oficial era Sociedad unida de creyentes en la segunda aparición de Cristo. Fastvold y Corbet, con la colaboración inestimable de Daniel Blumberg, que tiene también un papel como intérprete en la película y fue muy laureado por la banda sonora de The Brutalist, y además compuso la de El mundo que viene, han convertido esta epopeya ambientada a finales del siglo XVIII en un musical, con la licencia del modus operandi de la secta, que al fin y al cabo es lo que era, y la herencia de un buen puñado de canciones y bailes convenientemente remozados para los gustos actuales. Su suntuosa puesta en escena, deudora del imaginario nórdico, con peajes en Dreyer y Haneke, salvando las distancias especialmente con el primero, no se corresponde con su dramaturgia histérica, caótica y falta de inspiración y profundidad.

El resultado es como una tesis religiosa a lo Dreyer pero carente de sustancia, cuyo largo metraje se digiere con la esperanza de descubrir algo en el horizonte, que se diluye conforme entendemos que se trata de un camino a ninguna parte, nada revelador y, desde luego, poco atractivo. Ni la esforzada interpretación de su protagonista, Amanda Seyfried como Madre Ann, que llegó a estar nominada al Globo de Oro, ni su elaboradísima banda sonora, y mucho menos su espasmódica coreografía, logran elevar la cinta más allá de una nadería que incluye las persecuciones a las que la secta fue sometida, primero en Reino Unido y después en Estados Unidos, sin que nada llegue a emocionar ni motivar. Una lástima, porque material había para lograr un film fascinante, fiel reflejo de la preocupante sociedad en la que vivimos actualmente. Cuesta trabajo seguirla en su política de exceso y ambición.

lunes, 27 de enero de 2025

THE BRUTALIST Epopeya de resortes wagnerianos

USA-Reino Unido 2024 215 min.
Dirección
Brady Corbet Guion Brady Corbet y Mona Fastvold Fotografía Lol Crawley Música Daniel Blumberg Intérpretes Adrien Brody, Felicity Jones, Guy Pearce, Joe Alwyn, Raffey Cassidy, Stacy Martin, Isaac de Bankole, Alessandro Nivola, Emma Laird, Ariane Labed, Jonathan Hyde Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2024; en Estados Unidos 20 diciembre 2024; en España 24 enero 2025


Se anuncia como una película monumental, ya desde el tráiler que anticipa una estética tan particular y distinta como lo es el acabado formal y el contenido emocional de esta crónica única sobre el talento, el arte, la admiración, el orgullo y hasta la prepotencia. Y es monumental por su duración, por sus multidimensionales personajes, por su carácter de epopeya y por su ambición. Su director, Brady Corbet, parece no querer desprenderse del siniestro papel que interpretó en la copia americana que Michael Haneke realizó de su celebrada Funny Games. Desde entonces lo hemos visto interpretar papeles de otra índole, pero como director sigue fascinado por el poder del mal y sus consecuencias. Así pudimos comprobarlo en la inquietante La infancia de un líder, donde se podía entrever la génesis de un personaje tan nefasto como Hitler, y después en Vox Lux: El precio de la fama, una especie de Fausto a la femenina ambientada en el mundo de la música pop y protagonizada por Natalie Portman.

En The Brutalist Adrien Brody interpreta a László Toth, un afamado arquitecto que profesa el estilo que da título a la película, y que se ve obligado a emigrar a Estados Unidos tras la debacle que se produce en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en su condición de judío. Segunda vez que el actor interpreta a una víctima del genocidio, galardonado en El pianista con el Oscar y posible ganador de un segundo premio ahora con esta sensacional creación en la que deambula por Pensilvania primero de la mano de un primo emigrado hace tiempo (Alessandro Nivola) y después de un rico mecenas de temperamento tan fuerte como lo es su sensibilidad para apreciar el verdadero talento y la creatividad del artista.

Nos encontramos ante un cruce entre la magnífica película de King Vidor El manantial, donde un arquitecto interpretado por Gary Cooper hace prevalecer su arte y su imaginación por encima de servidumbres mercantilistas, y la épica relación verdadera de Richard Wagner y su mecenas Luis II de Baviera, cuando éste, llevado por su infinita admiración, le propició construir su particular Valhalla, el Teatro de Bayreuth, concebido para celebrar y enaltecer su obra operística. Una admiración teñida de atracción romántica que aquí se traduce en el dominio y el control que una persona poderosa, o quizás una nación acostumbrada a serlo, ejerce irremediablemente sobre todo aquello que le llama la atención o de la que puede extraer algún beneficio. Un retrato por ello de la agresión capitalista al resto del orbe internacional, de cómo engulle hasta lo más sagrado en términos prosaicos, y lo ensucia de mugre y perversión.

Hay dos partes bien diferenciadas y separadas por un intermedio ilustrado por la música al piano compuesta e improvisada por Daniel Blumberg, sobre quien nos extenderemos al final de esta reseña. En la primera asistimos fundamentalmente a esta relación de admiración y fuerza que se entabla entre el protagonista y el mecenas a quien da vida un extraordinario Guy Pearce. Un episodio que llega a conmover en momentos muy escogidos, evidenciando la grandeza del arte y la creación, así como el reconocimiento y la alabanza que despierta en quien sabe apreciarlo. En la segunda, menos lograda, aparece el personaje de la esposa del protagonista, agotada y lisiada por la guerra. Un papel que Felicity Jones, que parece condenada a ser más valorada cuando da vida a la mujer en la sombra de un genio (La teoría del todo), aborda con delicadeza y pureza, pero que enturbia el leit motiv que hasta entonces tanto nos había fascinado, atrapado y conmovido. Surgen entonces episodios que pueden resultar tan perturbadores como descolocados, pero que no vienen sino a potenciar la relación de mecenazgo, relativa servidumbre y admiración excelsa que apuntaba esa primera parte.

Unas soluciones gráficas ciertamente novedosas y atractivas, y una banda sonora que ilustra a la perfección situaciones y personajes, casi psicoanalizándolos, completan un trabajo seguramente imperfecto en su ambición y desmesura emocional, casi como una exaltada función operística que simboliza el arte completo que tanto perseguía Wagner. Música que parece emerger también del olimpo wagneriano, combinado con un sonido industrial tan adecuado al estilo arquitectónico que ilustra, y que debemos al casi debutante Daniel Blumberg, de quien sólo conocemos su partitura para la película The World to Come, dirigida en 2021 por Mona Fastvold, esposa de Corbet y coguionista de esta singular epopeya dramática.