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jueves, 20 de junio de 2024

LA EXTRAÑA PAREJA MUSICAL

Tocando nuestra canción. Música de Marvin Hamlisch. Letras de Carole Bayer Sager. Libreto de Neil Simon. Antonio Banderas, dirección. Arturo Díez Boscovich, dirección musical. Borja Rueda, coreografía. Alejandro Andújar, escenografía y vestuario. Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos, iluminación. Francesc Isern, vídeo. Roc Mateu, sonido. Orquesta Larios Pop del Soho. Olga Domínguez, dirección. Con Miquel Fernández, María Adamuz, Rai Borrell, Bealia Guerra, Javier Enguix, Cristina Gallego, Diego Rodríguez y Georgia Stewart. Producción del Teatro del Soho Caixabank. Teatro del Soho Málaga, martes 18 de junio de 2024


Cuando Neil Simon, niño mimado de Broadway no exento de genuino talento, concibió el libreto de este singular musical, andaba enfrascado en los problemas conyugales y de pareja tanto suyos como de sus amistades más cercanas. Dos años antes había dejado constancia para la posteridad de su a ratos tormentosa relación con la actriz Marsha Mason (Permiso para amar hasta medianoche) en La chica del adiós. Y ese 1979 del estreno de este musical, centró su atención en la verdadera historia de atracción y rechazo entre el compositor Marvin Hamlisch y la letrista Carole Bayer Sager, que ya habían trabajado juntos en la canción Nobody Does It Better de la jamesbondiana La espía que me amó, y volverían a hacerlo ese mismo último año de la década de los setenta en la película Castillos de hielo. A los mayores éxitos de Hamlisch, A Chorus Line en el teatro y Tal como éramos en el cine, les pusieron letra Edward Kleban y el matrimonio Alan y Marilyn Bergman respectivamente.

Antonio Banderas ha vuelto a demostrar su buen gusto y su sensibilidad al adaptar They’re Playing Our Song, un musical que no tuvo el éxito que se espera de estas empresas y ni siquiera cosechó grandes premios, aunque sí que ha sido relanzado en varias ocasiones desde su estreno, y ha contado con adaptaciones en varios países, incluido el nuestro vía Barcelona. Se trata de un musical intimista, casi de salón, que muchos han definido con acierto como una comedia teatral salpicada de canciones. Adornada también con discotequeras coreografías, a lo que se prestan los alter egos de sus protagonistas, tres por él y otras tres por ella, una especie de coro griego desaprovechado por cuanto representan las diferentes personalidades de la pareja y sus fuentes de inspiración, sin que una ni otra consideración traspase la mera dramaturgia de la función. Sí sirven para multiplicar el efecto de los bailes y trasladar los módulos móviles que monopolizan una escenografía centrada en la técnica del mapping, con la que se recrean los distintos espacios: el lujoso apartamento de él, el más bohemio y humilde de ella, las calles de Nueva York, la casa en la playa, el restaurante, la habitación del hospital o el estudio de grabación. Una puesta en escena como se ve muy cinematográfica.


La escueta trama sitúa de nuevo frente a frente a dos polos opuestos que se atraen, insistiendo en uno de los motivos más recurrentes del dramaturgo, como se puede apreciar en títulos tan significativos como Descalzos por el parque o incluso La extraña pareja, donde el estímulo de la amistad sustituía al más puramente romántico. Sin ir más lejos, nos encontramos ante otra de esas extrañas parejas que empiezan odiándose, continúan amándose y terminan como terminan, sin spoiler. Pero es también la constatación de la necesidad que muchas veces tenemos de encontrar una luz que nos ilumine, en este caso Sonia Walsk, sosías de Bayer Sager, que entra en la vida de Vernon Gersch como un torrente. Y ahí es donde radica el principal atractivo de la función, al margen de unas canciones que sin estar tan inspiradas como las de A Chorus Line, la primera aventura de Broadway en Málaga que acuñó Antonio Banderas, contienen todo el encanto y la amabilidad de una época que su director musical, el excelente Díez Boscovich, ha decidido respetar en su integridad, como ya hiciera en la sensacional Company, en esta ocasión siguiendo las orquestaciones originales de Ralph Burns, Oscar por Cabaret y All That Jazz.

Miquel Fernández presta su convincente presencia, su rotunda voz y ciertos ademanes heredados de Banderas, quizás por prescripción suya, a Gersch, tan acertado cuando reflexiona ante su magnetofón de época como cuando entona con un gusto exquisito canciones como Cayendo o Si me conociera. Pero la verdadera estrella de la función es la marbellí María Adamuz, a quien ya vimos y disfrutamos en Company como la azafata de pocas luces que entona Barcelona. Su arrolladora presencia y su intachable vis cómica se ponen al servicio de esta mujer alegre y generosa, algo histriónica debido precisamente a su enorme vitalidad. La efectiva dirección de Banderas junto al simpático gesto de hacer guiños a Chorus Line a través de los timbres de los apartamentos, y a Company con su mención expresa en el libreto adaptado por María Ruiz, además de una exquisita dirección musical de Olga Domínguez al frente de diez músicos de la Orquesta Larios, contribuyen al amable acabado de la empresa. La calidad de las voces de la pareja juega también a favor del disfrute de una comedia musical sencilla, discreta y luminosa, tan proclive a facilitar a quien se acerque al teatro de la calle Córdoba de Málaga desconexión y un poco de felicidad.

Fotos: Javier Salas
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 4 de junio de 2024

TOCANDO NUESTRA CANCIÓN: BANDERAS RECUPERA OTRO MUSICAL DE LOS SETENTA


El próximo jueves 6 de junio volverá a levantarse el telón del Teatro Soho de Málaga para descubrirnos otro musical del Broadway de los setenta, siguiendo la tónica de su director, Antonio Banderas, que desde su apertura en 2019 ha puesto en escena A Chorus Line, Company y Godspell. Mientras los dos últimos se estrenaron en la Gran Manzana a principios de esa década, y Chorus Line lo hizo justo a la mitad, They’re Playing Our Song lo hizo ya al final, en 1979, después de pasar un preestreno de prueba en Los Angeles antes de desembarcar en el Teatro Imperial de Broadway, donde alcanzó casi mil cien representaciones durante un período de dos años y medio.

Un trío de apuestas seguras

Aunque su relación con el musical se ciñe a un escaso número de producciones, especialmente adaptaciones como la de Las noches de Cabiria, convertida en Sweet Charity, o la de El apartamento transformada en Promises, Promises, y sobre todo este musical que ahora llega a la capital de la Costa del Sol, Neil Simon, el libretista, fue indiscutiblemente el rey de Broadway durante los años sesenta y setenta, como autor de algunas de las más celebradas comedias de la época, muchas de ellas llevadas luego al cine. Descalzos por el parque, La extraña pareja, Perdidos en Yonkers, California Suite o The Sunshine Boys son algunos de los más destacados ejemplos, a los que hay que sumar sus guiones para películas como El prisionero de la Segunda Avenida, Un cadáver a los postres, Como en los viejos tiempos o La chica del adiós, película de Herbert Ross que le valió un Oscar a Richard Dreyfuss y que guarda una estrecha relación con esta Tocando nuestra canción. Y es que mientras en la película Simon aprovechaba algunas de sus experiencias reales como pareja de Marsha Mason, la protagonista (estuvieron casados un década), en el musical son los autores de sus inspiradas canciones, Marvin Hamlisch y Carole Bayer Sager, quienes vivieron en primera persona algunas de las experiencias como compositor y libretista que propone la comedia de Simon. Por cierto, La chica del adiós tuvo adaptación al musical en 1992, con música también de Hamlisch.

Marvin Hamlisch ya había ganado un Tony en 1975 por A Chorus Line y los tres Oscars correspondientes a los apartados musicales de 1973, por Tal como éramos (canción y banda sonora original) y El golpe (banda sonora adaptada), una gesta nunca repetida por ningún otro compositor. Suyas fueron también las bandas sonoras de La decisión de Sophie y La espía que me amó, siendo esta última su primera colaboración con Carole Bayer Sager, la canción Nobody Does It Better que cantaba Carly Simon en los títulos de crédito. Ella, por su parte, conoció sus mayores éxitos de la mano de quien fuera su esposo Burt Bacharach, unos años después de terminar su relación con Hamlisch. Nos referimos a Best That You Can Do, el oscarizado tema principal de Arthur, el soltero de oro, y That’s What Friends Are For, originalmente concebida para Rod Stewart en la banda sonora de Turno de noche, una de las primeras películas de Ron Howard, pero popularizada unos años después por Dionne Warwick, Stevie Wonder, Gladys Knight y Elton John, una colaboración que le deparó un Grammy.

Robert Moore, que alcanzó notoriedad y un Tony con Los chicos de la banda, fue el encargado de dirigir Tocando nuestra canción, mientras la coreógrafa Patricia Birch se encargó de los números musicales. Él ya había dirigido en cine un guion de Simon, Un cadáver a los postres, mientras ella se atrevería tres años después de estrenar Tocando nuestra canción con la segunda y desastrosa parte de Grease. Simon urdió una escueta trama en la que un reconocido compositor y una letrista recién coronada en las listas de éxitos pop, coinciden por iniciativa de sus agentes en la génesis de un nuevo musical, sólo para chocar con sus fuertes y opuestos caracteres, lidiar con una fuerte atracción y plantearse si es posible combinar una relación sentimental con otra estrictamente profesional.

A los dos únicos personajes, Vernon Gersch y Sonia Walsk, a los que dieron vida en el estreno Robert Klein y Lucie Arnaz, reunidos de nuevo en 2019 con motivo de la celebración en concierto del cuarenta aniversario de su estreno, se suman otros seis, que forman un coro estilo griego que representa los alter ego de él y ella, con sus dilemas y controversias. La idea de llevarla al cine en 1982 con nuevas canciones no llegó a cristalizar. Londres, Sydney, Buenos Aires y hasta Manila conocieron también versiones de este musical, además de un par de reposiciones y puestas al día en Broadway a lo largo del nuevo siglo.


Una producción muy cuidada y respetuosa

No es la primera vez que este musical se representa en España. Llegó a Barcelona en 1990, con Pep Antón Muñoz y la musa por aquel entonces de los musicales Àngels Gonyalons. Traducida al castellano se estrenó la misma producción en Madrid un año después, y ahora lo hace partiendo de cero de la mano de Antonio Banderas en Málaga. Conociendo el buen gusto del actor a la hora de seleccionar y dar forma a los musicales, demostrado con creces en el sensacional Company de Stephen Sondheim, cabe esperar un respeto absoluto por la partitura y el concepto original, mejorado mediante la intervención de la estupenda y nutrida Orquesta Larios Pop del Soho y el uso de la más puntera tecnología para recrear los múltiples escenarios en los que tiene lugar esta lucha de sexos propuesta por Neil Simon. El magnífico trabajo desplegado por Arturo Díez Boscovich en la obra de Sondheim, hace presagiar otro vuelo al pasado en esta partitura que contiene retazos de música disco setentera en temas como Abrazándote o el que da título a la obra, así como exquisitas baladas como Cayendo, Si me conociera o Aún creo en el amor, además de números tan divertidos como el que protagonizan los alter ego del protagonista en Ponle tu voz.

En el apartado interpretativo disfrutaremos con la arrolladora presencia física y vocal de Miquel Fernández, artífice del musical Hoy no me puedo levantar celebrando las canciones de Mecano. Sonia es la malagueña María Adamuz, que ya dio excelentes muestras como actriz, cantante y bailarina en Company. Al coro de múltiples personalidades ponen voz Rai Borrell, Javier Enguix, Diego Rodríguez, Bealia Guerra, Cristina Gallego y Georgia Stewart, todos y todas con amplia experiencia en el musical, tan cultivado en nuestro país desde hace ya unas cuantas décadas, lo que ha incrementado el nivel de especialización y profesionalidad. Borja Rueda, con amplia experiencia en televisión y conciertos de grandes artistas pop, se encarga de la coreografía, y de la escenografía y el vestuario Alejandro Andújar, de quien hace poco tuvimos ocasión de ver La bella Susona en el Teatro de la Maestranza. No son por lo tanto pocos los alicientes para dejarse llevar por tan suculento espectáculo, lo que unido al plan siempre atractivo de dejarse caer por la Costa del Sol, bien vale el viaje.

Fotos: Javier Salas