miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL ELEGIDO La revolución perdida

España 2016 122 min.
Guión y dirección Antonio Chavarrías Fotografía Guillermo Granillo Música Arnau Bataller Intérpretes Alfonso Herrera, Hannah Murray, Julian Sands, Elvira Mínguez, Henry Goodman, Frances Barber, Gustavo Sánchez Parra, Emilio Echevarría, Javier Godino, Luis Rosales, Alejandro Calva, Alexander Holtmann Estreno 2 septiembre 2016

La enigmática y en cierto modo fascinante figura de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, ha dado lugar a dos estimables películas, El asesinato de Trotsky, que dirigió Joseph Losey en 1972, con Richard Burton, Alain Delon y Romy Schneider en el reparto, y el documental que José Luis López Linares y Javier Rioyo dirigieron en 1996, Asaltar los cielos. Ahora se les suma esta producción de Antonio Chavarrías, en activo aunque de manera intermitente desde 1989, y con una filmografía a sus espaldas nada o poco desdeñable aunque no goce del éxito popular, con títulos como Una sombra en el jardín, Susanna, Las vidas de Celia o la última, Dictado, una irregular incursión en el cine de terror. El elegido es sin duda su trabajo más ambicioso, rodada con vocación internacional y hechuras de cine espectáculo. No le faltan méritos a una cinta que disimula con ingenio y talento sus limitaciones presupuestarias para ofrecerse como espectáculo suntuoso y elegante, rodado en varios idiomas y con un reparto internacional y varias localizaciones, aunque no siempre sean las que representan. El elegido es una competente lección de historia, convenientemente novelada para resultar más amena, y con variaciones en los acontecimientos que no desvirtúan la realidad y simplemente tratan de hacerla más entretenida. Mérito tiene también lograr que el fanatismo del protagonista y especialmente de su madre, Caridad, interpretada con maestría por Elvira Mínguez, resulte convincente a pesar de haber sacrificado el relato de los antecedentes familiares que les llevaron a militar en el partido comunista y enrolarse en la tan temida NKVD de Stalin, promotora del asesinato de quien consideraban traidor a la revolución. La cinta además toma partido y presenta no sin cierta melancolía al disidente del cruel y ambicioso Stalin como oportunidad perdida de haber llevado a buen puerto los utópicos principios que inspiraron la Revolución y con ella la necesidad de un mundo mejor y más justo. Personajes históricos presentados con respeto, una excelente planificación dramática y la ya mencionada esmerada puesta en escena, se combinan con unas ajustadas interpretaciones para lograr un film si no apasionante al menos muy estimulante, destacando el joven Alfonso Herrera, cuyo perfecto inglés le ha abierto ya las puertas de América, donde ha estrenado junto a Miguel Ángel Silvestre la serie de contenido homosexual Sense8.

martes, 6 de septiembre de 2016

AL FINAL DEL TÚNEL Absorbente thriller en exceso verborreico

Argentina-España 2016 120 min.
Guión y dirección Rodrigo Grande Fotografía Félix Monti Música Lucio Godoy y Federico Jusid Intérpretes Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri, Clara Lago, Federico Luppi, Javier Godino, Walter Donado, Uma Salduende, Facundo Nahuel Giménez, Ariel Núñez di Croce, Daniel Morales Comini, Laura Faienza, Cristóbal Pinto, Sergio Ferreiro Estreno en Argentina 21 abril 2016; en España 12 agosto 2016

Tras haberse atrevido con la comedia y el drama, Rodrigo Grande presenta ahora un thriller en toda regla, de hechuras clásicas y resultados estimulantes. Confía para ello fundamentalmente en un buen guión y el buen trabajo de los intérpretes, aspectos generalmente muy cuidados en las producciones argentinas. Como consecuencia de la combinación de ambos ingredientes, el film se revela parlanchín y enérgico, mientras sus constantes giros de guión, al más puro estilo del thriller clásico, consiguen que el interés no decaiga en ningún momento. En sustancia se trata de la preparación de un robo, observado de cerca por una persona en silla de ruedas, voyeur activo sobre el que recae el peso de la trama, lo que inequívocamente lleva a comparar este ejercicio de desasosiego con La ventana indiscreta de Hitchcock, aunque los derroteros se desmarquen frecuentemente de ese distinguido referente. El trabajo de Sbaraglia es impecable, más discutible es el personaje de Clara Lago y sus motivaciones, pero su profesionalidad salva también el escollo. Echarri se implica considerablemente en su trabajo como villano de la función, como el resto del elenco, mientras Luppi se convierte en el personaje más bufonesco del conjunto. El guión huye de convencionalismos hasta donde le es posible, y procura sorprender, generalmente con éxito, en una empresa que produce lo que promete, intriga y suspense, más verborrea quizás de lo conveniente, pero de cualquier manera eficaz.

domingo, 4 de septiembre de 2016

NO RESPIRES Un buen ejercicio de tensión apoyado en un sinfín de disparates

Título original: Don't Breathe
USA 2016 88 min.
Dirección Fede Álvarez Guión Fede Álvarez y Rodo Sayagues Fotografía Pedro Luque Música Roque Baños Intérpretes Dylan Minnette, Jane Levy, Stephen Lang, Daniel Zovatto Estreno en Estados Unidos 26 agosto 2016; en España 2 septiembre 2016

Terence Young dirigió en 1967 Sola en la oscuridad. En ella Audrey Hepburn se valía de su ceguera para librarse de unos intrusos que allanaban su hogar. Con una premisa muy parecida pero derroteros diferentes, optando más por el terror que por el mero suspense, el uruguayo Fede Álvarez vuelve a conquistar Norteamérica también de la mano de Sam Raimi, que ya le produjera el remake de su propio clásico Posesión infernal. Recientemente he comparado dos versiones de una misma película, Carretera al infierno. La primera, dirigida por Robert Harmon en 1986, contaba con numerosos disparates en su guión, pero lograba generar una atmósfera malsana y de irrespirable tensión que la llevó a ser hoy considerada una pequeña joya de la serie B. La que David Meyers dirigió veinte años después pule gran parte de los disparates que conformaban el guión de la original, haciéndola más convencional y creíble; sin embargo carece del nervio suficiente y acusa continuas caídas de tensión. Es lo que tiene contar o no con talento; Fede Álvarez ha demostrado que le sobra y que como director es único a la hora de generar situaciones angustiosas y llevar al espectador al límite, aunque de su propuesta argumental podamos hacer un listado interminable de disparates consumados. No es este el lugar para enumerarlos, a riesgo de reventar aspectos fundamentales de su argumento. Baste dejar claro que No respires consigue lo que su título augura, y no dejará indiferentes a los amantes del género. Pero sí que es una lástima que no se hubieran perfeccionado más sus detalles, y sobre todo que no primaran tantos sus aspectos moralizantes y los personajes no fueran a menudo tan arquetípicos. Ahora bien, la pericia y la capacidad de Álvarez para generar auténtico suspense, a veces con recursos frescos y originales, es incontestable.

sábado, 3 de septiembre de 2016

JOHANNA ROSE Y MIGUEL RINCÓN: ESENCIAS DE VERSALLES EN EL ALCÁZAR

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Johanna Rose, viola de gamba. Miguel Rincón, tiorba. Programa: Historias de un Ángel (obras de Robert de Visée y Marin Marais). Viernes 2 de septiembre de 2016

Marin Marais definió la esencia de la viola de gamba; su sonido y técnica no se comprenderían sin las investigaciones ni avances que al respecto realizó al maestro francés al servicio de la corte de Luis XIV. Pero su música y el sonido reverenciado del instrumento caería en el olvido hasta que a principios de los noventa del pasado siglo los recuperara a nivel popular el inefable Jordi Savall, especialmente a raíz del éxito de la película de Alain Corneau Todas las mañanas del mundo. En ella se analizaba en forma de ficción la relación entre el compositor y su profesor, Monsieur de Sainte-Colombe, de la misma forma que la que mantuvo con su compañero al servicio del Rey Sol, Robert de Visée, podría haber dado lugar a otra apasionante crónica de una época y una forma de entender el arte y la música.

Precisamente esa fue la propuesta de Johanna Rose y Miguel Rincón en este concierto en el Alcázar, convertido para la ocasión en jardines versallescos, a pesar de la diferencia de estilos paisajísticos. Concebido en dos grandes bloques, la tiorba de Rincón, luciendo su buen gusto ornamental y su espléndida capacidad para improvisar y fabular con las notas propuestas, avanzó a partir del gran guitarrista y tiorbista de Visée, la evocadora música de Marais, que encontró en Rose un vehículo tan correcto como lúcido según en qué ocasiones. La violagambista está naturalmente familiarizada con su música, y se nota que detrás de su interpretación hay mucho trabajo y la experiencia obtenida a través de su integración en La Accademia del Piacere.

La delicadeza de su belleza y la sensualidad de su gestualidad combinan perfectamente con su esmerada atención al instrumento, del que sabe extraer un sonido sedoso y homogéneo, así como una notable capacidad para frasear y modular con acierto y generosidad. Quizás en exceso académica para que sus interpretaciones resulten algo más emotivas, como se evidencia en piezas tan conocidas como La Reveuse o La Badinage, recogidas junto a otras en la suite d'un goût etranger extraída del Libro IV de piezas para viola. Correcto también su estilo nervioso y arpegiado en Le Grande Ballet, la famosa L'Arabesque, o la versión reducida que ofrecieron de las variaciones del propio Marais sobre las Folías de España que también inspiraron a CorelliLa combinación de esa trabajada técnica, el preciso sonido de la viola y la delicada belleza y gestualidad de la ejecutante, provocaron un efecto sensual de inusitado atractivo. A su lado Rincón exhibió su generosa capacidad para controlar el ritmo y el nervio y conseguir el adecuado grado de compenetración entre ambos instrumentos, consciente de dejar en un segundo plano su incontestable presteza para la cuerda pulsada.

BEN-HUR Una buena historia a la que merece volver cuando se hace con lucidez

USA 2016 124 min.
Dirección Timur Bekmambetov Guión Keith R. Clarke y John Ridley, según la novela de Lewis Wallace Fotografía Oliver Wood Música Marco Beltrami Intérpretes Jack Huston, Toby Kebbell, Morgan Freeman, Nazanin Bonialdi, Rodrigo Santoro, Ayelet Zurer, Pilou Asbaek, Sofia Black-D'Elia, Marwan Kenzari, Moises Arias, Haluk Bilginer Estreno en Estados Unidos 19 agosto 2016; en España 2 septiembre 2016

Sólo el control del lobby judío en Norteamérica parece hacernos justificar el fracaso de crítica y público que esta revisión de la legendaria historia de Lewis Wallce ha tenido en ese país, a lo que muchos cronistas, pero no todos, de este nuestro se han sumado inmediatamente, a nuestro juicio de forma irreflexiva. Porque por sorprendente que resulte, a otros esta tercera versión de Ben-Hur, sin contar la mini serie estrenada en 2010, nos ha parecido un buena película. Algo que no hacía presagiar el fichaje del realizador ruso Timur Bekmambetov, cuyos anteriores títulos, Los guardianes de la noche, Wanted (Se busca) y Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, lo hacían seguramente adecuado para rodar secuencias de acción, pero poco o nada para dar entidad dramática a una empresa como ésta. La llegada del cinemascope y la consolidación del color provocaron en los cincuenta que se realizaran muchos remakes de antiguas glorias de Hollywood. Metro Goldwyn Mayer fue especialmente promiscua en esta práctica, llegando a realizar calcos con los mejores recursos y técnicas del momento de películas como Magnolia, El prisionero de Zenda, Los tres mosqueteros o Ben-Hur sin ir más lejos, que duplicaba la duración del original que Fred Niblo firmara en 1925 a pesar de que argumento y muchas de sus secuencias, incluida la célebre carrera de cuadrigas, eran prácticamente un calco. El avezado productor Sam Zimbalist tomó entonces la celebrada decisión de confiar su dirección al gran William Wyler, pero como éste no se caracterizaba por dirigir grandes películas de acción, reservó esas prodigiosas secuencias al director de la segunda unidad, Andrew Marton. Ciertamente Bekmambetov no es el más adecuado para imprimir a este nuevo Ben-Hur del carácter melodramático y épico que le impregnó Wyler, pero los guionistas le han dejado las cosas muy bien atadas para que simplemente ejerciendo una labor profesional de mera ilustración haya conseguido un film más que estimable. Ben-Hur no es un remake del clásico de 1959, del mismo modo que Éxodo no lo era de Los diez mandamientos, que compartió el año pasado con Noé el mérito de comulgar con las nuevas generaciones y aligerar sus trabajos de contenido metafísico y religioso. Ben-Hur va aún más allá que los films de Ridley Scott y Darren Aronofsky, introduciendo numerosas variaciones en el libreto original como para que ésta resulte una revisión original y diferente, aunque en el fondo el sustrato argumental sea el mismo. Lo mejor es que ha tenido el talento de ofrecer una historia de siempre, épica y legendaria, para mostrar una radiografía de la actual situación en Palestina y la opresión judía, germen de la barbarie y la sinrazón que llevamos viviendo desde que dio comienzo el nuevo siglo y que puede modificar radicalmente el orden del que estamos acostumbrados a depender. Es cierto que en su reparto falta gente con carisma. Rodrigo Santoro no resulta muy convincente como Jesucristo, más presente ahora que en el film de Wyler, cuyas contadas apariciones siempre de espaldas contribuyeron al carácter majestuoso y místico del film. A pesar del éxito cosechado en la serie Homeland, Nazanin Bonialdi se limita aquí a ofrecer caras monas de labios impolutamente pintados. Y la pareja protagonista carece de la grandeza de los del film de Wyler, por muy nieto de John Huston que sea el príncipe de Judea. Pero nada de esto impide que el nuevo Ben-Hur se vea con el interés y la ansiedad de un original, como si nos enfrentáramos a la historia por primera vez, y eso tiene mucho mérito. Nada le hace comparable a las series de televisión de contenido bíblico que nos han invadido en los últimos años; aquí hay mucha más épica, grandes localizaciones, majestuosos encuadres y excelentes secuencias de acción, como la de la batalla en el Jónico o la que parecía imbatible escena de las cuadrigas. Tampoco Marco Beltrami ha querido emular la extraordinaria banda sonora de Miklós Rózsa, limitándose a repetir con más humildad y profesionalidad que falta de talento, los actuales cánones de la música de cine para este tipo de producciones, con la particularidad de que su trabajo no eclipsa la estructura dramática ni la acción del film. Sólo los diez últimos y demasiado complacientes minutos, canción incluida, merecen nuestra repulsa, malogrando obtener, aunque no estuviéramos preparados para ello, una mayor satisfacción del film.

viernes, 2 de septiembre de 2016

LEJOS DEL MAR Retorcida intriga de venganza y redención

España 2015 105 min.
Dirección Imanol Uribe Guión Daniel Cebrián e Imanol Uribe Fotografía Gonzalo F. Berridi Intérpretes Eduard Fernández, Elena Anaya, José Luis García Pérez, Ignacio Mateos, Teresa Arbolí, Juan Motilla, Verónica Moral, Martxelo Rubio, Susi Sánchez

Tras varios años de ausencia en la cartelera, desde La carta esférica y Miel de naranjas, Imanol Uribe regresa a uno de sus campos de batalla, el terrorismo de ETA, en el que ha realizado películas como El proceso de Burgos, documental que supuso su debut en el largometraje, La fuga de Segovia, Plenilunio y, sobre todo, La muerte de Mikel y Días contados. El fin de la violencia y la aplicación de la doctrina Parrot sirven de telón de fondo a una trama tan retorcida como incómoda, puede que incluso inverosímil, que nos cuenta la enfermiza relación que entablan dos personajes marcados por un brutal atentado terrorista ocurrido treinta años atrás. El mérito de la película reside en convertir un argumento tan rocambolesco en una intriga plausible y sofocante, servida mucho más a través de la imagen que de la palabra, algo insólito en nuestro cine, y que las estupendas interpretaciones de Eduard Fernández y Elena Anaya dotan de un mayor grado de intriga, misterio y desasosiego. Los bellísimos paisajes marítimos y desérticos de Almería a los que vuelve el director tras Bwana (1996), en los que se desarrolla el argumento, contribuyen de manera también decisiva a dotar al film de una insalubre sensación de melancolía y extrañeza. Los personajes secundarios y las tramas paralelas funcionan también de forma casi matemática al objeto de tejer esta terrible fábula sobre el dolor, la violencia, la rabia y la necesidad de perdonar y ser perdonado, de forma que aunque cueste trabajo convencerse de la posibilidad de que algo como lo que se nos cuenta en pantalla pueda llegar a ser cierto, consigue atrapar y enganchar en su irrefrenable vocación de seducción y provocación. Como curiosidad los títulos de crédito finales destacan el número de personas a las que esta producción ha dado trabajo, al estilo de lo que hacía también Iñárritu en Birdman, dejando claro el valor del cine como industria generadora de empleo y riqueza.

PETER Y EL DRAGÓN Emotiva fábula con aires melancólicos

Título original: Pete’s Dragon
USA 2016 102 min.
Dirección David Lowery Guión Toby Halbrooks y David Lowery Fotografía Bojan Bazelli Música Daniel Hart Intérpretes Oakes Fagley, Bryce Dallas Howard, Oona Lawrence, Wes Bentley, Karl Urban, Robert Redford, Michael C. Hall, Craig Hall Estreno en Estados Unidos 12 agosto 2016; en España 19 agosto 2016

Pedro y el dragón Elliot (los distribuidores actuales han preferido llamarle Peter, que ni es Pedro ni el Pete original), fue un musical Disney de finales de los setenta que no cosechó ni de lejos el éxito al que estaban acostumbrados en la factoría. En su política de actualización de grandes éxitos le ha tocado el turno ahora a ese olvidado film que combinaba acción real y animación tradicional. Lo cierto es que apenas podemos llamar remake a esta nueva versión en la que el dragón animado del original pasa a ser uno en 3D digital, como mandan los actuales cánones. Y es que su argumento se ha modificado en tal medida, diríamos incluso que sustancialmente mejorado, que bebe y se inspira más en los clásicos sentimentales y de aventuras de los años ochenta, especialmente los que dirigió o produjo Steven Spielberg, que en el original de referencia. El resultado es una entrañable fábula sobre la amistad, la magia y la necesidad de creer en algo, depositando la confianza y la esperanza en ello. Pero lo que más destaca en el film, al margen de sus espectaculares localizaciones naturales, es la ternura con la que está hecho, cómo mima a sus personajes, niños que por una vez se comportan como tales y adultos responsables y nunca monocordes, y la lucidez con la que plasma la vida sencilla rural y la sensibilidad de quienes se entregan a la naturaleza y sus bondades. El ritmo y la estructura de la cinta se entregan sin prejuicios a esa manera de hacer quizás anticuada pero que dota al conjunto de un toque de melancolía perfecto para conseguir un cuento entrañable lleno de ternura. Las ajustadas interpretaciones, la carencia de estereotipos trillados y el esplendor de su propuesta visual sitúan este film por encima de lo que suele ser hoy la oferta para niños y familiares. Un regreso a ese cine sentimental y emotivo que antaño se cultivaba en Hollywood, que aunque en el proceso eche mano de recursos emocionales destinados a la lágrima fácil, se agradece entre tanta inmundicia con la que se nos invade en la actualidad.