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jueves, 3 de septiembre de 2026

LOS MURMULLOS DIERON PASO AL SILENCIO

Heras-Casado, la Orquesta de Bayreuth y (de espaldas) Nicholas Brownlee, en Barcelona

El río Guadalquivir fue ayer testigo de dos desafortunados incidentes, el incendio por la mañana del nuevo hotel de lujo en obras en las instalaciones del antiguo Altadis, y el apagón que sufrió el Teatro de la Maestranza por la tarde, en pleno concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth bajo la dirección de Pablo Heras-Casado. Para el granadino éste era el único de los cinco conciertos programados en la península que se celebraba en su tierra. Una cita que ya partía gafada por ser la única que no había agotado el papel ni de lejos, algo para lo que ni el alto precio de las entradas ni la todavía peregrinación playera debería haber sido una excusa, sobre todo teniendo en cuenta que entre tantos millones de andaluces y andaluzas, llenar un aforo de mil ochocientas personas no debería resultar un problema, especialmente teniendo en cuenta lo extraordinario del acontecimiento.

La Orquesta del Festival de Bayreuth nunca sale de casa. Está formada por músicos seleccionados cada temporada de entre los y las más destacadas de las formaciones fundamentalmente alemanas, sólo para hacer frente a las representaciones de las óperas wagnerianas que desde hace ciento cincuenta años se programan a lo largo del verano en el teatro especialmente diseñado para la ocasión por el genio alemán. Sólo recordamos una ocasión en la que la orquesta salió del profundo foso que ocupa en dicho coliseo, y fue de la mano de Andris Nelsons en 2021, para airearse de la pandemia.

El maestro letón la llevó a su tierra, para participar con dos conciertos, también a principios de septiembre, justo antes de disolverse la formación para regresar cada uno y una a sus atriles habituales, en el Jurmala Music Festival que se celebra en Riga. Que Heras-Casado haya sido capaz de traer la orquesta a España deja claro su poder de seducción y la confianza que en él habrá depositado la directora artística del Festival de Bayreuth, Katharina Wagner, bisnieta del compositor.

Fue precisamente con Nelsons con quien sufrimos la vergüenza de un teatro a medio llenar, también en 2021, con la Gewandhausorchester de Leipzig. Temíamos repetir esa sensación con Heras-Casado al frente de esta singular y espléndida formación, pero nunca hubiéramos imaginado que un apagón acabaría por frustrar definitivamente la experiencia. Hasta entonces todo iba sobre ruedas. A algunos se nos había puesto la carne de gallina y los pelos de punta ante tanta magnificencia. La cuerda surgiendo de la nada, sigilosamente, dando entrada a unos portentosos metales, antes de que el yunque marcara la entrada de los Dioses en el Walhala, dio nada más empezar el concierto buena muestra de por dónde irían los tiros.

Una dirección inteligente

Un entregadísimo Heras-Casado, pendiente de cada matiz y detalle, con gestos precisos y contundentes, fue marcando la pauta, logrando que cada miembro se adaptara perfectamente a sus exigencias, y logrando en conjunto un sonido majestuoso y brillante, potenciado por la excelente acústica del teatro, seguramente irrepetible en otros de los escenarios previstos en esta propuesta nacida para celebrar el cuarenta aniversario del Festival de Peralada, extendiéndose al setenta y cinco del de Santander, y coincidiendo con el treinta y cinco de nuestro querido teatro de la ópera.

La batuta basculó entre la potencia y la delicadeza, con tanta discreción como control y dominio de los recursos. Entre lo más conmovedor de la noche, esas modulaciones elegantísimas y discretas de la cuerda, arremolinándose, relevándose y creando una atmósfera entre irreal y absolutamente mágica, queremos pensar que un logro añadido del director español con mayor proyección internacional del momento. Su idilio con la orquesta se inició hace tres años, un período en el que ha dirigido Parsifal en la versión de Jay Schreib, y que se proyecta ahora con una tetralogía completa que estrenará dentro de dos años.

Curiosamente, pudimos disfrutar de Heras-Casado en Sevilla en dos ocasiones de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd, la misma que nos trajo hace un par de años a Oksana Lyniv, la única mujer que ha dirigido esta orquesta hasta el momento, y de cuyo Holandés errante tuvimos el privilegio de ser testigos en el mismo Bayreuth en 2022.

Voces en estado de gracia

Nicholas Brownlee reivindicó, con una voz rotunda y autoritaria, el poder de Wotan, su conmovedora y frustrante renuncia ante las puertas del Walhala del anillo y todo lo que comporta, tras la maldición de Alberich, la usurpación de Fafner y los lamentos de las hijas del Rin. Impresionante en su manera de modular la voz, alcanzar agudos extremos y mantener una línea de canto vivaz y contundente, lo que fue agradecido con aplausos generosos, aún más tras la despedida de Wotan  a Brunilda (Hasta siempre, audaz y maravillosa hija), defendida por el bajo-barítono estadounidense con mayor contundencia y una expresividad dramática realmente conmovedora. No en vano se trata de una de las voces más prometedoras de la actual cantera de voces del festival.

Antes, hizo aparición el veterano Klaus Florian Vogt dando vida a Sigmund, al final del primer acto de La Valquiria, entonando su particular plegaria a su padre, Wotan (Una espada me prometió el padre), haciendo acopio de recursos dramáticos, evidenciando una voz metálica, bien colocada y capaz de articular cada gesto y matiz al que se somete su papel. Dicen que mejora considerablemente cuando interpreta a Sigfrido, pero no llegamos a apreciarlo debido al lamentable apagón.

Nos quedamos literalmente con las ganas de disfrutar de Catherine Foster, como ya hicimos en 2012 de la mano de Pedro Halftter y La Fura del Baus, cuando interpretó a la valquiria Brunilda en el tercero de los títulos del Anillo. Justo cuando la orquesta interpretaba el popular Waldweben (Murmullos del bosque), con sus sonidos onomatopéyicos asomando disciplinados y elocuentes, siempre bajo la atenta dirección de Heras-Casado, se hizo la oscuridad. Primero pensamos que podía tratarse de un golpe de efecto, antes de que hicieran su aparición Sigfrido y Brunilda, pero pronto entendimos que ante esa oscuridad absoluta ninguna orquesta podría continuar tocando.

De hecho, siguieron haciéndolo durante unos segundos, pero enseguida se hizo el silencio y una esperada reconducción que, tras cuarenta minutos de incertidumbre, no llegó. Fuera esperaban policía local y protección civil para asegurar un desalojo seguro y eficaz, mientras un equipo de técnicos electricistas aguardaba para recuperar la luz perdida en un coliseo que nunca antes había vivido algo igual. Una experiencia sin duda, pero lamentable en todos los sentidos. La de Bayreuth recaló en el sur de Europa, de forma extraordinaria e irrepetible, y perdimos la ocasión de disfrutarlo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 29 de diciembre de 2021

LA ACADEMIA DA FRUTOS DE PRIMERA CALIDAD

Concierto de la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd. Amaury Coeytaux, violín. Pablo Heras-Casado, director. Programa: Concierto para violín en Re mayor Op. 35, de Chaikovski. Sinfonía nº 8 en Sol mayor Op. 88, de Dvorák. Teatro de la Maestranza, martes 28 de diciembre de 2021

Foto: Manuel Vaca

Hace mucho que Daniel Barenboim no asoma por nuestra tierra. Atrás quedaron aquellos conciertos estivales junto a la Orquesta del Diván que con tanta ilusión esperábamos, y nunca llegó a cumplir su promesa de dar un recital de piano en el Maestranza como agradecimiento por la acogida de nuestra comunidad a su proyecto conjunto con el intelectual Edward Saïd, tanto tiempo atrás desaparecido. Dicen que puede ser por la hostil acogida que sufrió por parte de algunos influyentes medios locales, pero nos extraña que una personalidad de la talla y la importancia de Daniel Barenboim, prácticamente un dios en su materia, un intocable tras tantos y grandes merecidos reconocimientos a lo largo de más de sesenta años ininterrumpidos de carrera, se deje influir por los comentarios, hostiles o admirados, de una prensa local como la nuestra. Lo cierto es que su legado tiene un valor incalculable, y que el trabajo desplegado en Andalucía por la
fundación que lleva su nombre, suma en lo que a preparación de jóvenes intérpretes se refiere. Les da una oportunidad única de recibir clases de algunos y algunas de las más prestigiosas maestras en la materia, sin tener que desplazarse a otros países, generándose aquí una fuente de conocimiento y experiencia de primera categoría, solo al alcance de los más avezados estudiantes, dando como fruto nada más y nada menos que la excelencia.

Eso es lo que una vez más encontramos sobre el escenario del Maestranza, pura excelencia en manos de todavía inexpertos músicos en su mayoría, que con su valía y esfuerzo demostraron ser capaces de devorar un programa exigente con la perfección de unos profesionales absolutos. Una gesta casi milagrosa que afortunadamente se repite cada vez que nuestros jóvenes se suben al escenario, ya sea con la Orquesta Joven de Andalucía, nuestra querida Sinfónica Conjunta o las nuevas generaciones de la Barroca. El impecable trabajo conjunto de nuestros conservatorios, academias e instituciones, sumados al billete de perfeccionamiento que les reporta su paso por la Fundación, da como resultado este estimulante viaje a la excelencia. Pablo Heras-Casado, que ya dirigió a la formación, junto a la OJA, en enero de 2020, y pudimos disfrutarle junto a la Orquesta Juvenil de la Unión Europea en el Teatro Cervantes de Málaga en agosto de aquel fatídico año, exprimió al máximo las fuerzas y las energía de estos y estas jóvenes intérpretes para lograr de nuevo un concierto ejemplar, al que se sumó el talento indiscutible del también joven violinista francés Amaury Coeytaux.


Un violinista infatigable

Ya tiene mérito sustituir en el último minuto al violinista programado, Miguel Colom, debido a los estragos del covid que hacen de cada día una aventura y una incertidumbre, y enfrentarse a una partitura complicada como es la del Concierto para violín de Chaikovski con tanta solvencia y ejemplaridad. El suyo es un sonido crispado y envolvente, que frasea a un ritmo endiablado y es capaz de hacer sonar cada nota con una claridad y flexibilidad asombrosa. Su exacerbado virtuosismo quedó patente en un allegro inicial majestuoso y apabullante pero también lleno de lirismo, al que la orquesta se plegó maravillosamente, siempre atenta a los múltiples gestos con los que Heras-Casado controló a sus jóvenes portentos. Prodigiosas resultaron sus alambicadas cadencias en el tramo final de este primer movimiento. En la Canzonetta, Coeytaux se mostró ampliamente melódico y profundamente lírico; dinámico y lleno de carácter en el deslumbrante allegro vivacissimo final. Propina obligada, el andante de la Sonata nº 2 de Bach, meditado y paladeado.

Otra página de inconfundible sabor eslavo, la Sinfonía nº 8 de Dvorák, ocupó la segunda parte de este extraordinario concierto, con el director sin batuta pero con mucha expresividad llevando a los jóvenes músicos al páramo de la perfección. Todas las familias instrumentales, incluidos los tan temidos metales, respondieron impecablemente a la llamada atenta y responsable de quien estos días habrá trabajado hasta la extenuación con ellos para alcanzar tan estimulantes resultados, con la ayuda impagable del profesor Edmon Levon, que se encargó de la preparación y los ensayos preliminares de la propuesta. El allegro inicial sonó desenvuelto, fresco y natural, a la vez que conmovedor y luminoso. Se acertó en dar un carácter profundamente místico al adagio, mientras el allegretto grazioso se entonó con encanto y ligereza. La calidez y la solemnidad caracterizaron el allegro ma non troppo final, alcanzándose en su tramo final un espíritu vitalista y deslumbrante. Como propina se atrevieron primero con la Danza húngara nº 1 de Brahms y un alegre pasodoble de esos que tanto suenan en las salas de concierto de todo el Mundo, según el director granadino, cuando tocan orquestas juveniles, dado el alto porcentaje según él de integrantes españoles en este tipo de formaciones, lo que da buena cuenta de la conveniencia de mantener estas instituciones que tanto hacen por la cultura y la felicidad de la población.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 5 de enero de 2020

HERAS-CASADO FRENTE A UN PROYECTO TITÁNICO

Concierto extraordinario de la Orquesta Joven de Andalucía y la Fundación Barenboim-Said. Pablo Heras-Casado, director. Programa: Suite de El Cascanueces, de Chaikovski; Sinfonía nº 1 en Re Mayor “Titán”, de Mahler. Teatro de la Maestranza, sábado 4 de enero de 2020

Heras-Casado frente a un proyecto titánico Pablo Heras-Casado debuta en el Maestranza apadrinando un proyecto de música y vida que saluda la nueva década con la fuerza y la ilusión de la juventud Nada mejor para empezar el año, tras el obligado saludo musical de nuestra Sinfónica del día anterior, que con la esperanza y la ilusión que representa la juventud, y esa encendida admiración que desde ya hace tantos años provocan quienes se convirtieron en artífices de una eclosión inédita en nuestra tierra, la de la excelencia musical repartida por todo el mundo. Con nuestras instituciones públicas de distinto signo político por una vez colaborando, jovencísimos intérpretes de toda Andalucía se dieron la mano en un multitudinario concierto sinfónico a través de la Orquesta Joven de Andalucía y la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said. Todo un hito digno de todo nuestro respeto y consideración que contó además con la batuta del director español más mediático de los últimos tiempos, Pablo Heras-Casado.

El director granadino pisó por fin el escenario del más emblemático auditorio musical de la comunidad, y lo hizo poniéndose a disposición en todo un alarde de generosidad de dos proyectos imprescindibles para seguir avanzando en esa siempre delgada y delicada línea de la excelencia cultural, colaborando para que el milagro musical andaluz se consolide y perpetúe definitivamente. En esa batalla merecen considerarse todos y todas quienes desde la gestión, el apoyo y la educación se han sometido al ilusionante proyecto de la Orquesta Joven de Andalucía, con veinticinco años recién cumplidos, y la Academia de la Fundación Barenboim-Said, presente en nuestra comunidad desde hace quince y con cuyo compromiso muchos y muchas andaluzas sentimos tanto orgullo. Dicho esto lamentamos que el programa elegido sonara tan trillado. En breve podremos disfrutar del ballet El Cascanueces en su integridad de la mano de la ROSS, y la Sinfonía Titán de Mahler se ha programado en la pasada década en numerosas ocasiones, incluso la OJA la interpretó en 2012 con Santiago Serrate sustituyendo a última hora al inicialmente programado José Ramón Encinar. Pero había que encontrar una pieza suficientemente mastodóntica para dar trabajo a más de cien jóvenes que a la vez atraiga a mayor número de público posible, y la Titán cumple ambas condiciones.

Del Cascanueces destacamos en lo negativo una muy errática Obertura Miniatura con pasajes enmarañados y cuerda completamente descoordinada, y en lo positivo una correcta lectura de esas miniaturas orquestales que son las danzas del segundo acto, que se saldaron con limpieza y saludable academicismo, hasta desembocar en un espléndido Vals de las Flores, suntuoso y elegante. El arpa de Belén García y la celesta de Andrea Capitán brillaron con luz propia. El esfuerzo desplegado por Mahler en su primera sinfonía converge a nuestro entender en una amalgama de ideas a menudo inconexas, pretenciosas y poco sinceras, a pesar de la voluntad catalizadora de los propios traumas e inquietudes del autor. Heras-Casado ahondó todavía más en esa falta de sinceridad proponiendo una versión muy calculada y poco natural que los jóvenes intérpretes siguieron al pie de la letra, con mucha dedicación y disciplina. Cada músico por separado manifestó una madurez técnica y expresiva excelente, aunque en equipo a veces el resultado se resintiera de esa falta de fluidez narrativa apuntada, especialmente perceptible en una cuerda aguda plomiza y mate en más de una ocasión. Hubo amabilidad y encanto en el primer movimiento, brío y agitación, quizás demasiada, en el scherzo, inconveniente falta de ironía en una marcha fúnebre cruzada con escaso ingenio y sutileza con los acordes hebreos centrales, pero una férrea construcción del pomposo movimiento final, que culminó con una prodigiosa exhibición de las ocho trompas convocadas y de unos percusionistas entusiasmados que desparecieron literalmente de forma divertida y teatral en el último acorde de la pieza. Quizás Heras-Casado no estuvo especialmente atinado, lo que no convertiremos en una sentencia habida cuenta del respeto y la admiración alcanzada por nuestro paisano andaluz, pero el proyecto merece nuestro más fervoroso aplauso y otro brindis por su permanencia ad perpetuum.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía