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jueves, 19 de marzo de 2026

CEA GALÁN SUBLIMA A CORREA DE ARAUXO EN EL SALVADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Andrés Cea Galán, órgano. Programa: Tientos de Francisco Correa de Arauxo. Iglesia del Salvador, miércoles 18 de marzo de 2026


Todo lo que sabemos de Francisco Correa de Arauxo proviene de la lectura de su Libro de tientos y discursos de música práctica y teórica de órgano, intitulado Facultad Orgánica, publicado en Alcalá de Henares en 1626 y recuperado por Santiago Kastner en Barcelona en 1948. Correa de Arauxo nació en Sevilla, donde se formó y ejerció como organista de la Colegiata del Salvador, construida sobre las ruinas de la antigua mezquita y destruida para levantar la actual sublime Iglesia del Salvador, donde anoche el jerezano afincado en Sevilla, Andrés Cea Galán, profesor del Conservatorio Superior de Música, llevó su música a las más altas cotas de la emoción, el color y la excelencia.

De la obra de Correa de Arauxo se intuye que tuvo un fuerte carácter, lo que explica sus innovaciones, a veces violentas y llenas de contrastes, dentro siempre de la influencia casi exclusiva de los grandes compositores españoles que le precedieron. Los órganos sobre los que ejerció su profesión y con los que puso a prueba sus composiciones, ya no existen. Pero el imponente y recién restaurado órgano de la iglesia hispalense puede recrear y perfeccionar el sonido de sus obras, tal como pudimos apreciar en el concierto que Cea Galán dedicó a sublimar su memoria.

Los tientos o discursos son un género peculiar en la música española, que puede manifestarse entero o a modo de canción, de medio registro de tiple, medio registro de baxón, doble tiple o doble baxón. De todas las variedades se hizo eco el organista en su muy cuidada y representativa selección. Su música combina el contrapunto y la armonía de la polifonía renacentista con el ritmo vivo y los melismas virtuosos de su época, mientras el alto nivel de su teoría sobre el contrapunto y la composición inspiraría la música europea que habría de venir sin marcha atrás, como pudimos comprobar en este magistral acercamiento a su música que nos brindó Cea Galán.

Cuatro siglos de Facultad Orgánica

Facultad Orgánica es uno de los principales libros de música europea del siglo XVII, con sesenta y nueve piezas ordenadas en función de su dificultad, en estilo modal sólo alterado por puntuales disonancias atrevidas, con especial énfasis en las notas de paso prolongadas y las apoyaturas, una enorme variedad de secciones en cada tiento y gran vitalidad en los contrapuntos. De todo esto hubo en esta imprescindible cita con su arte y su música.

El tañido impecable del organista, de una claridad extrema y una sensibilidad exquisita, se tradujo en el mejor Correa de Arauxo, aprovechando todos sus resortes y posibilidades a un nivel máximo. Arrancó con el tiento de quinto tono XX a modo de fanfarrias, trompetas al aire y estética majestuosa, para acariciar el IX de forma mucho más intimista y recogida, y sorprender con el carácter solemne del XXXVIII. Después de embarcarse en el XVI a modo de canción, toda una exhibición de la fecunda creatividad e inventiva melódica del autor repleta de episodios y ese ayrezillo hispano que le informa, sin despreciar la influencia de la canzone italiana, el organista volvió a aprovechar todas las posibilidades tímbricas y variedad de colores del instrumento en el jubiloso tiento LIV de dos tiples.

El tiento de quarto tono XV habría sido un apoteósico final, si no fuera porque Cea Galán prefirió terminar de manera harto recogida, intimista, con otro más discreto y humilde, quizás destinado a un realejo u órgano pequeño. El tiento precedente, quizás el más extenso y expansivo de cuantos tocó el organista jerezano, destacó por su exuberancia, su rica inventiva de registro entero, con un juego aritmético tremendamente eficaz para elevar el espíritu y provocar esa paz interior que ratificó el tiento que le siguió y todo el concierto en general.

Correa de Arauxo siempre quiso ser organista de la Catedral de Sevilla, pero el honor se le negó continuadamente, hasta que se decantó por Jaén y Segovia, donde fijó su vida laboral y familiar, negándose a volver a Sevilla cuando el cabildo catedralicio por fin requirió infructuosamente sus servicios. Ahora su música volvió a resonar donde él formó su excelencia y creatividad entre 1599 y 1636, y donde su inmejorable médium, Cea Galán, trabajó también como organista entre 1991 y 2002. Por encima de la discreta calle que Sevilla le ha brindado en la zona de Pio XII, la memoria de Correa de Arauxo quedó reforzada y sublimada con el excelente concierto que le brindó este entusiasta y comprometido organista.

Foto: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 25 de octubre de 2023

ANDRÉS CEA ACARICIA EL SILENCIO EN SAN CLEMENTE

Otoño Barroco, organizado por la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Andrés Cea, órgano. Programa: Prelude que il faut jouer d’un movement fort lent, Fantasia y Fuga, de Louis Couperin; Obra de primer tono sobre el paso de la Salve, Pange lingua y Obra de primer tono, de Sebastián Aguilera de Heredia; Preludio y fuga en sol menor BWV 885, Preludio en Do mayor BWV 870 y Fuga en Do mayor BWV 846, de Johann Sebastian Bach; Sinfonías en re menor y en Fa mayor, de José de Nebra. Iglesia del Monasterio de San Clemente, martes 24 de octubre de 2023


Rehabilitado con motivo de los fastos del 92, el Monasterio de San Clemente fue fundado por Fernando III El Santo en 1248 y dedicado al Papa entonces en el poder, Clemente. Su Iglesia atesora grandes trabajos escultóricos de Gaspar Núñez Delgado y pictóricos de Francisco Pacheco, además de un retablo que figura entre los más representativos del barroco sevillano, obra de los hermanos de Ribas, un artesonado mudéjar y unos azulejos de cerámica en perfectas condiciones. En el coro se haya un coqueto órgano de tres castillos y un teclado de transmisión mecánica que ha servido generosamente también en los ciclos de órganos históricos de Sevilla que hasta hace poco se celebraban en la ciudad. En este enclave, al que se accede por la calle Reposo a través de un doble compás de estilo neoclásico con atrio porticado, tuvo lugar el primero de los conciertos que celebra el
Otoño Barroco este año, organizado por la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Hoy otro nutrido grupo de melómanos tendrán ocasión de asistir a la segunda función de este concierto de inauguración con encanto considerable.

Como suele ser preceptivo en estos ciclos cuando se celebran en lugares emblemáticos de la ciudad – a mitad de noviembre el escenario será el Patio del Palacio de Pumarejo – un acreditado especialista en patrimonio sevillano, en esta ocasión el historiador Álvaro Cabezas, cuya vinculación con la música clásica también tiene una notoria importancia, sobre todo en el ámbito de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, ilustró sobre las maravillas de este convento regentado por monjas cistercienses. Tras su profusa disertación sobre los atractivos culturales y patrimoniales del espacio, el organista y musicólogo Andrés Cea dedicó unas palabras al público, especialmente en su faceta de restaurador, advirtiendo sobre el estado mejorable en el que se encontraba el instrumento, prácticamente sin intervención alguna desde su construcción hace más de dos siglos, a pesar de que sus fuelles originales fueron sustituidos hace tiempo por otros de motor eléctrico y manual. También hizo mención a la mágica percepción del silencio que se disfruta en éste y otros espacios eclesiásticos de la ciudad, lo que unido al estado del órgano y su dificultad para absorber tareas muy complejas, le hizo decantarse por un repertorio adecuado a las circunstancias, y de esa forma molestar lo mínimo posible al silencio reinante.

Este repertorio relativamente recogido se inició con un elocuente preludio de Louis Couperin, padre de François y patriarca de toda una tradición de organistas de la Iglesia de Saint Gervais de París entre 1656 y 1826. A caballo entre el estricto contrapunto y el barroco más característico, su música se completó con una fantasía y una fuga en la que pudimos atisbar un estilo cercano al profano, sobre todo en la primera, de líneas sencillas y extremadamente amables. Más solemnes se ofrecieron las tres obras elegidas de Sebastián Aguilera de Heredia, máximo exponente de la Escuela Aragonesa, cuyo refulgente estilo policoral y severa polifonía se hizo sentir en la interpretación de Cea, siempre atento al equilibrio y la sobriedad de su exposición más que a la exhibición pirotécnica. De José de Nebra interpretó dos sinfonías, una en modo menor, sencilla y austera, y la otra en modo mayor, más alegre y distendida. Conocido sobre todo por sus óperas y zarzuelas, su obra para clave y órgano estuvo especialmente destinada a sustituir el legado musical destruido en el incendio del Alcázar de Madrid. Bach por supuesto puso la guinda al pastel, aunque el programa terminara con de Nebra. Con un sonido más aflautado, Cea desarrolló un Preludio y fuga en sol menor extraído del segundo libro de El clave bien temperado en su versión para órgano, del que el intérprete supo extraer su humor grave y moderadamente oscuro, plagado de disonancias, haciendo hincapié en su carácter obsesivo, implacablemente tensionado. Más abierto y optimista en tonalidad Do mayor, Cea acometió una combinación del primer preludio del segundo libro de El clave bien temperado con la primera fuga del primer libro, con soberbios resultados, sin apenas desliz en la digitación y cumpliendo su promesa de apenas acariciar el silencio, algo que también le facilitó el cuerpo no demasiado amplio del instrumento.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 24 de septiembre de 2017

PRIMEROS ACORDES DEL OTOÑO

1º concierto del XXVIII ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Akiko Suwanai y Éric Crambes, violines. Jacek Policinsky y Kiril Nikolov, violas. Sasha Louise Crisan y Claudio R. Baraviera, violonchelos. Programa: Sextetos de cuerdas nos. 1 Op. 18 y 2 Op. 36, de Brahms. Espacio Turina, domingo 24 de septiembre de 2017

El Cavaillé-Coll en su actual
emplazamiento en el Oratorio de la
Santa Escuela de Cristo
Inauguramos estación con dos importantes citas, las que nos llevó a un espacio tan poco conocido y menos frecuentado como es el Oratorio de la Santa Escuela de Cristo, a espaldas de la Iglesia de Santa Cruz, y a la inauguración de la nueva temporada de conciertos de cámara de la ROSS, ya definitivamente asentada en el Espacio Turina de la calle Laraña. La primera se enmarcó dentro del IV Ciclo Internacional de Conciertos y Meditaciones, de la mano de la familia Sampedro, que desde ya podemos considerar importantes agitadores de la vida cultural y musical de la ciudad, y del emblemático órgano histórico Cavaillé-Coll, adquirido y gestionado por el hijo mayor, Jesús, titular del mismo y organizador de estos encuentros. Su primer invitado, Fco. Javier López, vino de la Catedral de Ávila para extraer del impresionante instrumento romántico todos sus registros y notas a través de un cuidadísimo programa con el que el organista exhibió destreza y flexibilidad, llevándonos de la suntuosidad serpenteante de César Franck, a la sencillez de Jesús Guridi o Eduardo Torres, pasando por el misticismo de Alex Guilmant o meciéndonos al compás de Theodore Dubois. Un placer para la vista y el oído que se repetirá en diez conciertos diferentes hasta junio próximo.

Brahms continuó protagonizando este inicio de curso de la Sinfónica, con la estupenda violinista Akiko Suwanai prolongando su estancia en Sevilla para sumarse a los solistas que acometieron la difícil tarea de poner en pie los dos sextetos para cuerda de Brahms, identificados con su amor de juventud, Agathe von Siebold. Mal empezó sin embargo el primero, difuso, maullando en lugar de reflejar las líneas decididas de esta magnífica composición. Difícil atisbar así su componente poético, sólo apreciable a partir del solo del violonchelista Claudio Baraviera en la famosa melodía del andante. La pieza fue atacada con demasiada gravedad y un sonido bien articulado pero algo chillón por parte de Éric Crambes, que contó con la complicidad de Suwanai gracias a la amistad y mutua admiración que les une. Más crispado que dramático, no logró remontar el vuelo hasta el alegre y desenfadado scherzo y, por fin, un intenso y robusto rondó final.

Mucho mejor sin embargo el Sexteto nº 2, mal recibido por la crítica de su época pero muy bien por el público, y mejor todavía por el que se concentró en el Turina. Con Suwanai tomando las riendas del asunto, haciendo gala de un sonido aterciopelado, ideal para reflejar la dulzura de la pieza, y un fraseo preciso y natural, brilló también su noble acompañante, Éric Crambes, dándole la réplica. El resto del conjunto estuvo perfectamente coordinado, acertando con texturas polifónicas sutiles y un amplio equilibrio entre su bucólica atmósfera y sus formas abigarradas, así como un muy elaborado ritmo. A destacar un John Axelrod muy involucrado en la presentación del ciclo, la asistencia de numerosos compañeros de la orquesta, algo hasta ahora lamentablemente infrecuente, y la siempre gratificante sensación de enorme felicidad que nos proporciona la música bien interpretada, en ésta, la otra, y tantas otras maravillosas citas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 17 de octubre de 2013

MÚSICA Y ESPIRITUALIDAD EN EL VI CICLO DE ÓRGANOS HISTÓRICOS DE SEVILLA

VI Edición Órganos Históricos de Sevilla. Johannes Skudlik, órgano. Programa: Obras de Sweelinck, Erbach, Kobrich, Kerll, C.P.E. Bach y J.S. Bach.
Iglesia de San Isidoro, miércoles 16 de octubre de 2013

La celebración del sexto ciclo de Órganos Históricos de Sevilla en esta época de crisis sitúa a la ciudad, según su director Miguel Ángel García, como superviviente y piedra angular en este tipo de celebraciones en nuestra geografía. Tras un original concierto de inauguración el pasado viernes en torno a la leyenda de Maese Pedro de Bécquer a cargo del propio García, y otro el domingo en San Clemente, el miércoles la cita prosiguió con el maestro organista y director de orquesta alemán Johannes Skudlik.

El evento es un lujo para el público, para el artista que tiene la oportunidad de tocar en instrumentos de extrema calidad, y para éstos, en manos de maestros del calibre del que nos ocupa. En este caso se trata de una pieza construida por el organero portugués José Antonio Morón en 1785 para la Iglesia de San Isidoro. Su rehabilitación en 2002 permitió hallar una serie de cartas personales del artífice que han ayudado a conocer las condiciones de trabajo de estos artistas y sus relaciones entre ellos, tal como atestigua el también organista Pedro Luengo Gutiérrez.

Johannes Skudlik
El virtuosismo técnico y la exquisita pulsación del intérprete alemán nos permitió disfrutar de la austera y refinada espiritualidad del holandés Jan Pieterzoon Sweelinck, uno de los primeros grandes compositores europeos para el teclado; la inocencia implícita en la Canzon a 4 de Christian Erbach, autor imprescindible en el desarrollo del instrumento en el S. XVII; la ceremoniosa versatilidad hoy indiscutible de Johann Anton Kobrich; y la emoción in crescendo de la Passacaglia de Johann Kaspar Kerll; para culminar con el clasicismo incipiente de Carl Philipp Emanuel Bach y la inconfundible solemnidad, grandiosa, compleja y vigorosa, de su padre.  El ciclo se extiende hasta el sábado 26 de este mes, en espacios tan singulares como la Iglesia de San Lorenzo, el Convento de Sta. María del Socorro y la Basílica del Gran Poder, según programa que se puede consultar en la web del Instituto de la Cultura y Artes de Sevilla.

Versión extendida de la crítica publicada en El Correo de Andalucía el 20 de octubre de 2013