viernes, 31 de julio de 2015

TRÍO VEGA EN EL ALCÁZAR: MADUREZ SERVIDA CON MADUREZ

XVI Noches en los Jardines del Alcázar. Marc Paquin, violín. Orfilia Saiz Vega, violoncello. Domenico Codispoti, piano. Programa: Trío en Do mayor KV 548, de Mozart; Trío nº 1 en Si mayor Op. 8, de Brahms. Jardines del Real Alcázar, miércoles 30 de julio de 2015

No es la primera vez que nos visita el Trío Vega, cuyos compromisos veraniegos les están haciendo recorrer los principales escenarios del país, desde Granada a Santander, lo que da idea de cómo poco a poco la del Alcázar es una propuesta que va escalando peldaños desde el consumo doméstico al más especializado y exigente. Esta vez vinieron con un programa muy intenso y más convencional que el ofrecido hace dos años con mujeres compositoras. Mantienen la misma formación y siguen brillando tanto por separado como en conjunto, alternando como es habitual en estos casos sus labores docentes e investigadoras con las interpretativas.
En el programa dos tríos que son a su vez dos obras maestras, reflejo de la madurez compositiva de sus autores y de la claridad de ideas y objetivos en sus intenciones. El Trío en Do mayor KV. 548 de Mozart deambuló entre el generoso ingenio que reclama, especialmente en relación a sus propuestas armónicas, y su brillantez expresiva, de la que se hizo buen cargo la violonchelista santanderina Orfilia Saiz Vega. Pero hubo en su desarrollo una sensación de ir todo muy medido, demasiado controlado como para dejar atisbar el flujo natural casi improvisado que caracteriza el estilo inconfundible de su autor. Codispoti lució amplias facultades gimnásticas al piano, mientras Paquin al violín acentuó sin estridencias el carácter bailable del rondó final.
El Trío nº 1 Op. 8 de Brahms es un trabajo de juventud, de hecho su primera obra importante, influida por los sentimientos encontrados que generaba en él su admiración por Schumann y su amor por la esposa de éste, Clara. Pero es tan profunda la revisión a la que lo sometió casi cuarenta años después que hoy se considera en realidad su último trío con piano. Los postulados del Sturm und Drang a los que se adscribe se reflejaron perfectamente en una interpretación vigorosa y de emociones contrastadas, con un primer movimiento muy dramático y un escalofriante romanticismo final. Magníficamente empastados, los intérpretes lograron dar impulso, cuerpo y volumen a una recreación sin fisuras de la pieza, en la que destacó también el halo misterioso y solemne del adagio. El elegíaco y contenido preludio de la suite de la banda sonora de The Gadfly de Shostakovich puso final a una muy satisfactoria velada. Lo que no entendimos es por qué Saiz Vega dijo que el autor de la Sinfonía Leningrado es poco apreciado en Sevilla.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 1 de agosto de 2015

jueves, 30 de julio de 2015

UNA DAMA EN PARÍS Un ejercicio de filantropía

Título original: Une estonniene à Paris
Francia-Estonia-Bélgica 2012 94 min.
Dirección Ilmar Raag Guión Ilmar Raag, Agnés Feuvre y Lise Macheboeuf Fotografía Laurent Brunet Música Dez Mona Intérpretes Jeanne Moreau, Laine Mägi, Patrick Pineau, Corentin Lobet, Ita Ever, Fabrice Colson, Piret Kalda, Helene Vannari, Ago Anderson Estreno en el Festival de Locarno 4 agosto 2012; en Estonia 12 octubre 2012; en Francia 26 diciembre 2012; en España 26 julio 2015

Estrenada entre nosotros con tres años de retraso, la segunda de cinco películas dirigidas por el realizador estonio Ilmar Raag supone un retrato amable y cariñoso del espíritu generoso, responsable y altruista de las mujeres de su país, a través de la peripecia vital de una que, tras perder a su madre anciana y con sus hijos ya crecidos y trabajando, decide aceptar una oferta de trabajo en una ciudad de ensueño, París. Allí las cosas no serán como esperaba, enfrentándola a otra mujer estonia pero francesa de adopción, anciana, soberbia y difícil, que por un lado representará un obstáculo para el normal desarrollo de sus funciones como cuidadora pero por otro le revelará un universo de sofisticación y libertad que redundará en descubrimiento y aprendizaje para la mujer báltica. No hay mucho más en esta sencilla y apacible película que nos brinda la oportunidad de disfrutar de una Jeanne Moreau octogenaria y en plenas facultades, a la vez que descubrir a Laine Mägi, una actriz llena de recursos y matices, y que con solo su mirada expresa la satisfacción y el aturdimiento que le provocan las calles, monumentos, cafés y tiendas de la ciudad de la luz. Lo más válido, y donde el mensaje de la película triunfa, es mostrar un estilo de vida en el que involucrarse en la suerte de los otros, implicarse en las emociones y sentimientos de los demás, supone una satisfacción y un premio; de la misma forma que nunca está de más mostrar que el amor, la pasión y el deseo también pueden habitar en cuerpos machacados por la edad en los que residen mentes privilegiadas por su eterna juventud y su interminable capacidad para la ilusión.

EL CUMPLEAÑOS DE ARIANE Entre vivir y soñar

Título original: Au fil d’Ariane
Francia 2014 100 min.
Dirección Robert Guédiguian Guión Robert Guédiguian y Serge Valletti Fotografía Pierre Millon Música Eduardo Makanoff y Christoph Müller Intérpretes Ariane Ascaride, Jacques Boudet, Gérard Meylan, Jean-Pierre Darroussin, Anaïs Démoustier, Adrien Jolivet, Lola Naymark, Youssouf Djaoro Estreno en Francia 18 junio 2014; en España 24 julio 2015


Hay una serie de constantes en el cine de Robert Guédiguian; Marsella, su grupo de intérpretes incondicionales y Ariane Ascaride como protagonista son algunas de ellas. Pero hay otra que da mayor seña de identidad a su cine, que es la lucha de clases y la revolución social, algo que en esta cinta de carácter eminentemente amable y relajado parece diluirse. Aunque sólo lo parece, pues en el fondo se insiste en esa lucha y su inevitable choque. Ariane aquí es un ama de casa cuya vida parece tan estereotipada y previsible como la recreación virtual del bloque de pisos en el que vive, un proyecto de hábitat vendido y consumido como paradigma de la única felicidad posible. Ante el desprecio que parece recibir de los suyos en el día de su cumpleaños, la mujer se entrega a una experiencia casi onírica y con tintes surrealistas que le hará conocer una realidad distinta, mucho más anárquica que aquella a la que el sistema y la educación le han encaminado, y en la que como no podía ser menos hallará tantos o más motivos para una felicidad real y duradera. Cual Alicia en el País de las Maravillas, Ariane experimentará situaciones tan gozosas como el baile árabe en el puente levadizo, los almuerzos bulliciosos en el Café Olympique, en cierto modo deudor de la estética Kaurismaki, o el improbable asalto al Museo de Historia Natural para robar fetos de animales marinos y devolverlos a su entorno original; todo ello después de ir siendo despojada poco a poco de todos los símbolos convencionales que le van quedando. Experiencias que lejos de subrayar su conciencia de clase le irán marcando un nuevo rumbo aplicable a su propio ecosistema. Lástima que tan encomiable premisa no encuentre en su desarrollo el nivel de implicación necesario para enganchar a un espectador seguramente más desorientado de lo habitual, posiblemente incapaz de empatizar con la propuesta y puede que hasta decepcionado con una conclusión que no alcanza a solucionar ni aclarar el viaje emprendido, con lo que al final sólo queda una sucesión de episodios disparatados al son de una banda sonora que mezcla al cantautor Jean Ferrat con el cabaret de Kurt Weill, y Mendelssohn, Verdi o Pergolesi para darle un toque de qualité al conjunto.

martes, 28 de julio de 2015

TODO SALDRÁ BIEN Dolor contenido y enmarcado en una estética envolvente

Título original: Every Thing Will Be Fine
Alemania-Canadá-Noruega 2015 118 min.
Dirección Wim Wenders Guión BjØrn Olaf Johannessen Fotografía Benoît Debie Música Alexandre Desplat Intérpretes James Franco, Rachel McAdams, Charlotte Gainsbourg, Marie-Josée Croze, Julie Sarah Stone, Patrick Bauchau, Robert Naylor, Lilah Fitzgerald, Jack Fulton Estreno en el Festival de Berlín 10 febrero 2015; en Alemania 2 abril 2015; en España 24 julio 2015

Con la excepción de la inédita en nuestras pantallas Palermo Shooting, Wim Wenders ha estado alejado de la ficción en estos últimos diez años, centrándose en el documental (La sal de la Tierra, Pina) y las cintas colectivas. Ahora regresa con un drama existencial rodado en Canadá y coproducido por Noruega, de donde proviene también su guionista, lo que da idea del ambiente frío y desangelado en el que se desarrolla este drama. La vida sentimental de un escritor en proceso de inspiración, influida por un accidente que genera una sensación de impotencia, dolor y culpabilidad, se erige en argumento de una película que busca más la implicación emocional a través de sensaciones y propuestas estéticas que de temperamento dramático y golpes de efecto. Unos espléndidos paisajes, un ritmo pausado y elegante y una evocadora banda sonora enmarcan una película que vale más por la experiencia estética y emocional que propone que por su carga dramática, a veces diluida y aparentemente intrascendente. La contención domina el conjunto, que triunfará más en función del estado de ánimo del espectador que de la intención del realizador de París, Texas y El cielo sobre Berlín. Por eso no sorprende que resulte aburrida para muchos y muchas, mientras otros nos dejemos arrastrar por su sensibilidad y un universo en el que lo fantasmagórico cobra una especial relevancia.

SÓLO QUÍMICA Desangelado cuento romántico y petardo

España 2015 110 min.
Dirección Alfonso Albacete Guión Alfonso Albacete y Mireia Llinàs Fotografía Carles Gusi Música Juan Manuel Sueiro Intérpretes Ana Fernández, Alejo Sauras, Rodrigo Guirao Díaz, María Esteve, José Coronado, Neus Asensi, Rossy de Palma, Natalia de Molina, Bibiana Fernández, Silvia Marsó, Martina Klein, Álex Monner, Jaime Olías, Miranda Makaroff, Andrea Carballo, Esmeralda Moya Estreno en el Festival de Málaga 25 abril 2015; en salas comerciales 24 julio 2015

Bien fuera junto a Miguel Bardem y David Menkes (Más que amor, frenesí) o sólo con el segundo (Atómica, Sobreviviré, I Love You Baby, Entre vivir y soñar y Mentiras y gordas), Alfonso Albacete ha dirigido sus películas con un ojo puesto en el Almodóvar más petardo y el otro en el romanticisimo más cursi, que alcanza en este su primer trabajo en solitario las cotas más altas y empalagosas de su corta y poco interesante filmografía. Todo es artificial en su cine, poco creíble, excesivamente estilizado y hasta ruborizante. En esta ocasión plantea una trama tan previsible como poco probable en la que una joven mona pero más bien patosa y descuidada se convierte en una nueva Cenicienta merced a un príncipe encantador, modelo y estrella de la televisión, que contra todo pronóstico le corresponde, aunque su amigo presuntamente gay está al acecho para poner las cosas en orden. Salpicado de numeritos musicales de inconfundible sello madrileño, y con una ausencia total de ritmo y sentido dramático, con secuencias tan malogradas como la persecución y pelea en la librería, la película se digiere a duras penas y sólo sirve para confirmar el empeño de un nuevo cine español por hacer taquilla por encima de cualquier otro objetivo artístico, sin esmero en el detalle y la profesionalidad. Niñas y niños guapos y guapas, antiguas estrellas de la pandilla Almodóvar y un almibaramiento fuera de tono es todo lo que propone este paupérrimo engendro. No se salva ni el cartel, que es literalmente horroroso.

LÍO EN BROADWAY Decepcionante homenaje a la comedia clásica americana

Título original: She's Funny That Way
USA 2014 93 min.
Dirección Peter Bogdanovich Guión Peter Bogdanovich y Louise Stratten Fotografía Yaron Orbach Música Ed Shearmur Intérpretes Owen Wilson, Imogen Poots, Kathryn Hahn, Will Forte, Jennifer Aniston, Rhys Ifans, George Morfogen, Austin Pendleton, Ileana Douglas, Cybill Shepherd, Lucy Punch, Debi Mazar, Jake Hoffman, Joanna Lumley, Ahna O'Reilly, Richard Lewis Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2014; en España 24 julio 2015; en Estados Unidos 14 agosto 2015

Aunque su presencia en la gran pantalla se haya prodigado poco, Peter Bogdanovich ha seguido en activo. Últimamente está más centrado en la televisión y el documental, pero desde 2001 no dirigía ningún largometraje. El último, El maullido del gato, ni siquiera se estrenó en nuestro país, mientras las últimas que sí lo hicieron se remontan a principios de los noventa, Esa cosa llamada amor, Texasville (continuación de su obra maestra, La última película) y Qué ruina de función, un divertido vodevil que se ambientaba en Broadway, igual que esta nueva cinta que nos ocupa y que supone la alternativa de su esposa, Louise Stratten, como guionista. Stratten es a su vez hermana de Dorothy Stratten, famosa chica playboy, actriz y amante de Bogdanovich a principios de los ochenta, cuando la dirigió en Todos rieron, justo al ser asesinada por su marido. La debutante guionista teje una clásica comedia de enredo ambientada en las bambalinas y con el ego y el temperamento de los artistas como elemento cómico. Su interés, y el de Bogdanovich, reside en resucitar el espíritu de las antiguas comedias de Hollywood, como ya hiciera el realizador de Targets con películas como ¿Qué me pasa doctor?, Luna de papel y Un largo y definitivo amor. Sin embargo, e involuntariamente, se asemeja más al espíritu de la astracanada y el disparate de las comedias españolas, especialmente las realizadas para la televisión. Así un argumento disparatado y nada convincente sirve a un puñado de grandes actores y actrices para deslizar su histrionismo más escandaloso, en un conjunto que ni convence ni entretiene, apenas sirve al cometido de desentrañar los complejos y manías de los artistas, y termina sirviendo sólo como juego para descubrir las identidades de intérpretes que han trabajado antes a sus órdenes, como Cybill Shepherd o Austin Pendleton, así como los continuos cameos de gente como Michael Shannon, Colleen Camp (también en Todos rieron), Campbell Scott, Tatum O'Neal (la niña de Luna de papel) o el mismísimo Quentin Tarantino, que seguramente se confesará admirador de Bogdanovich. En el camino un par de referencias a Lubitsch y muy especialmente a El pecado de Cluny Brown, otro fracaso de Owen Wilson a las órdenes de un comediante legendario, como cuando le dirigió James L. Brooks en ¿Cómo sabes si...?, y el rostro desfigurado de Ileana Douglas, habitual en las películas de Scorsese y nieta de Melvyn Douglas, uno de los grandes referentes de la comedia clásica americana a la que este despropósito no consigue acercarse ni de lejos.

viernes, 24 de julio de 2015

JOSÉ LUIS ALDEA AL PIANO, SUPERACIÓN TÉCNICA Y EXPRESIVA

XVI Noches en los Jardines del Alcázar. José Luis Aldea, piano. Programa: Sonatas K9 y K380, de Scarlatti; Sonata Op. 27 nº 2, de Beethoven; Vallée d’Obermann, de Liszt; L’isle joyeuse, de Debussy; Dos preludios de Scriabin; Allegro de Concierto, de Granados. Jardines del Real Alcázar, jueves 23 de julio de 2015

Confieso que apenas sabía nada de este pianista sevillano, y desde luego nunca antes había tenido el placer de escucharle; pero lo cierto es que el concierto que dio el pasado jueves en el contexto suntuoso de los jardines del Alcázar y con la complicidad de una noche por fin fresca, fue una delicia en todo su concepto y ejecución. El artista aúna en su pianismo cuerpo y musculatura acompañados de una especial delicadeza y atención al detalle para recrear cada uno de los estilos abordados en este particular viaje cronológico desde el S. XVIII a principios del XX que propuso.

Aldea mimetizó el clavicémbalo en dos de las sonatas o essercizii de Scarlatti, con ornamentos y trinos secos y rápidos, potenciando su carácter danzable y reproduciendo ese clima obsesivo responsabilidad de la mano izquierda. Contenido para no caer en la tentación de volcarse en vuelos líricos más propios del Romanticismo, en el Claro de Luna de Beethoven destiló una profunda melancolía, apacible y sin grandes sobresaltos hasta desembocar en un presto ágil y virtuosístico. Puede que la digitación no fuera siempre precisa, pero lo compensó ampliamente con una concentración y expresividad realmente notorias.

De la suite de Años de Peregrinaje que Liszt dedicó a los frondosos paisajes suizos, Aldea interpretó el Valle de Obermann, acentuando su carácter sentimental pero sin remilgos, y destacando una zona central tumultuosa y temperamental sin abandonar nunca su halo poético. Supo recrear también la fascinante relación entre el hombre y la naturaleza en La isla alegre de Debussy, reproduciendo su estilo mágico y sensual como también lo haría en el Arabesco que tocó de propina. Reflexivo y muy matizado, impresionó con los dos breves preludios de Scriabin seleccionados, y acabó también acertando en bravura, virtuosismo y lirismo con el Allegro de Concierto de Granados.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 26 julio 2015